Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.

Playlist.

(1). Jack Savoretti feat. Sienna Miller - Hate and Love.

(2). Aidan Hawken - Walking Blind.

(3). Courrier - Between.

Disfruten.


Edward's Point Of View

—Hola. — me saludó, frunciendo sus labios.

(1) Quizás sus zapatillas llamaron mi atención, y al analizarla de pies a cabeza... supe que era ella.

—N-no... no puedo creer que... — verla me había dejado sin palabras.

—Sí, sé que es muy loco que yo esté aquí pero bueno... aquí estoy. — me contestó, ladeando su cabeza.

—Bella... — murmuré, sin aliento.

—Edward, prometo que voy a explicarte todo. Y cuando digo todo me refiero a absolutamente todo. — se sentó a mi lado.

—Nunca me imaginé que pudieses ser tú. — le confesé, fregando mi rostro.

—¿Qué te parece si vamos a un lugar más apropiado para hablar de esto? — me preguntó.

—Solo quiero ir a mi casa. — me puse de pie. — Si quieres, ven conmigo. — le dije y esbozó una media sonrisa.

Era demasiado extraño estar con Bella en mi coche. No caía en la posibilidad de que ella fuese la extraña, que ya no era una posibilidad, ya era un hecho. Todas esas cartas, todos esos detalles, los había enviado nada más ni nada menos que Bella. Mi ex novia, a la cual había perdido. ¿Quién iba a imaginarlo? Yo estaba muy contento, demasiado. Pero no podía expresar mi felicidad porque que Bella hubiese regresado... significaba que venían problemas.

—Ponte cómoda. — le dije, cerrando la puerta.

—Qué lindo está todo. — dijo, observando a su alrededor.

—¿Quieres beber algo?

—Jugo. — asintió.

—Aquí tienes. — le tendí la copa y me senté frente a ella.

Me miraba muy atenta y yo no podía mirarla a los ojos, sentía vergüenza, timidez. Y no sabía el motivo de sentirme tan cohibido.

—Es raro que estés aquí. — le sonreí.

—Sí, sé que lo es. — abrió sus ojos. — En primer lugar quiero decirte cómo es que llegue a aquí.

—Me encantaría saberlo. — le contesté.

—Mi memoria... volvió. — dijo y me asombré... demasiado. — Recuerdo todo, absolutamente todo.

—¿A qué te refieres con todo? — le pregunté, con ganas de abrazarla.

—Sí, eso. Recuerdo que éramos novios y estábamos muy enamorados, eso lo recuerdo bien. — frunció los labios y yo aparté mi mirada. — Luego el accidente... eso, no lo recuerdo con claridad pero sé de qué va.

—¿Cuando...? — quise preguntarle.

—Desperté una mañana y me vi en la situación de no saber qué hacía en Arizona. No encontraba sentido allí.

—Imagino que debió ser muy duro para ti. — murmuré.

—No imaginas qué tan duro. Lo que me destrozaba era tenerte lejos a ti, Edward. — me miró fijamente, sus ojos se entumecían. — Te extrañaba. No sabía qué hacía ahí, sola, lejos de ti. No encontraba una respuesta.

—¿Y fue eso lo que te hizo recordar?

—Sí, extrañarte y pensar en ti... eso me hizo recordarlo todo.

—Y... ¿qué te trajo hasta aquí?

—Me pregunté a mi misma, una mañana. ¿Qué hago aquí sin mi amado? — dijo eso y mi corazón se aceleró. — Me peleé con mi madre para poder volver a Boston. Retomé mi vida aquí, me mudé nuevamente a mi antiguo departamento.

—Nunca me enteré. — le contesté.

—La idea era que no supieses que yo estaba aquí. Pero bueno, emplee las cartas para decirte lo que sentía.

—Estoy... asombrado. No imaginé que podías ser tú.

—¿Qué opinas de... las cartas?

—Creo que expresaste todo como tú sola lo sabes hacer. — fruncí mis labios. — Muy dulce, en serio.

—Solo contigo puedo ser así. — se acomodó en el sofá, cruzó sus blanquecinas piernas. Vestía unos pantalones cortos, una sudadera simple y zapatillas.

—¿Qué pasó con Ryan?

—Lo dejé.

—Tuviste sexo con él, ¿verdad? — le pregunté. Quizás sonaba desubicado, pero yo quería saber.

—No voy a mentirte. — blanqueó sus ojos. — Tuve que fingir orgasmos. — resaltó la palabra 'orgasmos'.

—¿Más de uno? — reí.

—Todos. — me acompañó en la risa.

—¿No hacía un buen trabajo?

—Digamos que... el asunto era pequeño. — se ruborizó.

—Totalmente distinto a mi asunto. — le guiñé el ojo.

—Me alegra que mi 'revelación' o como quieras llamarlo, te resulte gracioso.

—Estoy tratando de tomármelo con gracia. Ya sabes, tener sexo con tu ex, sin saber que es ella, es... raro.

—¿Acaso no te gustó?

—Bella, no se trata de eso. Se trata de que estoy de novio.

—¿Con esa tal... Diana?

—Sí. ¿Como lo sabes?

—Porque tú me llamaste así mientras lo... hacíamos.

—Oh... claro. — asentí con vergüenza. — ¿Todo lo que escribiste es real?

—Claro que lo es. Estoy enamorada de ti, Edward. Te extraño cada día que no paso contigo, en serio. Y no es por presumir ni nada de eso, pero dejé a mi familia por ti. Porque te amo, siempre lo he hecho.

—Bella, eres muy... tierna. Pero no me digas que siempre me amaste porque cuando fui tras de ti, me diste la espalda. Preferiste casarte con ese patán. Yo fui totalmente entregado, Bella. Porque te amaba y porque estaba loco de amor por ti. Pero tú elegiste otra cosa. — le contesté, con mis ojos húmedos.

—No sé qué decirte. Lo siento, estoy muy arrepentida. — se cubrió el rostro con ambas manos.

—To-todavía conservas el anillo que te regalé. — ella lo tenía en su dedo anular.

—Edward, significa mucho para mí. Al igual que tu inicial colgando de mi cuello. — murmuró, derramando una lágrima.

—Yo llevo tu inicial. — le contesté, con ganas de llorar.

—¿Eso significa que aún te importo? — me preguntó y la miré.

En ese instante ambos oímos un ruido.

—Tío, tengo fr... — era Sharon. — ¡Bella! — pegó un fuerte grito al verla. Corrió hasta ella.

—Hermosa. — Bella la abrazó y derramó algunas lágrimas.

—Te extrañé tanto. — le dijo mi sobrina y Bella me miró.

—Yo también. — sonrió ella, resguardándola en sus brazos.

—¿Las cosas se arreglaron? ¿Estarán juntos para siempre? ¿Él es tu príncipe? ¿Tú eres su princesa? — dios, esas preguntas que sólo Sharon hacía.

—Sharon, es hora de ir a la cama. — le indiqué.

—Ya tendremos tiempo para hablar, hermosa. — le dijo Bella, acariciando su cabello.

—Espero que en la mañana estés aquí. — la besó en la mejilla y se fue a mi habitación.

—Está enorme. — me dijo Bella.

—Creció bastante en este tiempo.

—Sí. Creció como lo que yo siento por ti. — me dijo y alcé mi ceja. — Edward, es cierto que cuando se habla de amor siempre faltan palabras para describirlo, pero también en cierto que el amor no se describe si no que se demuestra y yo hoy me pregunto si te he demostrado que el amarte a ti va mas allá del tiempo, la distancia, del pasado, del presente y del futuro... Y te quiero no porque el ser humano ha nacido para amar sino porque mi corazón, mi cuerpo y mis sentidos me lo dictan... y ese mismo amor también me hace tener miedos sin motivos... un miedo a perderte que no puedo explicar. — dijo esas hermosas palabras y suspiró.

—Bella, yo... no sé qué decirte. — ahora yo suspiraba.

—Edward, quiero dormir junto a ti, sintiendo tu respiración bien cerquita, tu olor flotando en la habitación; pero también quiero despertar contigo. Te necesito, ¿no ves que eres mi aire, mi sol, mi corazón, mi sangre? ¿Cuando vas a calmar estas ansias tan grandes de amarte que tengo? — me preguntó, entre sollozos.

—Por favor, no sigas. No quiero verte llorar. — me acerqué a ella y me senté a su lado.

—Te necesito en mi vida. — murmuró mirándome, muy de cerca.

—Ya basta. — la abracé.

Sentirla entre mis brazos me hizo tanto bien, no puedo explicarlo. Tenerla conmigo, de alguna manera, me hizo feliz. Quizás nada iba a ser lo mismo, quizás. Pero sabía que esa confianza y afecto que nos teníamos no cambiaría en absoluto.

—Voy a irme. — susurró, separándose de mis brazos.

—Es tarde Bella, ni lo sueñes.

—Me gusta que a pesar de que no estemos juntos me cuides. Pero tengo que irme. No puedo quedarme aquí.

—Si es lo que quieres, está bien.

—¿Volveremos a vernos? — me preguntó, cuando iba de salida.

—Sharon no descansará hasta volverte a ver. — le respondí.

—Adiós. — esbozó una sonrisa y se fue.

Qué madrugada más intensa. Bella había regresado para arreglar las cosas conmigo y yo... estaba contento. No me encontraba arrepentido por haber ido a conocer quién se ocultaba tras el nombre 'Anónima', ni mucho menos. Era tarde y lo único en lo que pensaba era en Alice, en que tenía que avisarle que Bella había regresado.

—¿Uhm? — contestó mi llamada, algo dormida.

—¡Regresó! — le exclamé, feliz.

—¿Diana está contigo? — me preguntó.

—No, bueno... no hablo de ella.

—¿Entonces de quién? — volvió a preguntarme.

—Fui a la plaza, hará... — miré mi reloj. — Una hora.

—Creí que no podías dejar sola a Sharon. — me dijo y me lo pensé. Era cierto, yo había dicho que nada era más importante que mi sobrina. Pero por conocer a una extraña, la dejé sola. Y por buscar a Diana... no lo había hecho. ¿Porqué mentir? Sí, conocer el rostro de una desconocida era más importante. Pero eso no quería decir que mi novia no me interesase o algo de eso.

—Bueno, calla. — la callé para poder decirle de Bella. — Fui a la fuente y conocí finalmente a la Anónima.

—¿Quién es la jodida bromista?

—Bella. — musité.

—¿¡Es una puta broma!? — gritó del otro lado y pegué un salto. Sus agudos eran... buenos. — No... ¿es cierto?

—Si. Estuvimos hablando en mi casa, hasta hace un rato.

—No lo puedo creer. — sollozó.

—¿Estas llorando? — le pregunté.

—De emoción. No puedo creer que ella esté aquí, en Boston.

—Y si quieres saber más... ella está nuevamente en su antiguo departamento.

—Mañana iré a visitar a mi mejor amiga. — me dijo.

—Iremos juntos. — le contesté.

—Claro que sí. Hasta mañana. — me respondió y colgó.

¿Qué más podía hacer por Alice? Ella había estado siempre, incondicionalmente para mí en mis peores momentos. Además, yo quería acompañarla, quería ver a Bella otra vez. Quería saber más de lo que ella había pasado, quería saber para qué había regresado realmente.

Antes de acostarme, llamé a Diana. Dejarle otro mensaje, quizás servía de algo.

—Diana, ¿donde estás? Realmente estoy preocupado. Tienes que responderme, tenemos que hablar. Creo que... nos debemos una charla. Hay algunas cosas de las que tenemos que hablar. — de Bella, específicamente. No sabía cómo iba a reaccionar Diana con eso.

Apagué las luces, cerré la puerta y me rendí en mi cama. Ya estaba listo para dormirme cuando la voz angelical de Sharon me hizo respingar.

—Tío, ¿mañana veré a Bella? — me preguntó. Estábamos frente a frente.

—Es muy posible, pequeña. — acaricié su cabello.

—Ahora que Bella regresó... ¿qué pasará con Diana?

—¿Qué tendría que pasar? Las cosas entre Bella y yo... nadie dijo que iba a ser lo mismo. — le respondí.

—No, no, no. — ella se cubrió el rostro.

—¿Qué pasa? — fruncí el ceño.

—Yo quiero que estés para siempre con Bella. — sollozó. Tenía los ojos muy colorados.

—Preciosa, ¿estas llorando? — la resguardé en mis brazos.

—Por favor, tío... — murmuró y mis ojos se llenaron de lágrimas. ¿Como una niña podía preocuparse tanto por la pareja de su tío? ¿Cómo Sharon podía necesitar tanto a Bella?

—Mejor vamos a dormir. — besé su frente y cerró sus ojos.

Esa pregunta. '¿Qué pasará con Diana?' Ni yo sabía. Sólo sentía que las cosas con Bella, de momento, no iban a ser lo mismo que antes. Quizás el tiempo que estuvimos alejados, quizás el tiempo que pasé con Diana... quizás eso había logrado sacar a Bella de mí. Pero... ¿del todo?

En la mañana desperté muy bien descansado. A pesar de que Sharon me pateó y estuvo inquieta toda la noche... había descansado bien. Tan a gusto que le preparé un rico desayuno a mi sobrina. Leche con chocolate, galletas con caritas y muchos dulces. Waffles, jugo exprimido de naranja y frutillas cortadas con azúcar.

La desperté muy dulcemente y la obligué a cepillarse los dientes. Se peinó, se arregló como una 'linda niña'... según ella.

—¿Yo me devoraré todo esto? — me preguntó divertida, relamiendo su labio inferior.

—Es para ti. — le sonreí. — Tú come todo eso, yo ordenaré mi cuarto.

—Bueno. — asintió.

Tendí la cama y abrí las ventanas para que se renovara el aire. También llamé a mi hermano para contarle todo lo que había pasado después de nuestra charla de la noche anterior.

—No puedo creer lo que me estás diciendo, Edward. — oí que mi hermano sonreía.

—Emmett, esto es... increíble. No sé cómo describir lo que sentí al verla.

—Es obvio, estás enamorado de ella. — me respondió.

—No, no. Aguarda, eso no...

—Edward, cierra la boca. Yo sé lo que te digo.

—Hermano... estás confun...

—Callate. — me calló y fruncí el ceño. — En un rato recogeré a Sharon. Adiós.

—Hasta luego. — alcé mis cejas asombrado y colgué. Él... ni siquiera me dejó contestar.

Él me conocía, muy bien. Pero, ¿estaba en lo correcto? Ni yo sabía. Mi corazón sentía algo pero no podía definir con claridad qué era. Necesitaba a Diana, pero de alguna manera también necesitaba a Bella. ¿La diferencia? Diana no estaba y Bella había regresado. La real e importante diferencia.

Al cabo de unas horas, mi hermano recogió a Sharon. Él me dio las gracias por cuidarla y antes de irse, me guiñó el ojo. Con complicidad, como queriendo asegurar algo. Sólo reí.

Me di una ducha y vi un poco de televisión. Las mismas estupideces de siempre, nada nuevo, nada que llamase mi atención. Estaba por dormirme una pequeña siesta cuando mi móvil sonó.

Alice — 15.23

Dime que ya estás listo para que te pase a buscar y vayamos a ver a mi mejor amiga Bella.

Edward — 15.25

Lol. Cuando gustes, siempre estoy listo.

Alice — 15.26

Estoy esperándote fuera. Corre.

Leí eso e inmediatamente corrí hasta la ventana. Fue cuando la vi sonriéndome desde su coche. Ladeaba su mano y tocaba bocina. Tomé mis llaves, mi celular y salí.

—Creí que bromeabas. — le dije, subiendo.

—A veces bromeo. Pero este no es el caso. No aguanto más, quiero ver a Bella.

—¿La extrañas? — le pregunté.

—Demasiado, y la amo tanto. — murmuró, conduciendo.

—No estarás por llorar, ¿o sí?

—Es que... tanto tiempo sin verla...

—Sé lo que sientes. — le contesté.

Después de unos minutos, nos encontrábamos frente al apartamento de Bella. Alice estaba muy nerviosa por cómo fuese a reaccionar Bella al verla nuevamente. Sería un reencuentro de mejores amigas.

Bella's Point Of View

Me preparé un té bien dulce. Tenía algo de frío, quizás y porque estaba descalza o porque sólo vestía una sudadera Adidas y unos pantalones muy cortos. Los usaba para dormir. Por lo tanto... nadie me veía. Y como estaba sola en mi departamento, podía estar vestida como se me diese la gana.

Aunque... no muy sola. Sólo Lola me veía. ¿Qué tanto podía opinar una perrita de mi atuendo? Ella me miraba con su carita angelical y me obligaba a darle de comer por tercera vez en el día.

Cuando iba a sentarme en el sofá... alguien golpeó la puerta y pegué un saltito. Quizás y porque estaba distraída. Dejé mi taza con forma de cerdito en la mesa ratona y con un poco de cautela avancé. ¿Quién podría ser?

(2) Cuando abrí la puerta y la vi, mi corazón se ablandó de una manera inexplicable. Mis ojos se llenaron de lágrimas y los de ella también. Sólo esbocé una sonrisa y la abracé.

—Bells. — sollozó Alice, abrazándome bien fuerte.

—Al. — yo era muy sensible y no pude evitar llorar.

—Te extrañé tanto. — murmuró ella, tomándome por los hombros.

—Y yo a ti, ardilla de mi alma. — reí, secando mis lágrimas.

—¿Podemos pasar? — me preguntó y alcé mi ceja.

—¿Podemos?

—No viene sola. — Edward apareció en su costado y sonreí.

—Pa-pasen. — asentí.

Edward pasó por mi lado y plantó un beso en mi mejilla. ¿Porqué me alborotaba como la primera vez en que lo vi? Seguramente me sucedía eso porque estaba enamorada de él.

—¿Quieren beber algo? — les pregunté.

—No, gracias. — me respondió Alice, sentándose junto a Edward, en el sofá.

—Bueno... yo estaba bebiendo un té. — les conté, agachándome y tomándolo de la mesa ratona. En ese momento oí que Edward carraspeó su garganta y caí en el hecho de que habían visto mi trasero. Si, el corto pantalón se había subido y bueno... mi espalda estaba mirando hacia ellos, por lo tanto...

—Qué vergüenza. — les dije volteando rápidamente. Sentía cómo mis mejillas ardían.

—Bella... algunas cosas siguen igual de redondas. — rió Alice.

—Es verdad. — bromeó Edward y ahora sí, quería que la tierra me tragase.

—¿Qué los trae por aquí? —les pregunté, sentándome.

—Edward me contó que estabas aquí. No podía esperar para verte y contarte cosas. — sonrió ella.

—¿Esto... será una charla de chicas? — preguntó Edward.

—No... bueno. Esto puede ser una charla de amigos. — le contesté.

—Bueno. — asintió él.

Hablamos de todo lo que le había pasado a cada uno en ese tiempo sin vernos. Edward pasó tiempo con Lola y al parecer, mi perra lo extrañaba. Lo lamía y no lo dejaba tranquilo. Lindo y pobre Edward.

Yo estaba contentísima con que ellos estuviesen conmigo, visitándome. Era lo mejor que podía pasarme en el día.

—Emmett y Rosalie se casaron. — me contó Alice.

—Qué tiernos. Deben verse increíbles juntos. — me había emocionado con esa noticia.

—Jasper y yo... bueno. Tenemos nuestros altibajos pero siempre juntos.

—¿Algo... anda mal?

—No, Bella. — sonrió. — Pero tenemos discusiones como todas las parejas.

—Eso pasa siempre. Lo bueno es que ustedes sí están juntos. — miré a Edward y él apartó la mirada. Tenía su móvil en la mano.

—Chicas, tengo que irme. — dijo él, poniéndose de pie.

—¿Tan pronto? — le pregunté... algo interesada.

—Sí. — me respondió tajante.

—Te acompaño hasta la puerta. — me levanté y le hice una mueca a Alice.

Dios mío. Podía sentir su masculina colonia a centímetros.

—¿Te veo luego? — le pregunté, nerviosa.

—Es probable. — asintió, con sus manos en los bolsillos.

—Chau. — fruncí mis labios.

—Adiós. — se acercó y me besó la mejilla. ¡Carajo! Él tenía que detenerse. No podía soportar tenerlo a centímetros de mi boca y no poder hacer nada.

Volví a entrar y Alice me sonreía con picardía. Ya podía escuchar sus canturreos, bromistas.

—Veo que algunas cosas no han cambiado. — rió, revolcándose en el sofá.

—¡Cierra la boca! — la callé, sentándome en frente.

—Bella, estás más enamorada que antes. — me guiñó el ojo.

—Lo amo tanto. — cubrí mi rostro con ambas manos. Contenta.

—No entiendo porqué dos personas que se aman tanto no están juntas. Realmente no lo entiendo. — bufó, teatral.

—Al, no sé si él me ama como yo a él. ¿Sabes? No creo que Edward sienta lo mismo que antes.

—¿Porqué crees eso? — me preguntó, sin entender.

—Él se puso de novio en este tiempo

Él cambió, Alice. Y sus sentimientos también, es obvio.

—Bella, no lo sé. Él... no creo que sienta lo mismo por ti que por Diana.

—¿Ella es linda? — le hice una mueca, muy interesada.

—No voy a mentirte. — me contestó.

—Ay no. Ella es más linda que yo. — bufé.

—Es linda, Bells. Pero para mí tú eres la más hermosa de todas. Y lo sabes.

—Gracias, amiga. — me crucé a su sofá y la abracé.

—Bella, siempre tuve la esperanza de que regresases y todo fuese como antes. — me dijo Alice, con sus ojos llorosos.

—Yo sabía que nada cambiaría entre nosotras porque somos mejores amigas. Y no importa la distancia, el tiempo que pasamos sin hablarnos. Eso no importa. Lo que interesa es que siempre estuve para ti y tú para mí. Esa es nuestra amistad. Tú sabes que siempre estaré y yo sé, realmente sé, que siempre estarás para mí. — ahora yo lloraba.

—Bella, estuve tan mal todo este tiempo. — sollozó, recostándose en mi regazo.

—Yo también, ardilla. Te extrañé. Había noches en las que lloraba porque no tenía nadie, absolutamente nadie con quién hablar. No había nadie con quien pudiese descargarme, no estabas tú. — murmuré.

—Me pasaba lo mismo pero no podía decirle a nadie que te extrañaba. No podía nombrarte delante de Edward, porque él estaba intentando olvidarte... para siempre. Pero, ¿sabes qué? — me preguntó y negué con mi cabeza. — Falló. Porque es imposible olvidar a la mujer de tu vida.

—¿Cre-crees que soy la mujer de su vida? — tartamudeé.

—Sí. Y él es tu hombre, Bella. Sólo que... aún... están en veremos.

—Al, estoy tan enamorada de él.

—Dime todo lo que sientes por él. — me sonrió Alice.

—¿Todo? Bueno... ¿por dónde empiezo? — miré hacia arriba y suspiré. Alice tomó su móvil y prestó atención. — Lo amo. Amo todo de él. Comenzando por su cabello, madre mía, esa textura, esa suavidad, ese aroma. Sus ojos, su perfecta nariz, su boca. Esos labios carnosos y bien definidos, con los cual tantas veces me marcó. Esos besos que aún no puedo olvidar, que no puedo quitar ni borrar. Tantas veces que estuve en sus brazo. Esas noches en las cuales hacíamos el amor y sólo existíamos él y yo. Las peleas, discusiones.

—Bella, realmente lo amas. — me dijo Al.

—Demasiado. Me arrepiento de haberle dado vuelta la cara cuando me buscó. Me arrepiento como una estúpida. — me cubrí el rostro. — ¿Porqué preferí a la mierda de Ryan? Fui tan idiota y estoy tan arrepentida, Alice. No imaginas las ganas que tengo de poder volver el tiempo atrás. Lo tenía para mí. Él estaba entregado completamente y yo preferí olvidarlo.

—Debo decirte de corazón que fuiste muy tonta. — rió.

—Si, lo sé. Pero no recordaba nada y sólo pensaba en Ryan. Y la verdad es que en mi boda sentí algo pero no me animé a asegurar lo que sentía. En el altar le di una cachetada a Ryan. No iba a casarme con ese cretino.

—¿Porqué le dijiste que no?

—Una parte de mi memoria volvió cuando Edward se fue. Y recordé que el hijo de puta me golpeaba.

—Maldito idiota. — la ardilla frunció el ceño.

—Si. Y la otra parte de mi memoria regresó con el tiempo. — asentí.

Charlamos toda la tarde y tonteamos. Nos pusimos al día con nuestras cosas. Ella me contó cómo iban de bien las cosas con Jas y yo le conté como iban de mal las cosas con mis padres. Todo había quedado mal con ellos, y no me importaba. Yo amaba a Edward y qué carajo, haría lo que sea por él.

Cuando Alice iba de salida, su móvil sonó. Al parecer era un mensaje, lo leyó muy atenta.

—¿Sucede algo? — le pregunté.

—¿Podrías acompañarme a un lado? — me preguntó.

—Claro. — le sonreí. — Déjame vestirme más apropiadamente.

—Te espero en mi coche. — me guiñó el ojo y salió.

Mientras me cepillaba el cabello, mi móvil sonó.

Alice — 20.24

Ponte bien linda. Más de lo que eres ;)

Bella — 20.26

Está bien. Lol.

Eso significaba que íbamos a un lugar en el cual tenía que lucir presentable. ¿Qué mejor que un vestido? Sí, uno que había recibido como regalo de bodas. Y ese era sólo uno de tantos que había recibido. Me quedé con todos los obsequios, sí, yo me los merecía. Digamos que con tantos regalos costosos pude armarme un nuevo closet. Lleno de ropa nueva.

Me maquillé sólo un poco en los ojos y en mis labios un poco de labial rosita. Zapatos negros y en mi cuello, la letra 'E'. También llevaba puesto el hermoso anillo con el cual Edward me había propuesto ser su novia.

—¡Muchacha! Qué hermosa estás. — me dijo Al, tocándome bocina.

—Gracias, gracias. — reí, subiéndome a su coche.

—Se avecina una linda noche. — me sonrió.

—¿A dónde vamos? — le pregunté.

—Casa de Edward. — me guiñó el ojo y alcé mis cejas. ¿Qué travesura tenía en mente la pequeña ardilla? — Pero no irás con el cabello suelto. Date la vuelta.

Me volteé un poco y comenzó a manipular mi pelo. Tiraba de aquí, jalaba de allá y yo quería saber qué estaba haciendo.

—¿Ya? — reí.

—Solo un poco más. — me contestó. — Ya... casi. Listo. — me palmeó y me miré en el espejo retrovisor.

—¿Una trenza? Buena idea. — la abracé.

—No imaginas lo linda que te hace ese look. — aceleró con su vehículo.

(3) Eso de verte linda y sentirte especial... no ocurre todos los días. Me sentía esperanzada, me tenía confianza. ¿Qué iba a pasar en casa de Edward? ¿Cita? ¿Cómo saberlo? Me puse súper nerviosa cuando Alice aparcó frente a su casa. Ella sólo me sonrió y bajó. Por supuesto también lo hice yo.

—Creo que estoy algo... mal vestida. — murmuró ella, a punto de golpear la puerta.

—Aún no entiendo porqué llevas ese atuendo oscuro. — le dije.

—En la oficina debo lucir seria y apropiada.

—¿En la oficina? — yo no entendía de qué hablaba ella.

—Me recibí de abogada. ¿No te lo había dicho? — bromeó.

—Te felicito. — la abracé bien fuerte. — Yo ya puedo emprender miles de viajes, también soy guía turística recibida.

—Suena fantástico. — me sonrió y golpeó.

Nadie salía, así que insistimos un rato más y nos cansamos. Ella abrió la puerta y todo estaba oscuro. Ambas nos miramos y fruncimos el ceño con miedo a ingresar.

—¿Hola? — metí un pie y estábamos a punto de entrar.

—¡Sorpresa! — las luces se encendieron y toda la familia Cullen estaba sonriéndome. Capturé ese momento en mi mente y no pude evitar derramar lágrimas de felicidad.

—No puedo creerlo. — murmuré y Alice me alentó, me dio un empujoncito.

—Bella. — Esme se acercó a mí y me abrazó bien fuerte. — A pesar de los errores y de todo lo que pasó... te mereces una bienvenida. — me dijo en el oído.

—Gracias. — le sonreí.

—Bella, bellísima. — Carlisle me besó la mejilla. — Siempre tuve la esperanza de que volvieses. — me pellizcó el cachete y esbocé una media sonrisa.

—Y por fin nos reencontramos. — Emmett me alzó y me abrazó. — Todos te extrañamos.

—Yo también los extrañé, Em. — le contesté, secándome las lágrimas.

—Qué hermosa estás. — ahora Rosalie sollozaba en mi hombro.

—No llores. — reí, acariciando su cabello.

—Sharon te extrañó demasiado. — me dijo y miré a mi alrededor.

—¿Ella está aquí? — le pregunté.

—¿Cómo no iba a venir? — me saludó Sharon, por detrás. Me dio un fuerte abrazo y la alcé. — No quiero que vuelvas a dejarnos. — me besó la mejilla.

—Pequeña. — le sonreí. Me pareció muy tierno lo que dijo. Al igual que las palabras de los demás, yo también los había extrañado.

—Traviesa Bella. — me sonrió Jasper.

—Te extrañé. — reí abrazándolo.

—Yo también, cuñadita. — me palmeó y sonreí.

Todo se dispersó y Edward estaba mirándome desde un costado. No me animaba a acercarme y recibir un saludo de su parte, entonces... no me saludaría.

Rosalie y Alice no dejaban de halagar mi 'hermoso' vestido. Me preguntaban dónde lo había comprado y sinceramente me daba vergüenza decirles que era un regalo de bodas.

—Bella, toma asiento. Enseguida traigo la cena. — me dijo Esme.

—Está bien. — le sonreí.

Bueno, llegaba la hora de sentarnos a cenar y la hora de ver cómo nos acomodábamos. Alice junto a Jasper, Emmett enfrentado a Rosalie y Esme junto a Carlisle. Y en la punta de la mesa, yo. ¿Y quién en el otro extremo? Edward. Qué cómodo. Enfrentada a mi ex novio. Y bueno, Sharon quiso comer en el sofá, viendo televisión.

—Y está servida la pasta. — Esme apareció con platillos de pasta y salsa. — El plato preferido de Bella. — me guiñó el ojo y todos aplaudimos.

Debo admitir que la comida estaba riquísima. Acompañar la cena con una copa de vino había sido buena idea. Le daba un gustito extra e ideal.

—Bella, cuéntanos un poco. ¿A qué has regresado? — me preguntó Emmett. Pero no me lo preguntó de mala manera, al contrario, realmente quería saber el motivo de mi regreso.

—Regresé para arreglar las cosas, de alguna manera, con Edward. — lo miré y me ignoró.

—Qué linda. — sonrió Rosalie.

—Entonces esto puede dar un resultado positivo. — dijo Esme. — Me refiero a que... ¿pueden volver a estar juntos?

—Mamá, tengo novia. No sé si la recuerdes pero se llama Diana. — le contestó Edward.

—La recuerdo muy bien, hijo. Pero vamos a ser realistas. No es lo mismo Bella que Diana.

—Como digas. — le respondió él, de mala gana.

—Cambiemos de tema. ¿Han visto cómo están de caros los vestidos? — preguntó Alice y todos reímos.

—Tú eres una obsesiva. — rió Carlisle.

—Quiero proponer un brindis. — dijo Jasper y tomamos nuestras copas. — Por Bella. Porque a pesar de todo lo que sucedió, ella está aquí. Queriendo solucionar las cosas. Y de parte de todos quiero decirte que te queremos y que estamos contentos de que estés compartiendo esta cena con nosotros. — alzó su copa y sonreí. Muy feliz.

—Gracias a todos. — les agradecí, mirando a cada uno de ellos.

—Sí, aunque es tarde para arreglar las cosas. — Edward se levantó de la mesa.

—¡Edward! — Esme lo retó y él se metió en su habitación.

—En-enseguida regreso. — miré a Alice y me levanté. Fui tras él. ¿Porqué mierda él era tan grosero conmigo?

Sí, me armé de valor. La verdad era que no éramos nada, ni siquiera novios. Pero yo merecía respeto, no ser tratada de esa manera.

—¿Qué pasa contigo? — cerré fuerte la puerta para llamar su atención. — ¡Dime qué te sucede!

—Bella. — fregó su cabeza. — No empieces a gritar.

—Cierra la boca. — me acerqué a él. — ¿Cual es tu problema?

—Déjame sólo. — me dijo, alejándose.

—No me ignores. — tomé su brazo y se soltó.

—Bella, basta. — me miró. — Necesito estar sólo y pensar.

—¿Pensar cómo seguir lastimándome? — le pregunté con mis ojos entumecidos. — ¿No fue suficiente con evitarme y con decir eso en la cena?

—¿Crees que quiero lastimarte? — frunció el ceño. Con esa expresión en su cara quería decirme, '¿eres idiota?'

—Eso aparentas. — alcé mis cejas.

—Lo que menos quiero es lastimarte. — se sentó en su cama.

—La que estuvo mal y la que tiene que disculparse soy yo. Eso lo sé. Pero no me merezco que me trates así, con tanta grosería.

—¿Sentiste que te traté mal? Lo siento. — me dijo.

—¿Sentiste? Todos, Edward, todos vieron cómo me hablaste.

—Bella, ¿pretendes que te trate como que eres la mejor y una heroína?

—No. Pero mínimamente pretendo que me trates bien. Ya te pedí disculpas por lo que te hice. No voy a rogarte. — yo no iba a decirle nada más y tampoco le iba a rogar.

—Bella, perdón. — se puso de pie y tomó mi mano.

—Edward, es todo. — fruncí mis labios. — Voy a irme. — le dije.

—Bella, entiende. Estoy muy confundido.

—Sí, lo sé. Para no confundirte voy a irme. — le respondí. En ese instante el timbre de la puerta principal sonó.

—Déjame ver quién es y seguimos hablando. — me dijo y asentí.

No quería quedarme ahí, esperándolo. Fui tras él. Me tensé, mi cuerpo se debilitó cuando abrió la puerta.

Tal vez esa rubia cabellera, o ese lindo cuerpo me intimidó. Y supe que era su novia, Diana. No podía ser otra, era ella.

—Edward. — lo llamé por detrás y volteó. Ella me fulminó con la mirada.

Toda la familia Cullen observó la escena y Alice se puso de pie. Supe que lo malo se avecinaba cuando mi mejor amiga tomó mi mano y me miró.


Gracias por leer.

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Espero que les haya gustado. Me gustaría saber qué opinan :)

Anbel.