Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.

Playlist.

(1). Awolnation - Sail.

(2). Tyrone Wells - Time of our lives.

Disfruten.


—Solo tú sabes si estás enamorado de esta extraña o no, hermano. — me dijo Emmett.

—No voy a mentirte. No sé lo que siento y me preocupa. — le contesté.

—¿Te preocupa enamorarte?

—Si. — asentí.

—Ahora tengo que recoger a Sharon. Más tarde hablamos. — se despidió de mí. Yo bajé de su coche.

Lo saludé con mi mano y me dirigí a la puerta de mi casa. Ahí había otra carta.

"Menuda noche, ¿ah? Seguro no puedes ni recordar lo que fue. Seguro en tu cabeza recuerdas que una extraña te habló. Y sí, era yo. Qué lástima que no hayas visto mi rostro. Todo por la ebriedad. Y quiero decirte que si piensas responderme... no te quedes esperando a que yo aparezca en la fuente. Iré cuando ya te hayas ido. ¿Qué sentiste anoche al sentirme cerca? ¿Nada? ¿Algo? ¿Mucho?

Posdata: Aprovéchate, no dejes pasar la oportunidad de poseerme, de dejarme sin aliento... de hacer tuyo cada centímetro de mi cuerpo. Haz lo que quieras conmigo. Ya sabes de lo que hablo y lo que quiero.

Anónima."

Wow. Ella sí que sabía cómo expresarse. Yo tenía razón, era nada más ni nada menos que la extraña. Y mi hermano tenía razón, yo no recordada nada porque había estado consumido por el alcohol. Y ahora era cuando más fresca necesitaba mi mente y por desgracia no tenía más que su voz. Dulce, pero no la reconocí... por estar ebrio. Esa era mi oportunidad para darme cuenta de si era alguna conocida o no. Pero la música alta y la borrachera me lo impidieron. Y esa carta merecía una respuesta.

"Menuda noche para ti. Sólo recuerdo tu voz diciéndome que no recordaría nada. Estoy enojado conmigo porque no pude verte y sólo te sentí en mi cuello. Hablándome de cerca. Quizás tú esperabas otra respuesta y lo siento. Estaba borracho.

No voy a mentirte. Sentí algo anoche que no puedo explicar. Y después de que te fuiste, sentí más. Ahora yo te pregunto algo a ti, ¿Qué sientes por mí?

Edward."

El mismo proceso de siempre. Fui a la fuente, la dejé y en vez de regresar

.. fui al café de la esquina. Pedí la mesa de la ventana y me senté a beber un dulce café. Miré en dirección a la fuente todo el tiempo. Comí pastel y estuve allí durante una hora.

Y yo sabía que esperar había valido la pena cuando la vi. Estaba encapuchada, parecía una ninja. Ropa suelta en el torso, un pantalón ajustado y zapatillas. Ese look tan... peculiar. Salí corriendo de la cafetería y le grité. Ella estaba de espalda.

—¡Extraña! — exclamé y alzó su rostro pero no volteó.

Yo me estaba acercando por detrás y sentía una corriente extraña cada vez que me acercaba más. Cuando quise girarla... salió corriendo. Mi estómago estaba lleno con lo del café.

—No huyas. — le dije y aumentó la velocidad.

Fui tras ella y sólo noté que no quería que viese su rostro. No sabía el motivo pero me daba igual. Yo ya no daba más. No estaba en muy buena forma física.

Di algunas vueltas más y regresé a mi casa. Una llovizna se desató cuando estaba dentro. Jasper y Bruce ya no estaban allí. Todo estaba prolijo y ordenado. Ellos sí que habían dejado todo en condiciones. Me recosté y terminé por dormirme profundamente.

No sé cuánto tiempo estuve dormido. Pero al despertar sabía que era tarde. Todo estaba oscuro y me perdía en lo negro de mi habitación. Salí al tanteo y en la cocina quise encender la luz. Pero no prendió.

—Demonios, se fue la energía. — bufé.

(1) Me dirigí a la puerta y bajé el picaporte. No pude abrirla, estaba trabada y eso me pareció muy extraño. Pero me preocupé al sentir un ruido raro en la cocina.

Acto seguido, la música de mi equipo se encendió. Alguien me rodeó por detrás y volteé para ver su rostro. Aunque la oscuridad me lo impidió.

—Diana. — sonreí, tomándola por la cintura.

—Uhm. — ronroneó y me besó.

Ese beso tan dulce y lindo, esa forma tan increíble de besar. Me había soprendido. Cuando quise apartarme me di cuenta de que tenía mis manos atadas.

—¿Qué hiciste? — le pregunté, sin sentirla siquiera cerca. — Diana.

—Sh. — me contestó.

—¿Qué estás haciendo? — dije eso y ella de un empujón me sentó en mi sofá. — No me causa gracia. — yo ya me estaba enojando. Ella chasqueó la lengua y se sentó encima.

Me rodeó con sus piernas e hizo movimientos con su trasero en mi parte baja. Estaba comenzando a excitarme y olvidé el enojo cuando volvió a besarme.

Lo que me ponía incómodo era que no podía tocarla. Yo quería sentir su cabello entre mis dedos. Quería recorrer su cuerpo y la atadura me lo impedía. Yo era su presa en ese momento. Me retorcía bajo su instinto de dominación. Ella jalaba mi cabello y yo quería gritar. Besó todo mi cuello, lamió mis orejas y eso me ponía demasiado.

—Vas a matarme. — jadeé y pude oír una sonrisa perversa de su parte.

Me quitó mi sudadera y con su dedo índice me recorrió hasta el punto de estremecerme. Bajó mi bóxer un poco y cuando quise sentir qué hacía... ya estaba manipulando mi miembro. Movía su mano rápidamente, arqueé mi cuerpo. Era incómodo pero placentero. Estaba atado y eso hacía que lo que estábamos haciendo oliese a aventura. Parecía una jodida película porno. Nada más que yo tenía el papel del indefenso. Y ella era la ama, la que me controlaba. No me gustaba ese rol, sinceramente. Pero ¿porqué no intentarlo una vez? Era otro punto de vista y podía experimentar eso con Diana. De hecho lo estábamos haciendo y me estaba gustando.

—Dios. — dije, sintiendo mi pene duro.

—Uhm. — me contestó ella. ¿Porqué no me hablaba?

—¿No puedes hablar? — le pregunté, agitado.

—Sh. — me calló con su dedo.

Quitó el calzoncillo de en medio y con su trasero hizo movimientos circulares encima de mi pene. Ella quería que yo me adentrase. Eso hice de una fuerte estocada. En un movimiento rápido lo introduje.

—¡Agh! — gimió aferrándose a mi espalda. Su voz estaba... extraña. O debía ser la música alta.

—No querías hablar, ¿ah? Te hice gritar, perrita. — jadeé, con un tono lascivo burlón.

Me cabalgó y madre mía... movía su trasero tan bien. El chocar de nuestros cuerpos resonaba en toda la sala. El roce de nuestros sexos era lo más perfecto y especial de todo. Lo estaba haciendo increíblemente bien. Cuando me burlé de ella, me mordió todo el cuello. Además de causarme gracia, me causó dolor. Pero era excitante y jodidamente perfecto. El momento lo era. El buen sexo que estábamos teniendo. Podía jurar que esa estaba siendo mi mejor vez en el sexo.

—Estás por acabar conmigo. — susurré en su oreja.

Daba brincos con su trasero encima de mi pene. Tanto placer acabaría conmigo y con ella. ¿Porqué Diana no gritaba como de costumbre? Estaba bastante callada a decir verdad. Pero no me quejaría. Eso lo hacía misterioso y más placentero de algún modo. Y yo podía sentir cómo respiraba irregularmente y lo gozaba. Mi traviesa, Diana. Antes de liberar mi esencia, quité mi pene de su entrada. Ella se agachó un poco y colocó sus senos alrededor de mi miembro. Eso fue tan excitante. Jamás había experimentado algo así. Ella me acarició de pies a cabeza. Marcando cada sector como si fuese suyo.

—Qué bien lo haces. — suspiré, cuando sentí mi pito aprisionado por sus pechos.

—Uhm. — me contestó.

Acto seguido me besó y me rodeó por mi cuello con sus manos. Mi polla seguía en medio de sus senos. Pero su cálida lengua se rozaba con la mía y batallaban sin piedad. Ella alborotaba mi cabello y lo enredaba muy juguetona.

Acabé sin avisarle en su delantera. Puedo jurar que sentí algo de vergüenza. Pero lo superé cuando recordé que la luz se había ido y estábamos en medio de la oscuridad. Ella rió, pude oír una sonrisita traviesa de su parte. Ambos estábamos agitados y sudados.

Ella se quitó de encima y pude ver su silueta a través de un reflejo. Me pareció muy extraña la longitud de su cabello. Estaba un poco más corto y oscuro, o algo así. Hacía posturas para vestirse. ¿Estaba provocandome? Lo peor era que yo no podía hacer nada porque apenas veía y porque estaba atado.

—¿Piensas dejarme así? — le pregunté, forzando las cuerdas que me ataban.

—Ajam. — respondió desde la oscuridad.

—¿Crees que podré desatarme sólo?

—Sh. — otra vez estaba callándome.

Vi cómo se colocó un traje largo y se lo ató delante. Parecía una espía. Se recogió el cabello y arriba un sombrero. No pude ver nada más. Sólo que dejó algo encima de la mesa y se despidió desde la puerta con un gesto muy dulce. Besó su mano y simuló lanzarme sus labios. A penas salió... la luz se encendió y supe que no había sido un problema de cables ni mucho menos. Había sido ella quien ocasionó el apagón. No me quejaba. Había sido perfecto. En la oscuridad, yo atado, ella sin hablar.

Al cabo de una hora, pude librarme de las gruesas sogas que me sujetaban. Estaba completamente desnudo y sentía vergüenza de verme así. Me coloqué mi calzoncillo y lo primero que hicw fue ir a la mesa de la cocina y ver qué me había dejado Diana. Me sorprendió bastante encontrarme con una carta. ¿Porqué ahora ella me dejaba eso?

"Qué noche, estoy exhausta. He gozado y he disfrutado haberte tenido bajo mi control una vez. Espero que no olvides esta noche tan especial y llena de placer que entre los dos tuvimos. Me disculpo por haberte amarrado. Si no lo hacía... ibas a ver mi rostro y no hubiese sido conveniente.

Y a tú pregunta... ¿qué siento por ti? Estoy enamorada y creo que esta noche me entregué completamente a ti. ¿Qué sientes tu? Respóndeme.

Posdata: Cuando era hora de seguir nuestro viaje, tu hacia tu mundo y yo hacia el mío, una mirada cómplice acompañó nuestra despedida... como queriendo suspender el momento y hacer de ese segundo un montón de vida. Nos alejamos quizás íntimamente con alguna esperanza de volver a sentir lo sentido o quizás sólo agradeciendo el momento vivido.

Anónima."

—¡Puta madre! ¡Acabo de hacer el amor con una extraña! — bufé, muy... demasiado cabreado. — No puedo creer lo estúpido que soy. — me dije.

Pero pensarlo en frío era buena idea. Yo lo disfruté al máximo, sinceramente lo gocé. Creí que era mi novia todo el tiempo y no. ¿Eso significaba algo? Claro. Que esta mujer generaba algo en mí, algo increíble. La sentía tan cercana. Y ella admitió estar enamorada de mí en esa carta.

Y esa peculiar posdata. ¿Decidimos alejarnos? Vaya... era momento de pensarlo. Pero no quería hacerlo. Me sentía culpable como para seguir escarvando en ese tema. ¿Porqué no llamar a Diana?

—Hola, preciosa. — la saludé, poniéndome cómodo en mi tina.

—Hoda. — me contestó y fruncí el ceño.

—¿Qué le pasa a tu voz? — le pregunté.

—Edtoy desfiada. — escuché que estornudó.

—¿Te sientes muy mal?

—No. Pero no quiero que me visites. Soy un horrod. — rió.

—Como prefieras, hermosa.

—Ve a dormir, es tarde. — me dijo.

—Eso haré. Espero que mañana te sientas mejor. Te quiero. — me despedí.

—Yo también.

Después de ese relax con agua caliente, me metí en la cama. Y los recuerdos se hicieron presentes. Recordé cada instante con esa extraña. Ella tocandome, recorriéndome y besandome. Yo había creído todo el tiempo que era mi novia y no era así. ¿Pero porqué la había sentido tan jodidamente presente y cercana? La sentí muy familiar. Yo me sentía fatal por haberle hecho algo así a Diana. Pero la verdad era que yo no supe que estaba haciéndolo con una Anónima hasta que leí esa carta. Todo había estado planeado tan bien que no tuve tiempo para ponerme a pensar. Por eso no hablaba, por eso la oscuridad y por eso la música alta. Me sentía mal por mi novia pero la realidad era que lo había disfrutado. No mentiría.

En la mañana, una llovizna se largó. El frío que hacía era desalentador. Me daba mucha fiaca y me daba pena no poder estar con Diana. Y no iba a mentir. En otro sector de mi mente estaba la extraña con la que había tenido sexo. Pero era más que eso. Habíamos hecho el amor, al menos yo lo sentí así. Aunque no pude tocarla... la sentí recorriendo cada rincón de mi cuerpo. Y de sólo recordarla encima de mí... me estremecía.

En la tarde, Emmett se comunicó conmigo.

—Hermano, ¿qué hay de nuevo? — me preguntó y me vi en la necesidad de confesarle a mi hermano lo que había pasado.

—Tengo miles de cosas para contarte. — le respondí.

—Te veo en el café de la plaza, en cinco minutos. — me contestó.

—Enseguida. — reí.

Me vestí con unos pantalones de jean y una sudadera gris lisa. Zapatillas y una cazadora negra. Hacía frío, no quería pescar una gripe o algo así. Suficiente con Diana que estaba mal.

Me monté en mi vehículo y conduje hasta la plaza central de Boston. Allí me esperaba mi hermano. Cruzado de brazos, haciéndose el sexy.

—Eres tan atractivo. — bromeé, saludándolo divertido.

—Cierra la boca. — rió y me palmeó.

Entramos y ambos nos pedimos un café fuerte. Yo no sabía cómo iba a reaccionar él con lo que tenía que contarle...

—Era casi la media noche cuando desperté y no había luz. — le conté.

—¿Te quedaste sin energía eléctrica? — me preguntó muy interesado.

—Eso creí pero no. Voy a la sala y de lo oscuro alguien me toma desprevenido y me besa. Diana, obvio. Pensé.

—¿Qué...? — el fruncía el ceño sin entender.

—Tuve sexo con ella. Un buen sexo, diría yo.

—Eddie, no quiero saber tanto. — rió.

—Cuando acabamos... ella se fue. Voy a la mesa y me encuentro con una carta que estaba firmada por 'Anónima'.

—No... — murmuró Emmett.

—Si. No era Diana, era la extraña.

—Hermano, eso es genial. — me animó y lo miré.

—¿De qué hablas? — le pregunté.

—Tuviste sexo con una desconocida y apuesto a que fue lo mejor. — me guiñó el ojo.

—Realmente lo fue. — le confesé, mirando hacia un costado.

—Lo imaginé. ¿Vas a decirle a Diana?

—No sé qué hacer. — musité. — Y la extraña me dijo en esa carta que está enamorada de mí. ¿Sabes cómo se siente que te digan eso?

—¿Como se siente? — me preguntó.

—Demasiado tierno. Y yo ya no sé cómo me siento, no sé qué siento.

—Hermano, no me digas que... — esbozó una media sonrisa.

—No tengo idea, Emmett. Pero creo que...

—Te estás enamorando. — mi hermano terminó la oración.

—Creo que no quiero admitirlo. — murmuré.

—Soy tu hermano y te conozco muy bien. Esta mujer realmente sacudió tu suelo.

—Te confieso que sí. — le respondí.

—Tu sabrás qué hacer. Sólo... no lastimes a nadie. Diana te ama.

—Lo sé. Y por eso quiero olvidarme de esta mujer pero es imposible. Plasma todo el tiempo en mi mente. — alboroté mi cabello.

—Tienes que pensar muy bien lo que quieres. Pero lo difícil aquí es que no la conoces y no sabes quién es.

—Ese es el problema. Y no sé cuándo dejará que nos conozcamos.

—Esperemos que sea pronto. Oye, hoy en la noche hay una mascarada. — me contó.

—Suena bien. ¿Donde? — le pregunté.

—A unas calles de aquí. En un salón. Rosalie y yo iremos como pareja. Jasper y Alice también. ¿Porqué no vas con Diana?

—Ella esta enferma. — le contesté.

—Pero puedes ir sólo. Será divertido.

—Si... no sé. — le dije.

—Si decides ir... será a las 22hs. tienes que asistir elegante y con un antifaz o máscara veneciana.

—Muy bien, me está gustando la idea. — reí.

Me despedí de él al cabo de unos minutos y tenía que dejar mi respuesta en la fuente. Me había costado escribir una respuesta a esa confesión de la extraña y más que nada después de esa noche.

"Todo el tiempo creí que eras mi novia. Hasta que tu tiempo acabó y dejaste la carta en mi mesa. Debo admitir que lo planeaste todo y te salió a la perfección. Y la verdad es que me gustó. Fue una experiencia increíble.

No sé qué responder a que estás enamorada de mí. Suena dulce y quizás yo pueda responderte qué siento por ti en persona. Pero sé que no será posible porque tu te ocultas. Me encantaría que me lo dijeses en persona.

¿Esa posdata de qué va? ¿Alejarnos? Me ha dejado pensando y estás todo el tiempo en mi cabeza.

Edward."

Estaba mintiendo al escribir que no sabía lo que sentía. Ahora lo sabía más que bien y me dolía. Hasta en un punto me molestaba decir y admitir que estaba enamorado de una extraña. Pero andaría sin rodeos. Lo que menos quería, era lastimar a Diana. Pero y si esta extraña era una farsa, una broma... yo cagaría todo con mi novia sin necesidad. No sabía qué hacer. Mi mente colapsaría y mi corazón... él era el culpable.

Cuando la noche caía, comencé a prepararme para la mascarada. Me vestí muy elegante tal y como Emmett me había dicho. Pantalón negro y en el torso un esmoquin negro muy serio. Zapatos con suela blanca y como siempre... colonia. Me coloqué también una máscara veneciana. La idea era ir de incógnito. Antes de salir rumbo al salón, hablé con Diana.

—¿Como te sientes? — le pregunté.

—Tengo fiebre pero ya me bajará la temperatura. No hay nada por lo que preocuparse.

—¿Segura?

—Por supuesto. Ve y diviértete.

—Diana, te quiero y te extraño.

—Qué dulce. Yo mucho más.

—Espero que estés mejor pronto. Adiós. — le dije y colgué.

Me subí a mi Volvo y conduje hasta el lujoso salón cercano a la plaza. La iluminación que tenía ese lugar era increíble. Todo estaba bien acomodado y repartido. Un escenario bastante amplio, rodeado con luces de neón color crema. Había también sofás de color rojo para que las personas se tomen fotos. Y en el centro, una gran pista.

—Este lugar está increíble. — le dije a Emmett, que se encontraba tomado de la mano con Rosalie.

—Lo que estoy notando es que todos tienen pareja. — murmuró ella.

—Es verdad. — asintió Jasper.

—Edward, ¿qué harás? — me preguntó Alice.

—Muchachos, bailaré sólo. ¿Cual es el problema? — les pregunté, divertido.

—Algo vamos a hacer. — mi hermano me guiñó el ojo.

El lugar comenzó a llenarse de gente enmascarada. Mujeres con vestidos bien diseñados y largos. A la antigua. Los hombres bien prolijos, peinados y perfumados. Ellas maquilladas, con sus labios bien chillones. Y esos vestidos ajustados en el busto que las dejaba sin respiración. Pero con tal de verse bonitas... hacían cualquier tontería.

—Buenas noches, señoras y señores. — un tipo grande nos saludó desde el escenario. La multitud respondió. — Esta noche será la mejor del año y les aseguro que será inolvidable. Para ir ambientando, voy a pedirles que se coloquen con sus parejas. Haremos un baile de apertura. — rió, el panzón.

Las personas comenzaban a mirarse y a posicionarse para el baile. Emmett y Rosalie, Jasper y Alice, y bueno... yo. El tipo gordo se dio cuenta de que había gente que se encontraba sola y sin pareja, como... como yo.

—Veo que hay hombres y mujeres solas. ¿Qué tal si los unimos? — preguntó. — Tú. — el reflector alumbró a una mujer pero no pude verla por la multitud. — Sube al escenario que encontraremos a tu pareja ideal.

(2) Sólo vi que una mujer con un vestido rojo espléndido subió al escenario. Llevaba un antifaz blanco con plumas y brillos.

—Y ahora, tu hombre perfecto será... — el tipo miró hacia todos lados pero el jodido reflector me alumbró. — Tú, ven aquí. — me animó con su mano.

—Oh no, no. — dije y mi hermano me empujó. — Cretino. — le dije y rió.

Sentí mucha vergüenza cuando me vi en el escenario, rodeado de personas que centraban sus miradas en mí. Las mujeres murmuraban por lo bajo y realmente me sentí cohibido. Sentía como mi parte baja se achacaba de tanta timidez.

—Aquí hay una pareja. Disfruten la noche y así comienza el baile de apertura. — dijo el hombre y todos aplaudieron.

Tomé a la mujer de la mano y la ayudé muy caballerosamente a bajar del escenario.

—Soy Edward. — le sonreí. No podía ver su rostro pero parecía muy hermosa.

Ella no me contestó, solo esbozó una media sonrisa y noté que tenía algo de timidez. La tomé por la cintura y la llevé con mis pasos. Nuestras miradas estaban unidas y mis ojos se enfocaban en sus orbes. Aunque su antifaz me impedía verla completamente... supe que era muy linda.

—¿No vas a decirme tu nombre? — le pregunté, en su oído. Estábamos bailando muy cerca el uno del otro.

—Allison. — murmuró. Su voz era muy baja. Parecía la voz de una niña pequeña.

—Lindo nombre. — le contesté y la hice girar.

Bailamos un rato largo y la verdad es que fue bastante entretenido. Ella no me hablaba pero era divertida. Yo sólo quería saber quién se ocultaba tras esa máscara, me parecía un misterio como... la extraña. Llegué a pensar que quizás ella podía ser la Anónima, pero no. Era sólo que me estaba poniendo paranoico.

Allison me invitó una copa y comencé a preguntarme qué ocultaba esta bella mujer.

—¿Estás de paso en Boston? — le pregunté.

—Algo así. — sonrió.

—Eres de pocas palabras. — le contesté.

—El show de fuegos artificiales va a comenzar pronto... — murmuró.

—¿Quieres ir fuera?

—Está bien. — sonrió y me tomó de la mano.

En el exterior había mucha gente. Sentadas, de pie, pero juntas. Tomados de la mano, besándose, mirándose. Yo estaba con Allison, una desconocida. Y la verdad era que quería compartir ese momento con Diana, ¿o con la Anónima? Una difícil situación.

Diana era mi novia y mi corazón se sentía atraído por una extraña. Esa era la verdad. Mi novia era la mujer con la que estaba y con la cuál de hecho me encantaba estar. Disfrutaba estar a su lado y no solo eso, era feliz. Y sabía que era mutuo porque siempre me decía lo mucho que yo le importaba. Pero esa noche cargada de lujuria que había pasado con la extraña... rondaba en mi mente. No dejaba de pensar en sus labios contra los míos. No dejaba de sentir sus manos en mi pecho.

Las luces comenzaban a estallar en el cielo. Allison me miraba y sonreía. Yo sólo estaba hipnotizado por sus ojos que me parecían tan familiares. Ese vestido sumamente femenino y delicado, ajustado en la cintura, que enmarcaba su trasero. Y en la parte de arriba, el valle de sus pequeños senos. Ni muy melones ni muy limones. Unos pechos de tamaño básico, normales. Y sí, si se supone que tenía novia... no tenía que andar mirando a otras mujeres. Pero era como la ley masculina. Mirar a las mujeres era un deleite a la vista. La cosa cambiaba si estabas casado, ahí es todo muy serio y lo que más importaba era el respeto.

—Lindos colores. — dije, mirando al cielo.

—Muy lindos, en verdad. — me sonrió.

—Tengo que irme. — le dije y me miró.

—¿Tan pronto? — me preguntó en voz baja.

—Sí, lo siento. — le di un beso en la mejilla y me puse de pie.

Encaminé hacia el estacionamiento en busca de mi coche. Más tarde le avisaría a los demás que me fui temprano. No sabía si era aburrimiento o cansancio pero quería irme.

—Espera. — cuando yo ya estaba lejos, Allison me sorprendió por detrás.

—¿Olvidé despedirme? — volteé.

—No. De hecho olvidaste otra cosa. — ella se acercó y me plantó un beso en mis labios.

—¿Qué...? — iba a preguntarle cuando jaló su largo vestido y se quedó con uno más... muy corto. La parte larga se flameó en su espalda cuando lo lanzó hacia detrás.

—No soy Allison, no soy quien crees. — soltó su cabello y lo único que no me dejaba verla era su antifaz.

—¿De qué hablas? — le pregunté, alejándome un poco.

—Querías que te dijese en la cara qué tan enamorada estoy de ti. — sonrió y abrí mis ojos sorprendido.

—No puede ser que esté hablando con la mismísima Anónima. — esbocé una media sonrisa.

—Lo estás, nene. — me guiñó el ojo y pegó la vuelta.

—No. Esta vez quiero ver tu rostro. — la tomé del brazo.

—Tranquilo, aún no es momento. — me dio un beso en mi mejilla y se dio la vuelta. — Tengo que irme, ya.

—¿Volveremos a vernos? — le grité y volteó.

—¡Cuenta con eso! — me respondió.

No podía creer que la mujer con la cual había tenido una inolvidable noche había estado frente a mí y la dejé ir así como si nada. Es que ella habló tan rápido y partió de un instante al otro que ni tiempo de hablar me dio. Pero ella estaba siguiéndome o algo de eso, era obvio. No podía ser tanta coincidencia de encontrarnos en una mascarada, y no sólo eso, bailar juntos. Que nos escogiesen de distintos sectores... demasiada casualidad diría yo. ¿Y si fue planeado? Ella sí que tenía todo claro y listo. La noche anterior, hizo lo correcto para quedarse en mi mente todo el jodido tiempo. Esos gestos tan dulces como la manta, que en un día frío me prestó. Lo único que me quedó fue lo largo de su vestido. Su perfume, la suavidad.

Tomé su último rastro y me subí a mi coche. Dejé en el asiento acompañante la prenda y encendí el vehículo. Miré por el espejo retrovisor y no sé qué fue lo que me hizo estremecer. Quizás la sombra en la parte de atrás o quizás me atolondré cuando alguien me cubrió los ojos por detrás.

—¿Otra vez tú? — reí, tocando sus manos.

—¿Otra vez? ¿De qué hablas? — Madre santa, era Diana.

—¿Diana? — volteé, demasiado sorprendido.

—Estoy mejor, me siento bien. Por eso vine. ¿Esperabas a alguien más? — me preguntó. Su mandíbula estaba tensa.

—No... — yo realmente no sabía qué decir.

—¿De quién carajo es ese vestido?

—Una... amiga.

—Edward, ¿qué está pasando?

—Diana, yo...

—Creo que sé lo que quieres decir, lo sé. — bajó del coche.

—Ven aquí. — la seguí, la tomé del brazo.

—¡Déjame! — volteó. — Me duele la barriga, tengo náuseas y me siento fatal. Vengo a darte un puta sorpresa y la que se sorprende soy yo. — sollozó.

—¿Nauseas? — le pregunté, con total seriedad.

No podía... ¿Era lo que yo estaba pensando? No, no. No podía ser cierto, no podía ser siquiera una jodida posibilidad. Esos síntomas llevaban a la palabra... bueno. Yo sabía de lo que hablaba. Diana no podía estar embarazada. ¿O ya era tarde para pensar en que no podía ser?


Gracias por leer.

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Anbel.