Prompt Day 5: school/college/hospital

Último prompt de la NijiAka week con (mucho) retraso. Esto ya no es un drabble, dios mío. AU en el que todos los personajes de KnB están en California viviendo la vida loca del estudiante de intercambio.


La noche de un día difícil

Akashi se sobó las sienes y soltó un suspiro largo que había estado conteniendo. Miró acusadoramente a la pared que tenía enfrente, esa de pintura color crema descarapelada, con una exasperación tal que no le sorprendería que se comenzara a cuartear o que incluso se desmoronara.

A buena hora se les había ocurrido a sus vecinos poner la música a todo volumen en temporada de exámenes.

Eso era lo que escapaba de la comprensión de Akashi, por muy geniecillo que fuera. Recapitulando: Estaba viviendo en la residencia estudiantil de la universidad que eligió en California y esa semana la mayoría de los estudiantes estaban particularmente estresados, incluso presentando tendencias un tanto psicóticas. Él mismo tenía una carga de trabajo impresionante gracias a algunos trámites administrativos que hizo a petición de su padre, sus actividades como embajador escolar para los alumnos extranjeros, el comité estudiantil, los proyectos escolares terminados y un largo etcétera.

Así que era la hora en la que apenas iba a repasar rápidamente los apuntes. No le hacía falta matarse estudiando, lo bien aprendido no se olvidaba, pero no estaba de más reforzar sus conocimientos. Sin embargo, más que la sesión de estudio (que ni necesitaba, siendo sinceros) lo que realmente le estaba preocupando era si iba a ser capaz de conciliar el sueño con el escándalo de sus vecinos.

Ojalá hubiera pedido ser el asistente de residencia en ese piso del edificio, así podría ir y amablemente ordenarles que respetaran las horas de silencio.

─Infructuoso─ murmuró para sí mismo, levantándose de la silla de su escritorio.

Salió de su dormitorio y con toda la resolución del mundo se dirigió a la puerta contigua. Necesitaba hablar con esa gente que definitivamente no tenía nociones ni del tiempo ni de la decencia. Pero apenas iba a aporrear la puerta cuando esta se abrió, dejándole contemplar no una visión, sino la visión:

Un chico de cabello negro, labios de pato como si estuviera listo para una selfie, ojeroso y totalmente desaliñado. Era la viva imagen de la decadencia juvenil, pero Akashi, como era niño bien, no iba a comentarlo.

─Buenas tardes─ fue lo que sustituyó a su dura crítica.

─Hey─ contestó el otro a su saludo, dando un paso hacia afuera ¿Intentaba amedrentarlo o algo?─. No me digas: Vienes a pedir que le bajemos al volumen.

Akashi sonrió y asintió cortésmente. No había necesitado mirar insistentemente hacia el cuarto de ese chico para darse cuenta de las deplorables condiciones en las que estaban. Esa pila de ropa sucia, basura y quién sabe qué más porquería gritaba desaforada por auxilio y una buena desinfectada al dormitorio. Si uno era ciego siempre se podía contar con el sentido del olfato para detectar ese tufo incontenible a suciedad, mezclado con un sospechoso olorcillo a hierba quemada.

─Si no es mucha molestia. Me temo que la hora de silencio dio inicio.

El otro chico chasqueó la lengua y cerró la puerta con brusquedad. La pobre puerta osciló peligrosamente.

─No te creas, que no soy yo el de la fiesta─ se quejó con tanta rabia que a Akashi no le extrañaría que se tirara a las mordidas en cualquier momento─. Pero no se puede hablar con mis compañeros de cuarto. Todos están pasados.

─ Cabe la posibilidad de que me escuchen si intento dialogar con ellos.

El chico soltó una risotada, como si le hubieran dicho un buen chiste.

─ ¿A palabras? Ya lo intenté. Y también otro tipo de diálogo cuando se pusieron pesados, pero ya te digo que están hasta las trancas y ni sintieron cosquillas.

Pues vaya. Akashi no imaginó que en ese cuarto habitaran drogadictos y una persona violenta.

─ ¿Sugieres algo?─ preguntó Akashi, no muy dispuesto a entablar una batalla sin sentido con personas que probablemente estarían inconscientes entre drogas y los posibles golpes recibidos.

─Iba a dar la vuelta a comprar algo en ese lugar de comida rápida de enfrente─ contestó el chico─. Entonces ¿Qué? ¿Vienes conmigo o te quedas?

─Creo que me apetece más ir contigo que quedarme a escuchar a tus compañeros de cuarto y su música─ concedió Akashi.

Al chico pareció complacerle su respuesta, o eso parecía indicar la ausencia de su expresión de pato lampareado.

─Pues vamos, deben tener malteadas o algo. A todo esto, me llamo Nijimura Shuuzou.

─Mucho gusto, Nijimura-san. Mi nombre es Akashi Seijuurou.

Aquella noche Akashi se olvidó completamente de que al día siguiente tenía exámenes que rendir, que sus vecinos eran unos drogadictos y que acababa de conocer a Nijimura y aun así se arriesgó a salir con él a las horas de la noche ¿Qué más daba? El caso era que se lo estaba pasando muy bien.

Además, mejor estar en buenos términos con Nijimura, decidió Akashi al ver el lamentable estado de sus compañeros de cuarto al día siguiente.

Confirmado: Era el cuarto del Escuadrón de la Muerte.


─De nuevo no te dejaron dormir.

Nijimura gruñó como respuesta, haciéndole espacio a Akashi para que se sentara con él en esa mesa de la cafetería. Qué bonitas dos semanas de amistad. Aunque Akashi había iniciado siendo cercano a cuatro chicos de curso superior; Mibuchi, Nebuya, Hayama y Mayuzumi, al final acababa pasando gran parte de su tiempo con su nuevo amigo.

─Pues sí, estoy harto de ellos. Carajo, fuera cosa de un solo día…

Akashi observó a Nijimura acuchillar sin piedad el pedazo de filete que tenía en el plato y comenzó a temer tanto por la salud mental de su compañero como por la vida de los roomies malignos.

─Si tanto te molestan puedes quedarte en mi cuarto─ ofreció Akashi después de darle un trago a su agua embotellada.

La sonrisa burlona de Nijimura no le hizo ninguna mella, no.

─Ya. Me cuesta creer que tú eres el que me está pidiendo romper las reglas. Sabes que no podemos estarnos cambiando de cuarto ¿Verdad?

─Casos extremos requieren medidas extremas─ contestó Akashi, permitiéndose una sonrisa también─. A decir verdad, no estaba pensando que fuera una medida de una noche, sino algo permanente. En el cuarto sólo estoy yo, no me molestaría compartirlo con alguien. Si te parece y aceptas, puedo ir a hablar con el encargado.

No sabía que tenía Nijimura que Akashi se atrapaba a sí mismo actuando de manera ilógica e impulsiva. Sí, su lema era "Rápido y decisivo", pero por ésta vez tenía que admitir que no había considerado de cabo a rabo los pros y contras de tener a Nijimura viviendo en su cuarto, ni siquiera las consecuencias de hacer esa propuesta. Pero allí estaba, esperando a que le respondiera.

─Acepto, pero yo mismo puedo ir a hablar con el encargado. No me hace falta que me hagas los recados, Akashi─ protestó dejando de despedazar la carne─. Faltaba más.

Akashi le sonrió de tal manera que Nijimura intentó fulminarlo con la mirada. Y se hablaba del mero intento porque había algo más en su expresión. Al final, consciente de ser el perdedor en ese duelo silencioso, Nijimura optó por desviar la mirada y la atención hacia la comida.

─Venga, terminemos rápido que tengo que pasar mis cosas antes de que esos me las destruyan.

Para su buena suerte, el permiso lo obtuvieron en un tris tras, el encargado no les puso ningún pero. También era una fortuna que las cosas de Nijimura estuvieran todas en buen estado, eso o sus compañeros de cuarto estaban tan amedrentados que ni se les había ocurrido tocarlas.

El caso era que al final de ese día Nijimura estaba felizmente asentado y había pasado a convertirse en el compañero de cuarto de Akashi.

Pero faltaba algo: La pregunta.

─ ¿Qué te pides? ¿Arriba o abajo?

No hay que malpensar, Nijimura no le estaba proponiendo cosas impuras y Akashi tampoco tuvo motivos para pensar que lo hacía. Tampoco es que fuera tonto, claro que era consciente de lo mal que había sonado, pero darle mucha vuelta pecaba de inmaduro e infantil.

─ ¿Está bien que elija antes?

─Sí, hombre. Digo, tú llegaste primero a éste cuarto.

Akashi no dejaba de maravillarse con Nijimura ¿Quién diría que detrás de tanta brutalidad existía un muchacho acomedido?

─Bien, entonces creo que conservaré mi lugar abajo ¿O te molesta la cama de arriba?

─Qué va─ le restó importancia su nuevo compañero, comenzando a hacer la cama de arriba─. No soy ningún vejete como para que no me guste subir a cada rato a mi cama.

Akashi contempló desde abajo cómo arreglaba las sábanas y sonrió para sí mismo. Cosa curiosa, desde que se hizo con la amistad de Nijimura era común ese gesto en él y ahora que iba a tener su compañía durante el resto del semestre no podía evitar sentirse menos solitario.

Especialmente a esas horas de la noche, después de días agitados.


Nijimura Shuuzou era un año mayor que Akashi Seijuurou. En un mundo occidental esa diferencia de edad pasaba bien desapercibida, pero las dinámicas japonesas senpai-kouhai decían otra cosa muy diferente. Akashi debía respeto a Nijimura y probablemente debería añadir el honorífico desde que supo de esa diferencia, pero para el enojo del "senpai" en cuestión, eso nunca sucedió ¡Pues vaya confianzudo e irrespetuoso!

Claro que como el superior allí, Nijimura también tenía la obligación de velar por Akashi y su integridad en todo momento o algo así era la idea. Su deber era protegerlo, aunque siendo sinceros, lo que menos necesitaba ese chico era protección. Suponía que tenía más que ver con su tendencia a querer cuidar a los chicos menores que él, prueba de ello eran sus hermanitos y algunos de sus amigos, como Kuroko, Kise... Incluso hasta podría decirse que cuidaba de su saco de boxeo, también conocido como Haizaki, todo para que éste no se fuera por el mal camino y se uniera al Escuadrón de la Muerte.

Aunque Akashi no necesitara de sus cuidados iba a estar al pie del cañón por si acaso

Por eso no era raro que Nijimura se sintiera terrible cada vez que la noche llegaba y comenzara a pensar recurrentemente en su relación con Akashi, a ser consciente de que estaba allí abajito, sin deberla y sin temerla mientras se tomaba su merecido descanso. En pijama.

Y que esa pijama fuera de todo menos sexy y aun así alimentara su fuego hablaba mucho de lo jodido que estaba.


Los exámenes finales llegaron y Akashi fue testigo de la decadencia de Nijimura en todo su esplendor.

Si el desgraciado ya era de por sí malhumorado como el que más, su furia había alcanzado niveles insospechables en esos días. Aparentemente estaba bastante estresado con una que otra materia que tenía que sacar adelante para no acabar perdiendo la bendita beca escolar y se entendía. Claro que todo ese estrés tenía que canalizarlo de alguna manera, y su método fue ser especialmente brusco con los demás.

─Nijimura-san, aquí.

Akashi dejó una taza de café bien cargado para Nijimura en su escritorio, mientras el pobre trataba de terminar su trabajo final.

─Gracias─ contestó soltando un suspiro antes de beberse el café, olvidándose por unos minutos de su trabajo─. Mierda. No sé qué estaría haciendo si no hubiera cambiado de cuarto, sería más pesado sin ti.

Expresiones como esas siempre mantenían a Akashi a la expectativa.

─Probablemente estarías encarcelado por intento de homicidio─ contestó en un intento por parecer lo que no era, es decir, un chico gracioso.

Cosa curiosa, la gracia de los chistes de Akashi radicaban precisamente en eso: eran insípidos como ellos solos y siempre que intentaba ser simpático era él quien acababa siendo el chiste y no sus lamentables bromas. Que en cualquier caso seguía siendo mejor que hacer las pésimas rimas de ese chico que se juntaba mucho con Kuroko y sus nuevos amigos, un tal Izuki.

─Deja de burlarte, menos mal me zafé de esos─ musitó Nijimura enfurruñado, recuperando un poquito de vitalidad y mal humor─. ¿Y tú qué? ¿Por qué andas tan fresco? Pareciera que no estás en finales.

─Terminé con anticipación mis trabajos y confío que pasaré satisfactoriamente los exámenes─ recitó Akashi, con el tono de voz de quien explica una estrategia de mercado─. Afortunadamente mi padre fue condescendiente y me liberó de mis responsabilidades por dos semanas.

Nijimura bufó y Akashi supo enseguida por qué. Parecía que a su compañero de cuarto no le hacía ni pizca de gracia los métodos de crianza de Akashi Masaomi, pero se vio forzado a morderse la lengua.

─Pues qué buena cosa ¿No? Así tienes más tiempo para descansar.

─Así es, es ventajoso─hizo una pausa, lo que iba a decir después podría costarle la vida con un compañero de cuarto con tendencias violentas al borde de la locura─. Nijimura-san, si te estás atorando en algo…

No alcanzó siquiera a terminar su frase cuando recibió un golpecito en la frente.

─ ¿Qué te crees, que no voy a poder terminar a tiempo? Me subestimas, Akashi─ palabras ásperas que no combinaban nada con esa sonrisa torcida─. Si me atoro entonces ya te digo y me ayudas si quieres, mientras vete a dormir o algo.

─Como desees─ concedió Akashi, sonriendo─. Si necesitas más café dejé hecho en la cafetera. Mucha suerte, espero que todo vaya bien.

─Deja de hablar como si me fuera a la guerra y ve a dormir.

Dicho esto, Akashi se echó en su cama a dormir, o al menos a fingir que así lo hacía. La verdad es que toda la noche no pudo pegar ojo, no porque le molestara el sonido de las teclas aporreadas por Nijimura, o la luz que tenía encendida para el escritorio, no. Lo que le estaba haciendo ruido era el pensamiento que no se podía sacar de la cabeza:

Nijimura tenía una sonrisa que, si bien no era bonita, contagiaba. La sonrisa de pato más atractiva del rumbo, seguramente.

Ninguno de los dos durmió ni un minuto esa noche.


El tiempo se iba volando cuando se estaba tan ocupado y cuando se tenía buena compañía aún más, decidió Akashi. El semestre terminó, ahora mismo hacían el equipaje y había comprobado que desde que Nijimura se había unido a él en el cuarto los días volaban, incluso las noches que antes le parecían eternas duraban un suspiro.

Pero todo debe llegar a su fin y esa no iba a ser la excepción.

─Pedí que me dejaran en éste cuarto para el semestre que viene─ comentó Nijimura, fallando en su intento de sonar casual.

Eso, por alguna razón, llenaba de satisfacción a Akashi. También que entre líneas le diera a entender que si volvían a compartir cuarto estaría de perlas.

─ ¿En verdad? Qué coincidencia, también pedí el mismo arreglo con el encargado.

Fingir que su relación se limitaba a la amistad sería la mentira más cochina del mundo. Tampoco podían decir que tenían una relación formal ni nada por el estilo, ni siquiera habían declarado directamente un interés mutuo, pero a esas alturas era más que obvio que todos esos bonitos sentimientos ya iban para otro lado.

Era toda una experiencia nueva para Akashi. Más triste.

─Pues eso─ Nijimura dejó por la paz su equipaje y se sentó en la cama de Akashi─. Nos vamos a ver aquí el semestre que viene. Y ya tenemos nuestros números, ya Kise me enseñó cómo usar el Wazzapp.

─Estaremos en contacto─ afirmó Akashi, apretando su celular entre sus manos─. Si deseas puedes visitarme en Kioto cuando tú quieras. Ya te lo había comentado antes, pero no está de más recordártelo.

─Pues sí, creo que sí te haré una visita en el verano, sólo tengo que tomar el tren. Digo, no conozco Kioto, así que si tú vas a hacer de guía turístico, perfecto.

Tanto él como Akashi guardaron silencio durante un momento que nada tenía de incómodo. Al contrario, se sentía más como si estuvieran disfrutando de la presencia del otro antes de que tuvieran que separarse. No era un adiós, por muy trillado que sonara, la realidad era que definitivamente iban a volver a encontrarse en Japón para después regresar a compartir un semestre más en ese cuarto.

El transporte de Nijimura para llevarlo al aeropuerto llegó media hora después y partió, no sin antes compartir un abrazo con Akashi. Al día siguiente a él también le tocaría partir de vuelta a casa en Japón a primera hora.

Akashi contempló la habitación vacía ¿Siempre había sido así de grande?

Esa noche ni siquiera intentó dormir. Entre sus pensamientos y el ruido de la última fiesta del Escuadrón de la Muerte no había caso.


Akashi movió una de sus piezas de shogi, inmerso en una batalla contra sí mismo. Ya llevaba una semana en su casa y trataba de disfrutar su tiempo libre jugando su juego de mesa favorito. Había terminado todas las tareas que le había encargado su padre de manera eficiente y el día ya había terminado, así que podía darse el gusto de dedicar un ratito para él. En eso estaba al menos cuando su celular vibró avisándole de un mensaje y no pudo evitar sonreír.

Ya se imaginaba quién podía ser.

"Akashi, me traje por error una camisa tuya ¿Cuándo te la llevo?".

Bendita camisa.


Notas de la autora:

Así es como esta serie de mini historias llega a su fin, con una temática bien ligerita. Digo que es el fin de la serie, pero ya ando planeando otros proyectitos por allí con más NijiAka que no sé cuándo podré empezar y terminar, tengo varias cosas que hacer, ergh. Pero ya me haré el tiempo de escribir más sobre la otepé.

¡Muchas gracias por acompañarme hasta el fin de la serie! ¡Hasta otra!