Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.
Playlist.
(1). Barcelona - Come back when you can.
Disfruten.
Me sentía fatal. Mis amigos me habían mentido con algo tan delicado y Bella se había casado. En esos cuatros meses y semanas Bella había hecho su ándose con Ryan, olvidándome por completo. Y mi corazón era débil, no podía entender cómo habían cambiado las cosas.
—Quiero estar solo. — les dije a todos.
—Edward... — Alice acarició mi mano.
—Váyanse. — me puse de pie y abrí la puerta.
—Espero que sepas entendernos. — me dijo Jasper, saliendo. Los demás salieron y por último Alice.
—Te consideraba una hermana, como Bella. — le dije por lo bajo y volteó.
—Edward, si más tarde quieres escuchar... aquí estoy para contarte todo lo que sé. — me dijo ella.
—¿Hay más? Hay más cosas que no sé. Eso es increíble. Adiós. — cerré la puerta.
La ira y la tristeza me consumían de a poco. No podía creer que ellos me mintieran de esa forma. ¿Hace cuanto sabrían eso? Yo era el único idiota que no lo sabía, y eso me hacía sentir peor. Emmett, ¿como pudo mentirme? Un hermano no hace esas cosas. Y Jasper también, yo lo consideraba un hermano. Pero ellos se habían cagado en mí.
—Gracias Dios, gracias por toda la mierda que me estás mandando. Estoy pensando en desaparecer, ¿sabes? — le dije al techo.
Ya no tenía nada. Ni a Bella, ni a mis amigos. Y lo que más me dolía, era que no tenía a la mujer de mi vida, Bella. Ella era mi todo y no sólo estaba alejado de ella. Se había casado, y yo no podía entenderlo. Todas las cosas que habíamos pasado juntos, todos los lindos y malos momentos vividos. Se quemaban, en una gran hoguera. Y sentía que en esa hoguera que ardía... yo caería. Estaba todo jodido, mi vida estaba jodida, no tenía un carajo.
—¿Porque? — sí, me senté en el sofá y ladee mi cabeza. —No puedo tener una vida tan mierda. — me recosté.
Quise dormirme, para no despertar nunca más. Pero fue imposible porque mi celular sonó.
—¿Bueno? — pregunté sentándome en el sofá.
—Edward, ¿como estás?
—Hola, Bruce. Bien, ¿tu? — volví a recostarme.
—Bien, necesito hablar contigo.
—¿Que pasa? — le pregunté.
—¿Podríamos tomar un café? — me propuso.
—Claro. — acepté y pensé que sería bueno despejarme.
—Te espero en mi consultorio. Tengo bastante trabajo pero me tomaré un rato para hablar contigo.
—Estaré ahí en unos minutos, adiós.
Corté la llamada y me vestí. Bermudas de jean, sudadera de los Beatles y unas zapatillas viejas. Tomé mis llaves y subí a mi vehículo. El calor que hacía era tremendo, derretía cualquier helado.
Llegando al hospital, miles de recuerdos invadieron mi mente. El accidente. La maldita accidente. Bella, recostada en esa camilla, perdida, confundida.
—Busco al doctor Bruce. — le dije a una mujer morocha.
—Él lo espera en su consultorio. — la chica me indicó con su dedo indice y avancé.
Golpee tres veces y Bruce me cedió el paso.
—¿Como has estado? — me abrazó.
—Miles de problemas. — le dije sentándome.
—Cuentame, amigo. — Bruce se sentó en frente y cruzó sus brazos.
—¿Somos amigos? — le pregunté.
—Claro, Edward. Al menos por mi parte sí. Creo que puedo confiar en ti. —Bien, yo también confiaré. — le sonreí.
—El motivo del café, es que sé algunas cosas que quizás puedan interesarte.
—Yo no veo ningún café. — bromeé.
—Lo traerán de inmediato. — rió.
En ese momento, la mujer de la entrada, ingresó con dos tazas de
café.
—Gracias. — le agradecí.
—Entonces, ¿por donde empiezo? — me dijo Bruce.
—Por el principio. ¿De quién me tienes que hablar? — le pregunté dando un sorbo.
—Se trata de Bella.
—¿Que sabes de ella? — no tenía idea de qué podría saber Bruce.
—Ella se comprometió con su ex novio o algo así.
—Espera... ¿se comprometió? Mis amigos me ocultaron que se había casado. Ósea que... aún no se casó.
—¿Que amigos son esos? — me preguntó Bruce.
—No lo sé. Me lo pregunto en cada minuto.
—Bueno, no nos deprimamos. Bella se comprometió, según entendí. Y tú te debes preguntar, ¿como lo sabes? — me dijo.
—Me lo estoy preguntando ahora mismo.
—Hable con ella por teléfono. — me contó y me sorprendí.
—¿Y con qué motivo la llamo?
—Un control médico. Y a propósito, en parte. Para que me contase un poco de su vida y así yo poder contarte a ti.
—Eso es muy... atento de tu parte. Eso sólo lo hacen los amigos. — y en ese instante sentí que realmente podía confiar en Bruce.
—Somos amigos. Y bueno, ¿sabes que es lo más feo? — me preguntó con misterio.
—No me asustes. — le dije.
—Su madre la obligó a comprometerse.
—Esa perra. — Murmuré pensando.
—Lo mismo dije. Bella me lo contó porque confió en mi. Ryan es muy bueno con ella, y en parte, una parte del compromiso fue voluntad de ella.
—Entonces no tiene que quejarse, ella aceptó.
—Si, pero porque no tuvo salida. Porque se apresuró y creyó que ese sería un buen comienzo para una nueva etapa.
—Bruce, me dejas helado. — lo que me había contado me había sorprendido demasiado.
—Eso es un poco de lo que me contó. Ella me dijo que no quería hacerse ningún control y que prefería olvidar todo lo poco que vivió en Boston.
—Y yo me sigo preocupando por ella. — suspiré. — No le importo un carajo, a nadie.
—Vamos, amigo. No digas esas cosas, tu suerte cambiará. — Bruce se puso de pie y me abrazó.
—Gracias, en serio. — lo palmee.
—Edward, yo no soy un tipo de muchos amigos. Tengo pocos y aveces ninguno. Pero vi en ti mucha humildad y creo que ambos merecemos tenernos de amigos. ¿No crees?
—Si. También creo que eres una gran persona y descuida... las personas como tu son bienvenidas en mi vida.
—Cuenta conmigo, para lo que sea. — me dijo y le sonreí.
—Tengo que irme. Además, tienes que seguir trabajando. — le dije.
—Bueno, nos hablamos. — me sonrió.
Me despedí de él y puedo jurar que pasar ese rato con Bruce, me había alegrado el día. No me sentía tan sólo, sabía que contaba con alguien.
Lo que me daba vueltas en mi cabeza era lo del compromiso. Alice y los demás habían dicho que ella se había casado. ¿Otra mentira más? Ella no se había casado, se había comprometido. No sabía qué creer.
Me dirigí a mi casa. Para almorzar algo tranquilo y descansar.
—Un poco de sal. — canturree condimentando la salsa.
Coloqué un plato, cubiertos, una copa y una fina botella de vino tinto. Nunca venía mal una comida sabrosa para uno mismo. De vez en cuando había que darse ánimos comiendo una deliciosa comida. Y en este caso eran unos ricos macarrones con salsa. Descorché el vino y lo serví en mi copa. También serví la comida y me senté.
—Buen provecho para mí. — dije colocándome una servilleta en mi falda.
Primer bocado, dentro. Después de todo la salsa me había salido picantona, rica. Así me gustaba a mí. Justo como mi madre la hacía cuando yo era pequeño.
A pesar de todas las cosas malas que me estaban pasando, me sentía satisfecho. Sí. Quizás no estaba con mi amada. Pero había estado con ella y había sido el hombre más feliz del mundo a su lado. Y ahora podía darme cuenta de que yo no le correspondía. Eso era duro y difícil de aceptar, pero ¿qué más daba? Bella ya había estado en mi vida, y yo en la suya. No pediría más que eso. Y no lo negaría. Isabella Swan me había marcado.
Después de terminar con el almuerzo, lavé los platos y me recosté en mi cama. Busqué una película para ver y no había nada bueno. Y sí, terminé durmiéndome.
Horas más tarde...
Me veía venir una tarde aburrida cuando desperté en mi cama. No sabía qué podía hacer para matar el tiempo. Tomé mi móvil y vi la hora. Apenas eran las 17.30hs. Y fue en ese momento en el cual recordé que había invitado a Victoria al parque. No podía dejarla plantada.
Me vestí rápidamente cuando la hora se acercaba. Jeans oscuros, camisa con dos botones abiertos y calzado italiano. No fui en mi coche ya que era cerca. Decidí caminar, hacia bien a la salud.
Me senté en un banco y miré para todos lados. Podía oler que me iba a dejar plantado, pero no fue así. Como una diosa atravesaba el parque. Flameando un vestido floreado muy colorido y hermoso. Me puse de pie y la esperé.
—¿Como estás? — la abracé.
—Contenta de verte. — me sonrió sentándose.
—Tenemos que ponernos al día. — bromeé sentándome a su lado.
—La verdad. — rió. — No te he visto desde esa tarde... en el café.
—Esa tarde... — y recuerdos invadieron mi mente.
—¿Que pasa? — alzó mi barbilla.
—No es... nada. — miré hacia otro lado.
—Estas triste, puedo notarlo. ¿Que pasa, Edward?
—No quiero contarte mis problemas, no quiero... dar pena. — murmuré.
—No es dar pena. Me preocupo por ti, quiero saber qué es lo que te pasa.
—Desde esa tarde, después del café. Discutí con mi novia, Bella. — le conté, cruzándome de brazos.
—¿Rompieron? ¿Porque discutieron?
—Discutimos porque ella se puso celosa.
—¿Por un simple café? — me preguntó.
—Si. — le dije.
—Descuida, yo también me hubiese puesto celosa. Aunque no haya pasado... nada.
—En medio de la discusión, un camión nos embistió.
—Dios mío. — ella se cubrió la boca, sin creerlo.
—Eso no es todo. Bella, se golpeó muy fuerte en la cabeza.
—Tienes que estar bromeando. — Victoria estaba muy sorprendida.
—No bromeo. Ella ahora padece AGT.
—Si, oí esa cosa en la televisión. Es un tipo de amnesia. — dijo ella.
—Así es. Ella no me recuerda y no recuerda básicamente a nadie.
—¿Que es lo que haces todas las mañanas al despertar a su lado? — me preguntó y la miré.
—Bella y yo ya no somos novios. Ella eligió regresar a su ciudad y olvidar todo lo que vivió en Boston. Hace ya... cinco meses que no la veo. Hace cinco meses que estoy tratando de olvidarla y no puedo. — estaba a punto de quebrarme.
—Eso debe sentirse fatal. Me dejas sin palabras. — Victoria me abrazó y contuve las lágrimas. No lloraría, no daría lástima.
—Eso es todo lo que me tiene mal por el momento. — Sonreí.
—No imagino cómo te sientes por dentro.
—Destrozado. — le dije por lo bajo.
—Siento mucho lo que te está pasando. Estuve para ti en momentos difíciles cuando éramos adolescentes, y quiero que sepas que ahora también estoy. Para lo que sea, lo que necesites. — me sonrió.
—Gracias, Victoria. Es ahora cuando te necesito. Necesito que me aconsejes, que me digas qué hacer. No sé qué hacer con mi vida.
—Nunca fui buena dando consejos.
—Pero las veces que me los distes, me ayudaron de verdad. — acaricié su mano.
—No sé qué haría en tú lugar... Edward. Haz lo que tu corazón te dicte. Si quieres oír palabras de aliento, aquí estoy. Te apoyaré como una buena y vieja amiga.
—Victoria, dime qué hacer. Por favor.
—¿Que quieres hacer? Dime.
—¿Realmente quieres saber qué quiero hacer? — le pregunté.
—Si, quiero saberlo.
—Quiero ir a Arizona, estar con ella. Besarla.
—Ve y hazlo, Edward.
—No es tan fácil. — le dije.
—Arriésgate y así sabrás si valió la pena o no.
—Pero me arriesgo a recibir un rechazo de su parte.
—Será una prueba y un desafío más. Tienes que correr ese riesgo, si la amas.
—No sé qué tienes en tu lengua, pero esas palabras lograron convencerme. — le sonreí abrazándola.
—Será mejor que prepares todas tus cosas y viajes lo antes posible.
—Eso haré. Gracias. — la besé en la mejilla y me despedí.
Victoria era una persona muy buena. Y a ella no le importaba el pasado. Era mi ex y sin embargo me apoyaba con Bella. Aunque estaba sólo, no me sentía así.
De camino a casa mi móvil sonó. Era nada más ni nada menos que Alice.
—Hola, Edward.
—Hola. — le respondí tajante.
—¿Sigues molesto?
—¿Me lo preguntas en serio? No sé qué hago hablando contigo.
—Por favor, necesito hablar en persona contigo.
—¿De qué quieres hablar?
—De Bella. Créeme que es importante y te interesará.
—Solo porque es acerca de Bella. Te espero en mi casa.
Llegando a la puerta de mi casa vi que se acercaba Alice. Justo nos encontramos.
—No creí que llegarías tan rápido. — le dije saludándola.
—Estaba por aquí cerca.
—¿Quieres algo para tomar? — le pregunté. Aunque estuviese enojado no perdería mi caballerosidad.
—Jugo, estaría bien. — dijo sentándose.
—Aqui tienes. — le di el vaso.
—Gracias.
—Escupelo. — le dije sentándome en frente.
—Esta mañana recibí una carta... de parte de Bella.
—¿Que decía? — le pregunté.
—Me invitó a su boda. A Jasper y a mí.
—Vaya... qué interesante. — le dije sorprendido.
—Yo creí que ella ya se había casado, pero no. Recién ahora en un par de días lo hará. Quiero disculparme contigo. — me dijo Alice.
—Te perdono, pero sólo a ti. No esperes que a los demás los perdonaré. Confío en ti. Por eso sé que me apoyarás en lo que quiero hacer.
—¿Que quieres hacer? — su rostro se había iluminado.
—Viajar a Arizona.
—Edward, ella está a punto de casarse. ¿Crees que es buena idea?
—No sé si es buena idea, pero me arriesgaré.
—Voy a ir contigo. — me sonrió.
—¿En serio? — le pregunté.
—Claro que lo haré.
—¿Cuando crees que deberíamos irnos?
—Lo antes posible. Esta noche, para llegar justo a tiempo.
—Bien. Alista tus cosas y preparate. Nos vemos en el aeropuerto ésta noche. Sacaré los pasajes por internet. — le dije.
—Está bien.
Cuando Alice se fue, preparé un pequeño bolso con ropa. Y compré los boletos con destino a Arizona por internet, pegándolos con mi tarjeta de crédito. Estaba muy emocionado por hacer ese viaje. Tenía esperanzas.
La noche se acercaba y yo no había cenado. La verdad era que estaba tan nervioso que ni hambre tenía. Sólo quería que llegase la hora y estar subido en ese avión. Y después de tanto tiempo vería a Bella. Eso era lo que más nervioso me ponía.
Llegada la hora, partí hacia el aeropuerto. No podía dejar de comerme las uñas, estaba demasiado nervioso.
—Traje algo de ropa. — me sonrió Alice al verme. Ella tenía una maleta enorme.
—Estas loca. — reí abrazándola.
—Jasper te manda saludos. — me dijo.
—¿Él no viene? — le pregunté mirando a mi alrededor.
—Él prefirió quedarse. Dijo que este viaje debíamos hacerlo solos, tranquilos.
—Bueno, pasemos por el chequeo.
Nos dirigimos al 'check in' y ya estaba temblando. Me quité de encima todos mis metales. Cinturón, celular, mi cadenita con la letra 'B', y reloj.
—Relajate, no estés tan nervioso. — Alice me palmeó.
—No estoy nervioso. — quise decir y sí, mi móvil cayó al suelo.
—Claro, no estás nervioso. — rió ella.
Avanzamos y ya estábamos arriba del avión.
8 horas después...
—Tengo el trasero cuadrado. — le dije a Alice, cargando las maletas en un taxi.
—¿Y yo? No siento mis piernas. — rió subiéndose.
—¿A dónde van? — nos preguntó el taxista.
—Avenida Townley, al 782. — le dijo Alice.
—¿Qué hay ahí? — le pregunté en voz baja.
—Es un hotel cercano al lugar en el cual es la boda.
—¿Estuviste investigando?
—Internet, corazón. — me dijo.
Después de quince minutos llegamos al hotel. Bajé algo nervioso, pero me acostumbré al lugar en cuestión de minutos. Nos acomodamos en una habitación con dos camas individuales.
—Entonces, ¿cuando es la boda? — le pregunté sentándome en la cama.
—Es mañana. ¿Cuando piensas hablar con ella? — me preguntó acomodando su ropa, que no era poca.
—Quiero hablar con ella ésta misma noche.
—Bueno, recién estamos a mitad del día. ¿Porque no salimos a conocer la ciudad y almorzamos por ahí? — me propuso.
—Claro, tengo algo de hambre.
No conocía nada en ese lugar, pero sí podía notar que era más tranquilo. Había mucha gente ejercitándose, corriendo, andando en bicicleta. La gente en Boston no hacía mucho ejercicio.
—¿Crees que podemos almorzar en ese restaurante? — Alice señaló hacia la derecha.
—Claro, está bien por mí.
Entramos y nos sentamos junto a la ventana. Pedimos carne asada y ensalada de lechuga.
—Se ve delicioso. — dijo Alice, cuando nos trajeron la comida.
—A disfrutar. — reí dando el primer bocado.
—Tu móvil vibró. — me dijo Alice, comiendo ensalada.
Jasper — 13.45
Hola, Eddie. Quiero disculparme, fue todo muy... confuso lo que pasó. Te deseo mucha suerte para cuando decidas enfrertarte a Bella. Te apoyo.
—Es Jasper. — le dije a Alice.
—¿Que dice? — me preguntó.
—Lee. — le di mi celular para que leyese el mensaje alentador.
—Es tan dulce. Puedes notar que se siente fatal y que se disculpa sinceramente.
—Puedo notarlo. Pero no me siento listo para perdonar.
Edward — 13.48
Gracias. A pesar de todo, sé que cuento contigo.
—Estoy llena. — sonrió Alice.
—Yo también, estoy a punto de explotar. — reí a la par.
—Será mejor que paguemos y que regresemos para descansar. — me dijo Alice.
—Está bien. Ve saliendo que ya salgo. — le dije y ella salió fuera.
Llamé al mozo y pagué la comida. Me quedé helado cuando miré por la ventana. Alice estaba hablando con Reneé. No salí del bar, no podía dejar que la bruja me viese. Me agaché y después de unos largos minutos salí.
—No sabía que hacer. — me dijo Alice.
—¿Que dijo?
—Ella me dijo que no le fallara. Que vaya a la boda. Maldita falsa.
—La odio. Pero ahí estaremos, iremos a la boda. — le aseguré.
—¿Iremos? — me preguntó ella.
—Si, yo iré.
—Edward...
—Tengo que arriesgarme.
Regresamos a paso lento al hotel. Ambos estábamos llenisimos, por la comida.
Me dejé caer en la cama y dejé que el sueño me arrastrase. Estaba demasiado cansado.
Horas más tarde...
—Edward, despierta. — la voz aguda de Alice me despertó.
—¿Que ocurre? — le pregunté desperezándome.
—Hablé con Bella por mensajes de texto y ella está en casa de una amiga. Será mejor que te des una ducha y que vayas a ver que pasa.
—Bien, gracias mamá. — bromeé.
Me di una ducha fugaz y me vestí con un jean oscuro, una camiseta y zapatillas. No sabía que usar. Me afeité y me coloqué mi mejor colonia. Encima de mi torso me puse un sweter, hacía frío. El clima había cambiado y todo había refrescado.
—Te deseo mucha suerte. — Alice me abrazó.
—Gracias. — le sonreí.
—Solo tienes que armarte de valor y esperar a que ella salga de la casa de su amiga.
—Eso haré.
—¿Te di la dirección?
—Si, aquí la tengo.
Salí del hotel y tomé un taxi.
—¿A donde va? — me preguntó el tipo.
—Aqui está la dirección. — le di una notita que Alice me había dado.
—Estamos cerca. — me dijo.
(1) Practiqué en mi mente un discurso. No sabía qué decirle a Bella. O más bien, sí sabía qué decirle. Pero no sabía como iba a hacerlo y no sabía cómo iba a reaccionar ella.
Cuando el taxista aparcó frente a la dirección, comencé a temblar. Le pagué al hombre y bajé.
Me apoyé en un auto justo en frente de la casa en la que se suponía que estaba Bella. Miraba para todos lados, nervioso como un adolescente. Hasta que la vi salir. Estaba hermosa. Esos meses que no la vi, me parecieron eternos. Y hasta la notaba diferente. Ella se despidió de su amiga y volteó hacia donde estaba yo. Su amiga ya había entrado, así que estábamos solos ella y yo.
Caminé hacia donde estaba ella. Estaba quieta.
—Hola. — le dije parándome en frente suyo.
—Ho-hola. — murmuró.
—¿Como estás? — le pregunté.
—Algo... sorprendida.
—Imagino que no esperabas verme.
—No, la verdad.
—Ese gorro de lana te queda muy bien. — la halagué.
—Gracias, creo. — me respondió por lo bajo.
—¿Quieres caminar? — le propuse.
—Si, me estoy congelando.
—¿Que me cuentas de nuevo? — le pregunté.
—No mucho. ¿Tu?
—Me entere que pronto te vas a casar.
—Mañana, para ser más exacta.
—Me olvidaste muy rápido. — le dije.
—No... — ella no sabía qué decir.
—Bella, no digas nada. Entiendo que estás enamorada de él, por eso te casas, ¿no?
—Si.
—Lo supuse. Y a decir verdad me sorprende lo rápido que te enamoraste de él.
—No deberías sorprenderte. — murmuró.
—Sé que no.
—¿Para que viniste? — me preguntó quedándose quieta.
—Vine a decirte que te extraño. Y que no pude olvidarte. — me costó, pero pude decírselo.
—Yo no creo sentir eso. — eso había sido una patada a mi corazón.
—¿Sabes que? — le pregunté muy triste. — Creo que tengo que empezar a ser realista. Tú nunca recuperarás la memoria, y yo sigo siendo un completo extraño. — las lágrimas brotaban en mis ojos.
—Yo nunca quise lastimarte.
—Lo sé. Y soy un idiota, no debí haber venido. No sé como mirarte a los ojos y decirte que este es el fin.
—Edward, yo nunca te amaré como tú me amas. — Bella estaba llorando.
—Ser fuerte ya no me alcanza. Traté de olvidarte desde que regresaste a Arizona. Y no pude. — sollocé.
—Yo también traté de olvidarte por un mes. Y tampoco he podido. ¿Sabes que mal me sentía? Soñaba contigo... todas las noches. Y ahí noté que uno no elige con quién soñar. — sollozó cubriéndose el rostro.
—Sé como se siente. Porque hasta el día de hoy, te sigo viendo en mis sueños. Todas, pero todas las noches antes de dormir, pienso en ti. No hay día que no te piense, no hay mañana en la que no te extrañe. — lloré.
—Yo... me siento cansada. Estoy cansada de decepcionarte, Edward. Pero tienes que olvidarme. — secó sus lágrimas.
—Tu lo dices así de fácil porque ya me olvidaste, desde un principio lo hiciste. Y mañana te casarás, y mirarás a Ryan como me mirabas a mí.
—No sé qué haré mañana en el altar. Ya no sé qué voy a hacer con mi vida. Edward, me siento muy mal.
—Tienes que hacer lo correcto. Pero al parecer, lo correcto no está a mi lado. Está muy lejos de mi. — fruncí mis labios.
—Me gustaría sentir lo mismo que tu sientes por mi, pero eso no lo sentiré jamás. — musitó.
—Quisiera que por un segundo te pusieras en mi lugar. Dime qué sentirías al saber que la mujer a la que amas con tu vida entera se va a casar.
—Me sentiría muy mal. No tendría ganas de vivir. — murmuró.
—Eso siento todos los días. Se me van las ganas de vivir, Bella.
—No digas eso. — ella se mordió su labio inferior. Lloraba y lloraba.
—Pero todos los días despierto con la esperanza de tenerte conmigo. Y no, jamás volveré a tenerte. — ambos llorábamos desconsoladamente.
—Por favor, no sigas hablando. Cada palabra que dices me destroza. — sollozó Bella.
—No quiero destrozarte ni mucho menos. Sólo quiero que seas feliz.
—Ya te lo dije una vez. Siempre me tendrás, aunque no sea a tu lado, siempre estaré.
—No digas eso. No me des falsas esperanzas, porque todo eso es basura. — murmuré.
—Ya no sé qué decir. Parece que todo lo que digo está mal.
—Me voy, Bella. — le dije secando mi rostro.
—Adiós. — susurró ella, viéndome ir.
Había sido una metida de pata. Ir había sido un riesgo que había corrido, un riesgo que yo decidí correr. Y me sentía mal, peor que nunca. Todo había sido en vano. Yo estaba acabado y sin Bella. Sabía que jamás la tendría otra vez a mi lado, sabía que era el fin.
Gracias por leer. Como pueden ver, actualicé MUY rápido. :)
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Espero que les haya gustado. Me gustaría saber qué opinan :)
Anbel.
