Hola! lo se, es tarde y todo eso. Tenía el capitulo casi terminado, entonces me fui a hacer un café y mientras pensaba en la inmortalidad del cangrejo, me di cuenta que la historia no estaba tomando el curso que yo quería asi que, CHAN CHAN CHAN lo borré todo y escribí de nuevo. Quedé un poco mas satisfecha con esto. Espero les guste.

Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes no me pertenecen, son todos obra de Cassandra Clare. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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24/12

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Ayer solo había caído aguanieve.

Empezaba a odiar la maldita aguanieve. Alexander se había ido justo cuando esta había empezado a caer. Lo había visto irse y después fui a la cafetería donde Mary me recibió a golpes por dejarla sola. Había terminado golpeado y con un fuerte dolor de cabeza, aparte de que la maldita nieve no se dignaba a caer. Me fui a dormir enojado, dejando las cortinas de la ventana abiertas por si acaso empezaba a nevar.

Presidente Miau llegó en la mañana. Se subió a la cama mientras maullaba felizmente. Lo empujé para que me dejara dormir en paz, no tenía ganas de que me restregara en la cara que él si había visto la nieve caer la otra noche. Volvió a subirse a la cama y comenzó a mordisquearme el brazo y a tratar de arañarme la cama. Logró su cometido. Me levanté y me fui directo a la cocina para darle algo de comer.

–Eres un egoísta –le dije mientras se subía a la mesa y esperaba pacientemente su comida– Despertarme de esa forma cuando sabes que me gusta dormir.

Dejé el plato de comida sobre la mesa y dando un maullido ahogado comenzó a comer. Le acaricié un poco las orejas y miré el reloj que había en la pared frente a mí. Abrí los ojos como platos.

– ¡Presidente Miau! –le grité enojado– ¡Son las ocho de la mañana! ¡¿Qué estabas pensando al despertarme tan temprano?!

Siguió comiendo sin prestarme atención. Bufé ofendido y le jalé un poco las orejas. Me preparé un café y me fui a la habitación. Encendí la televisión y me eché sobre la cama. En las noticias hablaban sobre cosas aburridas, pronosticaron que empezaría a nevar por la tarde. Sonreí y cambié el canal de televisión. Cambié los canales rápidamente, paré en un canal de música. Miré el video musical que había en el momento tomando pequeños sorbos del café.

Busqué mi celular entré las sabanas, lo encontré justo antes de que cayera de la cama. Lo desbloqueé y miré la hora. Solté un suspiro y presté atención de nuevo a la televisión. Presidente Miau me las pagaría por atreverse a levantarme tan temprano. El video musical terminó y un chico apareció en la pantalla hablando sobre una banda de pop. Suspiré de nuevo para volver a mirar el celular, tal vez Alexander estaba despierto. Parecía alguien que se levantaba temprano.

Me incorporé un poco y dejé la taza de café, a medio terminar, en el suelo. Tomé el celular y abrí los mensajes pensando en que decirle a estas horas. Lo pensé por unos segundos. Tal vez podría preguntarle si quería algo para navidad. Era temprano, podría salir y comprarle algo. Tal vez podría verlo. Un video musical de una banda de rock empezó, fruncí el ceño, con ese ruido no podía pensar. Viendo la pantalla recordé lo que Alexander me había dicho ayer.

– ¡Bingo! –grité levantándome bruscamente de la cama tirando la taza de café– Mierda.

Me alejé antes de que el líquido pudiera tocar mis pies. Busqué una toalla y corrí al baño para ducharme. Después me encargaría de limpiar el desastre en el cuarto. No tardé más de diez minutos en bañarme, salí rápidamente hacia el cuarto y busqué algo para ponerme. Presidente Miau llegó al lugar relamiéndose los bigotes. Miró el charco de café, se sentó frente a este y después de olerlo me miró como si estuviera enojado.

–Después lo limpio –le dije poniéndome un pantalón de mezclilla.

Maulló como si me reclamara algo.

–Bien, tal vez no lo limpie –terminé de ponerme el pantalón y corrí para ponerme un par de zapatos– Tal vez lo deje ahí hasta que se seque solo.

Volvió a maullar, comenzaba a reprocharme algo. Me acerqué y recogí la taza, fui a dejarla al lavatrastos y regresé a la habitación bufando.

– ¿Contento?

Comencé a buscar una playera, me la puse despeinando un poco más mi cabello en el acto. Volteé a mirar a Presidente Miau, me miraba enojado. Bufé y me tallé un poco la cara.

–Ahora no tengo tiempo, Presi –dije yendo al baño.

Lo escuché maullar reprochándome que hubiera tirado el café en la parte donde le gustaba estar acostado. Me peiné un poco el cabello y volví a la habitación. Tomé mi billetera, mi celular y las llaves y metí todo a los bolsillos de mi pantalón.

–Tengamos un trato –le dije poniéndome un abrigo y enredando una bufanda en mi cuello –Puedes dormir hoy en mi cama, todo lo que quieras, no me importara que dejes pelos.

Soltó un maullido, se levantó y dando un salto se subió a mi cama. Dio un par de vueltas antes de encontrar una buena posición y acostarse. Bufé y apagué la televisión. Acaricié levemente el pelaje de Presidente Miau y salí del departamento cerrando la puerta con llave. Mi vecino de la parte de abajo estaba saliendo de su casa. Bajé las escaleras casi corriendo y tratando de esquivarlo salí del lugar. Afuera el frío me pegó de lleno en la cara. Metí instintivamente las manos a los bolsillos.

Miré hacia ambos lados de la calle. Si iba a la izquierda era menos probable que encontrara lo que quería. Di media vuelta y comencé a caminar hacia la derecha. El aire frío helaba mis mejillas y mis labios. Tal vez debí de haber salido con algo más que solo un maldito abrigo y una bufanda. Saqué mi celular y miré la hora, apenas iban a ser las nueve. Tal vez Alexander ya estaría despierto. Abrí los mensajes y comencé a redactar uno, lo envié y guarde de nuevo el celular.

"Quiero verte hoy.

Magnus"

Seguí caminando a paso rápido por unos veinte minutos, si dejaba de caminar empezaba a darme frío. Cuando llegué al lugar deseado sonreí de oreja a oreja. Crucé la calle sin mirar realmente si había un auto. Escuché un claxon sonar después de que llegué a salvo a la banqueta. Miré los posters que había fuera del local y después de ver que no había interesante me adentré al lugar. El clima dentro era totalmente diferente. Era cálido. Sonreí contento y miré todos los estantes. Me adentré a la sección de rock.

Cuando iba pasando por el mostrador una chica rubia de ojos verdes me saludo y me preguntó si necesitaba algo. Negué con la cabeza mientras comenzaba a acercarme al estante indicado y buscaba con los ojos los discos adecuados. Entonces lo vi, el nombre de la banda que buscaba. Me acerqué y busqué todos los discos disponibles. Había solo tres álbumes diferentes. Y parecían ser de los pocos que quedaban. Los tomé todos repitiendo un álbum que era el único que quedaba. Me acerqué a la caja donde estaba la chica rubia.

– ¿Encontraste todo lo que buscabas, guapo?

La miré con una sonrisa de oreja a oreja mientras asentía y le entregaba los discos.

–Buena elección.

Empezó a quitarles el plástico de seguridad y a registrarlos en la computadora frente a ella. Le sonreí mientras veía como introducía un par de datos. Metió todos los discos en una bolsa y los puso sobre el mostrador mientras me decía el precio. Saqué mi tarjeta de crédito de la billetera y se la di. Me sonrió sujetándola mientras me acariciaba un poco la mano.

– ¿Por qué tantos discos? –me preguntó curiosa– ¿Piensas revenderlos?

Solté una pequeña risa mientras ponía mi firma en el aparato que me dio.

–Es un regalo.

Alzó una ceja curiosa mientras esperaba a que se hiciera el cargo a la tarjeta.

– ¿Un regalo?

Asentí con la cabeza.

–Un regalo para mi novio.

Agachó la vista mientras torcía la boca un poco. Me entregó mi tarjeta y mi recibo.

–Feliz navidad –le dije sonriéndole y tomando la bolsa de discos.

La escuché bufar y salí del lugar sin dejar de sonreír. Saqué el celular de mi bolsillo. Tenía un mensaje de Alexander. Sonreí y lo abrí comenzando a caminar.

"Hoy no puedo.

Alec"

Fruncí el ceño y comencé a escribirle la respuesta. La envié y me guardé el celular de nuevo en el bolsillo.

"Solo un momento, por favor.

Magnus"

Busqué una tienda de regalos, entré y busqué alguna bolsa de regalo que fuera digna de Alexander. Encontré una azul con pequeños detalles en color morado. Se veía bien, la tomé y la compré. Antes de que pudiera meter los discos en la nueva bolsa mi celular volvió a sonar. Tomé las cosas en un mueble que había en la tienda y saqué el celular.

"No creo poder.

Alec"

Fruncí un poco el ceño y cambié los discos que eran para Alexander a la bolsa de regalos. Acomodé las bolsa en mis manos y salí del lugar dándole de nuevo las gracias a la dependienta. En cuanto salí oprimí el botón correspondiente para llamarlo. Puse el celular sobre mi oreja y comencé a caminar.

¿Hola?

La voz de Alexander sonaba adorable por el teléfono.

– En el parque de la otra vez en media hora ¿De acuerdo?

Lo escuché tartamudear un par de cosas inaudibles antes de que me respondiera.

No creo que me dejen ir, aunque sea por un momento, mi hermana parece obsesionada con que todo esté perfecto y quiere que la ayude a cocinar el pavo.

–Escápate –sugerí con una sonrisa en la boca.

Él bufó molesto.

Como si eso fuese tan fácil. Ella terminará quemando el pavo y me echará a mí la culpa.

–Por favor –insistí– Por favor, Alexander. Como regalo de navidad para tu novio.

Al parecer Alexander se había atragantado con algo porque ahora lo escuchaba toser algo fuerte a través del teléfono.

Deja de repetir esa palabra.

Bufé un poco antes de contestar.

– ¿Vendrás?

No sé si…

–Te estaré esperando –le corté rápidamente– Tú decides.

Magnus…

-Te esperaré, tú solo asegúrate de llegar a la banca donde nos besamos la vez pasada.

Y antes de que siquiera pudiera contestarme, corté la llamada. Sonreí mirando el teléfono antes de guardarlo de nuevo. Di media vuelta y me encaminé hacia el parque de la vez pasada. Si lo recordaba bien podría llegar sin perderme en un par de minutos, tal vez diez a lo máximo. Caminé mirando de vez en cuando a la gente que se me cruzaba en el camino. Parecían, al igual que yo hace un rato, preocupados por comprar el regalo correcto.

Compré un café en el camino, no quería que mi estomago siguiera pidiendo algo de comida. Cuando llegué al parque miré alrededor en busca de Alexander pero no logré encontrarlo. Suspiré y busqué una banca desocupada, la gente parecía querer estar hoy en el parque cuando deberían estar en casa refugiándose del frío. Terminé sentándome junto a una pareja que se comía, literalmente, a besos.

Miré a todas las personas que pasaban y, de vez en cuando, alzaba la cabeza por sobre los arbustos para saber si Alexander estaba cerca. Me terminé mi café y él aún no llegaba. También comenzaba a hartarme de la pareja que estaba a mi lado que no paraba de besarse, seguramente terminarían con los labios extremadamente hinchados. Me levanté y saqué mi celular viendo la hora. Llevaba casi una hora esperando al pelinegro.

Comencé a tararear una canción mientras buscaba un bote de basura donde tirar el vaso de café vacío. Aventé el recipiente dentro del bote y paseé la mirada a mí alrededor. Entonces lo vi, venía casi corriendo y mirando a todos lados un poco impaciente mientras se mordía los labios. Sonreí y alcé una mano agitándola en el aire. Tardó un par de segundos en verme, se detuvo un momento y entrecerró los ojos un poco para asegurarse que era yo, cuando estuvo confiando retomó el camino.

–Lo lamento –dijo agachando un poco la cabeza– Mi hermana no quería que la dejara hasta haber terminado de ayudarla con la ensalada.

Sonreí de lado. Tenía las mejillas algo coloradas, el cabello, que hasta ahora siempre había visto acomodado, estaba revuelto y le caía un poco sobre los ojos.

– ¿Viniste corriendo?

Bufó y cruzó los brazos sobre el pecho.

–No te creas tan importante.

Solté una pequeña risa y le acaricie una mejilla.

–Tu estado me dice que viniste más que corriendo, probablemente chocaste con alguien.

Se encogió de hombros para después negar un poco con la cabeza.

–Nada importante –dijo agitando la mano– Solo la vieja vecina que adora dejar que sus perros me persigan cuando voy corriendo hacia la escuela.

Fruncí el ceño un poco al escuchar eso pero al instante solté una pequeña risa imaginándome a Alexander en esa situación.

–Supongo que corriste de verdad.

Asintió con la cabeza, me miró a los ojos por un par de minutos antes de sonrojarse y voltear la cabeza hacia otra dirección.

– ¿Qué era tan importante?

–Cierra los ojos –le ordené escondiendo las bolsas detrás de mí.

Torció la boca un poco y frunció el ceño pero al final acató la orden. Saqué la bolsa de detrás de mí y la puse frente a él. Casi pegada a su cara.

–Ábrelos.

Asintió y abrió los ojos, dio un paso hacia atrás un poco asustado por la bolsa frente a él. Bajé un poco la bolsa y se la extendí para que pudiera tomarla.

–Feliz navidad –le dije sonriente.

Parpadeó un par de veces sin decidirse a tomar la bolsa. La balanceé un poco para animarlo a tomarla. Después de un rato la tomó y tímidamente la abrió un poco.

–Aún no es navidad –dijo sin alzar la vista.

–Navidad adelantada.

Soltó una pequeña risa y abrió un poco más la bolsa. De repente sus ojos se abrieron de par en par y metió la mano rápidamente para sacar el contenido. En cuanto sacó los discos los examinó dándoles vuelta un par de veces. Me miró con la boca entreabierta para después mirar los discos. Repitió esa acción un par de veces antes de emitir algún sonido.

– ¿Es en serio?

Asentí con la cabeza y miré los discos.

–En la tienda eran los únicos que quedaban, y aún no conozco bien a esa banda así que no se si sean todos los discos que tienen.

Abrazó los discos contra su pecho y sonrió de oreja a oreja. Su expresión en ese momento, sus ojos brillantes y su sonrisa, todo eso, era lo más hermoso que había visto en mi vida.

–Gracias –murmuró volviendo a examinar los discos.

Le sonreí y acercándome lentamente le di un beso en la mejilla.

–De nada –murmuré separándome de él.

Sus mejillas se volvieron rojas de nuevo. Metió los discos en la bolsa y abrazó ligeramente la bolsa, como si no quisiera despegarse ni un segundo de ella. Me miró y se mordió los labios un poco.

–Debiste decirme que me darías algo.

–¿Por qué? –pregunté enarcando una ceja– ¿Acaso no me compraste un regalo?

Bufó un poco y agachó la mirada.

–Lo dejé en casa, creí que te vería hasta mañana o pasado mañana.

–Podemos ir ahora por el –sugerí sonriéndole.

–No creo que… –torció la boca un poco pensando lo que iba a decir.

– ¿Por favor?

Me miró por un momento y luego miró detrás de él. Analizó y pensó las cosas por un buen rato. Después de un par de minutos se sobó el puente de la nariz y dejó salir un suspiro ahogado.

–Pero será rápido y más te vale no hacer un escándalo –declaró sin titubear.

– ¿A qué te refieres con escándalo?

–Ya sabes –enarqué una ceja ante su contestación– Lo que siempre haces –continuó con voz queda– Pegarme contra algo o jalarme y después besarme por un largo rato. No quiero nada de eso.

Solté una risa burlona y acomodé la bolsa que tenía mi disco.

– ¿Entonces puedo besarte ahora?

Abrió los ojos desmesuradamente y su rostro se volvió rojo de nuevo. Tosió un poco y dio media vuelta.

–Deberíamos apresurarnos.

–Alexander –le llamé sin moverme, él apenas giró un poco la cabeza– Quiero besarte.

Agachó la mirada al instante, miró hacia ambos lados y luego se acercó a mí sin alzar la cabeza. Acomodó la bolsa a un lado suyo y después me miró a los ojos por unos segundos. Sin decir nada, entrecerró los ojos y se acercó a mis labios. Me dio un beso suave. Sonreí dentro del beso, un momento después lo tomé por la cintura y lo acerqué a mí. Lamí su labio inferior y abrí su boca para después acariciar su lengua con la mía. Acarició un poco mi cuello con una mano antes de cortar el beso.

–Sabes a café –susurró sobre mis labios antes de volver a darme un corto beso.

Sonreí y acaricié un poco su cabello. Él se alejó de mí y se revolvió el cabello un poco, acomodó la bolsa en su mano y me miró seriamente con las mejillas aun rojas.

–Ahora deberás mantenerte quieto en mi casa.

Asentí con la cabeza energéticamente. El asintió y comenzó a caminar en la misma dirección en la que llegó. Me posicione a su lado y comencé a caminar mientras tarareaba una canción. Alexander me miraba de vez en cuando para después morderse los labios. Mientras yo estaba feliz, porque le había gustado el regalo que le di, porque me besó en medio de un parque, porque fue él el que inicio el beso y porque realmente me había comprado un obsequio.

Aún cuando no debía de haberme dado nada.

–Magnus –me llamó con voz queda mientras terminábamos de cruzar una calle– Mi familia realmente no sabe nada de ti.

Me encogí de hombros.

– ¿Debería de actuar de alguna forma específica por eso?

Se mordió los labios un poco y negó con la cabeza. Se revolvió el cabello de nuevo.

–Solo se discreto.

–Ósea no besarte, no tocarte de manera atrevida, no decirte cosas vergonzosas, no decirte lo mucho que me gustas, no acariciar tu cabello y cosas así.

Asintió con la cabeza, lo noté relajarse un poco y sonreí de lado por eso. Era casi obvio, por sus reacciones, que sus padres, o cualquiera de su familia, no sabía nada acerca de sus preferencias. Le acaricié un poco la mano mientras caminábamos.

–Seré discreto.

Llegamos a una calle con arboles por ambos lados de la calle, varios autos estacionados junto a la banqueta y varias casas de colores rojizos y blancos. Alexander me jaló un poco de la ropa mientras cruzábamos de nuevo la calle, quedamos frente a una casa de unos tres pisos, de color rojizo con toques marrón, varias ventanas y varios escalones antes de llegar a la puerta. También tenía un pequeño jardín con un par de arbustos y un rosal.

Él subió los escalones y yo lo seguí hasta llegar a la puerta. Sacó una llave de su pantalón y abrió la puerta, se hizo hacia un lado y me dejó entrar primero a la casa. Dentro las paredes eran de color crema y la escalera que quedaba justo enfrente de la puerta era de color blanco. Alexander cerró la puerta y se metió la llave a las bolsas del pantalón. Miró hacía arriba de las escaleras y hacia el pasillo a un lado de estas.

– ¿Alguien en casa? –gritó con algo de extrañeza en su voz.

– ¡En la cocina, Alec!

Escuché el gritó venir desde el fondo del pasillo. Alexander me miró por un momento para después mirar hacia el final del pasillo. Elevó los hombros y soltó un quedo suspiro.

–Supongo que no habrá problema de que conozcas a mi hermana.

Me encogí de hombros mientras le sonreía, me sonrió de vuelta y me jaló ligeramente de la ropa para que lo siguiera. Al final del pasillo había dos puertas, una pegada a la escalera y otra pegada a la pared, Alexander abrió la que estaba pegada a la pared, se metió a lo que era, según yo, el comedor. Lo seguí de cerca mirando fugazmente el lugar. Atravesamos el comedor y entramos a la cocina.

Había una chica frente a la estufa removiendo algo en una olla con una cuchara de palo. Tenía el cabello largo y negro suelto hasta la cintura, unos pantalones ajustados, una playera roja algo ajustada y unas botas negras de tacón alto. Alexander carraspeo un poco y la chica se volteó mirándolo con el ceño fruncido y apuntándole con la cuchara llena de algo rojizo.

– ¡¿Qué?! –gritó enojada, fijó su mirada en mi y bajó la cucharilla para ponerla detrás de su espalda– Hola.

–Hola, Magnus Bane, un placer –le saludé alzando una mano y sonriéndole.

Me sonrió de vuelta al instante. Sus rasgos eran algo parecidos a los de Alexander, solo que ella no tenía los hermosos ojos azules que Alexander poseía.

–Isabelle Lightwood, el placer es mío.

Alexander volvió a carraspear, cruzando los brazos sobre su pecho.

– ¿Dónde están mamá y papá?

–Fueron con Max al supermercado –respondió ella volviendo a remover lo que sea que hubiera en la olla.

– ¿Y te dejaron a cargo de la comida? –preguntó incrédulo– ¿Acaso quieren morir envenenados en noche buena?

Solté una pequeña risa inaudible. Ella se volteó y volvió a señalar a Alexander con la cuchara de madera.

–No tienes derecho a reclamarme, eres un traidor, me dejaste sola cuando se supone que me ayudarías.

– ¿Y por eso planeas asesinar a toda la familia con tu comida?

Traté de reprimir la risa que quería escapar de mi garganta.

–Planeo meterte esta cuchara por lugares insospechables –amenazó meneando la cuchara con violencia.

–Todo fue su culpa –dijo Alexander señalándome.

–¿Mi culpa? –pregunté mirándolo a él y luego a la cuchara que aún seguía apuntando a Alexander amenazantemente.

–Tú me llamaste y exigiste verme –dijo mirando hacia otro lado– Puedes meterle la cuchara a él.

La cuchara esta vez cambio de dirección y me apuntó a mí.

–Solo quería darte un regalo –le dije sin verlo.

Una gota de líquido rojo se escurrió de la cuchara para después volver a apuntar a Alexander.

–El culpable aquí eres tú, Alec –declaró Izzy blandiendo aún la cuchara.

Y como si de repente se hubiera acordado, se volteó violentamente y siguió removiendo lo que había en la olla. Alexander suspiró y yo solté una pequeña risa.

–Por cierto –dijo ella sin voltearse– Jace está en tu cuarto.

– ¿Qué? –preguntó él al instante.

–Dijo que te había prestado algo y que como no se lo devolvías lo iba a buscar el mismo.

Alexander bufó, me dirigió una dura mirada que interpreté como un "no te muevas" y se fue casi corriendo. Lo escuché correr por las escaleras y después sus duras pisadas sobre mi cabeza. Isabelle se volteó y me sonrió, había apagado el fuego así que no debía preocuparse por lo que sea que tuviera la olla.

–Así que eres amigo de mi hermano –comenzó ella.

–Algo así, no nos conocemos de hace mucho.

Sonrió un poco y se acercó a mí.

–Mas te vale que no seas un idiota –me dijo sonriente.

Solté una pequeña risa y me apoyé un poco en la pared.

–Se supone que eso es lo que diría el hermano mayor al novio de su hermana.

Ella se encogió de hombros, se dio media vuelta y camino hacia el refrigerador, con sus tacones haciendo algo de ruido en el piso.

–Alec es una persona un tanto especial y aparte de eso…

–Lo he notado –le corté sin mirarla.

– ¿Qué cosa?

Había sacado una botella de jugo de uva del refrigerador. Tomó un vaso y sirvió un poco de la bebida.

–De lo especial que Alec es –dije mirando el vaso para después mirarla a ella a los ojos.

Me sonrió y le dio un trago a su bebida. Dejó el vaso y sin quitar la sonrisa de su rostro me guiñó un ojo.

–Tú vas a caerme muy bien.

Dejo el vaso, vacio, sobre la estufa. Se giró y removió un poco lo que sea que hubiera en la olla.

–¿Quieres probar mi sopa? –me preguntó mirándome con una sonrisa.

Estaba a punto de contestar cuando alguien más habló por mí.

–Si yo fuera tú, no la aceptaría.

El rubio oxigenado apareció en la cocina justo a mi lado mirando el interior como si buscara algo.

–Es mas –dijo después de un rato– Ni siquiera me acercaría a la olla, los vapores que expide pueden ser tóxicos.

– ¡Jace! –gritó Isabelle apretando los puños.

– ¡Izzy! –gritó él en contestación.

Se miraron por un momento, ella mirándolo con el ceño fruncido y él con una sonrisa de superioridad.

–Jace tiene razón –dijo Alexander entrando a la cocina– La comida de Izzy es toxica.

Isabelle bufó y se sirvió más jugo de uva en el vaso.

– ¡No te tomes mi jugo de uva! –gritó el rubio oxigenado yendo hacia ella.

Alexander me jaló del brazo y me llevó al comedor, un poco alejados del ruido de la cocina. En ese momento me di cuenta que llevaba una caja en las manos, era negra, de madera y no era muy grande. Cabía perfectamente entre sus manos. Se escucharon un par de ruidos en la cocina y Alexander bufó.

–Espero que no se están matando –le dije mirando hacia la cocina.

–Están jugando –contesto rápidamente.

Le sonreí y le acaricié el cabello. Extendió un poco las manos y la caja quedó justo frente a mí, casi pegada a mi pecho.

–Feliz navidad –dijo rápidamente– No sabía bien si te gustaría, no sabía siquiera si debía de regalarte algo, no nos conocemos desde hacer mucho y no se mucho de lo que te gusta, y las cosas que me has dicho que te gustan no puedo regalártelas envueltas, así que pensé que esto sería adecuado.

Tomó una gran bocanada de aire después de esa gran explicación. Solté una pequeña risa y tomé la caja acariciando un poco sus manos en el proceso.

–Feliz navidad –repitió agachando la cabeza.

Abrí la caja y miré el regalo dentro de esta. Eran dos anillos, uno negro y delgado con forma de gato, y otro era un poco más ancho, no lo suficiente para ser tosco, era plateado y en letras talladas en color negro estaba mi apellido. "Bane"

–Gracias –susurré acariciando el anillo con mi nombre.

–El de gato es ajustable –dijo sin alzar la mirada– Si el otro te queda mal podría ir a la tienda y tratar de que lo arreglen.

Tomé el anillo plateado y lo saqué de la caja, la cerré y Alexander la tomó mientras yo me probaba el anillo en el dedo índice, fruncí la boca al ver que no me quedó, lo cambie al dedo medio y quedo perfecto. Sonreí y le mostré mi mano con el anillo puesto.

–Quedó perfecto.

Me sonrió de vuelta y me entregó la caja de nuevo. Quería besarlo en ese mismo instante. Entonces el rubio oxigenado apareció detrás de Alexander, se apoyó sobre los hombros de este y miró la caja que aún mantenía en mis manos. Sonrío de oreja a oreja.

–Así que para él era el regalo –dijo con un tono divertido.

Alexander se sonrojó hasta las orejas y tosió un poco tratando de ignorar lo que el otro acababa de decir.

–Por cierto, Alec –dijo rodeándonos y yendo hacia el pasillo– Aún no te doy tu regalo, espera aquí.

Y se fue corriendo, Alexander se quedó mirando el lugar por donde el otro salió con ojos un poco más abiertos de lo normal, y un sonrojo hasta las orejas.

– ¿Él que es de ti? –le pregunté descuidadamente.

–¿Jace? Es algo así como mi hermanastro, es una larga historia difícil de explicar.

Asentí con la cabeza. Escuché pasos rápidos y apresurados por la escalera. Entonces el rubio apareció de nuevo, se acercó a Alexander y puso una revista frente a este.

–La revista donde sale la banda que amas.

Alexander sonrió de oreja a oreja y tomó la revista con cuidado. La miró como si no pudiera creer que eso realmente estuviera pasando. Después miró a Jace y su sonrisa, aunque fuera casi imposible, se extendió un poco más.

–Dios… Gracias, Jace.

El rubio se encogió de hombros y sonrió con suficiencia. Como si supiera que ese era el regalo que el otro más deseaba. Alexander lo miraba con ojos brillantes, una sonrisa que parecía que nunca desaparecería y un leve sonrojo en las mejillas. Tal vez fue algo en su reacción, o en sus ojos, o simplemente al fin todo se había ordenado lo suficiente como para que yo pudiera verlo. Al ver a Alexander y después a Jace, supe exactamente todo lo que pasaba.

–Debo irme, Alexander.

Tardó un par de segundos en salir de su ensoñación, me miró y asintió con la cabeza sin quitar esa sonrisa de su rostro. Abrazó delicadamente la revista contra su pecho y me acompañó a la salida. Abrió la puerta y esperó a que yo saliera.

–Feliz navidad –dijo una vez más cuando yo salí.

Asentí con la cabeza y sin contestarle comencé a caminar en la misma dirección en la que había llegado. Caminé un par de calles antes de detenerme en un semáforo que estaba en rojo. Suspiré y dando unos cuantos pasos hacia atrás me recargué en la pared. Miré el cielo y dejé escapar un suspiró con pesadez.

Tenía un sabor amargo en mi boca y un ligero nudo en el estomago. Cerré los ojos y al instante recordé el rostro de Alexander cuando el rubio oxigenado le había dado el regalo. Me sentí como un estúpido. ¿Cómo demonios no lo había notado antes?, todo estaba claro, todo parecía apuntar a eso. Abrí los ojos y vi que el semáforo ya estaba en verde, pero había perdido las ganas de seguir caminando.

Suspiré de nuevo mientras me jalaba un poco los ojos. Era estúpido, sentirme de esa manera, ¿Por qué demonios me sentía de esa manera?, debía dejar de sentirme de esa manera. No es como si no lo hubiera sospechado, tal vez yo lo sabía y no quise aceptarlo. O Tal vez fue la reacción de Alec lo que me confirmo todo.

Alexander estaba enamorado de Jace.

–Maldita mierda –dije para mí mismo.

Me separé de la pared y crucé rápidamente la calle, llegué al otro extremo justo antes de que la luz cambiara a rojo. Quería quitarme ese asqueroso sabor amargo de la boca. Todas las veces anteriores que había tenido ese amargo sabor en la boca solo lo había podido quitar con algo. Alcohol. Y si hasta ahora me había funcionado no había razón para no intentarlo de nuevo.

Seguí caminando, rechinando los dientes y pateando las cosas que me encontraba tiradas en la calle. Estaba enojado. Quería olvidarlo y me molestaba no poder hacerlo. Afortunadamente, tenía una fiesta que dar ese día, así que tenía mucho alcohol en mi casa. Era simple, llegar a mi casa, fingir que no sabía sobre los sentimientos de Alexander, hacer la fiesta y terminar el día.

Simple y sencillo. Solo ir y embriagarme hasta olvidar todo.

Lo que mejor sabía hacer.


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. REVIEWS!

Anette-lizzie: Me encanta que te encante, aunque suene raro. Lo sé, son adorables, y me encanta que lo veas igual. Muchas gracias por el review.

Nyaanekito: Gracias por todos tus reviews, lamento no haber podido responderlos antes, los leí todos!, como veras, Alec si le compró algo a Magnus. Es una ternurita celoso. Me alegra que te guste mi forma de escribir. XD tal vez escriba el privado que Alec le de a Magnus. Muchas gracias por los reviews

Saria: Me alegra que te encante y que hayas dejado review.

: Estoy siguiendolo! hago caso a tus reviews :3 Me alegra que te encante que actualice rapido, es mi proposito de fin de año *^* actualizar rapido. No, Magnus no puedes ser mas perfecto, porque Magnus es la perfeccion en si. Aquí esta la continuación que querias. Yep, Alec también puede ser juguetón. Muchas gracias por los reviews.

Mikuniru: chocalas! Yo también amo a este par. Aquí esta la continuación. Muchas gracias por el review.

RosaLucero: Me encanta que te guste el fic. ¿Acaso no es perfecto el café? *^* te recomiendo probar todos los tipos de café que estén por aquí. Son todos aprobados por mi. Muchas gracias por el review. :3

Luc de lupin: Gracias, me gusta que te guste, de nuevo, aunque suene raro, que actualice rapido. 7u7 Alec tiene su segunda personalidad desinhibida cuando esta solito con Magnus. Muchas gracias por los reviews.

Erick Lambert: Así que te gusta el fic? Muchas gracias, en serio por eso. Trató de actualizar lo mas pronto posible, y sobre lo de que escribo excelente, creo que la palabra excelente no se me puede aplicar pero muchas gracias por pensar de esa forma. Muchas gracias por el review.

: Me alegra que te haya gustado la historia. Muchas gracias por el review.

niia otaku: Aunque tu review es de los primeros cap, espero que leas esto. Me alegra que pienses de esa forma sobre el fic. Trató de continuarlo lo mas rapido posible. Creo que la mayoría de las/los lectores-escritores amamos el café, me alegra que te guste. Feliz navidad a ti tambien. Aunque algo atrasado. muchas gracias por el review.

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Bueno! ahí esta! espero les haya gustado este capítulo. Tuve un poco de problemas con el inicio, esperó poder subir la actualización pronto. Si no me surgen mas cosas. Respondí todos los reviews!

Con nada mas que decir por el momento. Dudas, aclaraciones o felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review me harán muy feliz.

MUCHAS GRACIAS POR LEER.

TENGAN UN BUEN FIN DE AÑO Y FELIZ AÑO NUEVO.