Bueno, he tenido serios problemas de conexión, además de que ya entré en época de exámenes finales BUAAAAAAAA, pero de todas maneras, continué escribiendo y... y por ahora los dejaré con la intriga xD
El próximo capítulo se titula: "Oblimens", que como pueden suponer, es un hechizo inventado por mí, mezcla de Obliviate y los hechizos Legerimens y Oclumens... piensen de que puede tratarse :)
En otras noticias: al fin recibí mi notificación de Pottermore! Yay! Mi nickname es IceMagic72 y estoy en la casa Hufflepuff xD Si alguien me quiere de amiga, búsquenme y envíenme una solicitud. Trataré de pasarme por ahí en algún momento.
Bueno, ojala lo disfruten y espero que sepan disculpar la ausencia :)
"Porque yo entiendo."
Mihara Emiko
-8- Esa voz que susurra.
Draco termino haciendo lo mismo que siempre: desapareció. Aunque alguien se hubiera molestado en buscarlo, era más que fácil suponer que no lo encontrarían, porque así era el príncipe Slytherin. Si no quería ser encontrado, no lo sería. El rubio Malfoy se encerró a sí mismo en la Sala Multipropósito, con una muy clara idea de lo que debía hacer.
Sin que nada lo detuviera, comenzó a caminar por los interminables pasillos, entre los muebles y bibliotecas, las gigantescas montañas de objetos perdidos y mal encontrados. Pilas y pilas de ropa, libros y botellas, cajas repletas de cosas que fueron valiosas para alguien, pero que no merecían la más mínima atención de Draco. Sin darse cuenta comenzó a sentir de nuevo esa molesta presión en su garganta y en su pecho: la angustia, la culpa. Sentía como se esparcía por su cuerpo sin que pudiera detenerla. Aun sujetándose el pecho con una mano y respirando agitado por su boca, la presión aumentaba. El dolor crecía. Sus pasos se volvieron más y más rápidos, hasta comenzar a correr.
En algún momento comenzó a sentir los ojos borrosos, y no quiso pensar en que volvía a llorar. Estaba cansado de ser tan débil y cada vez que se volvía consciente de esa debilidad, no podía sino pensar en Neville. Sin quererlo, sin desearlo siquiera, el león se metía en sus pensamientos y volvía a escuchar cómo le había dicho que lo ayudaría... y la culpa se hacía más fuerte.
En algún momento los últimos días, comenzó a pensar más en él. En lo que le diría o en cómo reaccionaría ante las cosas que iría diciéndole. Recordaba haberse sentido decepcionado cuando creyó que no aparecería en el baño, luego de decirle que era un Mortifago; y también recordaba ese sentimiento cálido que le desbordó el pecho cuando Neville le aseguró que encontraría la manera de ayudarlo. Por primera vez en meses, Draco se había sentido aliviado. Había sentido que alguien volvía a protegerlo como cuando era solo un niño, y no había querido perder eso... Por eso le había mentido y ahora su mente le repetía mil veces que era por esa última mentira que había pasado todo lo que había pasado. Y esos pensamientos se apilaban sobre su alma, quitándole el aire y por primera vez sintió deseos de morir.
Un grito quebró su garganta repentinamente, deteniendo su carrera en el centro de la sala, rodeado por montañas de mesas y sillas, armarios y bibliotecas, baúles y valijas. Pasó las manos por su cabello, tirando de los mechones rubios, gritando de nuevo. Las lágrimas no habían parado de recorrer su rostro y ahora parecía que su garganta continuaría por ese mismo camino. Gritó varias veces más, su voz quebrándose en cada grito, confundida por el llanto. Nada lo aliviaba. Cada vez sentía que su pecho dolía más y comenzaba a desesperarse.
De cuclillas, aun tirando de su cabello, sacó su varita y sin siquiera pronunciar el hechizo con sus labios, una ráfaga de fuego cruzó el pasillo, impactando contra una biblioteca. Los libros y pequeños adornos y cajitas en sus estantes se prendieron fuego de inmediato. Algunos gruesos tomos, como enciclopedias, se cayeron del mueble, terminando por quemarse en el suelo... en cuestión de minutos solo quedó un montón de ceniza y negrura. El fuego ni siquiera se expandió a otro mueble.
Draco solo se quedó ahí, viéndola arder. No se sentía mejor. No era suficiente.
Se puso de pie con las piernas temblando, igual que sus manos y con el rostro húmedo y blanco. Sacudió otra vez su varita, sin siquiera prestar atención contra que impactaba el hechizo. Quería romper todo lo que pudiera, quería destruir todo a su alrededor. Quería derrumbar esta maldita sala hasta sus cimientos, destruirla completamente con todo lo que había en ella... Sobre todo ese maldito armario.
Aun cuando había llegado ahí directamente de la enfermería con la idea de repararlo de una buena vez para terminar con todo y así poder irse lejos, ahora ya no deseaba eso. Sabía que si cumplía con su misión probablemente salvaría su vida, pero el peso de las vidas ajenas ya no era algo con lo que pudiera vivir. Ahora sabía perfectamente cómo se sentía: como la conciencia pesaba sobre su espalda al saberse responsable de la vida de alguien. No era algo con lo que pudiera vivir... No era tan fuerte.
Antes de darse cuenta, estaba corriendo de nuevo, solo que esta vez, aún con sus ojos cerrados, parecía saber que camino recorrer para llegar a donde su corazón le gritaba. Una parte de su consciencia seguía quebrándose más y más en su cabeza, repitiendo las imágenes que no había presenciado más que en un recuerdo y eso hacía a la culpa resurgir con mayor fuerza en su pecho. Corrió y corrió, más y más rápido, sin siquiera pensar en la suerte que tenía de no chocar contra nada. Su brazo se movía de a momentos, lanzando más hechizos, escuchando las ensordecedoras explosiones sin prestarles atención. No le importaba. Todo podía caerse a su alrededor y no se molestaría en abrir los ojos. Lo único que de verdad quería ver arder...
Terminó golpeándose contra un mueble y aún con los ojos entrecerrados, sintiendo que volvía a llorar, soltó su varita para golpear el mueble con los puños cerrados, soltando otro grito que le desgarró la garganta. Se dejó resbalar hasta el suelo rasguñando la madera con sus uñas, temblando completamente. Su cabello desordenado caía sobre sus ojos y cuando estuvo de rodillas los abrió, descubriendo que se había chocado contra el armario evanescente.
-Tu... maldita... cosa...- jadeó como pudo, con la voz quebrada, tomando su varita para ponerse de pie. Dio algunos pasos atrás y cuando sus labios estuvieron a punto de pronunciar un hechizo para volar el maldito armario en pedazos, su brazo ardió, obligándolo a soltar la varita y encogerse, otra vez de rodillas -Maldito...- dijo entre dientes, sintiendo que su brazo dolía más.
Una parte de Draco quería continuar destruyéndolo todo a su alrededor, como si de alguna manera eso pudiera aliviarlo un poco, pero sabía que no podía, que no debía. Todo había pasado por su culpa, de alguna manera lo presentía. El Lord Oscuro lo estaba castigando, era un aviso.
-Lo haré. Lo juro. Solo necesito un par de días más.- murmuró de nuevo como hacía solo unas horas.
Draco sabía que era su vida y la de su familia la que seguía en juego, pero por alguna razón, ya no sentía tanto miedo como antes.
De las muchas cosas que hubiera deseado ver al abrir los ojos, el rostro de su antiguo profesor de pociones no figuraba en la lista... sobretodo así de cerca.
-¿Ya despertó, Sr. Potter?- Harry escuchó la voz de Snape y asintió apenas, entrecerrando los ojos al darse cuenta que no tenía sus lentes puestos.
Severus se echó para atrás, guardando su varita, observando al moreno por unos instantes antes de distraer su oscura mirada con Madame Pomfrey, que acababa de entrar en la enfermería.
-Oh, Severus.- habló la medimaga -¿Sucede algo?-
Mientras el profesor se alejó de la cama para hablar con ella, Harry se sentó a medias, buscando sus lentes en la mesa junto a la cama. Sintió algo pegajoso en sus dedos al apoyar su mano de lleno sobre algo que... no quiso siquiera pensar en lo que era. Volvió a tantear un par de veces más hasta que por fin encontró sus lentes. Ahora, con un cristal manchado de esa cosa marrón y pegajosa -chocolate derretido-, buscó primero al profesor, que estaba bastante lejos, junto a Pomfrey, casi en la entrada de la enfermería. Sus ojos trataron de encontrar alguna referencia, incluso trató de ver más allá de la puerta de la enfermería, quizás una ventana o alguien pasando. No tenía idea de que día era o si era de día o de noche... Tal vez era aún de tarde, porque Madame Pomfrey aún tenía su uniforme y no su bata de dormir... y al final, Harry terminó tragando duro al notar la expresión de asombro -¿o era horror?- en el rostro de la medimaga y casi contuvo la respiración al notar que, al terminar de hablar, Snape regresaba junto a la cama.
-¿Estás en tus cinco sentidos, Potter?- le preguntó de manera poco amable y Harry simplemente asintió, no pudiendo evitar echarse atrás al notar que el profesor sacaba su varita. Severus enarcó una ceja ante la actitud del adolescente, pero terminó sonriendo de lado, imperceptible casi, de esa manera tan clásica y Slytherin: -No voy a matarte, Potter...- aseguró y algo en la mente de Harry pareció presentir que el profesor apenas había contenido una última palabra: aún.
Los ojos verdes del niño-que-vivió observaron los primeros movimientos de la varita del mayor y antes de darse cuenta siquiera, logró manotear su propia varita, manteniéndola levantada, en guardia. Snape se detuvo, mirándolo fríamente y aun así Harry mantuvo su varita arriba.
No era tonto. Conocía demasiado bien esos movimientos. Había sufrido por esos movimientos todo el año pasado... el hechizo Legerimens.
-Baja tu varita, Potter.- ordenó el profesor y Harry negó con su rostro. Aún no había soltado una sola palabra, lo cual hizo dudar por un instante a Severus, pero solo fue un segundo -Aunque intentes detener mi hechizo, ya deberías de saber que no puedes.-
-Y usted debería saber que he practicado desde nuestra última clase.- respondió casi de inmediato, apenas siendo capaz de contener su tono de voz para no gritar.
-¿Así que has practicado?- preguntó Snape y Harry sintió que era una burla directa.
-Inténtelo y lo verá.- se atrevió a responder y solo con ver la mirada del profesor supo que se había equivocado al hablar así.
Ambas varitas estaban en el aire, solo que la de Harry temblaba débilmente. ¿De qué tenía miedo? Seguramente era por una orden de Dumbledore que Snape había venido a registrar su memoria... ¿pero acaso no podía hacerlo el director? No quería que fuera Snape de todas las personas, el que viera cómo y porqué había atacado... Si, atacado. Eso era lo que había hecho, ¿verdad? Había atacado a Neville.
Fue solo una fracción de segundo, solo eso. Esa duda que atacó la mente de Harry lo distrajo lo suficiente para que Snape moviera su varita un momento antes que la suya. Fue todo lo que el profesor necesito para meterse en su mente.
Los pasos hacían eco por los pasillos del colegio. Uno tras otro, en cada esquina y escalera. Eran continuos al principio, pero se hacían más y más rápidos mientras más cerca estaba. Otro sonido acompañaba los pasos: el ondeo suave, fuerte de a momentos, casi cortante, de una túnica negra y pesada.
Y luego, un golpe en la madera de la puerta.
-Adelante, Severus.- habló Dumbledore con un tono cansado, muy distinto al jovial que tenía algunos años atrás.
Severus entró en el despacho del director. Pasó junto al pensadero abierto, caminando directo hasta el escritorio, donde Albus estaba sentado. El director mantenía la pose de siempre: reclinado en su asiento, con una mano en su regazo y la otra apoyada en el escritorio, a punto de firmar un pergamino... una carta dirigida a la abuela de Neville. Los lentes de medialuna pendían peligrosamente de la punta de su nariz, casi parecía cosa de magia el que no se cayeran.
-No me traigas malas noticias, Severus.- pareció pedirle al profesor y la sola mirada negra del más joven pareció reclamarle antes de hablar.
-No fue un accidente.- aseguró y Albus guardó silencio, esperando que le dijera algo más -Lo hizo a propósito, Albus.-
-No creo que Harry- intentó negar el Director, pero fue interrumpido de inmediato por Severus.
-¡Tienes que dejar de pensar tan bien de él!- levantó la voz el profesor, casi sin medirlo -¡Él lo hizo solo! Acabo de verlo. Atacó al chico Longbottom solo porque...-
-¿Por qué Severus?- preguntó al notar que repentinamente guardaba silencio.
Severus pareció dudar. Aún recordaba la larga charla que había tenido con Dumbledore a principio del año pasado, poco después de que intentara curar su mano maldecida... Y había hecho de todo para tratar de olvidar lo que le había pedido aquella noche.
-Severus.- lo llamó de nuevo el Director y el profesor terminó suspirando.
-Parece ser que... el chico Longbottom estuvo hablando... con Draco.-
-¿En verdad?- preguntó el anciano con tono incrédulo.
-Eso es lo que logré deducir con lo que Potter me dejó ver sobre el incidente.-
-No podemos quedarnos solo con deducciones, Severus.- habló Dumbledore de nuevo y Severus asintió -¿Crees que puedas preguntarle a Draco?- inquirió, pero recibió una negativa casi de inmediato.
-Ya te dije lo que pasó en Navidad. Cree que estoy intentando quitarle su gloriosa misión.- murmuró Severus y Albus pareció reírse apenas:
-Bueno... Es eso justamente lo que necesito que hagas, ¿no?- habló el anciano y Severus negó, tratando de no prestarle atención.
-No me ha dicho nada ni me ha pedido ayuda, aun cuando se la ofrecí.-
-Tal vez encontró ayuda en otro lado.-
-...Aun cuando yo mismo escuché como Potter acusaba a Longbottom, no puedo creer que Draco...-
-A veces el destino nos guarda sorpresas, Severus.-
-Y a veces son indeseadas, ¿no?- terminó la frase del Director, que sonrió apenas de lado.
-Si, a veces sí... Aunque a veces... son justamente lo que necesitamos.-
Severus se mantuvo en silencio por algunos segundos. No quería decir ese otro pequeño dato que había logrado discernir aun cuando Potter se resistió: tenía su libro, el libro del Príncipe Mestizo. Había utilizado su magia, la que había creado para algún día usarla con -irónicamente- James Potter...
Claro, Severus nunca pudo. No porque le faltara valor o deseo de hacerlo, sino porque, aun cuando hubiera odiado a James Potter con toda su alma, ese hombre... ese mago... era él quien hacía feliz a Lili, y Severus la amaba tan profundamente, que quería que fuera feliz. Esas mismas razones eran las que lo habían casi obligado a, de alguna manera retorcida, proteger a ese chiquillo orgulloso que no era menos que la viva imagen de su padre. Harry Potter era el hijo de la persona que más había odiado en toda su vida... pero también era hijo de la persona que más había amado. El heredero de dos sentimientos muy fuertes.
-¿Tienes algo más que decirme, Severus?- inquirió el Director con un tono de voz bastante suave, aún con la situación. Severus dudó por un momento:
-No, señor.- negó finalmente, bajando apenas la cabeza, para salir del despacho.
Dumbledore vio a Severus retirarse, con una sonrisa cansada. Faltaba muy poco tiempo para que se cumpliera una de las últimas partes de su plan. En solo unos días tendría que pedirle a ayuda a Harry...
Aún después de toda una noche intentándolo, el dolor en su brazo y la presión en su pecho, no lo dejaban concentrar. Si no había logrado reparar ese maldito armario antes, mucho menos lo lograría ahora.
-Pero no tengo opción.- murmuró con un suspiro cansado.
Estaba desecho. El llanto y la falta de sueño no eran buena combinación, ahora lo sabía... y la peor parte es que solo necesitaba cerrar los ojos por unos segundos para casi caer dormido, y cuando caía dormido solo podía pensar en algo.
Las imágenes se repetían demasiado nítidas en su mente, como si realmente hubiera estado allí, viéndolo todo mientras sucedía. De a momentos se sorprendía a sí mismo preguntándose por qué no había hecho nada para frenar a Potter, por qué no había hecho nada para ayudar a Neville... Entonces abría los ojos y veía el armario. No podría haber hecho nada. No hubiera hecho nada si hubiera estado allí.
-La verdadera pregunta es... ¿hubiera podido hacer algo?- murmuró, tratando de aclarar un poco su mente.
Su brazo ya estaba algo adormecido por el dolor constante y pujante. Cerró los ojos una vez más, suspirando.
"Vamos, Draco." se habló a sí mismo en pensamiento, "No puedes quedarte sin hacer nada. Tienes que hacer funcionar esta mierda." se ordenó, pero tembló apenas al sentir que la voz en su cabeza no parecía del todo la suya. Se escuchaba mucho más profunda, casi gutural, siseante de a momentos. "Tienes que hacerlo funcionar pronto. Su paciencia tiene un límite y lo está alcanzando." escuchó la advertencia y tragó de manera incómoda.
-Sé que eres tú.- habló el rubio en voz alta. Sentía la boca seca de repente, pero eso no lo detuvo -¿Por qué... Por qué hiciste que Potter...?- quiso preguntar y una carcajada resonó en su cabeza. De inmediato se cubrió los oídos, como si de esa manera pudiera acallarlo... pero esa voz fría estaba dentro de él, resonando en su mente.
"Solo estaba probando... El año pasado Harry Potter me dijo que su fortaleza eran sus amigos... Y tú me diste la oportunidad de quebrar esa confianza, Draco."
-Yo no... No te di nada.- aseguró el chico, aún con las manos en sus oídos, encogiéndose como si pudiera protegerse, tal vez presintiendo que el Señor Oscuro no solo podía escucharlo, sino verlo.
"No seas modesto, Draco. Lucius nunca lo ha sido... y has logrado mucho más que él en las últimas semanas." aseguró la voz de Voldemort, casi dejando escuchar cierto tono irrisorio en su voz "Por un instante me engañaste también a mí. Creí que ibas a traicionarme y hacerle caso a ese chiquillo... ¿Longbottom?" pareció preguntar al final, como si el nombre lo hiciera pensar.
-Lo conoces.- soltó Draco sin poder contenerse. De todas maneras lo había pensado y creía que el Señor Oscuro lo había oído primero -O mejor dicho... a sus padres.-
La voz se quedó callada repentinamente y por una fracción de segundos Draco creyó que el escudo de la escuela lo estaba protegiendo de nuevo... pero eso hubiera sido demasiado bueno para él.
"Por supuesto. Los Longbottom." aseguró la voz de Voldemort y Draco sintió un escalofrío al creer ver el rostro blanco en su mente, sonriendo "Así que era ese chico..." de nuevo pareció meditar, pero otra vez las palabras del Lord provocaron una reacción en Draco.
-Es.- soltó en casi un jadeo.
Silencio. Por leves instantes el rubio creyó que ni su pensamiento, ni sus palabras, habían sido escuchadas... hasta que el dolor regresó, esta vez no solo en su brazo.
"Deberías de imitar más a tu padre, Draco." aconsejó la voz en tono aburrido "Él sabe cuándo arrodillarse."
El fuego recorrió todo su brazo hasta su hombro y su pecho, concentrándose en su corazón. No solo quemaba su piel... Draco sentía que su sangre hervía y que sus huesos se quemaban bajo el calor de mil Infernos. Jadeó con fuerza, cerrando los ojos lo más fuerte que fue capaz. Incluso podría jurar que las lágrimas que rodaban por su rostro se evaporaban al correr por su cuello. Tensó todo su cuerpo, apretó los dientes y se abrazó a sí mismo.
"Termina. Termina. Termina." repetía en su mente, no pudiendo soportar por mucho más tiempo el dolor.
"¿Quieres que termine, Draco?" habló de nuevo Voldemort en su cabeza y antes de pensarlo como debería o hubiera querido hacerlo, el rubio Slytherin asintió apenas con su cabeza "Entonces, cumple tu misión... mañana."
El fuego se apagó tan rápido como había comenzado y Draco sintió la temperatura de su cuerpo bajar estrepitosamente. De la posición que tenía, abrazado y hecho una bola junto al armario, se soltó y dejó resbalar, hasta estar tumbado de lado en el piso, con los brazos lánguidos frente a su cuerpo. Aún tenía los ojos cerrados y si hubiera tenido la fuerza para hacerlo, hubiera comenzado a llorar.
Se lo había confirmado. Había sido él quien hiciera que Potter desconfiara y atacara a Neville... Y había sido todo por sus acciones. De alguna manera lo habían provocado todo. Su debilidad era la causa.
Eso era algo con lo que no podía vivir.
Las cosas seguían raras entre la población estudiantil. Ron y Hermione sentían que los miraban en los pasillos y que siempre que entraban a un salón o a la sala común, todos guardaban silencio apropósito, como si no quisieran que los escucharan hablar. La chica ignoraba todo y simplemente se iba a hablar con Ginny o a veces, en el comedor, incluso con Luna. Ron en cambio... no hablaba con nadie.
Hacía no más de un día el pelirrojo había tenido una fuerte discusión con Seamus. La verdad era que parecía ser el comienzo de quinto año todo de nuevo. Todos estaban contra Harry y el pelirrojo sentía que de alguna manera era arrastrado junto con su amigo. Después de todo lo que había pasado, de todo lo que habían hecho, seguían dudando de Harry, de todos ellos, aun cuando casi mueren el año pasado en el Departamento de Misterios.
-No es justo.- murmuró sentado en la mesa del almuerzo.
Hermione que estaba a su lado lo miró en silencio y frente a él, su hermana y Luna también lo hicieron, aunque la rubia Ravenclaw no se quedó callada.
-La vida pocas veces es justa con nosotros, Ronald.- murmuró con ese tono soñador, pero tan lleno de sabiduría a veces -Pero es luchar contra esas injusticias lo que les da fuerzas a nuestros corazones para seguir viviendo.-
El pelirrojo levantó la mirada para verla y se quedó callado por algunos segundos. La verdad es que gran parte de él continuaba pensando en Luna como "Lunática", pero tal vez era porque no tenía una real relación de amistad con ella. Si, habían peleado juntos en el ministerio, habían sido parte del E.D. y ahora era una de las pocas personas que continuaba creyendo en Harry, aun cuando se suponía que había lastimado a Neville.
-Luna tiene razón.- aportó Ginny, hablando con esa seguridad que a veces solo sus ojos demostraban -Harry necesita que seamos fuertes hasta que las cosas se aclaren.-
-¿Qué les parece… ir a verlo en la tarde?- aportó Hermione con un tono optimista.
-Madame Pomfrey no nos dejará entrar a todos juntos...- murmuró Ron -Tal vez... debamos esperar un poco más, hasta que esté mejor.- aportó, aunque en su cabeza estaba pensando en escabullirse con la capa de invisibilidad, pero en la noche.
No se lo diría a Hermione porque seguro querría ir con él. Necesitaba ir solo. Harry era su amigo, su mejor amigo, pero sin desearlo, tal vez por estar rodeado de tantas mentiras, parte de la confianza y la fe ciega que tenía en Harry, comenzaba a menguar y solo volvería a creer luego de hablar con él.
Harry aún sentía el estómago revuelto. Por mucho que cerrara los ojos y tratara de dormir, por muchas pócimas que Madame Pomfrey se esforzara en darle, no podía dormirse. No quería dormirse.
"Si me quedo dormido... él..." pensó suspirando, apenas cerrando los ojos y echándose atrás en la cama.
Solo eran necesarios unos minutos en silencio y con los ojos cerrados para comenzar a escuchar esa voz otra vez... pensar que esa voz le pertenecía solo lograba que su estómago diera más vueltas y las náuseas aumentaran. La peor parte es que la desconfianza en quienes lo rodeaban aumentaba.
Tener que ver lo que había hecho, todo de nuevo y aún peor, con la presencia de Snape en su cabeza, había sido una de las cosas más horribles... y su vida estaba plagada de cosas terribles. Aun cuando el profesor no había pronunciado una sola palabra, Harry no podía evitar sentir, casi escuchar lo que podría estar pensando y eso simplemente lo enfermaba. Que Snape de todas las personas lo viera hacer algo como lo que había hecho. Sentía que de alguna manera le daba la razón: era como su padre, ¿verdad?
"No. No es así. Sirius..." pensó abriendo los ojos, encontrándose con el techo borroso de la enfermería.
Era verdad. No solo Sirius, Remus también le había hablado de su padre y ambos habían confirmado que la imagen que se había hecho de él estaba bien. Su padre había sido un gran amigo, un hombre valiente y un mago extraordinario... Pero como dicen, eso era solo un lado de la moneda. Había visto otra cara de su padre, el propio Snape se la había mostrado sin desearlo.
"Papá también podía ser cruel." pensó vagamente y terminó cubriéndose el rostro con las manos al meditar sus propias palabras. No podía haber pensado eso. No de su padre.
-No tiene razón. Nunca la tuvo.- se murmuró, casi entre dientes, sentándose de nuevo en la cama.
¿Por qué se sentía así de culpable? Se suponía que pensaba, muy profundamente, que era todo culpa de Draco. Sí, eso era. El rubio Slytherin era quien había estado tramando algo desde el comienzo del año. Era todo culpa de él. De alguna manera había puesto a Neville de su lado. Del lado oscuro.
-Solo traté... de que Neville se diera cuenta.- se mintió en un murmullo.
Una suave voz en su mente trataba de hacerlo entrar en razón, pero otra voz, mucho más fuerte y siseante le murmuraba que estaba en lo correcto y que todo el que le dijera lo contrario... era un traidor.
-Mju... es tan simple.- volvió a susurrar, casi sin darse cuenta, con una sonrisa en los labios mientras se cubría los ojos con una de sus manos.
Dumbledore respaldaba a Snape y era un error. Neville respaldaba a Draco y era un error. Gente en la que confiaba, por la que daría su vida, estaba tomando las decisiones equivocadas frente a su rostro... Podía simplemente esperar a que se dieran cuenta, solas, o actuar y ayudarlas a ver su error, ¿no?
Por fin había llegado la noche. Ron esperó a que todos se durmieran en el cuarto y sacó de debajo de su almohada la capa de invisibilidad de Harry. Era una suerte que le hubiera dicho donde la escondía antes de que pasara todo o se hubiera tenido que arriesgar a ser descubierto por Filtch en los pasillos.
El pelirrojo bajó las escaleras hasta la sala común, en donde el fuego de la chimenea crepitaba débilmente. No quedaba demasiada leña ardiendo. Por algunos segundos le sorprendió ver ahí a Hermione, dormida en uno de los sillones, pero luego recordó que le había dicho que debía terminar un trabajo para Runas Antiguas. Era gracioso como la leona clamaba estar tan preocupada por Harry y por Neville pero aun así no desatendía sus deberes escolares. Él en cambio no había entregado ninguno de los trabajos que debería de haber entregado. Incluso el profesor Slughorn lo miró extrañado en la mañana cuando ni siquiera se molestó en responder un 'no sé' ante una de sus preguntas.
Era martes ya… no, en realidad era miércoles, de madrugada. Desde el Domingo que no veían a Harry o a Neville.
Ron salió de la sala común, aprovechándose de que la Dama Gorda estaba dormida para empujar el cuadro y salir, oculto bajo la capa. Tenía que agacharse un poco porque ya estaba demasiado alto para que la capa lo cubriera completamente. En uno de los pasillos del tercer piso se cruzó con Filtch y casi muere de un infarto cuando esa maldita gata, Norris, se le quedó mirando en una esquina del corredor. De verdad, nadie lo convencería de lo contrario: esa gata podía verlos aún con la capa puesta. Le recordaba a Crookshanks. Ese gato era difícil de engañar también.
Luego de casi diez minutos por fin llegó a la enfermería. Primero empujó la puerta apenas, para ver si Madame Pomfrey estaba aún de guardia. Al comprobar que las velas de la oficina de la medimaga estaban apagadas, entró, cuidando de no hacer ruido con la puerta o con sus zapatos. Debería de haber pensado mejor y traer algo más en sus pies para no hacer tanto ruido en el piso de piedra.
Se acercó hasta la cama en la que creía Harry dormía, pero al estar más cerca se dio cuenta que el chico-que-vivió tenía los ojos abiertos.
-Harry.- lo llamó y cuando el chico de ojos verdes volteó el rostro hacia donde él estaba, se quitó la capa.
-Ron.-
-Wow. No pensé que fueras a estar despierto.- sonrió apenas el pelirrojo, visiblemente contento de verlo despierto y con mejor aspecto que antes... al menos le respondía.
-Si no esperabas que estuviera despierto, ¿para qué venías?- preguntó Harry, mirándolo de manera sería. Eso descolocó un poco al pelirrojo. Creyó que estaría contento de que se escapara para verlo.
-Ah… Bueno… Quería ver como estabas.- trató de explicar, aunque por alguna razón siguió sintiéndose algo incómodo -Vine con Hermione el Lunes de madrugada, pero… Estabas como ido.- le explicó -Luego, quisimos venir pero Madame Pomfrey no nos dejó entrar.- explicó.
-Podrían haberse metido en la noche.- sonó a queja la voz de Harry, y desvió la mirada un segundo al techo antes de cerrar los ojos -Pero de todas maneras… me sirve que hayas venido, Ron.- suspiró.
Ron sonrió a medias, un poco confundido por la manera en la que Harry hablaba, pero como generalmente hacía, olvidó la confusión, dejándola a un lado, para entonces escuchar lo que Harry fuera a pedirle.
-Tú dirás que necesitas.- concedió.
-Mi libro de Pociones.- murmuró Harry -Necesito que lo escondas.-
-¿Eh? ¿El libro?- repitió Ron -¿Por qué?-
-Solo quiero que lo escondas.- repitió, ahora sí mirando al pelirrojo -Usa la sala multipropósito… Solo ve y pide un lugar para ocultar algo… Debería de abrirse para ti si lo pides de esa manera.-
-Pero Harry… creí que querías conservar el libro.-
-¡Por eso mismo necesito que lo ocultes!- levantó la voz Harry, apretando las sábanas en sus manos -Solo… Solo hazlo Ron. Por favor.- agregó al final, ablandando un poco la mirada.
Y el pelirrojo terminó asintiendo.
-Está bien. Lo haré.-
-Gracias.- sonrió apenas Harry, cerrando los ojos -Creo que me dejarán salir el viernes.- agregó, porque Madame Pomfrey se lo había dicho -¿Vendrás a buscarme con Hermione en la mañana?- pidió ahora con un tono de voz mucho más calmado.
-Seguro.- asintió Ron, con la capa en las manos. Antes de darse cuenta había desviado la mirada al fondo de la enfermería -Hey, Harry… ¿Sabes algo de Neville?- preguntó despacio, regresando la mirada a los ojos verdes y por primera vez… no, en realidad, no era la primera vez que los ojos de Harry lo asustaban.
-No me han dicho nada. No.- casi habló entre dientes -Quiero dormir.- agregó casi de inmediato, cerrando los ojos y Ron dio un paso atrás, con una sonrisa nerviosa en los labios.
-Sí. Perdón… Mejor me voy antes de que… Filtch regrese sobre este pasillo.- se excusó, colocando la capa sobre sus hombros. Cuando estaba a punto de taparse completamente, Harry volvió a hablar, aunque sin abrir los ojos.
-Esconde el libro ahora, Ron. No le digas nada a Hermione.- pidió despacio, casi murmurando.
-Seguro. No te preocupes.-
Una parte de Ron sentía… ¿desconfianza? No, era tal vez inseguridad. No entendía del todo la actitud de Harry y no era como cuando él se había enfadado con el chico-que-vivió en cuarto año, por todo el problema del Torneo de los Tres Magos. Esos habían sido celos… Esto ahora era… algo más. No sabía por qué pero… Le daba un poco de miedo.
Una vez que tuvo la capa puesta, Ron se quedó quieto en su lugar, como si esperara a que Harry se quedara dormido como le había dicho que lo haría para ir al fondo de la enfermería y ver a Neville. Ni siquiera Luna había podido convencer a Madame Pomfrey para ver al otro león y eso comenzaba a preocuparlos a todos. No podía haber quedado tan mal… ¿o sí?
-¿No te vas, Ron?- sonó la voz de Harry otra vez y Ron giró su rostro para verlo. Aún con la capa, los ojos verdes estaban clavados en él… ¿cómo?
-Quería asegurarme de que pudieras quedarte dormido.- mintió sin siquiera pensar en hacerlo y Harry sonrió de lado.
-Por favor, Ron, ve a hacer lo que te pedí.- insistió y Ron tragó nervioso antes de responder.
-Si… está bien.- asintió y dio varios pasos atrás hasta que Harry volvió a apoyar el rostro de lado en la almohada y cerró los ojos.
Al final, Ron salió demasiado rápido de la enfermería. No sabía por qué ahora sentía la necesidad imperiosa de correr hasta la torre para buscar el libro de Harry y esconderlo como le había pedido.
La enfermería estaba en silencio ahora. Pasaban de las tres de la mañana. Hacía solo unos minutos desde que las campanas del reloj en la torre sonaran estrepitosamente… justo después de que Ron se fuera.
-Cállate.- murmuró Harry apretando los ojos cerrados, desencajando su rostro en una expresión de concentración, terminando por sacar sus manos de debajo de las sábanas... junto con su varita. Dejó su varita sobre la almohada antes de taparse los oídos, como si con eso acallara la voz en su cabeza.
"Me pides que me calle ahora, pero gracias a mi conseguiste lo que querías." casi siseó la voz con una leve risa.
-No es verdad.- aseguró Harry, entreabriendo apenas los ojos -Ron ya iba a hacerlo cuando se lo pedí.-
"¿Lo crees? ¿Acaso también crees que se había quedado oculto para ver que te durmieras? Vamos, Harry, eres más listo que eso, ¿no?" lo molestó la voz.
Harry no respondió. Se dio la vuelta en la cama para mirar al otro lado de la enfermería. De inmediato sus ojos se quedaron clavados en la cortina al final, en donde estaba Neville.
"¿Ves? Era ahí donde ese pelirrojo quería ir. Quería verlo a él. Seguramente lo hubiera ido a ver primero si yo no te hubiera despertado antes."
-Neville también es su amigo.- defendió a Ron, pero no parecía tan seguro de lo que decía.
"Seguro, seguro… ¿Pero no es Neville quién te traicionó? Debería de saberlo."
-Cuando salga de aquí todos lo sabrán.- aseguró el chico-que-vivió, dispuesto a hablar con todos y cada uno de los alumnos de la escuela y todos los profesores de ser necesario.
"Mmhh… ¿Por qué no antes? Podrías decírselo a los profesores, aunque con lo que dejaste que Snape viera, no creo que alguien te crea, ¿no?"
-No importa lo que Snape haya visto.- habló Harry entre dientes, bajando sus manos, como si ya desistiera de acallar esa voz -Lo importante es lo que yo tendré para decir.-
"Oh, ¿en serio? ¿Y qué harás con Dumbledore? Él seguro creerá más en Snape que en ti."
-Tendrá que creerme.-
"¿Cómo? ¿Cómo harás que Dumbledore te crea, Harry Potter?"
-Le demostraré que Snape sabía de Draco desde el comienzo.- explicó con seguridad, como si su palabra fuera la única prueba necesaria.
Sabía que Dumbledore creía en él. No ciegamente, pero mucho... Era difícil que pudiera convencer al director de que Snape lo estaba traicionando, pero de alguna manera conseguiría convencerlo. No le importaba cuantas veces el profesor le dijera que confiaba con su vida en el Jefe de Slytherin.
"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997
"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011
