Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.

Playlist.

(1). James Morrison - The pieces don't fit anymore.

(2). Olivia Broadfield - Happening.

Disfruten.


Edward' Point Of View

(1) Me encontraba frente a Diana. Y en mi espalda, Bella llamándome. Un embrollo sin salida. Mi novia y mi ex en el mismo entorno, jodida mierda.

—Yo sabía que esto iba a pasar. — me dijo Diana, con los ojos llorosos.

—Espera. — le dije y volteé para mirar a Bella.

Sólo la miré y fruncí mis labios. Disculpándome. Cerré la puerta y corrí tras Diana.

—Detente. — la tomé del brazo.

—Yo... lo sabía. — lloró cubriéndose el rostro. Estaba destrozada.

—Tranquilízate, no puedo verte así. — la abracé y se dejó caer en mis brazos.

—Edward. — me rodeó por mi cuello y acaricié su cabello.

—Tranquila, tenemos que hablar.

—Ne-necesito estar en mi casa, en mi cama, con el osito de peluche que me regalaste. — sollozó y sonreí. —Vamos ya. — le contesté.

Nos subimos a un taxi. El ambiente era tenso pero sabíamos que nos debíamos una extensa charla. Quizás para aclarar porqué se había ido, aunque era obvio. Lo que no era seguro era si ella sabía quién era la extraña. Diana sólo había visto a Bella, y la reconoció. Tal vez y porque yo en alguna oportunidad le mostré una foto de ella.

Entramos a su casa y ella sólo corrió hasta su habitación. Se lanzó a la cama y comenzó a llorar encima de la almohada, abrazando a su peluche.

—Me hace mal verte llorar. — me senté a su lado y la acaricié.

—Por favor, Edward. Quédate conmigo. — tomó mi mano.

—Quiero que hablemos, pero si necesitas estar sola un tiempo... puedo irme.

—No, quédate. Hablemos. — se secó el rostro y se sentó en la cama. Sólo tenía su osito en los brazos y las piernas cruzadas.

—Quiero disculparme por no haberte dicho todo, acerca de las cartas.

—Yo sabía que algo andaba mal. Pero jamás creí que podías llegar a hacerme daño.

—Diana, perdón. — acaricié su pierna. — Me siento fatal.

—Sí, bueno... en esa reunión que había en tu casa. ¿También te sentías fatal?

—Te confieso que sí. Pensaba en ti todo el tiempo.

—Ella regresó. ¿Qué va pasar ahora?

—No... no sé.

—¿Vas a volver con ella?

—Diana, yo... soy tu novio.

—¿Aún lo somos? — me preguntó y sentí una puntada en mi pecho.

—Creí que...

—Edward, después de que leí esas cartas algo dentro de mí hizo 'clic'. Algo se rompió.

—Lo nuestro. — murmuré.

—Te amo, estoy enamorada de ti. Lo que siento por ti jamás va a romperse.

—Tú también eres importante para mí. — musité.

—Eso... se nota. ¿Por eso lo hiciste con ella?

—No sabía que era ella. Espera... ¿cómo sabes que Bella es la Anónima?

—Verla en tu casa no es una casualidad. Sólo una mujer enamorada haría eso de las cartas.

—Hace unos días se mostró ante mí. Ella regresó hace un tiempo y empleó las cartas para hacerme saber lo que siente por mí. Quiere solucionar las cosas.

—Está loca por ti. Ustedes fueron novios y yo tengo que entenderlo. — sollozó.

—Diana, nunca quise lastimarte. — no pude aguantar. Las lágrimas de tristeza brotaron.

—Es tarde, demasiado. — murmuró. — Estoy destrozada, Edward.

—Diana, te quiero. — la miré fijamente.

—Si tanto me quieres, ¿porqué me hiciste daño?

—No fue mi intención. No quise hacerlo.

—Lo que tendrías que haber hecho desde un principio fue decirme de las cartas o sólo ignorarlas.

—Senti la necesidad de responderlas y de saber quién era.

—Pero por esa necesidad vas a perderme. — musitó, con sus ojos vidriosos.

—Eso quiere decir que aún no te he perdido. — le respondí.

—Vamos, Edward. Ella está aquí, es obvio a quién vas a elegir.

—¿Elegir? — fruncí el ceño.

—Y sí. Es ella o soy yo.

—Diana, no... no creo que sea conveniente hablar de elegir.

—Claro. — asintió. — Estoy exhausta.

—¿Vas a decirme dónde te habías metido? — le pregunté.

—Estuve dando vueltas por todos lados. Paré en casi todos los hoteles de Boston y antes de que me lo preguntes... escuché tus mensajes. Pero estaba demasiado cabreada como para contestarte.

—Si estás cansada voy a irme, pero antes quiero disculparme una vez más. — me acerqué a ella y le di un beso en la boca. — Adiós.

—Chau. — me contestó y le apagué la luz.

Salí de su casa y encendí un cigarrillo. Caminar un poco y pensar me haría bien. Tal vez pensar en qué iba a suceder con Diana o con Bella. Ella seguramente estaba furiosa conmigo por haberla dejado a la deriva. En pocas palabras había elegido a Diana. Pero sentí la necesidad de ir tras ella porque la que merecía una explicación era mi novia. Bella sólo apareció y quiso solucionarlo todo. Pero las cosas no eran así de simples, había problemas.

Llegué a mi casa y todos los vehículos de mi familia que estaban estacionados fuera, habían desaparecido. Supe que nadie estaba allí cuando entré.

O sí... había alguien. Bella en mi sofá, dormida profundamente.

—Ella se cansó de esperarte. — Alice apareció desde la cocina.

—Debió irse. — le respondí quitándome mis zapatos.

—¿Porqué eres tan malo, Edward?

—Alice, estoy confundido. No sé qué mierda hacer con mi vida y tú me

preguntas porqué soy tan malo.

—Cuando te fuiste, Bella se quedó destrozada.

—Destrozada está Diana.

—Edward, no quiero que te enojes conmigo.

—No, no me enojo. Pero sólo... — alboroté mi cabello. — Creo que voy a dormir.

—Antes de irme quiero que escuches algo. — me dijo y lo miré antento.

Nos sentamos en la mesa de la cocina y sacó su móvil.

"Lo amo. Amo todo de él. Comenzando por su cabello, madre mía, esa textura, esa suavidad, ese aroma. Sus ojos, su perfecta nariz, su boca. Esos labios carnosos y bien definidos, con los cual tantas veces me marcó. Esos besos que aún no puedo olvidar, que no puedo quitar ni borrar. Tantas veces que estuve en sus brazos. Esas noches en las cuales hacíamos el amor y sólo existiamos él y yo. Las peleas, discusiones.

Bella, realmente lo amas. - La voz de Alice. -

Demasiado. Me arrepiento de haberle dado vuelta la cara cuando me buscó. Me arrepiento como una estúpida. ¿Porqué preferí a la mierda de Ryan? Fui tan idiota y estoy tan arrepentida, Alice. No imaginas las ganas que tengo de poder volver el tiempo atrás. Lo tenía para mí. Él estaba entregado completamente y yo preferí olvidarlo."

(2) La voz de Bella. Esas hermosas palabras las estaba diciendo para mí, estaba hablando de mí. Qué dulce y tierna. Ella aún me amaba como la primera vez y estaba enamorada de mí. Yo... ¿lo estaba? Bueno... no quería responder eso. No estaba seguro.

—Qué... linda. — murmuré, alborotando mi cabello.

—Ahora que lo sabes, sabrás qué hacer. — me dijo Alice. — Tengo que irme, cuida a mi mejor amiga. — me sonrió, yéndose.

—Adiós. — le respondí.

Cubrí a Bella con una manta y me fui a mi cuarto. No quería quedarme ahí, la verdad era que estaba cansado y prefería descansar.

Me quedé en calzoncillos y me metí a mi cama. Fuera comenzaba a llover. La noche estaba perfecta para dormir... y pensar.

Bella, hermosa. Enamorada de mí, completamente. Y yo no sabía que hacer. Por el otro lado estaba Diana, destrozada. Dolida por mi estupidez. Y siendo sincero... no quería que ninguna de las dos saliese lastimada. Quizás y la verdad era que Diana llenó de alguna manera ese espacio vacío. No completamente, obviamente. Nunca olvidé a Bella. Dejar de nombrar no es olvidar. Sólo traté de sacarla de mi mente por un tiempo y fracasé, no pude. Ella fue mi debilidad y lo que no sabía era si lo seguía siendo o no.

Me dormí una hora, creo. Sólo eso porque en plena madrugada un estruendoso trueno me despertó. Lo que yo creo es que todo sucede por algo, sólo eso. Tal vez y por algo ese trueno trajo a Bella a mi habitación.

—Ed-Edward. — murmuró, desde la oscuridad.

—¿Bella? — pregunté, encendiendo la luz de mi velador.

—Tengo miedo. — musitó y la miré.

—Hay lugar para ti. — le dije, haciendo más espacio en la cama.

—Gracias. — me sonrió, acercándose.

No imaginé que un trueno traería a Bella... a mi cama. Después de todo, yo extrañaba estar así con ella. Quizás y no abrazados, pero juntos.

—¿Tienes frío? — le pregunté.

—Edward, lo siento. — me respondió.

—Bella, está bien.

—Siento mucho mi actitud de superada y eso. Perdón, me disculpo por todo. — me dijo.

—Creo que en este caso yo te debo la disculpa. Ya sabes... por haberte dejado y haberme ido a hablar con mi novia.

—¿Todo está mal? — me preguntó.

—No, no del todo. Ella... está destrozada. Pero es obvio.

—Es por mi culpa. Al parecer sólo ocasiono problemas y dramas. — me respondió.

—Bella, es mi novia. ¿Sí sabes lo que eso significa?

—Sí, lo sé. Porque estuve en su lugar una vez.

—Entonces debes ponerte en su lugar y pensar en cómo te sentirías si encuentras cartas de tu novio, en las cuales una extraña le dice cosas lindas. Pero que no es una extraña, es su ex novia.

—Mierda. No sabía que ella había encontrado las cartas. — murmuró.

—Sí. Y al regresar y verte... enloqueció.

—Me encantaría conocerla. — musitó y la miré.

—¿Para qué? — le pregunté.

—Me gustaría saber qué tan parecidas somos. Me refiero a que ella es tu actual ahora.

—Sí, bueno. Son distintas, Bella. Ella es rubia, tu no. En el exterior son diferentes pero quizás por dentro sean parecidas. Aunque yo no le encontré parecido contigo en ese lado.

—¿Crees que la enojaría hablar conmigo?

—No lo sé. Ni siquiera creo que sea buena idea.

—Edward, si no te molesta...

—Bella, no. No quiero que estén juntas y menos que hablen. No es buena idea.

—¿Porqué no?

—Porque no, Bella. Sólo... deja de insistir.

—No me hables así. — me dijo y me levanté de la cama. — No me dejes con la palabra en la boca. — ella me persiguió y se puso frente a mí.

—Bella, basta. — suspiré.

Estábamos tan cerca. Alzó su mano y me dio una cachetada. La miré, incrédulo. Tomé esa mano para que no volviese a pegarme y alzó su otra mano. También la tomé, con fuerza. Bella me miraba y yo la tenía agarrada. Su cuerpo estaba pegado a la pared, sus manos estaban aprisionadas entre el muro y mis manos.

Estampé mis labios contra los suyos. La besé, sí, nos besamos. Esa sensación increíble volvía. Pero sentía en mi interior que estaba cometiendo un error.

Alejé mi rostro y nos miramos unos segundos. Fue ahí cuando solté sus manos y salí de la habitación. Ella no me había hablado y yo tampoco pude decir una palabra. Tal vez y porque fue un momento que no requirió voces, sólo movimientos y acciones.

Caminé y di vueltas en mi cocina hasta dormirme. Sí, mi lugar no era el sofá. Pero no sacaría a Bella de mi habitación. Ella ni siquiera había salido después de ese beso. Y yo no sabía qué había cruzado por su mente. Las posibilidades eran dos. Podría haberle gustado o simplemente la había enojado.

En la mañana desperté con un dolor de cuello increíble. El sofá me había afectado y no necesariamente para bien. Como todas las mañanas desperté con una pequeña erección allí abajo. Por ese mismo motivo me cubrí con un almohadón y me metí al baño. No quería despertar a Bella y menos con mi animal al ataque.

Cuando me acerqué a la mesa de la cocina, vi una nota.

"Buenos días, Edward. Espero que hayas descansado bien, yo lo hice. Y por lo de anoche... creo que tienes que explicarme qué fue eso. Me disculpo por la bofetada, lo siento. Y espero que no te moleste que haya tomado el número de Diana de tu.móvil.

Bella."

¿Ella había hecho qué? Bueno, si ella quería hablar con Diana... ya era su problema. Yo le había advertido que hablar con Diana no iba a ser buena idea.

Bella's Point Of View.

No iba a lavarme la boca nunca más. Qué beso más inolvidable y apasionado el de la noche anterior. Qué hermoso, sentir esos delicados labios otra vez. Después de tanto tiempo, después de tantas cosas, Edward me había besado.

Agendé el número de Diana en mi móvil. Quizás había sido mucho atrevimiento tomar el celular de Edward y robar su número. Pero yo necesitaba saber algo de ella. Necesitaba saber a qué o mejor dicho a quién me estaba enfrentando. Y sí, ambas queríamos a Edward. Y yo por ninguna puta razón iba a darme por vencida. Él era el amor de mi vida y a la mierda todo. Tenía que ser mío.

—Y ahora que tengo su número, ¿qué debo hacer? — le pregunté a Alice, sentándome en mi sofá.

—Bella, es tú plan. ¿Quieres reunirte con ella? — me preguntó, sentándose en frente.

—Sí, voy a llamarla. La invitaré aquí. — le sonreí, tomando mi móvil.

—Yo... voy a irme. — me dijo y abrí mis ojos.

—¿Estás loca? Tienes que quedarte aquí, ¿y si ella es una psicópata? ¿Y si quiere matarme?

—Está bien, ¿tengo que presenciar la charla? — rió.

—Puedes quedarte en mi habitación escuchando, con Lola. — le guiñé el ojo.

—Ok. — asintió.

Alice me produjo bien. Jean, camiseta y zapatillas. Sí, no quedaba muy bien el calzado. Pero yo me sentía cómoda. Tampoco era un súper look ni mucho menos, pero me sentía linda.

—Hola. — murmuré, cuando contestó mi llamada. Su voz era muy de niña, muy linda.

—¿Quién habla? — me preguntó.

—Bella. — le respondí. Un silencio incómodo se apoderó de la llamada.

—¿Qué... porqué motivo estás llamándome? ¿Cómo conseguiste mi número?

—Te llamo porque me gustaría hablar contigo en persona. Si no es molestia.

—Es que... ¿de qué tenemos que hablar tu y yo? Ni siquiera te conozco.

—Creo que si vienes a mi apartamento podemos conocernos mejor.

—Dime tu dirección. — me dijo y le sonreí a Alice.

—Oracle Rd. 129. — respondí.

—Estoy cerca, enseguida llego. — me dijo y colgué.

Nos miramos con mi mejor amiga y saltamos juntas. Era mi oportunidad para hacerle saber a Diana quién era realmente yo. Nadie, absolutamente nadie sabía cómo era yo cuando quería algo. Y ¿porqué no hacérselo saber?

Cuando golpearon la puerta, Alice se metió en mi habitación con Lola. Yo sin miedo, abrí.

—Hola. — esbocé una media sonrisa educada.

—Diana. — me tendió la mano y me sorprendió su amabilidad.

—Bella. Por fin nos conocemos. — la tomé.

—Lo mismo digo. — me respondió y me aparté de la puerta para que entrase.

Le cedí lugar y le dije que se pusiese cómoda. Quizás no era mi mejor amiga pero merecía comodidad y buenos tratos de mi parte.

—No tengo mucho tiempo, será mejor que apuremos la charla. — me dijo sentándose donde Alice había estado un rato antes.

—¿Quieres algo de beber? — le pregunté y negó con su cabeza. — Bien, quiero disculparme.

—¿Por regresar y haberle volado la cabeza a Edward? — me preguntó con ironía.

—Sí, exactamente por eso. — le guiñé el ojo. Ella era muy brava.

—Muy bueno lo de las cartas, por cierto. Eso deterioró nuestra relación por completo. — me dijo y alcé mi ceja.

—Bueno... su relación no significó mucho para él. — le respondí. — Yo sólo volví por él, para recuperarlo.

—No tienes el camino libre, te aviso. — me contestó. — Yo estoy con él y lo amo.

—Sí, aunque no creo que lo ames tanto como yo. Nosotros estuvimos mucho tiempo juntos y creo que él no me olvidó.

—Creo que sí te olvidó. Al menos lo disimuló bien todo el tiempo. — me dijo con sarcasmo y ahí supe que Diana no era ninguna tonta. Era muy viva, y mala si quería serlo.

—Diana, no quiero que esto sea una pelea ni mucho menos. Sólo quiero dejarte en claro una cosa.

—Te escucho. — me dijo.

—Amo a Edward, quiero que eso te quede bien claro. Y haré lo que sea, ¿me estás escuchando? — le pregunté con mi mandíbula tensa. — Haré lo que sea para que estemos juntos otra vez.

—Bueno, tú debes saber que yo tampoco voy a darme por vencida. Estoy muy enamorada de él, y no quiero perderlo. — me contestó.

—Entonces no sé qué va a pasar. Aunque siendo sincera, lo que yo siento es más fuerte. Tú y él no vivieron nada comparado a lo nuestro.

—Puede ser. — asintió. — Pero yo no estaría tan confiada, Bella. — me dijo.

—Lo amo, tenlo en mente. — le contesté.

—Claro. — rió. — Tengo que irme.

—Conoces la salida. — le respondí tajante, sin mirarla siquiera.

—Adiós, suerte con eso que dijiste. — se levantó, me rozó y salió.

Maldita, ella sí que era atenta. Sabía de lo que hablaba y se mostraba segura. Yo traté de hacerlo pero en momentos me sentía cohibida. Estar frente a la actual novia de tu amado no es fácil. Y menos si no es como tú creías que era.

—¡Ardilla! — exclamé, recostándome en el sofá.

—¿Ya se fue? — me preguntó abriendo un poco la puerta.

—Sí, por suerte. — le respondí cuando se sentó frente a mí.

—Bella, fuiste muy dura con ella. — murmuró Alice.

—¿Dura? — fruncí el ceño. — Ella no es ninguna tontita. ¿Escuchaste cómo me contestaba la cretina?

—Sí. Todos en la familia creíamos que era una santa pero está comprobado que no. Aunque, Bella, tengamos en cuenta que ella también va a luchar por el amor de Edward.

—Lo sé. Por eso tengo que hacer algo y rápido. Lo buscaré, hablaré con él y veremos qué sucede.

—Yo voy a vestirte. — me animó Alice.

—Pensaba ir así no más. — le contesté.

—No, claro que no. — me retó.

De a empujones me metió en mi habitación. Me colocó una camiseta blanca y encima una camisa de jean. Pantalones ajustados y zapatillas. Me había impresionado. Yo creí que Alice iba a colocarme un vestido y todo a lo grande como ella lo hacía. Pero no, fue por el lado de lo simple, lo tranquilo.

—Voy a comprar comida china, algunas películas y helado. — le dije a mi mejor amiga.

—Será una linda sorpresa para él. Ambos tendrán una linda noche. — me animó.

—Sí, eso espero. — sonreí. — ¿Podrías prestarme tu coche por esta noche? — le pregunté.

—Claro, ¿tú puedes prestarme tu apartamento? — me guiñó el ojo.

—No quiero que ni tu, ni Jasper, traumen a mi perrita.

—No, tranquila. — me palmeó.

Salí en su coche y encargué la comida para Edward y para mí. Llegar de sorpresa era una buena idea. Comprar unos bombones y alquilar películas románticas, también era una genial idea.

Mientras esperaba la comida china, recordé el día en el cual nos pusimos de novios oficialmente.

Él, la cita en el barco, esa velada inolvidable, única. Edward se había encargado de hacerlo todo perfecto, tan pefecto que jamás me lo podría olvidar. Hasta recordaba que habíamos hecho el amor de una manera... increíble. Y si hacía un esfuerzo más, sentía su respiración en mi lóbulo. Recordaba ese momento con claridad. Él recorriéndome de pies a cabeza. Marcando cada sector de mi cuerpo como suyo, apropiándose de mí. Y lo que yo creía en ese momento era que sería para siempre. Pero no, la vida y el destino nos lo había puesto difícil. Y las vueltas de la vida nos reencontró un día, pero al tiempo buscó la forma de separarnos.

Altibajos y problemas, dramas, discuciones, quejas. Pero habíamos pasado por eso y aún así no estábamos juntos. ¿De qué había servido todo lo que habíamos hecho el uno por el otro? Al parecer de nada. Porque cada uno había tomado caminos distintos, alejados. Él había conseguido, por así decirlo, otra novia. Me había reemplazado y lo entendía, porque en parte yo había hecho lo mismo. No oficialmente, porque no me casé con Ryan. Pero de alguna manera, sí.

Lo olvidé, decidí olvidarlo. Mi familia, si es que podía llamarla así, me había dado ese empujón que necesitaba para sacarlo de mi mente para siempre. Pero fui más fuerte, lo que sentía por Edward se fortaleció. Estar alejados durante meses me hizo dar cuenta de muchas cosas. Me hizo dar cuenta de lo mucho que valía él. Y que no tenía que perderlo, que tenía que luchar por él, que teníamos que estar juntos.

Bella — 22.14

Estoy nerviosa y estos malditos cocineros no se apuran con la comida.

Alice — 22.16

Manten la calkahs, amsiha.

¿Qué carajo significaba eso?

Bella — 22.17

No entendí muy bien, Alice. ¿Es alguna clase de código?

Alice — 22.19

Estou con Jaosl. No es nongjn código.

Bella — 22.20

Estás asustándome. Voy a llamarte.

Marqué su número en mi celular y me comuniqué rápido con ella.

—Bella, ¿qué sucede? — me preguntó con su respiración agitada.

—¿Qué sucede contigo? ¿Todo está bien? — le pregunté, presionando el móvil a mi oreja. Quizás hacer eso me ayudaría a escuchar mejor.

—No... demonios. No puedo hablar ahora, Bellaaa. — madre santa, eso había sido un gemido.

—Oh, mierda. Lo siento.

—Bella, déjanos follar en paz. — eso fue lo último que escuché. La voz de Jasper.

—A-Adiós. — corté, con mucha vergüenza.

Yo había interrumpido la sesión de sexo de Alice y Jasper. Me sentía fatal por un lado, pero por el otro divertida. Había sido genial interrumpirlos, quién sabe qué chanchadas estarían haciendo. Aunque... dejaría de imaginarme cosas, o la que terminaría traumada sería yo y no mi cachorra.

Aparqué frente a la casa de Edward y me puse muy nerviosa. Sinceramente me comía las uñas de las ansias que tenía de estar cerca de él. Tal vez y porque no pasábamos un rato tan cercano y a solas hacía mucho tiempo.

Golpeé su puerta y cuando apenas abrió, esbocé una sonrisa de oreja a oreja.

—Comida china. — le dije, mostrándole las cajitas con comida.

—Tú no eres lo que ordené. — me sonrió.

—No lo soy, pero creo que no me rechazarás esta rica cena. — le hice una mueca de tristeza.

—Claro que no, adelante. — me respondió y pasé por su lado. Plantándole un casto beso en su mejilla.

Quizás el detalle que completó mi noche fue ver la manta que le había enviado como la Anónima, estaba tendida en su sofá. Me lo imaginaba cubierto con ella y me entraban ganas de comérmelo a besos.

—Traje algunas películas. — le dije, dejando la cena en la mesa.

—Si quieres puedes ponerte cómoda en el sofá, enseguida llevo la comida. — me contestó y asentí.

Antes de sentarme, puse una película en el dvd. Era una de terror. No iba a mentir, quería que él me abrazace y eso, pero no fue así. Se sento a mi lado, sí, pero no me abrazó ni nada. Comimos y bromeamos, puedo jurar que por un momento pareció todo normal, todo como antes. No parecía que entre nosotros hubiese problemas.

—Extraño estos momentos. — murmuró y me alboroté. Él... había dicho que... extrañaba.

—¿De... a qué te refieres? — le pregunté, acomodando mi cabello, nerviosa.

—Las noches como estas. En las cuales veíamos películas y esas cosas. Donde sobraba el cariño. — me respondió y quise llorar. Esos recuerdos tan lindos.

—Sí, las recuerdo. Edward, todo, absolutamente todo eso está aquí. — toqué mi corazón.

—Yo me encargué de que todo esté allí. — musitó.

—Hiciste un excelente trabajo. — reí.

—Quiero... disculparme por lo de anoche. — me dijo y fruncí el ceño.

—Si te refieres al beso... a mí no me molestó, Edward. Fue exactamente lo que estaba esperando. Y quizás suene mal, pero es la verdad. También siento lo de la bofetada. — me mordí el labio inferior.

—No imaginas, Bella, no tienes idea de lo mucho que quiero besarte. — murmuró, alborotando su cabello.

—No te prives de hacerlo, sólo... hazlo. — me acerqué a él. Me coloqué frente a su rostro y cerró sus ojos.

—No... no puedo. — murmuró y nos miramos.

—Edward, quizás y... si lo haces puedes sentirte mejor o... — me calló. Me besó... dulcemente. Eso era lo que estaba esperando con ansias. Con ganas carcomí su labio inferior. No sabía si era lo correcto, pero era lo que deseaba. Sin soltar su cuello, lo rodeé con mis piernas por su cintura.

—Bella... — jadeó, acariciando mi cabello.

—Lo siento. — dejé de besarlo pero me quedé encima de él.

—No quiero que... esto se vaya de tema. — me dijo y noté de lo que él hablaba. Sexo.

—No estaba pretendiendo eso... — esbocé una media sonrisa.

—Sé que no... pero, — antes de que terminase de hablar, la puerta fue golpeada. — ya vengo. — me sonrió.

Qué hermoso que era. Esa sonrisa tan preciosa, esos gestos que enamoraban. Todo él, todo era perfecto. Hasta su barba. Qué tontería, de pequeña no imaginé que así sería estar enamorada. Jamás imaginé que así sería el amor.

—¡Me amenazó! Edward... — ¿Qué? ¿Qué eran esos gritos? — ¡Me dijo cosas horribles! — Diana.

Sólo me levanté del sofá, imaginándome lo peor. Ella en sus brazos, diciendo mentiras.

—Bella, no puedo creerlo. — murmuró Edward, mirándome como si fuese un jodido insecto.

—¿Crees que yo...? ¿Qué pasa contigo? — le pregunté, alterada.

—Diana, deja de llorar. — le dijo él a ella y yo la asesiné con la mirada.

—¿Porqué te haces la pobresita? ¡Mentirosa! — me acerqué a Diana, muy cabreada. — Qué asco me das. — la miré de piez a cabeza y salí.

No iba a negar que tenía ganas de llorar. Quizás y por eso lo hice apenas puse un pie fuera de la casa de Edward. Rompí en llanto, sólo recordé a la maldita de Diana, mintiendo. Tenia demasiada impotencia.

—¡Bella! — no, no esta vez. Edward corrió detrás de mí.

—No. — me solté de su agarre. — Regresa, la mentirosa te está esperando.

—Bella, no hagas esto. — me dijo, tomándome por la cintura.

—No, tú no lo hagas. — sollocé.

—Me destroza verte así. — murmuró, secándome las lágrimas.

—Estoy herida. — me alejé y me miró incrédulo. — Es todo. — murmuré y me di la vuelta. Seguí con mi rumbo.


Queda sólo ún capítulo para ponerle fin a esta historia. ¿Qué creen que va a suceder?

Gracias por leer.

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Espero que les haya gustado. Me gustaría saber qué opinan :)

Anbel.