Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación

Canciones que sonarán en el capítulo.

(1). Secret Garden - The promise


Edward Point Of View (EPOV)

—Tranquilícese por favor. — el doctor me sentó en una silla

—¿Cómo quiere que me tranquilice? Mi novia... — sollocé sin poder hablar

—Señor Cullen, esto no es fácil de decir.

—Dígamelo de una vez. — fregué mis rodillas, nervioso

—Bella posee amnesia, por eso no lo reconoce.

—¿Qué? — un escalofrío me había recorrido de pies a cabeza, no podía creerlo

—Ella no lo recuerda.

No podía creerlo, Bella no sabía de mí, no me conocía.

—Por favor doctor, déjeme hablar con ella.

—No puedo, ella no está preparada para recibir tanta información.

—Juro que no le diré nada, se lo prometo. Pero déjeme hablar con ella, aunque sea por unos minutos. — le supliqué

—Señor Cullen, tiene quince minutos, ni un minuto más ni un minuto menos.

El doctor me dijo que la habitación de Bella se encontraba justo al lado de la mía, me dirigí hacia ella con mucho miedo. Temía a lo que ella pudiese pensar de mí, no me conocía, por lo tanto podía pensar y creer cualquier cosa de mí.

Entré en la habitación y una enfermera acompañaba a Bella, le estaba dando el almuerzo. Al verme, la muchacha salió de la habitación, dejándonos a solas.

—¿Puedo hablar contigo? — le pregunté sentándome a su lado

—¿Tú me dirás que me pasó? — frunció el ceño

—Tuvimos un accidente. — murmuré con ganas de llorar

—¿Tuvimos? ¿Qué eres mío?

—Soy tu novio Bella, pero no me recuerdas. — una lágrima recorrió mi mejilla

—¿Novios? ¿Y por qué no recuerdo nada? ¿Por qué no te recuerdo? — ladeó su cabeza

—Te golpeaste fuerte en la cabeza, y ahora tienes amnesia.

—¿Amnesia? ¿Cómo sé que eres mi novio realmente?

—Ese anillo — señalé su mano — te lo regalé yo, y tú me regalaste tu inicial. — Le mostré el colgante con la letra "B"

—Por eso yo utilizo la "E". — miró su pecho y fregó la inicial

—Mi nombre es Edward. — le tendí la mano

—Supongo que soy Bella. — Rió tomándola. — Y la cosa entre nosotros... ¿Va en serio? ¿Lo hemos hecho?

—Va en serio, muy en serio. Y sí, hemos hecho el amor.

—Eso es interesante, creí que todavía era virgen. — sus mejillas estaban coloradas

—Ya habrá tiempo para hablar de esas cosas, si tú quieres puedo contarte todo lo que quieras saber.

—¿Vivimos juntos?

—Pasas mucho tiempo en mi casa, pero vives en tu departamento, con Alice.

—¿Tengo un departamento? ¿Quién es Alice?

—Ella es como tu hermana, es tu mejor amiga, y sí tienes un departamento.

—Me gustaría conocerla, ¿qué te parece si me visto y nos encontramos en la sala de visitas? Así podríamos charlar más tranquilos. — propuso Bella

—Claro, te espero allí.

Me acerqué y planté un beso casto en su mejilla, ella sonrió un rato, quedándose totalmente quieta.

En la sala de visitas me esperaban Alice y Jasper.

—¿Cómo estás hermano? — Jasper me abrazó

—Estoy destrozado. — murmuré llorando en su hombro

—No digas eso, todo estará bien, ¿qué pasa con Bella? — me preguntó

—Ella tiene amnesia, no me recuerda, no recuerda a nadie, no nos recuerda. — cubrí mi rostro con ambas manos y me eché a llorar

—Tranquilo Edward. — Alice me abrazó y fregó mi espalda — Entonces, ¿no me recuerda tampoco?

—No recuerda a nadie.

A lo lejos se acercaba Bella, acompañada por un enfermera.

La esperamos sentados en unos sillones color blanco.

—¿Cómo estás? — le pregunté a Bella, la enfermera ya se había ido

—Creo estar bien, aunque me duele un poco la cabeza. — su cabeza estaba vendada, debía dolerle demasiado

—Soy Alice. — murmuró presentándose

—¿Tú eres mi mejor amiga? — le preguntó Bella

—Sí, soy yo. ¿Podría... abrazarte? — a Alice se le llenaron los ojos de lágrimas

—Claro que puedes.

Era muy emotivo, ellas eran como hermanas, y para Alice también era difícil. Debía sentirse terrible, ver a tu hermana en esa situación, y para mí... ver a mi novia tan marcada, no era agradable

Alice y Bella dieron un recorrido, mientras que Jasper y yo fuimos a mi habitación.

Me senté en la camilla, no sabía que hacer o que decir. Jasper se sentó a mi lado.

—No sé qué hacer. — me lamenté llorando

—Tranquilo, es una mala jugada. — me palmeó

—¿Mala jugada? Ella no me recuerda, prometió no olvidarme, mi novia me olvidó. — Lloré — La amo con mi vida entera, y no tolero verla así, ella es mi todo, pero no sabe quién soy.

—¿Por qué no le demuestras todo eso? ¿No tienes algo que demuestre que se amaron de verdad? — me preguntó Jasper

—Creo que no... — Me lo pensé un rato — ah creo que sí, tengo un álbum de fotos, lo armamos juntos.

—Eso puede ayudar y mucho.

—¿Tú crees? — sonreí esperanzado

—Claro que sí, vamos a buscarlo en éste momento. — Jasper me alentó

Jasper me llevó hacia el departamento de Bella, me esperaba hablar con su madre, ella no sabía lo que había pasado.

Golpee la puerta y esperé a que alguien saliese.

—¿Edward? — Reneé frunció el ceño al verme

—Hola — le di un beso en el cachete y entré

—¿Qué te pasó? — me preguntó mirando la herida que traía en mi cabeza

—Un accidente, con Bella tuvimos un accidente.

¿Qué? ¿Cómo está mi niña? — Reneé se puso nerviosa

—Ella... mire... — no sabía cómo decírselo

—Edward, dime cómo está mi hija, dime lo que tiene.

—No recuerda, perdió la memoria. — tensé mi mandíbula

—No puede ser cierto. — se le llenaron los ojos de lágrimas

—Todo estará bien — la abracé —, tenga esperanzas. — ¿Cómo podía darle esperanzas a alguien? Si yo mismo había perdido las esperanzas.

—Quiero ver a mi hija, llévame con ella. — me pidió en un tono autoritario

—Abajo me espera un amigo, él nos llevará al hospital. Baje usted, yo buscaré unas cosas y enseguida estaré con ustedes.

Tomé el álbum que estaba en la habitación de Bella, guardado en esa cajonera.

Al rato nos encontrábamos en la sala del hospital, esperando a Bella. Ella regresó con Alice a los minutos, y se acercó a Reneé.

—Hija. — Reneé la abrazó

—Hola mamá, tanto tiempo... — la recordaba, Bella recordaba a su madre y no a mi

—¿Te sientes bien? — Reneé acarició su mejilla

—Sí, aunque no recuerdo nada. — sonrió Bella

—¿Sabes cuál es la mejor forma para recordar? — le preguntó Reneé y Bella frunció el ceño. — Regresar a Arizona cariño, regresar a tu lugar.

—¿Qué? — le pregunté algo molesto, ¿cómo podía decir eso? No podía llevarse a Bella, no tan lejos.

—Mamá, no creo que regresar sea la mejor manera.

—Hija todo será como antes, y tú — Reneé me señaló con su dedo índice — no me dirás que hacer con mi hija, todo esto es tú culpa. — Me miraba fijamente — Mi niña está así porque no cuidaste bien de ella.

—¿Qué está diciendo? — Fruncí el ceño con ganas de llorar — Bella es mayor, y ella decidirá qué hacer, además fue un accidente, un camión nos embistió.

—No quiero escucharte niño, mi hija decidirá, y está más que claro lo que ella quiere.

—¿Y qué cree que ella quiere? — la desafié

—Ya basta, no creo que ésta sea la manera de llegar a un acuerdo. — Alice nos relajó

—Bella decídete ahora, ¿qué harás cariño? Quiero lo mejor para ti, además tú necesitas de buenos cuidados, y allí te serán dados de la mejor manera. — Reneé quería convencer a Bella

—Mamá no quiero... — Bella no sabía que hacer

—Dilo Bella, no tengo problema, puedes ir con ella. Todo estará bien. — le sonreí con los ojos entumecidos

—Mamá me quedaré aquí. — dijo Bella y abrí mis ojos asombrado

—¿Estas segura Bella? — le preguntó Reneé

—Sí, pero no quiero que regreses a Arizona.

—Tranquila hija, no lo haré.

—¿Exactamente dónde estamos? — preguntó Bella

—Estamos en Boston. — reí. Reneé me fulminó con la mirada

No era mi culpa que Bella hubiese preferido estar conmigo que con su madre, era una decisión tomada y ni Reneé ni nadie podía cambiarla. Bella era muy terca, por lo tanto no la harían cambiar de opinión.

Hicimos un último papeleo para que Bella pudiese salir del maldito hospital, ella me había pedido ir a un lugar más tranquilo. ¿Qué lugar más tranquilo que mi propia casa? Estaríamos solos, tranquilos y sin interrupciones, allí podría mostrarle el álbum.

Alice, Jasper y Reneé regresaron al apartamento de Bella, querían dejarnos a solas, en parte debíamos hablar de muchas cosas.

Ella no habló en todo el recorrido, observaba con atención el centro de Boston, era hermosa.

Bajé del coche y abrí la puerta del copiloto para que bajase.

Tomé su mano y ella la soltó, no me sorprendió para nada, era de esperarse... ella estaría distante conmigo. Le enseñé parte por parte de la casa, contándole un poco de cada habitación, y al llegar a mi cuarto, ambos nos miramos.

(1) —Aquí... murmuró acariciando las sábanas

—Sí, aquí fue. — musité sentándome

—Y... ¿fue hace mucho? — me preguntó sentándose a mi lado

—Bastante, pero debes estar segura de una cosa... lo hemos hecho con amor. — le dije con la mano en el corazón

—¿Y cómo sé que de verdad nos amamos? ¿Cómo estoy segura de eso?

—Bella, tengo algo que quizás pueda demostrarlo.

En ese momento le mostré nuestro álbum de fotos, mis ojos se llenaron de lágrimas, era tan difícil. Ella miraba nuestras fotos y sonreía, ¿estaría recordando? No era posible. Yo recordaba todo de ella, cada detalle, cada momento vivido. Lo que le molestaba, lo que le gustaba, lo que sentía por mí... lo sabía. Porque ella se había encargado de hacérmelo saber, con cada beso repartido, con cada palabra dicha.

Sus ojos se entumecían al igual que los míos, esbozaba una sonrisa tras otra al ver las fotos del parque de diversiones. Aquella noche al regalarle el anillo ella me dijo "—nunca lo olvidaré, pase lo que pase este día se grabará en mí." Y no era así, ella había olvidado, había olvidado todo lo que habíamos pasado juntos. Veía las fotos que Sharon nos había tomado, observaba con mucha atención su rostro, mi rostro. Quería llorar, no me hacía bien esa situación, ella no recordaba y yo no podía hacer nada.

La noche en el parque la recordaba de principio a fin, esa noche estaba decidido completamente, decidido acerca de ella. Decidido en convertir a Bella en la persona más importante de mi vida, la persona que más feliz me haría... siempre.A veces la vida nos golpea y sin motivo, pero hay que superar, no hay otra solución, tan sólo salir adelante. Fingir estar bien... para alegrar a otra persona importante, en mi caso era Bella. Debía estar bien y fuerte para ella, aunque ni siquiera me recordase. La vida no era un pasillo recto y fácil que recorríamos libres y sin obstáculos, sino un laberinto lleno de pasadizos. Y ese era un pasadizo, el accidente había sido un obstáculo en nuestra carrera por la vida.

En las fotos que Sharon nos había tomado, nos mostrábamos felices, sonrientes, enamorados. En las capturas de la cabina en el parque, también, nos mirábamos de una manera especial. Y ella podía comprender que yo no mentía, que no era una farsa, que de verdad nos habíamos amado con cuerpo y alma. Que mis sentimientos eran verdaderos, que lo que sentía era real, que mi sentir superaba cualquier barrera.

—E-es cierto... nos amábamos. — murmuró mirándome

—Aún te amo. — le dije, sintiendo cómo una lágrima se deslizaba por mi mejilla

—¿Por qué estoy llorando? — se fregó los ojos. — ¿Y por qué lloras tú? — acarició mi mejilla

—Lloro porque te extraño, extraño lo que éramos, necesito verte bien. — lloré cubriéndome el rostro

—No puedo verte llorar, me hace mal y no sé por qué. Siento que eres muy importante para mí, pero en parte eres un extraño. — murmuró pensando

—Todos los días que pasábamos juntos me decías cuán importante era para ti, pero todo eso se perdió.

—Lo siento tanto, de veras siento mucho lo que está pasando. Me siento mal por ti, y siento que en algún momento me hiciste muy feliz, pero no puedo recordarlo. — sollozó

—¿Crees que en algún momento volverás a recordarme?

—No lo sé, no sé qué pasará, pero me gustaría recordar. No sólo a ti, me gustaría recordar todo, como era todo antes del accidente.

—Bella, estoy dispuesto a contarte como era todo, cada detalle.

—Te lo agradeceré, quizás eso me ayude a entender.

—Podrás entender cuanto te amé y cuanto te amo.

Recordaba todo, cada momento, cada instante, cada rastro que ambos habíamos dejado. La primera vez que la vi, la primera vez que le dirigí la palabra, el momento en el que supe que era la mujer de mi vida. El momento en el que cambié para ella, el momento en que ella estuvo para mí, el instante en el que toqué su piel por primera vez. Eran momentos, simples instantes, que estaban bajo llave en mi corazón. Ella muchas veces me había dicho que yo ocupaba un lugar especial en su corazón, que me encontraba en el fondo, y así era para mí. Ella también ocupaba un lugar especial, único. La recordaba con todas sus cosas, con su sencillez, con su sonrisa tan encantadora, con su mirada tan penetrante y sincera. Sus gestos, su boca, esos labios que me incitaban al delito.

Pasamos toda la tarde charlando, le conté que cursaba Turismo, y que a fin de año le darían su título. Se enorgulleció y dijo que siempre había querido viajar por el mundo. Le comenté que conocía a mis padres, y las veces que nos habíamos besado, las veces que habíamos hecho el amor. Ella sonreía con timidez, no podía creer que ya no era virgen, no podía creer nuestra historia.

Por la tarde, Emmett nos visitó acompañado de Sharon.

—Hola hermano. — me saludó dándome un fuerte abrazo

—¿Cómo estás? — le pregunté

—Yo bien, pero no creo que tú estés muy bien. — me palmeó

—Estás en lo correcto, no estoy nada bien. Siento que no puedo con ésta situación.

—Ya pasará. — Me sonrió — Quiero decirte que hablé con mamá.

—¿Le dijiste del accidente? — fruncí el ceño

—Sí, ella estaba desesperada. Dijo que pasaría a verte lo más pronto posible.

—Demonios, debe estar muy mal.

—Relájate, ¿cómo está Bella?

—No muy bien, quiero la trates con cuidado, ella no recuerda nada.

—Tranquilo, con mucho cuidado.

Emmett se acercó y saludó a Bella con tranquilidad, ella sonrió sin entender.

—Él es mi hermano Emmett. — le expliqué

—Es un placer. — dijo ella con timidez

—¡Bella! — Sharon corrió hacia sus brazos, quise detenerla y explicarle lo que había pasado, pero no pude. —Ella es hija de Emmett, mi sobrina.

—Es muy bonita, aunque no puedo recordarla. — Bella ladeó su cabeza y frunció sus labios, apenada

—¿Por qué no me recuerda? — preguntó Sharon

—Ellos tuvieron un grave accidente, y Bella perdió la memoria. — le explicó Emmett, sosteniéndola en sus brazos

—¿Me recordará en algún momento? — Sharon estaba a punto de llorar

—Tranquila linda, todo es posible. — Sharon se refugió en los brazos de Bella

Era muy difícil para todos, aunque me interesaba saber más... quería saber de qué se trataba lo que padecía Bella. Dejé que Emmett y Bella hablaran un rato, fui a mi habitación y llamé al doctor que había atendido a Bella.

Después de las tres pitadas... contestó.

—Buenas tarde. — le dije amistosamente

—Buenas, ¿quién habla?

—Soy Edward, Edward Cullen.

—Ah sí, ¿en qué puedo ayudarlo?

—Mire, necesito hacerle un par de preguntas, sobre lo que padece Bella.

—Puede preguntarme tranquilo, ¿qué desea saber?

—¿Qué es lo que tiene Bella? Explíquemelo claramente.

—Ella padece AGT, es para ser más claro, Amnesia Global Transitoria.

—¿Qué es eso? Me refiero a que... ¿nunca más recuperará la memoria?

—Mire señor Cullen, ella recuerda los últimos momentos de su pasado consciente, hechos de su historia personal. Y ¿es posible que recupere su memoria? Claro, puede recuperarla mañana mismo, o en unos cinco meses, o lamentablemente en treinta años.

—¿Y por qué no me recuerda?

—Quizás el golpe afectó sus recuerdos, y en esos recuerdos a usted,

—¿Y cómo sé cuándo recuperará la memoria?

—Eso nadie lo sabe, además... es posible que nunca más la recupere. —¿Cuánta probabilidad?

—Digamos que de cien... treinta puede recuperarla y el otro setenta... jamás la recupere.

—Vaya... — murmuré con ganas de llorar

—Edward, tengo que irme rápidamente a cirugía, si tiene alguna otra duda llámeme. Si desea hablar con alguien o hacerme más preguntas, contáctese conmigo... podríamos tomar un café juntos. Suerte y no pierda las esperanzas.

—Muchísimas gracias doctor, me aclaró varias dudas, lo llamaré si necesito hablar.

¿Esperanzas? Había perdido las esperanzas en el mismo momento en que vi a Bella en ese hospital, sabía que ella no recuperaría la memoria jamás, no era posible.

Me recosté en mi cama y me descargué en mi almohada, lloré hasta el cansancio... hasta que mis ojos se hincharon.

Necesitaba un abrazo, de Bella, que me diese tranquilidad, que me hiciese saber que era una tormenta pasajera, que ya pasaría. Pero Bella no me daría uno de esos abrazos, porque no me recordaba, y era doloroso, doloroso para mí, para mí débil corazón. Me sentía indefenso, incapaz de afrontar una situación tan dura, inútil. Estaba todo perdido, ella me había olvidado y no podía obligarla a estar conmigo, no era justo.

Quería ayudarla, pero ¿cómo? No podía mantenerme de pie, no podía aguantarlo.

Salí de mi cuarto cuando sonó el timbre, Bella, Emmett y Sharon me miraron.

Abrí la puerta y me sorprendí al ver a un hombre mayor con bigote, no sabía quién era.

—Hola. — estiró su mano

—Buenas. — la tomé. — ¿Lo conozco?

—No creo, soy Charlie, es un placer.

—Yo soy Edward.

—Lo sé, vine a ver a mi hija.

—¿Usted es el padre de Bella? — fruncí el ceño

—Sí, soy yo.

—Adelante, pase por favor. — Le di paso — Bella en éste momento se encuentra en la sala.

—Está bien, ¿tú eres el novio de mi hija?

—Sí, aunque no sé si usted sabe... pero tuvimos un accidente y ella perdió la memoria.

—Algo sabía, por ese mismo motivo vine.

—¿Cómo llegó hasta acá?

—Estuve en su apartamento, con su madre y su mejor amiga. Reneé me dijo que estaría contigo, aquí.

—Sí, bueno... ella eligió pasar el día aquí, para que le contase un poco nuestras vivencias pasadas, que no recuerda.

—Me parece bien.

Pasamos a la sala y le hice una seña a Emmett, disimuladamente para que se llevara a Sharon de la habitación.

—Hola hija. — Charlie se acercó a Bella y la abrazó

—¿Qué haces aquí papá?

—¿No estás feliz de verme?

—Sí, algo...

—Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te vi cariño.

—Creo que los dejaré a solas. — sonreí notando incómoda a Bella

—No Edward, quédate.

—Será mejor que hablemos a solas hija.

—Yo no tengo nada que hablar contigo, lo siento. — ella se alejó

—Bella no me hables así.

—¿Cómo quieres que te hable? Apareces ahora, porque estoy así, que no recuerdo nada. Desapareciste de mi vida durante años y ahora ¿pretendes aparecer de la nada y cumplir el papel de buen padre?

—No me digas esas cosas, no desaparecí, no podía viajar hasta aquí. No tenía dinero y no podía Bella, entiende...

—El dinero no es una excusa, pero no quiero discutir contigo, no me apetece hablarte. — Bella estaba furiosa

—Bella relájate. — me acerqué y fregué su espalda

—No tolero ver a éste mentiroso. — Bella se fue y nos dejó solos

—Siento mucho lo que está pasando, aunque no puedo entenderlo... creí que tenían una buena relación. — nos sentamos en el sofá

—No sé por qué actúa de esa forma, los últimos años hemos tenido una buena relación.

—¿Y años anteriores se llevaban bien?

—No, antes no hablábamos básicamente, teníamos una relación muy distante. Pero después de varias charlas, arreglamos todo.

—Es eso lo que está pasando, ella olvidó que ustedes habían arreglado las cosas, entonces en su mente... están muy distanciados. — todo encajaba

—¿Usted cree? — me pregunto

—Claro, y por favor, diríjase hacia mí con confianza... dígame Edward.

—Edward... ¿tú podrías hablar con ella?

—Oh señor, disculpe, pero éste no es un asunto que yo deba arreglar.

—Lo sé, pero no quiere hablar conmigo.

—Entonces espere a que se le pase el enojo, no puedo obligarla ni presionarla a escuchar.

—Bueno, esperaré. Ahora debo irme, fue un placer conocerte Edward, cuida a mi hija.

—Lo haré.

Me despedí de él y busqué a Emmett, le pedí disculpas y me dijo que no había problema. Él y Sharon se fueron, después de despedirse de Bella. Quise saber cómo estaba, después de esa disputa con su padre... debía sentirse fatal.

—Bella, ¿puedo pasar? — golpee la puerta de mi habitación

—Claro.

—¿Cómo estás? — le pregunté sentándome a su lado

—¿Cómo puedo estar? No recuerdo nada y eso me molesta demasiado, no sé qué pretende mi padre, no sé para qué vivo.

—Bella no digas esas cosas, vives para iluminar nuestras vidas.

—¿La vida de quién? Siento que nadie me ama.

—No te sientas así, estás muy errada, yo te amo.

—Siento que tú eres el único sincero conmigo, siento que de verdad me amas.

—Porque así es, porque a pesar de todo... yo sigo aquí

—Y te lo agradezco, de veras te lo agradezco, no sé qué haría sin ti. — ella me abrazó

Eso necesitaba, eso quería, un abrazo.

—Bella creo que necesitas despejarte, ¿quieres que hagamos algo? — le pregunté

—No, quiero quedarme aquí contigo. — besó mi mejilla

Bella lo había dicho, quería estar conmigo, la amaba. Nos acostamos en mi cama, ella apoyó su cabeza en mi pecho, podía olfatear el aroma a fresas que tenía su cabello. ¿Ella sentiría algo por mí? De no ser así... no me abrazaría y no me diría las cosas que me decía. Era posible, pero no lo creería, no me creería importante para ella. Porque ¿y si no lo era? Me llevaría un chasco.

Por la noche le propuse cenar pizza, ella aceptó gustosa y así fue, durante la cena hicimos chistes, bromas y demás. Limpiamos juntos la cocina y llegaba la hora de dormir.

—Puedes dormir en mi cama, yo dormiré aquí. — señalé el amplio sofá

—Me parece bien. — me sonrió — Hasta mañana entonces.

No me agradaba la idea de dormir lejos de ella, pero debía ser así, no podía darme el gusto de dormir a su lado.

Me quité la sudadera que traía puesta y dormiría en calzoncillos. Apagué las luces y me acomodé en el sofá, listo para dormirme. Una llovizna fuerte se desataba afuera, no parecía nada grave. Hasta que un fuerte trueno resonó en toda la casa, me asusté, pero no como un marica.

—Edward. — murmuró Bella acercándose al sofá, estaba en bragas

—¿Qué ocurre?

—Tengo miedo.

—Ven aquí. — le hice un lugar en el sofá y la rodee con mi brazo

—Nunca le temí a los truenos, pero no sé por qué me sucede ahora. — Musitó cubriéndose con las sábanas

—Una vez te dije que sería tu compañero de tormentas, míranos ahora.

—No creas que es una excusa para estar aquí contigo. — murmuró y la miré

—Creo que es una excusa. — bromee

—No es excusa, tengo miedo en serio.

—Está bien Bella, descansa. — le di un beso en su cabeza.

Antes de dormirme miré hacia arriba y le pedí a dios que por la mañana... Bella me recordase.

...

...

...

Desperté y Bella estaba aferrada con ambos brazos a mi cuerpo, era muy lindo, recordaba esas mañanas... en las que amanecíamos entrelazados.

Me levanté como pude, sin hacer quien, no quería despertarla, y prepare el desayuno. Café y galletas para mí, té de manzanillas y tostadas para ella, le gustaría.

—Nena, ya está el desayuno. — murmuré despertándola

—No me digas nena. — me dijo abriendo sus ojos

—¿Te molesta? ¿Por qué no quieres que te diga así?

—No me parece correcto... — se sentó en el sofá

—Está bien, parece que eres nene...

—No me refe...

—Tranquila, no quieres que te diga nena, eres un nene.

—No soy un nene, creo que tú lo sabes bien. — me sonrió con picardía

—¿Crees? — alcé mis cejas. — ¿Tu lo crees? — reí haciéndole cosquillas

—Ya basta — rió retorciéndose en el sofá

—¿Te diré nena? — le pregunté

—¡No! — exclamó desafiándome

—Entonces no dejaré de hacerte cosquillas. — reí jugando con su barriga

—¡Está bien! ¡Puedes decirme nena pero detente!

—Eso quería escuchar. — reí

—Eres malvado.

Era bueno empezar el día así con Bella, me alegraba las mañanas, era mi luz.

—Me gusta el té de manzanillas. — dijo ella relamiendo su labio superior

—Lo preparé porque sé que te gusta.

—Es bueno que sepas mis gustos. — rió

—Sí es bueno, y también es bueno que sepa lo que te molesta.

—Dime, ¿qué cosas me molestan?

—Dormir con calcetines, te molesta quedarte dormida y tener puesto calcetines, te molesta que el agua de la ducha salga fría, te irrita que te griten, por eso nunca lo hago. Y te sensibiliza hablar de la gente pobre. Y muchas cosas más.

—Dios mío... — sus ojos se empañaban — ¿Cómo es que sabes tantas cosas de mí?

—¿Porque soy tu novio? Quizás...

—Nadie sabe tantas cosas de mí, sólo tú.

—Y me alegra ser sólo yo el que conozca todo de ti, absolutamente todo.

Elle tenía los ojos iluminados, quizá le sorprendía saber que yo sabía tanto de ella. Pero gracias a todo lo que habíamos vivido juntos... sabía mucho de Bella.

El timbre de mí casa sonó y me vestí rápidamente con unos vaqueros, Bella corrió hacia mi habitación, estaba en bragas y quiso cambiarse.

Abrí la puerta y mi madre me sorprendió.

—¡Hijo! — Esme corrió hacia mí, abrazándome fuerte

—Mamá tranquila. — fregué su espalda

—¡Creí que te había perdido! — lloró en mi pecho

—Ven mamá, todo está bien. — hice que entrase a la casa

—Creí que... — no podía hablar, estaba en un mar de lágrimas

—Mamá por favor, ya no llores.

—¿Cómo pasó hijo?

—Un camión nos embistió.

—¿Nos? — frunció el ceño

—A Bella y a mí.

—Oh por dios, ¿cómo está ella?

—Ella se golpeó fuerte la cabeza... y tiene amnesia.

—Tiene que ser una broma. — mi madre cubrió su rostro con ambas manos

—No es broma, ella no nos recuerda.

—Dios mío, debes estar muy mal cariño. — me abrazó

—Trato de disimularlo. — miré hacia otro lado

—No trates de disimularlo conmigo, te conozco, eres mi hijo.

—Hola. — murmuró Bella saliendo de mí habitación, llevaba puestos mis pantalones

—Hola Bella. — le sonrió mi madre

—Bella, esos pantalones te quedan muy bien. — Reí — Ella es mi madre Esme.

—Es un placer conocerla señora. — Bella le dio un beso en la mejilla

—Siento mucho lo que te pasó. — a mí madre se le llenaron los ojos de lágrimas

—Es duro para mí, ya que no recuerdo nada.

—Mi hijo te ayudará a recordar, puedes estar segura de eso.

—Me ha ayudado bastante.

Mi madre conversó con Bella un rato, hablaron de cosas triviales, de las actividades que mi madre hacía, de todo un poco. Mi madre tuvo que irse a la media hora, mi padre tenía gripe y debía cuidarlo.

—Cariño, puedes visitarme en mi casa cuando quieras. — le dijo mi madre despidiéndose

—Bien, pronto nos volveremos a ver. — Bella y mi madre se dieron un abrazo

—Adiós mamá. — le di un beso en la mejilla

—Ella es muy buena persona. — me sonrió Bella

—Ella es un ángel. — le sonreí

Bella se sentó cómodamente en el sofá, aproveché para orinar. No había orinado en toda la mañana, mientras liberaba mi hidratación... escuché como la puerta de la entrada se cerraba. Me asusté

—¿Bella? — pregunté en voz alta mientras me subía la bragueta de mi pantalón

Salí a la sala y no pude verla, no estaba en la casa.

—Dios mío, ¡Bella! — exclamé colocándome una camiseta

Salí al porche y miré para todos lados, ella no estaba en ninguna parte. El nudo que tenía en la garganta me quitaba la respiración, sentía miedo, mucho miedo.

Tomé mi celular y llamé a Alice, no sabía a quién llamar.

—Salí del baño y ya no estaba. — le expliqué encaminando hacia el centro de Boston

—La buscaré en todos lados, si la encuentras... llámame Edward.

—Alice, ten discreción, no me gustaría que Reneé se enterase. Llámame ante cualquier novedad de ella, por favor.

—Tranquilo, búscala.

Tenía ganas de llorar, ¿y si no la encontraba? ¿Y si le pasaba algo malo? Ella no se encontraba mentalmente preparada como para estar sola en una ciudad tan grande, me sentía culpable. Al final de cuentas Reneé tenía razón, no servía para cuidarla. Lo único que le pedía a dios era poder encontrarla a salvo.


¡Gracias por leer!

¿Qué les pareció este capitulo? Me gustaría saber su opinión.

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El próximo capítulo se llamará "Pasado". ¡Gracias!

Anbel.