"Porque yo entiendo."
Mihara Emiko
-6- Una mentira no es traición
En la mente de Neville aún daba vueltas lo que Draco le había dicho hacía solo unas horas y parecía que todo el peso que había estado en los hombros del rubio, ahora estaba sobre los suyos. Los ojos claros del león dejaban ver, como cristales, que cargaba con un secreto demasiado difícil de ocultar. Demasiado difícil de llevar.
"¿Cómo es que Draco logró estar todo este tiempo sin hablar con alguien?" pensó, un poco angustiado, sujetándose el pecho por algunos segundos, como si su alma le reclamara el silencio obligado que debía cumplir a causa de su juramento.
Neville entendía que Draco hubiera aceptado por miedo. Mucha gente se había volcado al lado oscuro porque Voldemort los había capturado y amenazado. Según lo que su abuela le había contado, incluso sus padres se habían enfrentado varias veces contra el Lord Oscuro por esa misma razón: Voldemort había intentado tentarlos, amenazarlos y obligarlos a unirse a sus filas, pero el matrimonio Longbottom se había negado una y otra vez.
"Justo como los padres de Harry, ¿verdad?" pensó, saliendo por unos instantes de entre sus pensamientos para buscar al niño-que-vivió en la mesa de la cena.
Como siempre, el Gran Comedor estaba muy ruidoso esa noche. Cerca de donde Neville estaba sentado, Ginny hablaba con Seamus y un poco más allá, casi al final de la mesa, Harry parecía discutir, de nuevo, con Hermione. Neville aprovechó cuando un chico de séptimo año se levantó de su lugar y se movió un poco sobre el banco para poder escuchar mejor, solo por si la discusión se ponía 'fea'.
-Harry, tienes que dejar ese libro.- habló Hermione con un tono de voz duro, señalando un libro sobre la mesa, junto al plato de Harry -No sabes quién pudo ser su dueño… incluso podría ser que...- pareció querer agregar algo más, pero bajó tanto la voz que Neville no pudo estar seguro de que era lo que había dicho.
-No es un libro tan viejo, Hermione.- interrumpió Ron la discusión, con la boca medio llena y la leona le dedicó una mirada que Neville solo pudo interpretar como un 'no te metas'.
-Aun así... podría ser otra trampa como pasó con el Diario de Riddle.- trató de advertir la chica, mirando sobre su hombro incómoda, hacia la mesa de las serpientes.
Neville dirigió su mirada hacia la mesa de Slytherin también, tratando de ver que era exactamente lo que Hermione miraba y se llevó un trago amargo al notar que la mirada de la chica estaba dirigida a donde generalmente se sentaba Draco, aunque esta vez el rubio no estaba en ningún lado.
Muy bien, Neville era muchas cosas, pero aunque otros lo dudaran, no era tonto. Él sabía cosas. No necesitaba haber estado con el trío maravilla para saber lo que había pasado en primer año con Harry y el espejo de Erised. Tampoco necesitaba preguntar qué era lo que había pasado en el cementerio en cuarto año. Los verdaderos sucesos de la casa de los gritos si seguían siendo un misterio para él, aun cuando ya supiera que el Profesor Lupin era un hombre lobo… pero volviendo al comienzo, Ginny le había contado lo que había pasado en segundo año con el diario de un tal Tom Riddle, mejor conocido como Lord Voldemort.
-No es una trampa, Hermione.- habló Harry por fin -Yo confío en el Príncipe.- aseguró mirando a la chica y Hermione puso un rostro indignado.
-¡Tienes que entregarle ese libro a un profesor, Harry!- levantó la voz Hermione, poniéndose de pie.
Harry no respondió de inmediato. El chico de lentes levantó la mirada hasta el rostro de su amiga y sus ojos verdes parecieron responder incluso antes de abrir la boca.
-No.- dijo simplemente el niño-que-vivió y como si la hubiera ofendido, Hermione se fue, creando un gran revuelo en la mesa, que no entendía lo que había pasado. Incluso Neville no entendía y eso que había escuchado la conversación casi completa.
Después de quebrarse de esa manera frente al león, Draco se reclamaba a sí mismo el no haberle dicho todo. Hubiera sido perfecto. Podría haberse deshecho de esa angustia, o al menos, el peso en sus hombros quizás hubiera disminuido.
"Pero es todo lo contrario." pensó, angustiado. Tenía esta sensación constante de que alguien murmuraba en su oído, de que alguien escuchaba sus pensamientos y miraba sobre su hombro, todo lo que hacía o decía.
-Es él.- murmuró, sintiendo un nudo en la garganta, encogiéndose, hundiendo el rostro entre sus manos, respirando fuerte, ahogado, tratando de contener los deseos que tenía de volver a llorar.
No entendía todavía por qué se sentía de esa manera. Tal vez era todo por las palabras de Neville. El león tenía razón cuando decía que no era capaz de quitar una vida... Jamás podría asesinar a Dumbledore. Mucho menos tendría el valor para ayudar a los Mortifagos a entrar en Hogwarts.
"Aun cuando pudiera reparar este maldito armario..." pensó, mirando a su lado una jaula dorada, con un pajarito muerto dentro.
No quería hacerlo. Sabía que si esos malditos entraban, atacarían a quien se les pusiera en frente, sin importarles que fueran profesores o alumnos. No podía cargar con esa responsabilidad. No podía pensar en cuantos podrían morir a causa de sus acciones.
-Pero tampoco quiero morir.- jadeó, por culpa del llanto atorado en su pecho.
Todo se reducía a eso. En un lado de la balanza estaban las vidas de los demás. Del otro lado, su vida. Él tenía solo 16 años. Tenía mucho por vivir, ¿verdad? Aún había muchas cosas que desearía hacer... A veces pensaba que si su vida hubiera sido diferente en algunos aspectos, a esta edad tendría verdaderos amigos e incluso, alguien de quien estar enamorado.
Pero estaba solo.
-Estoy solo.- murmuró, abrazado a sus piernas, hecho un ovillo, con la espalda apoyada en el maldito armario...Pero repentinamente alguien apareció en su mente.
¿Realmente estaba solo? ¿De verdad no tenía a nadie en quien confiar o a quien aferrarse? Incluso en momentos como este, cuando se sentía culpable y a punto de elegir el camino fácil como muchas veces antes en su vida, se daba cuenta que las cosas habían cambiado. Su vida era distinta ahora. Aún con la vergüenza que significaba para él, se sentía mejor al pensar que tenía a alguien que quería ayudarlo, salvarlo de sí mismo.
-Pero por querer ayudarme... Por dejarlo ayudarme...- murmuró, como si repentinamente se diera cuenta del error que había cometido al dejar que alguien se acercara tanto a él -Está en peligro.-
De nuevo había desaparecido totalmente. Harry ya estaba seguro de que la razón por la que Malfoy se esfumaba del Mapa del Merodeador era porque entraba a la Sala Multipropósito, pero aún no lograba saber por qué. Incluso, le sorprendía encontrar el nombre del rubio Slytherin caminando solo por los pasillos, totalmente alejado de Crabbe y Goyle.
Luego de la manera en la que el rubio lo había 'recibido' en Septiembre, sobre el Expreso de Hogwarts, no dudaba ni por un segundo, que se había vuelto un Mortifago… solo necesitaba pruebas, aunque de poco parecían servirle cuando nadie lo escuchaba o lo tildaban de 'perseguido'. Incluso Ron y Hermione dudaban que estuviera en sus cabales.
Aunque lo que ahora comenzaba a preocuparlo más que cuando el rubio desaparecía, era cuando el rubio caminaba por el segundo piso, más exactamente, el baño de Myrtle. Ese día, antes del partido, de nuevo había revisado el mapa y al no encontrar a Malfoy entre los estudiantes de Slytherin mirando el partido, lo buscó en el castillo y sintió un nudo en el estómago al ver otro nombre junto al del rubio, dentro del baño de Myrtle.
Neville Longbottom.
Harry sentía que ya no podía confiar en nadie y la siseante voz en su cabeza lo repetía con tanta insistencia que ya ni siquiera trataba de acallarla.
Esa noche, en el cuarto de sexto año de la torre Gryffindor, Neville notó algo por primera vez.
"Ese libro..." pensó el león al ver un libro bastante viejo en la mesa de luz de Harry, junto a su cama. Desde lejos no llegaba a ver la portada, pero por los tonos verdes de la cubierta, creyó reconocer por un instante que se trataba del libro de Pociones.
Él se había vuelto bueno en la materia y se sentía bien porque hasta más temprano ese año, había deseado continuar estudiando por el mismo camino que Harry y volverse un Auror, aunque ahora se daba cuenta que su verdadero 'amor' era la herbolaria y le gustaría, si llegaba a aprobar sus exámenes, llegar a ser profesor.
"Claro que… ahora no sabemos realmente si podremos vivir tanto." divagó en sus pensamientos con una mirada triste, hasta que un almohadazo salido de la nada le dio de lleno en la cara.
-¡Cinco puntos menos para Neville por estar distraído!- gritó Ron, de pie sobre su cama con una almohada entre las manos y usando solo el pantalón del pijama con una remera sin mangas.
-¡Hey! ¡Eso no es justo!- se quejó Neville de inmediato, levantando la almohada para protegerse de un nuevo ataque del pelirrojo.
-Ok, ok. Ahora sí, damos por empezado el campeonato diario de almohadazos.- anunció Dean, con una voz profunda como la que usaba para comentar los juegos de Quidditch -Sobre la cama de la derecha tenemos a uno de los indiscutidos campeones: ¡Ron Weasley!-señaló al pelirrojo que dio un salto, revotando en su colchón -Y en la cama de la izquierda tenemos al dúo que pierde noche tras noche, ¡los adorables Neville Longbottom y Seamus Finnigan!-se rió al final cuando Seamus le arrojó una almohada por la pobre presentación.
-Muy bien... es hora de un nuevo trofeo.- aseguró Ron, golpeando un poco su almohada solo para que se esponjara más y volara mejor.
-¡Esta vez no ganarás!- amenazó Seamus, poniéndose de pie mientras Neville apilaba almohadas una sobre la otra, como si preparara la artillería.
-¡Será un encuentro formidable!- gritó Dean y en segundos, las almohadas comenzaron a volar a través de la habitación.
El cuarto estaba en silencio ahora. Neville podía escuchar con total claridad las respiraciones acompasadas de sus compañeros, mientras miraba el techo de su cama adoselada. No quería pensar, pero su mente enseguida se perdía y antes de darse cuenta, alguien dominaba sus pensamientos.
"Draco." pensó, tapándose los ojos con una de sus manos, suspirando.
Por mucho que lo intentara, Neville no podía dejar de pensar en el rubio de Slytherin y cuando trataba de decirse a sí mismo que era todo porque le preocupaba lo que pudiera pasar en la escuela y a sus amigos, se encontraba a sí mismo negando eso.
"Ok... también me preocupa lo que pueda pasarle a él." admitió frente a su conciencia, pero se sintió incómodo de repente. No era solo eso.
Aunque tratara de negarlo ahora, no podía dejar de pensar que era más que preocupación. El rubio le importaba. Aunque apenas hubieran pasado algunos días desde que se hablaran, tenían demasiadas cosas en común como para negar que... era algo más.
"Lo único que me falta ahora: no saber lo que me pasa con él." pensó cansado, dándose la vuelta en la cama para tratar de dormir, pero en cuando estuvo por cerrar los ojos, escuchó un ruido cerca de su cama.
Neville se levantó un poco para correr su cortina y cuando quiso darse cuenta, Harry le estaba tapando la boca con una de sus manos y tenía la punta de su varita frente a los ojos. La leve luz de la varita lo dejaba ver los ojos del niño-que-vivió, aunque no del todo, por culpa del reflejo en sus lentes.
-Quiero que me respondas algo, Neville.- murmuró el chico de pelo negro y Neville asintió apenas con su rostro, lo mejor que pudo porque ahora se daba cuenta de que Harry le estaba presionando el pecho con el peso de su cuerpo -Dime la verdad.- le pidió y solo los ojos de Neville demostraron la sorpresa que sentía por lo que le estaba pidiendo -¿Eres un mortifago?-
Ahora sí. De todas las cosas que había estado esperando que Harry le preguntara, esa ni siquiera había cruzado por su mente. Hasta había esperado que le preguntara por Draco, ya que tenía esa extraña y horrible sensación de que él sabía que se encontraba con el rubio Slytherin.
Harry se quedó esperando y luego de solo unos segundos obtuvo la mirada seria de Neville junto a la negativa de su rostro. Poco a poco soltó al otro león, aun mirándolo seriamente. Neville se movió apenas, sentándose, aun mirándolo, pero no con seriedad, sino con... ¿reclamo?
-¿De verdad crees que me volvería mortifago?- murmuró, rompiendo el silencio y Harry suspiró.
-Últimamente… siento que no puedo confiar en nadie.- respondió despacio, bajando la mirada unos segundos -¿Todavía tengo tu confianza?- le preguntó, porque después de esto, entendía que Neville tuviera sus dudas y casi sonrió al notar que el chico negaba.
Harry bajó su varita, dispuesto a alejarse, pero la voz de Neville lo detuvo repentinamente.
-Tienes mi lealtad.- murmuró -No sé lo que vaya a pasar este año... pero la guerra es inevitable. Todos lo sabemos, aunque no queramos pensar en ello.- aseguró, pasándose la mano por el pelo de manera nerviosa -Por eso... No dudes en que lucharé de tu lado.-
El día siguiente comenzó un poco más tarde de lo que todos acostumbraban. Los domingos eran extraños en Hogwarts. No había partidos de Quidditch, ni visitas a Hogsmade, ni siquiera clases... La mayoría de los estudiantes pasaban la tarde en los terrenos del colegio, aunque estando apenas terminando el invierno, aún hacía frío y no había tanto sol como para pasarla bien afuera. Así era que todos terminaban dando vueltas por los pasillos o en el gran comedor. Incluso la biblioteca tenía más alumnos que en medio de la semana.
Neville se vistió con ropa normal ese día. De todos los días, los domingos eran sus favoritos porque no tenía la obligación de usar el uniforme de Gryffindor, aunque si se ponía la túnica, porque ese día en particular, había estado nevando toda la noche y corría un viento helado por los pasillos.
Luego del desayuno, Neville notó que de nuevo, Draco no estaba entre los Slytherin en la mesa de las serpientes y entonces se dio cuenta que tampoco había estado en la cena la noche anterior... Por segundos se vio tentado a preguntar por él, pero recordando lo que había pasado con Harry en la madrugada, primero buscó al chico de lentes, solo para cerciorarse que no lo estaba mirando.
Harry estaba discutiendo de nuevo con Hermione. Parecía ser de nuevo por el libro. Neville no entendía que podía tener de especial ese libro o porque Hermione querría que Harry se deshiciera de él... ¿Sería porque Harry había mejorado en la clase que ahora impartía Slughorn? No. No podía ser simplemente eso... O tal vez la opinión que Neville tenía sobre Hermione era demasiado buena y la chica sí estaba celosa.
-Hey, Nev.- le llamó la atención Seamus y el león volcó toda su atención en el irlandés -Dean y yo iremos a la biblioteca para terminar el trabajo para Snape. ¿Vienes?-
-Ah... No. Lo siento, ya lo terminé.- respondió, aún un poco distraído -Si quieren les presto mis pergaminos para que se guíen.- le ofreció, solo para que no pensara que era mentira, pese a que lo era.
-Oh. No, no te preocupes.- le sonrió el chico, haciéndole una seña a Dean, que lo esperaba en la puerta, con un libro bajo el brazo -Nos vemos después.-
-Sí, nos vemos.- respondió Neville, aún un poco distraído, pensando.
La verdad que las discusiones de Harry y Hermione eran algo extrañas y todo por un libro... pero no era tan importante para él. Lo que de verdad debía preocuparlo era lo que Harry le había dicho en la noche y esa punzada que sentía en el pecho. No le había mentido. Lucharía de su lado y daría todo de sí. Su lealtad estaba con Harry pero... le preocupaba que pasaría con Draco si las cosas continuaban así.
Había pasado la noche fuera de la sala común, pero nadie parecía haberse dado cuenta, o a nadie le importaba. Ahora, por fin fuera de la Sala Multipropósito, se debatía entre ir a encerrarse en el cuarto de sexto año de Slytherin, o ir al baño de Myrtle.
"Podría ir al baño aunque... tal vez no esté ahí..." pensó casi sin meditarlo, dejando entrever en su conciencia sus verdaderos deseos, al menos momentáneamente, olvidándolos por el cansancio.
Al final, Draco se decidió a pasar por la cocina para que los elfos le dieran algo para comer y luego se dirigió a las mazmorras, para encerrarse en el cuarto de prefectos, que no había usado desde que lo nombraran como tal.
Luego de muchas vueltas, solo para tratar de ver si alguien lo seguía, Neville terminó en el segundo piso. Pasaban de las cuatro de la tarde y aún con todo lo que había caminado alrededor del castillo, no vio ni rastros de Draco y comenzaba a preocuparse cada vez más.
"Le pediré a Myrtle si puede buscarlo por mí." pensó entrando en el baño, sorprendiéndose que estuviera inundado como era costumbre, sabiendo por eso mismo que Draco no debía estar ahí.
-¿Myrtle? ¿Estás aquí?- llamó a la fantasma adolescente, pasando por el pasillo entre los cubículos, haciendo ruido al pasar sobre los charcos de agua.
Cuando estuvo frente a los lavabos, dudó un poco, pero terminó abriendo los grifos, esperando por el agua caliente, solo para cerciorarse que no había ningún mensaje de Draco en los espejos.
-Tal vez... Este cansado.- se dijo a sí mismo, tratando de inventar una razón por la que el rubio no estaba allí.
Lo que había pasado la noche anterior había sido mucho hasta para él. Debía admitir que seguramente Draco estaba asustado ahora más que nunca. Aún con el Juramento Inquebrantable sellando sus labios, la Legerimancia era algo de lo que no se podía cuidar y era posible que alguien se enterara de lo que ahora sabía... ¿verdad? No culpaba al rubio por desconfiar todavía de él. Desearía poder hacer algo que lo hiciera ganar su confianza definitivamente.
Repentinamente, Neville escuchó pasos a sus espaldas y pensando por un segundo que podía tratarse de Draco, sonrió, girándose dispuesto a decir algo, aunque de inmediato se puso frío al notar que no era el rubio Slytherin.
Era Harry.
-No quería creerlo.- murmuró el niño-que-vivió, acercándose con pasos lentos y la varita en alto, apuntándole a Neville.
-Wow. Harry, me asustaste.- se rió apenas el castaño, tratando de calmar el golpeteo de su corazón en sus oídos -Estaba esperando a Myrtle.- mintió, pero la expresión en el rostro del otro chico le hizo ver que no le creía.
-Deja de mentir.- exigió Harry, confirmando con sus palabras los pensamientos de Neville -Vas a encontrarte con Malfoy, ¿no es verdad?- le exigió, dejando de caminar, estando aun a distancia de no más de un metro de donde Neville estaba de pie.
El más alto no respondió. Solo se quedó mirando a Harry seriamente, como si con su mirada pudiera decirle que no podía responderle.
-No puedo creer que me miraras a los ojos y me mintieras, Neville.- le reclamó Harry y Neville negó de inmediato con sus ojos.
-No te mentí, Harry. Te soy leal.- aseguró, pero el niño-que-vivió lo interrumpió de inmediato:
-¡¿Ibas a encontrarte con un mortifago y dices serme leal?- levantó la voz, acercándose dos pasos más, levantando la varita para ponerla justo frente al rostro de Neville, pero contrario a la reacción que esperaba, Neville ni siquiera se movió.
-Si, eso es lo que digo.- murmuró el león, casi en un hilo de voz. Temió por su vida durante un instante, pero al parecer, como fue Harry quien dijo que Draco era un Mortifago, ya no era un secreto, al menos entre ellos dos.
-Eres... No sé ni cómo llamarte, Neville. Aún con lo que tus padres sufrieron, estás ayudando a Malfoy.- murmuró, su mano tembló apenas, y terminó aferrando el mango de su varita con más fuerza.
-Esto no tiene nada que ver con mis padres, Harry.- aseguró Neville, pero de nuevo el niño-que-vivió lo interrumpió:
-¡Él es el sobrino de la que los envió a San Mungo, Neville!- le dijo en la cara, como si tratara de devolverle un poco de razón y Neville solo suspiró.
-Lo sé, Harry. Es su sobrino. Su sobrino.- repitió, mirando al otro a los ojos -Es ella quien debe pagar por lo que les hizo a mis padres... No él.-
Harry se quedó helado ante estas palabras. Aun cuando una parte de él parecía decirle que lo que Neville decía tenía sentido, otra parte de él, esa desagradable voz siseante, le decía y repetía que no. Draco era tan culpable como todos. Esa familia estaba podrida.
-¿Por qué, Neville?- preguntó despacio -Lo estás ayudando. ¿Por qué?- repitió, exigiendo una respuesta que Neville no tenía.
-No lo sé.- aseguró y la respuesta de Harry fue un paso adelante, presionando la punta de su varita en el cuello de Neville.
-Estás ayudando a un Mortifago. No importa que sea Malfoy... Estás...-
Harry había querido decir que lo estaba ayudando a 'él', a Voldemort, pero el pensamiento era tan extraño, tan... imposible. No podía siquiera pronunciarlo. Si no hubiera encontrado a Neville aquí mismo, no podría creerlo todavía.
-Estoy ayudando a Draco.- lo corrigió Neville, cerrando los ojos, sintiéndose nervioso por primera vez desde que esta conversación -¿o discusión?- comenzara.
-¡DRACO ES UN MORTIFAGO!- gritó Harry, empujando a Neville, sorprendiéndose de poder hacerlo siendo que el otro león era bastante más alto que él.
-No es eso, Harry. Estás equivocado.-
-¿Ahora me dirás que lo están obligando a hacer lo que sea que está tratando de hacer?- ironizó Harry, incapaz de pensar por un instante que Draco fuera una 'victima de las circunstancias'.
Neville sintió algo en el pecho cuando escuchó las palabras de Harry y estuvo a punto de empujar al otro chico, pero en el último segundo se contuvo, tratando de enfriar sus sentimientos para hablar con claridad, cuidando sus palabras.
-Es eso justamente lo que estoy tratando de decir.-
-¿Acaso estás bajo un hechizo?- le exigió de nuevo -¿Por qué ayudas a alguien como él?- le preguntó, sujetándolo de la chamarra que traía -¿Por qué me traicionas?-
-¡No te traicioné!- aseguró Neville, levantando la voz por primera vez, sorprendido de que Harry lo acusara de esa manera.
-¡ME MENTISTE!- gritó Harry de nuevo.
-¡Si lo hice, pero no por lo que crees!- trató de explicar Neville, pero al sentir el apretón en su pecho, creyó que podía ser una advertencia, ya que había estado a punto de decir algo que el Juramento le prohibía decir.
-¿Entonces por qué? ¡Habla!- exigió, pero al ver que Neville negaba con su rostro, sintió que estaba a punto de estallar.
-No puedo decírtelo.- murmuró y entonces escuchó algo que jamás olvidaría en toda su vida:
-¡SECTUMSEMPRA!-
"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997
"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011
