"Porque yo entiendo."

Mihara Emiko


-5- Recuerdos, Olvidos y Confesiones


Por leves momentos había creído que hacer aquello le daría más calma y hasta un poco más de confianza... Pero ahora Draco solo podía pensar que de alguna manera, Neville podría estar tratando de ayudarlo solo para conseguir vengarse de lo que su familia le había hecho a sus padres y a él.

El rubio dio una vuelta más debajo de sus sábanas, cerrando los ojos con fuerza y apretando sus dientes hasta que sintió una puntada de dolor en sus oídos. Suspiró con fuerza contra la almohada, dándose la vuelta una vez más, quedando boca arriba. Clavó la mirada en el techo de la cama adoselada y luego miro a los lados. Sus cortinas, de un verde oscuro con cordones plateados, estaban cerradas, pero podía escuchar los molestos ronquidos de Goyle y hacía un buen rato desde que dejara de escuchar a Theo pasar la página de su libro, por lo que suponía ya se había ido a dormir.

"Ahora." se dijo a sí mismo y se levantó despacio, sin hacer ruido. Corrió apenas las cortinas y miró hacia afuera. Todas las camas tenían las cortinas cerradas.

Draco pareció dudar unos segundos, pero terminó saliendo, no solo de su cama, sino del cuarto. Recorrió el pasillo despacio, vistiendo la túnica negra del colegio sobre su pijama blanco de seda. Traía su varita en el bolsillo y caminaba cruzado de brazos para tratar de no sentir frío. Cuando por fin llegó a la sala común, sacó su varita para encender un fuego en la chimenea y empujó el sillón en el que siempre se sentaba para que estuviera más cerca del fuego.

El rubio soltó un suspiro al dejarse caer con poca elegancia sobre el sillón y comenzó a mirar el fuego, dejando que su mente comenzara a divagar y pronto comenzó a recordar esos recuerdos que no le pertenecían y poco a poco comenzaron a llenar su mente de nuevo.


Nada podría haber preparado a Draco para lo que estaba a punto de ver. Sintió como su cuerpo flotaba y giraba en el aire, sumergiéndose en un mundo alejado del baño del segundo piso de Hogwarts. Tuvo que cerrar los ojos para no marearse, como cuando se aparecía o usaba los polvos Floo.

Cuando el rubio volvió a abrir los ojos estaba de pie en medio de una calle bastante transitada. Miró a los lados, buscando a Neville porque era su recuerdo. No tardó en verlo: estaba de pie junto a una anciana, esperando para cruzar la calle. Tenía ropa normal y no traía ninguna túnica. No estaba tan alto como ahora y su cabello estaba algo más largo... Debía ser algo sucedido el año pasado, ¿quizás?

Draco esperó a que el león se moviera para comenzar a seguirlo. Algo en esas calles le resultaba familiar, pero no terminaba de darse cuenta de en qué lugar estaban... Hasta que vio el almacén. Luego de cruzar la calle, la anciana entró primero y luego Neville. Draco se apresuró a entrar detrás del león antes de que la puerta se cerrara porque, aunque podía atravesar las cosas por ser un recuerdo, era una sensación desagradable.

Miró un poco alrededor, notando que no había demasiada gente en el recibidor del Hospital San Mungo, pero enseguida tuvo que correr para no perder de vista a Neville. Subió las escaleras detrás del león y la anciana, hasta el cuarto piso. La anciana se dio la vuelta y habló:

-Espera aquí, Neville. Déjame entrar a mí primero.- pidió y recibió apenas un asentimiento.

Neville se sentó en un banco, apoyando la cabeza en la pared, cerrando los ojos para soltar un suspiro. Draco se quedó un rato de pie, cruzado de brazos, simplemente mirando al león, preguntándose porqué de todos los recuerdos en los que podría haber caído, tenía que ser una aburrida visita al hospital. Juraba entre murmullos que si estaban esperando para ver a Potter, no volvería a intentar meterse en la mente de nadie... pero, ¿para que esa anciana querría ver a Potter? El rubio solo suponía que esa mujer debía ser la abuela de Neville -no lo admitiría, pero recordaba ese horroroso sombrero por la estúpida clase de DCAO de tercer año-.

Pasaron los minutos y Draco terminó sentándose junto a Neville, también mirando el techo. Luego de un rato, el león bajó el rostro, apoyando los brazos en sus rodillas, casi hundiendo la cabeza entre sus hombros. La nueva posición llamó la atención de Draco y se quedó observándolo un rato, como si algo le dijera que Neville estaba a punto de llorar y no podía adivinar porqué.

-Ya puedes entrar, Neville. Iré a tomar un té.- indicó la anciana, señalando hacia arriba y Draco supuso que iría al salón de té del quinto piso.

-Está bien, abuela.- sonó por fin la voz del león, pero se escuchaba mucho más profunda y apagada de lo que Draco recordaba alguna vez haberla oído.

El rubio miró a la anciana irse antes de seguir a Neville dentro de la sala en la que su abuela había entrado antes. Era una sala bastante aburrida: cuatro o cinco camas. Algunas al final rodeadas de cortinas blancas, como el resto del cuarto. Había un tipo acostado en una cama con una planta horriblemente deshidratada en la ventana y más al centro, Draco creyó reconocer a un hombre rubio de gran sonrisa, pero no estuvo seguro de dónde. En algún momento Neville había caminado por entre las camas hasta el fondo de la sala y el rubio se apresuró a seguirlo.

Había un hombre alto y de cabello castaño de pie junto a una ventana, mirando con ojos perdidos. En la cama cercana había una mujer de cabello igualmente castaño, aunque desarreglado. Parecía estar jugando con un trozo de papel brillante, tal vez de alguna golosina.

Draco no entendía que podía tener que hacer Neville o su abuela en ese lugar.

La mujer se puso de pie repentinamente y Neville se acercó un poco más, pero sin decir nada o siquiera tocarla. Solo se quedó de pie junto a la cama mientras la mujer daba pasos pequeños, hasta la pared y luego dando la vuelta, caminando de nuevo a la cama. Los pasos eran algo tambaleantes y arrastraba los pies al caminar. Finalmente quedó frente a Neville y como el hombre que seguía en la ventana, los ojos claros de la mujer se posaron en él, pero Draco notó que no parecían estar mirándolo de verdad. Ella levantó la mano, con el papel de golosina y luego de unos segundos Neville lo tomó despacio.

-Gracias, mamá.- murmuró el chico con una sonrisa leve, pero sin recibir ninguna respuesta de la mujer, que continuaba mirándolo con una expresión perdida en el rostro.

Draco creyó por unos instantes que no podría volver a ver al león a los ojos luego de presenciar esto, pero pronto el hospital se desvaneció a su alrededor y él mismo giró algunas veces hasta cerrar los ojos al notar que estaba cruzando a otro recuerdo.

Cuando Draco abrió los ojos de nuevo, se encontró en un salón oscuro y circular, con grandes escalinatas y un marco con una cortina en el centro. Pestañeó un par de veces para tratar de enfocar la vista cuando las luces se prendieron repentinamente y entraron corriendo Neville, junto con Potter, Weasley, Granger, la hermana de Weasley y una chica rubia de la que no recordaba el nombre, pero que reconocía por estar entre los chicos que él y la Brigada Inquisitorial había capturado a final del quinto año.

-¡Cuidado!- escuchó gritar a Potter y por reflejo se arrojó al suelo, aun cuando nada de lo que fuera a pasar ahí podía dañarlo.

Escuchó y vio volar maldiciones sobre su cabeza y como unas sombras negras volaban alrededor del cuarto, golpeando uno por uno a los chicos. Potter llegó al centro del cuarto y todo se hizo silencio repentinamente. Draco se volvió a poner de pie y fue entonces que se dio cuenta que solo a unos pasos de donde él estaba, su tía sostenía a Neville del cabello, clavándole la varita en el cuello. Miró más allá y pudo ver como otros adultos que él conocía sostenían a los Weasley, a la chica rubia y a Granger. El único libre era Potter...

-Dame la profecía, Potter.- escuchó una voz familiar y al girarse para ver el centro del cuarto, Draco pudo ver a su padre, pidiéndole algo al niño-que-vivió.

-¡NO LE DES NADA, HARRY!- gritó Neville de la nada y antes de que Draco pudiera mirar al león, su tía lo había empujado al suelo:

-¡CRUCIO!- gritó Bellatrix y Neville soltó un grito desgarrador al recibir el maleficio, retorciéndose en el piso, mientras la bruja se reía como una maniática.

Draco dio varios pasos atrás y terminó cayendo de espaldas cuando toda la superficie del recuerdo tembló, tal vez porque la mente de Neville no tenía esta parte del recuerdo muy clara por el dolor del Cruciatus... Cuando todo regresó a tener un poco más de firmeza, Draco se levantó y vio que su tía había frenado el maleficio y aunque Neville tenía los ojos cerrados, supo que no estaba inconsciente porque de ser así, el recuerdo se hubiera desvanecido por completo.

-¡Dame la profecía, Potter!- repitió Lucius, ahora gritando y Draco escuchó esta vez la voz de Weasley gritar que no se la diera.

El rubio Malfoy se giró para ver como su padre sacaba su varita, pero de la nada apareció una luz blanca a sus espaldas y un hombre golpeó a Lucius en el rostro, diciendo algo de que no lo dejaría tocar a su ahijado. Pronto el cuarto se volvió un caos otra vez. Como las sombras negras antes, esta vez fueron varias luces blancas las que recorrieron el salón y los hechizos y maleficios volvieron a dar vueltas por el salón.

Draco trató de seguir a Neville, que en algún momento en medio del caos, se había levantado y corrido hacia un lado. Draco no tardó en ver a la chica rubia de antes y a la hermana de Weasley, peleando más adelante. También creyó ver a Moody y al hombre lobo, Lupin, un poco más atrás... Neville terminó bajando las escaleras, para ayudar a Potter al parecer, pero de un momento a otro Draco volvió a sentir que el recuerdo temblaba y comenzaba a desvanecerse. Miró a Neville dentro del recuerdo y lo vio tropezar, rompiendo una esfera que Potter le había arrojado. No parecía inconsciente, así que el recuerdo no se estaba quebrando por eso.

-Se está despertando.- habló Draco y todo a su alrededor comenzó a girar y sintió el suelo bajo sus pies con un golpe. Sin siquiera pensarlo dio algunos pasos atrás, alejándose del león que continuaba dormido. El baño a su alrededor no había cambiado en nada. Solo habían pasado algunos minutos desde que utilizara el Legerimens -¿Qué se supone... que haga ahora?- se preguntó a sí mismo, chocándose con los lavabos a sus espaldas.

No podía enfrentar a Neville ahora. Simplemente no podía. Draco cerró los ojos para suspirar y tratar de pensar... por suerte se había vuelto bueno con esto de dejar mensajes escondidos.


El desayuno pasó sin ningún problema para Neville. Después de la pócima que Madame Pomfrey le dio la noche anterior, estaba como nuevo y sabiendo que esa tarde podría encontrarse con el rubio Malfoy, le había regresado considerablemente el apetito. Se sirvió una enorme taza de café con leche y se acercó un plato repleto de masas dulces y biscochos. Antes de volverse a sentar miró hacia la mesa de las serpientes y sonrió apenas al notar que Draco estaba sentado entre Crabbe y Goyle, discutiendo al parecer con Parkinson.

"Espero que no le esté diciendo que pregunté por él o me asesinará..." pensó un poco nervioso cuando su mirada se cruzó con la del rubio y este enseguida dio vuelta el rostro.

Neville se sentó y comenzó a tomar su desayuno, tranquilo, porque era sábado y con el partido de Quidditch en la tarde, no tendrían clases de aparición ese día.

-Cof, cof.- escuchó repentinamente una tos fingida y al levantar la mirada de su taza se encontró con Harry, sentado a su lado. Neville pestañeó un par de veces, confundido por la presencia del niño-que-vivió tan cerca suyo, pero más extrañado aún de que no estuvieran Hermione y Ron cerca.

-Harry... Buen día.- lo saludó y el moreno asintió primero con su cabeza, antes de responder el saludo:

-Hola Neville.- habló despacio, apoyando el brazo en la mesa para acomodarse de costado en el banco, para poder mirar al chico más detenidamente -No te he visto mucho últimamente.- comenzó la conversación.

-Creo que he estado mucho tiempo en la biblioteca.- sonrió Neville. Definitivamente, poco a poco comenzaba a mentir mejor -Aunque para mi mala suerte, no parece funcionar demasiado porque me ha ido pésimo en el examen de McGonagall.- explicó, porque recordaba que Harry estaba cerca de donde Seamus y él estaban luego del examen de ayer, así que podría haber escuchado como el chico irlandés trataba de animarlo.

-En la biblioteca.- repitió Harry, con un tono un poco sorprendido -Yo hubiera jurado que ayer te vi en el segundo piso, cerca del baño de Myrtle.-

Muy bien, si Harry estaba tratando de pescarlo en la mentira sin haberlo visto... Nah, eso era improbable. Lo había visto.

-Me atrapaste.- murmuró Neville con un tono algo nervioso, bajando la mirada levemente -He estado visitando a Myrtle últimamente... Luna me pegó la costumbre de hablar con los fantasmas y Myrtle es bastante divertida si le das la oportunidad.- trató de explicar.

Harry lo miró fijamente, con una ceja levemente arriba. Por instantes Neville creyó que el moreno lo acusaría de traidor, pero al final de cuentas, el chico de ojos verdes soltó un suspiro cansado.

-Me tenías preocupado.- admitió Potter y Neville lo miró sin entender -No estés demasiado tiempo con Myrtle o te pegará lo psicópata.- le advirtió porque aunque no quisiera admitirlo, él mismo conocía demasiado bien a Myrtle luego de la ayuda que le había dado en el Torneo de los Tres Magos.

-Anotado.- asintió Neville.

-Nos vemos en el partido.- saludó Harry, poniéndose de pie.

-Ah... El partido... no... No voy a ir.- murmuró y de nuevo recibió una mirada extrañada de Harry.

-¿No vas a ir?- repitió el moreno y Neville sonrió a medias:

-Tengo un compromiso esta tarde. Lo siento.-

En el instante en el que Harry estaba a punto de abrir la boca para decir Merlín sabía que cosa, Luna apareció al otro lado de la mesa:

-Buenos días.- saludó la rubia sentándose como si fuera su mesa -en realidad, pasaba más comidas en la mesa de los leones que en la de los cuervos-.

-¡Ah! ¡Hola Luna!- le regresó el saludo Neville, aliviado de que la chica apareciera en el momento indicado, como siempre.

-¿Listo para esta tarde, Neville?- preguntó la Ravenclaw con una de esas sonrisas suaves, dejando una copia de El Quisquilloso sobre la mesa.

-¡Se-Seguro!- respondió el león con una sonrisa y Harry pareció deducir que el compromiso del que Neville había hablado era con Luna, porque cuando el león se giró a tratar de dar la explicación que finalmente se le había ocurrido, el niño-que-vivió ya no estaba por ningún lado.

-Parecías en problemas.- habló Luna y Neville volvió a mirarla -Te vi desde mi mesa con mis Spectropecs y pude ver que tenías miedo de lo que Harry te estaba hablando.- le explicó, señalando las extrañas y coloridas gafas que tenía en la cabeza, poniéndoselas de nuevo y mirándolo -Ahora estás tranquilo.- aseguró.

-Tienes razón, como siempre.- suspiró Neville, bebiendo lo que quedaba de café con leche en su taza -Ah... Luna... yo...-

-Ahora estás nervioso de nuevo.- lo interrumpió la rubia -¿Me tienes miedo, Neville?- le preguntó, inclinando su cabeza a un lado, como un gato.

-¿Eh? No, no es eso.- le dijo enseguida -Es que... no voy a ir al partido.- dijo bajando la mirada -Lo siento.-

-¿Por qué te disculpas? Ya sabía que no ibas a ir al partido.- aseguró y Neville la miró sin entender -Myrtle me lo dijo.-

Neville se quedó helado y Luna simplemente tomó un biscocho, quitándose los Spectropecs para comer. El león se quedó mirándola sin saber que decir. En realidad, no estaba seguro de que era lo que Myrtle le había dicho a la Ravenclaw. No podía mentir o quedaría en una peor situación.

Además, no quería mentirle a Luna.

-No tienes que explicarme nada si no quieres, ¿sabes?- le sonrió Luna y Neville pareció despertar de su discusión interna -Somos amigos y estaré lista para oírte cuando estés listo.- le dijo y sin dejar que el león dijera nada, se levantó, como muchos otros chicos en todo el comedor y se fue.

Como siempre, la rubia sabía que decir cuando Neville menos se lo esperaba. Debería de ser un trago amargo que ella misma definiera su relación como 'amigos', pero por alguna razón, Neville no se sintió mal por eso.


Por suerte, luego de un buen rato pensando frente a la chimenea, le había terminado por dar sueño y había logrado dormir unas buenas cuatro o cinco horas, hasta que el ruido de Crabbe llevándose por delante una silla en el cuarto, terminó por despertarlo.

"Al menos dormí algo más que ayer." pensó Draco, tratando de sentirse descansado, pese a sentir aún ese peso en los hombros que resultaba casi molesto.

Se vistió con el uniforme, sorprendiendo un poco a Theo al parecer, porque el chico de pelo negro se le quedó mirando extrañado.

-Buenos días, Nott.- lo saludó cordialmente y el chico, que a pesar de tener su misma edad, era más alto que él, simplemente asintió.

Luego de eso, la mañana parecía querer transcurrir de lo más ordinaria... hasta que llegó el desayuno en la mesa Slytherin.

-Buenos días, Draco.- lo saludó Pansy Parkinson cuando llegó a la mesa, seguido de Crabbe y Goyle. El rubio simplemente asintió, sentándose con uno de sus gorilas a cada lado, sirviéndose enseguida una taza de humeante té -Mmhh… ¿Has tenido problemas con los exámenes, Draco?- intentó de nuevo empezar una conversación la Slytherin y el rubio suspiró, entendiendo que esta era una esas cosas que no podría evitar.

-¿Problemas? Para nada.- negó enseguida el rubio con una de sus sonrisas engreídas y seguras, pero antes de darse cuenta sus ojos se desviaron del rostro de la chica hasta la mesa de Gryffindor... Y parecía ser que este día no sería tan ordinario porque aun cuando lo hubiera deseado, sabía que no habría cruzado la mirada con su león confesor de esa manera si no estuviera por pasar algo... ¿malo?

-¿Es verdad? Ayer un león te estaba buscando, ¿sabes?- le respondió Pansy casi de inmediato, sin advertir donde estaban posados los ojos del rubio.

Claro, Draco casi se ahoga con lo que no tenía en la boca. Tosió, tratando de no parecer nervioso, pese a que lo estaba... Sobre todo por saber que la madre de Parkinson había estado de visita hacía muy poco en su casa -tenía que escribirle una carta de agradecimiento a su madre, por avisarle-.

-¿Y que tiene eso que ver con nada, Pansy?- fue la respuesta de Draco, ya sin siquiera mirar a la chica de cabello negro mientras tomaba su té.

-Bueno, dijo algo sobre McGonagall y su examen. Creí que era importante.-

-Ya ves que no.- fue la inmediata respuesta de Draco, casi interrumpiendo a Pansy antes de que agregara nada más.

La actitud del rubio le hizo ver a la mordaz Slytherin que era momento de terminar la 'amena' conversación, así que se quedó callada, terminando su desayuno en tiempo record para luego levantarse.

Draco hubiera deseado estar solo para simplemente suspirar, pero teniendo a Crabbe y Goyle, uno a cada lado y sin posibilidades de que fueran a terminar de comer en ningún momento pronto, terminó levantándose. Como ya se había vuelto costumbre, nadie lo miró o siquiera le preguntó porque se levantaba tan pronto. El rubio arrojó su servilleta en la mesa y cuando estaba alejándose fue que notó a Neville hablando con Potter.

Se dio cuenta enseguida de que más que una charla, parecía un interrogatorio y solo por el rostro de Potter. Esto no lo ayudaba nada a tranquilizarse, no después de que ayer escuchara tan perfectamente ese ruido mientras hablaba con Myrtle. Hubiera jurado que Potter tenía algo que ver con todo esto y que lo estaba siguiendo. No podía darse el lujo de que de todos los estudiantes, fuera 'San Potter' el que lo viera juntarse con Longbottom.


Algo estaba mal. No solo lo sentía hasta lo más profundo de su ser: lo sabía.

Más temprano ese año, en el Expreso de Hogwarts, les había dicho a Neville y a Luna que ellos eran sus amigos y que confiaba en ellos porque habían peleado a su lado en el Ministerio de Magia... Había creído en sus propias palabras y no podía entender cómo era posible que algo así pasara...

El mapa no podía estar equivocado: había visto a Neville en el baño del segundo piso junto a Draco Malfoy.

¿Cómo podía ser que Neville traicionara así su confianza?


En algún momento se había quedado dormido. Era extraño que pudiera conciliar el sueño en un lugar como ese siendo que cuando estaba entre las seguras cuatro paredes del cuarto de sexto, no podía pegar un ojo, al menos no de inmediato... Draco siempre había sido un chico muy apuesto, justo como Lucius cuando era un estudiante e igual a su propia madre, Narscissa... pero todo ese stress acumulado se reflejaba en su rostro y sobretodo en sus ojos.

-Mmhh...- suspiró el rubio, moviéndose algo incómodo.

Ese maldito banco era muy duro e incómodo. Si hubiera sabido que terminaría por quedarse dormido, hubiera conjurado algo... o se hubiera quitado la túnica negra para usarla de almohadón.

Draco gruñó otra vez, esta vez algo irritado dentro de su sueño. Merlín y Salazar sabían que quería seguir durmiendo un buen rato más, pero terminó despertándose al sentir que, repentinamente, el banco ya no estaba tan incómodo y duro...


Neville caminaba con pasos pesados por el primer piso. No estaba preocupado de que alguien se diera cuenta de que estaba por esa zona, ya que todo el castillo parecía abandonado.

-Están todos en el partido.- se habló en un murmullo, girando una esquina, casi muriendo de un infarto al ver pasar al fantasma de Ravenclaw -Bue... Buenas tardes.- saludó bajando la mirada levemente.

La Dama Gris se giró apenas ante el saludo del chico y se quedó mirándolo por unos instantes, casi como si lo estuviera estudiando. Neville se sintió un poco incómodo por la manera en la que estaba siendo observado, pero al mismo tiempo, no quería que el espíritu creyera que trataba de huir. Aún recordaba muy bien la historia que Luna le había relatado sobre el fantasma de su casa y su cercana relación con el fantasma de Slytherin.

"Sufrió suficiente en su vida como para que llegue un chiquillo cualquiera y la ignore." pensó, terminando por levantar la mirada.

-Buenas tardes.- respondió finalmente Helena, aun mirándolo con insistencia -¿Por qué no estás en el estadio?-

Neville se sorprendió por la pregunta, pero al mismo tiempo supo sentirse afortunado ya que sabía muy bien que muy pocos eran los que podían hablar con el espíritu -Luna era una de esos 'pocos'-.

-Ah... tengo un... compromiso.- trató de explicar, sonriendo apenas por no saber expresarse mejor.

Helena se quedó un momento más, observándolo, y asintió con su cabeza, cerrando apenas sus ojos antes de continuar con su camino, flotando algunos centímetros sobre el piso. Antes de darse cuenta, Neville soltó un suspiro de alivio, pero antes de poder continuar con su propio camino, un ruido de cadenas le heló la sangre.

"Por favor, por favor, por favor…" pensó con los ojos cerrados, congelado en el lugar en el que estaba.

Sabía quién era incluso sin verlo. Pocas veces se había cruzado con el Barón Sanguinario en los pasillos, pero ninguna de esas veces había sido agradable. Gracias a Luna ahora sabía porque el espíritu de Slytherin era tan frío y, francamente, aterrador, y por eso mismo sabía que lo último que debía mostrar era lástima frente a un ánima de esa clase… por eso siempre cerraba los ojos.

Pasaron algunos minutos hasta que el ruido de cadenas se escuchó lejano y por fin abrió los ojos. Miró hasta el final del pasillo y alrededor, y suspiró. La calma de los personajes en los cuadros le dejaron darse cuenta que ya había pasado todo.

-Había olvidado que siempre está siguiendo a la Dama Gris.- se dijo a sí mismo y sonrió apenas al sentir el calor de su bolsillo desaparecer.

Al menos tantos años con la recordadora habían dado frutos. Recordaba las cosas un poco tarde, pero las recordaba a fin de cuentas... casi siempre.

Al girar en una esquina cerca de las escaleras, se dio cuenta que los ventanales dejaban ver, a lo lejos, el estadio de Quidditch. Sin poder evitarlo terminó acercándose, viendo a lo lejos unos puntitos que bien podrían ser los buscadores de Slytherin y Ravenclaw...

-Me pregunto si este año entregarán la copa de Quidditch.- murmuró, mirando con un poco de ensoñación el cielo despejado.

Neville nunca había sido bueno volando en escoba, pero no por eso dejaban de gustarle. Disfrutaba de los partidos de Quidditch en la escuela, incluso cuando Gryffindor perdía. Hubiera dado lo que pudiera para ver la final del Mundial de Quidditch hacía dos años, pero su abuela no le había dado permiso de ir. Terminó dándole la razón luego, cuando salieron publicados en El Profeta los incidentes causados por los Mortifagos.

-¿Mh?- se quejó apenas, sacando la recordadora de su bolsillo. De nuevo el humo estaba rojo... ¿Qué había olvidado esta vez? -¡Por supuesto!- se dijo a sí mismo, y mientras corría hacia la escalera, el humo volvía a tornarse gris.

Si no estaba en el estadio era porque iba a ver a Draco, ¡por Merlín! ¿Cómo podía olvidarlo de un momento para el otro? Había estado pensando toda la mañana en él y ahora...

El pensamiento lo hizo frenarse estando a metros de la puerta del baño de Myrtle.

-Estuve toda la mañana...- murmuró sin aliento, metiendo la recordadora en su bolsillo, mirando sobre su hombro, incómodo.

Era temprano todavía. ¿Por qué corría?

"No quiero hacerlo esperar." pensó y casi de inmediato su propia mente le preguntó '¿Por qué?' y tragó, avergonzado con su propia conciencia "Porque hace días que no lo veo." se respondió y de nuevo su mente le preguntó porque: "No quiero que este enojado... quiero que confíe en mí." y al final su mente pareció conforme con su respuesta.

Neville caminó los pocos metros que le faltaban y entró en el baño de niñas del segundo piso como si fuera su propio cuarto. Caminó hasta más allá de los cubículos y pasó hasta detrás de los lavabos, pero se quedó quieto junto a estos, mirando el banco de madera.

Draco estaba sentado de manera incómoda, cruzado de brazos, encogido entre los pliegues de su túnica negra. La cabeza del rubio estaba apenas apoyada en la pared, deslizándose algunos centímetros a un lado con cada nueva respiración.

-... ¿Draco?- pronunció su nombre el león, pero no recibió respuesta -¿Estás dormido?- preguntó y al no conseguir una respuesta esta vez, Neville no logró evitar una sonrisa.

Después de ver al rubio llorando creyó que no conseguiría ver una cara más frágil del 'príncipe', pero ahora veía que se equivocaba. Tal vez no fuera del todo 'frágil', pero la expresión en el rostro de Draco decía muchas cosas que seguramente nunca podría escuchar de sus labios.

Neville se sentó en el otro extremo del banco, decidido a esperar ahí hasta que Draco se despertara. Pronto volvió a perderse en sus pensamientos, sobre todo en el cómo era posible que el rubio dejara la guardia baja en un lugar como este. No parecía algo que el Slytherin acostumbrara hacer -o al menos lo presentía-. Se había dado cuenta con sus encuentros que el rubio era extremadamente receloso de su privacidad. No dejaba que nadie se acercara y quizás era eso lo que más lo lastimaba.

-Aunque yo hago lo mismo.- pensó en voz alta, cruzándose de brazos para mirar el techo del baño.

No había querido pensar en eso, pero poco a poco se daba cuenta que si el rubio estaba en una situación complicada, él también lo estaba. Las preguntas de Harry durante el desayuno habían conseguido ponerlo nervioso. No sabía cómo, pero de alguna manera el niño-que-vivió lo había visto encontrarse con Draco.

"Aunque no estoy haciendo nada malo, ¿o sí?" se preguntó un poco preocupado.

Él no sentía que estuviera haciendo algo mal, todo lo contrario: estaba tratando de ayudar de alguna manera a Draco, aunque todavía fallaba en algo. Si no conseguía que el rubio le dijera más cosas... no, no era eso... Necesitaba que Draco confiara en él para que así le dijera más cosas, para así poder convencerlo de hablar con Dumbledore. Si alguien podía ayudar al rubio y a sus padres, era Dumbledore.

"Eso es lo que tengo que conseguir... Tengo que convencerlo de hablar con Dumbledore." pensó, decidido.

Segundos después sintió un peso adicional en su hombro y al mirar a un lado descubrió que el rubio había terminado de resbalar hasta quedar con la cabeza apoyada en él. Neville se mantuvo quieto por algunos minutos, simplemente viendo con sorpresa como Draco continuaba durmiendo como si nada... al menos por un rato porque enseguida se removió y abrió los ojos, alejándose como si hubiera un resorte entre ellos.

"Bien..." pensó Draco, muy despierto repentinamente "...esto es..."

¿Extraño? ¿Incómodo? El rubio no estaba seguro. Ni siquiera recordaba porque estaba en el baño... Oh, sí. Había querido desaparecer antes de que todos salieran hacia el estadio, para evitar ser arrastrado por una muchedumbre de estudiantes eufóricos.

-¿Es tarde?- preguntó después de aclararse la garganta, tratando de no pensar en cuanto tiempo debía de haber estado apoyado en el león, dormido.

-No, es temprano realmente.- respondió Neville tratando de ignorar lo extrañamente incómoda que era la situación, aunque no estaba seguro de porque era así -Ahora estamos a mano.- sonrió y el rubio lo miró sin entender a lo que se refería -Ayer fui yo quien se quedó dormido.- le explicó y Draco solo asintió en silencio.

-Te vi hablando con Potter hoy.- soltó el Slytherin sin ninguna delicadeza y Neville suspiró -El que sigas respirando me da la pista de que no le dijiste nada, pero...-

-Solo me preguntó por qué vine al baño del segundo piso.- explicó el león y Draco lo miró más fijamente -Le mentí. Dije que había tomado la costumbre de hablar con Myrtle y creo que me creyó.-

-¿Crees?- respondió el rubio, algo irritado por la inseguridad del león.

-Sí, creo. No es como si pudiera meterme en su cabeza.- asintió Neville, sin saber que esas palabras causaron algo de nerviosismo en Draco.

-Cierto... de todas las personas creo que eres el menos apto para ser Oclumago.- trató de hablar y ser algo dañino, pero Neville logró sentir algo de inseguridad en la voz del rubio, pero no dijo nada...

-Me alegra que decidieras hablar de nuevo conmigo.- murmuró el león y casi como si quisiera evitar que pensara que quería hablar con él, Draco lo interrumpió:

-Sigo pensando que lo haces por lastima, Longbottom.- aclaró, pero sin mirarlo, cosa que le quitaba mucho peso a sus palabras -Pero supongo que... aun así... me hace...-

-Te hace bien hablar con alguien.- terminó la frase al darse cuenta que Draco parecía incapaz de terminarla solo. El rubio asintió -Siempre es mejor hablar las cosas que te hacen mal... Nadie puede lidiar con los problemas solo. Lo sé muy bien.-

-¿Así que tú también tienes problemas?- inquirió el rubio con algo de interés. Aunque suponía cuales eran los problemas a los que Neville se refería, sentía curiosidad en ver si acaso se atrevía a contárselos a él.

-Muchísimos... Demasiados...- fue la respuesta de Neville y dejó que algo de tristeza se reflejara en sus ojos -No son problemas de vida-y-muerte como los tuyos, claro... pero también duelen.-

-¿Por ejemplo?- lo incitó el rubio a hablar y Neville lo miró algo confundido.

-Mis padres.- respondió, no viendo tanta sorpresa como esperaba en los ojos de Draco -¿Sabes? Ellos... no están muertos.- murmuró, desviando la mirada -Están en San Mungo... Luego de lo que pasó... perdieron la razón.- explicó como pudo, como sabía, como creía. No sabía si sentir vergüenza o como sentirse.

-Pero están ahí, ¿verdad? Vas a... verlos.- murmuró despacio, sin darse cuenta de que hablaba más de lo que debería saber.

-Si... pero no saben quién soy.- admitió.

Cuando era más pequeño solía imaginar que era un juego. Que sus padres alguna vez lo abrazarían y se reirían y le dirían que todo estaría bien y que lamentaban haberlo engañado... pero cuando creces los juegos se terminan.

-No me hablan... Aun cuando les hablo yo, jamás responden... E incluso... siento que no me están viendo cuando me miran.- explicó un poco más, terminando por cerrar los ojos, apoyando la espalda en el banco.

Draco se sintió mal por lo que lo había hecho decir. Él ya sabía esas cosas, pero necesitaba saber si se las diría... y Neville lo había hecho. Aun cuando lo más probable era que simplemente se riera de él. Había corrido el riesgo.

-Sabía que no te reirías.- murmuró repentinamente el león, cortando el silencio y sorprendiendo a Draco -Aunque muchos quieran convencerme de lo contrario, de a momentos puedo ver... trozos de ti... del verdadero Draco.- murmuró, mirándolo fijamente.

-Yo soy verdadero todo el tiempo, Longbottom.- respondió el rubio, casi desafiante.

-Eso no es verdad.- aseguró el león, aún a riesgo de hacer que se enfadara de nuevo -Ya te lo he dicho, ¿verdad?- sonrió apenas -No puedo repetir nada de lo que vayas a hacer o decir aquí... No perderás nada siendo sincero conmigo.-

El rubio suspiró pesadamente, desviando la mirada y pasándose los dedos por el cabello.

-Francamente, Longbottom... No te entiendo.- murmuró No entiendo porque insistes con esto...

-Te lo dije: he visto a tu verdadero yo.- respondió Neville -Y sé que ese Draco, que por momentos me dejas ver... quiere confiar en alguien desesperadamente... quiere... necesita ayuda... Y yo quiero ayudarlo. Quiero ayudarte.-

-¿Quieres ayudarme?- repitió despacio. Ya habían tenido esta conversación y no había terminado bien.

-Sí, quiero ayudarte.-

-Muy bien... ¿Quieres saber lo que tengo que hacer?- continuó Draco y algo en su mirada puso inseguro a Neville, pero igual a cuando hizo el juramento inquebrantable, asintió:

-Sí, quiero saber.-

Draco dudó durante algunos segundos, solo mirando al león a los ojos, tratando de imaginar cual sería la reacción que recibiría con sus palabras. Estaba a punto de perder a su confesor. Simplemente lo sabía.

-Tengo que matar a Dumbledore.-

Silencio. ¿Qué otra cosa podía invadir el baño del segundo piso en esos instantes? Neville creyó haber oído mal o haber saltado a un juego de su mente, pero los ojos del rubio seguían fijos en los suyos y la expresión de su rostro casi parecía estarle pidiendo perdón.

-¿Tienes que... matar...?- repitió apenas, pero Draco lo interrumpió para terminar la frase otra vez:

-A Albus Dumbledore.-

Neville tragó y desvió la mirada unos segundos. Draco solamente se echó atrás en el banco, antes de ponerse de pie. Casi de inmediato el león lo imitó.

-Entonces... ¿lo que pasó con ese collar...?- recordó el incidente que había llevado a Katie Bell al Hospital -¿Fuiste tú?- preguntó como si aún no terminara de entender.

-Sí, fui yo. Todo fue obra mía.- respondió Draco, mirándolo a los ojos mientras hablaba, para quitar la mirada a los pocos segundos -Ya te puedes ir.- murmuró.

-Pero... Draco...- masculló Neville, tratando de encontrar la seguridad y las palabras de antes, terminando por cerrar los ojos y antes de darse cuenta había sujetado al rubio de los hombros, para mirarlo a los ojos de nuevo -Tienes que detenerte. Solo... para. No intentes nada más.- le pidió.

-¿Todavía no lo entiendes? Si no lo hago, ¡me matará! ¡Matará a toda mi familia!- levantó la voz, dando unos pasos atrás, tratando de alejarse de Neville, pero el león se movió con él, aun sujetándolo de los hombros.

-Solo... maldición. ¿Escuchas lo que tratas de hacer?- le preguntó, soltándole los hombros para sujetarlo del rostro -Estás hablando de matar a alguien... ¿De verdad te crees capaz de hacer eso? ¿De terminar una vida?- levantó aún más la voz.

Draco pareció dudar por unos segundos, pero terminó soltándose, terminando contra los lavabos. Neville no se movió. Se quedó dónde estaba, mirándolo nada más, pero dispuesto a detenerlo si intentaba escapar de esto.

-No puedes hacerlo. Sé que no, Draco- insistió el león y el rubio bajó su rostro -Simplemente... No puedes. Lo sé.- murmuró Neville y Draco lo interrumpió.

-Cállate.- jadeó, llevándose una mano al rostro, pero sin dejar que Neville lo viera -No entiendes. ¡No entiendes nada!-

-¡Por supuesto que entiendo!- gritó Neville, acercándose de nuevo, no sorprendiéndose cuando Draco sacó su varitaExpelliarmus!- gritó, desarmándolo tan repentinamente que el rubio levantó el rostro y Neville se frenó en donde estaba, a solo centímetros del Slytherin.

Estaba llorando.

-Dijiste... que ibas a ayudarme.- murmuró Draco, apretando los dientes y pasándose las manos por el rostro, desesperado por quitar las lágrimas que no dejaban de correr.

Neville bajó la varita y se acercó.

-Voy a ayudarte, Draco.- respondió el león, acercando una mano para apoyarla en el hombro del rubio, que esta vez no lo alejó.

-Él... está vigilándome... lo sé... Está esperando... a que me equivoque... y que me descubran...- comenzó a soltar los secretos que ahora veía, no tenía sentido mantener -Estoy seguro... de que siempre... supo... que no podría... hacerlo... que no podría... matarlo... por eso... por eso me pidió también...-

-¿Qué otra cosa te pidió, Draco?- murmuró Neville, tratando de que continuara hablando, aunque francamente no había deseado que el rubio se pusiera a llorar de esa manera tan repentina.

-No... Eso no puedo... decirlo...- murmuró -Como yo a ti... él a mí... me hizo jurar...- mintió y el león asintió, sin preguntar más porque creyó que en ese estado Draco no podía mentirle.

-Está bien... Trata de calmarte.- le pidió despacio, pasando su mano por la espalda del rubio, tratando de ayudarlo a calmarse -Encontraré una manera de ayudarte, Draco.- le aseguró, pero no estaba seguro aún de cómo ayudarlo porque...

...no podía hablar de nada de esto.


"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997

"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011