¿Ha sido larga la espera? Espero que no, pero he intentado actualizar lo antes posible, ¿cuando volveré a hacerlo? no lo sé, por ahora disfruten.
Discleimer... Nada me pertenece, todo es propiedad de Suzanne Collins.
CAPITULO OCHO
PoV Katniss.
Entro en el área del comedor pues queda de paso a mi habitación y veo a mi estilista tomando una taza de café, me mira en silencio y me invita a sentarme a su lado yo dudo un par de segundos, intento leer su mirada, pero no hay ningún reproche, solo la misma mirada de amistad que siempre me ha dado. Lo dudo un momento pero creo que necesito a alguien de mi lado, aunque sepa que lo vayan a lastimar, de nuevo soy egoísta.
- ¿Por qué no fuiste a tu habitación, no puedes dormir? – me pregunta.
- ¿Crees que eso se me está permitido?
- Bueno – dice él y me sirve un poco de leche caliente en un vaso – no somos máquinas para no necesitarlo, por cierto Katniss – dice poniéndose de pie mientras me sonríe. – No olvides mis palabras antes de tu primera arena. Me retiro. Iré a preparar todo para más tarde, ¿necesitas algo?
- Estoy bien – digo dándole una sonrisa de agradecimiento. - ¿Estamos bien?
- Claro que sí. – dice y sale de la habitación.
Me quedo en silencio con el vaso en la mano, claro que recuerdo sus palabras "si pudiera, apostaría por ti" no sé por qué, pero esto me anima un poco, me quita todo el malestar que tengo encima, Roland me ha dejado de molestar mientras estamos en el tren y vaya al área "especial" cada vez que trae a alguien, estoy harta de ensuciar mis manos con su miseria, pero Prim y mi madre deben estar bien, al igual que mis inquilinos.
Tomo una charola y sirvo un poco de fruta, café, leche caliente y pan y me retiro a mi habitación, el único lugar donde Roland no puede entrar por órdenes del presidente, vaya me tiene consideración, que grato. Dejo la charola en la mesa y remuevo el dosel de la cama, donde duermen las personas que son más importantes para Peeta y que quizá cuando regrese crea que murieron, porque para todos es así. Pero yo no les iba a permitir morir, no mientras estuviera en mi mano.
No puedo creer que el mismo día del tour tuve que luchar por la vida de los Mellark y de mi familia, pienso en sus heridas y aun siento ganas de llorar, pero agradezco la aparición del presidente, porque me permitió conservarles la vida aun sin él saberlo.
Salgo de la habitación después de limpiar las heridas del padre y el hermano de Peeta, de remover su carne hecha jirones, y limpiar cada yaga hecha con ese látigo. Nunca creí poder hacer esto, pero es necesario, no puedo dejarlos morir, no lo merecen, ni Peeta merece el sufrimiento. No puedo dejar de temblar y me detengo en la puerta al sentir un aroma a sangre y rosas.
- Señorita Everdeen que gusto verla de nuevo.
- Presidente – le digo con toda la templanza que no tengo. - ¿viene a matarme?
- Oh no – dice sonriendo – Ya se lo dije, no quiero ese tipo de publicidad, un mártir no es necesario en estos momentos.
- Entonces, ¿Qué rayos quiere?
- Bueno, pues vengo a desearte un feliz viaje por los distritos, ven camina conmigo – dice y miro al hombre que tenía el látigo en la mano y que está con nosotros. – Oh es cierto, quiero presentarte al nuevo vigilante en jefe, Plutarch Heavensbee.
- Un placer Señorita Everdeen.
- Plutach estará contigo entrenándote, para que apagues esa llama que encendiste, necesitas ser, como te dije – dice deteniéndose frente a un nuevo compartimiento. – Oh si, convincente.
El área a la que entramos esta despejada, casi completamente, con excepción de un par de sillas al fondo, y varios muñecos de tiro como los que use para las flechas en el Capitolio.
- Verás, hay algunas cabecillas rebeldes que tenemos que cortar, hay que matar al perro que tiene la rabia, pero aun no es el momento, por ahora solo matarás a los infectados.
- ¿Qué? –digo temblando.
- Ante las cámaras de todo Panem, no necesitas fingir, solo se tu misma – dice sonriendo. – Oh no me mire así señorita Everdeen, usted y yo somos muy parecidos. La única diferencia es, que yo no me arrepiento de mis actos.
- Presidente yo.
- Bueno – dice interrumpiéndome – Espero que hayas pensando la mejor manera de terminar tu teatro amoroso con el Sr. Mellark, por cierto Plutarch, encárgate de los moribundos no quiero que bueno, se descompongan al morir.
- Sí Señor. – dice él.
- Tengo una petición. – digo el poco valor que aún me queda.
- Señorita Everdeen, usted sí que tiene carácter, aun quiere seguir negociando, por cierto la hermosa Prim le manda saludos.
- Quiero una habitación privada – digo ignorado sus palabras sobre Prim - solo para mí, donde ese hombre no me siga. – digo y sé qué sabe a quién me refiero.
- Bien, le daré su prisión privada, nadie podrá entrar allí más que usted. También dejaré que su estilista y uno de su equipo le acompañen en este trayecto, queremos que luzca espectacular y mortífera en cada distrito, solo que si quiere que permanezcan con vida, evite cualquier comentario con ellos. ¿Quedo claro?
- Si Señor – digo apretando mis manos.
- Bien Señorita Everdeen, creo que es todo, no me decepcione recuerde el bienestar de su hermana está en sus manos, y bueno aun le tengo un par de sorpresas.
Cuando regreso a la habitación que me tienen asignada, veo a Roland que me mira pero no se acerca, me mira con desprecio y enojo.
- No creas que te escaparás de mÍ avecilla – me dice y se da la vuelta, cuando entro veo que no estoy sola, está el vigilante en jefe sentado en una silla.
- ¿Qué hace aquí? El presidente dijo que era mi habitación propia.
- Vengo a negociar contigo Katniss – dice tranquilamente - ¿quieres tomar algo?
- No quiero nada de ustedes.
- Bueno yo no soy tu enemigo.
- Claro que sí, todos los del Capitolio.
- Cuida lo que dices – me dice con calma – Aunque aquí estarás segura, no creí que el presidente accediera a darte tu habitación, pero creo que él tiene fe en que seas parte de su equipo.
- Nunca lo seré – digo enojada.
- Querida, ya lo eres, ahora quiero que me escuches con atención. – Y cuando comienza a hablar me doy cuenta de que de todo lo que creí escuchar, esto fue lo que menos esperé.
Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos y mi conversación con Plutarch, ¿acaso alguien me vio hablando con Cinna? Bueno no puedo evitarlo, pero todos mis sentimientos están a flor de piel.
Miro a la cama y veo que no han despertado, estoy muy preocupada, he tenido que lidiar con noches de temperatura en los dos, pero no puedo permitir que mueran y presiento que los analgésicos que tengo en mi botiquín no son lo que necesito, creo que tengo que hablar con Cinna, ¿Quién más me puede ayudar?
- ¿Qué sucede? – digo alto.
- Katniss hemos llegado al distrito 8 – escucho a Fluvia y la miro sorprendida ¿y el 9? – Tienes cuatro horas para descansar, después tengo que arreglarte.
- Gracias, lo tendré en cuenta. – me quedo mirando la puerta, si debo y preguntar que paso con el 9 o si me quedo en la habitación, me giro y camino de vuelta hacia mi cama.
Me paro junto a ella y llevo mi mano a la frente del hombre más joven y veo que la fiebre ha remitido durante la noche y él abre los ojos y me mira primero asustado y después hace una mueca de dolor.
- No te muevas por favor. – le digo con un ruego. Hago lo mismo con su padre y veo que también ha disminuido su fiebre. – Señor Mellark puede escucharme.
- ¿Katniss? – pregunta el al abrir los ojos.
- Oh, qué bueno que despertaron, no se muevan les cambiaré las vendas y después comerán un poco – digo, abro el botiquín y comienzo a trabajar, limpiando las heridas y colocando medicamento, les vuelvo a vendar y ya que esta todo limpio y asegurado les ayudo a enderezarse.
- ¿Dónde estamos? – pregunta el chico más grande.
- Byron – dice su padre mirándome – Katniss gracias por ayudarnos, no tenías que.
- Claro que tenía – digo – no podía dejarlos morir, aunque no puedo asegurarles muy buena suerte.
- Estamos vivos ¿no? – dice Byron sonriendo y veo que él y Peeta tienen la misma expresión, lo extraño demasiado.
- ¿Dónde está Peeta?
- En el 10, nos hemos separado.
- ¿Por qué?
- ¿Qué le dijeron cuando los capturaron?
- Bueno – dice el Señor Mellark, - estábamos en la panadería abriendo cuando llegaron los agentes de la paz, y bueno nos encerraron y torturaron, pero no dijeron nada. ¿entonces Peeta está bien?
- Si – digo con tristeza – Sigue en el tour de la Victoria, es el vencedor declarado del distrito 12.
- ¿pero y tú?
- Yo solo soy alguien que no merecía vivir – digo con ganas de llorar – porque si hubiese muerto, esto no habría pasado, mi familia estaría bien y ustedes también.
- Katniss no digas eso – me dice el Señor Mellark – tu eres una digna vencedora, el problema es que Snow no puede aceptar haber perdido contra una niña.
- Pero no quiero que lastime a Peeta y es lo único que yo he hecho.
- Él sabe que todo tiene una razón.
- No – digo suspirando – yo no le he hecho ver eso, el cree que jugué con él, que lo use para sobrevivir, y es verdad, pero…
- No me lo digas – dice Byron – ¿te diste cuenta que te gusta?
- Yo, si, pero estoy tan confundida, ¿Cómo puedo saber que amo a alguien sin nunca lo he hecho?
- Bueno, algo dentro de ti te lo dirá.
- ¿y entonces si no eres una vencedora que eres?
- Una asesina – digo suspirando – Por favor, no salgan de este lugar, no abran, soy la única que puede hacerlo y así los mantengo seguros, pero si ustedes salen yo no podre…
- No lo haremos.
- Sabe Señor Mellark, usted crió un gran chico, cuando estábamos en el Capitolio – digo mientras abro un cajón de donde saco el arma que me han asignado y la reviso. – él me dijo, que él quería seguir siendo el mismo, demostrarle al Capitolio que no les pertenecía, que no era parte de esos juegos, que quería ser el mismo y lo logro, y yo le dije que no podía darme ese lujo. Y su hijo cumplió sus palabras, sigue siendo el mismo y yo he sido cambiada por el Capitolio.
- Oh Katniss – me dice el con tristeza.
- Por favor, cuando regrese no olvide a la chica que está por salir, no olvide a la Katniss que cada tarde iba a ver su aparador, aquella de la cual su hijo se enamoró a los cinco años y si es posible, recuérdemela, cuando la olvide.
- Lo haré. – Les doy una última sonrisa y salgo de la habitación para saber que está pasando y continuar con mi teatro que será televisado y sé que romperá cada vez más el corazón de Peeta que aún cree en mí.
De nuevo golpean la puerta, me levanto y miro el reloj ha pasado una hora y media desde que Fluvia vino, de modo que les sonrio y abro la puerta y salgo de nuevo cerrando detrás de mí.
- Katniss hermosa – me dice Roland y me acaricia el rostro, yo no me muevo y me quedo en silencio esperando que más va a decir.
- Acompáñame. – Y veo que vienen dos agentes de la paz y me escoltan – Sabes no sé qué ha visto en ti el presidente, yo le he dicho que no sobrevivirás, pero por alguna razón le has fascinado.
- Que amable por decirlo – digo con sarcasmo.
- Bien adelante – veo que han agregado otro vagón al tren y entramos a esa parte que parece una clínica mas que otra cosa.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Vamos a trabajar. – Me toman de los brazos y me sientan donde me amarran las muñecas y los tobillos.
¿Cómo poder describir el miedo cuando las palabras no existen, no en esas proporciones? ¿Cómo describir un dolor que no es físico que va más allá de la razón?
- Por favor yo no sé nada – digo llorando mientras intento liberar mis muñecas y mis tobillos.
- No es lo que quiero escuchar – me dice nuevamente, me siento mareada y lo veo transformarse en un ser grotesco, sé que me han inyectado veneno de rastevíspulas, conozco sus síntomas. - ¿Dime quien es tu contacto rebelde?
- No conozco a ninguno yo solo quería vivir – digo llorando mientras cierro los ojos para que las alucinaciones se detengan, siento un golpe en la cara, o quizá es mi imaginación, el sabor metálico de la sangre en mi boca me dice que es real.
- Señor creo que no sabe nada – dice uno de los agentes de la paz que me jala el cabello para mirar mi rostro – No responderá.
- Bien – dice – Y esto solo es el principio. – Vamos a darle otra dosis y programen los videos.
Cuando abro los ojos estoy en el suelo fuera de mi habitación, miro la pequeña pantalla donde tengo que poner mi huella y un código, pero estoy demasiado mareada. Me pongo de pie y hago todo el proceso cuando la puerta se abre entro y cierro de nuevo para caer al suelo sin fuerzas.
- Katniss – escucho una voz lejos de mí, no puedo abrir mis ojos, todo el cuerpo me duele siento que me colocan en la cama y limpian mis heridas.
- ¿Mamá? –digo en un susurro – mamá tengo miedo, por favor no me dejes. – Y siento que me alejo de ella hasta caer en un pozo de oscuridad.
- NOOOO – gito con fuerza y me levanto de golpe, mi respiración es agitada y siento que estoy temblando, cuando veo que estoy en mi habitación miro a los que están conmigo, la familia de Peeta.
- Katniss ¿estás bien?
- Si yo, solo.
- ¿Qué te hicieron?
- Nada –digo mirando por la ventana y veo que es de noche. - ¿Qué hora es?
- Las 10.
- ¿Qué? –digo poniéndome en pie, camino hacia la puerta y el Señor Mellark me detiene.
- No puedes salir así.
- Tengo que hacerlo – digo librándome de su agarre – por favor, solo no permita que me pierda.
Camino por los pasillos sintiendo el efecto del veneno en mi sangre. Me detengo para respirar y entro en el comedor donde esta Cinna y Fluvia mirándome con preocupación.
- Katniss ¿estás bien? – y veo que ha vuelto a ser la misma que antes, aquella que llegue a considerar una persona normal entre esos fenómenos del Capitolio.
- Si yo. – digo dando un tropezón con mis pies y Cinna se levanta y me detiene. – Tienes temperatura.
- Ven siéntate – dice y me da un frasquito como el anterior – Bébelo.
- No yo.
- Confía en mí – me dice y yo me lo tomo, me recargo en la mesa sintiéndome cada vez peor, hasta que llega Roland.
- Prepárenla al amanecer tendrá su discurso.
- Pero está enferma.
- ¿podrás hacerlo?
- Si – digo sin moverme – estaré lista.
Siento las manos de Cinna en mis hombros e intento calmarme mientras las pesadillas comienzan a desfilar en mi mente y no se que es real y que no lo es.
Bueno pues aun falta un poco para ver el adelanto, pero bueno aun falta mucho drama así que tomen sus pañuelos y tenganlos a la mano por si comienzan a llorar, espero que no, pero por si las dudas.
Pues espero que el capitulo les haya gustado, cada vez comenzará a haber menos recuerdos y más tiempo real, pero bueno gracias por leer, por agregarme a favoritos y seguirme.
Mil gracias a todos los lectores y a los que comentan, Chrushbut, Marydc26, Tonks Lunatica, Minafan, Katniss Luz y Amo THG y Crepusculo, gracias por sus comentarios.
Besos y azucarillos para todos y que la suerte este siempre de su lado.
