Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.
Playlist.
(1). Wolf Larsen - If I be wrong.
Disfruten.
—Edward, por favor. — Alice me sacudió en la cama.
—No pienso levantarme. — le dije dándole la espalda.
—Por favor. — ella siguió sacudiéndome.
—Ya basta. — la miré. — No sirvió de nada hablar con Bella.
—Edward, debemos ir a la boda. — insistió.
—Ve tú.
—No hagas cosas de niño. ¡Por dios! — Alice me pegó en el trasero.
—¿Qué haces? — le pregunté.
—Vamos. — ella se metió al baño.
Me lo pensé un rato y no sería mala idea ir a la boda. Después de todo estaba destrozado. Un poco más de dolor no me haría nada.
—Iré sólo por ti. — le dije a Alice.
—¡Te adoro! — me gritó desde el baño.
Me vestí con mi mejor traje y me calcé mis zapatos italianos más nuevos.
—Vaya, qué bien te ves. — me sonrió Alice, cuando salió del baño.
—Tu también te ves bonita. — le respondí.
—Esto está mal acomodado. — ella se acercó y acomodó mi corbata y el cuello de mi camisa.
—Muchas gracias. — le agradecí.
—No olvides ponerte perfume. — me recordó.
Tomé mi colonia favorita y me eché en mi cuello. Ardía un poquito, pero pude aguantarlo. Alice se veía muy linda, en verdad. Un vestido color crema muy lindo.
Terminamos de prepararnos y tomamos un taxi hasta el lugar de los hechos.
No hacia tanto frío, era un lindo día para una boda. Y todas las mujeres vestían vestidos elegantes, zapatos a juego y joyas costosas.
—Nombres, por favor. — nos dijo un hombre, en la entrada.
—Alice, y Jasper. — ella me miró y me tomó del brazo.
—Adelante, son bienvenidos. — nos dijo el muchacho amablemente.
—Si no decía Jasper, no te dejaban entrar. Simula ser mi pareja hasta que entremos. — me sonrió Alice, mirando a la gente.
—Gracias. — le susurré
Y dentro había un festín tremendo. Pavo, papas, salsa y todas las comidas que a Bella le gustaban. Tragos de cualquier tipo y de todos los colores.
—Creo que si Reneé te ve... se pondrá loca. — me dijo Alice.
—¿Y qué debo hacer? — le pregunté.
—¿Por qué no te quedas arriba hasta que sea la ceremonia? — me propuso.
—Claro. Estaré escondido. — le sonreí yendome.
Subi las escaleras con cautela y me encerré en una habitación. ¿De quién sería esa casa? ¿De Reneé? ¿De Charlie? No tenía idea, pero era muy espaciosa y lujosa.
—Bueno, me pondré cómodo. — me dije sentándome en un sofá que había ahí.
La ceremonia sería en una hora, según me había dicho Alice. Podría descansar un rato o investigar el lugar. Me estaba aburriendo, sinceramente. Asi que busqué entretenerme.
—Bajaré en un segundo. — escuché que alguien decía al otro lado de la puerta. Y cuando noté que se acercaba esa voz, me escondí tras unas cortinas.
Abrió la puerta y era Bella. No pude evitar hacerme ver frente a ella cuando cerró la puerta y ya estaba dentro.
—Sorpresa. — la saludé colocando mis manos detrás de mi espalda.
—¡Mierda! — ella volteó y se asustó.
—No fue mi intención asustarte. — le dije acercándome.
—¿Qué haces aquí? — me preguntó apoyándose contra un escritorio.
—Vine a tu boda. — le sonreí falsamente.
—No tienes que estar aquí, Edward. — me dijo.
—La verdad es que vine para estar un poco más... destrozado. Verte vestida de novia no es nada lindo. Porque no estás vestida así para mí. — Murmuré. Ella estaba preciosa, con un vestido de novia espléndido.
—Edward, yo no tengo nada más para decirte. Te pido que te vayas. — me contestó intentando abrir la puerta.
—¿No abre? — le pregunté cuando noté que no podía abrirla. — Yo te ayudo. — le dije, bajando con fuerza el picaporte y le di un empujón. No podía abrise. Estaba trabada de alguna manera.
—¿Que pasa? — me preguntó Bella, alterándose.
—Estamos encerrados. — le dije sentándome.
—¿Es una broma? La ceremonia empieza en media hora. — bufó intentando abrirla nuevamente. — No te quedes mirándome. — me dijo y me eché a reír.
—No sé qué quieres que haga. — le contesté.
—Haz algo. Abre esto por favor. — me pidió cruzada de brazos.
—Bella, ya lo intenté. Más no puedo hacer.
—Tendré que esperar a que alguien venga. ¡Genial! — podía notar que estaba nerviosa. No dejaba de mover sus manos.
—Tranquila, alguien vendrá. — murmuré recostandome en el sofá.
—¿Estas cómodo? — me preguntó.
—Muy. — le sonreí.
—Estoy muriendome de aburrimiento. — dijo apoyándose en la pared.
—Sientate aquí. — me levanté y le cedí el lugar.
—Gracias. — me dijo sentándose. Acomodando su largo vestido.
—¿Lo amas? — le pregunté sentandome en el suelo.
—¿Por que me lo preguntas?
—Porque quiero saber si lo amas tanto como para casarte con él.
—Si, lo amo.
—Que lindo. Espero que sean muy felices juntos. — le dije.
—Edward, eso es ironía. — me contestó alzando sus cejas.
—Claro que lo es. — le dije como si fuese obvio. — Sólo quiero verte feliz a mi lado. Pero también espero que lo seas a su lado.
—Lo seré, no te preocupes por eso.
—Espero que no te estés casando con él por... obligación. — listo, ya lo había escupido.
—Descuida, Edward. Deja de preocuparte por mí y por mi boda. Superalo.
—Estas siendo algo más sarcástica y mala al contestar. Veo que la gente de aquí te cambió. Tú definitivamente no eras así.
—No recuerdo cómo era, y tampoco quiero hacerlo. ¡Solo quiero salir de aquí! — se quejó cubriéndose el rostro con ambas manos.
—No puedo creerlo. — le dije poniéndome de pie, acercándome a ella.
—¿Que pasa? — me preguntó.
—Tienes el anillo... — miré su mano con atención y la tomé.
—Bueno... creí que... — ella no sabía qué decir.
—Bella, no busques excusas. Me alegra ver que aún lo conservas. — la miré a sus ojos.
—Pensaba tenerlo conmigo hasta la ceremonia.
—¿Porque no te decisiste de él? — le pregunté aclarando mi garganta.
—Creeras que soy una idiota pero... en un sueño me dijiste que lo conservara. Que no debía quitarmelo. Y eso me quedó grabado. — me contó.
—¿En un sueño? ¿Qué soñaste conmigo?
—Soñé muchas cosas. Te soñé en mis brazos muchas noches. Te soñaba tocando un hermoso piano.
—Que... bueno. — le sonrei.
—No puedo darte más detalles porque no recuerdo mucho más pero... eso es parte de lo que soñé durante un mes.
—Tu soñaste un mes conmigo y yo... hasta hoy sigo soñandote. Es vergonzoso. — le dije.
—Quizas éste sea un buen momento para pedirte disculpas. — murmuró Bella.
—¿Disculpas? — fruncí el ceño.
—Quiero disculparme por no corresponderte. Te pido disculpas por todos mis errores, por no darte lo que necesitas. Por no ser la mujer que quieres.
—Bella, a mí me basta con que existas. — tomé sus manos. — Soy yo quién debe disculparse, por haber sido tan insistente y pesado. Es que... quise luchar un poco más. Quise intentarlo y quise salvar lo que teníamos. Y ahora está claro que todo lo que hice fue en vano. Pero por ti, volvería a hacerlo todo.
—Tus palabras me sensibilizan, apenas y puedo hablar. — sus ojos se empañaron.
—No llores. — Sequé sus lágrimas. — Por lo menos regresaré a Boston sabiendo que lo intenté. Hice todo lo que estuvo a mi alcance, hice todo lo que pude y sin embargo no fue suficiente para salvar lo que teniamos.
—Nunca te olvidaré, Edward. — Bella se recostó en mi falda.
—A mi me costará. Pero tu ya lo hiciste, Bella. Ya me olvidaste. — acaricié su cabello.
—Lo hice porque me estaba enamorando de ti. — cubrió su rostro y abrí mis ojos. No podía creer lo que Bella me había dicho.
—¿Qué? ¿Y porqué regresaste? Podríamos estar juntos, Bella.
—Mi madre me convenció de que mi lugar no estaba a tu lado. Hasta el día de hoy me dice que mi hombre es Ryan. — lloró.
—Tu madre es la culpable. ¿Te das cuenta? — le pregunté.
—Pero nada importa, hoy me casaré y ese es mi destino.
—Bella, estás a tiempo de decir que no. Si tu me prefieres... aquí estoy. — alcé su rostro.
—Edward, ya está todo dicho. Amo a Ryan y me casaré con él. — murmuró.
—Pero no es lo que quieres.
—Si, quiero casarme con él.
—¿Podrias darme un último abrazo incómodo? — le pedí con mis ojos húmedos.
—Claro. — me sonrió.
Bella me rodeó con sus brazos y sentí que nada más existía. Solos ella y yo.
—Necesitaba tanto esto. — susurré aferrándome a ella.
—Yo tambien. — su voz se debilitaba y podía sentir como sus lágrimas caían en mi traje.
—Bella... — dejé de abrazarla y tome su rostro con ambas manos. — ¿Soy grosero al pedirte un último beso?
—Te lo daré. — me contestó cerrando sus ojos.
Apoyé mis labios contra los suyos y casi muero. Tanto tiempo sin sentir sus labios tan peculiares, tanto tiempo sin estar cerca de ella. Con mi mano derecha acaricié su mejilla y no dejé de besarla. Bella carcomió mi labio con vergüenza y ahí supe qué hacer. Me di cuenta de que a ella no le molestaría si yo aprovechaba nuestro último beso. Esa sería la última vez que nuestras lenguas se entrelazáran. La última vez que en mi boca sentiría su acogedor aliento. Ella me tomó por mi cuello y jugó con mi cabello. Alborotandolo. Estaba capturando en mi mente cada segundo de ese beso. Cada movimiento que Bella hacía.
Dejé de besarla y la miré fijamente a los ojos. Ella sonrió con timidez y me abrazó. Aproveché que estaba apoyada en mi hombro para olfatear su cabello. Olía a vainillas y coco. Grabé ese olor en mí.
Mi celular sonó y tuve que separarme de ella.
Alice — 19.10
Están buscando a Bella por todos lados.
—Alice dice que te están buscando por todos lados. — le dije a Bella.
—Carajo. — maldijo levantándose.
Edward — 19.13
Estoy arriba, con ella.
Alice — 19.15
Lo sé. Yo los encerré.
Edward — 19.16
Eres impresionante.
No podía creer lo que Alice había hecho. Gracias a ella había tenido un rato más con Bella.
Alice — 19.18
Lo sé ;) lol.
—Creo que hay alguien cerca. — me dijo Bella, golpeando la puerta.
—No oigo nada. — le dije acercándome a la puerta.
Acto seguido nos sentamos otra vez en el sofá. A seguir esperando, pero no fue necesario esperar demasiado. Forzaron la puerta un poco y lograron abrirla.
—¿¡Qué significa esto!? — era Ryan.
—No es nada. — Bella se puso de pie y corrió hacia él.
—¿Que haces tu aquí? — me preguntó apartando a Bella.
—Vine a la boda. — me puse de pie.
—Yo no me casaré contigo. — le dijo él a Bella. — No después de este papelón.
—Ryan... — ella tomó su mano y él la quitó.
—No quiero imaginarme qué hicieron. — le dijo de mala manera.
—No hicimos nada. ¿Que tipo de mujer crees que soy?
—Una cualquiera. — le dijo Ryan, con desprecio. Y ella le dio una cachetada.
—No le hablarás asi, cretino. — me acerqué a él y ella salió corriendo.
—Pudrete. — me dijo saliendo de la habitación.
¿Que habia sido todo eso?
—Menudo desastre. — me dijo Alice, acercándose a mí.
—¡Ella no se casará! — celebré
abrazándola.
—¿Eso te pone contento?
—Muy. — le sonreí, feliz.
—Será mejor que nos vayamos. — me sonrió.
—Debo encontrar a Bella. — le dije y salí corriendo.
La busqué por todos lados. Siempre con cautela, para que Reneé no me viese. La gente estaba tranquila y no notaba la ausencia de la novia. Las personas estaban al margen de todo.
Caminé por todos lados hasta que vi a Bella. Ella estaba con su vestido blanco, al lado de un arbusto. Ese lugar estaba alejado de la reunión. Básicamente no había nadie más allí.
—Aquí estás. — me acerqué por detrás y ella volteó.
—¿Que haces aquí? — me preguntó secándose las lágrimas. Todo su maquillaje se había corrido.
—Vine a ver cómo estabas. ¿Te sientes bien? — le pregunté.
—¡Solo quiero estar sola! — me gritó y se dio la vuelta.
—Bella...
—¿¡Me dejarás sola o no!?
—Bella, yo no merezco esto. ¡No merezco que me trates así! — quise acercarme pero preferí dar la vuelta. —Adiós. — estaba listo para irme.
—Edward. — murmuró y voltee. —Lo siento. — me dijo frunciendo sus labios.
—Bella, me duele dejarte. Pero sé que no cambiarás de opinión. Asi que... adiós.
—¿Sabias que las personas que dicen adiós se despiden para siempre? — me preguntó.
—Eso estoy haciendo. — le dije y di media vuelta.
No miraría hacia atrás, porque hiciese lo que hiciese y dijese lo que dijese, Bella no iba a cambiar de opinión. Dolía dejar al amor de mi vida, pero ¿qué más daba? No sabía si se iba a concretar el casorio o no. Pero ella y Ryan seguirían juntos, estaba claro.
—¿Y que ha pasado? — me preguntó Alice, cuando entré a la habitación.
—Lo que era obvio. Es el fin, definitivo. — le contesté acostándome boca bajo en la cama.
—Edward, venir ha sido una real metida de pata. — me dijo frotando mi espalda.
—No lo fue. Pude despedirme de ella, fue... agradable y doloroso a la vez.
—¿Te despediste?
—Beso, abrazo. — le dije.
—Owww, qué lindo. ¿Me amas por haberte encerrado con ella? — bromeó palmeandome.
—Si, en serio... eso fue un locura. ¿Como se te ocurrió?
—Vi que Bella entró y tomé mucho valor, para cerrar la puerta con llave. La guardé en mis pechos para que nadie la encontrase. — rió.
—Eres tremenda. Te lo agradezco. — le sonreí.
—No es nada. Será mejor que descansemos. El vuelo sale mañana en la mañana y necesitamos energía. — me dijo Alice, acostándose en su cama.
Cerré mis ojos y recordé lo agotador que había sido el día. Cansador pero muy lindo, lleno de dolor, pero agradable de alguna manera.
...
Alguien no dejaba de golpear la puerta de la habitación. Era alguien demasiado insistente. Asi que abandoné mi cama y abrí.
—Edward. — era Bella y vestía... pijamas.
—¿Que haces aquí? — le pregunté viendo con atención su atuendo.
—Dejé a Ryan. Quiero estar contigo. — se echó en mis brazos.
—Bella, ¿hablas en serio? — estaba muy emocionado.
—Claro que sí, mi amor. Seamos felices juntos. — murmuró besandome.
—No puedo creer lo que me dices, estoy tan feliz. — le dije alzándola en mis brazos.
Bella con un movimiento ágil me tiró a la cama. Se montó en mis caderas y comenzó a besarme... desenfrenadamente. Acariciaba mi rostro y deslizaba sus manos hacia mi cabello. Yo no sabía que hacer. Estaba shokeado por la situación.
—Bella, te amo. — balbucee en su boca.
—Yo mucho más. — mordió mi barbilla.
Bajó por mi barriga y lamió toda esa zona, haciéndome cosquillas. Y me sonrió perversamente al llegar a mi parte baja. Quitó mis pantalones, y mi calzoncillo.
—Sé cuánto extrañabas esto... perverso. — me dijo lamiendo mi pene.
—No te imaginas cuánto. — le respondí, con poco aire en mis pulmones.
—Eres tan travieso. — rió.
Bajaba cada vez más rápido y yo me estremecía como un idiota. "—Vamos, Edward. Ya te han hecho esto antes." me decía a mi mismo. Seguramente mi cuerpo reaccionaba así porque... extrañaba el placer y la excitación.
No era muy excitante ver a Bella en pijamas. A decir verdad eran muy graciosos. Rosado con vacas blancas y negras. Me daba más risa que otra cosa.
—Quiero que me hagas el amor. — me pidió dejando de lamer mi pene.
—Te lo haré, una y otra vez. — le contesté.
Bella se acomodó un poco más encima de mí y nos besamos. La besé como si el mundo se acabara después. Se quitó su pijama y ahora ambos estamos desnudos.
Le hice el amor una, una, una, y otra vez. Ella no se cansó y yo tampoco. Aunque a decir verdad estaba agotado y terminé por dormirme.
...
—Es hora de despertar. — ¿Bella?
—¿Qué ocurre? — pregunté despierto, con los ojos cerrados.
—Es hora de irnos. — me dijo la voz de Alice y pegué un brinco.
—¿Qué fue todo eso? — me pregunté sentado en la cama, sin entender.
—Estabas soñando, tontito. — rió ella.
Demonios. Qué sueño tan real. Creía que todo eso había pasado, creía que Bella había vuelto y que estábamos juntos. Pero no, nada de eso había pasado.
—Qué sueño tan real. — murmuré yendo al baño.
Y allí abajo tenía una pequeña ereccion. Y no era a causa de qur recién me despertaba, era culpa del sueño. Me había excitado soñar que Bella me tocaba y... demás. La falta de sexo me estaba afectando y ver a Bella también. Eran un conjunto de cosas que se mezclaban.
—No quiero imaginar lo que soñaste. — bromeó Alice, rumbo al aeropuerto.
—Soñé con Bella, pero si te cuento... vas a traumarte. — reí.
—¿Sexo? — me preguntó en voz baja, para que el taxista no escuchase.
—Ya basta. — le dije con vergüenza.
—Me lo imaginé.
Llegamos al aeropuerto de Phoenix y repetimos todo lo que ya habíamos hecho. El 'check in', el control de maletas y arriba del avión.
8 horas después...
—Yo creo que el viaje valió la pena, por un lado. Y por otro, no tanto. — me dijo Alice, mientras caminabamos hacia la salida del aeropuerto en Boston.
—Puede ser. En parte yo me siento contento, no lo sé, es extraño. — le contesté.
—Jasper nos espera fuera, en su coche.
—Yo regresaré en taxi.
—¿Por qué?
—Porque las cosas no están bien con él ni con los demás.
—Edward, fue una confusión de palabras.
—Alice, no lo fue para mí. Me sentí muy traicionado.
—Yo te pedí disculpas.
—Y las acepté. No me siento preparado como para perdonarlos todavía.
—Respetaré eso.
Fuera se encontraba Jasper, sentado en su moderno vehículo. Alice insistió con que me subiese y tuve que acceder. Ella me había apoyado en todo y yo no haría una escena de idiota.
—Hola. — me subí en la parte trasera del coche y saludé a Jasper.
—Hola. — me respondió y besó a Alice.
—¿Como has estado? — le preguntó él.
—Bien, te extrañé demasiado. — le sonrió ella. Realmente ellos se amaban y estaban muy enamorados.
—¿Como estás tu, Edward? — me preguntó conduciendo.
—Bien. — le dije tajante.
—Hermano, quiero que arreglemos las cosas.
—No hay nada que arreglar. Ustedes me mintieron y se cagaron en mí. ¿Qué harías tú en mi lugar? — le dije cabreado.
—Estaría enojado con todos, pero ese no es el punto.
—Sí, Jasper. Ese es el jodido punto. Cuando sienta que debo perdonarte a ti y a los demás, lo haré.
—Piensalo, Edward. No quiero estar peleado contigo.
—Gracias por el aventón. Adiós. — le dije bajando del coche.
Abrí el maletero y saqué mi bolso. Lo cargué en mi hombro y entre a mi casa. Que olía a encierro.
Saqué la ropa y la metí en la lavadora. Menos el traje y mi camisa, que olían a Bella.
Mi celular estaba muerto, asi que lo enchufé a su cargador y ahí lo dejé. Estaba algo hambriento, y no sabía qué comer. ¿Waffles? Sí, estaría perfecto. ¿Salsa de zarzamora? Mejor aún. Y una taza con café para rematar.
—Edward, al ataque. — me dije, dándole un bocado a los waffles.
Ese era uno de mis platillos favoritos, un deleite al paladar.
Me sorprendí cuando mi teléfono de línea sonó. Nunca nadie me llamaba al teléfono de mi casa. Si alguien necesitaba algo se comunicaba a mi móvil.
—¿Hola? — pregunté.
—Hijo. — era Esme.
—¿Como estás, mamá?
—Necesito que vengas al hospital central. — me dijo nerviosa.
—¿Algo malo pasó?
—Ven rápido.
No sabía qué estaba pasando, pero no era bueno.
Tomé las llaves de mi Volvo y me monté en él. Conduje lo más rápido posible y aparqué en el estacionamiento subterráneo del hospital.
Me perdía en los pasillos del lugar, pero pude encontrar a mi madre al cabo de unos minutos.
—¿Qué está pasando, mamá? — le pregunté abrazándola.
—Es tu padre. — Esme lloraba desconsoladamente.
—Mamá, no me asustes. — le dije muy asustado.
—Su presión bajó y no se encuentra nada bien. No despierta hace horas. — sollozó.
—¿Donde está él? ¿Qué hay de Emmett?
—Tu padre está en esa habitación y Emmett venía en camino. — me señaló hacia una puerta con los ojos. —Entraré a verlo.
—No puedes, hijo. Una enfermera lo está revisando.
—Al diablo. — le dije y entré.
La mujer me miró y yo sólo pensaba en mi padre. Estaba pálido, flacucho.
—Usted no puede entrar. — me dijo la tipa.
—Necesito estar con mi padre.
—No mientras le hago un chequeo. — me dijo.
—¿Qué tiene? — le pregunté.
—Aun no lo sabemos. Pero que no despierte... no es buena señal.
—Dios. — sollocé.
La mujer al notar que yo lloraba, salió de la habitación. Me acerqué a mi padre y acaricié su mano. Estaba helado, muy frío y eso me asustaba.
—Papá... — sollocé acariciando su frente. Él abrió levemente los ojos y los centró en los míos.
—Edward. — balbuceó.
—¿Como te sientes? — le pregunté.
—Veo venir el final, hijo.
—No, papá. No puedes dejarnos. — lloré apoyándome en su pecho.
—Es... el... fin. — no podía decirme eso.
Carlisle no podía dejarnos. No podía abandonar la vida. La tristeza que sentía en mi interior era demasiada. No podía aguantarlo.
Gracias por leer. Como pueden ver, actualicé MUY rápido. :)
Las invito a que se unan al grupo de Facebook (link en mi bio de fanfiction)
Espero que les haya gustado. Me gustaría saber qué opinan :)
Anbel.
