No está perfectamente pulida pero es un intento decente por humanizar a un vampiro. O al menos eso pienso yo.
Disfruten.
Probablemente sea la unica historia que extenderé a dos capítulos.
Era una noche aburrida para el rey de los vampiros. Ocupar la tarde asustando a los ciudadanos del Dulce Reino no parecía darle satisfacción al monarca de mil años de edad.
Ahora mismo Finn decidió visitar la casa que construyó en un árbol sobre las Verdes Planicies, solo para matar tiempo durante la noche.
Pensó que ahora alguien debería estar ocupándola y que sería muy divertido juguetear con quien estuviera en ella. Las luces encendidas en el segundo y primer piso no decepcionaron al vampiro.
Podía acercarse haciendo el ruido que quisiera pues la lluvia hacía un trabajo excelente con el camuflaje sin intención.
Revisó desde la ventana de la cocina por alguna señal de vida, al no hallar a nadie procedió a la ventana superior. Su sonrisa maliciosa no tardó en aparecer una vez que divisó a dos figuras moviéndose bajo la luz de una vela.
Se trataba de una caniche que caminaba sobre sus patas traseras y una chica que se ocultaba bajo sus sabanas. Ella temblaba cómo gelatina, al parecer por algo que su compañera de habitación le había contado.
El gimoteo que el rubio vampiro dejó escapar se ocultó entre la lluvia y le permitió seguir encubierto, además de darle tiempo para continuar escuchando la historia que la poodle contaba.
—Y mientras se abría paso entre la carnicería que había provocado, el vampiro APLASTABA los cráneos… por pura diversión—. Por la forma en que la caniche agrandó su puño para propósitos cómicos se pudo deducir que ella tenía poderes mágicos.
— ¡No inventes!—. Ella al parecer se asustaba con facilidad.
— ¡Cómo no, Si lo hizo!—. La perra llevó consigo la dona que aplastó con su afelpado puño, hizo muecas con ella usando la jalea cómo alegoría para el sustento de un ser sobrenatural. Y además el vampiro se inclinó sobre sus víctimas y respiró el aroma de su sangre.
— ¡Ay no! —. Dijo la chica que llevaba un sombrero de una especie de dinosaurio muy caricaturesco, éste le cubría su cabellera color negro que dejaba a la vista algunos mechones, miraba en disgusto mientras la poodle comía la dona aplastada. Schwabl, ¿Todo esto eso es cierto o sólo tratas de asustarme? ¡Dime la verdad!
— Si señorita, los escuche de una fuente muy confiable.
— ¿Confiable? —. Cuestionó la chica mientras pensaba en las posibilidades de que le pasara lo mismo que a las víctimas de las que escuchó hablar.
— Si… y además dicen… que embrujó este árbol —. A Finn no se le pudo ocurrir un mejor momento para estar ahí, la caniche formó el ambiente para una atemorizante llegada.
— ¿Este árbol?
— Duuuuulceees sueeeeñossss.
— ¡Schwabl!
La perra continuó haciendo sonidos tenebrosos mientras bajaba la escalera del segundo piso, llevándose también la única fuente de luz que tenía la habitación.
— ¡Mentirosa!
El temible vampiro esperó pacientemente desde la ventana. Planeaba en cómo asustar a la joven y a su mascota. Podía simplemente entrar y asustarlas con una de las múltiples formas que podía adoptar; aunque eso no tendría mucha diversión. Podía tomarse su tiempo y analizar sus patrones pero eso le llevaría semanas.
Cuando pensó en tomar el último camino se dio cuenta de que una rama del árbol golpeteaba la ventana de la habitación. Finn sabía que esto llamaría la atención de la chica así que se acercó a ella.
Debido a la poca luz no se podría dar cuenta de que alguien más estaba golpeando el vidrio con sus delgadas garras. Vio cómo la chica trataba de adivinar la forma que estaba al otro lado y cuando el relámpago mostró por unos instantes su figura se deleitó con los gritos de terror que ella emitió.
El vampiro no quiso mostrarse tan pronto, así que esperó a que asustadiza creatura bajara las escaleras para buscar el confort de su mascota. Aprovecho esto para entrar por la ventana, llevando también sus cosas.
El inmortal pensó su plan detenidamente una vez más. Ahora que estaba dentro de la casa tenía cabida libre para hacer lo que quisiera, pero debía tener la oportunidad correcta para ello.
La ráfaga de viento que abrió de manera brusca otro par de ventanas le dio una idea, con rapidez y mientras la chica cerraba las ventanas él se abrió paso hasta una de las esquinas del lugar.
Schwabl dio un grito agudo debido a las luces apagándose y al temible escenario de afuera.
— No hay nada —. Revisó la chica con el pijama de cuerpo completo. Miedosa.
— No tenía miedo. Sólo cantaba mi canción favorita de Michael —. La explicación fue poco convincente, pero se volvió graciosa con los chillidos que hizo.
El vampiro vio su oportunidad y dejó caer su mochila al suelo. Esta fue iluminada por la linterna que la chica llevó. Inmediatamente siguió el camino hasta ver de dónde vino tan extraño objeto.
La luz pronto se topó con el cuerpo del vampiro, quien siseó al par enfrente de él. Ellas retrocedieron y se sentaron por accidente en un sofá que estaba detrás.
El vampiro flotó hacia ellas, tomando un asiento que le aseguraba que no podían escapar. De manera casual, rodeó sus cuellos con sus pálidas manos y comenzó la conversación.
— Hola chicas, soy Finn, el rey vampiro —. Se introdujo a sí mismo.
Las dos personas a su alrededor tenían un problema para hacer lo mismo.
— ¡¿Vas a aplastar nuestros cráneos y a chupar nuestra sangre?!
— ¡No chupes nuestra sangre!
El vampiro rió sonoramente y les respondió con una dudosa sinceridad.
— Calmadas tontillas, no voy a hacer eso —. Tras calmar sus nervios procedió a iluminar el lugar, encendiendo las velas con sus poderes sobrenaturales.
Ignorando el despliegue de magia oculta que acababa de presenciar la chica procedió a hacer preguntas.
— ¿Qué, tú no chupas sangre? —
— A veces lo hago —. Respondió mientras al mismo tiempo apareció una fresa en sus manos, no sin antes pasear su dedo índice por la barbilla de la chica de cabellos oscuros. Pero no es la sangre lo que busco, es el color rojo.
La fruta dejó que un colmillo entrara por su suave piel y absorbiera su rojo color hasta dejarla de un color grisáceo poco saludable. Después de saborear su botana, el vampiro rápidamente puso la fruta seca en la boca de la chica. La cual, de manera gustosa, procedió a comer.
— Y bien díganme, ¿Quienes son ustedes? —. Preguntó el vampiro.
—Pues mi nombre es Schwabl, la poodle mágica, y mi socia de allá es Marcie la humana.
— ¿Una humana? — el vampiro fue cuidadoso para no mostrar su sorpresa. Eso no se ve todos los días.
Marceline trataba de darle un lugar al nuevo sabor seco que despedía la fruta que le dieron. Ella ignoraba que un inmortal estaba mirándola fijamente, él de verdad no podía creer que aún existiera un humano con vida.
Se levantó del sofá y se dirigió a su mochila. No sin antes bostezar cómo si de verdad necesitara descansar.
— ¡Vaya! Estoy exhausto. He viajado por toda la tierra de Ooo y he visto tantas cosas que seguro te hará poner los pelos de punta.
— ¿Cóbo québ? —. Preguntó la humana sin aun terminar la fruta.
— Fui a una escuela de peces bestia, y estuve en el Reino de Fuego.
Aunque fueran pocos lugares era evidente que sorprendió a la humana con sus aventuras en lugares que ella no había visto antes. La perra era otra historia.
El rey de los vampiros volvió a su asiento para encontrarse con un par de hermanas más calmadas. Ahí recordó algo que llevaba en su bolsillo.
— Oh, miren esto.
— ¿Nueces?
— No, no son nueces ordinarias —. Finn cerró su puño con fuerza y al abrirlo se vio cómo distintos seres escaparon de las cascaras de las nueces.
Uno de ellos arrojó un chorro de tinta a la mejilla de la humana, dibujando una estrella. Los pequeños seres recorrieron los brazos del vampiro de izquierda a derecha, y se evaporaron en una nubecilla de polvo.
Marcie se limpio la estrella de tinta mientras complementaba al vampiro.
— Eres maravilloso.
— Si—. Dijo su hermana con temor. Gracias por no chuparnos la sangre.
— Ustedes también me agradan pero como comprenderán…—. Él dio otro bostezo. Estoy muy cansado así que lo mejor será que se vayan de aquí.
El rostro de la humana cambio al de alguien que estaba indignado.
— ¡¿QUÉ?! —. Alcanzó a decir.
Usando más magia, el vampiro movió ligeramente uno de los cuadro de la sala y detrás de él se mostraba cómo el árbol tenia tallado una 'F'.
— F, de Finn —. Explicó.
— Al menos no es F de reprobado —. Comentó Schwabl.
— Lo grabé en ese árbol hace años, antes de que ustedes nacieran —. Dicho esto tomó a ambas inquilinas y se las llevó consigo afuera de la casa.
La tormenta rugía con fuerza y no mostraba señas de parar por un buen rato. Los tres se empaparon de inmediato pero el púnico al que no parecía importarle era al vampiro.
— Pero en serio chicas, gracias por mantener el lugar caliente para mí. Muchas gracias —. Las hermanas no podían creer lo que acababa de suceder, así que les llevo un tiempo y muchos litros de agua para darse cuenta de que las habían echado de su hogar.
Y cuando se dieron cuenta, el vampiro ya les había deseado buenas noches desde la ventana de su habitación.
El vampiro continúo riendo, ignorante del complot en contra de su vida por parte de la humana. De cualquier manera la caniche le convencía de lo contrario, por temor a sus vidas.
Seguramente no planeó echarlas de una casa que era suya pero lo hecho, hecho estaba. Aunque no quería dejarlas sin nada en la intemperie. Agarró algunas faldas, zapatos y blusas para la humana, y un ukelele con el cual pasar el rato.
Sin querer mostrar arrepentimiento, el vampiro les arrojó dichos objetos, mientras reía de la misma manera que había hecho. A pesar de que él no quería ser tan malo con ellas, la dona reseca que cayó en la cara de la humana, humeante por la irá de haber sido desalojadas, fue algo casi obligatorio.
Una vez que les dio los objetos, el inmortal cerró las ventanas y se dirigió a la cama. No sin antes mostrarles una cara horrenda y sisear lo suficientemente fuerte como para ser oído.
A decir verdad el vampiro esperó a que el par rogara por obtener su casa de vuelta, pues no tenía intenciones de quedarse a vivir ahí. Pero ellas nunca tocaron de vuelta. Todo estaba muy silencioso y le empezó a incomodar estar así.
Cuando se hartó de aquella cama cubierta de pieles abrió la ventana de nuevo. Encontrándose con un cielo despejado y un agradable olor a tierra húmeda.
— Muy bien, sí tanto quieren la casa-
Lo primero que quiso oír eran las advertencias de la humana y las peticiones pasivo-agresivas de la perra. En su lugar estaban marcas de pies que guiaban a una poodle transformada en sombrilla que cubría a una determinada mujercita.
El humano al ver esto hizo dos cosas. Una, fue retroceder en el momento que la luz del sol comenzó a calentar su rostro, y dos, reír como loco cuando se dio cuenta de lo que iba a hacer.
— ¡Por Glob! ¡Soy el rey vampiro! ¿Qué estoy haciendo?
Las risas se apagaron cuando un rayo de luz atravesó una de las tablas salidas en el techo, este aterrizó en la frente del vampiro obligándolo a moverse. Después de ese rayo, lo siguió otro, y otro, y otro, y así hasta que el vampiro tuvo que refugiarse en una incómoda esquina. Ahí admitió su error.
— Creo que no pensé bien esto…
