IMPORTANTE: Bueno, se que me tarde. Un Familiar Murio. Y eso nos lleva a muchas cosas, el chiste es que, era un familiar querido y todo eso. Entonces por dos semanas no pude actualizar nada de nada. Aparte de eso tuve que volver a la escuela y la tarea no deja mucho tiempo libre. Espero que puedan entender, gracias por seguir aquí y leer. (y si no entienden y se enojan pueden irse muy a la mierda :3)

Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes no me pertenecen, son obra de Cassandra Clare. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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26/12

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La nieve aun no caía.

Se suponía que estábamos en invierno, cuando es invierno tiende a nevar. Pero la maldita nieve no aparecía, solo estaba ese horrible frío que te obligaba a castañear los dientes. Suspiré por quinta o sexta vez en el día. Miré hacia el ventanal solo para que la realidad recalcara el hecho de que no había ni un solo copo de nieve. Giré y puse mi atención en la mesa hasta el fondo del local. Esa mesa donde, ahora mismo, estaba sentado Alexander.

Recargué los codos en el mostrador y seguí observando a mi objetivo. Al lado de Alexander estaba el rubio oxigenado que, por ese momento, tenía ganado mi odio. Torcí la boca un poco. Tal vez no era odio en sí lo que sentía por el rubio, simplemente no me gustaba desde el inicio, y el hecho de saber que Alexander tenía sentimientos por él solo empeoraba las cosas.

Jace revolvió el cabello de Alexander bruscamente provocándole soltar una pequeña risa para después golpear al rubio en el brazo. Bufé un poco molesto. Si yo hubiera hecho eso seguramente Alec me hubiera golpeado fuertemente y después se habría ido, sin contar el enojo que le provocaría. Gruñí y me giré, apoyando de nuevo los codos sobre el mostrador solo que esta vez dándole la espalda a esa mesa al rincón del local.

–Bebé –me dijo Mary como si fuera un insulto o un regaño.

Enarqué una ceja y la miré sin ganas. Ella se acomodó un poco el cabello y el mandil mientras sonreía de lado.

–Eres un bebé, Magnus.

– ¿Acaso intentas seducirme llamándome bebé?

Soltó una risa ahogada, se llevó una mano a la barbilla y me miró como si estuviera analizándome lentamente.

– ¿Qué haces? –le pregunté harto de su mirada.

Sonrió de oreja a oreja para después encogerse de hombros.

–Quería adivinar si peleaste con tu noviecito –bufé en respuesta, ella sonrió– ¿Eso es un sí?

Torcí la boca y desvié la mirada hacia el ventanal. Ese maldito ventanal estaba haciéndose popular, como fuente de escape siempre que Mary me preguntaba algo, o para no ver a Alexander cuando estaba con el rubio oxigenado.

–Fui un poco imbécil con él ayer –murmuré sin verla– Pero, en mi defensa, puedo decir que fue en parte su culpa.

– ¿Qué hiciste?

Bufé y miré un poco sobre mi hombro tratando de ver a Alexander. Seguía platicando animadamente con Jace. Si seguía girando el cuello de esa forma terminaría yendo al hospital.

–Descubrí un par de cosas sobre él el día de navidad, así que en la fiesta me emborrache para olvidarlo y al día siguiente tenía resaca, si lo juntas todo, es una muy mala combinación.

Miré a Mary, ella seguía mirándome como si me analizara. Después de un momento asintió con la cabeza.

– ¿Qué tanto la jodiste?

Torcí un poco la boca y jalé un mechón de mi cabello.

–Me disculpe.

Me miró enarcando una ceja y con una expresión en el rostro como si estuviera dispuesta a regañarme. Como si fuera mi madre.

– ¿Aceptó tu disculpa?

–Sí, pero…

–Entonces no hay problema –me cortó– Espera a que el rubio sexy se vaya y ve a hablar con él, antes de que los celos te consuman por completo.

Fruncí el ceño, ella me sonrió y soltó un beso al aire. Bufé por un momento, ella miró detrás de mí para luego volver a posar su mirada en mi persona.

–No te des la vuelta –dijo sonriendo. Después añadió con alegría– Si quieres puedo encargarme de las cosas por un rato.

Me guiñó un ojo y se dio la vuelta, seguramente iría a atender alguna mesa. Suspiré y me tallé un poco las sienes, estaba a punto de soltar una maldición cuando la voz de Alexander sonó tras de mí.

–Magnus –me llamó quedamente.

Di un leve brinco por la impresión y me volteé rápidamente para encararlo. Le sonreí levemente, me regresó la sonrisa de la misma manera. Miré la chamarra exageradamente acolchonada que llevaba sobre un desgastado suéter negro de tela.

–Te ves… –pensé las palabras mirando su ropa de nuevo– Como un vagabundo acolchonado.

Soltó un pequeño sonido que parecía una risa ahogada por un bufido.

–Bueno, no es como si me importara mucho estar a la moda, y esta ropa calienta mucho.

Asentí y traté de sonreír un poco mientras le daba una nueva inspección a su ropa.

– ¿Aún tienes resaca? –preguntó él con un tono casi molesto

Negué con la cabeza y lo miré a los ojos. Sus hermosos ojos azules se fijaron en los míos.

–Lamento lo de ayer –dije quedamente mientras me rascaba un poco la cabeza– Es solo que… a veces soy estúpido cuando tengo resaca.

–También lo lamento –susurró agachando la mirada– Estaba algo nervioso y no sabía bien que decir, así que solo me enojé contigo.

Le sonreí y solté una pequeña y ahogada risa.

–Somos un poco idiotas en navidad, ¿No?

Alec soltó una risa ahogada y asintió ligeramente con la cabeza. Me miró y se encogió de hombros. Le sonreí. Se veía jodidamente tierno de esa forma. Miré sus labios por un momento para luego volver a mirar sus ojos. Lamí mis labios, mordí mi labio inferior y le sonreí de oreja a oreja.

– ¿Recuerdas lo que te dije ayer? –le pregunté con interés.

Parpadeó un par de veces y se llevó un dedo a los labios.

– ¿La parte en la que me enojé?

Negué con la cabeza y él sonrió un poco.

–La parte de los besos, Alexander

Agachó un poco la mirada mientras sus mejillas se teñían de rojo. Me recargué un poco en el mostrador y me acerqué a él lentamente. Aspiré el olor de su cabello levemente antes de acercarme a su oreja.

– ¿Qué dices? –le pregunté quedamente sobre su oído.

Se hizo hacia atrás un poco y me observó por unos instantes. Me sonrió y se acercó a mi oreja para poder susurrar.

– ¿Qué estamos esperando?

Me lamí los labios antes de sonreír de oreja a oreja. Me separé de él y me quité el mandil en menos de cinco segundos, salí del mostrador, lo tomé de la mano y, después de gritarle a Mary que no tardaba, salimos del café. Escuché su risa y un comentario sobre que estaba muy desesperado pero fingí que no los escuché. Subimos hasta el departamento, con él siguiéndome de cerca gracias a que no soltaba su mano. Entramos al departamento y antes de que pudiera cerrar la puerta Alexander me jaló de la playera y me besó.

Solté un quejido de sorpresa y lo miré por un momento. Tenía los ojos cerrados fuertemente, casi tan fuerte como el agarre que mantenía sobre mi camisa para acercarme a él, las mejillas coloreadas de rojo y su respiración era inexistente. Sonreí levemente y tomándolo de las mejillas me acerqué un poco más a él. Pareció que era la respuesta que esperaba, ya que su respiración volvió. Soltó todo el aire que retenía por la nariz y se separó de mí.

–Dios –murmuró sin dejar de ver mis labios.

–Gracias, pero prefiero que me llamen Magnus.

Soltó una ligera risa y besó mis labios de nuevo, solo que esta vez fue apenas un toqué. Me separé un poco y empujé la puerta fuertemente para poder cerrarla. Lo estampé sobre esta y comencé a besar su cuello. Tanteó con sus manos el final de mi playera y, tras jalarla un poco, metió sus manos para acariciar mi espalda. Di un leve respingo y mordí su cuello. Sus manos estaban frías.

Gruñó un poco sin dejar de acariciar mi espalda. Dejé un camino de besos por su cuello hasta llegar a su oreja, lamí y mordisqué un poco el lóbulo para después volver a dejar besos por su rostro hasta llegar a su boca. Se mordió los labios y sacó una mano de debajo de mi playera, tomó mi mentón con ella y me acercó para besarme. Fue lento y suave, mordisqueó un poco mi labio inferior sin atreverse a profundizar el beso.

Sacó la otra mano de debajo de mi playera y posó sus manos en mi cintura, me empujó un poco y en unos cuantos segundos y tras un par de movimientos me dejó a mi entre la puerta y su cuerpo. Sonreí y le acaricié un poco las mejillas para después volver a darle un beso. Soltó un pequeño gemido y pegó su cuerpo al mío. Torció un poco el cuello y comenzó a mordisquear el mio. Pegué mi cabeza a la puerta para darle un poco mas de espacio.

–Sería genial que fuera así siempre –murmuré en un suspiro.

– ¿Besarnos contra una puerta todos los días?

Su aliento sobre mi piel mojada por su saliva me daba una sensación exquisita.

–Algo así –susurré– Pero frente a los demás.

Paró un momento lo que hacía. Soltó un pequeño bufido y empezó a dejar besos por todo mi cuello para subir hasta mí.

–No pasara –murmuró en tono bajo.

Sentí una punzada que me obligó a abrir los ojos, perdí por un momento la sensación de placer que me provocaba el tener tan cerca a Alexander.

– ¿Por qué? –le pregunté sin mirarlo.

–Sería muy vergonzoso morderte el cuello y meter las manos bajo tu ropa en público.

Sonreí de lado. Alexander volvió a morder mi cuello, cerré los ojos y apoye mi cabeza contra la puerta.

–Me gustas, Alexander –sentí su aliento volver a chocar contra mi cuello– Y te quiero.

El dejó de morderme y se quedó quieto. No abrí los ojos. Sentí que mi corazón latía un poco más rápido de lo normal, y no sabía si era por lo que estaba pasando hace unos segundos, o por el hecho de Alec no se movía ni decía nada. Mordí mi lengua y apreté un poco los ojos. Tal vez, esta vez, realmente la había jodido. Esperé por un momento a que él dijera algo. Pero nada salió de sus labios. Un momento después se separó de mí.

– ¿Qué… dijiste? –preguntó dudando.

Abrí los ojos. Él no me miraba. Suspiré y esperé a que mostrara alguna otra reacción. Lo cual no sucedió.

–Te quiero, Alexander.

Dio un pequeño respingo, como si acabara de despertar de una pesadilla. Se mordió los labios y agachó un poco más la cabeza. No sabía porque, pero, no se sentía bien. Verlo reaccionar de esa forma, sus expresiones, todo, se sentía mal.

–Yo… –comenzó él dudando– Yo no… yo…

–Es por Jace –dije mirando hacia la izquierda para dejar de verlo– ¿No?

De reojo pude ver que al fin había alzado la cabeza.

– ¿Qué tiene que ver Jace en esto?

Su voz sonaba insegura.

–Estas enamorado de él.

Y el silencio volvió. No lo miré. No quería mirarlo.

–No sé de donde sacaste eso, pero no es así.

Su voz de nuevo. El tono que uso. La duda entre cada palabra. La sensación que me dejo haberlo escuchado. Era fácil de deducir.

Estaba mintiendo.

–No mientas en eso –le pedí cerrando de nuevo los ojos– ¿Realmente creíste que no me daría cuenta?

–Estas alucinando.

Nuevamente estaba mintiendo.

–Si realmente no sientes nada por él –comencé volteando a verlo– Dímelo, seguro de ti mismo. Sin que tu voz delate tus mentiras.

Abrió los ojos un poco más de lo normal y agachó la mirada. Agaché la mirada yo también. Si me hubiera callado hace unos minutos atrás, ahora mismo no estaríamos en esto.

–Él no me gusta –murmuró tan bajo que apenas y pude escucharlo.

–Dilo fuerte.

Lo vi morder sus labios y apretar las manos en puños. Alzó la cabeza y me miró frunciendo el ceño.

– ¿Y a ti que te importa si tengo sentimientos por él o no? ¿A ti en que te afecta?

Suspiré y lo miré por un momento sin responder.

–Porque estoy empezando a tener sentimientos por ti. Demasiados sentimientos por ti.

Se mordió el labio inferior sin dejar de fruncir el ceño o apretar las manos en puños.

– ¿En serio esperas que me crea eso?

Fruncí el ceño y lo miré.

– ¿En serio esperas que me crea que no estás enamorado de Jace?

Frunció la boca y arrugó la nariz.

–Eres un idiota –me dijo casi escupiendo las palabras.

–Lo mismo digo –dije enarcando una ceja.

Abrió la boca para debatir pero termino cerrándola sin decir nada, cerró los ojos y soltó un gruñido de frustración. Lo miré por un momento, deje de fruncir el ceño, me tallé la cara y gruñí exasperado. Miré de nuevo a Alexander mordiéndome los labios.

–En serio, creo que te quiero, Alexander.

Soltó un bufido y se giró un poco. Suspiré algo derrotado.

–Contéstame algo –le dije mirándolo pero él no hacia lo mismo– Cuando termine la semana, ¿Seguirás queriendo que salga por completo de tu vida?

Por fin me miró. Abrió la boca dispuesto a decir algo pero solo soltó pequeños sonidos de frustración, volvió a cerrarla y me miró para después mirar al suelo de nuevo. Esperé, por un momento a que dijera algo, a que contestara lo que yo quería escuchar. Pero no dijo nada, no dijo la palabra que yo tanto ansiaba escuchar.

–Podrías simplemente aceptarlo ahora, solo dilo, di que te gusta él.

–Tú que sabes –murmuró con algo de enojo– No sabes lo que puedo estar sintiendo pero estas exigiendo tantas cosas. No sabes nada sobre mis sentimientos pero aún así estas sacando conclusiones absurdas.

– ¡No son absurdas, maldición! –grité jalándome el cabello– ¡Veo como lo miras, las cosas que permites que solo él haga, la forma en la que actúas con él! ¡Incluso tu manera de comer o hablar es distinta!

– ¡Es mi hermano!

– Y aun así lo amas como si no lo fuera!

Alexander se quedó callado, me miró mordiéndose los labios. Parecía estar rechinando los dientes. Apreté las manos en puños. Él no parecía dispuesto a hablar y yo tampoco. Si él tan solo lo aceptara, las cosas serían distintas.

–Déjame irme.

Lo miré y arrugué la nariz.

– ¿Simplemente escaparas? ¿Tan fácil es para ti?

–Solo déjame irme –pidió rechinando los dientes.

– ¿Qué vas a hacer? ¿Decirle a tu hermano lo mucho que lo amas y que lo que paso entre tú y yo fue una faceta? –pregunté con un tono ligeramente burlón.

– ¡Maldición, solo déjame irme!

– ¿Para que vayas con la persona que realmente amas?

Dio un golpe en el suelo con su pie que resonó fuertemente. Me detuve antes de decir algo más. Alexander estaba temblando, tenía la cabeza demasiado agachada y los nudillos se le estaban haciendo blancos de tanto apretar los puños. Quería decir algo hasta que su voz me calló por completo.

– ¡No sabes ni una maldita mierda, así que cierra la boca de una puta vez!

Lo miré sorprendido. Su grito incluso hizo que me zumbaran un poco los tímpanos. Iba a poner mi mano sobre su hombro pero antes de que pudiera siquiera tocarlo una mano suya me lo impidió. Alzó la mirada y me empujó fuertemente. Sus mejillas tenían ligeros caminos de lágrimas. Abrí los ojos desmesuradamente. Él me miró completamente enojado con los ojos rojos y ligeramente húmedos.

–Vete al infierno –dijo desdeñosamente.

Me empujó nuevamente para quitarme de su paso. Abrió la puerta con demasiada fuerza y salió del departamento lo más rápido que pudo. Solté un par de maldiciones antes de decidir seguirlo. Mi vecino estaba al final de las escaleras mirando hacia mi departamento con una mirada extraña. Lo esquivé y corrí hacia afuera. Giré hacia ambos lados antes de encontrarlo. Corrí hacia él pero en cuanto sintió que traté de sujetarlo me empujó lejos.

–Lárgate –murmuró enojado.

Traté de sujetarlo de nuevo solo para ser rechazado una vez más. Un par de personas nos miraron pero no pusieron mucha atención.

–Alexander –lo llamé sin obtener respuesta– Hablemos, por favor.

–Jodete.

Lo tomé fuertemente del brazo y lo obligué a verme. Soltó un quejido de dolor por el exceso de fuerza que utilice.

–No puedes irte así –le dije sin soltar el agarre– Tenemos que hablar.

–Si quiero irme puedo irme –declaró jalándose y soltándose de mi agarre– Por mí puedes irte a la mierda.

Empezó a acelerar el paso. Lo seguí casi corriendo, gritando su nombre sin que me hiciera caso. Aún si la gente nos observaba más de lo normal, yo solo quería que él se detuviera. Antes de que Alexander fuera a cruzar la calle logre alcanzarlo, forcejeó un momento conmigo sin poder soltarse.

– ¡Solo déjame en paz!

– ¡No quiero! –grité tratando de mantener el agarre.

Se soltó después de un momento. La gente parecía comenzar a darnos importancia. Alexander dio un par de pasos hacia atrás dejando una clara distancia entre nosotros.

–Vete a la mierda, Magnus.

Fruncí el ceño. Traté de acercarme a él logrando que retrocediera un par de pasos más. Estaba a punto de decirle algo cuando escuché un grito a mis espaldas. Volteé a ver de dónde provenía y solo vi a una chica apuntando a Alec. Giré de nuevo la cabeza y me di cuenta de las cosas. Me di cuenta de lo mal que estaba la situación. Alexander había caminado demasiado lejos tratando de alejarse de mí, estaba casi a la mitad de la carretera. Y justo en ese momento había un carro dirigiéndose hacia él.

Y todo pasó demasiado rápido.

Miré a Alexander y él me miró de vuelta con miedo en sus ojos. Escuché un par de gritos a mí alrededor pero estos eran ahogados, como si estuviera sumergido en el agua. Todo lo que no fuera Alexander se volvió gris. Mi corazón empezó a resonar en mis oídos. Había olvidado como respirar. Los ojos de Alec mirándome para luego, lentamente, mirar hacia el auto que se dirigía hacia él.

Y aunque no fuera yo el que estaba a mitad de la carretera, aunque no fuera yo el que estaba en un gran peligro, aunque yo solo fuera un observador. Vi mi vida pasar frente a mis ojos. Toda mi vida pasar delante de mis ojos. Aun cuando lo único que veía eran esos hermosos ojos azules mirarme.

Porque esos ojos azules, eran mi vida.


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Ahí esta, :3 no me maten~

Tratare de actualizar lo mas pronto posible. Si es que la tarea no me mata primero.

Dudas, aclaraciones o simples felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review seré feliz! MUCHAS GRACIAS POR LEER.