Hola

Yep, me retrase un día, Moraleja: nunca trabajen de traductores, es muy aburrido. Voy atrasada con la historia así que le debo ganar al calendario y subir el siguiente capítulo hoy.

Disclaimer: Cazadores de sombras y sus personajes no me pertenecen, son todos obra de Cassandra Clare. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


21/12

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Había nevado en la madrugada.

O eso habían dicho en el noticiario. Cuando lo escuché fui a asomarme por la ventana pero no había rastro alguno de nieve. Al parecer se había derretido. Maldita mala suerte que tenía.

–Te propongo un trato –comenzó Mary poniendo ambas manos en su cintura– ¿Lo aceptas?

Enarqué una ceja y suspiré. No me quedaba de otra más que aceptar.

–Dilo rápido.

Sonrió con autosuficiencia antes de hablar.

–Me quedare hasta las nueve y cerrare el lugar, pero, a cambio quiero un par de cosas. Me darás un informe detallado de tu cita con ese chico –dijo sonriendo de oreja a oreja– Y me dejaras irme temprano el día de navidad.

Crucé los brazos sobre mi pecho y analicé las opciones un momento.

–Entiendo el que quieras saber de mi cita, pero… –fruncí la boca un poco mirándola de pies a cabeza– ¿Para qué quieres salir temprano en navidad?

Ella tomó un mechón de su cabello y lo enredó en su dedo índice.

–Cosas de adultos.

Solté una sonora risa burlona, su rostro tomó una expresión de pura indignación.

–Como si tú hicieras cosas de adultos –le dije sin dejar de reír.

Frunció el ceño y haciendo bolita el trapo que estaba en su mandil me lo aventó directo a la cabeza.

– ¡Tú que sabes!

Me quité el trapo de la cabeza y seguí riendo por un par de minutos más. Ella había tomado una pose digna de una persona indignada y molesta.

–Dime la verdad y te dejare irte temprano ese día.

Arrugó la nariz mientras tronaba sus dedos nerviosamente. La miré enarcando una ceja esperando a que dijera algo.

–Tengo una cita –contestó bajito– Así que quiero estar lista desde temprano.

Recargué los codos en el mostrador y mi cabeza en mis manos para verla de nuevo durante un rato.

–¿Dónde lo conociste?

Volvió a tronar los dedos.

–Es amigo de una amiga.

– ¿Una cita a ciegas? –arrugué la nariz y fruncí la boca– No vayas, puede ser peligroso.

Me miró enarcando una ceja mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

– ¿Ahora te preocupas por mi? Tú eres el que hoy va a tener una cita con un tipo que no conoce. ¿Cómo sabes que no es asesino serial?

– ¿En serio crees que ese chico podría ser un asesino?

Elevó los hombros y cerró los ojos en una clara expresión de que no sabía, o que no quería responder.

–A veces las apariencias engañan. Estaré bien, así que en navidad me iré temprano a casa.

Se dio la vuelta y recargó los codos y parte de su cuerpo en el mostrador. Miró hacia el techo y comenzó a tararear una canción.

–Bien –dije dándome por vencido– Pero asegúrate de enviar un remplazo para tu puesto si eres asesinada.

Soltó una risa burlona. Hoy no había mucha gente, apenas dos mesas estaban ocupadas. En una mesa había una chica leyendo un libro y en otra, dos chicas platicaban cosas triviales mientras comían. Giré el cuello y miré la hora en el reloj. Alexander estaba atrasado por cuarenta minutos.

– ¿A qué hora lo citaste? –preguntó ella. Su tono era como si no quisiera darle importancia.

–Hace cuarenta minutos.

Fue su turno de torcer el cuello para mirar el reloj.

– ¿A las tres?

Asentí con la cabeza mirando hacía el ventanal. Incluso había pocas personas en la calle.

– ¿Por qué no lo llamas?

–No tengo su número –torcí la boca mirando como un carro se estacionaba frente al ventanal– Mary, ve a decirle a ese idiota que no puede estacionarse ahí.

Mary miró por el ventanal y volvió a elevar los hombros.

–Si en diez minutos aun no se va iré a gritarle un par de cosas.

Sonreí y comencé a cantar una canción en mi cabeza mientras veía cada par de minutos el reloj para después volver a mirar hacia el ventanal. ¿Por qué Alexander tardaba tanto en llegar? Suspiré mientras agachaba la cabeza. Ayer no parecía lo suficientemente disgustado como para no venir. Mary miraba de vez en cuando el auto afuera del lugar, el conductor aún estaba dentro del automóvil. Parecía dispuesta a arrancarle la cabeza si no se movía.

Mary esperó un par de minutos más mientras veía el carro desde dentro con los brazos cruzados sobre en el pecho. Giró y torció un poco la cabeza para ver el reloj. Sonrío de oreja a oreja y me miró por unos segundos antes de guiñarme un ojo. Le sonreí también. Ella estaba a punto de ir a gritarle un par de cosas al dueño del carro. Se arregló un poco el cabello y salió del local. Por el ventanal pude ver que tocaba el cristal de la ventana del auto y cuando este descendió empezó a gritar varias cosas.

Unos minutos después el vehículo arrancó y se cambió de lugar. Sonreí satisfecho, desde dentro se podía ver que Mary también estaba orgullosa de sí misma. Miré el reloj de nuevo. Alexander estaba aún más atrasado. Bufé y suspiré por unos segundos antes de patear la parte baja del mostrador. Estaba enojado. Cuando Mary regresó yo aún pateaba el mostrador. Ella sonreía de oreja a oreja. No sabía si era porque logró que el auto se fuera o por otra cosa.

– ¡Hey! –me gritó agitando las manos– Creo que te gustaría quitarte el mandil y salir un rato.

Ladeé la cabeza y enarqué una ceja.

– ¿Por qué?

Elevó los hombros y negó con la cabeza.

– Cierto chico de ojos azules parece debatirse si entrar o no, pensé que te interesaría ya que te gustan los pelinegros de ojos azules.

Me quité el mandil y lo aventé al suelo. Saqué una chaqueta de debajo del mostrador y me dirigí a la puerta. Pude escuchar una pequeña risa de parte de Mary. Ni siquiera le presté atención, abrí la puerta y salí lo más rápido que pude. Miré a ambos lados de la calle antes de verlo. Estaba recargado en la pared al lado de la puerta, mientras se mordía un poco la uña de su dedo índice. Tenía un abrigo negro que le llegaba a las rodillas y una gruesa bufanda enredada en el cuello. Sonreí y me acerqué a él.

–Llegas tarde–alzó la mirada y me miró con ojos abiertos como platos– Una hora y cinco minutos tarde para ser exactos.

–Estaba a punto de entrar.

–Claro –le sonreí de oreja a oreja– ¿A dónde iremos?

Frunció el ceño y miró el piso arrugando la nariz.

–Tú me invitaste.

–Es cierto que te invite –acepté jalando un mechón de mi cabello– Pero si por mi fuera te llevaría a un lugar sin gente y te besaría, pero como se que ahora mismo no quieres eso te estoy dando a elegir.

Sus mejillas se tornaron rojas, trató de subirse un poco la bufanda para cubrirlas

–Hay un concierto de una banda que me gusta, podríamos ir.

Lo pensé por unos segundos antes de contestar.

–No creo que podamos hablar mucho en un concierto.

Elevó los hombros y miró hacia la carretera.

–Vayamos a un parque después del concierto –le sugerí

Me miró con el ceño un poco fruncido.

– ¿Y si es muy tarde cuando salgamos?

–Yo te cuidare –le sonreí de oreja a oreja– ¿Queda lejos el lugar?

Negó con la cabeza, me miró y con la cabeza señaló el lugar por donde debíamos ir. Metí las manos en las bolsas de mi chaqueta y comenzamos a caminar.

– ¿Qué tipo de música toca la banda que te gusta?

–Rock.

Sonreí, al menos no escucharía música que no me agradara. Caminamos un par de calles en silencio hasta llegar a lo que parecía ser un bar, había al menos unas quince personas formadas para poder entrar. Alexander me jaló de la ropa y me hizo apresurarme para formarnos en la fila. Enseguida dos chicas se posicionaron detrás de nosotros en la fila.

– ¿No necesitamos boletos?

Alexander negó con la cabeza para después dar unos pequeños y suaves golpecitos a la bolsa de su abrigo.

–Yo ya tengo boletos.

–Así que todo esto ya estaba planeado.

Se sonrojó y miró hacia el lado contrario de donde yo estaba.

–No te creas tan especial –gruñó entre dientes.

–Entonces, en lo que esperamos, ¿Qué te parece si comenzamos a contarnos secretos?

Volteó a verme enarcando una ceja.

– ¿En serio?

–Es la mejor forma de pasar el tiempo –contesté elevando los hombros– Por ejemplo, tengo un gato.

–Yo también tengo uno.

Le sonreí y él apenas y esbozó un amago de sonrisa.

-Se llama Presidente Miau.

– ¿Quién le pone un nombre tan ridículo a su gato?

Fruncí el ceño.

–Es el mejor nombre que un gato pueda tener, el mismo lo eligió –me miró enarcando una ceja de nuevo– Además, apuesto a que tu gato tiene un nombre peor.

Torció la boca y cruzó los brazos sobre su pecho. Sonreí de oreja a oreja.

– ¿Cómo se llama tu gato?

Me miró de reojo y frunció un poco más la boca. Murmuró algo que no alcancé a escuchar, le di una señal para que lo repitiera de nuevo. Bufó molesto y se acomodó el abrigo.

–Iglesia.

Solté una leve risa.

–Es mucho mejor que Presidente Miau.

–Lo dudo.

Me miró arrugando la nariz.

–Mi gato le patearía el trasero al tuyo.

–Dudo que eso pase –me miró frunciendo un poco más el ceño– Los gatos no tienden a dar patadas.

Dejó de fruncir el ceño, no tuvo expresión alguna en el rostro por algunos segundos para después soltar una sonora risa. Sonreí. La fila empezó a moverse y Alexander me jaló mientras aún soltaba una ligera risa.

–Será mejor no ir hasta el frente –me dijo aún jalándome– Tienden a ser unos salvajes y llega a doler.

Reí un poco. Entramos al lugar. Había una luz muy tenue pero aun así no tenía problemas para ver. Alexander me jaló hasta quedar en un lugar adecuado. Ni muy lejos ni muy cerca del escenario. La gente comenzó a llenar el lugar demasiado rápido.

–Estamos muy pegados para ser la primera cita –le susurré en el oído mientras las personas se empujaban un poco para tener algo más de espacio.

Alexander tosió levemente. Se quitó la bufanda y se abrió el abrigo. Empezaba a hacer calor en el lugar y la nueva gente que llegaba hacia que todo el ambiente se volviera más bochornoso. Cuatro tipos subieron al escenario, se presentaron y las guitarras empezaron a sonar, unos segundos después la batería y el bajo les acompañaba. Miré a Alexander, parecía realmente feliz. La voz del cantante empezó y los instrumentos lo complementaban perfectamente.

La gente había empezado a corear las canciones y algunos a saltar y empujarse provocando que yo me pegara más a Alexander. La canción que tocaban en ese momento acabó. El cantante dijo un par de cosas sobre la siguiente canción. Unas chicas empezaron a gritar muy agudamente detrás de nosotros. Alexander se llevó las manos a los oídos y miró a las chicas frunciendo el ceño. Me giré un poco y le solté una patada a una de las chicas chillonas. Me gané una sonrisa de parte de mi acompañante. Las guitarras volvieron a sonar.

¡Dance, dance! –gritó el bajista y las personas empezaron a gritar.

La canción hablaba sobre las oportunidades y algo sobre una sola noche, no sabía exactamente. Alexander cerró los ojos mientras bailaba y movía la cabeza un poco al ritmo de la música, su cabello estaba un poco pegado en su nuca por el sudor. Vi sus labios moverse al mismo tiempo que el vocalista cantaba. Me mordí los labios un poco. Una de las chicas que estaban detrás de nosotros volvió a chillar y gritarle cosas de amor al bajista. Volví la mirada al escenario. Todos ahí parecían darlo todo.

Amor- cantó el guitarrista casi deletreándolo.

Tomé a Alexander por los hombros, él abrió los ojos rápidamente y me miró expectante, lo obligué a caminar hacia atrás chocando con un par de personas que gruñeron por el contacto. Lo pegué a la pared y antes de que pudiera empezar a insultarme me acerqué a él y rudamente lo besé en los labios. Soltó un quejido de sorpresa. Mordí su labio inferior y él abrió la boca mientras yo aproveché y metí mi lengua en busca de la suya. Recibí un par de leves golpes en el estomago.

Me separé de él y lo miré a los ojos pero él tenía la vista en mis labios. Sonreí. En ese momento sonaban solamente las guitarras. Me acerqué a él más lentamente que la primera vez y volví a besarlo. Esta vez abrió la boca sin que yo se lo pidiera y enredó su lengua con la mía. Lo tomé por la nuca y profundicé un poco más nuestro beso. Con la rodilla separé sus piernas y me acomodé pegándolo un poco más a la pared. Jaló de mi ropa y me pegó todo lo que pudo a su cuerpo. La gente seguía gritando y cantando a nuestro alrededor.

Succioné su lengua y apenas y pude escuchar un quejido suyo que era opacado por la música. Mordí su lengua y enseguida su labio inferior antes de separarme apenas por unos milímetros de él. La voz aguda del cantante invadió todo el lugar y la intensidad de las luces descendió hasta estar casi en la obscuridad. Alexander me jaló por la nuca y me besó sin abrir los labios. Puse mis manos en su cintura y moví mis labios contra los suyos. Una persona me empujó levemente y el contacto entre nosotros se rompió.

Aún en la oscuridad pude ver sus ojos azules brillar. Acerqué mi boca a su oreja y mordí un poco su lóbulo, segundos después baje un poco la cabeza y mordí levemente su cuello. Soltó un ahogado gemido en mi oreja. Las luces volvieron a ser aceptables para la vista y Alexander me empujó para que dejara de estar sobre él. Choqué contra una persona que me empujó de nuevo hacia él, puse mis brazos sobre su cabeza en la pared para evitar golpearle. Me miró mordiéndose los labios.

–Vámonos –gritó para que su voz apenas y se escuchara.

Nos abrimos paso entre la gente a empujones y salimos del lugar casi sin aliento. Aún afuera las voces y gritos se seguían escuchando, pero el cambio era obvio. Los oídos me zumbaban un poco y el cambio brusco de temperatura hizo que deseara tener algo más que una chaqueta. Alexander se cerró el abrigó y se enredó la bufanda en el cuello. Tenía envidia de su abrigo y de su bufanda, parecían tibios y acogedores.

– ¿Quieres comer algo? –le pregunté viendo hacia el cielo.

Ya estaba obscureciendo.

– ¿No querías ir al parque? –me preguntó sin mirarme.

–Podríamos comprar comida que no sea necesario comerla sentado.

Soltó una leve risa y se metió las manos a los bolsillos de su abrigo. Nos miramos por un momento. Tenía las mejillas rojas, al igual que sus labios.

–Con tal de que no sean hot dogs o pizza –dijo jalándome de la ropa para que empezara a caminar.

– ¿Qué tienes contra ellos? –pregunté buscando una tienda cercana.

–La carne de las salchichas es de dudosa procedencia así que no me fío de esa comida, y la pizza me tiene harto desde hace poco.

Me llevé un dedo a los labios como si estuviera pensando mucho las cosas.

– ¿Qué tal un café?

– ¿No te cansas del café a pesar de trabajar en una cafetería?

Elevé los hombros para después negar con la cabeza.

–Siempre me ha gustado el café y me agrada mi trabajo, así que, ¿Vamos por un café?

Me miró por unos momentos como si estuviera decidiendo si golpearme o no. Suspiró y se encogió un poco antes de asentir con la cabeza. Lo jalé del brazo y lo obligué a caminar rápidamente a una cafetería que había visto apenas a una calle. Gruñó levemente tratando de que lo soltara. Entramos a la cafetería mientras aún lo seguía jalando. Una chica en el mostrador nos recibió con una sonrisa.

–Te gusta el cappuccino ¿No? –le pregunté mirándolo mientras él solo asentía con la cabeza– Dos, por favor.

La chica asintió entendiendo enseguida.

– ¿Cómo sabes lo del cappuccino?

Me encogí de hombros.

–Secretos de baristas.

–Hablas como si hacer café fuera un arte –me dijo gruñendo mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

–Es un arte. ¿Acaso tu puedes hacer un cappuccino con la suficiente espuma como para que la cuarta parte de…

–Ya –me cortó alzando un par de dedos– Me retracto.

Sonreí satisfecho, la chica tardó un par de minutos en darnos nuestras bebidas. Le di el dinero y le sonreí ganándome una sonrisa de su parte. Me dio mi recibo, mi cambio y una servilleta con algo grabado. Tomé mi vaso de bebida y le di el suyo a Alexander. Salimos de la tienda. Afuera el clima se estaba volviendo más frío. Agradecí tener el vaso caliente entre mis manos para que no se congelaran.

–Le gustaste a esa chica –comentó Alexander calentado sus manos con el vaso.

–Tiende a pasar –le dije tratando de probar el café– Soy lo suficientemente guapo.

Bufó y comenzó a caminar soltando un insulto hacia mi persona. Caminamos por un buen rato sin hablar, hasta que llegamos al parque. No había mucha gente y estaba obscureciendo cada vez más. El frío también estaba aumentando. Alexander se fue a sentar en una banca cercana que estaba sola, lo seguí y me senté a su lado dándole otro trago a mi bebida.

–Entonces –dije sin mirarlo– Te dieron celos por culpa de la chica.

Tosió un poco y miró al lado contrario de donde yo me encontraba.

–Puras ilusiones tuyas –me dijo dándole un sorbo a su café.

Me recargué en el respaldo y tomé un largo trago del café.

–No parecían ilusiones.

–Lo son.

Me encogí de hombros y miré a las pocas personas que pasaban. Había un perro a unos metros buscando cosas entre la basura y una pareja de ancianos caminaba lentamente en dirección contraria a la que habíamos llegado. Suspiré y dejé el vaso sobre la banca mientras frotaba y soplaba mis manos para después ponerlas sobre mi cara que parecía estar congelándose. Alexander me miró de reojo sin dejar de darle tragos a su bebida.

–Fuiste muy idiota al salir sin bufanda o algo más abrigador que esa chaqueta.

Solté una pequeña risa, eso era justamente lo que estaba pensando en ese momento. Me miró un rato mas, dejo el vaso en la banca, se quitó la bufanda y me la enredó en el cuello rápidamente. Lo miré ladeando la cabeza.

–Ni una palabra –advirtió tomando su café de nuevo– Lo hice para que no te mueras de frío y me acusen de asesinato.

Sonreí y me acerqué a él, me quité la bufanda y antes de que pudiera decirme algo pasé el pedazo de tela por su cuello y después por el mío, le hice un pequeño nudo y quedamos demasiado juntos. Miró el nudo de la bufanda y después mis ojos con una expresión de sorpresa en su rostro.

– ¿Por qué haces algo como esto?

Hice un mohín e ignoré su pregunta. Tomé mi café y le di un largo trago. Fue como si el líquido me calentara los intestinos, que seguramente, también estaban fríos, tal vez se estaban congelando y por eso el frío no se iba. Alexander me dio un golpe en el estomago mientras le daba un tragó a su bebida. Tenía las mejillas totalmente rojas.

– ¿Qué te dije sobre sonrojarte de esa forma?

Me miró enarcando un ceja, segundos después pareció recordar todo, agachó la cabeza y alborotó su cabello para que cubriera un poco su rostro. Jalé su rostro por el mentón para obligarlo a verlo.

–Realmente quiero besarte –le dije acercándome un poco a sus labios.

Quitó mi mano de su mentón y movió la cabeza para que no me fuera posible besarlo.

–¿Así les hablas a todas tus conquistas?

–No –miré el cielo por unos momentos antes de seguir– A la mayoría solo les digo un montón cosas bonitas por un rato y a las horas los tengo en la cama gimiendo mi nombre.

Frunció el ceño molesto y arrugó la nariz.

–Intenta con alguien más entonces, yo no voy a caer como todos esos.

Sonreí y le di el ultimo tragó al café, jugué con el vaso un momento antes de aventarlo al bote de basura que estaba más cerca sin pararme.

–Lo sé, tú no eres como todos los demás –me miró enarcando una ceja– Tú eres mucho más difícil.

–Deberías buscarte a alguien más –me dijo sin mirarme– No voy a caer en tus juegos y mucho menos me tendrás en tu cama gimiendo tu nombre.

Iba a decir algo pero me miró con el ceño fruncido y una mirada de molestia absoluta.

–Lárgate a jugar con alguien más.

Le sonreí y acaricié su cabello.

–Si solo quisiera jugar ya me hubiera ido desde que te besé –esta vez sus mejillas no se colorearon– Aunque la idea de tenerte en mi cama gimiendo no me desagrada eso no es lo que quiero contigo. Quiero algo más, mucho mejor que eso.

– ¿Qué? –preguntó como si le diera igual lo que yo dijera.

–A ti.

Enarcó una ceja y torció la boca como si mi respuesta hubiera sido horrible.

–Te quiero completamente para mí, que seas totalmente mío, en todos los sentidos.

–Es la cosa más cursi y cliché que he escuchado –solté una risa– Eres un completo mujeriego ¿Cierto? Al principio decías puras cosas de mis ojos y ahora dices cosas sobre pertenecerte…

–Al principio solo había visto tus ojos los cuales me encantaron, hace unos momentos te besé y quiero que seas mío.

Suspiró y desvió la mirada, al igual que yo aventó su vaso de café vacío al bote cercano.

–A ti te gustaron los besos tanto como a mí –dije lamiéndome los labios.

Me miró retadoramente, sonreí y tomando su mentón con una mano me acerqué y le di un beso en los labios. Soltó un quejido de molestia y cortó el beso moviendo la cabeza hacia el lado contrario.

– ¡Eres imposible!

Solté y risa y jalándolo del abrigo lo obligué a acercarse a mí.

–Sal conmigo.

–No –me contestó enseguida.

– ¿Por qué no?

–Lo único que quieres es alguien con quien divertirte y yo no voy a ser tu juguete.

– ¿Cuántas veces debo decirte que quiero algo más?

Se encogió de hombros un poco cerrando los ojos.

–Puedes decir todo lo que quieras, no voy a aceptar salir contigo.

Torcí la boca mirándolo a los ojos, él me devolvía la mirada sin dudar. El frío parecía haber llegado a su punto máximo y aún así no había rastro alguno de nieve. El cielo estaba completamente obscuro.

–Pruébame por una semana, sal conmigo por una semana como prueba, si aún así no quieres estar conmigo al final, te dejare en paz.

Bufó y miró hacia otro lado.

–Eso también es muy cursi y cliché.

Le sonreí y acaricié su mejilla.

– ¿Por favor?

Soltó un largo suspiró. Torció la boca varias veces en unos segundos antes de volver a mirarme.

–Una semana solamente y en cuanto se termine me dejaras en paz. ¿De acuerdo?

–Lo prometo –dije asintiendo con la cabeza.

Soltó un nuevo suspiro y sacó su celular para ver la hora. Frunció un poco el ceño al ver la pantalla desbloqueada con la hora en el centro. Tomé el celular y antes de que pudiera decir algo más besé sus labios sin mucha fuerza. Soltó un quejido de disgusto. Sonreí aún mientras lo besaba antes de hacerme un poco hacia atrás para terminar con el contacto. Me tomó por el cuello y me jaló hacia él, profundizando el beso. Lamí su labio inferior para después mordisquearlo.

Abrió un poco la boca y su lengua buscó la mía casi al instante. Jalándolo por la cintura lo acerqué un poco más a mí. Succionó mi lengua mientras la mano que no estaba de su cintura acariciaba un poco su cabello. Mordí su lengua y él soltó un quejido ahogado. Su lengua y la mía volvieron a entrelazarse. Solté un ligero gemido ahogado. Alexander enredó sus brazos en mi cuello y quedamos completamente juntos. Podría decirse que si moría en ese mismo instante no me importaría.

Alexander se separó levemente de mí mientras tomaba todo el aire que podía. Dejé pequeños besos en sus mejillas antes de volver a besar sus labios. Sus brazos seguían alrededor de mi cuello mientras sus dedos se hundían en mi cabello. Seguramente mí peinado ya estaba arruinado. Me separé de él un poco para poder besarle la oreja, mordí su lóbulo y soltó un levé quejido en mi oreja antes de morderme el también la oreja.

–Tengo que ir a casa –susurró en mi oído.

Me separé de él y lo miré mientras le acariciaba las mejillas.

–Solo un par de besos más.

Frunció los labios y el ceño.

–Ahora, Magnus.

Bufé y volví a besarle, jaló mi cabello para que me detuviera.

–Matas todo el clima romántico, Alexander.

Me miró sonriendo de lado.

–Justamente eso es lo que quiero hacer.

Fruncí el ceño y me acerqué para después atrapar su labio inferior con mis dientes, lo mordí con un poco mas de fuerza de la necesaria. Quitó sus brazos de mi cuello y se llevó las manos a la boca.

– ¿Vendrás mañana al café?

– No –contestó frunciendo el ceño.

–Por favor.

Bufó molesto y sacando la cabeza de la unión que teníamos con la bufanda se levantó rápidamente.

–Mi casa está cerca así que me iré solo.

–¿Qué tan cerca? –pregunté alzando una ceja.

–Tres cuadras, casi cuatro.

–Demasiado lejos, te acompañare.

Me miró bufando y frunciendo el ceño. Me levanté y lo jalé por la cintura acercándolo a mí. Frunció tanto el ceño que se le formó una arruga en la frente. Le di un leve beso en los labios antes de soltarlo. Me saqué la bufanda para ponérsela.

–Quédatela –dijo rápidamente– Podrías morir de frío si empieza a nevar.

Miré el cielo torciendo la boca.

–No creo que caiga nieve ahora, aunque me encantaría que pasara.

Movió la mano quitándole importancia a mis palabras.

–Me largo, será mejor que hagas lo mismo.

Dio media vuelta y comenzó a caminar, saqué su celular de la bolsa de mi pantalón y me llamé a mi mismo para después guardar mi número en su agenda de contactos. Alexander no caminaba muy rápido así que con correr un poco pude llegar hasta él. Me puse frente a él y le tendí el celular. Abrió los ojos como platos y me lo quitó rápidamente para guardarlo en abrigo.

– ¿Me llamaras?

–No tengo tu número.

–Hmm, entonces tendré que llamarte yo.

Sonrío de lado y cruzó los brazos sobre su pecho. Elevé los hombros y lo jalé de la ropa.

–Espera mi llamada con ansias –le dije antes de besarlo de nuevo.

Escuché su quejido de disgusto antes de que me jalara el cabello y respondiera el beso. Sus labios estaban tibios y sus mejillas estaban frías. Su lengua era caliente al igual que la mía. Mordió mi lengua y un montón de sensaciones recorrieron mi cuerpo. Que importaba si aún no nevaba, podía morir en ese instante y sería absolutamente feliz.


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Lamento no poder contestar review ahora. .w. Estoy apurada. Espero les haya gustado. Solo esperen por el siguiente.

Dudas, aclaraciones o felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review me harán muy feliz.

MUCHAS GRACIAS POR LEER