Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación

Canciones que sonarán en el capítulo.

1. Sixpence None The Richer - There She Goes

2. Debussy - La fille aux cheveux de lin

3. Jason Walker – Down

¡Disfruten!


Edward Point Of View (EPOV)

La buscaba con desesperación por todos lados, preguntaba en cada negocio por ella, le preguntaba a cada persona que me cruzaba. Rostros y rostros pasaban frente a mí, pero ninguno semejante a Bella, ninguno. Las lágrimas estaban a punto de brotar de mis ojos, era algo que no podía aguantar. Ella no podía perderse, no podía, no sabía en dónde estaba, siquiera. Era mi culpa, yo tendría que haberle mostrado la ciudad, pero no, la había encerrado en mi puta casa. Me sentía como un idiota, un inservible, pero no dejé de buscarla ni un segundo. Recorrí calles, plazas, edificios y muchos lugares del centro. Sentía cómo mi respiración se entrecortaba, era irregular y no podía controlar eso. Me detuve en medio de la peatonal, fregándome el pecho, sentía unas puntadas inexplicables.

—¿Se siente bien? — una señora mayor se acercó a mí

—Es mi pecho, pero estoy bien. — le sonreí con la mandíbula tensa

—Joven, ¿qué le pasa? ¿Por qué está sudando? — me tocó mi frente

—Estoy buscando a mi novia, ella se perdió.

—¿Se perdió?

—Ella tiene amnesia y no sabe dónde está.

—Oh madre santa, ¿quiere que lo ayude a buscarla?

—No señora, está bien. — le sonreí

—Joven, ten éste amuleto. — la señora me dio una flor con detalles en azul. — Te traerá suerte y podrás encontrarla.

La mejor dio media vuelta y se fue, seguí buscándola un poco más, hasta que mi celular sonó.

—Alice, ¡alguna noticia?

—La encontré, estoy con ella.

—Gracias a dios, ¿está bien?

—Sí, estoy yendo con ella hacia su apartamento.

—Iré en un rato.

—No Edward, será mejor que no vengas, cualquier cosa te llamaré.

—Está bien, llámame.

Regresé por mi camino y busqué a la señora que me había dado el amuleto, no pude encontrarla por ningún lado. Esa chapa de metal con forma de flor me había traído suerte, era inexplicable, no podía creerlo. ¿Cómo había pasado? ¿Ese amuleto tendría algo de especial?

Llegué agitadísimo a mi casa, encendí la chimenea para que calentara toda la casa, una llovizna leve caía fuera. No me gustaba estar sólo, quería estar con Bella, aunque no podía ir a visitarla.

Tomé una ducha y me recosté en el sofá de la sala para mirar una película, la casa era aburrida sin Bella, no escuchar su risa, era apagado. Se escuchaba la lluvia caer en el porche, las gotas se deslizaban en el ventanal, los truenos empezaban a hacerse notar. Y no pude evitar recordar a Bella, temiéndole a los putos truenos, mi cielo. No pude aguantar, llamé a Alice.

—Hola Alice, quiero hablar con Bella.

—Edward, ella no puede hablar en este momento... — murmuró Alice, podía notar que me estaba ocultando algo

—¿Dónde está ella? ¿Qué está pasando?

—Está en su habitación, está con...

—Alice dímelo, me estás asustando.

—Tranquilo, ella está bien, te hablaré más tarde.

—Espera, espe... — me había colgado

Maldita sea, algo estaba pasando y no tenía idea de qué era. Tomé las llaves de mi coche y salí en medio de la lluvia, subiéndome a mi auto, un poco empapado. Conduje rápido, muy rápido, me gustaba conducir a una velocidad alta si iba sólo, si iba acompañado en el coche... protegía a mi acompañante.

Bajé del coche y entré corriendo al edificio de Bella, golpee la puerta muy nervioso y Alice salió.

—¿Qué haces aquí? — me preguntó cerrando la puerta

—Vine a verla a Bella, me pegaste un buen susto.

—Todo está bien Edward, será mejor que te vayas.

—¿Por qué quieres que me vaya? Alice entiéndeme.

—Entiéndeme tú, es por tu bien.

—¿Mi bien? Mi bien es poder verla.

—Adelante Edward, no digas que no te avisé.

Cuando entré no pude ver a nadie en la sala, ni a Reneé, ni a Bella. Me acerqué a la puerta de su habitación y escuché su risa, acompañada de una carcajada masculina, ¿sería su padre?

Golpee y esperé una respuesta.

—Adelante. — me dijo Bella y pasé algo temeroso

—Hola. — saludé y me quedé quieto cuando la vi cerca de un muchacho, no sabía quién era

—Edward, ¿qué haces aquí? — me preguntó Bella

—Vine a verte.

—¿No nos presentarás? — preguntó el tipo, acercándose

—Él es Edward, mi...

—Novio, soy su novio. — aseguré dándole un fuerte apretón de mano

—¿Su novio? — preguntó burlón. — Yo soy Ryan, su ex novio.

—Vaya, que pequeño es el mundo. — reí con sarcasmo. — ¿Podemos hablar? — le pregunté a Bella, alzando mi cejas

—Claro, ¿Ryan nos darías un minuto? — le preguntó a Ryan y él asintió. Cuando se fue, me senté en la cama junto a Bella

—¿Qué significa todo esto? — le pregunté

—Él es mi ex novio. — murmuró

—¿Qué pasará con nosotros? — le pregunté sintiéndome como un idiota

—¿Nosotros? Edward, no hay un nosotros. — me dijo alzando las cejas

—Sí que hay un nosotros, soy tu novio actual, él forma parte de tu pasado. — mis ojos se empañaban

—Él me dijo que me amaba y que podríamos ser novios.

—Yo soy tu novio Bella, por dios.

Me levanté furioso de la cama y salí hacia la cocina, allí se encontraban Alice y Ryan.

—¿A qué carajo estás jugando? — le pregunté al cretino, tomándolo de su camisa

—Suéltame. — me dijo mirándome fijamente

—Suéltalo Edward. — Bella me tocó el brazo

—Maldito, Bella no recuerda, pero aquí las cosas están claras, soy su novio. Tú perteneces a su pasado. — le dije largando su camisa

—Ella deberá elegir. — sonrió burlón

—Quiero que ambos se vayan de mi casa, somos adultos y ¡demonios! No se puede hablar con ustedes. — Bella se metió en su habitación, estaba cabreada

—Eso lograron muchachos, Bella no está preparada para presenciar éste tipo de comportamientos, son unos infantiles. — nos dijo Alice

—Pero ella está confundida, cree que él puede llegar a ser su novio. — le dije a Alice

—Escúchame una cosa — Alice miró a Ryan —, Bella es novia de Edward, tú no perteneces a éste entorno.

—Ella tendrá que elegir, tú no puedes opinar. — le sonrió irónicamente

—Ya veremos. — rió ella

Alice me pidió que me quedase, ella iba a hablar con Bella y aclararle un poco las cosas, quería que yo esté presente.

—¿Bella puedes venir un minuto? — la llamó sentándose en el sofá, me senté en frente

—¿Qué ocurre? — preguntó ella acercándose

—Quiero hablar contigo, siéntate. — le dijo Alice y ella se sentó.

—Sé que quieren hacerme entender cosas de mi pasado, pero entiendan, no recordaré nada. — dijo ella

—Bella, no es para que recuerdes, es para que sepas las cosas como son. Tú crees que Ryan es tu novio y no es así, yo soy tu mejor amiga, soy como tu hermana y te aseguro que Edward es tu novio. — le aseguró Alice

—¿No lo entienden? Yo no tengo novio en este momento, no recuerdo a Edward, sólo a Ryan, y no será mi novio por el momento.

—¿Por el momento? — fruncí el ceño con ganas de llorar. — Bella, esto me lastima demasiado, parece que tú no entiendes. ¿Sabes que feo se siente saber que tu novia no te ama? Pero está bien, si no quieres saber más de mí, dímelo, lo entenderé.

—No digas eso, te agradezco por todo lo que haces por mí, pero creo que será mejor si... dejamos de vernos por un tiempo. — murmuró ella, acercándose a mi

—Claro, será fácil, no te molestaré más. — tenía un nudo en la garganta que no me dejaba respirar

—Gracias, en serio. — ella acarició mi mejilla y me sonrió

—No hagas eso — me alejé —, no sonrías como si fuera tu persona favorita, porque no lo soy, no soy nada.

—Edward... lo siento. — murmuró

—Si no quieres verme más, lo entiendo, así serán las cosas. — me acerqué y planté un beso casto en su mejilla

Salí del apartamento atontado, con ganas de llorar, no sabía qué hacer, no sabía a donde ir. Bella no quería verme, el amor de mi vida prefería estar lejos de mí, no podía soportarlo. Tan sólo quería tomarla e irme lejos, sólo ella y yo, juntos para siempre. Pero había un gran problema, no me recordaba, y jamás lo haría.

Conduje hasta mi casa, tenía ira y muchas ganas de llorar. Le di un portazo a la puerta del frente y patee todo lo que estaba a mi alcance, el sofá, y una mesa ratona.

—¡¿Por qué?! — grité fregando mi cabello, llorando sin parar. — ¡¿Por qué me pasa esto a mí?! — golpee las paredes una y otra vez

No era justo, no era posible, ella no quería verme. ¿Qué había hecho para merecer ese castigo?

—¡No puede ser! — grité tomando una copa, estampándola contra la pared

La ira que sentía era inexplicable, pero no era contra Bella, era contra ese maldito que había aparecido. Me daría por vencido, estaba a punto de retirar mi bandera, me retiraría del juego. Era lo que tenía que pasar, Bella quería olvidarme y yo no podía hacer nada, me tocaría olvidar. Pero no quería, no me animaba a olvidarla, era como pedirle a una madre que abandonase a su hijo, algo imposible.

Ella era la razón de mi existir, ¿cómo podía olvidarla? Nunca nadie me entendería, nunca nadie se pondría en mi lugar, porque nadie pensaba en mis sentimientos. Pero era entendible, a nadie le importaba lo que sentía, sólo se fijaban en su sentir, ¿y al resto? digámosle porquería, estará bien.

Las personas eran injustas, la vida era injusta, pero no importaba, uno siempre estaría bien, ¿verdad? No, claro que no, golpéame una vez, lo aguantaré, golpéame dos e intentaré estar de pie, pero a la tercera me rendiré. Así era yo, y nadie podía cambiarme. No encontraba salida, golpear las paredes, romper cosas y demás... no me ayudaría. Me senté en el sofá y apoyé mis codos en mis rodillas, dejando caer mi cabeza en mis manos.

—Sólo es un mal sueño, sólo es eso. — sollocé

Ni yo podía creérmelo, sabía que no era un puto sueño, estaba más que claro... era la cruel realidad. Estaba pasando por el peor momento de toda mi vida, y nadie podía verlo.

Tomé mi móvil y llamé a Alice, quería hablar con Bella.

—Edward, será mejor que hables con ella en persona. — me dijo Alice

—Creí que no quería verme. — murmuré

—Ella rompió en llanto cuando te fuiste, creo que siente algo por ti.

—¿Me lo dices en serio? — mi rostro se iluminó. — Iré de inmediato.

—No creo que sea buena idea venir, Reneé y Charlie están debatiendo qué hacer con ella.

—¿Debatiendo? No pueden llevársela.

—Claro que no pueden, pero son sus padres, y creen que ella no está enamorada de ti, creen que nunca lo estuvo. Si tan sólo tuvieses algo que...

—Tengo un álbum de fotos Alice, ¿eso puede ayudar?

—Puede servir, ven lo antes posible.

Corté la llamada, busqué el álbum de fotos y me dirigí directamente hacia el apartamento de Bella. Los nervios me carcomían de pies a cabeza, no sabía que iban a pensar los padres de Bella, pero estaba dispuesto a hacerles entender lo que sentía.

Cuando entré al departamento, Reneé y Charlie me miraron de arriba hacia abajo, los saludé como correspondía. Aunque Reneé me negó el saludo, ella me dio vuelta la cara, haciéndome sentir un cretino.

—¿Dónde está Bella? — le pregunté a Alice

—Ella está en su habitación. — me dijo Reneé tajante

—Bien, mientras tanto puede mirar éste álbum. — se lo di a Reneé. — Quizás ver eso le baste para darse cuenta de cuánto me amaba Bella, y que tan enamorada estaba ella de mí. — sonreí

(1) Avancé atravesando la sala, golpee su puerta y pasé como de costumbre.

—Bella... — murmuré acercándome a ella, estaba recostada en su cama, cubierta con sus sábanas

—¿Edward? — volteó mirándome fijamente y me senté a su lado

—Creo que te debo una dis... — quise decir

—Espera, déjame hablar. — me calló, sentándose en su cama. — Quiero disculparme por lo que dije, no quiero dejar de verte, tan sólo es que... perdí cinco años de mi memoria, y sólo recuerdo a Ryan como mi amor. Sé que ahora tú eres mi novio, pero en parte eres un desconocido, así que estuve pensando y creo que... debemos convivir.

—¿Convivir? — fruncí el ceño

—Seguir nuestra rutina, vivir contigo, pasar tiempo contigo, recordar junto a ti. ¿No te parece buena idea? — me preguntó y alcé mis cejas

—Suena raro, más bien... ¿tú estás preparada para ese cambio?

—Estoy dispuesta a recordar, quiero que todo sea como antes, porque me gustas. — cubrió su rostro con una almohada, estaba avergonzada por esa confesión

—¿Me lo dices en serio? — sonreí

—Sí, por eso quiero que convivamos. — rió dejándome ver sólo sus ojos

—Me parece bien, pero ¿cómo se lo dirás a tus padres?

—Hablaré con ellos, espérame en tu auto, bajaré en un segundo.

—¿No quieres que hable con ellos? — le pregunté

—No, espérame en tu coche, hablaré con ellos y bajaré.

Salí de la habitación y Reneé me interrogó.

—¿Qué pasa con mi hija? — alzó sus finas cejas. — Esto me demuestra que se amaban, pero no creo estar muy segura.

—Ella quiere hablar con ustedes, y le aseguro que nos amábamos, y también puedo decirle que ella estaba muy enamorada de mí. — les dije

—Quiero aclarar algunas cosas. — dijo Bella, saliendo de su habitación, cargaba una maleta.

—Tú no te irás, eso está claro, ¿oíste? — le dijo Reneé con sarcasmo, visualizando la maleta que Bella cargaba

—Mamá, prefiero estar con Edward, al menos sé que él me quiere de verdad. — Bella miró a Charlie. — Y la verdad es que prefiero pasar tiempo con él, no quiero estar rodeada de tanta falsedad, excepto por Alice... ella me ha ayudado en todo, y ustedes... no quiero verlos.

—Bella, son tus padres, creo que no es justo que les digas todo esto. Seguirás viéndolos, pero no por el momento. — aclaró Alice

—Exacto. — sonrió Bella. — Adiós a todos, cuando crea que es necesario regresar, regresaré.

Salimos del edificio y Bella no dejaba de mirarme, me había sorprendido su actitud, estaba dispuesta a estar conmigo.

—Vámonos Edward. — me dijo colocándose su cinturón de seguridad

—¿A dónde? — le pregunté encendiendo el coche

—Lejos, vámonos lejos sólo tú y yo. — me sonrió entusiasmada

—Bella no creo que sea buena idea.

—Bueno, entonces llévame lejos sólo por hoy.

No sabía a dónde llevarla o qué hacer, conduje hacia el lado oeste, la llevaría a la estancia de mis padres. Ellos nunca la visitaban, estaba "abandonada" pero estaba bien cuidada. Ir hacia el lado oeste era muy divertido, había muchos campos, más estancias y por suerte la lluvia ya se había ido. Un sol espléndido se asomaba, reflejando un hermoso arcoíris en el cielo.

Bella tomó el cursor de la radio y le subió el volumen, agitando su cabeza de un lado al otro. Se mostraba divertida y sonriente, me gustaba verla así... a pesar de todo lo que había pasado.

—Me encanta esta canción. — rió ella, bajando la ventanilla de la puerta copiloto

Sacaba su mano y la balanceaba en el aire, era hermosa, el viento golpeaba su rostro, moviendo su cabello de un lado hacia el otro. El aroma a vainilla de su cabello lo recordaba muy bien, era mi olor favorito, mi paz.

Palmeaba al ritmo de la canción en la guantera del coche, tenía sus pies arriba del asiento. Tomaba su cabeza con las manos y la sacudía de aquí para allá, cerrando levemente los ojos, dejándose llevar por el ritmo. Y en los tonos altos sus movimientos se descontrolaban, sacudiendo sus brazos y manos para todos lados. Ella se estaba divirtiendo y eso me alegraba de una manera inexplicable, dejándome tranquilo de saber una cosa... las cosas estaban cambiando para bien.

—¡Creo que te diviertes! — le grité por encima del alto sonido

—¡Soy muy divertida! — rió sacando su cabeza por la ventanilla

Saludaba a los demás coches y a más de uno le hacía "fuck you", como toda una rebelde. Más de una vez le había dicho que la rebeldía no era mala, que era divertido ser un poco rebelde, que no era un delito. Todos se merecían un poco de diversión descontrolada, pero sólo un poco, no decía que salir, emborracharse y tener sexo con cualquiera estuviese bien. Quizás estaba mal, pero cada uno se divertía a su manera, y en mi caso... al lado de Bella. Era feliz con ella, y me divertía con las pequeñas cosas de la vida. Aunque a decir verdad... salir a beber con mis amigos era espectacular, terminábamos en casa de alguien, bebiendo más, fumando cualquier cosa. Pero no me parecía un buen comportamiento, todo lo contrario, era uno muy malo y más que nada... un mal ejemplo. Por suerte había entendido que emborracharse y tener sexo con puta, no me haría mejor persona, no me haría crecer en la vida, no me dejaría avanzar en mi camino.

—¿Antes era así de divertida? — preguntó bajando un poco el volumen

—Eras muy divertida, pero ahora eres el doble de divertida.

—¿Crees que eso sea bueno?

—Muy bueno. — le sonreí

Tomé la ruta noventa y siete, recorriendo varios kilómetros hasta la estancia. Desde lejos se veía el establo, podía ver a los caballos, los cerdos, las vacas y los distintos animales de granja.

—¿Es tu casa? — preguntó Bella, mirando con atención

—Es de mis padres, nunca vienen.

Estacioné el coche y bajé, abrí la puerta de Bella y tomé su maleta. Dentro nos esperaba George, era el casero, cuidaba la casona todo el tiempo. Mis padres le pagaban por eso.

—¿Cómo has estado George? — lo saludé con un abrazo amistoso

—Edward, la última vez que te vi eras un niño. — me palmeó

—Ha pasado mucho tiempo, ella es Bella. — me hice a un lado y ellos se saludaron

—¿Tu novia? — me preguntó George y me incomodé, no sabía que decir

—Sí, su novia. — Bella le tendió la mano

—Es un placer muchachita. — le sonrió él

Bella recorrió la casa, y aproveché para hablar con George a solas.

—Vinimos porque Bella quería ir a un lugar, y ¿qué mejor que este? — reí

—Su novia es muy bonita, cuídela. — me palmeó

—Lo sé, hace poco tuvimos un accidente y ella perdió la memoria. Ahora padece amnesia.

—Oh dios — George me abrazó —, lo siento tanto.

—Estoy bien. — le sonreí

—Será mejor que les deje la casa sola para ustedes, ya sabes Edward, fuera están los caballos, podrías darles una corrida más tarde.

—Claro, gracias. — lo palmee

Busqué a Bella y ella estaba en la sala principal, sentada en el banquillo del piano.

—¿Qué haces? — le pregunté sentándome a su lado

—¿Sabes tocar? — me preguntó ella

—Claro. — le sonreí posicionando mis manos sobre las teclas del piano.

(2) Tocar el piano... había perdido esa costumbre, hacía meses que no tocaba. Era mi hobby, y lo había dejado de lado por distintas cuestiones. Bella se puso de pie y tomó su móvil, estaba grabándome, así que no miraba hacia la cámara. Sonreía con timidez, ella esbozaba una sonrisa sincera, divertida. Cerraba mis ojos y me dejaba llevar por la melodía, era desencadenante, tranquilizante. Ladeaba mi cabeza de un lado hacia el otro, moviendo mis manos con más rapidez, y golpeando suavemente mi pie contra el suelo, marcando el ritmo. Ella dejó su celular a un lado y comenzó a dar vueltitas a mí alrededor, a los costados del instrumento. Dando pequeños saltitos de un lado hacia el otro, como una bailarina de ballet, en puntas de pie, con sus manos bien estiradas. Moviendo su cabello de un lado hacia el otro, girando en el lugar, alzando una pierna y estirando su brazo. Lo hacía muy bien y con mucha finura, retocaba cada uno de sus pasos, eran sencillos, pero en ella se veían mucho mejor. Tomó una flor azul de un florero cercano y se la colocó detrás de su oreja, le daba un toque muy hermoso, en ella todo se veía bien. Esa pollera floreada, con esa musculosa negra y esas converse viejas, era muy hermosa. Se veía bien con cualquier prenda de ropa, hasta con mis pantalones.

Bella me elevaba hasta el cielo, me hacía sentir cosas inexplicables. Su voz me acariciaba el corazón, alteraba todos mis sentidos, extrañaba tocar su cuerpo. Me hacía bien, tenía miedo de perderla completamente, por eso me entregaba, entregaba lo mejor de mí. Bella era el aire que me levantaba, que me daba fuerzas para salir adelante, era mi positividad. La quería de mil modos, veía el reflejo de sus ojos en los míos, afortunadamente conocía a Bella.

Ella era el lugar en el que quería estar, quería pasar todos mis días a su lado, toda mi vida. Era mi alma gemela, éramos uno, lo que nos unía era muy fuerte. El calor de sus abrazos me hacía perderme lentamente, era mi debilidad, su piel tan blanca jamás la olvidaría. No había duda, era mi alma gemela. Era difícil de explicar pero fácil de sentir, mi vida tenía sentido porque Bella formaba parte de ella. La quería por encima de todo, me perdía en su mirada, era capaz de derretirme en su boca. Cada paso, cada beso, cada abrazo era un relato, relatado por mi corazón. Era mi pasado, presente y futuro, mi hoy, mi mañana, mi todo. Nadie nunca me entendería, era especial.

—Eso es todo. — le sonreí dejando de tocar

—Lo haces muy bien. — rió ella

—Gracias. — le dije sentándome en el sofá

—¿Qué se supone que debemos hacer? Digo... como pareja. — murmuró ella, sentándose a mi lado

—¿Qué harías tú? — le pregunté entrecerrando mis ojos

—Si recordase un poco... te daría besos, como todos los novios.

—Vaya, es algo atrevido. — reí con picardía

—Pero es una lástima, porque no recuerdo. — murmuró

Recuerdo, pasado, eran palabras que dolían, a mí me dolían. Salí fuera a fumar un cigarrillo, me senté en el porche, mirando directamente a la carretera. Bella estaba dentro en el baño, me había pedido un segundo para cambiarse la ropa.

—Los autos pasan a una velocidad tremenda. — me dije a mí mismo, en voz baja

—Es verdad. — me dijo Bella

—Madre santa. — le dije cuando la vi, estaba bellísima. Traía un vestido celeste, unas zapatillas negras y se había recogido el pelo con una media coleta.

—¿Me veo bien? — me sonrió haciendo una posturita

—Muy bien. — le sonreí

—¿Qué podemos hacer aquí? — me preguntó mirando a su alrededor

—¿Quieres dar una vuelta a caballo? — le pregunté poniéndome de pie

—Suena divertido. — sonrió

Encaminamos hacia el establo, en la parte trasera de la casona.

—Ella es Jessie, la yegua más vieja. — le dije a Bella, acariciando el lomo de la yegua

—Es muy bonita. — sonrió acariciando su pelaje

—Y él es Bucéfalo. — le mostré al caballo macho

—Así se llamaba el caballo de Alejandro Magno. — murmuró ella

—¿Cómo sabes? — le pregunté sorprendido

—Mi abuela me contaba su historia todos los días.

—Mi abuelo le puso ese nombre por la mismísima historia, le parecía algo mítico. — le sonreí

—¿Le echamos una corrida? — preguntó ella

—Claro, tú puedes correr a Jessie, Bucéfalo es algo indomable, déjamelo a mí. — la ayudé a montarse en la yegua y me monté en Bucéfalo

Le pedí que me siguiese y cabalgamos por todo el prado, jugamos carreras y nos divertimos.

—Creo que te ganaré. — río adelantándose

—¡Estás equivocada! — reí aumentando la velocidad

Una llovizna caía sobre nosotros, no esperaba que lloviera, el día estaba muy lindo. Me adelanté a Bella y dirigí a Bucéfalo hacia un viñedo cercano, ya nos habíamos alejado bastante de la casa, no era buena idea regresar. Habría mucho barro y nos atascaríamos, no era recomendable.

—¿A dónde vamos? — me preguntó Bella, estaba empapada, al igual que mi ropa

—A un viñedo, sígueme. — le dije

Cabalgamos durante unos minutos más hasta llegar al viñedo, la ayudé a bajar y entramos.

—Demonios, estoy empapada. —bufó escurriendo su vestido y sacándose sus zapatillas

—Lo siento, es mi culpa. — le dije quitándome la camisa que traía puesta, debía secarme

—¿Te quitarás los pantalones? — me preguntó con los ojos abiertos

—Sí, puedes explorar el lugar, así no me ves desnudo.

—Bien. — sonrió yéndose

(3) Me quité mi cinturón y bajé mis pantalones que eran agua, también me quité mis calzoncillos, mis calcetines y zapatos.

—Carajo. — maldije extendiendo la ropa mojada en una barra de madera. —Debo encontrar ropa seca, algo tiene que haber aquí. — me dije a mi mismo, buscando a mi alrededor.

Pero no encontraba nada, y me preocupaba que Bella estuviese con su ropa mojada. De repente y de la nada, apareció.

—¡Dios! — gritó al verme desnudo

—¿Qué pasa? — le pregunté sin entender, ella se cubría el rostro con su mano

—¡Estas desnudo! — exclamó

—Bella, me has visto desnudo más de una vez. — reí

—Cúbrete por favor. — podía notar como espiaba por entre sus dedos

—Bien, bien. — me cubrí con mis manos

Me coloqué una toalla alrededor de mi cintura, y le di una toalla a Bella para que se secase.

Le di privacidad yéndome hacia la parte más cómoda del viñedo, encendí una chimenea y acomodé los sillones que había.

Bella apareció al rato envuelta en la toalla, la cubría desde el busto hacia la parte justa de su trasero, ese trasero que me volvía loco. Ambos estábamos cubiertos con toalla, ella se acercó y se sentó cómodamente en el sofá.

—¿Qué haces? — le pregunté calentando mis manos cerca del fuego

—Me relajo, además tengo frío. — sonrió

—Acércate al fuego. — la invité y se acercó

Froté sus hombros y espalda dándole calor, sus brazos y manos estaban congelados. Acaricié sus dedos fríos y ella me miró.

—Ahora soy yo la que pregunta, ¿qué haces? — me preguntó divertida

—Mantengo caliente tus manos. — llevé sus manos a mí boca y les di mi aliento caliente

—Muchas gracias. — murmuró acercando su rostro al mío

Me prestó un beso casto en mi mejilla, lento, pausado, transmitiéndome mucha paz. La refugié en mis brazos, alzándola y recostándola en el sofá. Me senté y ella apoyó su cabeza en mis piernas, hacía tiempo que no nos recostábamos así. Acaricié su cabello, entrelazándolo una y otra vez en mis dedos, recorriendo su rostro con la palma de mi mano. Acariciando sus labios con mi dedo índice, observando con atención la curva de su nariz, la caída de sus párpados. Mirando una y otra vez sus orbes color esmeralda, su piel tan blanquecina que me encantaba, mirándola y analizándola por completo. Ella cerró sus ojos en todo momento, dejándose estar encima de mi cuerpo.

—Eres tan hermosa. — murmuré

—Tú también lo eres. — dijo con sus ojos cerrados

Ella no me recordaba, era obvio. Pero en el fondo de su corazón yo estaba, en un rincón, escondido. Por eso ella no podía verme, recordarme, era terrible. Extrañaba su cuerpo, tocarla sin filtros, sus labios. Extrañaba besarla, extrañaba que ella me besara con esos labios tan finos y delicados. Extrañaba todo, cada rincón de su cuerpo, recorrer su barriga con mis dedos. Extrañaba hacerle el amor.

—Te extraño tanto. — murmuré muy bajo para que no pudiese oírme

Ella al parecer no había escuchado, o simplemente se estaba haciendo la tonta, pero no creía eso. Bella abrió sus ojos y me miró fijamente.

—¿Qué ocurre? — le pregunté

—Sé que me extrañas. — murmuró

—¿Me oíste?

—Sí, te oí.

—Entonces puedo decirte con certeza que te extraño.

—¿Cómo puedes extrañarme si estoy junto a ti?

—No sirve de nada que estés junto a mí si ni siquiera me recuerdas, tan sólo finges.

—No estoy fingiendo, estoy aquí porque quiero estar contigo.

—Bella, sé que no es cierto.

—¡Ya basta! — me gritó con seriedad

—¿Qué ocurre?

—Dices que no me importas y demás, pero no es así ¡carajo! — se puso de pie

—Bella no es fácil para mí, todo esto es muy difícil.

—¡Déjame sola! — me dijo

—¡¿Crees que es muy simple?! No lo es. — la dejé sola, yéndome al porche

Encendí un cigarrillo y me senté bajo la lluvia, era demasiado complicado. Para ella todo era simple pero ¿qué había de mí? ¿No entendía que yo sufría? Era un mal sueño para mí, era una pesadilla. Mi amada me evitaba, no me amaba, eso era lo peor, lo más desconcertante. Yo daba todo y ella no podía dar ni un granito de arena, porque no me recordaba. No recordaba absolutamente nada de nuestra relación, ninguno de nuestros tantos momentos vividos y superados. Ninguna de las tantas palabras dichas, ningún hecho, ningún encuentro.

—¿Qué haces? — me preguntó con mucha seriedad

—¿De qué hablas? — le dije poniéndome de pie

—¡Esto daña tu salud! — me quitó el cigarro de la mano y lo tiró al agua

—¿Estás loca? — fruncí el ceño algo sorprendido por su actitud

—No quiero que mueras joven por culpa del cigarrillo, tienes que dejar de fumar Edward.

—Bella tranquila. — le sonreí encendiendo otro

—¡Deja de fumar! — me lo quitó de la boca

—Bella, me pediste que te deje sola y lo hice, ahora necesito estar sólo.

—Creí que era difícil para ti, pero veo que no te importo. Regresaré a la puta casona y me iré a mi casa. — salió del porche envuelta de su toalla y encaminó por el lodo

—¡Bella! ¿Qué haces? — le grité

—Me voy.

—Ven aquí. — corrí tras ella

—Déjame. — estaba llorando

—¿Por qué lloras? — la tomé de sus hombros

—Estoy sensible. — el maquillaje de sus ojos se estaba yendo

—No estés así, perdón por gritarte, entremos. — Acaricié su cabello, la lluvia era cada vez más intensa — Pescaremos una gripe terrible.

—No me importa. — dijo tomando mi rostro con ambas manos

Cerró sus ojos y estampó sus labios en los míos, carcomiendo mi labio inferior una y otra vez. Estaba jodidamente sorprendido, Bella me había besado, ésta vez ella había dado el primer paso. No podía creerlo, parecía un puto sueño.

—¿Por qué lo hiciste? — le pregunté sintiendo mis dedos congelarse

—Porque no pude aguantarlo, la tentación y el deseo fue mucho.

—¿Querías besarme? — fruncí el ceño

—Quería besarte, ¿es algo malo?

—No, para nada. b

—Entonces ¿puedo seguir?

—Es a tu voluntad. — murmuré

Me besó una y otra vez, ahora con lengua, lentamente. Nuestra saliva se mezclaba y podía sentir su tibia lengua acariciar mis dientes, eso necesitaba, un cálido beso de sus labios.

Tomé a Bella en mis brazos y entramos al viñedo, la recosté en el sofá y no sabía qué hacer. Ella no hablaba, esperaba a que yo hiciese algo, pero... ¿qué haría? Lo único que quería en ese momento, era hacerle el amor. Pero ¿ella querría? Era muy confuso hacerle el amor a alguien que apenas te conoce, yo era un extraño. Pero el deseo y la lujuria inundaban su mirada y la mía, el deseo se sentía.


¿Qué les ha parecido? :)

Les agradezco por leer, y como verán... actualicé super rapidísimo. Trataré de que sea así siempre.

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El próximo capítulo se llamará "Amistad". ¡Gracias por leer!

Anbel.