Espero que noten que el titulo del capítulo (de todos), no es nada más porque si.

Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Cassandra Clare. Esta obra es ficticia cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.


31/12

.

.

.

Mi hermano era un completo idiota. Siempre había tenido sospecha de que lo era pero ahora estaba completamente seguro de ello.

Porque, ¿Qué persona cuerda te besa cuando le confiesas que pudiste haber estado enamorado de él? ¿Qué tipo de hermano te besa para comprobar que no es cierto?

Por culpa de Jace las cosas con Magnus se habían ido a la basura. Aunque sabía que una gran parte de la culpa era mía. No había ido a explicarle a Magnus lo que en realidad había pasado. Solo había dejado que se fuera. Ni siquiera le llamé, había dejado pasar dos días enteros sin contactarme.

Solté un suspiro. Uno más de los cientos que había soltado desde ese día.

Me levanté de la cama con pesadez, apenas recargando los codos en el colchón para poder llegar a la mesa de noche y tomar mi celular. Abrí el aparato para verificar si había algo nuevo, pero no había nada. Ni una llamada. Ni un mensaje. Y sabía que era estúpido esperar que él me contactara, yo debía hacerlo, yo debía aclarar el malentendido. Y lo único que hice fue quedarme en mi cuarto, acostado en la cama, sin hablar con nadie.

Era un idiota.

Tal vez peor que un idiota, porque yo sabía que estaba haciendo mal las cosas y no trataba de arreglarlas.

Aventé el celular de nueva cuenta en la cama y me acomodé de tal forma que podía apreciar alguna figura que se formara en el techo. Era patético estar acostado de esa forma, suspirando a causa de alguien que probablemente me estaría deseando la muerte o me estaría odiando en ese mismo instante.

Era patético sentir lástima por mí mismo.

Escuché la puerta crujir por un segundo, un par de pasos certeros que avisaban de la presencia de alguien en el cuarto, y enseguida la manija tronar cuando la puerta fue cerrada de nuevo. Mis ojos se movieron para analizar al intruso; mi hermano estaba parado frente a mi cama, con los pulgares dentro de las bolsas delanteras de su pantalón y enarcando una ceja.

– ¿Qué? –pregunté toscamente.

Él rodó los ojos y dio un par de pasos hacia adelante para poder sentarse en la cama. Mis pies enseguida se encargaron de empujarlo y mandarlo al suelo.

–Alec, deja de actuar, sé que no estás en tus días especiales del mes.

Gruñí, me enderecé un poco para alcanzar una almohada y aventársela a la cabeza. La desgracia fue que Jace tenía unos reflejos perfectos.

–Largo de mi cuarto.

Movió la boca al mismo tiempo que yo, puso los ojos en blanco y balanceo la cabeza. Era una pésima imitación de mí.

–Me enviaron a hablar contigo –dijo volviéndose a acercar–. Y no me iré hasta que hayas despegado tu trasero de ese colchón.

–No tengo la mínima intención de darte ese gusto, deberías irte.

Soltó un bufido y se dejó caer sobre la cama.

–Lo siento ¿Si?, no debí haberte besado frente a tu novio –cruzó sus brazos sobre su pecho mientras hablaba–. Pero, ¿Cómo iba yo a saber que acababa de entrar a la casa? Tendré miles de cualidades pero la de ser un adivino aún no está en mi repertorio.

–Olvídalo.

Rodé sobre la cama para ir hasta el otro extremo y comenzar a levantarme. De reojo vi a Jace levantarse de la cama y correr hasta posicionarse frente a la puerta, adoptó una posición en que sus manos estaban completamente estiradas de tal forma que me prohibían la salida.

–Tú no te irás hasta que hayamos hablado realmente.

Fruncí los labios.

–No quiero hablar de eso, las cosas se acabaron y no hay forma de…

– ¿Sabes lo mucho que me ha molestado Isabelle para que tengamos esta charla? –me interrumpió. Estaba frunciendo el entrecejo–. ¡Empezó a seguirme a todas partes!, y cuando digo a todas partes me refiero a todas partes.

El solo hecho de pensar en eso me obligó a fruncir el ceño y emitir un gemido de repulsión.

–No quiero saber los detalles, Jace.

–Necesitamos hablar, Alec.

–No, no lo necesitamos.

–Si lo necesitamos.

–La última vez que hablamos terminé con tu boca pegada a la mía.

– ¡Trataba de dejar claro un punto! –inquirió moviendo las manos excesivamente.

–Deberías probar con nuevas técnicas.

Mi hermano soltó un bufido y se acercó un par de pasos a mí, su mano izquierda se encargó de tomar mi rostro por el mentón para obligarme a mirarlo a los ojos. Tenía ganas de darle un puñetazo en ese momento, y la cercanía no ayudaba.

–Siento haber hecho que tu novio se pusiera celoso, pero no es mi culpa que no hayas ido a hablar con él.

Enarqué una ceja y él supo exactamente lo que eso significaba. Detestaba que me conociera de esa forma.

–Tú no fuiste a explicarle las cosas, apuesto a que no te atreves a mandarle un mensaje siquiera; te la pasas encerrado en el cuarto sintiendo lastima de ti mismo en lugar de ir y hacer algo para arreglar las cosas con él. Si las cosas en tu relación se descontrolaron la mayor parte de la culpa es tuya, no mía.

Debido a la manera en que su mano aún sostenía mi rostro escuché cada palabra mirándolo a los ojos. Y él tenía razón, yo no había hecho nada, no traté de arreglar las cosas, pero ni siquiera sabía si había una verdadera relación entre Magnus y yo por lo tanto no sabía cómo actuar. No sabía si debía ir y decirle que lo sentía, o si debía ir y decirle que estaba exagerando porque la relación que manteníamos no estaba lo suficientemente clara.

Detesté que Jace tuviera razón, detesté que me dijera las cosas que no quería escuchar pero que ya sabía.

Le solté un golpe en la mano para que me soltara, gruñí una maldición, que realmente no supe si era para él o para mí, y lo empujé para poder salir del cuarto. Casi corrí escaleras abajo para evitar que me alcanzase, si es que planeaba seguirme, y seguí corriendo hasta llegar a la cocina. Mi madre y mis hermanos estaban ahí, preparando la cena de esa noche.

Mi hermano sonrió en cuanto me vio y me saludó efusivamente, como si no nos hubiéramos visto en años, aunque en realidad solo hace dos días que habíamos estado juntos jugando videojuegos. Mi hermana me analizó de pies a cabeza, sus ojos se afilaron y me repasó un par de veces, tal vez tratando de asegurarse que todo estaba bien en mí, que aún estaba sano aunque no había salido de mi habitación. Mi madre, en cambio, me miró por un segundo y me sonrió de lado. Mi madre solo sonreía de esa manera cuando necesitaba o quería algo.

–Llegas justo a tiempo.

Isabelle dejó de mirarme para después mirar a mamá, agachó la cabeza ligeramente y soltó una pequeña risa.

–Se acabó la mostaza y la receta necesita mostaza.

Rodé los ojos y extendí la mano. Mamá sonrió y se alejó de la mesa para ir por su bolso, rebuscó entre sus cosas y terminó por volver a acercarse a mí y dejar un par de billetes sobre mi mano.

–Un frasco mediano.

Asentí con la cabeza y di media vuelta, ni siquiera me molesté en volver arriba y tomar las llaves de la casa. Metí el dinero a mi pantalón y salí de la casa. Al menos podía distraerme pensando en que el supermercado estaría atascado de personas y probablemente no habría mostaza disponible. Me propuse pensar en eso, en que mi madre necesitaba ese ingrediente para su receta, en que debía de ir rápido a comprarlo para la cena de esa noche. Realmente quería solo pensar y llevar a cabo esa tarea.

Pero terminé desviándome al cruzar la primera calle. Mis pies caminaron casi por si solos y me llevaron hacia el parque, en lugar de ir hacia el supermercado que estaba justo del lado contrario.

Y sabía que no tenía sentido, lo más probable era que él no estuviera en casa y que si estuviera no me abriría la puerta.

Terminé parado justo frente a la cafetería. Estaba cerrada, era obvio dado que era día festivo y faltaba poco para que empezara a obscurecer. La mayoría de la gente estaría en sus casas en ese momento, no irían a una cafetería a recibir el año nuevo.

Suspiré y miré la puerta que llevaba a su apartamento, no me costaba nada avanzar un par de metros, abrir la puerta, subir las escaleras y golpear su puerta. No me costaba nada intentarlo y aún así no me movía ni un centímetro de mi lugar. Tenía miedo de que me rechazara desde el inicio, que no me dejara explicar porque había tardado tanto en tratar de darle una explicación, o porque no lo había detenido desde que me vio besándome con mi hermano. Solo necesitaba avanzar unos metros, no era tan difícil.

Y aún así no lo lograba. Tal vez la mayoría de las personas que transitaran por la calle se preguntarían porque estaba frente a la puerta cerrada de una cafetería.

Recordé en ese momento que tenía un encargo, que debía haber ido a cumplir las órdenes que mi madre me había dado. Y solo pensando en eso pude moverme de mi lugar, era absurdo que pensando en la mejor forma de comprar un bote de mostaza terminara frente a la puerta de Magnus. Era completamente ilógico que solo pensar en algo banal me diera el valor para tocar su puerta.

Esperé un minuto antes de volver a golpear la puerta con mis nudillos. No escuchaba ningún ruido que viniera de adentro así que tal vez mis suposiciones eran correctas y él no se encontraba en casa. Seguramente estaba celebrando el día con alguno de sus amigos mientras yo seguía golpeando la puerta de su apartamento con los nudillos. Lo mejor era dar media vuelta e irme, dar todo por perdido, pero la puerta terminó abriéndose.

Magnus apareció frente a mí y parecía todo menos el mismo. Tenía el cabello alborotado, un suéter café que no contrastaba en nada con el pantalón de su pijama con adornos de gatos bailando, y pantuflas azules. Parecía un vago que había conseguido esa ropa de un centro de apoyo. Me miró por un momento con el ceño fruncido, pensé que tendría esa expresión para siempre pero después suavizó sus facciones y suspiró.

– ¿Qué quieres?

Tragué saliva y solté un par de frases incompletas. No sabía que decir porque no pensé que realmente lo vería.

–Quería… hablar –susurré mordisqueándome la lengua–. Solo eso.

Enarcó una ceja, cruzó los brazos sobre su pecho y se apoyó en la puerta.

–Habla.

No sabía que decir y de cualquier forma él no parecía interesado.

–Lo que viste el otro día no fue algo… normal.

– ¿Tú crees?, porque a mí me parece muy normal que dos hermanos se besen.

Solté un gruñido ante su sarcasmo, el sonrió falsamente y se movió para tomar la manija de la puerta, sabía que la cerraría así que puse mi mano sobre la madera para evitar que eso pasara.

–Escucha, voy a decirlo lo más rápido posible, le dije a mi hermano que alguna vez tuve sentimientos por él y para mostrar su punto, de que no podía ser cierto, me besó, tú llegaste y malinterpretaste todo, ¡Es mi hermano y fue asqueroso besarlo!

– ¿Y te tomó dos días llegar a esa conclusión?

Fruncí el ceño mientras mis manos se cerraban con fuerza.

–Tú no diste señales de vida o de que te interesara.

–Oh, claro, ¿Mi salida dramática no te dejó todo claro? –gruñó en respuesta.

Dejó de sujetar el pomo de la puerta y acortó la distancia entre nosotros por unos centímetros.

– ¿Qué querías que hiciera? ¿Que fuera detrás de ti y te explicara lo que pasó?

–Exacto –soltó en un grito ronco–. Te dije que lo nuestro había terminado y tú no mostraste ninguna señal de vida, esperaba que al menos dijeras algo, o que mostraras un poco de interés pero no hiciste nada, perdóname pero eso me hizo pensar que realmente no tenías ganas de llevar esta relación a algún lado.

Me quedé callado por un momento, yo no era bueno para responder algo bueno en momentos de estrés, iba a arruinarlo y lo sabía pero necesitaba preguntarlo.

– ¿Estábamos en una relación?

Entreabrió la boca por un momento y me miró como si no entendiera como es que estaba vivo. Enseguida desvió la mirada, soltó una risa de incredulidad y negó con la cabeza, una de sus manos comenzó a masajear su frente.

–Mejor vete, Alexander.

–Pero…

–Esto está destrozado –me interrumpió–. Tú y yo no tenemos nada en este momento y supongo que nunca lo tendremos, así que mejor vete.

– ¿Quién es el que no está haciendo nada esta vez?

Se encogió de hombros, volvió a recargarse contra la puerta. Lucía resignado, como si supiera cómo iban a terminar las cosas.

Era estresante suponer que no había servido de nada el hecho de que me desviara de mi camino y estuviera discutiendo con él en el umbral de la puerta de su casa.

– ¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga a llorar, me corte las venas y te escriba una carta de desamor con mi sangre? –soltó mientras su ceja se enarcaba de nueva cuenta.

La risa que profirió después de sus palabras logró acabar con mi paciencia.

– ¿Sabes, Magnus? Hay dos palabras que quedan perfectas para esta situación.

Fingió interés por un segundo.

– ¿Cuáles son?

–Jodete.

Su boca se curveó en una media sonrisa, sus ojos miraron el suelo.

– ¿Y así esperas que te perdone? ¿O realmente quieres esa carta escrita con mi sangre?

–Quiero que muestres un poco de interés, se que también quieres solucionar las cosas entre nosotros.

Tragué saliva con pesadez y esperé su respuesta. Había empezado a hacer frío y mis piernas se empezaban a entumir por estar en una misma posición por tanto tiempo. Él me miró y sus ojos se encargaron de examinarme por un rato. El silencio estaba tomando tal lugar que parecía que no me iba a responder nunca, y tal vez lo mejor que podría hacer era dar media vuelta e irme.

–Lo nuestro quedó arruinado desde el primer momento –murmuró. Parecía decepcionado con sus propias palabras–. Quiero decir… todo pasó muy rápido, yo quería que todo pasara muy rápido porque en serio me interesabas, pero las cosas en la vida real no pueden ser así, las relaciones toman tiempo, Alexander. Y está relación no tuvo un respiro en un solo segundo.

Mordí mi lengua de nuevo y agaché la vista.

– ¿Y?

Soltó una risa amarga que terminó contagiándome.

–Una relación no se puede formar en una semana, no puedes conocer realmente a una persona en una semana, no puedes enamorarte en tan poco tiempo. Lo nuestro fue un fracaso desde el comienzo.

Asentí con la cabeza. Y dolía saber que tenía razón, que lo nuestro estaba mal desde que había empezado, sabía que no había razón para que saliera bien y que estábamos condenados desde el principio a terminar en esta situación. Unos días antes o unos días después no importaban, porque al final las cosas iban a acabar de la peor manera.

No puedes amar a alguien de un día para otro.

–Lo siento –dijo Magnus–. Hubiera sido bueno que funcionara pero no puede ser, lo arruinamos yendo tan rápido.

Le sonreí por un instante.

–Las cosas no pueden empezar desde cero, ¿Cierto?

Me miró por un momento y en lugar de contestarme se encogió de hombros y me regaló una tímida sonrisa.

–Hubiera sido bueno que funcionara –murmuré.

Él susurró algo que no pude alcanzar a escuchar.

Nos quedamos en silencio por unos minutos, él mantenía la cabeza agachada y yo miraba por sobre su hombro, el interior de su departamento, lucía revuelto y sombrío. No teníamos nada más que decirnos y aún así no nos despedimos, nos quedamos en silencio, uno frente al otro, tanto como pudimos.

Al final tuvimos que volver a la realidad.

–Está obscureciendo, deberías volver a tu casa.

Lo miré a los ojos, y supe en ese instante que hubiera dado cualquier cosa para que lo nuestro no se hubiera arruinado, para poder arreglarlo y hacer funcionara. Que no se acabara por un simple malentendido sin sentido.

Le sonreí y asentí con la cabeza.

–Feliz año, Magnus.

–Feliz año, Alexander.

Terminó de decir eso, dio un par de pasos hacia atrás y cerró la puerta.

Mordí mi labio y di media vuelta, comencé a bajar las escaleras y salí del lugar sin dar una sola mirada atrás. Porque ya no tenía caso.

Cuando salí la nieve ya se estaba amontonando en la banqueta, había empezado a nevar mientras nosotros discutíamos. Me abracé a mí mismo y emprendí el camino hacia el supermercado, seguramente mi madre estaría enojada en ese momento por la tardanza que había tenido para comprarle una simple cosa, tal vez no sería bueno que tardara más tiempo si es que quería recibir el año nuevo con vida.

La nieve comenzó a caer como si se tratara de una lluvia, densa pero ligera; los copos golpeaban mi rostro y se amontonaban en mi cabello comenzando a mojarlo, mi cuerpo entero estaba comenzando a pedir a gritos que dejara de estar expuesto al frío y buscara refugio en algún lugar cálido, pero yo solo podía hacerle caso al nudo en mi garganta y al frío que las lágrimas dejaban al caer por mis mejillas.


Lo reescribí porque... Mñeh. La próxima actualización es el final.

Dudas, aclaraciones o simples felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review seré feliz.

¡Muchas gracias por leer!