AN: Gracias a la persona que me dejó un comentario, y le puedo contar que Daniela no se involucrará románticamente con ninguno de los personajes.

CAPÍTULO 2

El resto de la tarde pasó en forma tranquila. Me enteré de detalles en los que no había pensado antes, como en la fecha. Era sábado. Había estado retorciéndome de dolor por cuatro días. Acordarme me dio horror.

Esme propuso jugar Scrabble, pero Alice y Jasper pusieron malas caras y Alice argumentó que no le gustaba jugar Scrabble en español. Escaparon al segundo piso y por el ruido que sentí supe que lo que debía ser su dormitorio estaba en el mismo pasillo que mi dormitorio. Tampoco pude dejar de darme cuenta (por los ruidos) de que estaban teniendo sexo. No sabía para dónde mirar, incómoda.

Carlisle, que se había sentado con Esme y conmigo para jugar, me miró y sonrió al ver mi incomodidad.

-El excelente oído de los vampiros tiene sus desventajas -me explicó-. Ya te acostumbrarás. En un tiempo más ya ni siquiera pensarás en ello.

Lo que me recordó que, por mi edad, tal vez nunca haría el amor con nadie.

Al principio pensé que jugar Scrabble con gente que no tenía el castellano como lengua materna sería una ventaja para mí. Lamentablemente, no fue así. Esme y Carlisle tenían un vocabulario muy extenso. Parecía que se hubieran memorizado una enciclopedia. Cuando Carlisle puso la palabra "panarra" (atravesando la N de la palabra "lona" que yo había puesto) lo acusé de estársela inventando. Pero se paró, desapareció unos segundos, y volvió con un grueso diccionario. Al ver el lomo, me di cuenta de que ni siquiera era un diccionario. Era el tomo de un diccionario. En una fracción de segundo había encontrado la dichosa palabra y leyó en voz alta: "Panarra: hombre simple, tonto".

Y, para completar mi humillación, me mostró el diccionario abierto en la página en cuestión. Con mi nueva vista vampírica vi en una fracción de segundo que tenía razón.

-Ok -admití derrotada-. No volveré a dudar de usted.

Carlisle se estiró en su silla para dejar el tomo en una mesita lateral. A mano. Para volver a humillarme, seguramente, si surgía la oportunidad. Me volví a sentir algo deprimida.

-¿Hablas inglés? -Me preguntó Esme. Creo que intentaba cambiar de tema.

-No -gruñí, de pronto sin ganas de seguir jugando. En mi escuela no enseñaban otros idiomas, salvo una canción en mapudungún que me tuve que aprender cuando estaba en segundo.

Deseé estar lejos de esa gente. Deseé estar jugando con mi hermana, que era menor que yo, a la que le podía ganar casi siempre en todos los juegos (salvo el memorice y la escondida). Al recordar que tal vez no la volvería a ver nunca sentí otra vez ganas de llorar.

En menos de un segundo Esme estaba junto a mí, abrazándome.

-Tesoro, no llores. No tienes por qué saber.

-No es eso -le dije, con más dureza de la que se merecía. Me sentí culpable cuando me soltó con cara de disculpa-. Extraño a mi hermana -expliqué mirando mis rodillas-. Recordé cuando jugábamos. Recordé que se supone que no la puedo volver a ver. Y… Y…

No pude seguir. Sentí la necesidad de inspirar profundamente y llenarme de aire, a pesar de no necesitar respirar. Absurdo.

En mi visión periférica vi que Esme y Carlisle se miraron brevemente. Luego Carlisle me tomó una mano. Lo miré.

-Imaginamos la pena que sientes -me dijo con tono compasivo-. Todos nosotros tuvimos que dejar de ver a nuestras familias. La mayoría de los de nuestra especie mata a sus seres queridos, porque al acercarse son incapaces de controlar la sed. Luego se sienten todavía peor. Y pronto pierden toda la humanidad que les quedaba. Nosotros no dejaremos que eso te ocurra.

-La pena es tremenda. Pero te prometo que con los años pasará -me animó Esme.

-¿Puedo mandarles una carta al menos? -Propuse-. Sólo para que sepan que estoy bien. Deben estar volviéndose locos buscándome, sin saber si estoy herida, o muerta.

Esme y Carlisle se miraron.

-Te están buscando, efectivamente. Pero, perdóname que sea tan explícito -me dijo Carlisle en tono de disculpa-, el hecho es que técnicamente estás muerta. Los vampiros no estamos vivos. Cuando dejen de buscarte asumirán tu muerte, vivirán el duelo, y con el tiempo dejarán de sufrir. Si les enviaras una carta sólo conseguirías que jamás asumieran tu muerte, que jamás vivieran el duelo de la pérdida, y en resumen harías que jamás dejaran de sufrir.

Sentí nuevamente que me quedaba sin aire, a pesar de no necesitarlo.

-¿Podría al menos fingir que soy un cadáver, como para que dejaran de sufrir buscándome? Así vivirían el duelo más rápidamente al no quedarse con la duda -propuse, pero Carlisle negó con la cabeza.

-Si fingiéramos tu muerte, al encontrar tu cuerpo necesitarían hacerte una autopsia -explicó-. Y se darían cuenta de que no es el cuerpo de un humano.

-¿Y fingir mi muerte, pero sin que encuentren el cuerpo? -Propuse.

-Para que te declararan muerta necesitarían restos de tu cuerpo. Y de tu cuerpo orgánico humano no queda nada.

-Pero usted es médico, ¿no? -Insistí-. ¿No podría usted ver mi "cadáver", darme por muerta y extender el certificado de defunción? Así, aunque suene macabro, mis padres podrían…

No continué explicando mi idea, ya que recordé que todos en mi familia habíamos decidido ser cremados, para no tener que quedar en un cementerio. Y supuse que un vampiro haciéndose el muerto no podría sobrevivir a una cremación. Aunque tal vez ser cremada "en vida" sería preferible a vivir eternamente como una adolescente de 14 años. Carlisle interrumpió mis macabros pensamientos.

-Sí Daniela. Soy médico. Pero en estos casos en que la causa de muerte no es clara la ley exige una autopsia.

-Da lo mismo -murmuré-. De todos modos me intentarían cremar.

Carlisle y Esme inspiraron asustados. O sorprendidos, no estaba segura. En un instante Esme me abrazaba nuevamente, con fuerza.

-Nadie te va a quemar, me aseguró. No lo permitiremos. No te preocupes.

-Tal vez sería lo mejor -murmuré sin ánimo, a pesar de que no podía hablar bien con su cuerpo pegado a mi cara-. No creo que vivir eternamente como una pendeja de 14 sea una vida que valga la pena.

Esme me apretó con más fuerza, hasta el punto que resultó ligeramente incómodo. Recordé que había dicho "pendeja", pero nadie pareció notarlo.

-Eso está fuera de discusión -escuché a Carlisle decir, aunque no podía verlo-. No te quemaremos. Y no permitiremos que nadie lo haga. Es perfectamente comprensible que ahora te sientas sin esperanza. Pero estás aquí, con nosotros, y te sentirás mejor a medida que los años pasen.

-Sí tesoro. Todo mejorará -prometió Esme, creo que por milésima vez. ¿Cuántas veces me lo había dicho ya? Y eso que no llevaba ni un día en esa casa.

Al final no se me pasó la pena, pero se me pasó la sensación de falta de aire. Esme me soltó a regañadientes y volvió a su asiento.

-¿Quieres terminar el partido de Scrabble? -Preguntó Carlisle indicando el tablero.

-¿Para qué? -Respondí encogiéndome de hombros-. No hay forma de que gane.

-Entonces hablemos de otra cosa -dijo Carlisle con tono práctico-. Estaba pensando en el hecho de que sólo hables español. En algún momento tendremos que volver al norte, por lo que necesitarás saber inglés. Y como no podrás ir a la escuela por un buen tiempo, creo que podrías dedicar esas horas a aprender.

Esme puso cara de felicidad, y Carlisle le sonrió.

-Como durante la semana estarás gran parte del día sola con Esme, ella podrá enseñarte -continuó-. ¿No amor? -Preguntó tomándole una mano sobre la mesa.

-Será un placer -dijo ella, y por su cara de cumpleaños me dio la sensación de que hablaba en serio.

¿Cómo podía ser un placer enseñarle un idioma a otro?, me pregunté. Ya aprender otro idioma me sonaba como la cosa más pajera de la existencia. Y enseñar otro idioma debía ser mil veces más pajero.

-No tengo ganas -gruñí, sin mirarlos-. Ya es una mierda esto de ser vampiro por toda la eternidad. Al menos me gustaría aprovechar la ventaja de no tener que ir a clases ni estudiar.

Escuché suspirar a Carlisle, y levanté la vista. Otra vez ese ceño fruncido. Mierda… Había dicho "mierda".

-Perdón por decir "mierda" -dije de inmediato-. Se me salió sin pensar.

-Bueno, intenta que no "se te salga" -me dijo Carlisle, haciendo con los dedos signo de comillas al decir las tres últimas palabras-. Pero, sobre lo de aprender inglés, o cualquier otro idioma, u otros temas… En eso no podemos ceder. A tu edad, ¿qué más puedes hacer? Además, no vas a pasarte la eternidad mirando el techo, ¿no? Pronto te aburrirías.

-Bueno, cuando me aburra hablamos -le respondí de mal modo, dejando muy en claro que eso no ocurriría jamás si estaba en mis manos.

Carlisle resopló divertido, negando con la cabeza.

-Eso dices ahora. En una semana te quiero ver. Ni hablar en un mes. Lo he visto millones de veces en mis otros hijos: se quejan, se quejan, pero luego cuando no tienen un horario ni nada que hacer comienzan a quejarse de lo aburridos que están.

Por un segundo no supe qué decir. Carlisle había hablado de "sus otros hijos". ¿Eso implicaba que me consideraba una hija? Ni hablar… Podía ser su prisionera, pero nunca su hija. Yo tenía un padre y una madre. Y los buscaría aunque mis secuestradores intentaran impedírmelo.

-Usted no es mi padre -aclaré con frialdad.

-No lo soy. Es verdad -reconoció.

Al menos tuvo la decencia de reconocerlo, pensé. Pero al ver la cara de pena de Esme me sentí culpable.

-Lo siento, Esme. Pero es que es la verdad -expliqué, intentando que comprendiera los hechos desde mi punto de vista-. Mis padres son otros. Están vivos. Están buscándome. Y ustedes sólo son mis secuestradores.

-Eso es así ahora -explicó Carlisle con calma, tomándole la mano a su esposa y apretándosela. Ella levantó la vista hacia su esposo y le apretó la mano también-. Pero en algunos años dejarán de buscarte. Y en algunas décadas todos los que conociste en tu vida humana habrán muerto. Y para entonces ya habrás vivido tanto tiempo con nosotros que en forma natural nos habremos transformado en tu familia.

Insultante. La frialdad con la que lo decía me irritó.

-¡Mi familia siempre será mi familia! -Les grité-. ¡Y nunca dejarán de buscarme! Yo los conozco. Me aman. Y aunque no consiga volver a verlos, tengo una hermana. Ella algún día tendrá hijos, y nietos. Y esos nietos tendrán hijos y nietos. Y, aunque ninguno de ellos me conozca o me ame, ¡seguirán siendo mi familia!

Esme iba a decir algo, pero Carlisle la silenció con la mirada.

-No es necesario gritar -me dijo Carlisle-. Nos llamas secuestradores, pero la verdad es que sólo hemos intentado ayudarte frente a lo inevitable. Tal vez tu transformación fue nuestra responsabilidad, ya que Jasper es nuestro hijo y lo que haga es nuestra responsabilidad. Pero, si te detienes a pensarlo, el accidente también es responsabilidad tuya. ¿No debías estar acaso en el colegio cuando mis hijos se cruzaron contigo en el bosque? Si hubieras estado donde debías estar, nada de esto hubiera ocurrido.

Sentí mucha rabia. Eso era un golpe bajo. ¿Cómo podían echarme la culpa a mí por lo que ellos me habían hecho?

-¿Y no se supone que sus santos hijos debían estar también en el colegio? -Contraataqué-. Si ellos hubieran estado donde tenían que estar, nada de esto hubiera ocurrido.

-Mis hijos tienen órdenes mías de salir de la escuela si la sed se vuelve demasiado insoportable y creen que pueden atacar a alguien -explicó Carlisle con calma, aunque con un tono cortante-. Jasper, el martes, se sintió incapaz de permanecer en el recinto cuando una compañera suya se cortó con unas tijeras en clase de artes plásticas. De modo que hizo lo que sabía que tenía que hacer que era salir de ahí inmediatamente, con alguna excusa. Y Alice salió con él para apoyarlo.

-¡De todos modos no me pueden culpar a mí! -Me defendí-. Tenía todo el derecho del mundo a estar en el bosque. Este es mi país. Yo nací aquí, no ustedes, los monstruos que me atacaron.

Esme soltó una especie de gemido y, a una velocidad que todavía me impresionaba, se puso de pie y desapareció hacia el pasillo. Escuché abrirse y cerrarse una puerta muy cerca del comedor en el que estábamos. No sabía qué había ahí, aunque tuve la sensación de que se trataría del dormitorio de ella y de Carlisle.

Me sentí culpable, y quise seguirla para pedirle perdón. Pero al intentarlo recordé que todavía tenía los pies prisioneros en el bloque de hierro. Miré a Carlisle algo arrepentida.

-Lo siento. Déjeme ir donde Esme a decírselo por favor -le rogué.

-Somos vampiros -murmuró-. Ya te oyó.

-Perdóneme por favor, Esme -dije (más fuerte, a pesar de que no era necesario)-. No creo que sean monstruos. De hecho creo que usted es muy agradable, una de las personas más agradables que he conocido. De hecho, aunque no conozco muchos vampiros, es de lejos el vampiro más agradable de todos los que conozco.

No escuché que Esme me contestara, pero Carlisle me miró con un gesto más amable, y cerró los ojos como diciendo "gracias".

-Lo siento, Carlisle -murmuré-. No debí decirles esas cosas. Perdóneme por favor.

Carlisle me sonrió más abiertamente. Me tomó una mano y me la apretó.

-Está bien, tesoro -respondió bajito-. Es normal que ames a tus padres. Y sé que pensar en tu familia te hace sufrir. Sólo te puedo ofrecer nuestro apoyo en esta nueva existencia. Y, si algún día logras vernos como algo más que tus secuestradores, me sentiré muy feliz.

-¿Puedo ir a ver a Esme? -Pregunté.

-Está bien, te llevaré -dijo poniéndose de pie-. Y, dado que no terminamos esta partida de Scrabble, guardaré el tablero declarando un empate.

En un instante Carlisle ya había guardado todo en la caja y había puesto la caja de vuelta en el mueble donde tenían juegos de mesa. Se acercó y me tomó en brazos.

-¿Cuándo me van a quitar este bloque? -Pregunté.

-Cuando estemos seguros de que no intentarás nada que te ponga en peligro a ti, a nosotros, o a tu familia -respondió Carlisle.

-Si los llamara por teléfono no los pondría en peligro -murmuré, sin mucha esperanza. Carlisle tomó aire, lo contuvo un segundo, y lo soltó lentamente.

-Ya hablamos de eso, Daniela. Déjalo ya -respondió en un tono que dejaba claro que no iba a seguir discutiendo del tema.

Pero no pensaba darme por vencida. Ya insistiría más tarde. Y luego. Y cuantas veces fueran necesarias hasta que entendieran.

Carlisle me llevó hasta la puerta por la que había desaparecido Esme y llamó suavemente mientras me sostenía con un puro brazo.

-Amor, ¿podemos entrar? -Preguntó.

-Sí pasen -respondió ella. Al menos no tenía voz de estar llorando.

Entramos. Era un dormitorio muy grande (mucho más que el mío), con una gran cama, muy bonito. Tenía una gran ventana que daba al bosque y un gran ventanal que daba a una terraza. Guau.

Esme estaba tendida sobre la cama, con los ojos cerrados, aunque los abrió cuando entramos. Carlisle me sentó sobre la cama, y quedé con las piernas y el bloque colgando. No sé si mis piernas eran demasiado cortas, o la cama de ellos era demasiado alta. Pero resultaba incómodo que mis pies no alcanzaran el suelo. Me moví hasta quedar sentada más al borde, y conseguí apoyar el bloque en el suelo. Eso resultó menos incómodo.

Carlisle nos sonrió y se fue cerrando la puerta. Me volví hacia Esme.

-Siento todo lo que dije -confesé de inmediato-. Perdóneme por favor.

-Lo sé. Te oí cuando lo dijiste en el comedor- me respondió amablemente-. Ya está todo olvidado, no te preocupes.

-Gracias -murmuré. Y no supe que más decir por lo que me quedé callada sintiéndome un poco incómoda. Supuse que Carlisle podría escuchar cualquier cosa que conversáramos. Y eso me hizo recordar a Alice y a Jasper. Hace rato que no los oía. ¿En qué momento habían dejado de hacer el amor? No me había dado cuenta. A lo mejor habían salido.

De pronto un movimiento me sacó de mis pensamientos. Esme se inclinó en la cama, me tomó, y me tendió junto a ella. Temí que el bloque de hierro se enganchara en la trama de la colcha inmaculada que cubría la cama, pero no pasó nada. Sólo se arrugó un poco.

-Relájate -me dijo Esme-. No necesitas decir nada.

Nos quedamos un rato en silencio. Y me di cuenta de que estar quieto siendo vampiro no era tan desagradable como cuando era humana. Antes, yo no aguantaba estar inactiva mucho tiempo. Pero como vampiro descubrí que se podía estar quieto un buen rato sin desesperarse.

Recordé de pronto que en el que sería mi cuarto no habían puesto una cama, y sentí curiosidad.

-Lo de que los vampiros no duermen, ¿es cierto? -Pregunté rompiendo el largo silencio.

-Sí, es cierto. No podemos dormir -respondió Esme.

Me volví para mirarla. Volvía a tener los ojos cerrados. Cómo adivinando que la miraba giró la cabeza y los abrió. Me miró, sonrió, y volvió a cerrarlos y a girar la cabeza.

-Pero podemos cerrar los ojos y relajarnos -continuó-. Con práctica se puede incluso dejar de pensar. Aunque es algo difícil en nuestra especie, con todas las distracciones. Pregúntale a Edward cuántas veces ha escuchado que otro vampiro consiguiera dejar de pensar, con ese don tan especial que tiene…

-Pero a Bella no le puede oír sus pensamientos, ¿no?

-No, ella es la excepción -confirmó.

Nos quedamos en silencio otro rato. Pensé en los dones fabulosos de algunos de ellos. Hasta en ese sentido mi existencia sería deprimente: a ser la más chica del aquelarre le tenía que agregar el no tener ninguna capacidad sobrenatural. Ni siquiera era más fuerte que ellos, a pesar de ser neonata.

-Yo no tengo ningún don especial -murmuré, intentando que sonara al establecimiento de un hecho, y no a una queja.

Esme me tomó una mano, me la apretó un instante y me la soltó.

-La mayoría de nosotros no tenemos dones especiales -aclaró restándole importancia-. Y si lo ves por el lado bueno, no tienes que preocuparte de darle un buen uso.

-Igual me hubiera gustado tener alguna capacidad especial como para no sentirme tan en desventaja frente a Alice. O a Edward. O incluso a Jasper.

-No lo veas cómo una desventaja -me aconsejó-. Esto no es una competencia. Además, al menos no estás obligada a sentirte triste cuando alguien junto a ti lo está, como le pasa a Jasper. Y no tienes que estar constantemente escuchando voces en tu cabeza, como Edward. Y no estás constantemente preocupada por el futuro, como le ocurre a Alice. Ellos rara vez logran relajarse completamente.

-¿O sea que el don de Bella es el más fabuloso?

-No hay dones más fabulosos que otros. Sólo son diferentes -aseguró Esme-. Si bien es cierto que todos los dones, bien usados, pueden tener su utilidad en situaciones dadas, la mayoría de nosotros se desenvuelve perfectamente sin tener dones espectaculares.

-¿Usted tiene algún don, como Jasper o Alice? -Le pregunté, esperando que no se ofendiera por la pregunta.

-No. Al decirte que la mayoría de nosotros no los tiene me estaba incluyendo. Aunque se me da bien la decoración, creo.

-¿Esta casa la decoró usted? -Pregunté. La escuché reírse.

-No. Esta casa la arrendamos ya amoblada y decorada.

-¿No compraron una casa para vivir aquí?

-No. No nos vamos a quedar tantos años como para que eso importe. Y tener casas en lugares que no se pueden visitar con frecuencia puede ser complicado. Es difícil mantener una casa en buen estado y funcionando cuando sólo vendrás una vez cada cincuenta años. Aunque la arriendes, que es buen negocio no lo niego, eso te obliga a viajar constantemente a la propiedad. Por eso sólo tenemos algunas casas permanentes, todas en Estados Unidos y Canadá.

-¿Han vivido en Canadá?

-Oh, sí. El clima nublado es útil cuando quieres poder llevar una vida lo más humana posible. Es probable que cuando dejemos Chile vayamos a Canadá, ya que la idea es estar lo más lejos posible de los lobos. Aunque probablemente rentemos una casa, y usemos identidades falsas, para evitar que nos encuentren.

Me quedé imaginando cómo sería Canadá. Lo imaginaba cubierto de nieve. En mi pueblo no había nieve. Estaba al borde del mar y, aunque siempre hacía frio, sólo llovía.

Pasó un largo rato. Permanecimos en silencio. Ignoraba lo que estaban haciendo los otros. Tal vez habían salido.

El sol ya se había puesto cuando oímos pasos afuera. Eran dos vampiros corriendo sobre las hojas secas. Imaginé que serían Bella y Edward. Más arriba, en el segundo piso, oí moverse a tres vampiros. Alice y Jasper seguían en su dormitorio. Carlisle, aparentemente, estaba en un cuarto del otro pasillo, justo encima de nosotros.

Esme se puso de pie. Parecía contenta de que sus hijos hubieran vuelto.

-¿Te quieres quedar aquí otro rato? ¿O prefieres que te lleve a tu cuarto o a otra parte de la casa? -Ofreció.

-Preferiría que me sacaran este bloque y escoger yo misma -murmuré. Pero, al ver que su cara ya no estaba alegre me sentí culpable y agregué-: Lo siento.

De pronto tuve una idea. Ese dormitorio tenía una salida al exterior. Aunque no podía caminar, podría intentar rodar o arrastrarme hacia la terraza…

Se escuchó un resoplido molesto viniendo desde la puerta de calle.

-Esme, trae a Daniela contigo -escuché decir a Edward.

Esme me miró con cara de pena, y tras un gesto de disculpa se inclinó sobre la cama para tomarme en brazos. Me resigné a la humillación de ser cargada de lado a lado como un puto maniquí.

Ya estaban los otros cinco en el pasillo cuando llegamos. Edward y Bella parecían más contentos y tranquilos. Traían con ellos un olor a mar, como a pescado.

Edward debió escuchar la duda en mi mente.

-Fuimos a cazar lobos marinos -explicó para mi beneficio. Los demás ya debían de saberlo. Luego se volvió hacia Carlisle y agregó-: Daniela sigue planeando volver donde sus padres. Está decidida. Se arrastrará o rodará hacia el pueblo si es necesario.

Eso me tostó. Deseé tener el poder de hacer polvo a mis enemigos con la mirada.

-Espero que ardas en el infierno -le dije con frialdad.

Todos inspiraron sonoramente como si hubiera dicho algo terrible. Carlisle se pasó la mano por el pelo y cerró los ojos. Todos lo miraron, como esperando que hiciera o dijera algo. Parecía ping-pong. Cinco pares de ojos pasaban de mí a Carlisle y vice-versa. Vi que Bella se mordió el labio inferior frunciendo el ceño. Edward se pasó la mano por la cara con gesto cansado. Jasper parecía incómodo, como si quisiera estar en cualquier otro lugar. Alice desenfocaba los ojos a ratos, con el ceño fruncido, para luego mirarnos a Carlisle y a mí y volver a concentrarse.

Esme, que estaba a mi lado, fue la primera en dejar de mirarme feo. Me puso una mano en la espalda.

El silencio se estaba haciendo pesado. Nadie decía nada, y el ambiente se podía cortar con cuchillo. Supuse que ya que yo la había cagado, más valía que yo la arreglara.

-Perdóname Edward -murmuré, esperando que con eso bastara. En realidad, tampoco es que lo odiara tanto como para querer verlo muerto. Y sólo lo había mandado al diablo maldita sea… ¿Por qué tenían que ser tan melodramáticos?

-Ok… -murmuró Edward.

Alice hizo una mueca y Carlisle abrió los ojos por fin. Alice lo miró con gesto de disculpa y tomó la mano de Jasper.

-Carlisle… ¿Podemos salir a dar una vuelta? -Preguntó.

Carlisle me miró, y luego la miró a ella de vuelta. Me pregunté qué visión había tenido que deseaba salir arrancando.

-Estoy casi segura de que Daniela no volverá a intentar nada esta noche -aseguró Alice.

-Sí, no está planeando nada -murmuró Edward muy bajito.

-Sólo está arrepentida. Y asustada -agregó Jasper.

Carlisle parecía resignado.

-Está bien. Alice, Jasper: pueden salir -dijo. Luego miró a Edward y a Bella-. Si quieren pueden salir también.

-Estuvimos fuera toda la tarde -se quejó Bella-. Me quiero dar un baño.

-Como quieran -dijo Carlisle.

-¿Podemos…? -Comenzó a preguntar Jasper, pero Carlisle pareció adivinar la pregunta porque respondió en forma cortante.

-No. Y deja de preguntarme porque no voy a ceder. No se pueden llevar el coche. Ni hoy, ni mañana, ni el mes que viene. Jasper: sólo tienes licencia para manejar en compañía de un adulto.

"Por favor…" murmuró Jasper en forma despectiva, aunque muy bajito y entre dientes. Vi que Edward ponía los ojos en blanco, aunque no supe si era por la actitud de Jasper o la de Carlisle.

-¡Nadie nos verá! -Reclamó Alice haciendo pucheros. Se acercó a Carlisle con cara de pobre perrito y las manos juntas en forma de rezo-. Por favor. Por favor. Por favor papá…

-No -respondió Carlisle en forma seca-. Podrían verlos.

-¡Odio este país! -Reclamó Alice-. ¡Y odio que estemos tan lejos de una ciudad!

Supuse que no se referían al pueblo al decir "ciudad". Debían de estar hablando de alguna de las únicas dos ciudades cercanas, que en realidad de cercanas no tenían nada.

-Yo podría acompañarlos -propuso Esme.

Jasper y Alice pusieron los ojos en blanco. Edward soltó una risa sarcástica.

-Seguro que van a querer conducir a más de 150 kilómetros por hora con su madre dentro del coche -dijo Edward con burla-. Para luego ir a una discoteca a bailar toda la noche con ella al medio.

Esme no pareció herida por el comentario, lo que me sorprendió.

-No soy tan vieja. Y sólo obedezco las reglas del tránsito para evitar llamar la atención de los humanos. Alguien tiene que ser responsable.

-Si quieren… -Comenzó a decir Bella. Miró a Edward y luego a Carlisle-. Si quieren Edward y yo nos quedamos con Daniela. Así Esme y tú pueden ir a la ciudad con ellos y todos felices.

Eso pareció animar a Esme, aunque el entusiasmo de Alice y de Jasper había disminuido bastante. Carlisle pareció evaluarlo unos segundos.

-Está bien -cedió al fin. Luego se dirigió a mí-: pero tú y yo tenemos una conversación pendiente. Eso que le dijiste a Edward estuvo muy, pero que muy mal.

Puse los ojos en blanco en mi mente. Tan melodramáticos… Además, no me gustó que me llamara la atención delante de todos

-No lo sabía. Y ya le pedí perdón -murmuré.

-Déjala Carlisle -aseguró Edward-. Es verdad que no lo sabía. Y no lo dijo con verdadera intención.

Por una vez no me molestó que pudiera leerme la mente. Lo vi torcer la boca como en una sonrisa cuando oyó lo que pensaba.

-Está bien. Si se sienten capaces de quedarse a solas con Daniela por unas horas, entonces Esme y yo llevaremos a Alice y Jasper a la ciudad.

-No hay problema -dijeron Edward y Bella al mismo tiempo, y eso les dio risa-. Diviértanse -agregó él, dirigiéndole a Esme una tierna sonrisa.

-Cualquier cosa que ocurra, nos llaman al móvil -agregó Carlisle.

Ellos asintieron, y eso me dio una idea. Teléfono. Rápidamente me puse a pensar en otra cosa antes de que los brujos notaran mi interés. Cerdos, sangre, cerdos, sangre… Sin embargo, vi por el rabillo del ojo que Edward fruncía ligeramente el ceño. Carlisle pareció notarlo, y se volvió hacia mí.

-Daniela: no intentes nada en nuestra ausencia. No funcionaría y complicarías las cosas.

De pronto me inquietó que Carlisle pudiera pegarme si intentaba escapar o comunicarme con mi familia. Sentí un poco de miedo. Edward me dirigió una mirada discreta y, cuando vio que lo había visto, negó ligeramente con la cabeza. No. Carlisle no planeaba castigarme si lo intentaba. O al menos no me pegaría.

-¿Daniela? ¿Lo prometes? -Insistió Carlisle.

-Lo prometo -le dije, aunque sólo para que se fuera de una vez.

Alice pegó un saltito alegre y corrió escalera arriba seguida de Jasper que le sonreía indulgentemente. Esme y Carlisle se fueron a su cuarto. Los cuatro estuvieron de vuelta imposiblemente rápido, arreglados y maquillados en el caso de ellas. Guau. Se veían muy bien. No de pasarela, pero se veían casuales y elegantes. Como si quisieran pasar desapercibidos, pero dejando muy en claro su nivel.

-¿Estás seguro? -Le preguntó Carlisle nuevamente a Edward, mirándolo a los ojos fijamente y poniendo ambas manos en sus mejillas.

-Sí. De verdad. Puedo hacerlo -aseguró Edward.

-No ocurrirá nada -lo tranquilizó Bella, poniendo una mano en la espalda de su pareja-. Vayan. Bailen. Relájense.

Carlisle asintió, bajó las manos a sus antebrazos y se los apretó antes de soltarlo. Parecía que le estaba dando ánimo. O transmitiendo confianza, no sé.

-Bien, hijos. Confío en ustedes -les dijo dándoles a ambos un beso en la frente. Luego se volvió hacia mí-. También confío en ti, Daniela. Y espero que no me decepciones.

Lo miré feo. Qué melodramático. Y qué cursi.

-Gracias -gruñí. Al menos no me había vuelto a incluir entre sus hijos. Algo que le hubiera quedado claro.

Los acompañamos hasta la entrada. Cuando desaparecieron por la puerta Carlisle le lanzó una última mirada a Edward. Este asintió, y los otros finalmente se fueron. Oímos el sonido de un motor poderoso, y por la ventana junto a la puerta vi pasar un todoterreno gigantesco. Debía tener como mil asientos. Parecía el sueño de una familia Opus Day, con asiento hasta para la nana del perro. Escuché una risa a mi espalda. Era Edward, y Bella lo miraba como para que compartiera el chiste.

-Es ella -le explicó Edward, indicándome-. Encontró que el coche era demasiado grande, con espacio hasta para la servidumbre.

Bueno, no era exactamente lo que yo había pensado, pero se acercaba.

-¿Siempre andas escuchando lo que piensa la gente? -Le pregunté, aunque no con mala intención.

-No puedo evitarlo -se defendió, encogiéndose de hombros.

-Y como ya está aburrido de escuchar la mente de los otros, la tuya le llama la atención por lo novedosa -explicó Bella-. Te aconsejo que hagas como los otros y dejes de pensar en ello. Con el tiempo ya no te sentirás incómoda.

-No sé si pueda acostumbrarme algún día -murmuré.

-Lo harás -me aseguró Bella, riendo-. A eso y a todas las rarezas de esta familia.

-Ve a darte un baño, amor -le dijo Edward, besándola en la frente. Yo subiré a Daniela al segundo piso y la vigilaré mientras lo haces.

Me volví a sentir como un bulto cuando Edward me agarró como si fuera un saco de papas y me cargó escalera arriba. Bella nos siguió. Me depositaron en el sofá en el que me había sentado Esme para la película.

Bella se fue por el pasillo contrario al de mi cuarto y el de Alice. Edward se sentó donde Jasper se había sentado esa tarde y prendió la consola y la televisión. Escuché agua correr.

-¿Sabes jugar alguno de estos juegos? -Me preguntó mostrándome unas cajas como de DVD, aunque decían PS3.

-No. No tenemos de esos en casa -murmuré.

La triste verdad es que mis padres no tenían mucho dinero. Aunque eran dueños de la casa. Así que pobres-pobres no éramos.

-No te avergüences -me dijo, encogiéndose de hombros.

Se quedó pensando un momento, y luego apagó la tele y la consola. Se puso de pie, y antes de que lograra decir ni mu me agarró y me depositó en una de las sillas que rodeaban la mesa del rompecabezas.

-¿De cuantas piezas es este puzzle? -Pregunté.

-5000 piezas -me dijo, y me pasó una caja. Era la tapa de la caja del rompecabezas. La imagen mostraba un unicornio.

Se puso a armar el rompecabezas así que lo imité. No era nada fácil, aun siendo un vampiro.

El unicornio me hizo recordar a mi hermana. A ella le gustaban los "My Little Pony". Y no pude evitar pensar en mi familia. Y no pude evitar recordar que no había visto ningún teléfono de red fija en la casa. Aunque Carlisle había mencionado que tenían celulares. Claro que debían tenerlos, y último modelo seguramente. La cosa sería buscar alguno. Dado que no me podía desplazar, tendría que esperar que uno de ellos dejara alguno donde yo pudiera tomarlo…

-No funcionará -me aseguró Edward. Me sobresalté. Había olvidado que podía oír lo que estaba pensando.

-Si estuvieras en mi lugar, ¿no tratarías de contactar a tus padres para tranquilizarlos? -Intenté razonar.

Se quedó pensando unos instantes.

-Sí. Probablemente. Aunque no puedo saberlo, ya que cuando Carlisle me salvó mis padres habían muerto. Supongo que, si hubieran estado vivos, habría querido volver con ellos.

-Entonces, ¿por qué no me ayudas? -Le rogué.

-Porque tú crees que lo mejor para tus padres es que sepan de ti. Pero te equivocas rotundamente. Nosotros comprendemos mucho mejor que tú las implicancias que eso tendría para ellos en el futuro.

-Deben estar sufriendo -expliqué-. Si pudiera decirles la verdad, estoy segura de que lo entenderían. Y si es lo mejor para mí incluso aceptarían que viviera con ustedes. Sólo quiero que no sufran.

Edward cerró los ojos un momento. Parecía que lo estaba convenciendo.

-No Daniela, no me estás convenciendo. Estaba intentando encontrar la mejor manera de explicártelo. Verás… Nosotros los vampiros no podemos contarles a los humanos de nuestra existencia. Si tus padres se enteraran, los matarían. Y tú no quieres tener eso en tu conciencia, ¿verdad? Además, si otros vampiros supieran que fuimos nosotros quienes se los contamos, nuestra familia sería exterminada.

-Ellos no se lo contarían a nadie -murmuré-. Nadie tiene por qué morir.

-No puedes estar segura de eso. Los humanos cometen errores. Hablan. Hablan cuando los presionan, hablan cuando los engañan, hablan cuando están ebrios, hablan cuando duermen, hablan cuando están hipnotizados… Además, algunos de los nuestros podrían descubrir que ellos saben de nuestra existencia sin necesidad siquiera de que ellos digan nada.

-¿Si alguien como tú escuchara sus mentes, o si Aro los tocara?

-Exacto.

Nos quedamos en silencio unos minutos. Intenté pensar en una solución que no implicara para mis padres un "no la volvimos a ver, nunca supimos qué le pasó".

-Por favor, Daniela, deja de darle vueltas -dijo Edward finalmente-. Confía un poco en nosotros. Sabemos lo que es mejor para ti y para ellos. Si hubiera una manera más humanitaria de hacer las cosas, ¿no crees que Carlisle ya habría tomado ese camino?

Me quedé callada. Creía de verdad que eran buenas personas. O buenos vampiros. Pero en las horas que llevaba con ellos había tenido la impresión de que para Esme yo era algo así como la muñeca que pidió para navidad. Tenía la desagradable sensación de que aunque hubiera alguna manera de que volviera con mis padres, ella no querría dejarme ir. Estaba casi segura de que aunque mi transformación hubiera sido un accidente, para ella había sido una feliz coincidencia. Y Carlisle parecía la clase de persona enamorada que le daba al objeto de su amor todo lo que pudiera querer.

-Hay una pequeña parte de verdad en lo que piensas -admitió Edward-. Esme sí está feliz de que te integres a la familia. Pero te equivocas totalmente en su motivación. Ella jamás te retendría si existiera la alternativa de que volvieras con tu familia. No hay nada de egoísmo en ella. Nos ama a mis hermanos y a mí como si fuéramos sus hijos. Y no le importa que seamos casi mayores. A ti te amará tanto como a nosotros, y no más por el hecho de que seas más pequeña.

-Ustedes nunca serán mi familia -murmuré-. Siempre recordaré a mis padres y a mi hermana. Aunque pasen mil años.

-Claro que sí -aseguró Edward en tono conciliador-. Siempre los recordarás con amor. Todos nosotros recordamos a nuestra familia de origen. Bueno, todos salvo Alice. Y el hecho de que ahora formemos parte de una nueva familia no significa que no los hayamos amado, o que los hayamos traicionado. Simplemente, por circunstancias de la vida, nos vimos condenados a vivir mucho más que ellos. Y el hecho de que un montón de vampiros decidan vivir juntos y quererse y formar algo parecido a una familia no significa que hayamos traicionado a nuestros antepasados.

-Es fácil decirlo. Sus familias están muertas.

-Te equivocas. Los padres de Bella aún viven. Y a Alice, Rosalie y Emmett todavía les quedan parientes vivos. Pero todos ellos comprenden la situación, y aman a sus familias lo suficiente como para renunciar a ellos y evitarles así el peligro.

Sentí como si me hubiera pateado el estómago en ese momento. ¿Insinuaba que yo no amaba a mi familia? ¿Qué quería contactarme con ellos por egoísmo?

-¡No! -Dijo Edward algo exasperado, interrumpiendo el curso de mis pensamientos-. Todos sabemos que amas a tu familia, y que estás dispuesta a hacer lo que sea para que no sufran. Pero no hay forma de evitarles el sufrimiento. Y la forma de que sufran lo menos posible es que, simplemente, desaparezcas.

-Tú no entiendes -insistí-. Imagínate que los zombis existieran -le dije, intentando darle un nuevo enfoque. Edward me miró con desconfianza pero con atención-. Imagínate que uno de ellos te mordiera y te transformaras en zombi. Imagínate que te llevaran con ellos, para evitar que los vampiros se enteraran de la existencia de los zombis. ¿No crees que Esme y Carlisle querrían saber qué fue de ti? ¿No crees que ellos esperarían que hicieras todo lo que estuviera en tu poder para comunicarte con ellos y explicarles por qué no puedes volver? ¿No crees que ellos podrían guardar el secreto, para que no te pasara nada a ti, ni a ellos, ni a sus otros hijos?

Mi argumento lo dejó mudo por más de un minuto. Parecía estarlo pensando. De pronto me miró fijo, como intentando comprender.

-¿O sea que gran parte del problema es que sientes que si no intentas contactarlos, ellos podrían pensar que no los quieres lo suficiente?

Me quedé pensando en la pregunta.

-Sí. Un poco -admití-. Creo que ellos esperarían que, si sigo viva, haga lo que esté en mis manos por volver, o al menos por avisarles que estoy bien.

-Bueno. No estás viva -dijo Edward en forma práctica, como si eso zanjara el problema.

Puse mis ojos en blanco.

-Sabes a qué me refiero…

-Pero, ¿qué prefieres? -Argumentó-. ¿Contarles, condenarlos a muerte y quedar con tu conciencia tranquila porque "hiciste lo correcto" -dijo haciendo signo de comillas con los dedos-? ¿O dejarles tistes pero fuera de peligro?

Me dieron ganas de llorar. Pero claro, era un vampiro. No podía llorar.

La llegada de Bella secándose el cabello con una toalla me libró de responder a la terrible pregunta.

Olía agradable, a jabón y champú. Y vampiro. Vampiro limpio. Me distrajo por un instante. Hasta que se sentó en la silla junto a Edward y me quedó mirando.

-Escuché toda vuestra conversación -dijo yendo al grano. Edward la besó suavemente en un costado de la cara, cerca del ojo izquierdo, cerrando los ojos-. Y no necesito ser Alice para adivinar lo que va a pasar: Si decides no hacer caso a lo que te decimos, sólo conseguirás pasarlo pésimo por años, a cambio de sentirte mejor contigo misma porque al menos lo intentaste. Pero para tus padres no habrá diferencia alguna. Porque te lo doy firmado: No. Conseguirás. Contactarlos. Asúmelo. Nosotros somos más. Alice verá el resultado de cualquier decisión que tomes. Edward escuchará cualquier pensamiento que tengas, siempre que estés cerca. Y te aseguro que por el bien de la familia procurará tenerte cerca la mayor parte del tiempo.

"Convéncete -me dijo, poniendo sus dos manos sobre la mesa e inclinándose hacia mí para dar énfasis a sus palabras-. No importa lo que decidas hacer, tus padres jamás lo sabrán. Tú decides si amargarte la vida y amargársela al resto, o si te resignas e intentas ser feliz con lo que te tocó."

Quedé algo intimidada, debo confesarlo. Y tan bonita y dulce que parecía.

Edward intentó ocultar su risa endureciendo la mandíbula. Pero Bella lo notó.

-¿Qué? -Le preguntó en tono cortante-. ¿Qué es tan gracioso?

Edward abrió los ojos y apuntó con la mandíbula en mi dirección.

-Te encuentra sumamente dictatorial -resumió como disculpándose.

-Soy práctica -respondió Bella encogiéndose de hombros-. No me gusta ver sufrir a la gente.

-Mis padres sufren -puntualicé.

-Claro que sufren. Estás muerta.

-¡Pero ellos no lo saben!

-Si supieran lo que te pasó, morirían. ¿Y quién cuidaría de tu hermana?

Me quedé callada. No había pensado en eso. Bella pareció entenderlo porque siguió en esa línea.

-Lo mejor que puedes hacer por ella es dejarle a sus padres.

Edward se masajeó la frente. Parecía cansado, a pesar de ser un vampiro.

-Me iré a dar un baño, amor -le dijo a Bella, poniéndose de pie e inclinándose para besarla en la boca-. Intenta no seguirla torturando.

-No la torturo -respondió ofendida-. Intento que piense en forma lógica, racional y madura para que deje de torturarse.

-Tiene 14. No es madura. Déjala en paz y vigila que no te robe el celular.

-¡No pensaba robarle el celular! -Me defendí.

Edward no respondió. Se alejó riendo rumbo a donde asumí estaría el baño. O uno de los baños. La casa era grande después de todo, debía tener más de un baño.

-Dale un tour de la casa -dijo Edward desde el baño.

Eso consiguió que desapareciera gran parte de la tensión que había quedado en el ambiente. Bella suspiró, y me dedicó una sonrisa algo triste.

-Siento haberte hablado así -me dijo-. Es sólo que desde que Jasper te mordió han estado todos muy tensos. Por eso insistí en que salieran y se relajaran un poco. Además, así podía hablarte con franqueza. Carlisle y Esme no aprobarían que te dijera las cosas como te las dije. Por favor no me delates.

Debí admitir, a regañadientes, que entendía su actitud.

-No les diré nada -le prometí-. Gracias por tu franqueza.

-Ok… No puedo creer que todavía no te hayan mostrado la casa -dijo consternada-. Aunque supongo que es por lo del bloque.

Se puso de pie y me tomó en brazos. Agradecí que no lo hiciera como si fuera un saco de papas.

-¿Te puedo preguntar algo? -Le dije.

-Pregunta lo que quieras. Pero me reservo el derecho de no responder.

-Si es tan fácil para ustedes saber qué pienso o planeo, y si están tan seguros de que no lograré ponerme en contacto con mi familia, ¿por qué me pusieron este bloque en los pies?

Bella se quedó callada un instante. Parecía no estar segura de si debía responder o no.

-Ok, te lo diré. Aunque Los demás no quieren que lo sepas.

Sentí todavía más curiosidad.

-¡No la asustes! -Advirtió Edward desde el baño. Bella puso los ojos en blanco.

-¡Es mejor que lo sepa! -Le contestó-. Si se lo contamos evitaremos mucho drama, estoy segura.

En ese momento escuchamos como se cerraba la llave de la ducha. Bella resopló y esperó resignada a su marido. Edward llegó en cosa de medio minuto, ya vestido aunque con el pelo mojado.

-Carlisle nos pidió discreción -le dijo, pasándole una mano por la mejilla.

Yo, que estaba en brazos de Bella, me sentí incómoda entre ellos.

-Si se van a tocar y esas cosas por favor pónganme en el suelo -rogué.

Bella me puso en uno de los sofás. Y, tras una especie de duelo de miradas, pareció ganar ella porque ambos se sentaron también.

-Ok… -dijo Edward resignado-. Antes de que se les ocurriera ponerte el bloque, Alice te vio intentando una y otra vez escapar. Y vio que te atrapábamos, y te traíamos de vuelta, una y otra vez. Y no importando cuán bien te vigiláramos, simplemente salías corriendo. Te vio incluso atacándonos para que te soltáramos. Vio a Carlisle, desesperado, decidiendo pegarte. Y vio que ni eso funcionaba. Tuvo visiones terribles de nuestra familia peleando y dividiéndose.

"Entonces Alice se desesperó, e intentó ver si había alguna decisión que pudieran tomar para evitar el caos. Pero nada de lo que se le ocurría cambiaba el futuro: si te encerraban, te las arreglabas para romper puertas y paredes. Incluso si te encerrábamos en una cámara bajo tierra te veía cavando un túnel con los dientes. Finalmente, se inspiró al ver la salamandra de la entrada. Pensó en un bloque de hierro para tus pies, para que no pudieras salir corriendo. Y por fin dejó de ver imágenes de un futuro caótico. Así que ella y Carlisle sacrificaron la salamandra de la entrada para hacerte ese bloque."

Me detuve unos segundos a considerar lo que me acababa de contar.

-Carlisle no te lo va a decir -continuó Bella, al ver que no decía nada-. Pero él teme que no seas lo suficientemente madura como para aprender. Que seas una niña inmortal. Y si eso resulta ser verdad entonces estás frita tú, y estamos fritos todos nosotros.

-Amor… -dijo Edward con una mueca-. Carlisle preferiría…

-¡Es mejor que sepa lo que pasa! -Lo interrumpió Bella-. Si no pone de su parte nos va a condenar a todos.

-Alice vio…

-Las visiones de Alice son volátiles -dijo Bella volviendo a interrumpirlo-. Pueden cambiar en cualquier momento. Y ninguno de ustedes quiere admitir lo cerca que está esta niña de destruir a nuestra familia.

-Yo no quiero destruirlos -aseguré.

-Claro que no quieres eso -respondió Bella como si fuera obvio-. Pero estás tan convencida de tener la razón que terminarás metiéndonos en problemas. Es cosa de tiempo. Y tampoco es que sea tu culpa. Simplemente, eres demasiado joven. Punto final.

-Tu tenías 16 cuando nos conocimos -le recordó Edward con una sonrisa torcida, poniéndole una mano en la rodilla.

-Tenía casi 17 -aclaró Bella-. Y era mucho más madura. Y no había sido criada en un país donde las personas viven con sus padres hasta los 40.

-¿Qué tienen todos ustedes contra Chile? -Gruñí.

-Nada -aseguró Edward-. Es sólo un país diferente al nuestro. No le hagas caso a Bella. Ella nació vieja.

Estaba claro que Edward quería relajar el ambiente.

-Estás intentando cambiar de tema -lo acusó Bella con el ceño fruncido.

-Lo siento -admitió él-. Es que si Carlisle supiera que estamos hablando con Daniela de todo esto se decepcionaría.

-¿Qué no le digamos que es una niña inmortal? -Se burló Bella-. ¡Pero si ya lo sabe!

-No soy una niña -me defendí-. Y, de todos modos, ¿qué problema hay con que sea un poco más inmadura que ustedes?

Se miraron. Bella levantó las cejas y miró al piso. Edward parecía resignado.

-Ok, si comenzamos a decirlo mejor acabamos -dijo él en tono sombrío-. Tú leíste la saga Crepúsculo, ¿verdad?

Asentí.

-Ok. Eso facilita las cosas. El hecho es que el gran problema con los niños inmortales es que son incapaces de aprender. Son, simplemente, insuficientemente maduros. A un vampiro suficientemente maduro le dices "no hagas esto por tal razón" y lo entiende. Decide hacer caso, porque racionalmente entiende que es mejor no hacerlo. Pero, a un niño inmortal, a un vampiro inmaduro, le dices "no hagas esto por tal razón" y, aunque comprenda el sentido de la frase, no hará caso. Simplemente porque no le da la gana. Y, aunque lo expongas infinitas veces a la misma situación, seguirá decidiendo hacer lo que se le da la gana.

"Pero, cuando los Vulturis los estudiaron, descubrieron que había matices. Es decir, vampiros medianamente maduros. Vampiros en una edad en que no son ni niños ni adultos. Vampiros a los que les decían "no hagas esto por tal razón" y decidían hacer lo que se les daba la gana. Pero, si se los motivaba lo suficiente, eran capaces de aprender. Entonces podían volver a decirles "no hagas esto por tal razón" y tomaban la decisión consciente de no hacerlo."

-¿Y yo estoy en la quemada? -Pregunté.

-Eso teme Carlisle -admitió Edward.

-Carlisle tiene fe en que estés más cerca de ser madura como nosotros -aclaró Bella, aunque no parecía estar de acuerdo-. Pero tiene miedo de estar equivocado y que estés mucho más cerca de ser un niño inmortal. Y está aterrado ante…

-Bella… -la interrumpió Edward, rogándole con la mirada.

-Es mejor que sepa qué esperar -argumentó Bella.

Me tenía un poco harta que le dieran tantas vueltas. ¿No podían acabar con la maldita historia?

-¡Ya díganmelo! -Insistí.

Edward parecía amargado. Bella parecía decidida y beligerante.

-Carlisle tiene miedo de que seas una niña inmortal porque, como ya debes haber entendido, eso significaría que terminarían matándote a ti y a todos nosotros. Y también tiene miedo de que resultes ser una vampira "semi" madura, porque eso significaría que tendría que entrenarte y estar siempre atento a que no metas la pata.

Esperé que continuara, pero parecía haber terminado.

-¿Y? No veo el problema. No soy una niña. Soy perfectamente capaz de entender lo que me dicen.

Edward hizo una mueca.

-Las visiones que Alice tuvo demuestran que no eres un vampiro maduro, Daniela -explicó Edward-. Y Carlisle odia tener que recurrir a la violencia. Cuando te despertaste, e insististe en decir palabrotas, yo vi en su mente cuánto le costó decidirse a castigarte. Actuó de forma que no lo notaras, pero le horroriza tener que causarle sufrimiento a otra persona.

-¡Pero yo entendí perfectamente! -Me defendí-. A él le consta que estoy tratando. Le pedí perdón cuando se me salieron otras palabras "vulgares".

-Sí, y eso lo llenó de esperanza -dijo Edward más animado-. Pero él sabe cuánto les costó a Cayo y Aro entrenar a Jane y a Alec. Fueron años de sufrimiento para esos dos chicos. Tanto así que, si no fuera por sus dones tan raros, Aro y Cayo se habrían dado por vencidos con ellos. Y Carlisle no quiere pasar por eso. Sería una tortura para ti, para él, y para todos los que estamos alrededor.

-¿Qué tan terrible es? -Pregunté alarmada.

Edward parecía estar buscando las palabras, lo que pareció exasperar a Bella.

-Por favor… -murmuró despectivamente, como si encontrara ridícula la reticencia de su marido. Luego me miró y continuó-: Los Vulturis descubrieron que lo único capaz de "motivar" a vampiros tan jóvenes como Jane y Alec era el sufrimiento. Sed y dolor. Y miedo, también. Los vampiros no sufren demasiado si se les priva de bienes materiales, o si se los inmoviliza. Pero si los privas de sangre, o si los golpeas, o los desmiembras, o los acercas a una hoguera, o si acercas a sus parejas a una hoguera son capaces de modificar su forma de responder a un estímulo a fin de evitar el sufrimiento suyo o de un vampiro al que aman. Pero Carlisle es un pacifista hasta el tuétano, y jamás haría ninguna de esas cosas para obligar a otro a hacer algo.

-Carlisle no quiere que mueras -explicó Edward-. Para eso necesita evitar que metas demasiado la pata. Pero jamás te va a hacer pasar hambre. Ni te va a acercar al fuego. Si es necesario te va a volver a pegar, pero lo evitará a toda costa. Antes prefiere bloquearte los pies para que no te veas expuesta a tomar malas decisiones.

Aunque entendía su lógica, había algo que no encajaba. Carlisle no me había pegado por intentar contactar a mis padres, sino por decir palabras que a su juicio no se debían decir.

Edward asintió, como entendiendo por donde iba mi razonamiento.

-Sí, Carlisle te castigó por lo de las palabras. Y tienes razón: decir "mierda" no pone en peligro a nadie. En realidad, decidió imponer su autoridad apenas te despertaste porque sabe que así aumentan las probabilidades de éxito. Con los vampiros medio-maduros sólo se puede conseguir mejoras cuando saben desde el principio quién es el líder del aquelarre.

-¿O sea que, o hago lo que me dicen o me golpeará? -Pregunté asqueada.

-No. En realidad es altamente improbable que vuelva a pegarte -aclaró Edward, y me sentí profundamente aliviada al escucharlo-. Al reconocer tu error cuando decías palabrotas y al pedir perdón de inmediato lo convenciste de que podías aprender. Eso lo alivió muchísimo más de lo que puedas imaginar. Ahora confía en que, si te explica qué puedes hacer y qué no, vas a ser capaz de auto-controlarte. En el peor de los casos te va a amenazar con un castigo si insistes en no obedecer. Pero confía en que entenderás, y que no necesitará llegar a las manos.

-Cree que con los años te acostumbrarás -continuó Bella-. Confía en que el problema con tu familia se resuelva con el paso del tiempo. Y está seguro de que, aunque ahora nos odies, con el tiempo vas a entender que todo fue por tu bien y que finalmente vas a integrarte a la familia en forma natural.

-Y, si cometes errores pero él ve que al menos lo estás intentando, todo irá bien -me aseguró Edward.

Ok. Supuse que podía vivir con eso. No es que me dejaran alternativas en realidad.

-Pues no. No tienes alternativas -aseguró Edward.

Me quedé pensando en mi situación, y en la extraña familia a la que parecía condenada a formar parte.

-Sólo por curiosidad morbosa… A ustedes nunca los ha golpeado, ¿no? -Pregunté, esperando que no se lo tomaran a mal.

-¡No! -Respondió Bella tajante, como si la sola idea fuera ridícula.

Edward puso mala cara.

-Sólo una vez. A mí -confesó-. Pero fue hace mucho tiempo.

Bella lo miró sorprendida. Yo esperé que continuara. Él resopló algo molesto.

-Fue en el tiempo en que Rosalie llegó a la familia. La convivencia con ella fue difícil. Era un poco como tú, llevada a sus ideas, y me odió desde el primer día. Tenía deseos de pelear constantemente y, como podía escuchar sus pensamientos, yo sabía que ella no quería vivir. Secretamente ella albergaba la esperanza de que yo la destruyera y la quemara. Nos odiaba a todos por haberla transformado en vez de haberla dejado morir luego del ataque.

"Rosalie me provocaba, de todas las formas que se le ocurrían. Yo intentaba no hacerle caso. Carlisle y Esme intentaban hacerla feliz. Pero, en vez de calmarse, ella más se irritaba. Y, cuando yo no le hacía caso, eso la irritaba todavía más. Hasta que un día pensó que si ella destruía a Carlisle, yo me vería forzado a destruirla a ella."

"Entonces sí me ofusqué mucho, y me abalancé sobre ella dispuesto a concederle su deseo de muerte. Pero Carlisle y Esme nos separaron. Mientras Esme la sujetaba a ella, Carlisle me sujetó a mí e intentó razonar conmigo. Pero yo estaba viendo todo rojo. Había visto todo el plan en su mente para destruir a Carlisle, e incluso a Esme si era necesario. Yo sólo quería ver a Rosalie en pedazos, ardiendo en una hoguera, y nada de lo que me decía Carlisle me sacó de mi estado de enajenación."

"Después de algunas horas de sujetarme, Carlisle se desesperó. Asumió que yo no era capaz de decidir en forma racional, y comenzó a pegarme. Y ¿sabes? No fue el dolor físico lo que consiguió que me calmara. Mientras él me pegaba, yo pude oír en su mente cuánto sufrimiento le estaba causando a él el estarlo haciendo. Y fue el deseo de terminar con su sufrimiento lo que me ayudó a calmarme."

Bella lo miraba con los ojos como platos.

-Nunca me lo habías contado -murmuró bajito.

Edward la miró avergonzado.

-No es un recuerdo agradable. No creí necesario que lo supieras, ya que cuando te incorporaste a la familia eras tan madura que ni en sueños pensé que te podrías llegar a encontrar en una situación que ameritara que Carlisle te castigara.

-Pero igual… -Alegó Bella-. Merecía saberlo ¿no crees?

-He vivido casi un siglo, amor -se defendió Edward-. Es imposible que te cuente cada detalle de mis días previos a ti. Sólo se los conté ahora, a ustedes dos, porque sentí que a Daniela podría motivarla el conocer mi experiencia. Además, a Carlisle no le gustaría saber que he contado esa historia. Él nunca les ha puesto un dedo encima a ninguno de ustedes, salvo a Daniela. Y les ruego que no repartan el chisme, ya que a Rose también le daría vergüenza que se supiera cuán bajo estuvo dispuesta a caer.

-Prometo no contar -le dije-. Aunque existe la posibilidad de que Alice nos haya visto conversando esta noche, ¿no?

-Probablemente -gruñó Edward.

Bella se acercó más a él y le pasó una mano por el pelo. Eso lo hizo sonreír. Me dio la sensación de que se estaban calentando y me sentí incómoda de estar ahí sentada mirándolos.

-Mejor mostrémosle la casa a Daniela de una vez -dijo, y la besó en la boca y en ambas manos antes de ponerse de pie. Supongo que lo hizo para que no se sintiera rechazada.

Bella respiró profundamente y se puso de pie tras él con cara de mártir.

Edward me llevó durante el tour, aunque me cargó en brazos en vez de al hombro menos mal.

La casa no era tan grande como me la había imaginado en un principio. Es decir, era grande. Pero luego de haber leído la saga me había quedado con la impresión de que vivían en casas gigantes.

Partieron por la entrada, que era una amplia terraza de madera. De ahí se entraba al living, muy amplio, que por alguna razón no parecía ser usado con frecuencia. En una esquina había una zona con piso forrado en metal y con un caño que daba al techo. Sospeché que ahí había estado la salamandra de hierro con la que habían hecho el bloque que me inmovilizaba los pies. Eso me hizo pensar en el hecho de que Alice o Carlisle hubieran tenido la fuerza suficiente para deformar la salamandra de hierro hasta transformarla en un bloque. Yo en cambio ni siquiera había tenido la fuerza suficiente para romperlo ni con mis manos ni con mis piernas. Decidí aprovechar de salir de dudas, ya que Bella parecía mucho más inclinada a darme información que el resto de la familia.

-¿Por qué ustedes parecen tener más fuerza que yo? -Pregunté-. Alice o Carlisle tuvieron la fuerza suficiente para deformar la salamandra, mientras que yo no pude ni separar los pedazos.

-Los vampiros más grandes tienen más fuerza que los vampiros más pequeños -explicó Edward-. Como pasa con los humanos, en realidad. Una persona fuerte se transformará en un vampiro fuerte. Una persona débil se transformará en un vampiro débil. Y con el tiempo te vuelves más diestro, además. Saber cómo usar la fuerza ayuda a obtener mejores resultados. Carlisle es el que hizo el bloque, cuando Alice le explicó que así evitarían gran parte del conflicto. Él es muy fuerte y muy hábil.

Deseé ser más fuerte, o al menos más hábil, para conseguir abrir el bloque de hierro. ¿A lo mejor si seguía intentándole le cogería la maña?

Edward suspiró.

-Daniela. Es mejor que no sigas haciendo planes. Te lo digo en serio.

Preferí no contestarle, y ellos prefirieron no insistir. Y seguimos con el tour.

En el primer piso estaba también la salita en la que me había despertado, que era como un living chiquito y mucho más acogedor. También estaban el comedor en el que habíamos jugado Scrabble, el dormitorio (con baño y terraza propia) de Esme y Carlisle, otro baño, una cocina y una logia.

La cocina me sorprendió. Aunque supongo que no debí haberme sorprendido, ya que antes de ser vampiro había visto a Esme en el supermercado. Había comida en los muebles, aunque el refrigerador estaba desenchufado. De puro sapa pedí que me dejaran en el suelo, y miré lo que había en los muebles. En uno encontré un frasco sellado de Nutella, y me dio mucha nostalgia. A mí me encantaba eso cuando era humana. Lamenté ser vampiro y no poder cucharear el frasco.

-A mí también me gustaba la Nutella -comentó Bella cuando vio lo que tenía en la mano-. Pero no vale la pena darle muchas vueltas a lo que perdiste. No tiene caso. Sólo te vas a deprimir.

-Tú al menos escogiste esta vida -le dije mientras volvía a poner el frasco en el mueble-. Yo no tuve alternativa.

-La mayoría de nosotros no tuvo alternativa -me recordó Edward. Parecía molesto conmigo por haberle dicho eso a su mujer.

Eso me hizo reflexionar. Bella no tenía la culpa de lo que me había pasado a mí. Me volví hacia ella, a pesar de que me resultaba incómodo al no poder girar los pies. Me sentí como un espiral humano.

-Perdona lo que te dije Bella -le pedí-. No fue tu culpa lo que me pasó.

-Fue un accidente -comentó-. Es mejor dar vuelta la página e intentar pasarlo lo mejor posible.

En el segundo piso, aparte de mi cuarto y la sala de estar, había otros tres dormitorios, un escritorio, y un tercer baño. Junto a mi cuarto estaba el de Alice y Jasper, y al lado del de ellos estaba el de Bella y Edward. En el otro pasillo estaba el baño, el escritorio de Carlisle, y el dormitorio de Rosalie y Emmett.

Me sorprendió que no hubiera más cosas, y que todo estuviera ordenado. Me explicaron que no tenían mucho en esa casa, que la mayoría de sus cosas, incluyendo los automóviles, estaban en bodegas en Estados Unidos.

-¿Por eso están tan ansiosos por volver? -Pregunté.

-Entre otras cosas -respondió Edward, pero no se mostró muy predispuesto a entrar en detalles.

Bella tampoco, por desgracia.

Como no me querían perder de vista, optaron por el camino fácil y me estacionaron nuevamente en un sofá frente a la televisión. Ellos se fueron a sentar juntos en otro y me pasaron el control remoto para que yo escogiera qué quería ver.

Hice zapping. En realidad esperaba encontrar las noticias, con la esperanza de ver en ellas a mi familia. Pero me concentré mucho para pensar solamente en dibujos animados, a fin de que Edward no adivinara mis intenciones. Una mirada suspicaz que me lanzó me indicó que sospechaba algo, pero no me quitó el control remoto. No necesitó hacerlo. Los muy bastardos habían bloqueado todos los canales de noticias. Al final la dejé en Bob Esponja y me resigné a pasar el rato.

Y, pensando que me esperaba toda una eternidad de pasar el rato, comencé a deprimirme.

-.-