A decir verdad, no me siento del todo satisfecho con este último pasaje, si sienten que algo faltó o que algo no cuadró, háganmelo saber en los comentarios.

Por último, los invito a darse una vuelta por mi página de DevianART (M0cha-5tuff) y si tienen algún consejo o comentario, siéntanse libres de comunicármelo.

Gracias, y buenas noches.


Porcelana

Creí que era broma cuando lo dijo la primera vez que tuvimos una conversación de verdad. Su piel en verdad parecía de porcelana.

Era de suponerse que la completa ausencia del Sol le daría un tono distinto al de los demás pero nunca uno así de singular. La piel no tiene una sola arruga, a pesar de su edad, y cada vez que veo las llamas de las velas reflejándose en las partes que ella deja descubiertas sólo hace que trate involuntariamente de alejar la mirada para no ser enceguecido.

Le comenté sobre este detalle y ella pareció tomarlo como una broma. Una de mal gusto.

Quién diría que una chica con esa apariencia se fijaría en un detalle tan insignificante.

Finalmente tuve la oportunidad de mirar con detenidamente cada detalle de su piel durante un accidente del cual no me arrepiento en absoluto. Sucedió durante otra tarde después de la escuela en la que limpiaba el desorden de Marceline.

Para descender de aristócratas ella es bastante desordenada. Partituras, ropa sucia, sabanas, y demás tipos de basura alfombraban su habitación. No creo estar equivocado si pensara que lo hace a propósito.

Sin embargo, una deuda es una deuda y procedo a limpiar como he acordado. Tardo bastante e intento que su baño sea lo último que tenga que hacer por el resto del día.

Antes que nada, créanme cuando les digo que también hice ciertas preguntas respecto a ciertos hábitos y no es necesario saber cómo es que funcionan organismos desconocidos.

Recibí una paliza cuando me atrevía a preguntar.

En fin, el baño no me tomó mucho trabajo, y aunque no me atreviera, diría que podría beber el agua del retrete o comer una merienda del lavabo.

Estaba por terminar pero decidí ver qué había en el botiquín de medicinas. Quizás estuviera sucio y tendría que limpiarlo.

Tal vez no haya necesidad de una medicina que pueda servirle a ella, pues no hay ninguna que exista, pero me pareció un tanto triste que encontrara jarabes, pastillas, vendajes, y muchas otras cosas que necesitaría una persona que no tenga la capacidad de regenerarse.

Supongo que debe extrañar lo que es sentirse humana; por ello conserva esta clase de cosas. ¿O será por mí?

Algo que destacaba en la vitrina detrás del espejo de baño (que ella no necesitaba) se encontraba algo que no contenía pastillas o ampolletas. Un alhajero con la forma de un cuadrado casi perfecto.

No era muy detallado pero parecía valioso. No tardé nada en abrirlo y encontré sólo unas cuantas fotos dentro. Algunas más antiguas que otras.

En una de ellas se veía a una joven de largos cabellos posando con un vestido muy intricado que no podía disfrutarse debido a los colores sepia de la foto. Otra mostraba a una cámara de aspecto antiguo flotando frente a un espejo y con el flash rebotando hacia la lente, la palabra "Paradoja" estaba escrita en una parte en blanco.

Olvidé el resto de las fotos con rapidez cuando llegué a las últimas tres, quizás no fueron tan memorables.

La primera mostraba a la profesora Bonnibel usando sólo una camiseta negra con un logotipo que me parecía familiar, el cabello estaba suelto, se sentaba sobre una cama de sábanas blancas, y cubría su sexo con ambas manos.

Me quedé demasiado tiempo viendo la foto. Creí que mi pulso no se detendría y que mis ojos se saldrían de su órbita. Y eso casi sucede cuando cambié a la segunda foto.

Se trataba nuevamente de la maestra, que por una censura selectiva y un buen ángulo no mostraba sus partes privadas completamente pero era claro que estaba desnuda; dándole un beso indirecto a quien viera la foto

.Me mantuve lo más tranquilo que pude mientas veía la siguiente foto en la que no había censura o trucos con la cámara, sólo estaba "La Dulce Princesa" mordisqueando su dedo índice mientras estaba acostada sobre la cama, completamente desnuda y mirando hacia mi dirección de manera… hambrienta.

La tentación de llevarme las fotos se mezclaron con el miedo subconsciente que aún le tenía a las habilidades de Marceline. Creo que esa indecisión logró que me diera cuenta de que había pasos acercándose a donde me encontraba, rápidamente coloqué las fotos en el orden en el que las encontré y puse la caja de vuelta en su sitio.

Ahora sé que si hubiera salido por la puerta no habría levantado sospechas, pero el bochorno hizo que tomara la ruta de la ventana para salir de ahí.

Salí tan rápido que olvidé que estaba en un segundo piso por lo que apenas me agarré con mis manos del marco exterior de la ventana. Al principio no fue tan malo pero no tardaría en cansarme y ceder.

El sonido de la regadera hizo que agradeciera a Glob que la vampira no se decidiera por un baño de burbujas. También escuché una dulce tonada que fue interrumpida por el regaño al aire de haber dejado los productos de limpieza en el baño.

También deberé agradecer que haya pensado que no estaba en la mansión.

La vampira no tardó en entrar bajo el chorro de agua cantando una tonada de Jazz. El vapor me dio la señal de que podía volver a entrar, y el crujir de la madera que me sostenía me hizo quedarme en mi lugar.

Pensé que el insignificante ruido que hice había levantado sus sospechas, suspiré de alivio cuando ella estornudó.

¿Los vampiros estornudan? Supongo que ya sé la respuesta.

Rogándole al agua de la regadera para que pudiera enmascarar los crujidos del marco de la ventana, me aventuré a darle un descanso a mis dedos y apoyar todo mi peso en la madera.

El vapor no habría elevado mi temperatura corporal de la manera que lo hizo el escenario que se desplegaba frente a mis ojos.

La vampiresa, la temible heredera Abadeer, había olvidado recorrer su cortina. Su larguísimo cabello azabache se había pegado a su espalda, dejando el resto de su cuerpo expuesto.

El agua caliente se deslizaba por la aparentemente delicada piel de porcelana. Su busto, sus caderas, y cada parte de ella se quedarán grabados en mi cabeza.

Es cierto que cada persona imagina a la mujer perfecta como la Diosa de Milo. Sólo que si los dioses son inmortales y tienen colmillos, entonces podría compararlos con la vampira de piel resplandeciente.

Glob… vaya que es hermosa.

Mi trance se detuvo cuando observé un orbe de color rojo entreabrirse y tratando de mirar el exterior a través de su ventana. Lástima que sólo encontró a un adolescente que se ruborizó aún más cuando ella hizo denotar sus senos cuando pasó las manos por su cabello mojado.

No hubo gritos, no hubo discusiones, sólo un dedo indicándome la salida y una mirada que me atormentaría por mucho tiempo.

Detuvo mi disculpa enfatizando nuevamente la puerta con su dedo, y aunque me llevé los productos que había dejado me llevé también un muy mal presentimiento camino a la puerta.

Sin intención, di un último vistazo hacia el interior del baño antes de cerrar la puerta y creo haberla visto sonrojar.

Mañana estoy seguro que lo lamentaré, pero por hoy esa piel de porcelana no desaparecerá de mis recuerdos.


Ritmo

Supongo que el tibio y dulce sabor de su sangre impidió que notara el ritmo de sus latidos. Ahora que me he dado cuenta del casi hipnótico sonido, se ha vuelto un hábito escucharlos mientras descanso mi cabeza lo mejor que puedo cada vez que tengo que comer.

Él a veces habla, a veces se mueve, y a veces hace los deberes mientras me alimenta, pero aun así no dejo de notar compás de altos y bajos que reverberan contra su piel.

Mi necesidad por escuchar los latidos llegó a tal punto, que todos los días que no necesito beber su sangre me las ingenio para tener al menos una ligera noción de aquel ritmo.

Él debe suponer que por todo el tiempo que llevamos con esta rutina no es raro que me acerque de esta manera. Ver juntos un programa insulso, leer recargada contra él o simplemente obtener unos minutos de sueño sobre su pecho mientras juega con un B-MO, todo eso se volvió la cosa más normal del mundo.

Incluso hay ocasiones en la que se queda días enteros porque no dejo que se vaya sin darle una explicación. No parece molestarle en absoluto pero si su hermana vuelve a quejarse de su ausencia en la casa, tendré que al menos explicarle a él para que se lo comunique a ella.

Ellos son básicamente similares pero por alguna razón, cada vez que la veo, tengo unas tremendas ganas de golpearla en la cara.

No sé cómo explicárselo. Pero espero que algo se me ocurra pronto.

— Oye, Marcie… — Finn rompe mi concentración y por ello mis dedos resbalan en una de las cuerdas de mi bajo.

— ¿Qué sucede? — El tenue temor de que pidiera una respuesta que aun no se me ha ocurrido hace que se seque mi garganta.

— Me he estado preguntando…

— ¿Sí…? — ¿Qué haré? ¿Le cuento o no? ¿Invento algo o trato de evadir la pregunta? ¿Me comporto como una cretina o le cuento la verdad?

— ¿Es cierto lo del ajo?

Supongo que no hay mucho de qué preocuparme…

— Sí. Me irrita la garganta.


Tensión

Creo que todos conocemos la tensión de alguna u otra forma, de manera ligera o de manera exagerada. También viene en diferentes sabores, aunque mi favorito es la tensión sexual. Ya sabes, ése tipo de inquietud, insatisfacción, miedo intenso, y expectación inquietante que te carcome lentamente y que se apila dentro de tu ser.

Finn provocaba todo eso en mí.

No importaba que nuestros horarios escolares coincidieran o no, tarde o temprano sabía que él llegaría a casa y que esa necesidad de escuchar sus latidos sería… No, estoy mintiendo. No puedo excusarme con eso.

Simplemente se volvió una necesidad estar con él. A veces podía justificarlo con querer escuchar sobre sus clases, sus clubes, sus amigos, incluso la psicótica de su hermana salía a colación de vez en cuando.

Le di una mayor libertad en el cuarto de música, a decir verdad, la casa en general. Los tres pisos estaban disponibles y todo lo que había en ellos; a excepción de la corona de Simon, el medallón de mi padre, y otros objetos que traerían la ruina a la raza humana.

De vez en cuando lo encontraba cocinando algo, aunque creo que echar a perder buena comida era un sinónimo para cocinar, lo hallaba tocando la estúpida arpa láser o jugueteando con las espadas.

Ya no lo obligaba a quedarse como hacía antes, él se quedaba por su propia voluntad. Y eso me aterraba.

El ser humano es voluble y suele aburrirse con facilidad, incluso con mis mil años de edad he encontrado cierto aburrimiento en maravillas por las que cualquier otro daría su vida entera para poder presenciar.

¿Quién podía asegurarme que él no sentiría mi presencia o a mi estirpe maldita como un fenómeno natural? Similar al sol. Algo encantadoramente maravilloso y único, que se vuelve cotidiano y sólo parte diaria de la vida.

Después de todo no soy la única que queda y es probable que ahora que él sabe que existen los vampiros, ése conocimiento se volverá una aceptación subconsciente y que por ello no volverá a cruzar esa puerta con la libertad que ha hecho por casi tres años.

Pero no es así, diariamente, y sin chistar, lo escucho y veo.

Todas las veces que tonteamos, las veces que hablamos, las veces que nos besamos, quiero preguntarle todo esto. Incluso cuando lo dejo hacer con mi cuerpo lo que él quiera y que puedo susurrarle al oído cualquier cosa y obtener una respuesta inmediata, sólo puedo imaginar lo que pueda suceder.

Mis manos sienten que no pueden sostener sus mejillas sin empezar a temblar antes de que mis labios choquen con los suyos, olvido cómo fue que llegamos a esto y dejo que mis mejillas se coloreen mientras mi cerebro lidia con un éxtasis que experimenté sólo un puñado de veces, y del que todavía puedo continuar recibiendo las dosis que le exija.

Finn nota mi expresión facial tensa, mis temblores cuando me abraza sin decoro, cómo sobrereacciono de forma violenta a cosas simples, mi dificultad para concentrarme, mis problemas para conciliar el sueño, así como mi falta de apetito.

No puedo creer que él me haya vuelto una histérica más del montón.

La tensión sexual, aunque su nombre lo indique, no tiene que ver con el sexo. Eso ya se solucionó de la mejor manera que podía imaginar. Entonces creo que me equivoqué de tipo… Debería referirme a mi problema como tensión amorosa.


Bienvenida

Ella no suele abrir la puerta de su mansión, una de las cosas con las que puede contar con Finn, pero debido a un proyecto que tiene que hacer con "La Princesa Flama" debió quedarse unas horas extra en la escuela.

Marceline pensó que se trataba de algún vendedor o una niña exploradora que sería asustada por el monstruo que rondaba en la antigua mansión Abadeer. Pero al abrir puerta se encontró con una melena rubia de un tono nostálgico, excepto que más larga, y una punta de flecha apuntando en su dirección.

Apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado, logrando que ésta se enterrara en su pecho derecho. Su vampirismo le impedía morir por la herida aparentemente mortal pero eso no quería decir que no le doliera. Marceline pateó a la figura que intentó cruzar la puerta, recibiendo una ligera quemadura de parte del sol, luego se refugió en las sombras de su casa.

Casi de inmediato la puerta fue derribada de una patada y una segunda flecha fue apuntada en distintas direcciones esperando encontrar a la vampira.

— Marceline… ¿Dónde estááááááásss? — preguntó la intrusa.

— Vaya, Fionna — respondió la vampira desde las sombras—. ¿Por fin te decidiste a matarme? Porque es justo lo que yo estaba pensando hacer contigo.

La flecha logró salir luego con un gruñido de molestia y la vampira decidió arrojarla a la puerta en señal de advertencia. Claro, no sin pasar peligrosamente cerca de la cabeza de la humana.

— Entonces ya no hay razón para arrepentirme. Digo, me devolviste la flecha; y no tengo muchas de ellas — dijo mientras apuntaba hacia el interior de la casa mientras que con la otra mano recuperaba la flecha de acero.

Fionna se aventuró al interior de la mansión, no sin antes reaccionar al azotón que dio la pesada puerta y la cerradura que fue activada a distancia.

— ¿En serio te crees capaz? — Se escuchó una voz en toda la casa —. Mejores y más preparados que tú lo han intentado, y ninguno lo ha logrado. Belmont, Harker, Morris, Lincoln, Anderson, Summers, Yagari, Davidson, King, Winchester, Whistler, Baine, Leonard, Delgado, Salazar, Coilefield, la lista sigue y sigue, e incluso el Dr. Van Hellsing, quien es el que ha estado más cerca, ha fallado.

Las velas se apagaban, conforme cada paso que Fionna daba hacia el interior de la mansión, hasta llegar al centro de la estancia que llevaba a las escaleras. En ningún momento ella dejaba de apuntar la ballesta hacia todos lados en busca de la vampira.

— Pero puedo ser benevolente en ocasiones. Por tu relación sanguínea con Finn estaré dispuesta a olvidar lo sucedido si te marchas en seguida.

— Está bien me iré, después de darte con una docena de éstas en tu frio corazón.

— Muy bien, agregaré el apellido Mertens a la lista.

Dicho esto todas las velas se apagaron dejando a una confundida cazadora preparándose para golpear con la culata a lo que se avecinara. Para su sorpresa una fila de de cirios se encendieron mostrándole un camino en las escaleras que la guiaba a la derecha.

— Esconderé tu cuerpo para que tu hermano no lo vea. Creo que al menos puedo hacerte ese favor luego de irrumpir en mi casa.

— Entonces sí eres benevolente — Fionna comenzó a subir los escalones.

— Más que tú, seguro.

— No nos compares, monstruo.

— Eso duele, Fionna. No nos conocemos lo suficiente para llevarnos así.

— No necesito hacerlo. Finn me ha hablado mucho de ti.

— Tal parece que más de lo que debía, ¿no es así?

La lenta caminata dejó tiempo a la intrusa para admirar la bella arquitectura que se iluminaba lentamente a la distancia. Y una que otra sombra merodeando por un segundo en cada esquina.

— Dime, Fionna… — El eco siguió hablándole —. ¿Por qué has venido?

— Pensé que eso era muy obvio.

— No me hagas arrancarte la cabeza ahora mismo, no sería divertido.

— Si quieres saberlo, creo que eres una mala influencia para Finn.

— ¿En serio? — Contestó Marceline mientras aguantaba una carcajada—. Yo no soy quien derribó una puerta para cazar a alguien que no le ha hecho nada malo.

— Pero lo harás.

— Tú no sabes eso.

— Pero tu historia dice lo contrario.

— No hay manera de que tú puedas conocerme. Incluso si el bobo de tu hermano te ha contado cosas de mí.

— Él no me dijo mucho, sólo puse tu nombre en internet y toda clase de cosas salieron.

Fionna derribó la primera puerta a su derecha, apuntando a lo que fuera a embestirla y sin obtener nada siguió el camino iluminado.

— Sólo sé que no tengo desnudos ahí. ¿Qué más hay?

— Leyendas, muchas de ellas.

— ¿Eso es todo? ¿Morirás sólo por los desvaríos de un par de ancianos que les contaron sus pesadillas a unos periodistas sin imaginación?

— Todas conducen hacia ti. Y Jake confirmó lo que pensé que eran esas mordidas en mi hermano.

— Ése bocón, ¿quién diría que el helado no sería un buen soborno?

— Además — Fionna hizo una pausa para derribar la quinta puerta con su suela de metal —. ¿No acabas de probar que todo lo que investigué es cierto?

— No puedo creer que ése estúpido fetiche de la hermana celosa en verdad exista en la época moderna.

—… ¿De qué estás hablando?

— Es por eso qué estás tratando de eliminarme, ¿no? — La manera en la que la vampira parecía hablarle a una bebé sólo hizo que Fionna se irritara y aplicara presión en el gatillo — ¿Acaso la pequeña Fionna teme que me robe a su hermano?

— ¡Estás enferma! — exclamó la humana, sonrojada por las palabras que escuchó.

— ¿De verdad? — La puerta al final del pasillo se abrió rápidamente, como si una ráfaga de viento la hubiera empujado — Entonces, ¿por qué no vienes a ayudarme con eso?

La flecha no tardó en seguir la trayectoria que la cazadora había demandado, pero el metal plateado sólo pasó a través de una figura de humo que se desvaneció tan pronto fue alcanzada por el proyectil.

La ballesta era fácil de recargar pero esos segundos podrían ser invaluables para la vida del único ser mortal en la mansión. Rápidamente, Fionna tensó la cuerda del arco lo mejor que pudo y antes de que pudiera colocar un virote en la ranura, una fantasmal figura, proveniente del techo, la embistió y la devolvió al principio del pasillo.

El arma quedó a unos pasos de su dueña pero cuando intentó alcanzarla un tacón delgado intentó incrustarse en el dorso de la mano estirada.

— Debiste irte cuando te lo permití — dijo una enfurecida vampira que aplicó presión sobre su propio pie.

Fionna trató en vano de reprimir un diminuto aullido de dolor mientras pensaba qué hacer. Ya que si no hacía algo, Marceline la dejaría seca y no dejaría libre a Finn del hechizo que ella supuso era la razón de su indulgencia hacia la vampiresa.

— Bueno, ¿es tarde para que me dejes ir? — preguntó con ironía, haciendo que la presión extra del tacón liberara un hilillo de sangre —. Supongo que no...

Con la fuerza de su desesperación, Fionna tomó el cuchillo que ocultaba en su cinturón y lo enterró en la pantorrilla del pie con el que Marceline la mantenía en el suelo. La única que parecía adolorida fue la humana, la vampira en cambio la miró con rabia mientras gruñía por el sordo dolor que la plata del cuchillo le causaba.

— Supones bien… — dijo Marceline al tomar del mango el afilado objeto y tras retirarlo de su lugar.

Sin perder tiempo, la vampira arrojó el cuchillo en la dirección de su dueña, haciendo que este atravesara su hombro derecho. Ella apuntó hacia su corazón, pero Fionna logró evitar que la herida fuera fatal, tratando de esquivarlo.

Aunque no logró evitar ser herida, pudo alcanzar la ballesta durante la conmoción y al recibir el cuchillo pudo aprovechar para disparar un virote en la dirección de su atacante. Para su fortuna, este atravesó la garganta la vampira de forma limpia dejándola incapacitada.

Marceline no podía creer lo sucedido, y no podía sentir dolor alguno mientras la sangre salía a borbotones de la herida. Ni siquiera los sonidos guturales o gemidos de dolor eran audibles por la profundidad de los cortes.

Quizás las flechas no eran mágicas, o ni siquiera estaban recubiertas de plata como el cuchillo, pero en verdad podían lastimar a un ser nocturno como ella.

Fionna se acercó lentamente, ignorando la mancha de sangre que aparecía alrededor del cuchillo que seguía incrustado, otra flecha había sido cargada en la ranura y el arco estaba lo suficientemente tenso como para volver a disparar.

— ¿Qué decías acerca de que no estaba preparada? — la voz de Fionna no pudo ocultar el semblante de dolor mientras levantaba la ballesta con una sola mano.

Por la falta de voz, un dedo medio dirigido a la humana tuvo que bastar por parte de la vampira. No pudo evitar sonreír mientras trataba con la otra mano de retener su sangre.

La cazadora no pudo evitar una diminuta risotada mientras jalaba el gatillo. La flecha impactó contra el suelo; la vaporosa figura de Marceline sólo dejó una inquietud en Fionna, quien no podía recargar el arma tan fácilmente.

Así que mientras tensaba el arco con una sola mano apenas pudo vislumbrar como un par de afiladas uñas cortaron la cuerda y al mismo tiempo rasgaron su cara con cortes bastante profundos. Con el dorso de la mano que no detenía su hemorragia, la vampira golpeó la ensangrentada mejilla de la humana, enviándola de regreso a la puerta.

La puerta se movió de su lugar y las bisagras apenas resistieron el peso de la humana semiconsciente. La ballesta estaba inservible y fuera de su alcance, las flechas quedaron desperdigadas en el trayecto, y el cuchillo se enterró aun más cuando Fionna no pudo caer sobre su espalda.

Las opciones no se veían bien para la intrusa, quien recapacitaba los consejos que le dio su amiga Cake antes de venir: apunta al corazón, ten un plan de contingencia, y; su favorito, no vayas.

Marceline, en cambio, tardó en bajar las escaleras debido a que fue a uno de los baños a buscar una venda o algo que le ayudara con su herida, para su mala suerte, lo único que había a la mano era una toalla.

Cuando finalmente flotó por encima de los escalones la humana todavía trataba de retirar el cuchillo; sólo para causar que más sangre fuera derramada sobre la alfombra de la vampira. El hambre de Marceline estaba a punto de superar su ira, pero mientras lo hacía, un tentáculo se escurrió por la pierna de la humana, aferrándose a ella, sólo para retraerse y volver a arrojarla hacia la puerta.

Era un milagro que siguiera con vida, así que la sorpresa de que aún estuviera despierta no sería el punto de conversación en unos minutos. El cuchillo había logrado salirse de su lugar pero la mano que lo liberó no era capaz de levantarlo.

La dueña de la casa volvió a transformar su mano en un tentáculo para usarlo nuevamente contra Fionna pero en lugar de azotarla de manera definitiva contra la puerta, la vampira decidió acercarla lo suficientemente cerca como para susurrarle con una voz débil y lejana, pero todavía escalofriante: "No te librarás tan fácil de esto".

Luego de ello, las fauces de la vampira se hundieron con un rápido movimiento en la herida más grande que tenía la humana. Haciendo que esta soltara un grito que lentamente perdía intensidad. Fionna cerró los ojos con la misma lentitud mientras trataba de golpear a la vampira con lo poco que quedaba de su fuerza.

Marceline no se inmutó, ni un poco, ni siquiera cuando Finn abrió la puerta.


Presión

¿Puedo compararme con ella?

Por supuesto que no, sólo equivalgo a un respiro cuando hablo con ella. La vida puede no significar mucho cuando vives eternamente, por ello es muy sencillo descubrir las cosas que pueden entretenerte y las que perduran contigo.

No soy ningún bajo-hacha ni tampoco soy una promesa de cosas interesantes por venir. ¿Qué tanto puedo ofrecerle?

Es más bien una cuestión de qué tanto ella puede darme. Entonces soy un egoísta.

Creo que el momento en el que me siento más impotente es cuando la sostengo con mis brazos, finjo ser más fuerte que ella e imagino que me sigue el juego; ya que sé que si ella quisiera podría romperme en dos.

Entonces soy egotista. Pero lo sigo haciendo, y no creo parar. No tengo una razón que no sea estúpida como para hacerlo.

La presión me está matando… y yo pensaba que explicar la mordedura, moratones, y lesiones de Fionna sería lo más complicado que haría en la vida. También le agregaría el explicar el hecho de que paso muchísimo tiempo a solas con Marceline Abadeer.

La mujer que lo ha visto todo, la mujer que lo ha experimentado todo, ¿podría vivir mil años y ser capaz de resistir el primer siglo al igual que ella?

Sería muy arrogante de mi parte decir que sí. Por ello lo dejaré en un muy enfatizado tal vez. En ocasiones ni siquiera quiero cruzar la maltratada puerta de la mansión pero mis pies siempre me llevan ahí antes de que mi cabeza procese mis siguientes pasos.

¿Eso me hace irónico?

La busco, en lugar de inventar la excusa de que no la encontré; grito su nombre, en lugar de explicarle que no la escuché; acaricio su fría piel, en lugar de alejarme por un miedo que no sufro; la beso, ahora que lo pienso, no debo inventar una excusa para todo lo que no haré.


Nictofobia

— ¿Marcie…?

— ¿…Qué pasa?

— ¿Te gusta esta oscuridad?

— ¡¿Me despiertas a las cinco de la tarde sólo para preguntarme eso?!

— Oye, es difícil conciliar el sueño en un horario en el cual no estás acostumbrado.

— ¡¿Y no pudiste jugar uno de tus estúpidos juegos en tu estúpido B-MO?!

— Ya los terminé.

—…Sólo déjame dormir.

— Vamos, ya estás despierta.

— ¿…Qué quieres que te diga? No puedo salir; sino me seco.

— Tiene que haber algo más.

— No es como si tuviera que elegir esto, las fotografías y videos del sol me ayudan a recordar viejos tiempos, y las velas de la casa son más que suficiente para mí.

— Vaya, esperaba algo más-

— ¿Qué? ¿Profundo? No todas nuestras conversaciones tienen que ser emotivas o terminar con un beso.

— Eso creo…

— Ahora cállate y déjame dormir.

— ¿Y podemos…?

— No.

— ¡Oh, por favor!

— Me despertaste de un lindo sueño, ahora paga las consecuencias.

— ¿Te molesta si yo…?

— Tienes que estar bromeando…


— Te amo…— murmuró.


La verdad, aquello a lo que puedo referirme como verdad, es el innegable hecho de que esta vida se hace pesada con cada día que paso en ella. Las identidades de un millar de años cuyo valor se aproxima a billones de recuerdos, no hacen posible que pueda volver a experimentarlas de la misma manera.

Pensé que el tener que vagar diariamente en una tierra que envejece al mismo ritmo que yo se volvería una actividad frustrante en los primeros años. Pero no fue así. Agradezco que no fuera así.

Experimento algo completamente nuevo con cada día que pasa, me encuentro inmersa en actividades que jamás han sido aburridas en lo más mínimo, adquiero conocimiento de culturas extintas y emergentes, apenas puedo aprender todo sobre los idiomas, ¡e incluso estos no paran de ser creados y recreados!

La pesadez proviene de tener que conocer a más personas de las que puedo contar. No puedo convertirlos en una estadística más, y aunque así fuera, en lugar de números utilizaría sus nombres.

Los catalogaría por años, si es que eso me ayuda a hacer una lista de ellos.

Pero creo que es inútil, son demasiadas buenas personas y demasiadas malas experiencias, demasiadas risas y demasiadas heridas, demasiado folclor y demasiados cuentos.

No quiero sonar como una adolescente que odia al mundo sin razón, ¡Amo al mundo y tengo suficientes razones para ello!

Pero, los malos recuerdos siguen ahí. Y creo que los más difíciles llegan cuando les dices adiós a más personas de las que jamás quisiste.

Me obligaba a ocultarme por un año o dos, pero tarde o temprano la cara buena de la naturaleza humana me buscaba y me sacaba de ahí por lo largo de una vida humana. El buen Oliver, la amable Susana, la alegre de Sunan, el gracioso de Tirawit, la cascarrabias de Jun Tao, el obstinado de Roberto, el cariñoso de Ash, al menos por un tiempo…

Creí de manera dolorosa que así sería como viviría en adelante, me hacía a la idea de que la mudanza y la familiaridad temporal sería algo normal, pero llegó este tonto para demostrarme que no puedo predecir lo que sucederá.

Ahora mi ansiedad está por los cielos, sigo teniendo malos sueños que él suele disipar, sigo riéndome con bromas que no son graciosas, sigo añorando los minutos en los que mi piel se frota la suya, sigo disfrutando cada segundo en el que su hermana me "permite" quedármelo.

Sigo creyendo que esto puede durar para siempre.

La solución parece simple, pero no puedo someterlo a las cosas que yo he pasado. Esa es una gran interrogante que no busco investigar.

El tiempo parece ir despacio pero es todo lo contrario. Cinco años desde que me trajo una tarea que ya no recuerdo, pero que estoy segura hice correctamente, y aún no ha faltado un solo día.

Se enferma aquí, se alegra aquí, se alimenta aquí, hace casi todo aquí.

La universidad parecía el paso lógico para tan habilidoso dibujante, pero él dijo que esperaría para investigar las opciones.

Decidí dejarlo continuar con su vida, pero él no me hace caso y yo ya olvidé que prometí tal cosa.

Odio sentirme así. Odio ser así de dependiente. No quiero pensar en cómo será mi eternidad en medio siglo si sigo ignorando su petición de convertirlo en uno de mi estirpe.

No quiero pensar en ello ahora.

Las sabanas calientes son demasiado como para seguir ignorándolas, me meto debajo de ellas y busco en la oscuridad un cuerpo tonificado por demasiadas actividades extracurriculares.

No tardo en hacerlo, y dejo que mi mente descanse antes de seguir cuestionando mis decisiones. Pronto, estrujo una pila de ser humano que me mantiene en mi lugar con sus brazos.

— Marcie, ¿sucede algo? — me cuestiona como si nada pasara en su cabeza. No me sorprendería si fuera así.

— Nada, sólo es el cansancio — respondí ocultando mi vista con las sabanas. Desde luego, él las mueve y continúa con el interrogatorio.

— ¿De verdad?

— Maldición, déjame dormir.

— Marcie, ya sabes que puedes hablarme de lo que sea.

Otra verdad… había algo que siempre quise preguntarle.

— Finn… En otras circunstancias… ¿Crees que nos hubiéramos conocido?