Hola, por aquí les traigo un nuevo capi de Espartano y su Gatito, espero que les guste.

La declaración de siempre, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia a las maravillosas autoras Don't live in regret y AriCullen1134. Yo sólo traduzco. Disfruten de la lectura.

Capítulo 10: "Amo los pinches columpios"

BELLA POV

-"Te voy a dejar," dije las palabras en voz alta. Ensayando una y otra vez, mientras que las decía en un tono diferente. "Te voy a dejar."

Miré a través del parabrisas de mi coche mientras patéticamente me quedaba sentada en el asiento del conductor. Me he pasado la última media hora mirando la casa que técnicamente era mi hogar. Nada de la casa me atraía. Cuanto más tiempo estoy aquí sentada, más me pregunto si alguna vez lo hizo.

Tal vez ahora me sienta más de esa forma, sabiendo quién estaba adentro. Oh Dios. "Te voy a dejar." Practiqué esas cuatro palabras de nuevo.

Exhalé con fuerza tratando de eliminar mis nervios mientras el viento aullaba ferozmente a mí alrededor, azotando fuerte y enérgicamente contra mi pobre coche, haciendo que se balanceara suavemente hacia adelante y hacia atrás.

El cielo estaba empezando a ponerse oscuro; las nubes que se acercaban tenían un tinte de color negro oscuro en ellas. Genial, una puta tormenta. Odiaba las tormentas aquí en el culo del mundo, todo se amplificaba. El rayo. El trueno. ¿Alguna vez te he dicho que me cago del susto por los truenos?

Me dieron escalofríos sólo de pensar en los fuertes estallidos que inevitablemente venían hacia mí. La electricidad en el cielo estaba danzando a través de las nubes en la distancia. Para el momento que salí de mi coche, el cielo encima de mí parecía como una luz estroboscópica, los relámpagos chispeando y crepitando.

No hubo lluvia… todavía, pero no quería quedarme y descubrir que tan mal se ponía. Mis tacones se enterraron profundamente en el camino de entrada lleno de gravilla y tierra. Mi tobillo se torció. "JODER," grité de manera que sólo yo escuchara. Comencé a caminar más rápido, tratando de no ejercer demasiada presión en mi pie derecho.

Debería de haber pavimentado, maldije en voz baja sabiendo que había arruinado de esta forma más zapatos de diseñador en este camino sin terminar de los que me gustaría contar. De nuevo. Salté en un pie disparando bombas 'f' a la izquierda, derecha y al centro. (N.T. Bombas F son las maldiciones con F Fuck, fucking, etc)

-"PUTO PEDAZO DE MIERDA," le grité al suelo. El viento azotaba en mi rostro, justo como si me lo estuviera devolviendo. "¡QUE CARAJO!" Miré hacia el cielo.

Me estoy volviendo loca. Este maldito lugar es el infierno sobre la tierra. Cojeé hasta los escalones de la entrada. Esta casa es un pedazo de mierda. Maldita casa pueblerina. Me agarré de la barandilla y subí, me quedé helada cuando llegué a mi puerta principal.

Fulminé con la mirada el letrero que ahora colgaba de la manija de la puerta. Hogar dulce hogar. Bueno, esa mierda era nueva. Rodé los ojos a la nueva decoración que Eric había colocado en su casa.

Saqué todo el aire de mis pulmones. Sabía lo que tenía que hacer, y que no podía esperar, porque si lo hiciera, encontraría una excusa para no llevarlo a cabo.

Una fuerte ráfaga azotó mi porche haciendo a mi abrigo volar y danzar en el viento. Sentí la lluvia húmeda y fría pegando en mis pantorrillas, y casi salté de mi piel cuando el trueno furioso resquebrajó encima de mí. (N.T. Saltar de la piel o Jump out of the skin, es una expresión idiomática que describe cuan asustado estás)

Deslicé mi llave en la cerradura, girándola en dirección de las agujas del reloj hasta que escuché el clic del cerrojo. Abrí la puerta, dando la bienvenida al calor que me envolvió en un cálido abrazo antes de cerrar la puerta.

-"Hola nena," me encogí ante el sonido de su voz. Me volví hacia él y al instante me arrepentí, casi quedándome sin aliento ante la vista delante de mí.

Un pinche niño de diez años. Cerré los ojos de golpe sin querer ver a Eric en una toalla por más tiempo. Mierda, mis ojos se están quemando. Traté de eliminar la imagen que parecía estar grabada en mis retinas.

-"Así que, ¿qué quieres para cenar?" Preguntó cuando me atreví a darme la vuelta.

-"¡Oh mi jodido dios, cúbrete!" Cubrí mis ojos con mis manos. Vomitar. Voy vomitar.

-"¿Cuál es el problema Bella? No es como si no me hubieras visto desnudo antes."

Y estoy planeando en no volverte a ver desnudo nunca más, pero no. Traté de borrar la imagen de él parado detrás de mí, secándose el pelo con una toalla. DESNUDO. Otra vez me dieron arcadas y eché un vistazo a través de mis dedos para ver si ya se había cubierto y al instante me arrepentí.

Lo primero que vieron mis ojos al otro lado de la habitación fue su pequeño, casi inexistente y patética excusa de pene gritando, soy un pequeño arrugado, como una cabeza de tortuga escondiéndose de miedo.

-"¿Todavía no te has cubierto?" Pregunté molesta volviéndome hacia la puerta, tratando de olvidar su sonrisa arrogante.

No estarías regodeándote si vieras lo que mi Espartano tiene empacado. Me reí en silencio. Viendo el pene de Eric, me recordó después de un largo año la broma que escuché en el trabajo, mucho antes que sintiera y viera por primera vez a mi Espartano.

….

..

FLASH BACK

Estaba de pie en la parte delantera del Spa, haciendo corte de caja con Betthany, una de mis esteticistas. Era el final de la noche y estábamos cerrando la tienda cuando Kaylee, la chica encargada del servicio de bronceado, camino al frente para reunirse con nosotros.

-"Hola Bella," saludó mientras se quitaba los guantes.

-"Hola," la saludé en respuesta. "¿Terminaste?"

-"Sí, él sólo se está secando." Se rió acercándose a mí, pude ver que una historia estaba hirviendo y a punto de estallar, Betthany debió haberlo notado también porque dejó barrer para escuchar. Dejé de contar y miré a Kaylee, preguntándome qué quería decirnos. "Acabo de broncearlo, con sólo un calcetín."

-"¿QUÉ?" Casi grité mirando a Betthany atónita.

-"Él sólo llevaba un calcetín y déjame decirte, lo mantuvo ahí sin ningún problema." Kaylee movió sus cejas sugestivamente.

-"¿Estaba usando un calcetín?" Pregunté de nuevo, pensando que tenía que clarificar lo que estaba imaginando en mi cabeza.

-"Sí, un calcetín."

-"¿Cómo qué tipo de calcetín?" Le pregunté, perpleja ante la idea.

-"¡Como un calcetín deportivo!" Ella me asintió con la cabeza cuando mi mandíbula se abrió. Betthany llenó la tranquila recepción con sus fuertes risas.

Nunca había visto un pene que pudiera llenar un calcetín. Tenía que estar bromeando. Eso no era posible. "¿Con bolas o sin bolas?" Pregunté tratando de hacer que A + B diera igual a C, todavía no podía asimilarlo.

Ella reflexionó en mi pregunta por un segundo antes de contestarla. "Con Bolas, pero las mierdas le llegan a los muslos."

-"Mierda, no puedo creerlo." Riendo le di una palmada en su brazo, agradecida de que no hubiera nadie más en el Spa que nosotras.

-"Debería fingir que estoy barriendo y entrar por accidente," bromeó Betthany levantando la escoba. "Ooops… no sabía que estabas aquí, mientras tanto puedo echarle un vistazo a su pene del tamaño de un calcetín." Ella consiguió que nos riéramos con más fuerza, tan fuerte que sentí que las lágrimas salieron.

-"¿Cómo un calcetín deportivo?" Le pregunté de nuevo a Kaylee.

-"¡Sí, Bella!" Ella se rió con fuerza. "Y no, no puedes entrar ahí Betthany."

-"Maldición," murmuró decepcionada. "¿Puedes pasar tu teléfono de contrabando y tomar una foto sin que él se de cuenta?"

-"¡Betthany!" Ambas Kaylee y yo la miramos conmocionadas, por lo general ella era tan reservada, ahora quería ver el pene de este tipo.

No pude evitar reírme de lo que Betthany sugirió. Kaylee broncea a la gente con el aerógrafo a mano en vez de que ellos entren en las cabinas, así que sólo es ella y la persona que está bronceando. Ella me broncea todo el tiempo, mi piel pálida se quema en el sol, así que con una sola aplicación me veo como si acabara de regresar de México.

-"En serio, chicas, estaba agachada bronceando sus pies," Kaylee se agachó y empezó a mostrarnos la posición en la que estaba. "Y le pedí que se pusiera de lado. Tuve que mover mi pinche cabeza; casi me golpeó en la cara."

-"Cierra la puta boca." Mis ojos estaban a punto de salirse de sus órbitas tiraba de ella para que se levantara.

Un hombre joven caminó al frente e inmediatamente bajé la vista a mi informe, Betthany continuó barriendo.

-"¿Todo bien?" Kaylee le preguntó, mientras ella tomaba la tarjeta de crédito de su mano extendida.

Mantuve mi cabeza gacha, sin querer que él viera el rubor al rojo vivo que subía por mi cuello y a través de mi rostro. Oh, Dios mío. ¿Un calcetín deportivo? Joder, no creo que Eric llene uno ni siquiera con bolas. Levanté la vista y miré hacia él cuando firmaba el recibo.

Un puto calcetín deportivo, ¿eh? No lo creo.

Betthany y yo lo observamos salir del Spa, Kaylee justo detrás de él. Ella espero que entrara en el vestíbulo del edificio antes de que cerrara la puerta principal y nos encerrara a las tres dentro.

-"Bella, tu cara no tiene precio," Kaylee me dijo.

-"Yo sólo… sólo…" Sacudí la cabeza. "¿Cómo puede alguien ser TAN grande?" Logré preguntar finalmente.

Betthany cayó de espaldas en uno de los sillones reclinables, sus piernas en el aire, pateando mientras aullaba de la risa.

-"Él es gay, Bella, probablemente este así por todos los tirones a su salchicha."

Las tres empezamos a reír incontrolablemente.

-"Él tiene una SALCHICHA GIGANTE," Kaylee gritó histérica.

-"¡COMO UN CALCETÍN DEPORTIVO!" Grité con entusiasmo.

-"Oh, Dios mío, todavía está parado afuera." El comentario de Betthany nos hizo callar de plano en dos segundos. Me agaché detrás del escritorio, avergonzada de que debía de haber escuchado lo que dije. Kaylee me miró, también avergonzada.

-"¿Crees que haya escuchado?" Le pregunté en voz baja.

-"No lo sé." Ella echó un vistazo alrededor del escritorio antes de volver a mirarme a mí. "Debe de estar feliz de que estamos hablando de lo grande que es." Ella se rió entre dientes. Nos escondimos hasta que Betthany nos dijo que no había moros en la costa.

Incluso después que él se fue estaba obsesionada porque nos había escuchado, lo que acabábamos de hacer no era para nada profesional.

-"Ey, voy a pararme afuera, di algo para que así pueda ver si te puedo escuchar." Kaylee sugirió mientras salía del Spa.

Se paró frente a la pared de vidrio, más o menos por el mismo lugar donde él había estado parado. Como fue que no lo habíamos visto ahí, nunca lo sabría.

Ella esperó que yo dijera algo. "Él tiene una salchicha enorme." Repetí lo que ella había dicho originalmente. Se cubrió el rostro con sus manos avergonzada.

Bueno, eso responde mi pregunta. Entre mierdas y risas. Grité tan fuerte como pude. ¡COMO UN CALCETÍN DE DEPORTES!

Como sea él me escuchó, así que debería divertirme también.

-"Joder, es seguro que escuchó," Kaylee dijo al entrar riéndose.

Sólo la idea de alguien siendo tan grande todavía me desconcertaba. "De verdad creo que Eric sería un calcetín de Barbie." Le dije a las dos.

Kaylee se hizo un ovillo riéndose a carcajadas. "En serio, Kaylee, un calcetín de Barbie con bolas."

Fin de Flashback

Abrí mis ojos, miré por encima de mi hombro para ver a Eric todavía secándose, su pene de calcetín de Barbie colgando orgulloso. Rompí en carcajadas, sin poder controlarme.

-"¿Qué es tan gracioso?" Me preguntó.

Volví la cabeza, manteniendo mis ojos cubiertos por mis manos, mientras mi mente imaginaba en su lugar a Edward, mi sexy Espartano frente a mí, mis manos bajaron y agarraron su polla. La amplitud. El grosor. Mis manos apenas eran capaces de sujetarlo.

Edward era un calcetín deportivo.

Suspiré por mi memoria perfecta, Espartano en toda su ricura. Los viejos y buenos tiempos cuando nuestro tiempo juntos era mucho menos complicado. Bella disfrazada como Gatito. Espartano le entrega al Gatito su crema.

-"¿Bella?"

Salté ante la sensación de Eric presionando su frente en mi espalda. Me tomó por sorpresa, ya que no lo había escuchado acercarse. Me di la vuelta sin querer sentirlo, pero tan pronto como lo hice y alcancé a ver su patética excusa de erección.

Oh Dios. ¿Por qué? ¿Por qué miré de nuevo? ¿Dónde está el Visine? (N.T. Visine- Gotas para los ojos)

-"¿En qué estabas pensando?" Me preguntó, en lo que él probablemente pensó era su voz sexy. "Gemiste en voz alta, extraño escuchar eso Bella."

-"¡Nunca hice eso por ti!" Alejé mi cuerpo de él.

-"Bella, yo…"

-"Eric, quiero el divorcio," le grité antes de que pudiera decir otra palabra.

Nos quedamos parados en silencio, Eric mirándome fijamente, sin ser yo capaz de pensar con claridad mientras él seguía parado desnudo frente a mí. "En serio, ponte algo de pinche ropa." Agarré la manta del sofá y la tiré en su dirección.

Él no se movió, la manta cayó a sus pies. "En serio, Eric, cúbrete."

Él miró hacia abajo a su cuerpo, luego de nuevo hacia mí. "¿Por qué debería? Tú eres mi ESPOSA."

Estaba perdiendo mi paciencia con él. ¡Por favor! Si fuera enorme, colgando y balanceándose de izquierda a derecha con el viento como un péndulo de un reloj de pie, estaría bien, pero en serio, entre más tiempo se quedará él de pie desnudo, el frío en la habitación estaba haciéndolo un calcetín inexistente.

-"¿Qué? ¿No te gusta lo que ves?" Preguntó meneando sus caderas.

No pude evitar reírme con fuerza. Inhalé aire con brusquedad y resoplé. "Oh, Dios mío," hablé entre jadeos por aire. "Nunca vuelvas a hacer eso." Le sugerí.

Nunca le había hablado a Eric así. NUNCA. No me importaba si hería sus sentimientos, mi matrimonio había terminado. Él estaba aprendiendo la verdad, así que, para qué mentir.

-"En serio, Eric, ¿qué es eso?" Lo señalé, resoplando de nuevo. "¿Un dedal?"

Me reí yo sola; era claro que no había entendido mi broma. Estaba de buena racha. ¿Por qué parar? "¡Sabes, hay hombres ahí afuera que pueden llenar un calcetín deportivo!"

-"¿Qué diablos te pasa, Bella? ¿Has estado bebiendo?"

-"Tú Eric, eres un calcetín de Barbie." Lo señalé una vez más. "Y no, no estoy jodidamente borracha. Simplemente estoy enferma como el demonio por este matrimonio. Estoy terminando con los calcetines de Barbie, Eric. Si todavía quisiera jugar con cosas pequeñas sacaría mi caja de juguetes de allá arriba y los vestiría."

Él se quedó ahí parado en silencio.

-"Voy a necesitar cloro en el cerebro por verte así. Me las arreglé para mantenerme alejada de ti este último año, joder, pero tenías que pararte aquí, así. Y estás orgulloso de ello… en serio, no lo estés." Sabía que estaba siendo una perra, pero joder, que se cubra.

-"Yo… simplemente no entiendo." Bajó la toalla para envolverla en torno a su cintura.

Gracias, señor.

Grité cuando un trueno sacudió la casa. Coloqué mi mano sobre mi corazón sintiendo los fuertes latidos contra mi pecho. La lluvia era torrencial contra la casa. Me tomó un momento recuperar la compostura.

Tenía que estar seria o él pensaría que estaba bromeando.

-"No puedo seguir con esto," dije finalmente, rompiendo el silencio, mi voz menos burlona. "No somos felices, Eric."

-"Yo soy feliz, Bella."

-"¡Bien, tú lo eres, pero YO no lo soy!" Lo miré como si fuera algún tipo de enfermedad.

Una enfermedad pequeña y de mala muerte.

Sacudí la cabeza riéndome de mi propia broma. Mierda, a veces soy graciosa. Debería escribir esa mierda. Decirle a las chicas en el trabajo.

-"Eric, siento que me estoy muriendo aquí. Me estoy ahogando y tú estás sosteniendo la almohada sobre mi cara." Me senté en el sofá, mientras él se quedaba de pie. "Odio todo esto," dije ondeando mi mano alrededor de la habitación.

-"Odio está casa. Odio el revestimiento de los pisos. Odio la cocina. Odio mirar hacia afuera por las ventanas y no ver nada más que pasto." Tomé una profunda bocanada de aire antes de continuar. "Aquí me siento sola, Eric. Extraño a mis padres. Extraño sentirme querida y amada."

Me puse de pie y caminé de un lado al otro, sintiendo el dolor de la pérdida de mis padres. "Necesito sentirme deseada."

-"Yo te amo, Bella," él dijo en voz baja.

-"No es suficiente," le susurré en respuesta.

Mi corazón empezó a doler cuando vi el dolor que emergió en sus ojos, pero aún con el dolor que estaba sintiendo, una gran parte de mí se sentía viva de nuevo.

-"Necesito estar con alguien que me vea a los ojos y me derrita. Necesito a alguien que rebosé de la química y el calor que el amor crea." Estaba hablando con la verdad. Estaba hablando de Edward.

-"Necesito la espontaneidad. Quiero sentirme, como debería sentirse una mujer." Mi voz estaba mezclada con tanta pasión.

-"Pensé que yo había hecho eso," dijo con tristeza y encogiéndose de hombros.

-"No," le respondí. "Lo hiciste en su momento, pero ya no más." Lo miré, y vi su corazón romperse justo enfrente de mí. Me acerqué a él y lo miré a los ojos. "Yo sé que me amas y qué harías cualquier cosa por hacerme feliz, pero mientras me quede aquí, en esta casa, casada contigo, no lo soy y nunca lo seré. "

Sentí emerger mis propias lágrimas. "Puedes quedarte aquí, Eric. Voy a conseguir un lugar en la ciudad."

-"Oh, bueno, gracias Bella. Que amable de tú parte," dijo con sarcasmo.

-"No, yo…"

-"No Bella," me interrumpió. "Yo no quiero esto. Me encantaba estar aquí, porque era NUESTRA," gritó, haciéndome saltar hacia atrás.

-"¡Bueno, ahora es tuya!" Le respondí.

-"¡No quiero esta mierda!" Se alejó de mí y se dirigió a la cocina. Me quedé mientras escuchaba los gabinetes y los cajones cerrarse de golpe.

Me asusté al pensar en él agarrando algún tipo de arma. Estaba golpeando las cosas como un loco allí. ¿Lo había alterado lo suficiente como para hacer eso? Salté con cada golpe; eran más fuertes que la fiera tormenta allá afuera.

Él regresó a la sala de estar, su cara se veía como el de un hombre loco y su mano estaba detrás de su espalda. El temor de lo que él potencialmente pudiera estar sosteniendo me asustó. Retrocedí hasta que estaba parada frente a nuestra chimenea. El mango de metal del atizador estaba justo en la punta de mis dedos.

Después de Laurent, joder, uno nunca sabe.

Di un grito ahogado por el miedo cuando el llevó su mano hacia adelante. "Toma," dijo sosteniendo una caja rosa.

Sabía que no lo quería, porque no importa lo que fuera, no cambiaría mi decisión. "No lo quiero," rechacé su regalo a medida que él continuaba acercándose.

-"Soy tu marido," prácticamente arrancó mi cabeza con la voz amenazante que estaba usando. "Las esposas se supone que aceptan regalos de sus ESPOSOS." Sus ojos brillaron maliciosamente en la habitación pobremente iluminada. Estaba empezando realmente a asustarme.

-"Eric, retrocede." Levanté el atizador al frente de mi cuerpo, para protegerme de Eric. La punta apenas a unos centímetros de su pecho.

Él me miró sorprendido e inmediatamente se apartó, todo el camino pidiendo disculpas.

¿Qué carajos? ¿Es bipolar? Estaba triste, luego enojado, luego casi ofensivo, y ahora… ¡Oh Dios! "Levántate Eric." Exigí al verlo arrodillarse en suelo frente a mí. "En serio, levántate del puto suelo."

-"Por favor, Bella, no me dejes." Presionó sus manos juntas como si estuviera rezando.

Dejé caer el atizador de mi mano. "¡LEVÁNTATE!" Grité a medida que se acercaba a mí.

Él se agarró de mí, sus dedos enterrándose en mis caderas mientras me atraía hacia él, chocando su cabeza contra mi cuerpo. "Por favor, no lo hagas," suplicó.

-"Joder, Eric." Le empujé para alejarlo de mí. "De verdad, ¿te estás escuchando?" Caminé al otro lado de la habitación. Necesitaba mi espacio. "¿Tienes cinco años? Estás rogando como un jodido niño pequeño, por Dios. "

Me quedé ahí parada, sintiéndome poderosa por mis propias palabras, tal vez ayudó que aún estaba arrodillado ante mí como si fuera su Dios.

-"¿No puedes pretender que no habías visto venir esto?" Argumenté para ayudar a plantear mi punto.

Me pasé la mano por mi cabello, tratando de eliminar el estrés. Cerré los ojos y en un instante vi a Edward frente a mí. "Necesito pasión."

-"Puedo esforzarme más."

-"No deberías tener que esforzarte." Abrí los ojos para hablar con él. "Quiero regresar a casa después de un largo día de trabajo y ser sorprendida por mi marido. Quiero que me agarré al momento que entre por la puerta y que me follé como un esposo debería." La boca de Eric se abrió. Sabía que era un golpe bajo y él también lo sabía.

Lo que dijo a continuación me sorprendió, no me lo esperaba.

-"Todo esto es por esa fiesta de swingers, ¿no es así?" Él se puso de pie. "¡Te enloqueció!"

-"¡Vete a la mierda!" Maldije en voz alta. "Estoy loca por haberme quedado contigo todo este tiempo." Caminé pasando junto a él, directamente hacia la recamara. Él se fue tras de mí.

-"Estás jodidamente loca, Bella," gritó, mientras agarré su maleta y empecé a meter su ropa en ella. "No me voy a ir. Esta es MI casa."

-"Bueno, Eric." Empujé la bolsa en sus brazos. "No tienes jodida elección."

Se quedó ahí parado, mirándome fijamente. "¿Qué pasó con la Bella con la que me case?"

Vociferé en voz alta. "Finalmente, crecí de una puta vez y estoy retomando mi vida. AHORA VETE." Me quedé ahí, con mi brazo levantado, mi dedo índice apuntando hacia la única salida.

No llores, Bella. No hagas esa mierda.

Me quedé quieta como una estatua cuando lo vi empezar a retroceder. Una pequeña parte de mí quería detenerlo, él era como mi manto de seguridad. Sin embargo, no lo detuve, se fue sin decir una palabra más.

Rompí en sollozos descontrolados, tan pronto como escuché la puerta de enfrente cerrarse de un portazo, cayendo de rodillas sintiéndome debilitada.

El miedo de repente me golpeó. Cierra las puertas con llave. Me levanté y corrí hacia el frente de la casa. La tormenta parecía más fuerte que antes. El viento aullaba de forma inquietante. Cerré cada ventana y cada puerta.

Nunca antes había visto ese lado furioso de Eric, era oscuro y lleno de tanto odio.

Mientras cerraba la última ventana de la casa, alcancé a ver la colcha que mi madre me hizo cuando era más joven. Me acerqué al diván y me desplomé en él, envolviendo la manta a mí alrededor, sintiendo los brazos de mi madre rodearme en un cálido abrazo.

Ella siempre había tenido la capacidad de calmarme al instante. Apoyé mi cabeza en la almohada, mis lágrimas deslizándose por mi rostro mientras la tormenta parecía estar calmándose. El silencio de afuera ayudo a que me sintiera cansada, empujándome a un muy necesario descanso.

….

..

Estaba volando en la cinta; mis piernas corrían rápidamente y en un ritmo preciso. Después de treinta minutos, reduje mi velocidad hasta quedar caminando en un ritmo constante.

Presioné el grande botón rojo de parar, desacelerando la cinta hasta que se detuvo por completo antes de que levantara mi botella de agua hacia mis labios y tomar un trago de agua.

Giré mi cabeza hacia un lado y vi a mi Dios de pelo color bronce por el rabillo de mi ojo. Estaba solo, de pie en el área de pesas. El tipo con el que normalmente venía no estaba con él.

Miré para otro lado y en una velocidad inhumana estaba parado a mi lado. Sus manos bajaron para tomar mi cintura, en el segundo que su piel tocó mi cuerpo sentí como si estuviera en llamas.

Apoyé mis manos en los firmes músculos de su pecho. Mis ojos se quedaron fijos en sus pezones que eran visibles bajo la fina camiseta blanca.

Lo escuché reír, el sonido era orgásmico. Ahora, mi polo sur estaba descongelado, los glaciares se habían derretido, y el calentamiento global era nada comparado con él.

Él me sonrió con suficiencia, haciéndome gemir. Se rió más fuerte y gemí de nuevo, esta vez como una vaca mugiendo cuando se le ordeñaba.

-"¿Te gusta lo que ves?" Preguntó, ya sabiendo la respuesta.

-"Sí, me gusta," dije con confianza mientras arrastraba mis dedos bajando por su estómago. Tenía estómago de lavadero y quería restregarme en él hacia arriba y hacia abajo, hacia arriba y hacia abajo.

-"¿Siempre le pones la mano encima a los extraños?" Él preguntó mientras mis dedos continuaban abusando de cada músculo abdominal.

Mis ojos dejaron su estómago, mis manos seguían conociendo cada músculo, miré al interior de sus ojos verdes, perdiendo todo hilo de pensamiento. "¿Qué dijiste?"

-"¿Cuál es tu nombre?" Preguntó y yo respondí. Entonces él me dijo el suyo y fue como comer chocolate cuando estás deprimida. Él sonrió con suficiencia y yo me perdí. Empujé contra su cuerpo haciéndolo caminar hacia atrás. Empujé de nuevo y él caminó voluntariamente. Nos detuvimos una vez que entramas a la sala vacía de aerobics.

Salté y él me agarró en sus brazos mientras mis piernas se envolvían en torno a su cintura. Nuestras bocas se fundían juntas, nuestras lenguas follándose, y nuestros gemidos harían a Beethoven sentirse celoso.

En serio, este hombre ha sido un viaje por el que siempre había esperado en la fila. Justo como la vez que fui a Disneylandia. Hoy tenía un pase rápido por un día y lo estaba usando.

A la mierda la espera, me iba a montar. Que se joda la ida a Monte Rushmore. Voy a escalar el Monte Edward.

Antes de que me diera cuenta, él me dejó caer de sus brazos y me dio la vuelta, presionándome contra el montón de colchonetas de yoga apiladas hasta mi cintura. Me incliné colocando los codos sobre el colchón.

Él bajó mis pantalones cortos y separé mis piernas un poco sintiendo al aire frío golpear mi coño desnudo y húmedo.

Lo observé en el espejo frente a mí mientras él se paraba a mis espaldas, en toda su jodida ricura.

Con una estocada él empujó su polla dentro de mí. Yo gemí como un cerdo hijo de puta en la mierda. Mis entrañas abrazaron cada centímetro de él, y cuando digo centímetro, me refiero a centímetros.

Él dio otra estocada y mi cuerpo se movió con él. Adelante y atrás. Yo era un columpio y él me estaba empujando, mi cuerpo iba a dónde él quería que fuera. Cada empuje me enviaba a volar cada vez más alto.

Amo los pinches columpios. Enrosqué mis dedos en torno a los bordes de las colchonetas, sintiendo mi cuerpo empezarse a apretar por el aplastante orgasmo que estaba a punto de experimentar.

Empujó mi columpio con tanta fuerza que volé en el aire. "Córrete para mí, Bella," sus palabras me tuvieron literalmente lubricado su polla para bombear sin ningún problema.

-"Ughh, gemí sintiéndolo moverse allí, golpeando mi maldita campanilla y haciéndola sonar.

….

..

Me enderecé con rapidez en mi silla, mis desesperadas respiraciones llenaron la sala vacía en la que me había quedado dormida. Cerré mis ojos con fuerza; deseando desesperadamente revivir el sueño del cual acababa de despertar.

Mierda eso fue caliente. Por qué no puede mi cerebro grabar esa mierda, grabarlo en video digital, para que pueda verlo una y otra vez. Hacer una pausa. Regresarlo. Tal vez ponerlo en cámara lenta.

Desplomé mi cabeza de nuevo en la almohada, enfurecida conmigo misma. ¿Por qué estoy fascinada por él? Él quiere a Angela, no a mí.

Tomé la almohada adicional y la abracé, bueno fue más como si la ahogara si pudiera respirar. Cerrando los ojos pude verlo frente a mí. ¿Me hubiera querido si no lo hubiera alejado? Empecé a arrepentirme de mi decisión. ¿Por qué hice eso? ¿No pude haber dejado a Eric, pero aún tener a mi Espartano?

Yo ya sabía la respuesta. No, no podía. Tenía que romper limpiamente con este matrimonio, al igual que él con el suyo. Sentí lágrimas en los ojos al pensar en él enviándole flores a Angela, recordando cómo me sentí cuando entré en la habitación de hotel y vi todos los pétalos que yacían esparcidos en la cama.

Oh, Dios, arruiné lo nuestro. Él quería que estuviéramos juntos. Me sentí increíblemente sola. No tenía a Espartano, no tenía a Edward, ni a Eric. Ahora que la tormenta había pasado, la casa parecía demasiado tranquila. Afuera todavía estaba oscuro, así que presioné el botón lateral del teléfono que permite que la pantalla se ilumine.

4 A.M. Mierda, jamás me voy a volver a dormir.

Resoplé con fuerza, quitándome de encima la colcha de mi madre cuando me paré del diván. Con cuidado maniobré en la oscuridad, caminando hacia mi habitación. Encendí la luz y en silencio agradecí a los poderes de arriba que no había un fantasma o una persona loca ahí esperando por mí.

¿Qué? Tengo imaginación. Odio las películas de terror. Así es que yo, más casa vacía y oscura, igual a una Bella paranoica y cagada de miedo.

Cerré la puerta de la habitación detrás de mí, asegurándome que nadie entrara, desvistiéndome mientras entraba al baño. Encendí la ducha y esperé hasta que fuera la temperatura perfecta. Entré, sintiendo el agua pegando con fuerza sobre mí, tibia cayendo en cascada hasta la punta de los dedos de mis pies.

Enjabonar mi cuerpo naturalmente me hizo pensar en las manos de Edward sobre mí. Basta, me regañé a mí misma. Sólo me estaba haciendo la situación más difícil. Así que pensé en el trabajo. Sabía que no podía permanecer lejos de allí, aunque mi doctor me había dado dos semanas de descanso por toda la situación de Laurent.

Me sentía bien, es decir físicamente, aunque emocionalmente estaba hecha una mierda.

Me duché hasta que el agua se sentía helada en mi piel. Y entonces me mudé en ropa casual.

4:30 de la mañana. ¡Demonios! ¿Y ahora que voy a hacer? Gemí con fuerza sabiendo que no podía quedarme sola en la casa ni un segundo más. Estoy escuchando cosas. Todo era parte de mi imaginación. Me convencí a mí misma antes de saltar por el sonido de una rama arañando la ventana por el viento.

Agarré mi bolso en una loca carrera, asegurándome de cerrar la casa con llave detrás de mí. Corrí hacia mi coche, la oscuridad de afuera no ayudó a mi paranoia. Puse los seguros del coche tan pronto me encerré segura en el interior.

Encendí mi coche y en cuestión de minutos estaba conduciendo por la autopista, dirigiéndome hacia el centro de Seattle, me sentí relajarme cuando el horizonte salió a la vista. Disfrute el viaje en el coche, era lo suficientemente temprano por la mañana que no había embotellamientos de tráfico que me irritaran como el demonio.

Di vuelta hacia la entrada del estacionamiento, escaneando mi tarjeta de acceso al edificio y manejé por debajo de él. Me estacioné en mi lugar, mirando a mí alrededor para asegurarme que no había peligro de salir.

¿Qué? Soy una puta paranoica de mierda, ¿de acuerdo? ¿Pueden culparme después de lo de Laurent? Ahora soy peor.

Salí de mi coche, cerré la puerta y caminé tranquilamente en el edificio. Me sentí tranquila, sabiendo que ahora las cámaras de seguridad estaban observando cada uno de mis movimientos.

¡Oh mierda! Visiones de Edward y yo en el elevador pasaron por mi mente. Tengo que ver si puedo sobornarlos para que me den la cinta. Sonreí mientras me imaginaba viéndonos en mi televisión cuando regresara a casa, esa mierda merecía estar en mi gran pantalla.

Me reí para mí misma. Estoy segura de que si había gente alrededor pensarían que me estaba volviendo loca, sobre todo porque ayer hice lo mismo. Entre en el mismo ascensor, el ascensor de Edward y mío, recordando lo ocurrido mientras subía. Bajé en el piso del gimnasio.

Tenía demasiada energía para sólo sentarme en casa; no estaba trabajando, así que al menos debería hacer ejercicio. Para mi desgracia, mis ejercicios de hoy fueron extremadamente tranquilos comparados con mi sueño, después de veinte minutos estaba lista para irme a casa, sintiéndome deprimida y solitaria.

Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

El tráfico en mi viaje de regreso a casa fue un poco más ajetreado, pero todavía nada en comparación con la hora pico. Estaba en casa más rápido de lo esperado. Bajé por mi calle, observando la salida del sol en la distancia.

Realmente era una vista hermosa.

La graba salía disparada de los neumáticos a medida que continuaba conduciendo por la carretera, golpeando los frenos tan pronto como mi casa salió a la vista.

Sentí todo mi cuerpo temblar de miedo. Me quedé mirando por la ventana mientras presionaba el seguro de la puerta en repetidas ocasiones Oh mi Dios. Lágrimas estaban fluyendo rápidamente por mi rostro mientras miraba de lejos mi casa y buscaba mi teléfono desesperadamente.

Maldita sea. Prácticamente metí la cabeza en mi enorme bolso, y finalmente encontré mi teléfono en el fondo, marcando rápidamente.

Recorrí con la vista a mí alrededor mientras esperaba que alguien contestara.

-"911, ¿cuál es su emergencia?" La operadora me saludó.

-"¡Allanaron mi casa!" Prácticamente le grité. Estaba que me cagaba del miedo.

-"Señora cálmese," dijo antes de que empezara a preguntarme donde vivía. Le contesté de inmediato, sin querer quedarme sola más tiempo del necesario. "Señora, ¿ha entrado?"

-"No, acabo de llegar a casa, así que me encerré en el coche," le expliqué.

-"Entonces, ¿cómo sabe que allanaron la casa?"

-"Todas las ventanas están rotas y la puerta de entrada se ve como que la abrieron de una patada." Me puse a llorar histéricamente. "Estoy aterrada."

-"Señora, tengo ayuda en camino. Me voy a quedar al teléfono con usted hasta que lleguen." Sus palabras me ayudaron temporalmente. "Señora, no me dio su nombre."

-"Isabella Swan," respondí con voz débil.

-"¿Es sólo usted la que vive ahí, Isabella?"

-"No, mi…" Dejé de hablar cuando la realidad me golpeo como un tren viniendo hacia a mí a toda velocidad.

-"¿Isabella?" Ella preguntó preocupada.

-"Anoche eché a mi esposo," comencé a explicar. "Le dije que quería el divorcio."

¿Podría Eric haber hecho esto?

Pude escuchar las sirenas que se acercaban mientras explicaba a la mujer lo que pasó entre Eric y yo, y como me fui para ir al gimnasio y no me ausente por más de dos horas, como máximo.

-"Ellos están aquí," le dije, y estaba agradecida de tener a una persona tan comprensiva que me ayude.

Terminamos la llamada y salí de mi coche mientras las dos patrullas de policía se estacionaban frente a mí.

-"¿Es usted Isabella?" Un oficial me preguntó, sacando su libreta.

-"Sí, lo soy," caminé hacia ellos, sintiendo temblar mis rodillas por el miedo.

Todos miramos hacia mi casa de campo, todas las ventanas que estaban a la vista estaban hechas añicos. "¿Ha estado en el interior?"

-"No, estaba muy asustada."

-"La operadora nos informó acerca de usted y su esposo. Tenemos a otra patrulla tratando de localizarlo."

Me sentí satisfecha al saber que estaban buscando a Eric, ni siquiera había pensado en donde había ido anoche o donde se había quedado.

-"Señorita Swan, ¿va a entrar?"

Miré hacia el único oficial. Los otros tres ya estaban en el porche delantero. "Oh, lo siento," me disculpe. Caminé por la entrada con él, manteniendo algunos centímetros entre nosotros. El oficial sería mi escudo si fuera necesario.

Mis tenis crujían mientras caminábamos a través de las piezas de cristal hecho añicos. No se me permitió entrar hasta que ellos buscaron por toda la casa para asegurarse que estaba vacía. Tan pronto se aseguraron que no había moros en la costa, entre en mi casa, asimilando todo el daño.

Todo estaba destrozado, los libros estaban tirados en el suelo. Plumas de las almohadas rotas todavía estaban volando por todas partes. Corrí hacia el diván que estaba en la esquina. "Noooo," grité, sintiendo mi corazón romperse cuando vi que la colcha de mi madre estaba cortada en pedazos.

-"MAMÁ," grité con fuerza, agarrando todas las piezas. Traté de ver a través de mis lágrimas, pero entre más parpadeaba, más lágrimas parecían producirse.

-"¿Señorita Swan?" Sentí a uno de los oficiales tocar mi hombro. "Tenemos que sacarla de aquí." Levanté la vista hacia él. Todo mi mundo se derrumbaba a mí alrededor. Me sentía débil.

Él me ayudó a levantarme del suelo. Me puse de pie, derecha, a pesar que mis piernas se sentían como gelatina.

Caminé a través de mi sala de estar accediendo al resto de los daños. "Quiero ver el resto de la casa." Miré al oficial mayor caminando conmigo, él asintió y me siguió el resto del camino.

-"Oh, Dios mío," me detuve en la puerta de la recamara, al igual que la sala de estar plumas estaban volando alrededor por el viento que entraba por las ventanas, pero lo que llamó mi atención fueron todas las fotos en el suelo.

-"Estamos buscando a su marido, Señora."

Me agaché al suelo mientras recorría con la vista todas las fotos mías y de Eric que estaba rasgadas por la mitad. Miré hacia mi estante de libros, todos mis álbumes de fotos habían sido sacados y abiertos. Gateé hacia mis libros, mis rodillas presionando el piso alfombrado, fragmentos de vidrio rasgando mis rodillas mientras me arrastraba, pero tenía miedo que mi único libro estuviera dañado, así que ignoré el dolor y me seguí moviendo.

Abrí el cajón en la parte posterior de la estantería y grité a los cielos que el libro de flores en blanco y negro todavía estaba oculto e intacto. Lo saqué y lo aplasté contra mi pecho, orando en silencio por mis padres.

Me arrodillé en el suelo, abriendo la primera página, una lágrima bajó y cayó en la página. Los rostros sonrientes mirándome, eran Renée y Charlie, mis padres, su álbum de bodas era lo único que me quedaba de ellos.

-"Señora, tenemos que sacarla de aquí." Lo ignoré en sus primeros intentos. Finalmente me puso de pie. Yo estaba caminando como un zombi. Me sentía muerta para el mundo.

-"¿Tiene alguien que pueda recogerla y llevarla a un lugar seguro?" Yo me quedé con la mirada fija en él.

-"No tengo a nadie." Dije simplemente.

-"¿No tiene algún amigo o alguien?" Preguntó, con sus manos todavía sosteniéndome.

Apreté el álbum de mis padres a mí, deseando que todavía estuvieran vivos, para que pudiera quedarme con ellos. Sólo hubo una persona que vino a mi mente. Lo necesitaba ahora más que nunca.

-"Tengo a una persona," le dije al oficial mientras agarraba mi teléfono y empezaba a marcar.

Por favor, contesta.

-"¿Hola?" Su voz al instante me hizo llorar de nuevo, todos mis miedos, todas mis culpas golpearon con fuerza.

-"Bella, ¿eres tú?" Angela me preguntó con voz soñolienta. "Bella, ¿estás bien?"

Ahora no me importaba si Edward sabía acerca de mí y Eric. Necesitaba estar cerca de él. Necesitaba sentirme segura.

-"Allanaron… mi… casa." Hablé entre lágrimas.

-"Bella, tranquila, nena," dijo ella, mientras yo seguía llorando.

-"Todas las ventanas están rotas. Todo está en ruinas." Hablé con ella a medida que el oficial me sacaba de la casa que una vez llamé hogar.

Pensamientos de mí estando en casa cuando sucedió me golpearon, haciendo que mi corazón latiera furiosamente contra mi pecho.

-"Bella, voy por ti."

-"Gracias," dije en voz baja.

-"¿Quieres que vaya con Edward?"

¿Lo quiero? Sí, eso es lo que quiero.

-"¿Está contigo ahora?" Dije, preguntándome si él ya había escuchado mi voz.

-"No, se quedó dormido en el sofá," explicó, una parte de mí se sentía feliz de que no estuvieran durmiendo juntos.

-"No, entonces no lo despiertes," le dije, sin saber lo que realmente quería. No quiero que me vea así, o a mi casa. Sabía cómo reaccionaría hacia Eric, había visto su furia la noche en que me trajo mis guantes.

Él tomaría represalias, y no quería que Edward saliera perjudicado. Obviamente, este era un lado de Eric que nunca había visto, era un lado loco e irracional y no iba a dejar que dañara a Edward.

-"Está bien, estoy en camino," la voz de Angela llamó mi atención, "y te vienes a quedar conmigo."

Pues lo único que logró Eric fue lanzar a Bella a brazos de su Espartano. Ahora veremos que pasa con Angela, por lo pronto Eric ya salió de la ecuación, aunque no del todo y ya lo verán después. A mí me encanto lo del calcetín deportivo. Estos chicas tiene detalles cómicos que aligeran la historia. Gracias a quienes comentaron en el último capi, que fueron considerablemente menos que en el anterior. De verdad, no les cuesta nada darle al botoncito y decir un gracias o no me gusto o sí me gusto. Pero gracias a quienes lo hicieron, EmilioLT, janalez, Nurymisu, Mentxu Masen Cullen, christti, Marchu, MaxiPau, Angie Cullen Hale, claudia cullen xD, AnyPattz. A las chicas de Twitter gracias por leer y aunque me dicen algo por allá al respecto, me gustaría que me lo dijeran también por medio de sus reviews. *Guiño* Gracias y nos leemos en la próxima actu.