Capítulo 3
Atlántida, antes de que el tiempo se contara, cuando la tierra y los mares tenían otra forma.
"Usagi no corras, si te caes papá descubrirá que nos salimos del templo y lo vamos a lamentar"
Gritaba un niño a su rubia hermanita mientras descendían corriendo una enorme e iluminada pirámide.
Y mientras caía la noche, la acrópolis entera encendía sus luces azul acuoso, pues los habitantes habían aprendido a obtener energía para la ciudad de la naturaleza, Andrew y Usagi se alejaban de la pirámide que más bien era el gran tempo dedicado a Poseidón Dios de los mares, padre y fundador de la Atlántida, pues fueron los 10 hijos que tuvo con una mortal a la cual llevo a aquella gran isla a los que les brindo sabiduría y fortaleza para crear la sociedad más avanzada que se haya conocido jamás.
La gran isla estaba dividida en 10 ciudades circulares, comenzando por la ciudad central que era un enorme círculo en medio de la isla rodeado por un río de agua dulce y conectado a la siguiente ciudad por majestuosos puentes, las demás ciudades eran enormes franjas de tierra que rodeaban la ciudad central y divididos cada uno por un río de agua dulce, en realidad la Atlántida era tan grande que bien se puede considerar como continente.
Siglos de prosperidad les permitieron a los Atlantas inventar vehículos voladores, avances médicos, aprendieron también a vivir en armonía con la naturaleza, a predecir con exactitud eventos geológicos y astronómicos, desarrollaron la estética e igualdad a su máxima expresión, a cambio levantaron grandes monumentos y un templo en la ciudad central en honor a Poseidón y realizaban retiros espirituales para aprender a honrarlo.
Precisamente en uno de esos retiros se encontraban Andrew y Usagi hijos del gobernante de la Atlántida, que no era otra que Arodasi su madre, que había obtenido este título no solo por derecho, sino por decisión unánime, pues los atlantas eligen entre los descendientes de Poseidón a quien desean que los guíe, cuando Usagi convenció a su hermano de que la llevara a la ciudad 10 a ver el mar, pues desde que tenía uso de razón estaba enamorada del mar, le encantaba escuchar el choque de las olas, sentir la brisa, oler esa libertad le llenaba el corazón a cualquier hora, pero en la noche era cuando el espíritu del mar la llamaba con más fuerza, sin embargo al llegar ahí por alguna razón solo podía ver la luna, quedaba hipnotizada por el astro de plata, con el romper de las olas al compás de los latidos de su corazón.
Por ser descendiente de Poseidón y por disposición de su padre, el jefe de defensa de la isla, Usagi vivía en la ciudad central y aunque se encuentra a una distancia muy considerable del mar, los vehículos coladores le permitían llegar en solo minutos, por esta razón era fácil escaparse con su hermano hasta la ciudad 10 sin ser descubiertos, o al menos ellos así lo creían, claro que sus padres los sabían, el amor que ella sentía también lo habían tenido muchos de sus ancestros y ellos esperaban que al menos uno de sus hijos lo heredara, ya que amar el mar es la forma más pura de venerar a Poseidón no existía motivo para prohibirlo.
Usagi utilizaba todos los argumentos habidos y por haber para convencer a su hermano de que la llevara, un día era llevar ofrenda, otro visitar un amigo, la siguiente noche la culpa era del insomnio, algunas veces retaba su valentía para desobedecer órdenes, esta ultima en particular era la que mejor le funcionaba, otras tantas solo se dedicaba a halagarlo y abrazarlo hasta que aceptara, en realidad no importaba el método Andrew lo hacía porque la quería y así fue cada día sin falta hasta que cumplió 12 años y la enseño a manejar un vehículo volador que no era otra cosa que una capsula de energía con base de metal negro ionizado y atraída desde su destino magnéticamente, el vehículo era controlado por una consola que activa las placas al final del camino y de igual forma mide la distancia y velocidad, sin duda alguna una forma muy inteligente, segura y rápida para viajar, el campo de energía evita que cualquier objeto entre en la cabina y la ley física que habla de que los polos igual se repelen resuelve los problemas de rutas cruzadas, pues al acercarse una base a otra la fuerza de repulsión provocará un descenso acelerado de la velocidad y por supuesto detendrían el vehículo antes de colisionar con otro, claro esto aunado al estabilizador gravitacional con el que están equipados y que permite un frenado manual para casos de emergencia, porque si de algo están seguros los atlantas es que no existe la totalidad absoluta, por lo que es mejor en una sociedad en la que todo funciona a la perfección prevenir para lo impredecible, pero volviendo al tema de vialidad, las rutas predeterminadas específicas y únicas aseguraban la integridad de los peatones, bueno no hace falta mencionar que la palabra contaminación nunca existió en su vocabulario, en fin la frecuencia con la que Usagi viajaba hacia el mar continuó por 10 años, hasta que conoció a Mamoru.
Aquel parecía que iba a ser un día normal, la rubia había terminado temprano sus actividades y se dirigía como siempre a la ciudad 10 a contemplar el mar, sin embargo aquella tarde de primavera la playa no estaba sola, en su lugar un joven que parecía estar cubierto de papeles, tantos que a cada paso que daba dejaba alguno en el camino, iba de un lado a otro con impaciencia, rascándose la cabeza y hablando consigo mismo al tiempo que veía un documento lo desechaba y pasaba al siguiente.
"No este no cuadra con la escenografía natural, no demasiado ostentoso, no, no tiene ningún significado, mmmm a este le falta algo, ¡por Dios que es esto! en qué momento diseñe algo así, definitivamente necesito algo con más vegetación, construcciones varios metros del mar podrían funcionar…." (Habla el joven en voz alta.)
Y así hubiera seguido de no haber escuchado una sonora carcajada detrás de él, pues estaba tan concentrado que no advirtió la presencia de la joven que había llegado y lo observaba entretenida.
"¿Siempre eres así?" (le pregunto entre risas Usagi)
Mamoru al darse cuenta de la situación en la que se encontraba rió.
"No, generalmente soy más calmado, hola soy Mamoru"
"Usagi, y entonces que es lo que te tiene así"
"Veras soy arquitecto y me encargaron construir cabinas para monitorea y vigilancia en esta costa, pero aún no elijo cual diseño hacer y eso no es todo solo tengo 2 semanas"
"bueno ahora veo porque hablabas sin parar, pero creo que si te calmas y observas más el panorama y menos los papeles pronto se te ocurrirá la mejor opción"
"Si, creo que tienes razón"
"Además a mí me gustó la última idea, claro podemos hacerle algunos cambios"
"¿A sí? ¿Cómo cuales?
Y desde ese día siguieron encontrándose y paseando en la playa, pronto pasaron las dos semanas y Mamoru con la ayuda de Usagi eligió construir estatuas gigantescas de sus antepasados varios kilómetros mar adentro, de tal forma que dependiendo de la marea solo fuera visible de la cintura para arriba, en las cabezas se localizaba la cabina desde la cual se podía observar ya sea el mar abierto o la Atlántida, pues los monumentos eran capaces de girar en cualquier dirección.
Cuando la construcción culminó Mamoru se mudo a la ciudad central y los viajes de Usagi al mar fueron disminuyendo, meses después se casó con Mamoru, construyeron su propia casa, su madre la nombro su mano derecha y consejera vial de la ciudad central, pues con tantos viajes llegó a convertirse en toda una experta en rutas y vehículos, era tan feliz, todo era perfecto, el tiempo paso y un día se olvido del mar, aún se sentía atraída hacia él, pero su corazón había elegido amar a Mamoru con todas sus fuerza y ese día en que su corazón ya no se sentía dividido recordó a su alma gemela a Endymion, ahí estaba junto a ella, él lo sabía todo, la había encontrado, amado y esperado pacientemente a que lo reconociera, jamás se podrá explicar con palabras la alegría que sintió en ese momento, pero su felicidad fue corta pues Poseidón no pudo soportar compartir el corazón de Serenity con Endymion e invadido de celos hizo estremecer el mar con su furia lanzando monstruosas olas contra la Atlántida con la intención de hundirla para siempre, sin embargo Serenity estaba protegida por el trato que Endymion entablo con Enlil y alrededor de la ciudad central de la acrópolis se formo una capa protectora, una especie de cúpula transparente indestructible e impenetrable que permitió la supervivencia de la ciudadela en el fondo del mar, pero los dioses son caprichosos y si bien Serenity conservaba la vida esta de nada le servía, su corazón estaba hecho pedazos Endymion no se encontraba en la cúpula, se había ahogado, se había ido llevándose su vida con él, no, no era necesario buscar, unos segundo antes de que la cúpula se sellara las últimas palabras de Endymion retumbaron en sus mente, en su corazón.
"Nos vemos en la siguiente vida"
Ante estas palabras corrió desesperada hacia la cúpula, pero nada podía hacer, la tristeza la invadió ahora solo era un cuerpo sin alma, utilizo todas sus fuerzas de diosa para salir de la cúpula y se ahogo.
