Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación.
Playlist.
(1). Christel Alsos - Found.
(2). Iko - Heart of stone.
(3). Girls, girls, boys - Panic! At the disco.
(4). Never let me go - Florence and the machine.
Disfruten.
Edward's point of view.
(1) ¿Es todo? ¿A qué se refería? No, no, estaba totalmente en blanco. No podía correr tras ella y no podía regresar a por Diana. Tenía una jodida laguna en mi cabeza.
—
—¡Bella! — exclamé, y ni siquiera volteó. — ¡Perdón! — caer de rodillas al suelo no es muy favorable. — Soy un idiota, un idiota. — sollocé.
—Hermano, ven aquí. — ¿Qué hacía Emmett allí? Trató de levantarme.
—¿Qué haces aquí? — le pregunté, recomponiéndome.
—Levántate, vamos a dentro. — me dijo.
Cuando entré, no vi a Diana. No me tomé la molestia de preguntarle a él si sabía a dónde se había ido ella. Me sentía mal, me sentía la peor mierda del mundo. 'Estoy herida', esas palabras de Bella me destrozaron por completo. Me debilitaron y me dejaron sin fuerzas.
—La perdí, para siempre. — murmuré, sentándome en mi sofá. Apoyando mis codos en mis piernas.
—No digas eso, hermano. No puede estar repitiéndose la misma historia. — me palmeó.
—En vez de creerle a ella... le creí a Diana. Y no sé cuál de las dos dice la verdad, demonios. — maldije.
—Juro que no entiendo nada. Ir de pasada y ver a tu hermano llorando en la senda no es simple. — bromeó.
—Diana, eso pasó. Llegó llorando, diciendo que Bella la había amenazado y esas cosas. Lo peor era que Bella estaba aquí conmigo.
—Qué problema. — musitó.
—No sé qué hacer. No sé a quién buscar, no sé nada. — bufé.
—Quizás debas ir tras quien te importe más y te haga sentir mejor.
—O quizás deba rendirme. — le respondí.
—O quizás debas irte a descansar. — se puso de pie. — Espero que estés mejor en la mañana. Siempre estaré, hermano. — me abrazó.
—Hasta mañana. — sonreí.
Entré a mi habitación y vi a Diana rendida en el suelo. Llorando, con todo su maquillaje corrido, destruida.
—Diana, no sabía que estabas aquí. — le dije, alzándola.
—Yo... yo... — tartamudeó, sentándose en mi cama.
—Estoy... cansado. Demasiado. — le dije, quitándome la sudadera.
—Perdón, perdón, perdón. — lloró desconsoladamente.
—Tranquila, ¿qué pasa? — me senté a su lado y la abracé.
—Lo siento, lo siento. — murmuró, acariciando mi rostro.
—Explícame, no sé de lo que me estás hablando. — le contesté.
—Lo hice por amor. — sollozó.
—No... no entiendo. — volví a decirle.
—Mentí, Edward, mentí. Pero fue porque te amo. — lloriqueó y alcé mi ceja.
—¿Bella decía la verdad? Ella jamás te amenazó, ¿verdad?
—No, no, jamás lo hizo. Dije mentiras porque te amo y porque no quiero perderte. — susurró.
—Diana, no... ¿estás hablándome en serio? ¡Debí creerle! — bufé, poniéndome de pie.
—Perdón, Edward. ¡Perdón! — se arrodilló en el suelo y me tironeó las piernas.
—Diana, sólo... suéltame. — me alejé.
—¿Puedes escucharme un segundo? — me preguntó, entre llantos.
—No lo puedo creer. — caminé por la habitación. — ¿¡De qué quieres hablar, Diana!?
—No me grites. — murmuró y me senté en la cama.
—Sólo... dime lo que me tengas que decir ahora. — le dije y se sentó frente a mí.
—Esto... está mal. Lo nuestro está deteriorándose. Esto se acabó. — sollozó y la miré fijamente.
—Está bien, ya no somos nada. Y esto me duele, demasiado. Pero más me dolió la mentira. Te creí, Diana, te creí.
—Es que... fue por amor.
—Por amor, esa es tu excusa. — le respondí.
—Espero que puedas ser feliz sin mí, Edward. — me sonrió y esbocé una media sonrisa. — Siempre soñé con que estaríamos juntos para siempre, pero fue sólo un sueño.
—Yo espero que continúes con tu vida y que recuerdes todo lo que juntos vivimos. Pero olvídame, será lo mejor. — acaricié su mejilla.
—Sí, estaré bien. — sonrió.
—Serás fuerte. — tomé su mano.
—¿Ves esta sonrisa? — me preguntó y asentí. — Es falsa. ¿Ves estos ojos? — parpadeó. — Están aguantando lágrimas. Mis labios dicen que estoy bien, pero estoy destruida. — murmuró.
—No... por favor. — la abracé.
—Dicen que la vida sigue después de una ruptura. Pero... a veces la vida no sigue. Sólo pasan los días.
—Solo... quiero que te quede clara una cosa. Fuiste muy importante para mí, Diana. Realmente ocupaste un lugar especial en mi vida.
—Yo estoy enamorada de ti, muy. Te amo, como una tonta. Pero es difícil seguir cuando mi mente me dice... renuncia. Y mi corazón me pide a gritos, un último intento.
—Yo... no puedo seguir. No puedo. — le contesté.
—Estaré bien. — se levantó y se acomodó el cabello. — Siempre lo estoy.
—¿Te vas?
—Sí. — sonrió. — De corazón, deseo que seas muy feliz con ella. O con cualquier mujer, quiero que seas feliz.
—Te llevaré hasta tu casa. — le dije y sonrió.
—Ni lo sueñes. Ya no somos nada, no tienes porqué hacerlo. — abrió la puerta. — Adiós, Edward. Fue... hermoso tenerte en mi vida. Te amaré aunque no estemos juntos. — sonrió nuevamente, entre lágrimas.
Cuando se fue, yo lagrimeé. Yo estaba mal por ella y por haberle puesto fin a nuestra relación. No quise decirle nada para no hacerla sentir tan mal. Pero en ese instante me di cuenta qué clase de persona era. Hermosa, tierna, conmigo. Y mala, deshonesta, con Bella. Y ser así con ella, era serlo conmigo.
Tantas cosas que habíamos pasado Diana y yo. Y ahora ya no estábamos juntos, ya no éramos más que dos desconocidos con recuerdos en común. Iba a extrañarla, sí. Olvidar esas noches, tardes, días que pasab junto a ella no iba a ser simple.
En la mañana, todo se sentía extraño. Me sentía quizás... un poco más sólo. En la casa había un silencio terrible, raro.
Después de darme una refrescante ducha y vestirme, tomé mi móvil.
Phil — 11.24
Hola, amigo. ¿Cómo estás? Hace mucho tiempo que no te pasas por el bar.
Edward — 11.25
Phil, siento estar tab distraído con eso. Perdón. Tengo miles de cosas en la cabeza. No es para que te preocupes, pero estoy algo bajoneado.
Phil — 11.27
Si necesitas hablar con alguien... sabes que estoy. No me molestaría que vengas al bar y bebamos algunas copas.
Edward — 11.30
Me daré una vuelta pronto.
(2) Salí a caminar y a despejar mi mente por la plaza. De alguna manera tenía que distraerme. Pero no pude evitar llegarme hasta el apartamento de Bella. Necesitaba pedirle una disculpa muy grande, necesitaba explicarle.
—¿Bella? — golpeé la puerta. — Si estás ahí, ábreme, hablemos. — insistí. Cuando escuché que la cerradura era forzada para abrirse, sonreí.
—Ella no está aquí. — me dijo Alice, con sus ojos húmedos.
—¿Dónde está? — le pregunté.
—La pregunta es, ¿cuánto daño le hiciste para que no esté? — sollozó, esquivándome y yéndose.
¿Qué? ¿Yo era el culpable? Sí. Bella, no podía estar pasando lo mismo. Entré a su apartamento y al no verla en la sala, corrí hasta su habitación. Armario vacío, todo prolijo y nada de ella.
Las ganas de llorar se apoderaban de mi pecho. Tenía un nudo ahogado en mi garganta, mis ojos húmedos, mi estómago tenso.
—Bella... — sollocé, arrodillándome en el suelo. — No... no puede ser. — me cubrí el rostro con ambas manos y lloré.
Ella era todo lo que yo necesitaba y no pude decírselo. Era por ella que yo seguía de pie, porque Bella había regresado. Y por preferir hablar con Diana y haberle creído, la había perdido por segunda vez. Y tenía un jodido presentimiento de que sería para siempre, ese era nuestro final. Ese adiós, ese todo se fue al carajo.
La había perdido definitivamente, al igual que a Diana. Todo era una mierda, yo lo era. Así me sentía, una real mierda que no supo aprovechar su oportunidad. Ella había partido y sin saber lo que yo sentía realmente. Y al parecer nunca iba a saberlo, nunca. Porque ya era tarde, lo hecho estaba hecho. Yo volvía a tropezar y a dar un paso equivocado. Ya nada me quedaba, ya no encontraba motivo para seguir.
Llamé a la única persona que podía ayudarme y darme una solución confiable y segura. Llamé a mi hermano.
—Es... para siempre. Ella se ha ido. — murmuré, cerrando la puerta y saliendo a la calle.
—Edward, no puedo oírte así de mal. Estoy cerca de la plaza, ¿puedes venir? — me preguntó.
—Claro, llego en unos minutos. — le contesté y colgué.
Con mis ojos llenos de lágrimas, llegué a donde estaba mi hermano sentado. En una banca debajo de la sombra de un árbol. El sol golpeaba fuerte y era bueno estar cubierto.
—Hermano. — se puso de pie y me abrazó bien fuerte. — No puedo verte así. — me fregó la espalda.
—Es todo. — sollocé, en su hombro.
—Edward, tienes que ser fuerte. — me tomó por los hombros. — Jamás te vi tan mal por una mujer. — nos sentamos en la banca.
—No... no es cualquier mujer. Es la de mi vida, necesito estar con ella. — cubrí mi rostro.
—Quizás el destino no está marcado de esa forma. Quizás y... no deban estar juntos. — murmuró y fruncí mis labios, soportando esas duras pero tal vez reales palabras. — A lo mejor... ella no es la que la vida quiere para ti.
—Quizás no. Pero yo sí la quiero, la quiero. — musité.
—Hermano, no siempre lo que se quiere es lo mejor.
—¿Crees que no es la mejor para mí? — le pregunté.
—Es muy buena, es increíble como persona. Pero quiero decir que quizás y no es lo mejor para ti, no te hace bien.
—Estos últimos tiempos me hizo mal. Sí. Pero, ¿porqué tirar los buenos momentos a la basura? ¿Porqué no salvarlo todo?
—No quiero ser duro contigo, pero ya es tarde. — me respondió. — Todo va a estar bien. — me abrazó.
—No quiero que sea demasiado— tarde. Quiero tenerla en mis brazos, quiero darle todo el amor que no le di estos últimos tiempos. — murmuré.
—Eddie, ya... basta. Tienes que hacer algo para distraerte. No puedes seguir tan mal.
—No... no creo que este malestar se me vaya a pasar rápido. — le respondí.
—Un viaje, ¿no pensaste en eso?
—No creo que un viaje sea la solución.
—Hermano, puedes pensar y aclarar todo en tu mente viajando. Es... lo mejor que puedes hacer.
—Voy a pensarlo después de... darme una vuelta por el bar. Espero que nos hablemos más tarde. — me puse de pie y me despedí de él.
—Suerte. — me dijo y sonreí.
Mientras encaminaba, pensé en Alice. En que ella debía estar furiosa conmigo, cabreada. Lloró frente a mí por su mejor amiga y yo como un idiota no hice nada. Al igual que Alice estaba yo, destrozado por la partida de Bella. La segunda vez que nos dejaba, pero ésta vez había sido mi estúpida culpa. Cuando tuve la oportunidad no supe aprovecharla. Había preferido creerle a Diana, yo la había dejado en segundo plano por ella. Y ambas no eran más que mis ex's novias. No eran más que mujeres que habían estado incondicionalmente para mí, en momentos difíciles. O simplemente mujeres de las cuales me había enamorado. Pero a decir verdad yo... no me había enamorado de Diana. ¿Eso significaba que no la quería? Claro que no.
—¡Amigo! — me saludó Phil, de llegada al bar.
—Phil. — me acerqué y lo abracé. — Tanto tiempo sin verte. — reí, entrando.
—Tenemos que ponernos al día. — bromeó, sirviendo cerveza para ambos.
—Claro. — asentí.
—¿Y Diana? — me preguntó sentándose frente a mí. — La salvadora, como le digo yo. — bromeó y esbocé una media sonrisa fingida.
—Hoy en la madrugada... se acabó lo nuestro. — le dije, bebiendo.
—Eso... que mal. Lo siento. — apartó la vista, incómodo.
—Veníamos de mal en peor, todo estaba roto. No fue una sorpresa.
—¿Ella te rompió el corazón? — me preguntó y sonreí.
—Podría decirse que sí. Pero la verdad es que Bella me lo rompió, y yo a ella y... la necesito.
—¿Y porqué no estás con Bella?
—Porque se fue, no está más.
—Digamos que... te quedaste sin el pan y sin la torta. — bromeó y alcé mi ceja.
—Siempre quise a Bella, no fue 'quedarme sin'. Siempre, siempre fue ella. Jamás podría ser otra.
—No tengo mucha experiencia en el amor, asi que... no puedo aconsejarte demasiado. — me sonrió.
—Dejemos de hablar de mí. Cuéntame de tu novia, ¿cómo va eso del embarazo?
—Bueno. — bebió. — Estamos muy felices, demasiado. Aunque el presupuesto no nos dé aún para construir la habitación... pronto vamos a ver qué hacer. Lo que ya sabemos es que será un niño, un hermoso niño. En las ecografías se observa una cosita pequeña por el momento pero... irá creciendo. — me contó, emocionado.
—Qué ansioso suenas. — lo palmeé. — Estoy feliz por ti. Y si necesitas algo sólo dímelo, algo con lo que pueda ayudarte.
—Bueno, hay algo que me gustaría pedirte. — me dijo y asentí. — Estaría bueno quedarme y hacer horas extras para poder tener más ingresos... ya sabes.
—No es necesario. — ladeé mi cabeza. — Un aumento te vendrá bien.
—¿En-en serio? — me preguntó.
—Sí. No hay problema con eso. — le respondí.
—Edward, gracias. Miles de gracias. — me tendió la mano y en vez de tomársela, lo abracé.
Él era un buen tipo. Se notaba. Era sincero, simpático, buen amigo. Uno de fierro. Con el cual podía contar en todo. Me escuchaba, aconsejaba, y si tenía que decirme la verdad me lo decía. En eso era muy parecido a mi hermano. Buscaban la forma de hacerme sentir mejor.
Antes de ir a mi casa, decidí darme una vuelta por la casa de Jasper. Alice seguramente se encontraba allí, y yo le debía una disculpa. A ella también necesitaba explicarle mi error, la confusión.
Aparqué frente a la casa de mi amigo y bajé con mucho temor. No sabía cómo iba a reaccionar Alice si me veía. Las opciones eran dos. O me cacheteaba, o hablaba conmigo.
—¿Qué hay? — saludé a Jasper cuando atendió.
—Todo en orden, hace mil que no te veía. — me palmeó.
—Sí, es verdad. — sonreí.
—Estaba pensando en que hoy a la noche podríamos salir todos juntos. — propuso.
—Suena... bien.
—Todos... nosotros. Ya sabes. Sé lo que pasó con Diana y también sé que Bella ya no está. — frunció sus labios.
—Uhm, sí. — miré hacia otro lado, incómodo. — ¿Está Alice?
—Sí, ella está acostada.
—Quisiera hablar con ella.
—Adelante. — me sonrió y entré.
Me dirigí a su habitación y entré sin pedir permiso. Si yo hablaba antes de entrar, Alice no iba a querer hablar conmigo.
—¿Podemos hablar? — le pregunté y se dio la vuelta. Asesinándome con la mirada, se puso de pie.
—¿Qué haces aquí? — me preguntó, cabreada.
—Vine a pedirte disculpas y quiero aclarar algunas cosas. — murmuré.
—¡Vete de aquí! — me gritó y pegué un salto. El tono de su voz aguda no era muy... tranquilizante.
—Alice, por favor. — le dije y alzó su ceja.
—Voy a escucharte por educación. Habla ya. — me dijo y me senté en la cama. Ella resignada se sentó en frente.
—Bella se fue, por mi culpa. — musité. — Yo le creí a Diana cuando era ella misma la que mentía. Y estoy demasiado arrepentido. Imagínate, pude estar con ella y no. Ahora...
—Ahora ninguna de las dos está. — terminó la oración.
—Perdón. — murmuré.
—Todo estaba yendo de maravilla, Edward. Habíamos recuperado la amistad verdadera que teníamos, pero tú jodiste todo. Siempre estás tú, jodiéndolo todo. — se puso de pie.
—No me digas eso. — le respondí, dolido.
—Es la verdad. — salió de la habitación, dejándome sólo.
No hice más que irme de la casa de Jasper. No tenía nada más que hacer ahí después de esas duras palabras de Alice. Ella me había tratado de lo peor. Me hizo trizas, literalmente. Podía estar enojada y todo lo demás. Pero no podía decirme esas cosas. No lo había hecho a propósito.
Llegué a mi casa y me recosté hasta dormirme. Necesitaba descansar aunque sea unas horas. Necesitaba poner en blanco mi mente, aunque fuese imposible, lo intenté.
Cuando la noche cayó y vi los mensajes de mi madre en mi móvil, la llamé.
—¿Cómo están todos? — le pregunté.
—Te extrañamos hijo, demasiado. — me respondió con su tono maternal.
—Yo también. — reí.
—Sé por todo lo que estás pasando y mi consejo es que seas fuerte, hijo.
—Es fácil decirlo, pero es difícil estar en mi lugar. — le contesté.
—Sé que lo es. Espero que estés mejor. Lo ideal sería que hagas un viaje. — me dijo y recordé que mi hermano me había dado el mismo consejo.
—Estuve pensándolo, pero no sé. ¿A dónde iría?
—A algún lado, Ed. Lejos. ¿Qué tal Brasil?
—¿Brasil? — fruncí el ceño.
—Es un lugar alejado y nadie te hinchará las bolas. Como dices tú.
—Mamá. — reí. — Pensándolo bien, sí. Me borraré del mapa por unos días. — le contesté con seguridad. — Aunque... pensaré si quiero ir a Brasil. No lo sé, no me llama la atención.
—Fue una sugerencia, cariño. Espero verte pronto. — me dijo y colgó.
Me di una ducha y le envié un mensaje a Jasper.
Edward — 22.35
¿Sigue en pie lo de salir esta noche?
Jasper — 22.36
Claro. Aunque Alice prefiere quedarse en casa. Emmett, Rosalie y yo, sí queremos salir.
Edward — 22.37
¿Vas a dejarla sola?
Jasper — 22.40
Voy a convencerla, que es distinto.
Edward — 22.42
Ok. Los veo en el lugar nuevo en una hora.
Jasper — 22.45
Linda noche nos espera. ;)
(3) Solté el móvil por un rato y me metí en mi ordenador para comprar el pasaje. Salía bastante caro viajar a Brasil, pero ¿qué más daba? Nunca me daba gustos así. No me vendría mal un viaje. Me convencí de la idea de que la vida es una sola y tenía que vivirla. No podía estar fijándome o pensando si era lo correcto.
Me vestí bien casual porque no tenía muchas ganas de llevar pantalones incómodos y eso. Muy casual para la noche pero me sentía cómodo.
Cuando se hizo la hora de ir a 'Kiss', la nueva discoteca cercana del centro, me monté en mi coche.
De llegada, el lugar explotaba. Estaba lleno de gente por fuera, todos esperando a que el nuevo lugar abriese. Me fue difícil encontrar a los muchachos, pero al cabo de unos diez minutos, pude ver a Rosalie.
—Al fin. — les sonreí cuando me acerqué.
—Era hora, sólo faltabas tú. — bromeó Rosalie, abrazándome.
—Hermano. — me palmeó Emmett.
—Qué bien luces. — reí, mirando a Jasper.
—Gracias, gracias. — me respondió él, teatral.
—Alice. — le di un beso en su mejilla y me ignoró completamente.
—Mejor entremos ya. — animó Rosalie, saltando.
Yo no entendía porqué todos se habían vestido tan casuales. Pero en carteles leí que era noche de espuma. Por lo tanto... nos ensuciaríamos.
—Quiero decirles que esta noche es la última que pasaré en Boston. — les dije a todos, bebiendo tequila.
—¿Porqué? — me preguntó mi hermano, asustado.
—Estuve pensando mucho lo de hacer un viaje y dije, ¿porqué no? Voy a borrarme por unos días.
—Suena bien. Necesitas un relax. — aprobó Rosalie.
—Entonces... — dijo Jasper. — ¡A beber!
—¡Eso! — celebró Emmett y reímos.
La primera ronda de cerveza se adueñó de la barra. Alice había perdido su cara de enojada y se alborotaba con Rosalie. Bailaban, saltaban y jugueteaban con sus novios. Bueno, marido y mujer en el caso de mi hermano. Se seducían y yo estaba como... ¿qué carajo hago aquí? Pero con otra ronda de tragos, me solté. Bailé entre la multitud y me mojé hasta el trasero.
La espuma estaba fría, pero no me di cuenta porque hacía calor. Quitarme la sudadera y exhibir mi torso al comienzo no había sido buena idea. Ya que las mujeres se acercaban y me toqueteaban. Yo no les decía nada porque estaban ebrias y yo un poco más, así que me resultaba divertido.
—¡Qué bueno está esto! — celebró Jasper, derramando vino espumante en mi hermano.
—¡A la mierda! — gritó Emmett, quitándose su camiseta también.
—Qué rico. — rió Rosalie, besando todo el torso de su marido.
—Ven aquí. — le dijo él, alzándola y besándola apasionadamente.
La sentó en la barra y la besó como si fuese el último beso de toda su jodida vida. Qué ganas tenía yo de hacer lo mismo con Bella. Sólo ella faltaba ahí. Pero tenía que olvidarme, jamás volvería a verla. Como se estaban dando las cosas, jamás volveríamos a estar juntos. Era sólo parte de mi pasado. Y tenía que aceptarlo.
—¿Dónde está Jasper? — me preguntó Alice.
—Creí que estaba contigo. — le respondí y volteamos para la multitud.
—Demonios. — maldijo cuando lo divisó entre un grupo de mujeres.
—Alice, ven aquí. — la tomé del brazo.
—Yo lo traigo. — me contestó, enojada.
—Yo... iré. — le contesté cuando vi que las mujeres lo tocaban.
—Malditas zorras. — maldijo soltándose y yéndose en su dirección.
Les avisé a Emmett y a Rosalie. Corrimos hacia ese sector y todo fue un desmadre. Alice estaba abofeteando a una chica rubia, y Jasper no podía separarla.
—¡Alice! — Emmett que es más robusto la sostuvo en el aire. — ¡Suéltala ya!
—¡Hija de puta! — pataleó ella en el aire. — ¡Es mío! — exclamó forcejeando con mi hermano.
—Tranquilízate. — le dijo Rosalie, calmándola.
—¡Zorras! — les gritó a las mujeres.
¿Cuál fue el resultado de esa pelea? Nos sacaron de la discoteca. Terminamos todos sentados a un lado de la calle, ebrios.
—Lo siento. — lloriqueaba Alice, pidiéndonos perdón.
—Tranquila. — reía Rosalie.
—Por mi culpa nos sacaron. — le respondió.
—Fue una buena noche. — celebró mi hermano y todos lo miramos.
—Me di cuenta de cuánto me amas. — le dijo Jas a Alice.
—Sí, cretino. Estabas rodeado de mujeres y tuve que ir yo a poner orden. — le dijo ella y el sonrió.
—Te amo, te amo. Yo hubiese hecho exactamente lo mismo. — la besó. Se recostaron a un lado y se besaron un laaargo rato.
—No me olvidaré de esta noche. — sonreí, abrazando a Rosalie.
—Espero que no te olvides de nosotros. — me besó la mejilla.
—No me voy para siempre, tonta. — le respondí.
—Espero que seas feliz. Y también espero que tu felicidad no dependa de ninguna mujer nunca más.
—Hasta hoy mi felicidad depende de Bella. Pero bueno... quizás eso cambie algún día.
—¡Tal vez! — rió a carcajadas mi hermano y lo miramos.
—¿Qué te sucede? — le preguntó Rosalie.
—Estoy... ebrio. — balbuceó.
—Será mejor que nos vayamos. — le sonreí.
Cada uno terminó en su casa, destrozado en su cama. Estaba exhausto y hablaba idioteces. Así que... ¿qué mejor que dormirme? Deliraba con Bella y con Diana. Las tenía en mi cabeza y me imaginaba... cosas.
En la mañana, muy temprano. Preparé mis maletas. Volqué en ellas casi toda mi ropa. Calzados, pantalones, sudaderas, trajes, todo lo que necesitase. Estaba seguro de lo que iba a hacer. Un viaje, un viaje sólo. Volaría por unas cuantas horas y a decir verdad... no me agradaba la idea de irme completamente sólo. Pero si estaba soltero, ¿qué debía esperar? ¿A quién debía esperar? Ya no habría nadie ahí para mí.
—Hola, mamá. — le dije por teléfono cuando contestó.
—Hijo, ¿cómo estás? — me preguntó.
—Estoy listo. — le respondí.
—¿De qué estás hablando?
—En una hora me voy a Brasil.
—¡Hijo! — exclamó. — Tenemos que despedirte, dios. Enseguida estaremos todos en el aeropuerto. — me colgó y ni siquiera me dejó decirle A.
Apagué todas las luces y me despedí de mi casa. No la vería por un tiempo o quién sabía... tal vez y no regresaba nunca más. No sabía qué iba a hacer de mi vida aún.
Me subí a mi coche y conduje con muchos nervios. Dejaría Boston, la ciudad en la cual habia vivido... miles, miles de cosas hermosas. Amigos, mujeres, familia, Bella. De todo, ella había sido lo mejor. Lo especial. ¿En pocas palabras? La que me había marcado.
Llegué, los vi a todos esperándome y... los ojos se me llenaron de lágrimas. Tenía una increíble familia, amigos que valían la pena.
—Edward. — mi padre me abrazó tan fuerte que lo sentí en mi alma. — Voy a extrañarte, hijo. — murmuró ahogado en mi oído.
—Papá, ¿estás llorando? — lo tomé por los hombros. — Papá, no te quiero ver así. Quiero irme contento.
—Espero que vuelvas pronto. — me dijo y reí.
—Todavía no me he ido.
—Y tal vez no te deje ir. — sollozó Esme, besándome en la frente.
—Mamá. — musité, acariciando su cabello.
—Cariño, todos te amamos y vamos a extrañarte. — se secó las lágrimas y se refugió en mi padre.
—Tontito, espero que te portes bien y nos envíes mensajes. — Rosalie manipuló mis mejillas.
—Claro que voy a hacerlo. — besé su mano.
—El marica nos abandona. — bromeó mi hermano, palmeándome.
—El marica se va a Brasil y tú te quedas. — reí, abrazándolo.
—Los dos son unos maricas. — me dijo Jasper.
—¿Sí? — le pregunté. — Adiós, amigo. — lo palmeé.
—Quisimos que Phil y Bruce estuvieran aquí pero ellos se encontraban ocupados. — me contó.
—Qué mal. — le contesté.
—Bueno... un avión está esperándome. — les sonreí.
—Me falta despedirme. — me dijo Alice, por detrás.
—Hey. — le respondí.
—Espero que seas muy feliz. Te quiero y olvida todo lo malo que te dije. — me abrazó y lloró.
—Gracias. — le sonreí, desde el fondo de mi corazón.
—¡Adiós a todos! — les exclamé, cargando mis maletas.
—¡Te amamos! — mi madre.
(4) Avancé por entre la multitud y llegué al check in. Se demoraron bastante para revisar mi equipaje y mi cuerpo. Estaba nervioso y ansioso. Sólo recordaba que la última vez que me había subido a un avión había sido con Diana. A Chicago, en busca de un abogado para Emmett. Tantas cosas habían pasado en Boston. Tantas palabras dichas, tantos lindos encuentros. Cenas, salidas, bromas, disgustos. Y por todo eso habíamos pasado los Cullen. Y decía 'Los Cullen', porque éramos una familia y todo lo que le pasaba a uno, lo sentía el resto. Me sentía mal por no haberme despedido de Sharon. La pequeña niña que más de una vez me había dado su opinión y siempre tenía razón. Pero lo que ella tenía que saber era que yo la amaba, mucho. Me llevaba miles de recuerdos.
Cuando iba rumbo al avión, me detuve para acomodarme la ropa y escuché que alguien me nombró. Me bastó voltear.
—¡Edward! — Bella venía corriendo hacia mí. — ¡Edward!
—¿Qué? — me pregunté en voz baja. — No puede ser.
—Edward. — cuando llegó a mí, me abrazó. Abrí mis brazos y la recibí.
—Por favor, Edward. — lloró desconsoladamente, tomándome por el rostro. — No... no te vayas.
—Bella... no sé qué decir. — le respondí, con mis ojos entumecidos.
—Perdón. — murmuró.
—Yo soy el que tiene que disculparse. — le respondí, acariciándole el cabello.
—No, no, no. Deja de sentirte mal porque yo soy la única que estuvo mal y que tiene que disculparse.
—Bella... fue todo tan confuso que... ya no sé.
—Llámame egoísta, pero quiero que seas mío para siempre. Sólo mío. Te amo, Edward.
—Bella, también te amo y, y...
—Déjame decírtelo todo. No aguanto un jodido segundo más. — se acercó a mi rostro y me clavó la mirada. — Mi corazón se estremece al verte, Edward. Y ahí es cuando reconozco lo frágil que soy ante ti. Te necesito en mi vida, sin ti no puedo vivir. Quiero verte brillar y quiero estar contigo allí. Confío en ti, te respeto, te admiro por la gran persona que eres y no sólo conmigo, con todos. Conozco tu pasado, tus secretos, tus errores, todo. Pero jamás te juzgaría, porque sé que tú tampoco lo harías. — sollozó, acariciando mi mejilla. — Y sé que no me necesitas para vivir, pero sin embargo quieres que esté en tu vida. Y lo sé porque yo también siento lo mismo y te necesito. No pude sustituirte y tú sé que tampoco pudiste. Llámame tonta, pero sé que es así. Edward, haces que me ponga nerviosa, que me sienta extraña, que haga tonterías, me dejas sin palabras y no puedo dejar de mirarte. Pasamos tantas cosas juntos que no quiero olvidarme de todo lo que hiciste por mí. Y si no quieres verme más, si no quieres que esté en tu vida... sólo dímelo. Sonreiré, asentiré y daré media vuelta. Haré como que nada paso y no es sólo un decir, es lo que haré. — apoyó su frente contra la mía y derramó lágrimas.
—Quise olvidarte, pero siempre supe que eres la persona en todo el universo que puede hacerme feliz. — la miré tan profundamente que me sentí en otra dimensión. — Pero no, Bella. No. — le respondí. En un suspiro ahogado, parpadeó.
—Adiós. — me contestó. Bajando sus brazos y alejándose de mí. — Definitivamente adiós. — me besó la mejilla y encaminó en sentido contrario.
Me bastó un segundo para dejarla dar otro paso. Mi corazón estaba latiendo a mil por hora y mis piernas temblaban.
—¡Sí! Bella, ¡sí! — le grité y volteó con sus ojos llorosos. — ¡Te amo y quiero que estemos juntos! — frunció todo su rostro y corrió hacia mí. La esperé con mis brazos abiertos y la besé. — Porque te amo y porque me haces el hombre más feliz del mundo quiero estar contigo. Porque me volviste a enamorar aún cuando te consideraba una extraña. — la miré fijamente. — Descubrí gracias a ti lo que es el amor y lo débil que puedes ser estando sin tu amada. Supe que sin ti, Bella, no puedo vivir. No puedo mantenerme de pie porque te necesito. Siempre te necesito. Estoy tan enamorado de ti que no sé cómo explicarlo. Eres hermosa, perfecta, y si es necesario... te enamoraría todos los días. Porque lo hice una vez, traté de enamorarte y fallé. Pero ya no quiero fallar contigo porque no quiero que haya cosas mal entre nosotros. No soportaría otra vez todo lo que nos pasó. — ahora yo lloraba y la abrazaba.
—Volvamos a intentarlo y si fallamos hagámoslo juntos. Es más que obvio que nos necesitamos y demonios, estoy locamente enamorada de ti. Perdón por no actuar bien a veces, casi nunca lo hago pero sé que con mis errores y estupideces me amas igual. ¿Sabes cómo lo sé? Me pasa lo mismo por ti. Te amo con todas tus cosas y no quiero amarte sólo ahora. Quiero amarte siempre, para siempre. Porque si queremos que esto funcione, funcionará mientras haya amor y confianza. Cosa que nos sobra.
—Tengo tantas ganas de gritarle al mundo cuánto te amo. — le respondí, besándola. Nuestros labios volvían a encontrarse después de tanto tiempo. Volvía a sentir de una vez por todas la calidez y humedad de su boca. La suavidad y la textura de sus finos labios. Podía enredar mis dedos en su cabello nuevamente. — ¡Amo a esta mujer! ¡La amo! — exclamé, ella se ruborizó y miró a su alrededor.
—¡También amo a este hombre! — gritó con timidez. Las personas nos miraban enternecidas. —No creí que fuesemos a estar juntos otra vez, Edward. — murmuró y la miré atento. — ¿Sabes? — me preguntó. — Creí que te perdería para siempre. — sollozó. — Pero traté de ser fuerte y de luchar por ti. El amor que sentías por mi no podía irse tan rápido, el olvido no era una posibilidad. Al menos no lo era para lo que yo sentía por ti. Te recordé todas las noches, Edward. Soñé contigo, te soñé en mis brazos, prendido a mis labios. Y que esto esté sucediendo... parece una pesadilla que se convirtió en sueño y también parece un cuento de princesas. Aunque ellas me parezcan estúpidas... siento que soy tu princesa y tu eres mi príncipe. Y no azúl. Porque luchaste por mi y te volviste de todos los colores. — me besó.
—Prométeme que no volveremos a estar separados ni alejados nunca más. — le pedí.
—Nunca más. No soportaría tenerte lejos una vez más. Mi débil corazón no aguantaría ese golpe. — acarició mi mejilla y curvé mis labios.
—El mío... sinceramente aguantó lo peor. Perderte. Y que sucediese eso otra vez... sería terrible. Hagamos lo posible por que no vuelva a pasar. — besé su frente.
—Edward, esto no será como en las películas. No será un cuento de hadas, no s enfrentaremos a muchas cosas estando juntos. ¿Lo sabes?
—Lo sé. Me sentí perdido cuando estaba perdiéndote. No hay nada peor por lo que pasar. — le sonreí
—¿Juntos? — me preguntó.
—Juntos. — le respondí.
Después de todo lo que habíamos pasado, cada uno por su lado... estábamos juntos. Sufrir, llorar y estar lejos el uno del otro, había sido fatal. Pero el destino así lo había planeado. Por fin yo sentía que la vida valía la pena, tenía sentido nuevamente.
NOTA DEL AUTOR IMPORTANTE.
Este es el final de "The Turns Of Life". Igualmente continúa con su epílogo. Porque claro, habrá segunda parte. Aún no tengo fecha de publicación para la segunda parte ni mucho menos. Todavía estoy terminando con esta primera parte y voy a tomarme un tiempo para desarrollar la segunda parte.
Espero que les haya gustado esta historia. Gracias por el apoyo, en serio, muchísimas gracias.
No quiero irme sin antes decirles que se unan al grupo de facebook. Ahí voy a poner noticias de esta segunda parte. Es el único lugar en el que voy a "contar", más adelante, de qué va a tratar, nombre y demás. Allí también voy a responder preguntas, dudas y todo lo que deseen saber... con gusto se los voy a responder.
En el grupo voy a publicar los capítulos de mi próxima historia, "A Lot Of Reasons To Mourn". Espero que les guste también.
Muchisimas gracias, Anbel. :*
