Gracias padnek-chan por dejarme un comentario. Me causó alegría leerlo. Claro que continuaré la historia, aunque es corta. De hecho este capítulo es el penúltimo. Daniela está enojada, pero como tampoco son tan hostiles con ella le cuesta un poco odiar a sus secuestradores. En esta historia no encontrará a nadie que le interese amorosamente. De hecho, en su vida humana, recién estaba empezando a plantearse la posibilidad de que en algún momento tendría algún pololo, sin tener a nadie en mente en concreto. Y, por desgracia para ella, quedó "congelada" en ese estado confuso entre la infancia y la madurez.
CAPÍTULO 4
Yo había pensado que los otros volverían al cabo de un rato. Pero en vez de eso Carlisle se las arregló para sorprenderme.
En un arranque de optimismo (o estupidez) me sacó el bloque de los pies. Me sentí rara al caminar luego de cuatro días. Anunció que iríamos a buscar a los otros a la costa, en el auto.
Era mi primera salida. Y sin el bloque. Todo un voto de confianza.
Antes de subir al auto, Carlisle me llevó aparte.
-Daniela -me dijo muy serio-. Vamos a intentar que esto funcione. Quiero empezar a probar si puedes estar sin el bloque y controlarte lo suficiente para no escapar. ¿Me prometes intentarlo?
-Bueno.
-Tanto si lo consigues como si no, igual te lo volveré a poner a la vuelta.
-¿Y de qué me sirve intentarlo, entonces? ¡El resultado será el mismo!
-No -negó con la cabeza como si yo no hubiera entendido-. En la medida que probemos y que vayas consiguiendo controlarte podremos ir extendiendo tu libertad de a poco.
-¿Cómo un animal de circo? -Le pregunté, ofendida.
Puso mala cara.
-No. Confía en mí por favor. ¿Lo intentarás?
-Bueno -respondí encogiéndome de hombros. La verdad, la verdad… No le veía mucho el interés a su experimento. Pero me alegraba pasar un rato sin el bloque.
Puse los ojos en blanco cuando Carlisle me pidió que me pusiera el cinturón de seguridad.
-Pero soy un vampiro -reclamé-. No me va a pasar nada en caso de accidente. De hecho, si volcamos y el auto se incendia, saldré más rápido si no lo llevo puesto.
Carlisle iba a decir algo, pero pareció cambiar de idea.
-Tú sólo póntelo -dijo finalmente. Y, para dar énfasis a su orden, se lo pusieron él y Esme.
El viaje en el todoterreno fue placentero, aunque un poco movido. ¡Tenía tres corridas de asientos, además del maletero y los asientos del piloto y del copiloto! Era tan grande el auto que me sentía como un puto chihuahua, sentada en el tremendo asiento, detrás de Carlisle y Esme.
-¿Han pensado que si Jasper sigue mordiendo gente van a tener que comprarse un bus para trasladarse?
Se rieron en forma diplomática aunque tensa.
-Jasper no va a seguir mordiendo gente -aclaró Carlisle.
-Pero los accidentes pasan. Tú mismo lo dijiste Carlisle.
-Jasper es capaz de aprender de sus errores -insistió-. De ahora en adelante tendrá mucho más cuidado a la hora de cazar.
Preferí no insistir. Tema delicado. El ambiente había quedado tenso.
Me dieron ganas de abrir la ventana y sacar la cabeza para afuera como los perros. Como una broma para aligerar el ambiente. Pero me abstuve, no fuera a ser que interpretaran la apertura de la ventana como un intento de fuga. Y eso pondría el ambiente todavía más tenso.
En un momento dado Carlisle tomó un desvío, y el camino de tierra plana pasó a ser una senda llena de baches. Parecía como si unos vampiros hubieran arrancado los árboles para que un auto pudiera pasar, y como si luego no hubieran hecho ningún intento por aplanar el camino.
Agradecí llevar puesto el cinturón de seguridad, o habría quedado estampada contra el techo. Y, probablemente, habría hecho un agujero.
-¿Ustedes hicieron este camino? -Pregunté. Esme se volvió, sonriendo.
-Los niños lo hicieron -me explicó-. Y compitieron por quién lanzaba los árboles más lejos.
-¿Y quién ganó? -Pregunté.
-Emmett… -dijeron Carlisle y Esme al mismo tiempo, como si fuera lo más obvio del mundo.
Llegamos en 20 minutos a la costa. No era una playa con piedritas, como la caleta de mi pueblo, sino un largo montón de rocas. Los árboles y los arbustos llegaban hasta las rocas, inclinando sus ramas sobre ellas lo más lejos que podían. Pude ver y escuchar a muchos insectos que vivían en el espacio que quedaba entre esas ramas y las rocas bajo ellas. En el ambiente reinaba un fuerte olor a pescado, y como a jaula de zoológico.
-Normalmente este lugar está lleno de lobos marinos -explicó Carlisle-. Pero apenas nos oyen venir en el auto se lanzan al mar. De todos modos podemos atraparlos fácilmente en el agua. Aunque, si lo que quieres es cazar sin mojarte, es mejor venir a pie y pillarlos desprevenidos.
-¿Y cómo es la sangre de lobo marino? -Pregunté con curiosidad. El olor de las rocas no prometía mucho.
-¿Te gustaba el pescado? -Me preguntó Carlisle.
-No mucho. Me lo comía porque mi mamá es de la onda "come y calla". Yo prefería las lentejas, o los huevos.
-Pues aunque la sangre de lobo marino sabe a sangre como la de cualquier carnívoro, el olor a pescado hace que la experiencia se parezca un poco a la experiencia humana de comer pescado -me explicó Carlisle.
-Ah.
Pero ya no pensaba en lobos marinos. Me había acordado de mi mamá, y de todas las veces que comí con mi familia pensando que eso nunca tenía por qué acabarse. Sentí que, mientras lo había tenido, no le había dado el valor que verdaderamente tenía. Me acordé de las veces en que intenté que me dejaran comer en mi cuarto, para poder seguir chateando. Y en ese momento, parada sobre esas rocas hediondas, hubiera dado cualquier cosa por poder sentarme a comer con ellos una última vez.
Me quedé mirando el mar, para que Esme y Carlisle no me pudieran ver la cara.
Se escuchó un ruido a nuestras espaldas, como una estampida.
-¡Ahí vienen los niños! -Dijo alegremente Esme.
Aunque yo no me volteé para mirar, sentí como ambos se volvían a ver como sus cuatro hijos bajaban corriendo la pendiente de un cerro, produciendo un ruido que hubiera despertado hasta los muertos. Venían gritando algo. Probablemente celebrando lo felices que eran. Pero, empujada por un impulso más fuerte que yo, me tiré al agua y comencé a nadar con toda la potencia que pude.
Nadar siendo vampiro fue lo máximo. Casi me hizo olvidar el deseo de nadar hasta la caleta del pueblo, que había sido mi intención en primer lugar.
Pero, a pesar del ruido del agua y de mis movimientos, pude oír los gritos de cuatro vampiros que casi habían llegado a la orilla, y el sonido de dos vampiros lanzándose al agua.
Una parte de mí se sintió culpable por haberlos traicionado. Pero no los traicionaría realmente, ya que no delataría su existencia. Me acercaría a mi casa sin respirar, para no oler la sangre de mi familia. Les dejaría una nota suicida escondida por ahí para que la encontraran eventualmente. Luego nadaría rumbo norte hasta Chaitén y correría a lanzarme al volcán. Y, si fuera necesario, yo misma cavaría el agujero para llegar hasta la lava.
No resultó. Descubrí que los vampiros más grandes también nadan más rápido.
Sentí unos brazos que me atrapaban la cintura. Intenté soltarme pero fue inútil. Me abrazaron por detrás atrapando mis brazos junto con mi tronco, y sentí como el vampiro me llevaba a la superficie.
Una vez con la cabeza fuera del agua, me di cuenta por el pelo que flotaba a mi alrededor de que era Esme quien me había atrapado. Pero no podía girar la cabeza lo suficiente para ver.
-¿Esme? -Pregunté.
-Si tesoro, calma -me dijo. No se oía enojada.
Nos quedamos mirando a los otros que ya casi habían llegado hasta nosotros. En cosa de dos minutos me vi rodeada de vampiros empapados con ropa y todo. Me dio risa ver que los hijos estaban todavía con los uniformes de colegio.
-Ok, ya estamos todos. Ahora nademos de vuelta -dijo Carlisle.
Yo no nadé mucho, la verdad. Esme me agarró un brazo, Carlisle me agarró el otro, y ambos nadaron arrastrándome. Los otros cuatro nos rodearon, por increíble que parezca. Deben haber creído que podía intentar escapar otra vez.
Cuando llegamos a las rocas creí que me soltarían, pero no. Intenté mover discretamente el brazo izquierdo, luego el derecho, pero los dos apretaron las manos para agarrarme con más fuerza en vez de soltarme.
Alice se puso a recoger los celulares que habían dejado en la orilla, y Carlisle se sacó las llaves del auto del bolsillo y se las lanzó a Jasper.
-Conduce tú, por favor -le dijo serio.
Jasper asintió, y no se puso a dar saltos de alegría como yo pensaba que haría por el hecho de que lo dejaran conducir. Miré las caras de todos. No se veían enojados, pero si un poco estresados.
Alice y Jasper se subieron adelante, luego se subieron Edward y Bella, y finalmente nosotros tres. Me impresionó como Esme y Carlisle entraron tan fluidamente juntos por la puerta abierta, aun arrastrándome a mí.
Como Bella y Edward se habían sentado en la corrida de asientos del medio de las tres disponibles, nosotros tres quedamos justo detrás de Alice y Jasper. Esme y Carlisle se sentaron poniéndome a mí al medio. Y, al igual que en el agua, quedé completamente rodeada de vampiros. Y seguían sin soltarme los brazos. Intenté sacudírmelos discretamente, sin éxito. Ni siquiera me soltaron para ponerse el cinturón de seguridad, o cuando Esme me lo puso a mí. Los otros cuatro se los pusieron, sin necesidad de que se los pidieran.
El viaje de vuelta fue tenso. Estaba consciente de haberla cagado. Pero no estaba arrepentida. De no haberlo intentado, me hubiera sentido estúpida más tarde por haber desperdiciado la ocasión.
A ninguno de ellos pareció molestarle que los asientos del auto quedaran todos mojados, cuando nos bajamos. Todos seguían callados. Y Carlisle y Esme seguían sin soltarme. De haber sido humana habría tenido moretones de tanto que apretaban.
Subimos por la escala que daba a la terraza, y todos fueron dejando sus zapatos y calcetines mojados en la entrada para no mojar adentro. Me sentí un poco ridícula cuando Esme me soltó unos segundos para sacarme las zapatillas y los calcetines. Y me sentí todavía más ridícula cuando volvió a agarrarme el brazo. Dios… ¡Si ya me había quedado claro que no debía intentar huir! ¿Cómo no podían soltarme de una puta vez?
Los cuatro subieron sin decir nada a sus cuartos, y comencé a escuchar como sacaban ropa de los armarios para cambiarse. También comenzaron a hablar bajito, en inglés. Esme y Carlisle se miraron, y se dijeron algo muy rápido en su idioma. Carlisle me soltó pero Esme continuó sujetándome. Me llevó escalera arriba a mi cuarto. Los murmullos de los otros se silenciaron en cuanto llegamos arriba.
Esme abrió mi armario, y comenzó a sacar ropa seca con una mano. No me preguntó qué prefería ponerme, pero no me atreví a reclamar. Escogió una falda y una blusa. No me gustaba usar falda. Y no me gustaba el rosado. Dijo algo en voz alta, y en dos segundos estaba Alice en la puerta de mi cuarto con un par de zapatos. Zapatos para falda. Por suerte, sin tacos. Combinaban con la falda. Iba a parecer una tarada con esa ropa que parecía disfraz de Barbie bailarina.
Sentí los pasos de Carlisle. Pasos como de un vampiro que carga algo pesado. El bloque. Esta vez no intenté saltar por la ventana. Además, Esme seguía sin soltarme.
Carlisle vio que todavía no me cambiaba de ropa y dudó en la puerta. Dejó el bloque en el suelo y se fue a sentar a la sala del puzzle. Esme por fin me miró a la cara.
-Daniela, te voy a soltar para que te puedas vestir. Pero, si intentas escapar, le voy a pedir a Carlisle que te sujete mientras yo misma te cambio de ropa.
No pensaba dejar que Carlisle me viera en pelotas. Antes muerta. Bueno, ya estaba muerta. Pero se entiende la idea. Aunque alguien debía de haberme cambiado de ropa cuando me estaba transformando en vampiro. Tal vez ya todos en esa casa me habían visto en pelotas. La idea me hizo sentir expuesta.
-Bueno -respondí bajando la vista.
Esme se quedó conmigo, e intenté no ponerme nerviosa. Nunca me había gustado estar desnuda frente a otros. Había hecho una excepción con Alice, pero nunca había estado completamente desnuda ante ella tampoco. Cuando por fin terminé, Esme me volvió a tomar del brazo y Carlisle reapareció en el umbral. Volvió a ponerme el bloque, y esta vez no intenté sacármelo.
Al mirar el bloque no pude evitar ver la falda. Odiaba esa falda. Deseé no habérsela aceptado a Alice, el domingo, cuando me la dio junto con el resto. Pero ella parecía tan feliz que me dio pena ofenderla diciéndole que no me gustaba y que no la quería.
-Te ves bonita -me dijo Carlisle, como adivinando lo que pensaba.
-Parezco una tarada -murmuré lo más bajito que pude, para que Alice no oyera. Esfuerzo inútil, estaba en el cuarto junto al mío.
-Escuché eso, malagradecida -dijo Alice desde el otro lado del muro. Pero lo dijo riendo, no como si de verdad estuviera ofendida. Eso me alivió.
El silencio tenso que se había producido desde la vuelta de la playa se disipó de pronto, luego de ese corto diálogo. Respiré aliviada.
Esme me abrazó, y me pasó la mano por la cabeza. El abrazo de un vampiro mojado resultó más desagradable que el abrazo de un vampiro seco. Y su mano sobre mi pelo mojado también resultó más desagradable a cuando me había acariciado la cabeza en seco. Cuando me soltó, Carlisle me pasó una mano por la espalda.
-No te deprimas -me dijo con calma-. Seguiremos intentándolo.
-Gracias -le dije. Y estaba agradecida de verdad porque no estuviera enojado.
-.-
El perdón de Carlisle y Esme no tuvo eco en sus hijos. En un ridículo intento por fingir que todo estaba bien, Carlisle y Esme se fueron a sentar conmigo al comedor e instalaron el Scrabble. Carlisle salió un instante y cuando volvió lo seguían los otros cuatro, con caras de hostilidad. Bueno, Alice tenía cara de duda, y Bella cara de mártir. Traían sus mochilas y se sentaron también a la mesa. Comenzaron a sacar cuadernos y libros y hacer los deberes. Estuve 100% segura de que Carlisle los había obligado a irse a sentar con nosotros. Y también estuve segura de que normalmente no se tomaban tantas molestias para cumplir con las exigencias escolares.
Yo no tenía ganas de jugar Scrabble. Tampoco tenía ganas de estar ahí, rodeada de vampiros que tenían tan pocas ganas de estar conmigo como yo de estar con ellos (bueno, tal vez Esme y Carlisle si querían). Pero no me atreví a decir ni pío. Así que me resigné a representar la comedia de la familia feliz con ellos.
Intenté al menos poner palabras largas en el tablero, para no dejar tan clara mi ignorancia. Pero igual escuché un resoplido de burla cuando puse "acesinos". Edward. Quién más iba a ser. Y yo que estaba orgullosa de haber usado mis siete letras en una misma palabra (la C ya estaba en el tablero).
-Tesoro, "asesinos" es con S -me dijo Esme con delicadeza.
Pude oír las risitas disimuladas pero burlonas de cuatro vampiros disfrutando de mi humillación. En silencio aunque algo bruscamente saqué mis siete letras del tablero. Intenté pensar en otra palabra, pero me sentía tan humillada e incómoda que no conseguía pensar en otra cosa más que en salir de ahí.
-Asssssss… -comenzó a murmurar Bella bajito, sin mirarme, y los cuatro soltaron risotadas. No entendí.
-Bella… -dijo Carlisle con voz cansada.
Los cuatro se callaron, aunque se veía que seguían burlándose en silencio. Bella le dijo algo a Carlisle que sonó a disculpa. Estaba casi segura de que "sorri" significaba disculpa. Al menos, aquí en Chile, había gente que decía eso cuando pedía disculpas por algo. Por cosas a las que no le daban importancia en realidad.
Me concentré en no hacerles caso, y encontrar otra palabra. Al final, en la misma C, puse "necios". Sentí algo de placer vindicativo por haber dado con un insulto. Pero no se ofendieron. Me ignoraron. Hijos de puta. Carlisle contó los puntos y el juego continuó como si nada.
Después de un rato se notaba que los cuatro ya habían terminado hace tiempo las tareas del colegio, y parecían deseosos de que los dejaran marcharse. El primer valiente en intentar pedir permiso para irse fue Jasper.
-Carlisle, ¿podemos…?
-No -respondió Carlisle-. Si terminaron, estudien o lean.
Los cuatro vampiros refunfuñaron, y me lanzaron cortas miradas asesinas. Seguro que hubieran preferido estar arriba tirando como conejos. Me dieron ganas de burlarme, pero intuí que eso no mejoraría las cosas en nada. De modo que me contuve y decidí ignorarlos.
Al rato Bella comenzó a cantar muy bajito, como si no fuera un acto consciente, y los otros tres intentaron ocultar sus risas. Me sonaba la canción. Estaba segura que era del grupo Abba. "Dansincuín" creo. Aunque Bella repetía una y otra vez la misma parte, y en vez de decir "dansincuín" decía "dramacuín" una y otra vez. No entendí el chiste, aunque estaba casi segura de que se estaban burlando de mí.
-Bella… -Dijo Carlisle nuevamente, un poco exasperado, cuando Bella no parecía dispuesta a dejar de cantar-. Por favor…
-¿Puedo retirarme? -Preguntó Bella con inocencia.
Carlisle cerró los ojos un segundo. Parecía como si estuviera contando.
-Sí. Puedes. -Le contestó, a regañadientes.
Bella guardó sus cosas con aire de suficiencia y miró a sus hermanos con cara de superioridad. Y los otros tres, volteando a mirar a Carlisle, comenzaron a cantar bajito la misma estupidez. Deseé entender el chiste. Y no pararon hasta que Carlisle se dio por vencido y les dijo "Está bien. Pueden retirarse.".
Se escucharon las risitas hasta el segundo piso.
Me forcé a mí misma para no oír qué se tejía arriba. Me concentré de nuevo en el juego, aunque ya casi no quedaban letras en la caja, ni espacios libres en el tablero. Y estaba perdiendo, por descontado.
Cuando por fin terminamos me preguntaron si quería jugar otro partido. Les dije que no. Me preguntaron si quería jugar a otra cosa. Les dije "no, gracias", intentando que mi rechazo sonara lo menos a rechazo.
-¿Y qué te gustaría hacer, tesoro? -Me preguntó Esme con amabilidad.
-Salir de aquí -contesté con franqueza, dándome por vencida. Que pensaran lo que quisieran.
Carlisle y Esme se miraron, y al final Carlisle asintió levemente.
-Vamos a dar un paseo -me dijo Esme, tomándome en brazos como una puta guagua.
-¿Puedo caminar? Les juro que no intentaré nada -rogué.
Carlisle pareció dudar, pero Esme lo miró tranquilizadoramente.
-No le soltaré la mano amor -le prometió-. Y podrías venir con nosotras.
-Bueno, le quitaré el bloque -aceptó Carlisle a regañadientes-. Pero me quedaré. Prefiero aprovechar para conversar con los niños.
Podría haber jurado que arriba se había hecho un silencio repentino.
-¿No puedes esperar hasta mañana? -Insistió Esme.
-Prefiero… -Pareció dudar-. Para qué esperar -murmuró finalmente.
Fue agradable salir caminando de la casa. Carlisle nos acompañó hasta la puerta y me miró a los ojos fijamente antes de abrirla.
-Lo juro -le dije, entendiendo sus dudas-. No me aprovecharé de su buena onda para escapar.
Carlisle todavía parecía reticente cuando nos dejó salir. Pero estaba claro que no le sabía decir que no a su esposa.
Afuera ya estaba oscuro pero, al igual que la otra noche, veía perfectamente. Caminamos en silencio un rato y, aunque el hecho de que me llevaran de la mano me hacía sentir un poco ridícula y humillada, era de lejos menos humillante que ir en brazos.
Cuando ya estuve segura de que desde la casa no podrían oírnos me atreví a preguntarle por el chiste de Bella.
-Esme… ¿Te puedo preguntar algo? -Dije en forma tentativa, aunque sabía que me diría que sí.
-¡Claro! -Me respondió, como si nada en el mundo le hubiera producido más placer.
-¿Significa algo "dramacuín"? -Pregunté insegura. Tenía curiosidad, pero una parte de mí (una gran parte de mí) no quería saberlo.
-Ah… Eso… -Respondió algo insegura también. Me dio mala espina.
-¿Es un insulto? -Pregunté preparándome para lo peor.
-No, no lo es. Es… -parecía reacia-. Significa "reina del drama".
-Ah. Bella se burlaba de mí ¿no?
-En parte -admitió-. Pero lo hizo más para molestar a Carlisle que para burlarse de ti tesoro.
-Yo vi a los cuatro riéndose -acusé. No necesitaba explicar a quienes me refería.
-Son sólo bromas de chicos, Daniela. No te odian realmente. Ya se les va a pasar.
-No lo suavices, Esme. Sé que ellos desearían que yo no estuviera.
Yo también lo deseaba.
-No. Sólo quieren que tu presencia no les complique la vida a ellos -explicó-. Pero, si todos cedemos un poco, todo irá bien.
Su optimismo me resultaba empalagoso. Pero no quise echar abajo sus esperanzas, así que preferí callarme a mentir. Seguimos caminando un buen rato sin rumbo fijo, en la oscuridad, en silencio. Hasta que decidí aclarar otra duda, aprovechando que no había nadie cerca para burlarse.
-Esme -le dije-. ¿Te puedo hacer otra pregunta?
-Por supuesto tesoro. Siempre puedes preguntar. No necesitas preguntarme primero si puedes.
-Ok… -le sonreí-. ¿Por qué todos se rieron cuando Bella dijo "asssssss" bajito?
Esme me sorprendió, riéndose. Pareció buscar las palabras antes de contestar.
-Bueno… Ella hacía referencia a una palabra en inglés, que se puede usar bien aunque muchas personas la usan como palabrota. En cualquier caso, espero que tú nunca la repitas.
-¿"Assssss"? -Pregunté dudando. En los naipes había cuatro, y no tenía idea que eran garabatos.
-Con sólo dos S -aclaró Esme-. Significa asno, y en ese sentido no está mal decirla. Pero también es una forma vulgar de decir "trasero", y algunos la usan como un insulto para ofender a otros. Es una forma muy vulgar de decir "tonto", "ignorante", o incluso mala persona.
-Ah -ya lo veía todo más claro-. Bella me encuentra tonta e ignorante, y sus hermanos concuerdan con ella.
Esme suspiró.
-Admito que fueron crueles -reconoció-. Bella lo dijo aprovechando que tú no recordabas que "asesino" empezaba con A y con S. Usó el juego de palabras para desquitarse, porque Carlisle les pidió que pasáramos un tiempo en familia. Él espera que se acostumbren a estar juntos. Pero ellos piensan que nunca va a funcionar, que tarde o temprano te escaparás, y que toda la familia acabará muerta o huyendo por siempre para que no nos encuentren. Y no quieren ser los responsables cuando eso ocurra. Sienten que la familia pone demasiado en riesgo y que tú no cooperas lo suficiente.
Era la verdad pura y dura. Esme estaba siendo inusualmente franca, sin intentar suavizar la verdad para que no me doliera.
-Ellos también preferirían que yo desapareciera -concluí.
-No, tesoro. Nadie quiere que desaparezcas.
-Tienen razón -admití sin hacerle caso-. Y yo también lo preferiría.
Esme apretó mi mano, como anticipándose a un inminente intento de fuga.
-No te asustes. Les prometí a Carlisle y a ti que no escaparía esta noche, y cumpliré mi promesa.
Al menos esta noche.
Seguimos caminando en silencio, aunque Esme parecía tensa. Noté en varias oportunidades que iba a decir algo, pero luego cambiaba de idea.
-Esme… ¿Te puedo hacer otra pregunta? -Le pregunté.
Ella se detuvo, me acercó a ella y me abrazó. Me besó en la cabeza y luego dejó su mano libre ahí.
-Sí… Las que quieras… Cuando quieras… -Insistió.
-¿Qué ve realmente Alice en mi futuro?
La oí inspirar, y luego expirar lentamente. Noté su reticencia a contestar. El conflicto entre mentir o no.
-No ve nada con claridad -reconoció finalmente-. Sus visiones son imprecisas y están cambiando constantemente. Pero siempre te ve a ti escapando. O nos ve a todos escapando. O a la policía buscándonos. O a los Vulturis buscándonos. O combinaciones de todo eso.
-En ninguna de sus visiones me ve integrándome a su familia, ¿no?
Dudó nuevamente.
-Carlisle confía en que podremos cambiar el futuro -contestó haciéndole el quite a la pregunta.
Traducción: Alice sabía que nunca funcionaría.
-Nunca funcionará… -murmuré-. Y Alice lo sabe. Y todos piensan que es mejor resolver el problema de una vez antes de que todo empeore.
Esme me abrazó con más fuerza.
-Las visiones de Alice sólo se vuelven nítidas cuando las personas toman decisiones -respondió Esme, con una voz que me hizo pensar que se iba a poner a llorar-. Y nosotros decidimos nunca darnos por vencidos.
Su fe me conmovió. Pero la verdad me dio como un puñetazo en la cara. Era eso. Por fin le encontraba sentido. Era mi decisión la que haría que alguna visión de Alice se solidificara. Cuando yo por fin me decidiera a poner en marcha un plan en concreto, alguna de las visiones de Alice se concretaría. Y otra cosa estaba clara: yo jamás tomaría la decisión de integrarme a su familia, o Alice también hubiera visto esa posibilidad en sus visiones.
Me invadió una sensación de vacío, al darme cuenta de que estaba perdiendo a una segunda familia. Ya había dejado de pertenecer a la mía. Y nunca llegaría a pertenecer a esta otra. Simplemente, no había un futuro para mí. Ni para la familia de Esme. Tarde o temprano, terminaría condenándolos.
-.-
Fue en un ambiente de funeral que volvimos a la casa. Esme estaba apagada. No encontraba una mejor forma de describir lo que sentía al verla.
Yo estaba viviendo mi propio duelo. Una especia de duelo por adelantado. No sabía cómo sería, ni cuándo sería. Pero algo era seguro: en algún momento, de alguna forma, yo conseguiría contactar a mi familia, y eso perjudicaría a los Cullen.
Otra cosa era segura: yo ya no podía seguir culpando a los hijos de Carlisle por odiarme. Yo iba a ser su perdición. No había alternativa. Me pregunté por qué no aprovechaban un momento de distracción de sus padres para simplemente descuartizarme y quemarme. Esme y Carlisle terminarían perdonándolos. Los amaban demasiado como para guardarles rencor por toda la eternidad. Además, eso salvaría a su familia.
Deseé que lo hicieran.
No me había dado cuenta de que habíamos llegado a la casa hasta que la tuve encima.
Carlisle nos esperaba en la terraza, frente a la puerta de entrada. Por su cara, supe que algo sabía, o intuía, de lo que habíamos conversado con su esposa. La miraba con un rostro tan triste que me odié a mí misma. Porque sabía que, en el fondo, la culpa de todo era mía. O lo sería. Algún día.
No tenía ganas de entrar a la casa. ¿Para qué iba a continuar intentando convivir con ellos, si a la larga el desenlace ya estaba escrito? Era como una telenovela, cuando filman varios finales para mantener el suspenso. Pero en esta historia, a diferencia de las telenovelas, todos los finales eran tristes.
Esme me apretó la mano y me empujó a seguir caminando. No me había dado cuenta de que al ver a Carlisle me había detenido.
Carlisle me sonrió cuando llegamos a la entrada. Me pasó una mano por la cabeza y me dio un beso en el pelo. Me sentí incómoda. ¿Cómo podía seguir queriéndome sabiendo que iba a destruir a su familia?
-No deberías esperar 10 años -le dije. Mejor ir con la verdad por delante.
Por alguna estúpida razón, soltó una carcajada.
-10 años. Lo prometiste -me dijo.
En realidad, yo había incumplido mi contrato ese mismo día. Pero no pensaba confesar. Por lo que él sabía, yo solamente había corrido tras mi familia cuando la posibilidad se me presentó. Y lo del volcán nunca se concretó, así que no contaba. ¿No?
Adentro de la casa reinaba un completo silencio cuando entramos. Sentí curiosidad por saber qué habrían conversado ellos mientras Esme y yo estábamos en el bosque.
Bueno, eso no era asunto mío. Lo que sí era asunto mío es lo que yo haría desde ese momento, dado que entendía cuál era el verdadero problema. Decidí que, de ahí en adelante, intentaría amargarles la vida lo menos posible. Aunque algún día acabara con ellos, al menos podía tratar de no echar a perder el tiempo que les quedaba.
-.-
Las siguientes semanas pasaron como una seda. Estoy exagerando. Digamos que hubo mucho menos drama. Usé el bloque sin reclamar pensando que, con eso, al menos, retrasaba el final. Y, cuando Carlisle comenzó a quitármelo todas las tardes, me quedaba muy tranquila, aunque nunca me dejaron sola durante esas horas de "confianza". Tal vez, si lo hubieran hecho, habría cedido a la tentación. O tal vez no, no sé. Probablemente sí. Las únicas excepciones que hicieron fueron cuando me lo quitaban para que me duchara. Sabían que no saltaría por la ventana en pelotas, y Esme se quedaba en el baño por lo que no me hubiera podido vestir antes de saltar.
En realidad, la ducha era más un hábito humano que una necesidad en mi caso. Los vampiros no comienzan a oler mal luego de un tiempo si no se bañan. Lo único que yo podía acumular en mi nuevo cuerpo eran pelusas y polvo. Ellos lo hacían para oler a jabón y champú, y así oler más parecido a los humanos. Y también era útil para no oler a pescado o a ganado, luego de comer.
No tuve ocasión de concretar ningún plan durante un tiempo. La idea del pez que había tenido el primer lunes era la única idea razonable que se me había ocurrido, o que hubiera podido llevar a cabo en la realidad, pero no se presentó la oportunidad que necesitaba.
Alice, Bella, Edward y Jasper no volvieron a molestarme. Lo que sea que hubieran conversado con Carlisle había tenido ese efecto. O tal vez se calmaron al ver que yo dejaba de intentar escapar.
La rutina era siempre la misma. Ellos salían de lunes a viernes. Yo me quedaba con Esme. Ella hacía aseo, ordenaba, o echaba ropa a lavar. Yo la miraba. Luego ella me preguntaba qué quería hacer. Y yo siempre le decía que lo que ella quisiera. Entonces siempre respondía que podía enseñarme su idioma. Entonces yo siempre le decía que para qué, si de todos modos no viviría más de 10 años. Ella siempre sonreía algo triste, y terminábamos haciendo algo que igual involucrara su idioma. Si veíamos tele, ponía programas en inglés. Si ponía música, se aseguraba que el cantante cantara en inglés. Si me mostraba un libro de cocina, siempre estaba escrito en inglés.
Bueno, estoy exagerando. En realidad muchas veces sólo jugamos, o cocinamos, o dibujamos.
Por la tarde, llegaban los demás. Carlisle siempre me saludaba como si se alegrara de verme. Los otros me saludaban como si no les disgustara tanto. Luego cada uno se iba a hacer sus cosas, pero siempre se las arreglaban para que alguien se quedara conmigo. Yo era como el "poto sucio" del juego. Nadie lo quiere tener, pero es parte del juego.
Nuevamente estoy exagerando. En realidad, Esme, Carlisle y hasta Alice parecían quererme un poco. Los demás… Me toleraban diplomáticamente intentando actuar en forma amistosa.
El hecho de que Alice no me odiara era el que más me sorprendía de todos. Ella sabía lo que pasaría, y de todos modos trataba de hacer cosas entretenidas cuando le tocaba vigilarme. Bueno, entretenidas para ella. A mí no me gustaba que me cambiara de ropa, sobre todo ahora que me ponían puras faldas. Por lo del bloque, decían. Yo creo que hubiera podido perfectamente usar pantalones y cambiármelos cuando me duchaba. Pero ellas no… Dale que dale con las faldas. Una puta fijación. Llegaron al punto de hacerme una falda en la máquina de Esme. Hubiera preferido unos jeans, pero les agradecí el gesto. Era imposible enojarse con ellas.
Que Alice me peinara no me molestaba tanto como que me cambiara de ropa. Cuando ofreció maquillarme, eso sí, la mandé a la mierda. A mí nunca me había gustado andar con la cara pintada, ni siquiera cuando era humana.
Pasar tiempo con Bella era como un mal necesario, que ambas intentábamos llevar lo mejor posible. Empecé a descubrir que no era una mala persona, y que era muy sensible al dolor ajeno. No nos hicimos amigas, creo que el hecho de que pusiera en peligro a su familia lo impidió. Pero me trataba bien, dejándome escoger qué quería ver en la televisión, o dejándome escoger la película, o dejándome ganar cuando jugábamos a algo.
Era la única de los cuatro que aceptaba darme noticias de mi hermana, cuando le preguntaba si la había visto (o sea: todos los días). Los demás se quedaban callados, o me decían que dejara de torturarme. Pensaban que hablándome de ella sólo alimentarían mis deseos de huir. Mientras antes me hiciera a la idea, mejor. Jasper era el más inflexible.
Pero ella aceptaba contarme cosas. Que la había visto en el patio con alguna amiga. O que la había visto haciendo la invertida en la cancha. O que la había visto en el casino cambiando su naranja por un plátano. Cada cosita que me contaba era como un regalo, porque me hacía recordar detalles tan insignificantes como el hecho de que no le gustaran las frutas ácidas.
Edward también era amable, de una forma educada. Con él avanzamos bastante el puzzle del unicornio. Incluso me enseñó a jugar con el playstation. Eran puros juegos de monos luchando contra otros monos, y siempre me ganaba. Pero él intentaba enseñarme las estrategias para usar la patada adecuada, o el puñetazo adecuado, en el momento adecuado. Yo intenté aprender, pero al final terminaba haciendo cualquier cosa y mis monos siempre terminaban con la barra de vida en cero. Yo le insistía en que trataba de entender, y él insistía en que lo que oía en mi cabeza indicaba que en realidad no me interesaba. Y qué diablos, tenía razón. No le veía mucho el sentido a que ganara un mono u otro. Eran todos igualmente feos.
Algo que me molestaba mucho de pasar tiempo con Edward era que cada vez que yo empezaba a pensar en mi familia (ocurría varias veces al día, inevitablemente, sobre todo las primeras semanas) él intentaba distraerme. Insistía en que no me haría ningún bien seguirme "obsesionando", que no sacaría nada. En una ocasión me piqué tanto que le dije que por lo que sabía las visiones de Alice indicaban que terminaría lográndolo. Y se enojó tanto que se sentó conmigo a ver la televisión apagada. Yo le pedí que la prendiera, pero dejó el control remoto fuera de mi alcance y me dijo que no necesitaba prender la tele para seguir pensando en mi familia. Y nos quedamos así, enfurruñados, hasta que Carlisle subió a rescatarme.
Pasar tiempo con Jasper era incómodo. Era educado, e intentaba ser cordial. Pero él creía que, en el fondo, él era el culpable de todo lo que estaba pasando. Yo intentaba no pensar que tenía razón, para que no se sintiera peor. Pero, con su don de sentir lo que los otros sentían, captaba que yo lo culpaba a él en gran medida. Entonces venía Alice al rescate, para que él se sintiera menos incómodo. Y al final las cosas siempre terminaban del mismo modo: Ellos pololeando, Daniela dibujando e intentando no verlos. Ellos pololeando, Daniela viendo televisión e intentando no verlos. Ellos pololeando, Daniela jugando solitario con los naipes e intentando (infructuosamente) no verlos.
Pasar tiempo con Carlisle casi siempre involucraba juegos de mesa o libros. Ocurría con frecuencia cuando Esme agarraba el auto e iba a comprar. Seguían escrupulosamente manteniendo las apariencias. A veces se llevaba a alguno de sus hijos, a Alice sobre todo.
Cuando jugábamos con Carlisle, la cosa funcionaba medianamente bien, aunque él siempre me ganaba. No era como Bella, que me dejaba ganar con tal de que el tiempo pasara rápido. Pero, cuando él andaba con ganas de leer, tenía suerte si me dejaba pintar mientras tanto.
Era una especie de campaña por su parte. La campaña "forcemos a la Daniela a que lea por lo menos un libro". Edward un día la llamó "forcemos a la Daniela a que use el cerebro". Pero lo dijo en tono de broma, y después intentó arreglarla diciéndole a Carlisle que a mí, honestamente, no me gustaba leer y que mejor subiéramos a ver una película. Carlisle, por suerte, lo encontró gracioso. Pero, por desgracia, no le hizo caso.
En su beneficio puedo decir que intentó ceder un poco al dejar que yo escogiera qué libro quería leer. Le pregunté si tenía alguno de "Harry Potter", y me dijo que no. Le pregunté si tenía "Crepúsculo" y tras reírse me dijo que tampoco. Me mostró la estantería donde había algunos libros en castellano que, según él, podrían gustarme. Pero tras echarles una mirada le dije que no me tincaba ninguno. Y creo que se picó porque, como no había querido ninguno de sus putos libros, volvió a pasarme el del puto gato.
Al principio, cuando él se ponía a leer y me pedía que leyera, yo no le hacía caso y me limitaba a cerrar los ojos y a esperar que el tiempo pasara. Y él me dejaba. Pero un día ya no funcionó. Cerró su revista y me dijo que si no abría el libro y leía en voz alta entonces él comenzaría a leer su revista en voz alta. Dejé que lo hiciera, declarándome inmune al chantaje.
Y él comenzó a leer su revista pajera, en inglés, en voz alta. No entendí nada. Y el runrún de su letanía ni siquiera me dejó relajarme cuando cerré los ojos e intenté evadirme. Al rato los del segundo piso se mosquearon, y pusieron música para tapar el blahblah de Carlisle. Entonces Carlisle comenzó a leer más fuerte, y los pendejos de arriba le subieron a la música. Por suerte se escucharon risitas. Era broma, y no una verdadera guerra. Pero en la medida en que fueron subiendo los decibeles de la broma, la cosa se volvió insoportable. Me tapé los oídos con los dedos, preguntándome cómo Carlisle podía seguir leyendo su puta revista como si nada en medio de aquel ruido infernal. Incluso Esme (que por desgracia para ella ese día no había arrancado) salió discretamente a la terraza, huyendo del infierno. Intenté pararme para escapar a saltitos hasta la terraza, con Esme, pero Carlisle me agarró con una mano mientras con la otra seguía sosteniendo la revista, y sin dejar de leer me obligó a sentarme. Al final le grité "Ok, voy a leer tu puto libro" para que se callara, y de hecho lo abrí en la primera página para mostrar que hablaba en serio.
Al verme, él por fin se quedó callado, y medio segundo después los tarados de arriba pararon el escándalo. Comencé a leer, no fuera que les diera por seguir. Pero Carlisle me dijo que el trato había sido que yo leería en voz alta. Puse los ojos en blanco, pero al ver que él volvía a abrir su revista me puse a leer en voz alta el puto libro del puto gato.
Desde la dedicatoria ya me dieron arcadas. Dios, nunca había leído algo tan cursi…
-"A Mami, que nos cuida cuando estamos enfermos; nos vigila cuando lo necesitamos, y SIEMPRE nos quiere" -leí deseando que me partiera un rayo. Miré a Carlisle con cara de tortura-. Esto es demasiado cursi Carlisle.
-Lee -insistió él, divertido.
-¿Puedo cambiar de libro? -Rogué.
-No. Ya tuviste la oportunidad de hacerlo y la perdiste. Ahora leerás este libro hasta que lo acabes.
-No puedo estar aquí sentada leyendo hasta que termine -argumenté, esperando que entrara en razón-. Tardaría horas.
-No necesitas terminar hoy. Con el primer capítulo me conformo -dijo con calma.
Ok… Podría sobrevivir a eso… Miré en el libro de cuántas páginas era el primer capítulo, y vi que no empezaba por un capítulo sino por una introducción que tenía… ¡Sólo dos páginas!
-La introducción, el prólogo Y el primer capítulo -dijo Carlisle, poniendo énfasis en la Y, como adivinando lo que le iba a decir.
Volví a mirar de cuántas páginas estábamos hablando. Dos de introducción, más una de prólogo más catorce de blahblah. Diecisiete páginas. No era tanto.
-Ok… -respondí resignada.
Me puse a leer en voz alta, y me sentí incómoda al oír que en la casa todos se habían quedado callados. Incluso Esme volvió a entrar y se fue a sentar con nosotros en la salita. Deseé que no hubiera público, pero no los podía echar de su propia casa.
Era la historia de una pobre gata a la que sólo en el primer capítulo ya le ocurrían un montón de desgracias. Le ahogaban a la madre, la violaba un gato, casi se ahogaba en un tiesto con leche… Una mierda.
Fue un alivio cuando terminé la última página del primer capítulo.
-¿Ya me puedo ir? -Pregunté aliviada cuando terminé, cerrando el maldito libro.
-¿Qué te pareció? -Me preguntó Carlisle.
No sé si era tonto, ciego, o sordo. ¿No se daba cuenta de que era una mierda de historia? ¿No había oído mi tedio al leer? ¿No había notado lo apurada que estaba por terminar? ¿No podía verme la cara, simplemente, y concluir lo obvio? Odié. Tu. Puto. Libro. Carlisle.
Arriba oí una carcajada mal disimulada. Edward. Decidí darle a Carlisle una versión diplomática de mi opinión.
-No me gustó. Lo siento -le dije intentando que sonara como si lo lamentara. Arriba se oyeron varias risas disimuladas.
-¿Por qué? -Preguntó extrañado.
Estaba claro. Era el rey de los huevones.
-Lo encontré cursi, y deprimente -resumí.
-¿Cursi? -Preguntó.
Carlisle ya estaba subiendo de nivel: era el emperador de los huevones. Oí otra carcajada arriba, y como si alguien tratara de impedirlo poniendo la cara contra una almohada. ¿Era Edward intentando controlarse? ¿O era Bella intentando ahogarlo?
-Encontré que el autor trata de hacer que el lector sienta lástima por el personaje, poniéndolo en demasiadas situaciones ridículamente tristes. Y la dedicatoria es… Cursi. No sé cómo explicarlo de mejor manera. Me da vergüenza ajena.
Se quedó pensando.
-Ok -dijo por fin-. La historia mejora para el gato en todo caso -prometió-. Espero que los siguientes capítulos te gusten más.
"Hijo de…" pensé. Fue un pensamiento inevitable. Había tenido la esperanza de que lo dejara ya, habiendo conseguido torturarme con el primer capítulo. Ya había ganado la guerra. ¿No podía dejarme en paz? ¿Tanto le costaba aceptar que no quisiera leer su libro?
Y esa noche los cuatro hijos de Carlisle hicieron un gran acto de amor por mí: se pusieron de acuerdo para distraerlo y quemaron el maldito libro.
Cuando Carlisle se enteró se molestó con sus hijos, pero al menos pareció contento de que hubieran hecho algo por mí. Y no se desanimó, ya que en la casa había muchos libros.
En resumen, pasar tiempo con Carlisle podía ser entretenido, aburrido o vergonzoso dependiendo del ánimo con el que él estuviera.
Pasar tiempo con Esme era, de lejos, lo mejor. Y por suerte yo pasaba con ella la mayor parte. Salvo por sus obstinados intentos por meterme su idioma a la fuerza (que se veían enfrentados con mis obstinados intentos por no hacerle caso), procuraba que yo lo pasara lo mejor posible y que me sintiera feliz, o por lo menos suficientemente distraída para no sentirme infeliz. Y, cuando me sentía triste a pesar de sus intentos, siempre trataba de consolarme. Hubiera deseado que no me besuqueara tanto la cabeza, pero sus abrazos me gustaban.
Los fines de semana eran gastronómicos, por llamarlos de alguna manera. Carlisle insistía en que todos, sobre todo sus hijos que estaban todo el día expuestos a niños con raspones, se alimentaran cada fin de semana. Con el tiempo entendí que se había vuelto más inflexible luego de que Jasper me mordiera. Al parecer, antes de mi "accidente", Carlisle los dejaba pasar hasta dos semanas sin comer si se les daba la gana. Lo dejaba a su criterio.
Así que se podría decir que cuando yo llegué a amargarle la vida a la familia, llegué también a amargarles los fines de semana. Lo que no me hacía muy popular los fines de semana.
Carlisle siempre los instaba a ir a cazar lobos marinos, la presa carnívora más grande de la zona (de entre las que no estaban protegidas). Esme jamás se quejaba. Pero los cuatro ponían malas caras, porque estaban aburridos de cazar siempre lo mismo. Entonces Carlisle ofrecía ir a comprarles cerdos, ovejas, incluso caballos. Pero Jasper se negaba de plano a comer caballo, y todos decían que comer animales de granja era todavía peor que comer lobos marinos. Y, al final, casi siempre terminaban yendo a cazar lobos marinos. Aunque muchos fines de semana Carlisle compraba animales, ya que pensaba que si exterminábamos a los lobos los humanos podían notarlo.
Siempre iban en grupos cuando cazaban, porque no querían estar todos distraídos y que yo pudiera escapar. Se tardaron un par de semanas en llevarme a cazar también, y siempre iba con el dichoso bloque. Por eso, yo no cazaba realmente. Lo que hacía Carlisle era agarrar un lobo marino, inmovilizarlo, y dejarlo frente a mí. Me daba siempre un poco de pena, y al final lo único que me decidía era oler la sangre del pobre animal.
Le pregunté a Carlisle si podía experimentar con ratas y, al igual que Alice, lo encontró repulsivo. Pero insistí. E insistí. E insistí. Al final Esme intervino diciéndole que me dejara, que no es como si pudiera enfermarme. Y Carlisle, a regañadientes, cedió. Me llevó al cobertizo, me sacó el bloque y esperamos callados hasta que sentimos acercarse una rata. Me abalancé sobre ella y la agarré. Chilló mucho. Agudo. Escuché como en la casa los otros hacían ruido como de asco. Le olí el cuello y casi me arrepiento. Pero a esa altura todos estaban pendientes, y había insistido tanto para que me dejaran que se reirían de mí el resto de la vida si me arrepentía en ese momento. Así que hice de tripas corazón y le rajé el cuello y succioné… Lo poco y nada que había que succionar. En una fracción de segundo la rata ya estaba completamente seca. Apenas un bocado. Pero no sabía mal. El olor de la rata era malo, pero la sangre sabía a sangre. Sangre es Sangre, como decía Esme.
Así que casé otra y me la bebí, sólo para demostrarles a los otros que yo tenía razón. Y cuando acabé pensé que si ya me había bebido dos, bien podría ir por la tercera. Pero Carlisle me agarró, me puso el bloque, y me dijo que ya había demostrado mi punto y que no pensaba seguir presenciando el espectáculo. Agarró las dos ratas muertas y cuando estuvimos fuera del cobertizo las lanzó lo más lejos que pudo. Que fue lejísimo. Y con el brazo izquierdo más encima (con el otro me tenía agarrada a mí). Intenté oír cuando cayeron, y no lo conseguí.
Un fin de semana, cuando llevaba casi un mes, tuve la primera oportunidad de comunicarme con mis padres. Llegó de forma inesperada, y la aproveché antes de que alguien me lo pudiera impedir. Edward me estaba vigilando, y mientras yo pintaba él estaba jugando con un Tablet. Yo no había tenido ningún pensamiento de fuga, ningún plan. Pero justo vino Bella con un vestido corto que acababa de terminar de coser Alice, y eso lo distrajo. Sin apartar los ojos de Bella dejó el Tablet a un lado, cerca de donde yo estaba, y en un segundo ya estaba besuqueándola. Y, a velocidad vampiro, agarré el Tablet y me regocijé al ver que sí tenía conexión a Internet. Iba a abrir un navegador cuando oí un zumbido y me arrancaron el Tablet de las manos. El zumbido había sido Alice, que vio lo que haría y corrió a velocidad vampiro a impedírmelo.
Paradójicamente, todos parecían más molestos con Edward que conmigo. No le dijeron casi nada, pero por su cara de compungido y la cara de Alice me imaginé que le estaba soltando un rollo mentalmente.
Carlisle parecía preocupado, y me sentí un poco mal. ¿Era acaso una mala persona por querer mandarle un e-mail a mi padre? Pero no me dijeron nada.
Más tarde, ese mismo día, yo estaba sentada viendo televisión con Esme y vi como los cuatro se dirigían en grupo al escritorio de Carlisle, donde este estaba haciendo vaya uno a saber qué. Oí como parecían emplazarlo, pero no entendí lo que le decían porque hablaban en su idioma. Por los tonos me dio la sensación de que los cuatro insistían e insistían sobre lo mismo. Pero Carlisle parecía no querer ceder. Miré a Esme, sentada un poco más lejos en el mismo sofá, e intenté saber de qué iba la conversación por su cara. Pero, como ella siempre me sonreía cuando me miraba, no obtuve ninguna información. Al final la curiosidad pudo más y decidí preguntarle.
-Esme… ¿Qué están diciendo? -Le pregunté bajito, preocupada.
-¿Quieres que te enseñe inglés? -Me preguntó, sin apartar los ojos de la televisión, cosa rara en ella ya que siempre me miraba cuando le hablaba.
-No -respondí en forma automática.
-Entonces quédate con la duda -me dijo riendo, y lo suavizó acercándose a mí y dándome un beso en la frente.
-Bueno, a más tardar en 10 años va a dar lo mismo de todas formas -le dije picada, volviendo a mirar la televisión.
Eso hizo que dejara de reírse. Me agarró de donde yo estaba en el sofá y me acercó a ella y me pasó un brazo por la espalda para que quedara junto a ella. Comenzó a acariciarme el brazo, pero no dijo nada más, así que seguimos viendo la televisión.
El primero en salir del escritorio fue Jasper. Venía con la mandíbula apretada. Cuando nos vio se detuvo. No se abalanzó sobre mí, que es lo que sentí que iba a hacer. Esme le dijo algo en inglés, cosa rara, ya que ella siempre hablaba en castellano cuando estaba conmigo. Sonaba a disculpa, pero no tenía sentido que ella se disculpara, porque ella no había hecho nada. Vi que Jasper apretaba la mandíbula, la soltaba y luego se calmaba un poco. Alice llegó y lo abrazó por detrás.
-Todo estará bien amor -murmuró, mientras lo apretaba suavemente.
Jasper puso los ojos en blanco, pero se calmó más. Luego me miró fijo.
-Intenta controlarte la próxima vez -me dijo en tono seco.
-Lo siento -contesté en forma automática-. Los extraño.
-Jasper… -Dijo Carlisle desde su escritorio. Sonó como una advertencia.
Jasper respiró profundo, y sus hombros se relajaron un poco.
-Sí Carlisle -le respondió resignado.
Bella y Edward salieron juntos del escritorio, y al salir del pasillo me sonrieron en forma tensa y siguieron de largo hacia el otro pasillo rumbo a su cuarto. Esperé oír un portazo, pero cerraron suavemente la puerta. Esperé oír como empezaban a acaramelarse, pero no.
Tuve mucha curiosidad por saber qué habían hablado con Carlisle. Imaginaba que debía haber sido algo así como "Carlisle, la nueva es un peligro, hay que matarla.". Y supuse que Carlisle les habría respondido haciendo gala de su ingenuidad y optimismo diciendo "Noooo. Ella se integrará y todos seremos felices comiendo perdices.".
Escuché una fugaz risita de Edward. Eso me hizo pensar que había acertado. Escuché un suspiro de Edward, y supuse que tenía razón.
"Perdóname Edward" pensé, esperando que me oyera. "No quiero hacerles daño a ustedes, pero no logro olvidar a mi familia".
No me contestó. Dudaba que no me hubiera oído, así que supuse que, o bien estaba muy enojado, o bien no me quería contestar delante de todos.
-.-
