Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.

Playlist.

(1). Damien Rice - 9 crimes.

Disfruten.


—Papá, no es mi culpa lo de Bella. — lo seguí hacia la sala

—Ya no hablemos de eso. Yo te dije lo que opino. — me dijo con seriedad, sentándose cómodamente en el sofá.

—Lo que opinas es una idiotez. — le dije parándome frente a él.

—Edward, hay algo que no entiendo. Si tanto la amabas y tanto te importaba, ¿Por qué la dejaste ir?

—Porque creí que era lo mejor para ella.

—Quizás ella ya consiguió otro hombre, ¿tu crees que fue lo mejor para ella?

—No lo sé. Si ella es feliz, está bien.

—Lo que cometiste fue un error. Y sé muy bien que tú sabes que fue un gran error. Porque la extrañas, solo quieres aparentar ser fuerte y duro. Pero no lo eres. La debilidad se te nota, y yo mejor que nadie puedo notarlo. Porque soy tu padre y te conozco.

—Papá, no la extraño.

—Edward, vamos. Es más que obvio que por las noches lloras, te reprochas y te sientes mal por haberla dejado ir.

—No puedo mentirte a ti.

—Lo sé, por eso aquí estoy. Aunque te rete y te diga las cosas que no me parecen correctas, aquí estoy. — Carlisle abrió sus brazos y me acerqué.

—Creí que podría olvidarla, pero no, no puedo quitarla de mi mente. — traté de contener las lágrimas.

—Sé lo mucho que estás sufriendo. Por eso quiero que entiendas que reemplazar a Bella con esta muchacha de ahora, no es bueno. Hijo, un clavo no quita a otro clavo.

—Papá, lo sé. Pero no quiero quitar a Bella, sólo quiero pasar el rato con alguien.

—Pero no has pensado en el daño que le puedes generar a la chica con la que quieres algo ahora.

—¿Y si se ilusiona?

—Eso, no lo había pensado. — le dije.

—Piénsalo. — me palmeó.

—Tengo que irme.

—¿Tan pronto? — mi madre salió de la cocina.

—Sí, los quiero. — me despedí de ellos y salí.

Mierda, yo creía que las cosas iban a salir mejor y no. Había sido todo lo contrario. Pero las palabras de Carlisle habían sido todo. Él sabía lo que me estaba pasando, y no lo había inventado, lo sabía.

Conduje hacia la casa de Diana, tendríamos una cita o algo así. Golpee la puerta principal y esperé a que saliese.

—Hola. — le sonreí al verla.

—¡Creí que no vendrías! — Diana se echó en mis brazos.

—¿Porque no iba a venir? — le pregunté, acariciando su cabello.

—Es que... muchas veces me plantaron y bueno... — murmuró mirándome fijamente.

—No soy así, no te iba a plantar. — la besé en la frente. — ¿Ya estás lista?

—Claro, buscaré mi cartera. — me besó en la mejilla y entró a buscar su bolso. Vestía un vestido azul, precioso. Y unos zapatos negros con brillos, parecía una modelo.

—Te ves muy bien. — la halagué, encendiendo el vehículo.

—Gracias. Me encanta tu camisa, es muy... retro. — rió, tomando mi mano.

—Gracias, gracias. — le sonreí.

—¿A dónde iremos? — me preguntó Diana.

—A un bar cercano, algo tranquilo. — le dije.

Cuando entramos al bar pedí una mesa y nos acomodamos uno al lado del otro. Las luces estaban bajas y era un ambiente muy romántico y cómodo.

—¿Quieres tomar algo o cenaremos? — le pregunté.

—Una cerveza está bien. — sonrió.

—Bien, ya regreso. — le dije, levantándome y yendo a la barra.

No había mucha gente bailando, sólo la necesaria divirtiéndose. Pedí dos cervezas y esperé a que me las diese el barman.

Tomé las bebidas y fui hasta la mesa. Le di la cerveza y me senté.

Diana me miraba con atención y yo pensaba solo en Bella.

—¿Pasa algo? — me preguntó, acariciando mi mejilla.

—No, todo está bien. — le sonreí, mintiendo.

—No puedo creerlo. — ella dejó la botella y tapó su rostro.

—¿Que pasa? — le pregunté.

—Mi ex novio está aquí.

—¿Quien es?

—Aquel, el que está mirando de reojo.

—Está mirándonos. — le dije dándome la vuelta y dándole la espalda al tipo.

Diana me tomó del cuello y me besó. Para que su ex se diese cuenta de que ella estaba en algo, pensé. Después de unos segundos nos separamos y reímos a carcajadas.

—Dios mío, ahí viene. — Diana abrió sus ojos y se centró en los míos.

—Hola, Diana. — el muchacho se paró al lado de nuestra mesa y la saludó.

—Hola, Josh. — ella lo miró.

—¿Como estás? — le preguntó él.

—Bien. — Diana estaba contestándole de forma cortante.

—¿No nos presentaras? — él me miró.

—Soy Edward. — me puse de pie y le tendí la mano fuertemente.

—Vaya, qué rápido superaste nuestra ruptura. — le dijo Josh a Diana, de muy mala manera.

—Claro que te supere. — Diana tomó mi cuello y me besó.

—Adiós. — él se despidió dando la vuelta.

—Diana... eso fue feo. — me alejé un poco de ella.

—¿Porque? — me preguntó.

—Creo que él se sintió muy mal.

—Se lo merece, es un cretino.

—Olvídalo, bailemos. — tomé su mano y me coloqué junto a ella en el centro de la pista.

—Edward, no sé bailar. — me dijo en mi oído. —Nunca creí estar tan flechada por alguien. — ella se apoyó en mi pecho.

—¿De qué hablas? — le pregunté.

—Nada, nada. — sonrió nerviosa.

No podía entenderla. Obviamente ese momento me recordaba mucho a Bella, a esa vez que bailamos. Era imposible olvidarla, pero hacía lo que podía. Bella para mi aún era la mujer de mi vida, ¿pero qué haría? Ella me había olvidado. ¿Porque yo no podía ser tan fuerte como ella? Si ella decidió sacarme de su vida, no la juzgaría. Pero yo debía continuar con mi vida y con mis planes. No me quedaría estancado. ¿Era justo que ella me olvidase? Claro, no podía hacer nada al respecto, ya lo había hecho.

—¿Te recuerdo a Bella? — me pregunto.

—No. — le contesté.

—Eso no es muy bueno. — dijo por lo bajo.

—¿Porque no? — le pregunté.

—Porque yo debería recordarte a ella, y no es así.

—Diana, tu eres muy distinta a Bella. Son... diferentes.

—¿Soy más fea? ¿Tengo cuerpo más feo? — insistió.

—Hey, relájate. — reí.

A lo lejos pude ver a Charlotte, ella estaba sirviendo unos tragos y se acercó a nosotros.

—Hola, Edward. — ella me dio un beso en la mejilla.

—¿Como estás? Ella es Diana. — las presenté.

—Un placer. — le sonrió Diana.

—Una amiga. — le dije a Charlotte.

—¿Disfrutando la noche? — me preguntó Charlotte.

—Algo tranquilo. — reí.

—Tengo que irme, me alegro de verte bien. — Charlotte me abrazó y se fue.

Después de ese encuentro, con Diana salimos fuera y tuve que aguantar una escena.

—¿Porque no le dijiste que soy tu novia? — me reprochó Diana, en una postura de enojo.

—Diana, lo nuestro no es en serio. — le dije.

—Eso lo sé, pero podrías haberle dicho a esa tipa que soy tu novia.

—Espera, estás confundida.

—No, no lo estoy.

—Diana, creo que te estás tomando muy en serio lo de ser 'novios'.

—Sé cuando las cosas son en serio y cuando no.

—Entonces debes darte cuenta de que esto no va en serio... es al pasar. —¿Al pasar? — Diana se acercó a mí. — Creo que te confundes. Lo nuestro no es al pasar.

—Alto. La errada eres tú. — me alejé. — ¿Sabes qué? Tengo que irme.

—Vete. — me dijo tajante.

—¿Necesitas que te lleve a tu casa?

—No.

—Diana, piensa bien en lo que te dije. Creo que será mejor acabar con éste jueguito de... un día. No creí que te lo ibas a tomar tan en serio.

—No hay problema, adiós. — me besó en la mejilla.

Mujeres, complicaciones. Al parecer mi padre tenía razón... debía terminar con eso. Sí, no había durado nada. Pero Diana se había metido en serio en eso, y yo no. Para mi sería un simple juego, pero para ella no. Yo a decir verdad quería... follar y estar con alguien. Pero no podía lastimar a cualquier chica. Carlisle me había dicho las cosas muy claras y así habían sido. ¿Diana se habría ilusionado? Sí, era una posibilidad.

Me subí a mi coche y conduje hasta mi bar. Antes de irme a mi casa a dormir, vería cómo iban las cosas allí.

La gente hacía fila para entrar y eso era bueno. Yo saludé a algunas personas y entré.

—Hola, Phil. — le tendí la mano.

—Jefe, ¿como está? — me preguntó.

—No me digas así. — reí.

—Disculpa, Edward.

—¿Como van las cosas?

—Bien, muchas felinas sueltas. Hay cada hermosura... — suspiró bromista.

—No quiero saber nada de felinas por ahora.

—¿Que pasó con la de la otra noche?

—Mejor no hablar de eso.

—Buenas noches, dos mojitos. — una voz muy dulce le habló a Phil. Voltee y era... Victoria.

—Enseguida. — le dijo Phil.

—Victoria. — le sonreí sorprendido.

—Edward, tanto tiempo. — ella me abrazó. No sabía porqué, pero ese abrazo me había dado tranquilidad.

—Hace bastante que no nos vemos. ¿Que fue de tu vida? — le pregunté.

—Nada nuevo, trabajo y más trabajo. ¿Tu?

Mujeres, complicaciones. Al parecer mi padre tenía razón... debía terminar con eso. Sí, no había durado nada. Pero Diana se había metido en serio en eso, y yo no. Para mi sería un simple juego, pero para ella no. Yo a decir verdad quería... follar y estar con alguien. Pero no podía lastimar a cualquier chica.

Me subí a mi coche y conduje hasta mi bar. Antes de irme a mi casa a dormir, vería cómo iban las cosas allí.

La gente hacía fila para entrar y eso era bueno. Yo saludé a algunas personas y entré.

—Hola, Phil. — le tendí la mano.

—Jefe, ¿como está? — me preguntó.

—No me digas así. — reí.

—Disculpa, Edward.

—¿Como van las cosas?

—Bien, muchas felinas sueltas. Hay cada hermosura... — suspiró bromista.

—No quiero saber nada de felinas por ahora.

—¿Que pasó con la de la otra noche?

—Mejor no hablar de eso.

—Buenas noches, dos mojitos. — una voz muy dulce le habló a Phil. Voltee y era... Victoria.

—Enseguida. — le dijo Phil.

—Victoria. — le sonreí sorprendido.

—Edward, tanto tiempo. — ella me abrazó. No sabía porqué, pero ese abrazo me había dado tranquilidad.

—Hace bastante que no nos vemos. ¿Que fue de tu vida? — le pregunté.

—Nada nuevo, trabajo y más trabajo. ¿Tu?

—Miles de cosas. Inauguré este bar y dejé de trabajar.

—Eso es muy bueno. — me sonrió. — Tengo que irme, fue lindo encontrarte.

—Espera. — la tomé de su mano.

—Edward, tengo que irme.

—Victoria, demos una vuelta o algo. No nos encontramos todos los días. — insistí.

— No puedo dejar sola a mi amiga. Lo siento.

—Yo creo que puedes, pero no quieres.

—Edward, lo siento.

—¿Mañana daremos una vuelta por el parque?

—Prometido. — rió y se fue.

—A las seis de la tarde. — le susurré por detrás, saliendo del bar.

Había dicho que no quería saber nada de felinas. Pero ver a Victoria había sido distinto, no me lo esperaba. Y su abrazo me había desencajado del suelo. Había sido tierno, había sido lo que tanto necesitaba.

(1) No sabía que hacer. Ni mi propio bar me parecía divertido. Fui a uno cercano y en vez de pedir alcohol en copas, para beber en el lugar, pedí botellas. Dos de cerveza, una de whisky y una con algo bien fuerte. Me subí a mi coche y comencé a bajar la primera botella de cerveza.

—Esto es por ti, Bella. — di un fuerte suspiró y tragué la bebida. Que estaba helada y bien rica, por cierto.

Mi cerebro se congelaba y ahora Bella aparecía en mi vidrio de frente. Su silueta tan preciosa se dibujaba en los vidrios empañados.

—Me dejaste, sólo como un perro. — sí, el alcohol hacía efecto y yo le hablaba a la nada. — Si supieras cuanto te extraño. — estiré mi mano y acaricié el helado vidrio.

Ahora bebía de la botella con whisky, muy fuerte. Sacudía mi cabeza porque estaba alucinando demasiado. Veía a Bella en el asiento copiloto y ella estaba... desnuda.

—Extraño tu cuerpo. — balbucee bebiendo. — Las veces que te hice el amog. — no me salían las palabras claras, pero se entendía la idea.

El coche estaba aparcado en dirección a un semáforo. La luz naranja titilaba una y otra vez. No se detenía. Y de pronto ya había liquidado la botella de whisky. Estaba listo para comenzar con la que restaba de cerveza. Ahogaba mis penas en una botella, y no se sentía mal. Al contrario, se sentía bien. Era como estar hablando con alguien.

—¿Porque te fuiste? ¿Porque me dejaste? — le preguntaba a la foto de Bella, que guardaba en mi billetera. — Me has marcado. — le daba besos a su imagen.

Su sonrisa me iluminaba, sus ojos me miraban y yo no podía entender. ¿Porque había sido tan idiota? No debí dejarla ir, me reprochaba una y otra vez.

—Todo es mi culpa. — Apoyé la botella vacía en el asiento de al lado.

Abrí la de cerveza y sentía muchas ganas de vomitar. Pero no, no iba a hacerlo. Mi estómago era fuerte y aguantaba cualquier cantidad de alcohol. Lo sabía, porque en mi adolescencia me había agarrado borracheras tremendas.

—Bella, te extr... — no aguanté. Rompí en llanto, y era obvio que el alcohol estaba haciendo efectos secundarios. Pero una parte del llanto era propio. Estaba triste, y lo único en lo que pensaba era en sellar mi corazón. Para siempre.

Tomé mi móvil y fui al directorio de teléfonos. Sí, marqué el de Bella, sin motivos.

—Espero que me contestes. — reía ebrio.

—¿Hola? — su voz. Y no me salían las palabras. — Es tarde para estar haciendo bromitas. — y colgó.

—Edward, eres un idiota. — me dije a mi mismo, volviendo a marcar. A pesar de la borrachera me sentía nervioso.

—Hola. — su voz alegre de la llamada anterior se había esfumado. Ahora se la oía seria.

—Hola, Bella. — traté de decir, con temor.

—¿Quien habla? — preguntó.

—Soy... Edward.

—No puede ser. — murmuró.

—Te extraño tanto. — tenía que decírselo.

—¿Estas borracho?

—No. Bueno, si, un poco, casi nada. Muy.

—No debería estar hablando contigo.—¿Porque? — le pregunté bebiendo cerveza.

—¿Con quién hablas? — una voz masculina se oyó cerca de Bella. — Con... — quiso decir ella. — ¿Quien habla? — me preguntó alguien.

—Edward, ¿ahí?

—Ryan. — desgraciado.

—¿Que... haces tú con Bella?

—No te interesa. No molestes más a mi esposa. — él colgó.

¿Esposa? ¿Juntos? Santa mierda, eran muchas palabras para analizar y yo no entendía nada. ¿Bella se había casado con ese maricón? Mi corazón se debilitaba, por esas palabras y por el... alcohol. Otra vez mi padre, tenía razón. Bella había encontrado otro hombre, y yo ya no podía hacer nada. Estaba en mi auto, tratando de entender las palabras de ese cretino. Tratando de digerir todo el alcohol.

No me sentía nada bien, así que llamé a Emmett para que me recogiese.

—Menudo pedo te has puesto, hermano. — bromeó Emmett conduciendo hasta mi casa, en mi coche.

—Eso no es lo peor, llamé a Bella. — le conté agarrándome la cabeza.

—¿Y que dijo?

—Me atendió Ryan.

—¿Qué hace con ella?

—Va a ser imposible que te cuente, tengo un mareo de puta madre. Mañana en la mañana los espero a ti, a Rosalie, a Alice y a Jasper en mi casa.

—¿Para qué? — me preguntó mi hermano.

—Para contarles, tonto.

—Claro, les diré.

Emmett me dejó en la puerta de mi casa y aparcó mi coche. Entré y me rendí en mi cama. Dejándome vencer por el sueño y la borrachera.

En la mañana...

Por intuición me desperté. Sabía que el sol mañanero pegaría en mi ventana y se reflejaría en mis ojos. Así, logrando despertarme.

Me preparé un té, para bajar la resaca de la noche anterior. Algo caliente y tostadas ayudarían.

Me senté en mi cocina y di el primer sorbo, que fue interrumpido por la puerta.

—¿Quién es? — pregunté.

—Somos nosotros. — la voz aguda de Alice al otro lado.

—Interrumpieron mi desayuno. — les dije abriendo la puerta y saludando a todos.

—¿Desayuno? Creí que te estabas tocando. — rió Emmett sentándose en el sofá.

—Eres terrible. — le dije sentándome junto a mi té.

—¿Cómo has estado? — me preguntó Alice.

—Bien, no tan mal. No lo sé.

—¿Qué significa eso? — rió Rosalie

—Significa que estoy bien, nada más.

—Es obvio que nos extrañabas y por eso quisiste que vengamos. — bromeó Jasper.

—Eso por un lado, y por el otro quería contarles algo.

—¿Qué cosa es? — me preguntó Emmett, acercándose a la mesa.

—Vamos, sin misterios. — dijo Alice. Nos encontrábamos los cinco rodeando la mesa.

—Anoche, ebrio, llamé a Bella.

—¿Y qué pasó? — preguntó Rosalie y todos se miraron.

—Me atendió ella y después Ryan. — no hacía falta explicarles quien era Ryan, ya se los había contado.

—¿Y…? — el rostro de Alice se tensionaba.

—Él involucró las palabras, "molestes", "mas", "mí", "esposa", en una oración. — les dije bebiendo. Ninguno se sorprendió y eso me sorprendió a mí. — ¿No les sorprende?

—Edward… — Jasper estaba a punto de decir algo y yo no entendía.

—¿Qué pasa? Actúan como si ustedes ya supieran esto. — les dije y se miraron. Estaba claro, ellos ya lo sabían. — Díganme que ustedes no sabían esto.

—Edward, creímos que lo mejor era no decirte que ella se había casado. — murmuró Alice.

—¿Creyeron? ¿Qué clase de amigos son ustedes? Y tú, ¡eres mi hermano! — estaba furioso.

—No te enojes, es solo que… sabíamos que te pondrías mal con esa noticia. — dijo Rosalie.

—Hermano… — Emmett quiso tocarme.

—No. No puedo creer que hayan sido capaces de ocultarme algo así.

Me sentía traicionado, en parte. Yo los consideraba hermanos a todos y ellos me mentían. Pero no solo uno de ellos, sino que todos. Todos estaban de acuerdo. ¿Y qué habría pasado si yo no llamaba a Bella? Jamás me habría enterado de que ella se había casado. Y ahora tenía dos motivos para estar mal. Que Bella se había casado, era uno. Y que mis amigos y mi hermano me hayan mentido, era otro. No podía poner ambos en una balanza, no podía explicar cual era peor. Cual me dolía más.


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Espero que les haya gustado. Me gustaría saber qué opinan :)

El próximo capítulo se llamará "Riesgos".

Gracias. Anbel.