Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.

Aclaración: Dije que el capítulo se iba a llamar "La flama eterna", pero decidí ponerle otro nombre. Segundo punto, en el grupo de facebook voy a subir imágenes, nuevos personajes, etc.

¡Disfruten!


Y allí me encontraba. En el cubículo, sentado, destrozado. Y me sentía fatal. En parte, sentía que Bella se había ido por mi culpa. Pero pensándolo en frío... era una decisión que ella había tomado. Y esa decisión me estaba afectando para mal. No veía salida, necesitaba tenerla cerca.

Salí del baño público y me dirigí hacia donde se encontraban los muchachos.

—¿Todo está bien? — me preguntó Jasper.

—Todo está... en orden. — le contesté con un nudo en la garganta.

—Tranquilo Edward, el tiempo te ayudará a olvidarla. — me dijo Rosalie.

—¿Ninguno de ustedes lo entiende? — me paré en seco y los miré a todos. — No quiero olvidarla, no puedo olvidarla. Dejarla ir fue un error.

—¿Porque no la detuviste? Si tanto la amas, ¿porque te quedaste viéndola partir? — musitó Alice.

—Porque creí que era lo mejor para ella. Y aún lo creo, pero miles de ideas dan vueltas en mi cabeza. Es lo mejor, pero ya la extraño como un desgraciado.

—Edward, esta noche antes de dormir, piensa bien lo que quieres hacer. Ir tras ella, o dejar que el tiempo pase. — me dijo Emmett.

Era un buen punto. Pensar qué quería hacer era importante.

...

Llegada la noche me encontraba solo, más sólo que nunca. Sin Bella, sin nada. Y miles de momentos brotaban. La cita en el barco, el parque de diversiones, el drama con Charlotte. Cuando le regalé la cachorrita, Lola. Y... ¿que seria de esa mascota? Tenía que preguntarle a Alice, ella debía saber, así que le envié un mensaje de texto.

Edward—21:39

Alice, disculpa que te moleste a ésta hora. Pero quería preguntarte algo, ¿que ha sido de Lola?

Alice—21:41

Hola, Edward. Revisé el apartamento de Bella hoy temprano y no hay nada. Al parecer Reneé la cargó con ellas.

Edward—21:43

Puede ser, lo bueno es que estará en manos de Bella.

Alice—21:44

Sí. Dime... ¿has pensado en qué harás?

Edward—21:46

No aún, cuando tenga una idea clara... serás la primera en saber qué haré.

Y pensé, y pensé en qué hacer. Y no tenía idea. Quería ver a Bella, pero no era lógico. Ella se había ido para olvidarme y yo la buscaba. No era bueno para ella.

Edward—22:12

Alice, la olvidaré.

Alice—22:14

Te apoyo, Edward. Creo que es lo mejor.

Solo quedaba esperar a que el tiempo pasara y curase todas las heridas.

4 meses más tarde...

—¿Coloco estas cajas ahí? — me preguntó Jasper.

—Si, por favor.

—¿Cuando será la inauguración? — Alice estaba emocionada.

—Esta misma noche. — le sonreí animado.

Abrir un bar no había sido tarea fácil, necesité a mis amigos para que me diesen ese empujón. Terminar con la medicina había sido bueno, ahora me dedicaría sólo al bar y a progresar.

—Me alegra saber que todo está bien en tu vida. — me abrazó Alice.

—Gracias, Al. No sé que hubiese hecho sin ustedes. — le sonreí.

—Quizás esté mal que te diga esto. Pero tiene que ver con Bella y tengo que contártelo. — me dijo Alice, algo tensa.

—¿Que pasa con ella? — le pregunté interesado.

—Ella terminó el curso de turismo en Arizona.

—¿En serio? ¿Recordó? — estaba entusiasmado.

—No, claro que no. Pero al parecer... rindió bien y ya tiene su título. .

—Creí que había recuperado la memoria. Es bueno que progrese, aunque hubiese preferido que fuese junto a mí. — confesé.

—Que recuperase la memoria sería un puto milagro. — dijo Alice.

Las cosas estaban cambiando. Una parte de mí quería olvidar a Bella, pero otra parte insistía. Otra parte tenía esperanzas. Me alegraba demasiado saber que ella había finalizado con su tan preciada carrera.

Llegada la noche nos vestimos todos de gala y nos reunimos en el bar. Qué le había dado como nombre 'Paradise white'. Alice había ayudado con el nombre.

—Bien, es hora de cortar la cinta. — animó Emmett dándome una tijera. La tira roja de inauguración estaba frente a mí, y muchas personas desconocidas esperaban para entrar.

Y para dar fin a tanta espera, corté la cinta y todos aplaudieron. Sólo restaba entrar y divertirnos.

—Te felicito Edward. — Rosalie me abrazó.

—Gracias. — le sonreí.

—Un par de tragos no vendrían nada mal. — propuso Jasper.

—Iré a buscarlos yo mismo. — me levanté de la mesa en la que estábamos y me dirigí a la barra.

No había mucha gente en el bar, pero sí la necesaria. Las personas bailaban y se divertían, bebían, fumaban.

—¿Qué tal Phil? Quiero una ronda de tequilas. — Phil era el 'barman', yo mismo lo había contratado. Era un muy buen tipo, sabía hacer lo suyo.

—A la orden Eddie. — rió bailando.

Tomé la bandeja con los tragos y fui directamente a la mesa en la que se encontraban los muchachos y las muchachas.

—¡Por Edward! — exclamó Emmett y todos alzamos los pequeños tragos.

—Salud y gracias a todos. — les dije dando un fuerte suspiro para tomar el tequila. Muy fuerte, por cierto. Me había quemado la garganta de una manera inexplicable.

Me sentía como el solterón del grupo. No tenía a quién besar, no tenía en quién refugiarme. Ellos eran dos parejas, besándose en mis ojos. Era muy incómodo. Me levanté de la mesa con cuidado, para no distraerlos y me acomodé en la barra. Quizás hablar y distraerme con Phil me ayudaría a no sentirme tan fracasado.

—¿Que te está pasando amigo? — me preguntó batiendo una bebida.

—Mi hermano está con su novia, mi mejor amigo con su novia y yo... bueno.

—Entiendo, entiendo. Creo que debes buscar una mujer, para pasar el rato. — Phil me guiñó el ojo.

Me quedé sentado ahí y vi pasar a miles de mujeres. Cada una venía a pedir una bebida distinta. Había cantidad de chicas que estaban solas, sin pareja y con amigas. Aunque ninguna me llamaba la atención, todas tenían pinta de mujer fácil. Y yo no quería eso, si iba a pasar el rato con una mujer, al menos una buena. Pero una llamó completamente mi atención. Alta, cabello rubio, preciosa. Una sonrisa hermosa, y no tenía pinta de chica fácil. Un cuerpo tallado, y un vestido ajustado que lo marcaba más. Ella estaba sola y pidió un trago justo a mi lado.

—Que sean dos, Phil. — le dije mirándola.

—A la orden Eddie. — rió.

—Linda noche, ¿verdad? — le pregunté algo nervioso a la mujer.

—Muy bonita. — me sonrió vergonzosa.

—¿Como te llamas? — le pregunté.

—Diana Hamilton. Y supongo que tú te llamas Eddie. — rió.

—Que lindo nombre, yo me llamo Edward, Edward Cullen.

—Yo le digo Eddie. — bromeó Phil dándonos las bebidas.

—¿Brindamos por ti? — le pregunté acercándome a ella.

—Claro. — dijo ella chocando la copa.

—¿Te apetece ir a un lugar más tranquilo? — le pregunté bebiendo.

—Podríamos salir a caminar. — propuso.

—Bien, tomemos aire fresco. — le sonreí.

Tomé su mano y juntos salimos a la avenida. Caminamos bajo la luz de la luna, intercambiamos nuestros números de celular.

—¿Eres de aquí? — me preguntó sentándose en un banco.

—Sí, de Boston. ¿Tu?

—También, que raro que nunca antes nos vimos. — sonrió.

—Tu rostro no es uno que olvidaría. — le dije acariciando su mejilla.

—Eres muy dulce, al igual que el trago que bebí en aquel bar. — bromeó.

—Ese bar es... mío.

—¿Me lo dices en serio? — me preguntó.

—Si, hoy lo inauguré.

—Qué... cool.

Pasamos algunos minutos más charlando, investigando un poco acerca de la vida del otro. Ella tenía 21 años, un año más que Bella.

—¿Tu cuantos tienes? — me preguntó divertida.

—Apenas 24. — bromee.

—Muy joven. — me dijo tomándome de la barbilla.

—Tienes una sonrisa hermosa. — la halagué.

—Gracias, tus ojos son muy especiales. — me sonrió con timidez.

Me acerqué a Diana y le di un beso en sus labios, un pequeño piquito. Ambos nos separamos y nos sonreímos. Ella estaba muy avergonzada, podía notarlo. En mi interior extrañaba a Bella.

—¿Hice algo malo? — le pregunté alzando su rostro.

—No, claro que no. Fue un lindo beso.

—¿Porque te avergüenzas?

—Es que... el último beso que di fue a mi ex novio y ahora tú. — me dijo mirándome fijamente a los ojos.

—El último beso que di también fue a mi ex novia.

—Afortunada...

—¿Porque lo dices? — le pregunté acariciando su mano.

—Porque eres apuesto, dulce, el hombre perfecto.

—Gracias. Quizás debas saber que la amaba.

—¿Y qué paso?

—No... discúlpame. No quiero hablar de eso. La extraño mucho y será mejor no traerla a mi mente.

—Entiendo, disculpa.

—No es nada Diana, no es culpa tuya.

—¿Quieres ir a mi... casa? — me preguntó ella y me asombré.

—¿Eso quieres?

—Podríamos pasar un rato agradable. Pero si tienes cosas que hacer...

—No, no tengo nada que hacer. ¿Donde vives? — le pregunté.

—A unas calles, caminemos.

—Bien, te diría "sube a mi coche preciosa", pero mi vehículo está en mi casa. Llegué al bar con mi hermano y bueno...

—No hay problema con eso, me gusta caminar. — me sonrió y tomó mi mano.

Era extraño ir tomado de la mano de Diana, aunque sentía mucha química. Ella era muy dulce y me hablaba con lindas palabras. Me sentía atraído, ella era muy bonita. No diría que estaba 'enamorado', porque eso sólo me había pasado con Bella. Pero era algo muy parecido, había sido un flechazo.

—Linda casa. — le dije mientras ella encendía la luz de lo que parecía ser la cocina.

—Gracias, es algo grande y espaciosa para mi sola, pero bueno...

—Si, es cierto. — reí sentándome en el sofá.

—¿Quieres algo de beber? — me preguntó sentándose frente a mí.

—Un vaso con jugo... estará bien..

—Bien. — se levantó y pude ver con claridad su... trasero.

—¿Tienes hermanos o familia aquí? — le pregunté.

—No. Mis padres están de viaje en el caribe, y mi hermano Francis está en su casa.

—Familia adinerada... — Murmuré pensando.

—Algo así, aunque estoy algo distanciada de ellos. Tienen muchos problemas y me involucran en sus conflictos.

—¿Que tipo de conflictos? — me interesé.

—Problemas con otras familias, no tiene importancia. ¿Que podríamos hacer para matar el tiempo? — me preguntó sentándose en mi falda y dándome la copa con jugo.

—¿Que insinúas? — reí rodeando su cintura con mi mano izquierda. Con la mano desocupada llevé el líquido a mi boca.

—No soy de esas... con las que frecuentas. No me llevaras a la cama. — me dijo con picardía.

—Relájate, no tenía esos planes. — le dije alzándola y dejando la copa.

La besé. Enredé mi lengua con la suya, batallaron hasta el cansancio. Seguí besándola y apoyándola en todas las paredes. Abrí una puerta y resultó ser la de su habitación. La dejé en la cama y me abalance encima de ella, continué besándola. Pero tuve una metida de pata.

—Bella... — Murmuré mientras la besaba.

—¿Bella? — ella frunció el ceño y me miró sin entender.

—Discúlpame. — le dije y quise continuar con el beso.

—Aguarda, aguarda. — Diana me apartó y se sentó en la cama. — ¿Quien es Bella?

—Es mi ex. — le dije avergonzado.

—Bueno, no me enojaré. Aun recuerdo a mi ex novio, pero no soy tan idiota como para confundirte. — me dijo y me sentí un idiota.

—Lo siento, ella plasma en mi mente todo el tiempo. — alborote mi cabello.

—Sigues enamorado, Edward. Es más que obvio.

—Es muy posible, pero no lo sé. — Murmuré

—Edward... ambos estamos en una situación de sentimientos enfocados en otra persona. Ni siquiera entiendo porqué nos coqueteamos y esas cosas, si pensamos en nuestros... ex's.

—Quizá en ti encuentro algo que me recuerda a Bella, pero no puedo darme cuenta de qué es. — le dije.

—Si tú quieres... podemos tener una relación pero sólo para lo básico. Quizás ser novios, pero ambos sabemos que no es en serio, en parte. Y por otra parte nuestros sentimientos están en otra persona. Es más para que cada uno esté con alguien para hablar, para besar y eso. Para no sentirnos tan... solos. — propuso y me lo pensé. Era una buena idea, estaría con ella y pensaría en Bella.

—Suena... interesante. Algo así como un trato. — Murmuré pensando.

—Si, exactamente como un trato. — rió Diana.

—Bueno, trato... novia. — le sonreí dándole la mano.

—Bien. — se acercó y me dio un beso en la mejilla.

—Espera... ¿el trato incluye... sexo? — le pregunté.

—No lo sé. El tiempo dirá. — ronroneó en mis labios.

—Si algún día llegamos a eso... serás mi sumisa. — reí.

—¿Acatar ordenes? Me gusta... — dijo lascivamente.

Era un trato bastante divertido, pero temía seguir de alguna forma... conectado a Bella. Sería como estar besándola a ella, pasar tiempo con ella. Y la realidad era otra, no era Bella, era Diana. Una mujer muy hermosa, realmente preciosa. Y ¿llegaría a enamorarme? No lo sabía. Sabía que algo estaba haciendo mal... porque en parte estaba reemplazando a Bella muy rápido. Pero ella me había olvidado, ahora me tocaba a mí olvidar. Seguramente Bella ya había hecho su vida en Arizona, yo no tenía idea de qué estaba pasando allí. Quizás había conocido a un tipo, no tenía idea.

Pasé el resto de la noche con Diana, hablando, ella contándome acerca de su ex novio y yo contándole de Bella. No podía contarle todo con lujo de detalles, porque si lo hacia... me echaría a llorar. Y no quería dar pena, yo... no era así.

EN LA MAÑANA...

—Será mejor que despiertes. — ronroneó Diana, jugando con el vello de mi pecho.

—Me haces cosquillas. — reí dándome vuelta.

—No me des la espalda. — bufó haciéndome cosquillas en las costillas.

—Perdón, perdón. — me eché a reír a carcajadas y a retorcerme.

—Bien, te perdono. — sonrió levantándose y yéndose de la habitación.

Vestía un sostén rojo y unas bragas a juego. Tenía un cuerpazo tremendo, muy parecido al de Bella. Poco busto y un trasero... que parecían dos manzanas. Maduras y listas para ser mordidas.

Me levanté y como todo hombre tenía mi pene erecto. Me daba un poco de vergüenza aparecerme así delante de Diana, pero era algo natural. Recordaba las veces que pasaba la noche con Bella y ella se asombraba al verme así, pero con el tiempo llegó a acostumbrarse.

—Buenos días. — Sonreí sentándome en una silla frente a la mesa.

—Buenas. — se acercó y me dio un pico en mis labios.

—Creo que tendré que acostumbrarme. — le dije fregando mi cabello.

—Yo también, pero olvida que soy Diana. Piensa que soy Bella y problema resuelto. — me dijo guiñándome el ojo.

—No es tan fácil, la verdad es que quiero olvidarla y no puedo.

—Un clavo no saca a otro clavo, cariño. — me acarició la mejilla.

Diana era muy dulce, muy buena conmigo. Y no quería lastimarla, así que me pondría las baterías a tope y sería dulce con ella. La verdad estaba clara, ella me gustaba. No era una mala mujer, sólo que... distinta a Bella. ¡Carajo! ¿Porque la recordaba tanto? ¿Mi mente estaba ocupada por ella? Sí, estaba clarísimo. La olvidaría, tenía que hacerlo.

Le mandé un mensaje a Emmett para decirle que todo estaba bien, ya que la noche anterior me había ido del bar sin avisar.

Edward—10:21am.

¿Que hay hermano?

Emmett—10:23

¿Donde estás? ¿Te encuentras bien?

Edward—10:24

Sí, todo en orden. Estoy en casa de una... amiga. Prometo contarte cuando te vea.

Emmett—10:26

Eres todo un pícaro, hermano. Dime que utilizaste condón.

Edward—10:27

No seas grosero, Emmett. Iré a mi casa a darme una ducha y luego iré a visitarte a tu casa.

Emmett—10:29

Te espero. Sharon quiere verte.

Hacia meses que no veía a Sharon, con todo lo que había pasado la veía menos. Extrañaba a mi sobrina.

—Diana, tengo que irme. — le dije levantándome de la silla.

—Bien, ¿te veo en la noche? — me preguntó.

—Claro, te recogeré a las 19hs. — la besé.

—¿A dónde iremos?

—Por ahí. No sé muy bien, pero podríamos ir a cenar a algún lado.

—Suena divertido. — sonrió ella.

Me calcé mis jeans ajustados y me coloqué mi camisa. Até las agujetas de mis zapatos italianos y encaminé hacia mi casa. No se encontraba a tantas calles, sólo a unas cuatro.

Cuando llegué, lo primero que hice fue darme una refrescante ducha. Mi cuerpo de alguna forma se sentía cansado, fatigado. Cerré la llave del agua y me sequé con mi toalla más suave. Ahora que Bella se había ido pasaría más tiempo en mi casa y me pondría al día con mis padres. Pero antes tenía que visitar a Emmett.

Me subí a mi Volvo y conduje hasta la casa de mi hermano.

Bajé del coche y golpee la puerta.

—Hermano. — Emmett me abrazó y me invitó a pasar.

—¿Como estás? — le pregunté sentándome en el sofá de la sala.

—Bien, algo intrigado. Anoche desapareciste y lo noté una hora después. — rió sentándose en frente.

—Bueno, es algo confuso lo que pasó...

—¡Tío Edward! — Sharon corrió hacia mí y me abrazó muy dulcemente

—Hola, hermosa. — la besé en la frente.

—Te extrañé. — murmuró en mi hombro.

—Yo también, pequeña. — acaricié su fino cabello.

—¿Porque no vino Bella? — me preguntó.

—Hija, ve a jugar a tu cuarto. — Emmett quiso evadir la situación y lo miré.

—No importa, le contaré. — le dije a mi hermano.

—¿Que me contarás? — Sharon estaba confundida.

—Bella regresó a Arizona, Sharon. Ella prefirió regresar y hacer su vida, empezar desde cero. — me costó un testículo decirle eso a Sharon, pero pude escupirlo.

—No puede ser. — ella bajó su mirada, triste.

—No te pongas así. — Alcé su rostro.

—Es que... jamás volveré a ver a mi tía Bella. La extraño. — lloró Sharon.

—Basta de lágrimas, hija. — Emmett quiso calmarla y ella lo evitó.

—Ustedes no entienden. — Sharon salió corriendo con su muñeca en la mano.

—Creo que se encariñó demasiado con Bella. — murmuró Emmett, mirando hacia donde se había ido Sharon.

—Creo que todos lo hicieron. Pero ahora deben entender y afrontar el hecho de que ella no está. — mis ojos se empañaban.

—Cambiemos de tema, por favor. No quiero que estés mal, olvida lo que pasó recién y cuéntame lo de anoche. — me animó Emmett.

—Bien, anoche en el bar conocí a una mujer muy preciosa, ella se llama Diana. Es muy buena, pude notarlo rápidamente. — le conté entusiasmado.

—¿Te gusta? — me preguntó de hermano a hermano.

—Si, es muy bonita. Después de conocerla la invité a caminar fuera, a pasar el rato conociéndonos un poco más. Y después de unos minutos ella me invitó a su casa.

—Es una tipa fácil, se nota. Seguramente... — él se acercó un poco — follaron. — susurró.

—Te equivocas, ella no es una tipa fácil. Sólo nos besamos. Diana me dijo que no era de esas con las que follaría en la primera noche. Y así me di cuenta de qué tan civilizada es. — Sonreí

—Hermano, te noto muy entusiasmado. ¿En qué ha quedado la cosa?

—Hoy saldremos a cenar y la verdad es que... somos novios ahora. — Murmuré. En sí, no era la verdad. Era un trato, pero no podía decirle eso a Emmett. Todos debían creer que ella realmente era mi novia.

—Carajo, eso es... apresurado. — rió palmeándome.

—Si, lo sé. Pero necesito olvidar a Bella de alguna manera.

—¡Eres muy malo! — Sharon se asomó y se veía triste, enojada.

—¿Que pasa, pequeña? — me levanté y quise alzarla.

—No me toques. — ella se alejó.

—¿Escuchaste lo que hablamos? — le pregunté.

—Si, lo hice. Y no me parece nada lindo que ya hayas encontrado otra novia. — bufó.

—Sharon, ve a tu cuarto. No tienes porqué cuestionar lo que hace tu tío. — Emmett la regañó

—Déjala. — le dije a él.

—De todas formas, me gustaría conocerla. — me sonrió Sharon.

—Eso será pronto. — la abracé.

A veces Sharon reaccionaba como niña, como lo que era. Pero otras veces tenía reacciones de adulta, de madura. Me sorprendía bastante, y entendía como se sentía. Pero yo no podía hacer nada al respecto, Bella no regresaría y estaba dicho.

Me despedí de Emmett y de Sharon. Decidí ir a mi casa y telefonear a mi madre, ella no estaba enterada de nada. La verdad era que no tenía ánimos como para visitarla a ella y a mi padre. Por eso opté llamarla.

—¿Como estás, mamá? — la saludé.

—Hijo, hace tanto tiempo que no oía tu voz. — podía notar que estaba contenta. — ¿Como has estado estos días? — me preguntó.

—Bien, de hecho muy bien. ¿Tu?

—Algo preocupada. Hace meses que no sabía nada de ti ni de Bella. ¿Como está ella?

—Bueno, de eso justamente quería hablar.

—¿Algo malo pasó, hijo?

—Bella regresó a Arizona, junto con su madre.

—¿No son más novios? ¿Porque regresó?

—Ella prefirió regresar y creyó que así podría recordar... más de su vida. No se lo impedí, mamá, ella no me amaba. No iba a retenerla.

—Dios mío, tu padre se pondrá muy mal cuando le cuente. ¿Esto hace cuanto tiempo fue?

—Hace unos meses, estaba muy triste como para visitarlos, lo siento. ¿Porque crees que se pondrá mal? — le pregunté.

—Porque él apreciaba mucho a Bella, y ahora sabrá que ustedes ya no están juntos y... — Esme estaba muy triste.

—Mamá, no le digas nada a papá. Veré si más tarde puedo visitarlos y se lo diré yo mismo... en persona. No te preocupes.

—Esta bien, hijo. Te quiero. — murmuró.

—Yo también, mamá. — colgué la llamada.

Sabía que todos se habían encariñado con Bella, pero no tenía idea de cuánto. Al parecer... más de lo que imaginaba.

Me preparé un bife y un poco de patatas fritas para almorzar. Con todo lo que estaba pasando lamentablemente comía mal. Me senté y encendí el televisor, y como de costumbre no había nada para ver. Todo basura.

Mientras me metía un bocado a la boca, mi móvil sonó.

—Hola — dije esperando a que alguien contestase.

—Hola, Edward. ¿Como estás? — no reconocí la voz al otro lado.

—Disculpe, ¿quien habla? — pregunté confundido.

—Soy Bruce Henderson, el doctor que atendió a Bella... hace meses.

—¡Oh, claro! ¿Como ha estado? — le pregunté.

—Bien, de hecho te llamaba para recordarte que mañana Bella tiene un control médico.

—No creo que asista, doc.

—¿Porque no? — me preguntó Bruce.

—Ella no está en la ciudad. Hace cuatro meses regresó a Arizona, con su madre.

—No estaba enterado de eso. — me dijo Bruce.

—Ella y yo ya no somos novios, lamentablemente. — musité.

—Notó en su voz... tristeza. ¿Me equivoco? — me preguntó.

—Bueno, sí. Estoy triste, pero es porque la extraño, nada más. — me sequé una lágrima

—¿Quiere que nos reunamos para beber un café? Me gustaría charlar con usted.

—Suena bien, Bruce. ¿Qué le parece la cafetería que está en la esquina de la plaza? — le propuse.

—Claro, estoy cerca... nos vemos allí en 15 minutos. — me dijo y colgó.

Quince minutos estaban bien para mí, aunque tenía el almuerzo apenas en mi garganta. Pero un café y conversar con Bruce no me vendría nada mal. Limpié la cocina, lavé los platos y ordené mi casa un poco. Después tomé las llaves de mi coche y conduje hasta el punto de encuentro con Bruce, la cafetería.

Estacioné el vehículo y lo vi fuera de la cafetería, mirando su reloj con atención. Me acerqué a él por detrás, sorprendiéndolo.

—Hola, Bruce. — lo saludé.

—¿Que hay, Edward? — él me abrazó y me dio unas fuertes palmadas en la espalda

—Todo perfecto, entremos. — le sonreí.

—Ha pasado el tiempo y todo ha cambiado, ¿verdad? — me preguntó Bruce, sentándose

—Todo cambió demasiado, y no para bien. — reí alzando mi mano, llamando la atención de algún mozo.

—Quiero que me cuentes, Edward. — me sonrió.

—Bien, primero pediré dos cafés. ¿Está bien para usted? — le pregunté.

—Claro. — asintió cruzándose de brazos.

—Entonces serán dos cafés. — le dije al mozo.

—En unos minutos se los alcanzo. — nos sonrió el muchacho.

—Bueno, ¿por dónde empiezo? — reí alborotando mi cabello.

—Edward, ¿porque se fue? — me preguntó, para hacer las cosas más sencillas.

—Su madre la convenció de regresar y de alejarse de mí. Ella se fue sin mirar atrás y digamos que es lo que más me... dolió. — tenía un nudo en la garganta tremendo, no podía hablar con claridad.

—Eso es tan cruel. Aunque conocí muy poco a Bella, puedo darme cuenta de que ella no sería capaz de hacer algo así.

—Fue su madre quien la convenció, ella fue. — bufé.

—Todo esto debe ser muy doloroso para ti, Edward.

—Lo es, es como... una daga clavada en mi corazón.

—Y no es para menos. Me pongo en tu lugar y creo que no podría soportarlo. — Bruce era muy sincero.

—Aquí esta su orden. — el mozo se acercó y dejó los dos cafés y un tarrito con azúcar.

—Gracias. — Bruce y yo le agradecimos y cada uno tomó su taza.

—Creo que ya hablé mucho de mí. Cuénteme de usted. — le dije revolviendo el café.

—Bueno, no hay mucho. Mi hija se mudó con su esposo a Chicago y mi esposa se la pasa llorando. — rió dando un sorbo a su café.

—Debe extrañarla como un loco, su hija debe ser todo para usted. ¿Porque llora su esposa?

—La extrañé los primeros días, pero después noté que mi pequeña estaba creciendo y dejé que fuese libre, feliz. Mi esposa llora porque la extraña.

—Que lindas palabras. Su esposa aún no estaba lista para dejarla volar. — bromee.

—Creo que no. — rió.

—Recordé que tengo que ir a otro lugar. — le dije a Bruce, recordando la 'cita' con Diana.

—Bien, pediré la cuenta. — él alzó su mano y esperamos unos minutos.

—Espero que esto se repita, me agrada hablar con usted. — le dije a Bruce.

—A mi también, Edward. Podríamos cambiar el café por una cerveza. — rió.

—Podría ser. — reí a la par.

—Aquí está la cuenta. — una voz familiar se hizo oír, alcé la vista.

—¿Charlotte? — le pregunté y ella abrió sus ojos, sorprendida.

—Edward. — ella se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

—¿Trabajas aquí? — le sonreí.

—Si, para sobrevivir. ¿Como está Bella?

—Ella está... bien. — mentí.

—Me alegro, mándale saludos de mi parte. — Charlotte se despidió de mí.

—No fuiste honesto con esa muchacha. — me dijo Bruce, saliendo de la cafetería.

—Tuve bastantes problemas con ella. Cuando tomemos la cerveza, te contaré. — le dije dándole un abrazo de despedida.

—Adiós, Edward. — me palmeó y cada uno se fue para su lado.

Me subí a mi auto y viendo la hora que era sabía que no haría tiempo para cambiarme de ropa. No estaba tan informal, de hecho vestía muy... serio. Pero antes de recoger a Diana sentía que tenía que hacer algo más importante. Hablar con mi padre. No me quedaba otra salida, tenía que ir a casa de mis padres y decirle lo que había pasado.

Sí, antes los visitaba seguido y nunca había estado tan nervioso. Sonaba los dedos de mis manos mientras esperaba a que alguien me abriese la puerta. Nada más ni nada menos que mi mamá.

—¡Cariño! — Esme me abrazó fuerte, tan fuerte que me quitó la respiración durante unos segundos.

—Mamá. — la besé en la mejilla.

—Siento mucho lo que pasó con Bella, debes estar muy mal. — Ella me miró a los ojos y acarició mi cabello.

—Ya habrá tiempo para hablar de cómo me siento. — le sonreí y entré.

No pude ver a nadie en la sala. El aroma a vainillas que había era muy embriagante, me recordaba a Bella. Ese era el olor peculiar de la casa de mis padres, vainilla.

—¿Quieres beber algo, hijo? — me preguntó mi madre.

—No, está bien. — le dije.

—¿Una hamburguesa? ¿Papas fritas? ¿Pastel? Lo que tú quieras. — se acercó a mí y me insistió.

—En serio, mamá. No se me apetece nada. — reí.

—Tú sólo dime. — me palmeó.

—Me gustaría hablar con papá. — le dije en voz baja.

—El está en su despacho. — Esme señaló a la habitación en la cual se encontraba Carlisle.

A paso temeroso golpee la puerta. Hasta que su voz paterna me cedió el paso.

—Papá. — Al verme él se puso de pie y me abrazó.

—Hijo mío, hace meses que no te veía. — me palmeó cariñosamente.

—Es verdad, meses. — Murmuré nervioso.

—¿Bella vino contigo? — él estiró su cuello y miró hacia la sala.

—No, de hecho vengo a hablarte de ella. — empecé por decir eso.

—¿Todo está bien entre ustedes? — me preguntó.

—Papá, ya no hay un... 'ustedes'.

—¿De qué estás hablando? — Carlisle frunció el ceño.

—Bella y yo ya no somos novios. — listo, había escupido una parte.

—No hablas en serio. — él se dejó caer en su sofá.

—Papá, no quiero que pienses cualquier cosa. Mira, ella prefirió regresar a Arizona con su madre.

—Esto fue hace... ¿cuanto? — me interrogó.

—Hace unos... cuatro meses. — musité.

—¿Qué harás ahora? ¿Piensas conseguir otra novia o qué?

—Bueno, prácticamente estoy en una relación ahora. — le dije con temor.

—¿Quien es? ¿La amas? ¿Estas enamorado? — carajo, eran muchas preguntas.

—Se llama Diana, no sé si 'amo' sea la palabra... pero la quiero.

—No respondiste la pregunta más importante. ¿Estas enamorado de ella? — Carlisle se puso de pie. Ahora estábamos frente a frente.

—¿La verdad? No. — ahí había escupido otra parte de la verdad.

—Si no estás enamorado, te aconsejo que termines con esa relación.

—¿Quieres que corte con Diana? — le pregunté, desorbitado.

—No quiero que ni tu ni ella salgan lastimados.

—Papá, no la conoces aún.

—No hace falta conocerla. Es sólo lo que creo que debes hacer.

—Pero... — él se fue de la habitación y me dejó sólo.

Estaba básicamente en una disputa. Mi padre me pedía cortar con Diana, ponerle fin a una relación que ni siquiera era real. Y en mi interior algo me impedía hacer eso, algo me decía que no estaba bien hacerle eso a Diana.


¿Qué les pareció? :)

Como dije al principio, en el grupo de fb voy a subir imágenes para que vean quienes son Diana y demás. (Link en mi BIO de Fanfiction)

Anbel.