Hola. Muchas gracias por todos los reviews. Me disculpo por la tardanza en la actualización, pero como ya estamos llegando a final de año, en la escuela me están exigiendo varios trabajos prácticos y los exámenes se me apilan de a cinco en el almanaque.
Me alegra que les gustara el cambio de lugar entre Neville y Draco: estaba insegura con eso. En este capítulo tenemos una escena recordada, pero con leves cambios por la presencia de un espectador.
Como el capítulo anterior quedó algo corto, este es un poco más largo. Disfrútenlo.
"Porque yo entiendo."
Mihara Emiko
-7- Sangre inocente y lágrimas de culpa.
Una pesadilla.
Una parte de su mente parecía reaccionar y decirle 'Despierta. ¡Despierta!', pero por mucho que lo intentara, este era un sueño del que no podía escapar. El dolor que recorría su cuerpo era indescriptible. Sentía que su garganta se quebraba por los deseos de gritar, gritar con toda la fuerza de sus pulmones y al mismo tiempo necesitaba llorar, simplemente llorar hasta no tener una sola lágrima para derramar en el resto de su vida.
Ni siquiera un Cruciatus se sentía tan terrible. Incluso... hubiera preferido uno.
La sangre escapaba de su cuerpo por cientos de lugares. Quería moverse para tratar de tapar las heridas, pero ni siquiera tenía la conciencia suficiente para hacer eso. La vida se escapaba de su cuerpo como un suspiro. Solo segundos. Pero aún sintiendo todo eso y nada al mismo tiempo, aún sabiendo que todo podía terminar en solo un segundo, no podía dejar de pensar. Su mente era lo único que aún parecía estar bajo su control... y solo un rostro estaba fijo en su memoria, aún cuando frente a sus ojos celestes, el rostro de Harry estuviera nítido, gritándole algo que no escuchaba.
Daba vueltas entre las sábanas y respiraba profundo y agitado. El sudor frío le recorría el rostro en forma de pequeñas gotas transparentes y su camisa, su sweater negro, incluso la capa con la que se había acostado de manera descuidada, lo envolvían y restringian, como si lo aferraran para que no pudiera moverse.
Abrió su boca, tratando de respirar mejor, pero no podía. Estaba dormido y no podía despertarse. Sintió calor, un calor abrazador y asficciante que recorría todo su cuerpo solo para juntarse y acumularse en su brazo izquierdo, en esa marca maldita que no desaparecería jamás de su piel.
Draco jadeó y, aún inconsciente, abrazó su brazo contra su pecho como pudo, y se encogió, apretando los dientes para contener un grito.
Lo estaba llamando. Lo sabía... y por primera vez en muchos meses dio gracias a estar dentro de Hogwarts, porque aquí no tenía el poder para llamarlo y hacerlo cumplir con ese llamado.
-Bas-ta...- jadeó, ya despierto.
Unas lágrimas gruesas corrieron por su rostro y sintió como su brazo ardía más. Tal vez esa simple palabra que había dejado de ser un pensamiento, para ser algo salido de sus labios, lo había enfurecido más.
-Estoy... Hago todo... lo que... puedo... Necesito... más tiempo...- trató de explicar entre murmullos, muerto de miedo.
Tan repentinamente como el dolor había comenzado, desapareció y el rubio Malfoy soltó un suspiró, relajandose completamente entre las sábanas, aún respirando agitado. Abrió los ojos apenas y solo encontró oscuridad a su alrededor. Las cortinas de su cama estaban cerradas. No sabía si era de día o de noche, solo podía esperar que nadie lo hubiera escuchado.
Cada vez ocurría más seguido. Sentía como lo llamaba, como su incompetencia ponía al Lord Oscuro más y más impaciente. Él sufría estos 'ataques' y le dolían como un infierno, pero le dolía más no saber de sus padres. En realidad, le preocupaba su madre más que nadie. Desearía saber si estaba bien.
"No es la única que me preocupa." pensó cerrando los ojos apenas, cansado todavía, pero dedicando su último pensamiento conciente a un león que sabía casi todos sus secretos.
Estaba empapado de sangre. Su camisa, sus manos... El rojo lo manchaba todo y él no podía reaccionar. Temblaba tanto. No podía sostener la varita entre los dedos. Sentía frío, pero al mismo tiempo parecía darse cuenta que era lo mínimo que podía sentir despues de lo que había causado.
Despues de casi dos horas, Harry continuaba en shock.
Sentado en el borde de una cama, en la enfermería, se movía apenas, como amacandose, abrazandose a sí mismo, con la mirada clavada en el piso. Su mente parecía ausente y cada tanto cerraba los ojos y se sujetaba la cabeza, tratando de acallar esa siseante voz en su mente, tan odiosa y al mismo tiempo atrayente. Desearía tener el valor y la voluntad de decir en voz alta que era culpa de esa voz, pero poco a poco un pensamiento había ganado fuerza en su mente: él había pronunciado el maleficio.
Era él quien casi asesina a Neville.
Como todo lo que ocurría en el castillo Hogwarts, la noticia del ataque en el baño recorrió la escuela como un reguero de polvo de hadas. No hubo un solo alumno de Gryffindor que no apareciera en el pasillo de la enfermería esa noche, tratando de entrar a ver que era exáctamente lo que había pasado, pero gracias a la presencia de McGonagall se había podido evitar que molestaran a Madame Pomfrey.
Hermione y Ron fueron de los pocos que continuaron insistiendo frente a la Jefa de Gryffindor para que los dejara pasar a ver a Harry, pero las sucesivas negativas de la profesora de encantamientos terminaron cuando el Director apareció:
-¿Cuál es el problema, Minerva?- murmuró el viejo mago con su voz suave, pero aún preocupada.
La profesora McGonagall le explicó a Dumbledore que los alumnos no querían entender razones e insistían en ver a Harry, aún cuando la propia Poppy había explicado el porque era necesario mantenerlo aislado por algunas horas más.
-Ya veo. Sr. Weasley. Srita. Granger... Por favor. Deben pensar ahora en el bienestar del Sr. Potter y el Sr. Longbottom.- les habló a los dos jóvenes de 16 años, palmando al pelirrojo en el hombro.
Ron estuvo a punto de decir algo más, pero finalmente fue Hermione quien le tomó la mano para luego murmurar.
-Estamos preocupados por él.- explicó la chica, mirando primero a Minerva y luego a Albus -Solo queremos ver que esté bien.-
Esta vez fue McGonagall la que casi dice algo, pero Albus la interrumpió con el sonido de la puerta, manteniendola abierta con su mano.
-Pasen entonces.- concedió el viejo director y los dos leones no esperaron un segundo antes de entrar en la enfermería.
El lugar se veía igual que siempre. Aún cuando hubiera habido 'rumores' de charcos de sangre en el suelo, no había una sola mancha a la vista. Al final del cuarto, la última cama estaba rodeada por una cortina y sin siquiera mediar palabra, tanto Ron como Hermione supieron que allí debía de estar Neville. Caminaron juntos, aún tomados de la mano, hasta la cama en la que Harry parecía estar dormido.
Cuando llegaron a su lado se dieron cuenta que el niño-que-vivió no dormía. Los ojos verdes estaban bien abiertos, clavados en el techo del cuarto, pero no traía sus lentes puestos.
-¿Harry?- lo llamó Ron con un temblor muy obvio en la voz, pero el moreno no se movió ni dijo nada.
-Harry.- llamó esta vez Hermione, intentando conseguir con su voz lo que el pelirrojo no había logrado, pero aún así, el moreno continuó sin reacción alguna.
Sin darse por vencidos, primero Ron y luego Hermione, trataron de conseguir alguna respuesta tomando a Harry de la mano, suavemente, pero aún así, nada pasó. El pelirrojo sintió, con algo de amargura, que esto se parecía demasiado a cuando Hermione había sido petrificada en segundo año. Todavía recordaba haber visto a Harry tomar a la chica de la mano y no obtener respuesta alguna.
-Su mano está cálida.- murmuró la leona, acariciando el dorso de la mano de Harry con su pulgar, mirando el rostro del chico para luego mirar a Ron -¿Por qué no nos responde?- murmuró ahora con la voz quebrada y antes de darse cuenta se abrazó al pelirrojo, que no supo que decir para consolarla.
-Ha sufrido un shock muy grande.- escucharon una voz cerca y al levantar la mirada vieron que se trataba de Madame Pomfrey -Debería dormir con las pócimas que le dí, pero su mente no quiere descansar...- trató de explicar la medimaga, girandose para levantar la mirada y esta vez, ambos chicos sintieron una mano sobre uno de sus hombros.
-Creo que es su corazón el que no puede hacerlo, Poppy.- habló Dumbledore -El Sr. Potter se quedará aquí esta noche. Deberían regresar a la torre Gryffindor, Sr. Weasley, Srita. Granger.- les pidió a los chicos, que esta vez asintieron mansamente -¿Los escoltas tú, Minerva?- le preguntó a la profesora y esta asintió, tomando a los chicos para sacarlos de la enfermería.
-Esto... es muy grave, Albus.- habló Poppy, tocando la mano de Harry para luego pasar su mano frente a los ojos verdes, esperando alguna reacción -Ni siquiera cuando pasó eso hace dos años...- le recordó el incidente en el cementerio.
-Lo sé, Poppy.- murmuró el Director con un suspiro -¿Cómo está Neville?- le preguntó a la medimaga y esta acomodó la mano de Harry antes de alejarse hacia el final de la sala, sin decir nada, esperando a que el Director la siguiera.
La medimaga se quedó de pie junto a la cortina que rodeaba la cama y cuando Albus estuvo a su lado, la abrió despacio, dejando que el director viera al chico en la cama.
-No pensé que pudiera salvarlo, Albus... Por primera vez... realmente tuve miedo.- explicó la mujer. Había trabajado como medimaga en la enfermería de Hogwarts durante casi treinta años, pero nunca había visto... -Tanta sangre.- murmuró, cubriéndose la boca con una de sus manos, tratando de acallar un jadeo a causa del llanto que crecía en su pecho.
-¿Se pondrá bien?- preguntó el viejo mago, aún sin despegar sus ojos claros del chico en la cama, pero al no recibir respuesta miró a Poppy, tratando de que le dijera algo, lo que fuera.
-No lo sé.-
Un montón de voces y carcajadas fuertes terminaron por despertarlo. Draco dio algunas vueltas bajo los cobertores, tratando de dormirse otra vez, pero dandose cuenta que se estaba enredando con las sábanas y la capa –que no se había quitado al acostarte vestido- terminó dando varios manotazos en el aire para destaparse, irritado por la mala mezcla de cansancio, hambre y mal despertar.
El rubio se pasó los dedos por el cabello y se quitó la capa, dejando la cama hecha un lío antes de correr la cortina con un fuerte tirón, encontrandose primero que nadie con Theodore Nott.
-Oh, Draco.- se sorprendió el chico de pelo negro -No sabíamos que estabas tomando una siesta.- pareció disculparse, pero Draco supo que era un perdón fingido por la leve mueca de sonrisa en los labios de Nott.
-Solo trataba de descansar un poco.- le regresó la falsedad con una sonrisa de lado, bajandose de la cama con toda la intención de meterse en el baño y luego bajar a cenar algo, si es que no era demasiado tarde aún.
-Entonces no te enteraste.- sentenció otra voz dentro del cuarto y el rubio miró sobre su hombro para encontrarse con que Blaise Zabini lo miraba desde el centro de su cama, con una sonrisa de esas que te hacen sentir simplemente que estás por recibir una terrible noticia.
-¿No me enteré de qué, Blaise?- murmuró Draco, dándose la vuelta para poder ver al moreno, que se movió para bajarse de la cama y quedar junto al rubio.
-Potter por fin perdió el último bateador que le quedaba.- sonrió de lado y el rubio levantó una ceja.
-¿Que Potter qué?- preguntó sin entender.
-¡Perdió la cabeza, Draco!- exclamó Theo, metiéndose de nuevo en la conversación, con una sonrisa de lado que delata el esfuerzo que hacía para no reirse.
El rubio no terminaba de entender que era lo que trataban de decirle, pero al final, algo pareció hacerlo recordar. Sujetó su antebrazo izquierdo con su mano derecha y bajó la mirada por un segundo antes de volver a mirar a Blaise.
-¿Qué hizo?- murmuró, sin darse cuenta de que no estaba actuando como debería.
-...Atacó a otro león en los baños.- respondió el moreno, mirando a Draco con una mezcla extraña en la mirada, no muy seguro de porque los ojos de Draco parecían preocupados.
-¿A quién?- preguntó de nuevo el rubio, no queriendo escuchar lo que finalmente le respondieron:
-Ese chico... ¿Cuál era su nombre?- dudó Theo y con una seña que Crabbe hizo desde su cama, sonrió: -Cierto. Ese león al que le quitaste su recordadora en primer año. ¿Lo recuerdas?-
La mañana siguiente, Lunes, un ambiente extraño recorría la escuela. La clase de Encantamientos había sido cancelada por la ausencia de McGonagall y el grupo de sexto año de Gryffindor y Slytherin tenían dos horas libres sin previo aviso.
Aún se hablaba mucho sobre lo que había pasado, aun cuando nadie parecía saber a ciencia cierta los pormenores del incidente. Se decía que Potter había descubierto a Longbottom con algo que era suyo y por eso lo atacó; también que lo había atrapado enviando un mensaje a una chica que le gustaba. De todas las cosas que se decían, tal vez de la que menos se hablaba, pero la que todos parecían creer más, aun siendo la más inverosímil de todas las habladurías, era que Harry había descubierto que Neville era un mortifago.
Durante el desayuno, unos alumnos menores escuchaban con atención como un chico de quinto año relataba su escalofriante versión del incidente, cuando de la nada, alguien golpeó al chico de Ravenclaw, dejándolo con el labio sangrando y en el suelo.
Era Ron.
-¡No te atrevas a hablar de nuevo así!- le gritó el pelirrojo y cuando el chico trató de decir algo, Ron hizo un ademán con su puño cerrado, como si estuviera a punto de golpearlo de nuevo. Cuando el chico se cubrió el rostro con los brazos, Ron pareció reaccionar a la situación: estaba en el medio del comedor, totalmente en silencio y con todos los alumnos mirándolo sorprendido.
-Ron.- lo llamó Hermione y el pelirrojo levantó la mirada para verla y asentir a lo que ella le estaba diciendo, solo con la mirada.
-Debería darles vergüenza. ¡A todos!- terminó levantando la voz, mirando a su alrededor, dirigiéndose a todos los alumnos que había allí -Hablar de esa manera... De Harry... ¡De Neville!- rugió -¿Cómo se atreven?- terminó diciendo con los dientes apretados, igual que sus puños -Ninguno de ustedes los conoce lo suficiente como para opinar sobre lo que pasó. ¡No hablen si no saben nada!- terminó sentenciando al final, alejándose del chico de Ravenclaw para sujetar a Hermione de la muñeca y salir con ella del Gran Comedor.
De entre los alumnos de Ravenclaw, una rubia se dejó ver, saliendo del comedor detrás de los leones. Desde la mesa de las serpientes, un rubio escuchó y miro todo, sin soltar su taza de té, que temblaba débilmente entre sus dedos.
Estuvo casi una hora dando vueltas por el pasillo de la enfermería, solo para estar seguro de que nadie lo vería entrar. Cuando Madame Pomfrey salió para darle un último informe al Director, supo que era el mejor momento para entrar, porque la medimaga nunca dejaría la enfermería con algún alumno recibiendo visitas. Draco entró despacio, mirando a todos lados. Al primero que vio fue a Harry, pero no le interesaba para nada el chico de lentes. No venía a verlo a él. Su mirada clara se desvió hasta el final del cuarto, viendo la cortina que rodeaba la última cama: supuso que debía de estar allí.
Neville.
Caminó por el pasillo entre las camas, casi sin prestar atención al sonido acompasado que hacían sus zapatos contra el piso de piedra de la enfermería. Cuando por fin estuvo junto a la cortina, levantó su mano, y tembló apenas antes de atreverse a atravesarla. El rubio tragó duro al ver al león en la cama: estaba casi totalmente vendado. La mitad de su rostro estaba cubierto por los vendajes y su cuello y sus brazos. Aun cuando no llegaba a verlo por el pijama que lo cubría sobre los vendajes, Draco tuvo la impresión que su pecho y su estómago debían de estar vendados también, igual que sus piernas. Algunas partes mostraban leves tonos rojos, manchas de sangre. Incluso las sábanas tenían rastros de sangre.
-¿Qué fue lo que te hizo?- murmuró mientras se acercaba más a la cama, mientras su mente trataba de recordar si realmente existía un hechizo- No, un maleficio, que pudiera provocar semejante daño. Si era el caso, debería de haber un contra-maleficio, algo que hubiera evitado esto... o tal vez Potter había sido lo suficientemente estúpido para usarlo sin saber cuál era.
Ver a Neville de esa manera, como dormido nada más, le recordó el cómo se había metido en su mente aquella tarde en el baño, queriendo estar seguro de las intenciones del león, queriendo saber si no era todo parte de alguna clase de plan para descubrirlo... ese recuerdo repentinamente le dio una idea. Quería saber lo que había pasado, porque Potter había hecho eso y justo en ese lugar.
-Si me concentro lo suficiente...- murmuró Draco, sacando su varita. No se dio cuenta en qué momento se había sentado en el borde de la cama, junto al león y le había tomado la mano. Levantó la varita -Legerimens.-
La enfermería comenzó a dar vueltas a su alrededor y cerró los ojos para no marearse. Cuando sintió que el movimiento se había detenido, Draco abrió los ojos, tratando de darse cuenta en donde estaba. Era un lugar oscuro. No parecía el baño del segundo piso.
-Quiero que me respondas algo, Neville.- escuchó una voz y logró darse cuenta donde estaba.
El cuarto de Neville. ¿Por qué este recuerdo? Aunque estuviera Potter, ¡no era el recuerdo que quería ver!
-¿Eres un mortifago?-
Este recuerdo no servía, quería ver lo que había pasado ayer. Draco se acercó a la cama en donde Potter estaba con Neville. Si tenía que pasar a través de este recuerdo para llegar al que quería, al menos trataría de prestar atención.
-¿Todavía tengo tu confianza?- preguntó Potter y Draco se quedó impresionado al ver que Neville negaba con su rostro. ¿Sería por esto que...?
-Tienes mi lealtad.- escuchó murmurar al león y Draco sintió un nudo en el estómago.
Entendía que los leones... No, en realidad, entendía que todos fueran leales a Potter. Era el único que realmente tenía chances de acabar con Él, ¿verdad? Si supiera quién ganaría una apuesta, Draco no dudaría en ponerse del lado del ganador, si tenía la oportunidad.
-Por eso… No dudes en que lucharé a tu lado.- terminó de hablar Neville y Draco sintió que el nudo en su estómago se apretaba más.
El rubio Slytherin no tuvo tiempo de pensar en si Neville le había mentido a Potter cuando todo dio vueltas de nuevo a su alrededor. Otra vez cerró los ojos y trató de no marearse. Cuando sintió que todo se detenía de nuevo, abrió los ojos: estaba en la biblioteca.
-De nuevo... ¿Por qué mierda no me deja ver ese recuerdo?- murmuró el rubio, buscando con la mirada a Neville, encontrándolo en una mesa, leyendo -Genial.- suspiró, acercándose para sentarse a su lado. No pasaron ni dos minutos antes de que alguien más se acercara a la mesa.
-Hola Neville.- saludó una Ravenclaw rubia y Draco la recordó de inmediato: era esa chica que había visto ya varias veces hablando con el león.
-Hola Luna.- saludó Neville levantando la mirada del libro para sonreírle. Segundos después cerró el libro y lo puso debajo de otro.
-¿Estudiando?- preguntó la chica con algo de interés, quizás notando la extraña actitud del león igual a como la notó Draco.
-No, solo... estaba buscando algo pero... No creo que ninguno de estos libros tenga lo que necesito.- admitió, sonando sincero, pero algo nervioso a los ojos de Draco, que se acercó para mirar el lomo del libro, dejando de prestar atención a la conversación.
"Hechizos y Contra-hechizos famosos"
-¿Estás buscando un hechizo en especial?- le preguntó la chica interesada y Draco volvió a prestar atención a lo que Neville fuera a responder.
-En realidad, busco un contra-hechizo, pero parece que no existe.- se rió apenas luego de decirlo, causando que la chica lo mirara extrañado, igual que Draco.
-¿Un contra-hechizo que no existe? ¿Contra qué sería?- insistió la rubia y Neville pareció dudar por unos segundos antes de responder.
-El Juramento Inquebrantable.-
Draco se puso de pie, dispuesto a sacar su varita para salir de allí en ese mismo instante, pero de nuevo todo a su alrededor dio vueltas y cayó mareado al suelo... que estaba mojado.
-Vas a encontrarte con Malfoy, ¿no es verdad?- sonó la voz de Potter y cuando Draco levantó la vista vio al chico-que-vivió apuntándole a Neville, que se mantuvo en silencio -No puedo creer que me miraras a los ojos y me mintieras, Neville.-
-No te mentí, Harry. Te soy leal.- escuchó Draco a Neville, mientras se ponía de pie para así acercarse para poder observar y escuchar mejor, cada palabra.
-¡¿Ibas a encontrarte con un mortifago y dices serme leal?- acusó Potter y Draco realmente pensó que Neville negaría eso, pero lo acepto aun cuando Potter continuó acusándolo, llegando al extremo de nombrar a sus padres.
Escuchar a Neville decir que él -Draco- no tenía nada que ver... Que no tenía nada por lo que pagar... El rubio se sintió culpable de repente. Le había mentido. Lo había engañado la última vez que hablaron y sin razón alguna. Podría haberle dicho toda la verdad, pero no lo hizo.
"Le dije que un Juramento me lo impedía." pensó avergonzado y repentinamente se dio cuenta de que... tal vez Neville buscaba el contra-hechizo para él.
-Estoy ayudando a Draco.- habló Neville, y el rubio levantó la mirada para ver como Harry lo empujaba, gritando y Neville volvía a decir que se equivocaba.
¿Por qué lo defendía? Draco trataba de entender algo, trataba de encontrar la razón de porque el león insistía en defenderlo cuando hubiera sido más fácil para él simplemente asentir y decirle a Potter que lo había obligado a hacer un Juramento y que por eso lo ayudaba.
Porque... era por eso... ¿verdad?
-¿Por qué ayudas a alguien como él?- volvió a preguntar el niño-que-vivió, esta vez sujetando a Neville de la ropa -¿Por qué me traicionas?-
-¡No te traicioné!-
-¡ME MENTISTE!-
-¡Si lo hice pero no por lo que crees!-
-¿Entonces por qué? ¡Habla!-
En este momento, Draco no supo porque se acercó a ambos chicos. Como si olvidara que estaba dentro de un recuerdo, como si no le importara que fuera algo que no podía cambiar, de todas maneras habló.
-Díselo. Dile que te hice jurar. Díselo.- susurró, mirando a Neville, que claramente no lo veía a él, sino a Harry.
-No puedo decírtelo.- habló el león y Draco apenas llegó a girar su rostro para ver el de Potter antes de escuchar ese grito:
-¡SECTUMSEMPRA!-
Toda la superficie del recuerdo tembló y la sangre que salpicó y lo manchó todo pasó a través de Draco. El rubio jaló aire, sintiendo que las piernas le temblaron apenas antes de hacerlo caer de rodillas en el piso mojado. No sintió dolor, claro, porque no estaba realmente ahí. Miro a su alrededor. Todo continuaba temblando y no había un solo sonido. El recuerdo estaba dañado.
-Neville.- llamó al chico, acercándose sin levantarse del piso, caminando en cuatro hasta estar junto al cuerpo del león.
Draco pudo ver como Potter soltaba su varita para acercarse y gritar algo que no pudo escuchar. Neville estaba en el suelo, rodeado de sangre. Potter trató de levantarlo, pero antes de que el rubio pudiera ver lo que pasaba, todo comenzó a girar a su alrededor. Cerró los ojos con fuerza y cuando los volvió a abrir, estaba de nuevo en la enfermería.
-Maldición...- musitó, apretando los dientes y sujetando con un poco más de fuerza la mano de Neville -¿Por qué... no le dijiste?- le preguntó al león, que claramente no podía responderle -Podrías haberle dicho... que te obligue a jurar.-
Se sentía culpable, era claro. Neville era demasiado bueno para su propio bien y demasiado bueno para estar cerca de Draco. Algo le decía al rubio que aun cuando el león se había salvado esta vez, no se salvaría de nuevo. Esto era un aviso, estaba seguro. De alguna manera sentía que el Lord Oscuro sabía algo que él mismo ignoraba.
O en realidad, algo que no quería admitir.
-Tienes que dejar de ayudarme.- murmuró Draco agachando su rostro para apoyar su frente en el pecho de Neville, escuchando como respiraba despacio y acompasado. No quería que se siguiera arriesgando. No quería que le pasara nada. No podía cargar con eso. Aun cuando pudiera matar a Dumbledore, si algo le pasaba al león, no se lo perdonaría.
Junto a la cama, en una pequeña mesa llena de botellas, estaba la varita de Neville. Draco la miró por unos segundos y la tomó.
-Te libero... de tu juramento... Neville Longbottom.- masculló y sobre sus manos tomadas aparecieron los lazos plateados que habían sido sus juramentos -Tu vida ya no estará atada a tus palabras.- continuó hablando bajo y los lazos plateados se desvanecieron.
Tendría que actuar rápido ahora. No tenía mucho tiempo más para completar su misión.
-No puedes salvarme.- susurró al oído de Neville soltando su mano. Dejó la varita del león en la mesa y se alejó en silencio de la cama, cerrando las cortinas con cuidado.
Draco no pudo caminar más de unos metros antes de escuchar que alguien lo llamaba.
-Malfoy.- sonó una voz gruesa, jadeante y Draco no tuvo que pensar o verlo para saber que era Potter.
-Estás despierto.- murmuró, mirando los ojos verdes, clavados en él desde la cama -Bien por ti.-
-¿Cómo... te atreves... a venir... aquí...?- habló con dificultad el niño-que-vivió, medio sentado en su cama, jadeando por mantenerse despierto al parecer, ahora que estaba por fin consiente.
Draco no pareció notar nada de eso y se acercó a la cama, mirando a Potter a los ojos. No traía los lentes, pero parecía poder verlo bastante bien aun así. El rubio se acercó un poco más y al notar que Harry no podría oponer resistencia, lo sujetó del pijama, para hablarle muy de cerca, casi contra el rostro.
-¿Aún te crees con derecho de preguntarme eso, Potter?- siseó suavemente, sin quitar su mirada de los ojos verdes -Tienes sangre inocente en tus manos. Ya no eres mejor que yo.- le aseguró, soltándolo con un fuerte empujón contra la cama, para luego alejarse.
-Tu... ¡Es tu culpa! ¡Todo! ¡TODO!- logró gritar Harry, pero Draco continuó caminando sin darse la vuelta.
Lo último que quería o necesitaba era que Potter lo viera llorar.
"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997
"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011
