Hola gente. Habiendo pasado más de dos meses desde la última actualización, me obligué a mi misma a terminar este capítulo, como regalo / disculpa / ruego para que continúen teniendo esperanzas en mi :) Me encuentro trabajando y sin vacaciones por tiempo indefinido así que no tengo demasiado tiempo libre… "Perdón" nunca será suficiente.
Muchas gracias por los reviews. Como siempre digo, si puedo hacer con mis fanfic que alguien cambie su perspectiva, su mirada sobre un personaje, me llena de orgullo y me pone muy feliz :D
Pero bueno, ¡disfruten del drama! ¡Y dejen reviews! Aun cuando sea solo un "continua por favor", me ponen de buen humor :)
"Porque yo entiendo."
Mihara Emiko
-9- Igual que él.
Ron corrió por los pasillos con la capa sobre sus hombros, pero no parecía darse cuenta del ruido que hacía o de cómo sus pies se volvían visibles de a momentos por el ondeo de la capa. No estaba pensando. Lo único que se repetía ahora en su mente era lo que Harry le había pedido.
El libro.
Tenía que esconderlo. Se lo había pedido. Era algo urgente. Seguramente Harry sabía algo que no le había dicho. Algo peligroso. No debía decirle a Hermione, ni a nadie. Tenía que hacerlo ya mismo, sin tardar, sin pensar. Era una orden de Harry.
-¿Una... orden...?- murmuró de repente, frenando sus pasos en uno de los corredores del tercer piso. Miró a su alrededor, confundido, porque no entendía como había llegado ahí tan rápido desde la enfermería, en el primer piso. Ni siquiera recordaba haber tomado las escaleras.
No supo cómo el pensamiento llegó a su cabeza o porque. No era una orden. Era un favor, un favor a su mejor amigo. Se lo había pedido porque no podía hacerlo él mismo. Porque necesitaba su ayuda.
-Si... Harry me pidió que lo hiciera... porque soy su mejor amigo... porque confía en mí.- se habló, entre susurros, como si no pudiera pensarlo sin pronunciarlo primero.
Era una sensación extraña, ahora se daba cuenta. Su mente estaba un poco borrosa, como adormilada. Tuvo que mirar a su alrededor un par de veces para darse cuenta de que estaba corriendo a oscuras por el pasillo. Ni siquiera se había puesto la capucha de la capa sobre la cabeza.
-Debo... de tener sueño.- habló, como si buscara una excusa por la rara sensación que lo recorría.
Incluso sus manos se sentían extrañas. Era como si, efectivamente, su cuerpo se hubiera quedado dormido. Sus dedos hormigueaban, como sus piernas y terminó cerrando los ojos, apoyándose en la pared por algunos minutos, respirando agitado... hasta que escuchó un ruido... no, una voz. Muy cerca.
-¿Qué es, Sra. Norris? ¿Es uno de esos chiquillos molestos?- sonó la voz de Filch, demasiado cerca.
Ron casi entra en pánico, pero logró recordar que traía la capa con él. Levantó la capucha para ocultar su cabeza y se puso de rodillas en el suelo, para taparse por completo. Justo cuando acomodó el último doblez de la suave tela, una luz tenue comenzó a asomarse por una esquina y segundos después apareció Filch, siguiendo a su demoníaca gata. Ron se cruzó de brazos despacio, deseando poder hacerse más pequeño de lo que era. La Sra. Norris caminó despacio, mirando de inmediato hacia donde él estaba. La gata se acercó lentamente y Ron terminó tragando duro, dejando de respirar al notar que Filch se acercaba. Temía que pudiera oírlo.
-No hay nadie aquí, Sra. Norris.- murmuró el viejo squib, pero la gata soltó un maullido, erizando el pelaje de su lomo, aun mirando directo hacia donde estaba Ron -Mmhh... ¿Están escondidos, Sra. Norris?- volvió a preguntarle a la gata, por primera vez mirando hacia donde esta miraba.
El pelirrojo cerró los ojos, sintiendo la mente en blanco por el miedo de ser descubierto. No tenía escusa y esa semana los castigos corrían con Snape, algo que simplemente lo hacía desear con más fuerza el no ser descubierto... Y como son las cosas que fue justamente Snape quien apareció por la escalera, caminando rápidamente hacia Filch.
-Filch.- llamó al cuidador y el viejo squib se acercó rápido hacia el profesor -¿Atrapaste a alguien?- preguntó, mirando a lo largo del pasillo, como si algo le dijera que había alguien ahí.
-No, Profesor. Norris me llamó la atención, pero no hay nada aquí.- aseguró el viejo, levantando un poco más la lámpara que traía en su mano, para iluminar el pasillo.
De nuevo, Ron contuvo la respiración. Los ojos oscuros de Snape le daban la misma sensación que los ojos de Norris: algo le decía que podía verlo, aún con la capa de invisibilidad.
-Si atrapas a alguien... avísame de inmediato.- murmuró Snape, levantando su varita para iluminar su paso por el pasillo. Pasó muy cerca de donde estaba Ron: el pelirrojo sintió como el borde de la túnica negra del profesor tocó apenas la capa, pero él no se movió, solo cerró los ojos.
Filch llamó a la gata que soltó un maullido, disgustada, dando dos pasos más, cerca de Ron. Los ojos rojos del felino se quedaron clavados en Ron, hasta que este abrió los ojos de nuevo. Se quedó quieta varios segundos, solo mirando al pelirrojo, oculto debajo de la capa, hasta que finalmente, cuando Filch la llamó otra vez, se dio la vuelta, siguiendo a su amo.
Ron esperó a que la luz desapareciera por el corredor y soltó un suspiro. Eso debía ser, por lejos, una de las cosas que más lo habían asustado en su vida, y lo mejor era que no sabía por qué.
La noche estaba apenas comenzando. Ya había tenido sus advertencias. Esta vez no podía fallar. Debía arreglar ese maldito armario evanescente y cumplir con la primera parte de su misión: hacer entrar a los Mortifagos a Hogwarts. Luego, en medio del caos, podría buscar a Dumbledore y...
-Asesinarlo.- soltó la palabra como un susurro cansado, pero temeroso al mismo tiempo.
Pese a que mantenía la varita en alto, ya ni siquiera pronunciaba los hechizos. Después de tantas horas tratando y tratando, seguía sin conseguirlo. Desde este armario hasta su hermano, las cosas vivas llegaban sanas. El problema era cuando esas mismas cosas trataban de regresar, del otro armario a este.
-¿Cómo demonios sé que el problema no está en el otro?- murmuró con un gruñido.
Sentía el cansancio, el hambre y sobre todo el sueño a flor de piel, pero por alguna razón parecía ser eso mismo lo que lo hacía pensar con algo más de claridad. Luego de casi nueve meses de clases, con intentos de asesinato fallidos y miles de intentos más para reparar este maldito artefacto... por primera vez meditaba que nada le decía que este tuviera algo mal. No se había tomado la molestia de probar el armario evanescente de Borgin & Burkes para ver si funcionaba. Había tomado la palabra del anciano dueño de la tienda.
-Funcionaría perfectamente si supiéramos donde está su hermano, ¿no?- repitió Draco con una suave risa, dejándose caer sentado en el suelo de nuevo.
El rubio se pasó la mano por el cabello, tirándolo atrás para que no le estorbara la vista. Miró a un lado. En la pequeña jaula plateada solo quedaba un pajarito amarillo. Solo uno. Eso quería decir que le quedaba solo una oportunidad antes de tener que salir del salón multipropósito para buscar más criaturas...
-Si ningún hechizo de reparación funciona... Debería probar con dos... o tal vez tres.- murmuró.
Recordó repentinamente una clase con el jefe de Ravenclaw, Flitwick. Claro, fue él quien les había contado un "secreto" sobre los encantamientos. La principal diferencia entre las clases de transfiguración y encantamientos...
-Recuerden esto, les servirá mucho una vez que terminen la escuela.- apuntó el profesor, hablándoles a los alumnos de quinto año de Slytherin y Ravenclaw -Los encantamientos no son una ciencia exacta como la transfiguración.- dictaminó seriamente y por alguna razón, esa frase llamó la atención de casi todos los alumnos -Una vez que sepan los movimientos de su varita; una vez que sepan en que instante el encantamiento se quiebra para obtener un resultado determinado... es ahí cuando podrán agregar su propia magia.-
Esa última frase no había tenido mucho sentido para la mayoría, pero por suerte para Draco, no dejo que nada lo distrajera de lo que el pequeño profesor les estaba diciendo. Si algo había aprendido en casi cinco años de clases con Flitwick, es que el mago nunca decía nada en vano.
-Gran parte de los encantamientos que han aprendido hasta ahora, han sido creados por magos que ni siquiera asistieron a la escuela. Ante una necesidad, a veces, se debe crear un encantamiento nuevo. Primero, mezclando algunos que ya conozcan. Luego, creando sus propios movimientos.-
Se había escuchado tan irreal. Crear encantamientos... Pero eso era justo lo que Draco necesitaba ahora. Si ningún encantamiento de reparación funcionaba, ¿por qué no usarlos todos juntos? ¿Por qué no... crear uno que los superara a todos?
No sonaba tan irreal ahora, tan imposible. ¿Tal vez solo necesitara usar un poco de lógica?
-Si Lumus Máxima es mayor que Lumus...- meditó entre murmullos, sacudiendo su varita -Entonces... algo mayor que Reparo sería...- continuó murmurando, mientras se ponía de pie, sacudiéndose apenas el pantalón.
No perdía nada con intentarlo. Si fallaba también con esto, tendría que salir a buscar más animales para continuar probando el armario. Incluso, tal vez de paso, podría pasar por la cocina y pedir algo de comer a los elfos... o mejor aún, podría dormir un poco.
-Sí, claro. Como si tuviera tiempo para eso.- se rio de sus propios pensamientos, casi infantiles. No era momento de pensar en comer o dormir, aun cuando lo necesitaba. Era tiempo de actuar.
Draco levantó su varita, más arriba de su cabeza, casi como si estuviera enarbolando una espada. La manga desabrochada de su camisa cayó hasta su codo, dejando descubierta la Marca Tenebrosa, que no había dejado de moverse dolorosamente sobre su piel desde que "hablara" con el Señor Oscuro, hacía ya varias horas.
Otra vez se pasó la mano por el rostro, y terminó dándose una pequeña cachetada en la mejilla derecha, tratando de despabilarse un poco. La mano le tembló apenas, pero apretó su agarre en la varita. Podía hacerlo. Sabía que podía. No era difícil, maldición. Solo debía tenerse confianza y agregar su propia magia en el momento preciso...
-¡Totalus Reparo!-
Al final Ron consiguió llegar a la torre de Gryffindor. La Dama Gorda no había regresado a su puesto en el marco de la entrada, así que el pelirrojo simplemente empujó el cuadro y entró al pasillo anterior a la sala común. Repentinamente pensó que tan fácil como él había entrado, cualquier otro podría hacerlo. No era un método tan seguro después de todo, tener un cuadro en la puerta secreta... Pero tampoco se iba a quejar ahora estando por terminar el último semestre de sexto año.
Hermione continuaba dormida en el sillón frente al fuego, aunque ya no estaba sentada, sino recostada de lado. Alguien la había cubierto con una túnica negra y le habían colocado un sweater de Gryffindor bajo la cabeza, a modo de almohada. La pila de libros junto al sillón estaba desacomodada. Seguramente ese mismo alguien que la había cobijado había terminado por tropezar con la innecesariamente alta pila de libros, la mayoría de ellos, diccionarios de Runas.
Ron se mantuvo unos segundos observándola, meditando en sí debería despertarla para que se fuera a recostar en la cama... pero lo pensó mejor. Si la despertaba tendría que decirle que era lo que hacía despierto tan tarde y porque tenía la capa invisible de Harry con él. Mala idea. Harry le había dicho que no le dijera nada y tenía que cumplir.
"Con suerte seguirá durmiendo..." pensó, pasando por la sala común sin siquiera sacarse la capa invisible de los hombros. Subió las escaleras y entró en el cuarto de sexto año tratando de no hacer ruido. De las cinco camas, había tres vacías: la de Harry, la de Neville y claro, la de Ron. Seamus dormía roncando bastante fuerte y Dean había cerrado sus cortinas, seguramente para apagar el sonido de los ronquidos del irlandés.
El pelirrojo caminó con sigilo, en puntas de pie pese a ser invisible. No quería tener que escaparse de nadie. Abrió el baúl de Harry y lo revisó despacio, teniendo que sacar algunas cosas para ver los libros que estaban debajo de todo... No estaba ahí. Bien, tal vez lo había dejado en la mochila. Por suerte la encontró rápido, sobre la cama, pero el libro del príncipe no estaba ahí tampoco.
"Ok, que no te inunde el pánico... trata de pensar en donde más podría estar." se habló en pensamiento, cruzado de brazos bajo la capa invisible, tratando de pensar con calma.
No recordaba haber visto el libro en un buen rato. Ni siquiera recordaba que Harry lo tuviera consigo el día antes de... bueno, lo que había pasado. Aunque claro. Había discutido -de nuevo- con Hermione la noche anterior. Lo más seguro era que lo hubiera escondido en algún lugar del cuarto, pero aun así seguía siendo poco seguro, ya que las chicas podían entrar al cuarto de los chicos.
"No puede ser que..." dudó Ron pero terminó negando apenas con su rostro, como si así ahuyentara la idea que había surgido en su mente. Por un segundo creyó que Hermione podría haberlo tomado, pero... No. No era posible. Hermione era muchas cosas, incluso soplona -a veces- pero no tomaría algo que no era suyo. Ni siquiera había tomado el Mapa del Merodeador cuando había estado convencida de que debían de entregarlo a los profesores -como la mayoría de las cosas geniales que tenían-.
Ron revisó bajo la cama, en la cajonera, el armario, entre las sábanas, el escritorio, el baúl de nuevo, la mochila de nuevo, otra vez el armario, pero esta vez entre la ropa y los abrigos... Nada.
"Si Harry me pidió que lo escondiera es porque no lo había escondido él mismo. Debería de estar a mano." meditó y repentinamente una imagen se disparó en su memoria. "Imposible."
Salió del cuarto de sexto corriendo y golpeando la puerta, ya sin siquiera meditar en el ruido que estaba provocando al bajar las escaleras de piedra corriendo. Terminó en la sala común. Hermione seguía dormida junto al fuego. Recordando repentinamente que debía ser cuidadoso, se acercó lentamente, hasta estar junto al sillón, frente al fuego, muy cerca de la ridículamente alta pila de libros.
"Por favor, no estés aquí." pensó con un suspiro suave, poniéndose de rodillas para pasar su mano por los lomos de los libros, leyendo sus títulos... y casi al final encontró el de pociones "Muy bien... tal vez sea su libro." pensó mientras sacaba los otros quince libros de encima, pero cuando por fin vio la tapa, supo que era el libro de Harry: el libro de Hermione era nuevo y este estaba terriblemente usado y gastado.
Ron cerró los ojos unos segundos luego de tomar el libro y esconderlo bajo la capa invisible. Por estar tan cerca del fuego, pese a ser invisible podía notarse su sombra oscureciendo el rostro de Hermione. El pelirrojo miró a la chica unos segundos, como si quisiera convencerse de que era todo un error. De que tal vez Hermione había tomado el libro para... ¿cuidarlo?
"Sí, claro." se negó a sí mismo casi de inmediato.
Repentinamente entendía porque Harry le había pedido que lo escondiera. Temía por la seguridad del libro en la torre Gryffindor. De todas las personas que creyó podrían querer ese estúpido libro, la última era Hermione, aún con los obvios celos que sentía por ser dejada atrás en la clase de Slughorn. Quizás solo quería revisarlo, tomar notas o copiar algunas de las que el libro tenía en las instrucciones...
"Tal vez sea todo por eso. Seguro nunca pensó que fuera peligroso de verdad, sino que simplemente no quería quedar de segunda." pensó con algo de amargura, mirando el libro para luego soltar un suspiro.
Grave error.
Hermione se movió apenas en su sueño y Ron se echó para atrás, terminando por ponerse de pie con una maniobra casi imposible, pisando la capa en el proceso, quedando descubierto totalmente en pocos segundos.
-Mmhh...- escuchó a Hermione y en lugar de levantar la capa, el pelirrojo se tiró al piso detrás del otro sillón -¿Mmhh?- se escuchó ahora un poco más consiente la voz de la leona y por el movimiento de las sombras, Ron supo que se había sentado en el sillón -Mmhh... Me quedé dormida.- exclamó Hermione en tono adormilado.
Ron dio un rápido vistazo a donde había quedado la capa. Bendito Merlín por las capas invisibles que no se veían cuando las dejabas tiradas en cualquier lado -aunque claro, en otras circunstancias eso sería algo malo-. Se arrinconó lo más que pudo con el libro en el regazo, rogando para que Hermione se volviera a dormir o se fuera al cuarto de las chicas.
Claro, luego de algunos minutos sin escuchar ningún ruido, Ron no supo si la chica se había ido, se había quedado ahí embobada mirando el fuego, o dormida o que diantres... Tenía que mirar. No había opción. De todas maneras, tampoco podía dejar la torre sin la capa de Harry.
"Que no esté, por favor." pensó mordiéndose el labio para asomarse.
Y suspiró: Hermione no estaba. La excesivamente alta pila de libros tampoco estaba. Seguro se había terminado por ir al cuarto de las chicas.
-Qué suerte.- murmuró aliviado, sacudiéndose apenas la ropa y viendo que se había lastimado un poco la mano con uno de las esquinas metalizadas del libro. Se pasó la lengua por el corte y se acercó a donde creía que había quedado la capa -Debería de... estar por aquí...- siguió murmurando, moviendo su pie hasta que vio el piso moverse apenas por un segundo -Te encontré.- sonrió orgulloso, levantándola.
Sosteniendo el libro entre las rodillas, se echó la capa a los hombros, acomodándola para que lo tapara bien, y se puso la capucha. Segundos después de que tuvo el libro de nuevo en sus manos y bajo la capa, Hermione reapareció en la sala común, corriendo escaleras abajo.
-No puede... ser...- dijo la chica con la voz en un hilo, acercándose al sillón, casi jadeando por la pequeña carrera.
Ron se hizo atrás con pasos suaves, sosteniendo el libro contra su pecho con fuerza. Continuó retrocediendo mientras veía como Hermione levantaba los almohadones murmurando sin aliento cosas que no pudo terminar de escuchar. Finalmente la vio correr escaleras arriba, pero esta vez hacia el cuarto de los chicos.
"De verdad estaba buscando el libro." pensó otra vez, amargamente.
Una cosa que para él era tan insignificante, hacía que sus amigos se pelearan y robaran entre sí de esa manera... Le daba vergüenza ajena, aunque claro, la mejor parte del asunto no lo sabía. Seguramente si se enterara de que el hechizo que había dejado a Neville en la enfermería, era de ese libro, no dudaría ni un segundo en tirarlo al fuego. Pero por mala suerte -o buena, para Harry-, Ron no lo sabía, así que simplemente mantuvo el libro contra su pecho y salió de nuevo de la torre, empujando el cuadro de la Dama Gorda, que seguía sin aparecer.
Todavía era de madrugada. Casi las cuatro seguramente, porque las campanas de la torre aún no sonaban. Harry se había terminado sentando en su cama porque no podía dormir. Tapado hasta la cintura con las sábanas blancas, tenía las rodillas flexionadas, abrazándolas y apoyando su mentón en una de ellas. Los lentes se le estaban resbalando por la nariz y tenía la varita en una de sus manos: la movía de manera ausente, sin pronunciar ni pensar en ningún hechizo. Casi parecía que jugaba a ser director de una orquesta imaginaria, pero la verdad era que su mente ensayaba otra cosa muy distinta a la música.
Las palabras que le diría a Dumbledore.
Debía ser muy cuidadoso con ellas. Convencerlo de verdad. No podría usar un Imperio como con Ron... Aunque con Ron tampoco había sido un Imperio. Fue otra cosa, algo nuevo que ni él mismo sabía exactamente lo que era. Fue como si simplemente hubiera impuesto su voluntad a la de Ron, pero sin quitarle su conciencia. Hasta donde sabía, no era de esa manera como se suponía debía trabajar el hechizo.
"Además de que solo funciona con personas de poca voluntad." pensó, desviando la mirada por unos segundos al fondo de la sala.
Desde hacía un buen rato le había parecido escuchar un ruido extraño, pero creyó que era cosa de su imaginación. Ahora volvía a oírlo y ya no podía ignorarlo aunque lo deseara. Era como una corriente de aire... No, más pequeño. ¿Una respiración?
"¿Será que...?" pensó Harry de repente.
Quitó las sábanas de en medio y se bajó de la cama. Se sostuvo por unos segundos de la mesa junto a esta, hasta que sintió las piernas más seguras. Había pasado demasiado tiempo recostado y las sentía como adormiladas o tal vez agarrotadas. Dio el primer paso un poco inseguro, pero al final comenzó a caminar más o menos bien. El piso estaba frío y sentía como era eso mismo lo que despertaba poco a poco sus músculos. Harry estaba prestando tanta atención en no caerse, que ni siquiera se dio cuenta de que había dejado la varita sobre la cama.
Después de casi cinco metros de fatídicos pasos de bebé, trastabillando un par de veces en el camino, llegó a la cortina que rodeaba la última cama de la enfermería: la cama de Neville.
-Hey... Neville, ¿estás...?- empezó la pregunta de manera casi inocente, pero ahora notaba que si era la respiración del otro león lo que había escuchado. Se oía de verdad agitado, como si...
"Como si tuviera una pesadilla." pensó, conociendo muy bien el sentimiento de soñar algo terrible y no ser capaz de despertar solo, aunque Harry sintió un trago amargo al pensar en que tal vez Neville estaba soñando -o más bien recordando- el encuentro en el baño de Myrtle.
Olvidándose de todo, el chico-que-vivió corrió la cortina, entrando al pequeño espacio a modo de cuarto privado en donde estaba Neville... y ni medio segundo después se quedó helado en su lugar. No lo había visto hasta ese instante. Casi una semana en la enfermería y no lo había visto. Harry no había visto las consecuencias de sus acciones y debería de dar gracias a no haberlo visto antes. El otro león se había visto peor unos días atrás: lleno de vendajes, como una momia, no menos pálido que un cadáver y llenó de manchas de sangre. Ahora estaba bastante mejor: el color le había regresado al rostro, aunque conservaba la mitad de este vendado; sus brazos ya estaban prácticamente sanos, con algunas pocas vendas en los dedos y las muñecas, con leves rastros de sangre.
-Uuhh...- se quejó apenas Neville y gracias a ese quejido, Harry pareció volver en sí, acercándose a la cama. Por un instante pensó en tomarle la mano, incluso despertarlo, pero recordó que no era de las mejores ideas despertar a alguien con una pesadilla, mucho menos cuando es casi seguro de que eres el protagonista de la misma.
-Tendrás que despertarte solo.- murmuró, acercando una silla que había contra la pared, para sentarse junto a la cama.
Pese a las expresiones de su rostro, Neville no se movía mucho en su sueño. Tal vez no era algo tan terrible, creyó Harry, pero de inmediato volvió a pensar que tal vez Neville no podía moverse más de lo que ya se movía. Eso lo hizo sentir un poco culpable, pero solo por un segundo. Ya se había dicho antes de que no debía sentirse culpable por Neville. Él se lo había buscado solo al estar ayudando a Malfoy.
-Disfruta de tu pesadilla.- sonrió de lado Harry, apoyando el mentón en su mano, sobre la cama, sin perder de vista el rostro de Neville.
Por primera vez en casi una semana, el príncipe Malfoy se dejó caer al suelo sonriendo con suavidad, aliviado. El pajarillo amarillo canturreaba en la jaula plateada, muy vivaz. Lo había logrado. De la manera más irreal, más inaudita, lo había logrado.
-¿Quién lo creería?- preguntó al aire con una media carcajada cansada, apenas tapándose los ojos con una de sus manos. En el instante en que los cerró la sonrisa desapareció de sus labios.
Claro, la culpa. Había estado tan embelesado con la victoria inesperada que se había olvidado de todo lo demás por unos minutos... y ahora regresaba aún con más peso, con más lamento y dolor. Draco gruñó, maldiciendo a su propia mente por hacerlo recordar, por dejarlo recordar. No podía con todo junto. Era demasiado para un chico de dieciséis años como él... Incluso dudaba que un adulto pudiera lidiar con todo lo que él estaba lidiando ahora.
Había reparado el armario. Eso significaba que esa noche tendría que actuar. Los Mortifagos entrarían a Hogwarts. Seguro habría algunas peleas en los pasillos porque, siendo sinceros, esos tipos eran ruidosos y no se irían sin matar a algunos fénix en el camino. Entonces habría muertes, al menos algunas además de la que él mismo tenía que provocar: Dumbledore.
Empezaba a desear de nuevo haber podido matarlo de otra manera. El veneno y la maldición habían sido buenas ideas, pero se había preocupado tanto en no ser descubierto que habían terminado cayendo en otras manos antes que en el director de la escuela. Tuvo que usar el Imperio en Madame Rosmerta y luego en Katie Bell para tratar de entregar ese maldito collar... Y el veneno terminó en la garganta de Weasley, aunque bien podría haber matado al profesor Slughorn o incluso a Potter por lo que sabía.
Y no eran los únicos que habían salido lastimados por su torpeza. Por su cobardía.
-¡Maldición! ¡No quiero pensar en él ahora!- se reclamó, casi en un grito. Fue tanto el alboroto que el pajarillo amarillo dejó de cantar en su jaula de plata.
La varita de Draco cayó al suelo con un ruido que hizo eco por los pasillos de la sala multipropósito. Era por ese mismo silencio que las voces en su cabeza resonaban con más fuerza, incluso acallando los hipos de su llanto. Nadie le hablaba ahora, al menos no ahora mismo. Esas voces eran recuerdos: su memoria lo perseguía poco a poco. Con su mente liberada de un problema, todo lo demás que se había acumulado y apilado en una esquina de su cabeza, regresaba, más ruidoso, más fuerte.
La voz de Neville resonaba en sus oídos.
-Te pedí perdón... Fue tu culpa, yo... No te pedí que...- parecía tratar de hablar entre el llanto -No tenías que... defenderme... o... hacer nada de... eso...- jadeaba apenas el rubio.
Una parte de él pareció advertirle que estaba hablando con la nada, como si estuviera perdiendo la razón: ahora sí, era grave. Debía parar pero necesitaba desahogarse. Aún con todo lo que había llorado ya, sentía que necesitaba continuar, hasta ya no tener más lágrimas o hasta olvidarse de todo: lo que llegara primero.
-Solo quiero... olvidarme de todo.- murmuró Draco sujetándose la cabeza contra las rodillas, tirando del cabello de su nuca para tratar de distraerse con el dolor, pero no era suficiente. El dolor en su pecho continuaba siendo más fuerte.
Escombros. Las paredes estaban desechas a su alrededor. Había humo... y niebla. Hacía frío. Podía sentir la lana de su sweater raspar apenas en su nuca. Le dolía la cabeza y uno de sus ojos tenía la vista levemente nublada y roja. Claro, estaba sangrando.
Había gente a su alrededor, podía escuchar murmullos, voces, pero no distinguía rostros, solo siluetas. Frente a él había una gran negrura que parecía ser la misma oscuridad de la noche eterna. Creyó escuchar algo a su izquierda... pasos. Había palabras y una risa en el viento, pero no podía escuchar con claridad lo que era dicho. Era todo confuso a su alrededor y solo podía discernir un sentimiento: preocupación.
-¿Draco?- murmuró, segundos después de que otra voz pronunciara el nombre del rubio.
Miró sobre su hombro y lo vio aparecer entre las siluetas. Podía verlo perfectamente, como lo recordaba, como la última vez que lo había visto. Sintió el deseo de abrazarlo crecer en su pecho y cuando pasó tan cerca de él, casi lo hace, pero sus manos se sentían pesadas. Tenía algo en ellas... ¿un sombrero? ¿Por qué pesaba tanto? Al final, sin poder detenerlo de otra manera, algo salió de sus labios:
-No vayas.- murmuró, cambiando el sombrero de mano, para así poder sujetar al rubio de la muñeca y este se giró apenas para verlo a los ojos. Neville sintió que no lo reconocía: no eran los ojos del Draco que él recordaba. -Quédate conmigo.- casi le rogó, sin saber porque había elegido esas palabras entre todas, pero el rubio bajó la mirada hasta la mano de Neville, sacudiendo su brazo para soltarse del agarre y seguir caminando... dejándose abrazar por la oscuridad.
-¡NO!-
El grito cortó el silencio que envolvía toda la enfermería e incluso Harry se había despertado, luego de quedarse dormitando contra la cama. El chico-que-vivió miró al antes durmiente: los ojos- No, solo un ojo de Neville estaba visible por culpa de los vendajes y ese ojo celeste claro lo miraba de a segundos, recorriendo rápido lo que lo rodeaba, investigando, para luego cerrarse con fuerza.
-No trates de levantarte.- le habló Harry, enseguida empujando sus hombros contra la cama para que se quedara recostado. Neville no quiso hacer caso y trató de levantarse de todas maneras, pero al darse cuenta de que no tenía casi nada de fuerza y de que Harry lo mantenía contra la cama fácilmente, se rindió momentáneamente.
-¿Qué fue lo que paso?- preguntó con la voz un poco ahogada. Sentía la boca seca y la garganta irritada. Los recuerdos del sueño se diluyeron rápidamente de su memoria al ganar más conciencia, y solo quedaron los sentimientos latentes en su pecho. La preocupación le aprisionaba el corazón, pero no podía darse cuenta porque.
-Te maldije. Estás en la enfermería del colegio.- explicó Harry con pocas palabras, soltándolo para sentarse en la silla, sintiendo la mirada de ese único ojo celeste claro sobre sí.
-¿Tu...?- repitió apenas Neville, cerró su ojo bueno para tratar de recordar -¿Fue…? ¿Fue en el baño de Myrtle?- preguntó porque tenía la memoria un poco revuelta. Harry asintió nada más -Discutimos.- aseguró esta vez, aunque no recordaba mucho más.
-No recuerdas.- murmuró el de ojos verdes y Neville lo miró intrigado: no era una pregunta.
-Mi cabeza esta... un poco revuelta.- admitió despacio, levantando apenas el brazo izquierdo. Lo mantuvo en el aire unos segundos, observando los vendajes apenas manchados de sangre, hasta que finalmente dejó caer la mano sobre su frente, tanteando su rostro hasta sentir la vendas y suspirar -¿Tú estás bien?- le preguntó en un susurro, imitando el tono de voz de Harry, notando que debía de ser de noche o no ocultaría así su voz -¿No…? ¿No te lastime, verdad?- le pregunto, preocupado.
Harry negó apenas con su rostro y no supo porque se sintió incómodo del suspiro de alivio de Neville. Tal vez era porque no recordaba. Debía de ser por eso. Neville no recordaba la razón de la discusión, lo que lo había obligado a maldecirlo.
-Estoy bien, solo me mantuvieron aquí por... el shock.- explicó y notó que Neville asentía, como si le dijera en silencio que lo había escuchado, aunque parecía no entender -La maldición que te eché... la saqué de un libro de la biblioteca. No sabía lo que provocaba… no debí usarla.- pareció disculparse muy vagamente, sin poder evitarlo y el otro león sonrió suavemente.
-Hey, estamos los dos bien. Tenemos que dar gracias a que no pasó nada.- reaccionó de lo más comprensivo.
Harry se sintió irritado. No, era más que eso. Estaba molesto, enojado, furioso. Casi lo mata y Neville le preguntaba si él estaba bien. ¿Cómo podía preocuparse así por alguien que lo había lastimado? O sea, no había dudas, había escuchado a Madame Pomfrey decírselo a Dumbledore: casi lo mata, y ahora...
"Será mejor que respires o serás tú el muerto, Harry Potter." susurró una voz en su cabeza y fue entonces que Harry se dio cuenta de que estaba apretando las manos en puño con fuerza y de que sí, no estaba respirando, sino que contenía el aire en su pecho, como si estuviera listo para gritar en cualquier momento.
-¿Hace cuánto tiempo que estamos aquí?- preguntó Neville, aun con un tono de voz bajo, sin darse cuenta de la pelea interna por la que estaba pasando Harry, al menos no hasta que lo miró: -¿Harry?-
El de ojos verdes mantenía la cabeza abajo, las manos cerradas en puño sobre sus rodillas y se notaba que sus hombros temblaban apenas. ¿No estaría llorando verdad? Neville no creía que pudiera soportar ver a su amigo llorar. Pocas veces lo había visto, la última vez había sido en el Departamento de Misterios y lo recordaba perfectamente aun cuando había sido a mitad de la pelea. Cuando Sirius Black cayó a través de ese velo y desapareció sin dejar rastro... El grito de Harry casi parecía resonar en sus oídos todavía.
-... ¿Por qué?- escuchó la pregunta muy bajo y suave: Harry aún no levantaba el rostro.
-¿Por qué?- repitió Neville, sin entender qué clase de explicaciones le estaba pidiendo.
De alguna manera Neville se estaba esforzando inconscientemente a recordar. Poco a poco la niebla que cubría sus recuerdos iba desapareciendo y su propia voz y la de Harry, dentro de su memoria, se hacía más clara. Aunque las imágenes seguían algo borrosas, como si ese recuerdo estuviera dañado, las voces se mantenían nítidas y lentamente cobraban más fuerza.
-... ¿Estás... preguntando de nuevo... por Draco?-
Neville no supo cómo fue que se atrevió a preguntar, aunque por fin Harry levantó la mirada. En realidad, se puso de pie y sin que el otro león pudiera hacer nada, lo sujetó del cuello del pijama, levantándolo apenas de la cama, mirándolo a los ojos de una manera que asustó a Neville. Jamás había visto esos sentimientos en los ojos verdes y deseaba jamás haberlos visto.
-No. No estoy preguntando por él.- murmuró Harry. Repentinamente parte del enojo en su mirada desapareció y fue remplazado por... -Estoy preguntando... ¿Por qué...? ¿Por qué después de lo que hice...?- repitió apenas, pero la mirada verde se desvió a un lado. Harry apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza. Era como si no encontrara las palabras, o el sentimiento indicado para pronunciar la pregunta correctamente.
De alguna manera Neville entendió eso. Tal vez porque eran algo parecidos. Nunca había hablado de ello con Harry, más que nada porque aún le dolía la situación de sus padres y no quería hacer pasar por lo mismo al otro adolescente. Siempre pensaba en los otros antes que en sí mismo: era su forma de ser. Si Harry lo conociera un poco mejor no estaría siquiera preguntándole, pero tal vez ese era el problema que había iniciado todo: si lo conociera mejor, jamás hubiera pensado en que lo había traicionado.
-Porque eres mi amigo, Harry.- dijo simplemente y sintió el agarre en su ropa aflojarse y como su cuerpo volvía a descansar sobre la cama.
El chico-que-vivió de nuevo miraba abajo y Neville se sintió incómodo al verlo tan vulnerable. No parecía el Harry que él conocía, pero de nuevo: ¿Realmente se conocían? Pese a que sus vidas estaban mucho más conectadas de lo que ellos mismos sabían, no era suficiente.
-Casi te mato.- aseguró la voz de Harry, de nuevo en murmullos y por un segundo Neville temió que volviera a sujetarlo como antes, pero esta vez el chico-que-vivió no se movió, solo levantó la mirada apenas para poder verlo: -Casi te mueres, Neville.- repitió en tono culpable.
-Pero no estoy muerto, Harry.- le aseguró suavemente -Fue una discusión acalorada. No creo que nadie en las mismas circunstancias hubiera actuado distinto a ti.- trató de animarlo aunque, tal vez él mismo hubiera hecho otra cosa... No, en realidad, si se tratara de él jamás hubiera existido la discusión en primer lugar.
-¡Por supuesto que sí!- reclamó Harry, levantando el tono de voz más de lo que debería.
No podía creer lo que Neville le decía. No solo la manera condescendiente en la que lo estaba tratando, sino las palabras. Lo hacía sentir como un niño pequeño, regañado. Era extraño porque no se parecía a la manera en la que él estaba acostumbrado a que lo trataran. En casa de los Dursley nunca lo tomaban en cuenta o lo despreciaban del todo. En el mundo mágico era lo contrario: obtenía lo que quería cuando lo quería. Era la primera vez que se sentía un... ¿un mago normal? Se había equivocado y no le gritaban. Recibía comprensión de parte de alguien de su misma edad, de un amigo. Era la clase de comprensión que uno deseaba tener... de parte de un padre.
-Harry.- lo llamó Neville despacio, tratando de pensar en alguna manera para que entendiera su manera de ver lo que había pasado. Era complicado, pero al menos lo intentaría -Sé que es difícil que lo entiendas, pero no puedo ser rencoroso.- le aseguró -Creo que es porque todo mi odio, todo mi rencor... todos esos sentimientos están fijos sobre una sola persona.- pareció pensar en voz alta y cuando Harry lo miró como si le preguntara, Neville cerró los ojos unos segundos, mientras pronunciaba un nombre -Bellatrix Lestrange.-
En verdad era difícil, tal vez porque no era una decisión consiente, sino que simplemente eran así sus sentimientos. Neville no meditaba estas cosas, solo sentía. Era eso mismo lo que había cambiado el curso de los acontecimientos durante el último tiempo, desde que encontrara a Draco en el baño de Myrtle.
-Puedo perdonar cualquier cosa, menos lo que ella le hizo a mis padres.- explicó -Nada de lo que me pueda pasar a mi podría ser peor que eso.-
Harry se quedó callado, simplemente mirando al otro león. Abrió su boca para decir algo, pero no supo porque las palabras no abandonaron su garganta. Neville se dio cuenta de eso.
-Draco es un mortifago, Harry.- aseguró, suponiendo que tal vez el chico-que-vivió estaba pensando en el rubio Slytherin -¿Pero de verdad piensas que lo es por elección propia?- le pidió que fuera sincero.
-Por supuesto.- respondió el de ojos verdes casi de inmediato -Su familia...- quiso agregar, pero detuvo sus palabras cuando Neville negó con su rostro.
-No es por su familia.- aseguró, aunque de inmediato se corrigió -Bueno, si es por su familia, pero no por lo que tú crees.- explicó -No está siguiendo los pasos de su padre.-
-Neville, tú lo viste el año pasado. Casi nos mata.-
Neville suspiró y tiró la cabeza atrás en la almohada. Le dolía el cuello. Se quedó callado unos segundos y luego hizo el esfuerzo de sentarse, despacio, sintiendo por primera vez sus piernas, hormigueando por el repentino movimiento después de tanto tiempo quietas.
-Lo vi, pero... ¿Sería tan extraño que alguien fuera un mortifago por miedo?- susurró -Hemos escuchado tantas historias sobre los tiempos oscuros, Harry. Muchos terminaron muertos o desaparecidos por negarse a formar parte de su ejército.-
-Nuestros padres se negaron, Neville.-
-Eso es justamente a lo que me refiero.-
De alguna manera, los dos se sentían incómodos por las implicaciones ocultas en esta pequeña discusión. Su historia era muy similar, pero de alguna manera sus puntos de vista eran totalmente opuestos.
-Tus padres se negaron y murieron para protegerte.- Neville habló despacio, no porque tuviera miedo de la reacción de Harry, sino que temía incomodarlo aún más con sus palabras -Los míos terminaron locos por negarse también.- señaló luego y se quedó en silencio unos segundos antes de hablar -Los padres de Draco aceptaron y sobrevivieron a la guerra.-
-Se vendieron para sobrevivir.- corrigió Harry en tono amargo y Neville sonrió de lado, apenas.
-Pero estuvieron para su hijo.-
Silencio. Esto de verdad estaba tomando un camino sin retorno. Harry no quería escuchar más, o en realidad, no quería que Neville lo hiciera meditar más en esto.
-No estoy desmereciendo el sacrificio de nuestros padres, Harry. Como mago y como hombre estoy orgulloso de que mis padres pelearan por lo que creían y no vendieran su integridad.- explicó -Pero como hijo no puedo pensar lo mismo. Como hijo me hubiera gustado que fueran egoístas con su vida. Como hijo desearía que estuvieran conmigo.-
Claro, la situación de Harry era distinta. No había sido una cuestión de elección nada más. Voldemort estaba decidido a matarlo y es por eso que sus padres estaban muertos, no porque lo hubieran negado... O en realidad sí. Si sus padres no se hubieran opuesto a Voldemort tres veces, no hubieran cumplido con los requerimientos de la profecía y Harry jamás hubiera sido el blanco de Voldemort.
Claro, Neville no sabía nada de esto y Harry lo sabía a medias. La mayor parte de la profecía seguía siendo un misterio para él.
-Aunque también...- dijo de repente Neville y Harry lo miró de nuevo. El león se mordía el labio como si estuviera pensando sus palabras, o como si no supiera si podía decir lo que estaba por decir -Si nuestros padres estuvieran aquí... tal vez terminaríamos en la misma situación que ellos.-
Harry no dijo nada porque no terminaba de entender a lo que Neville se refería con eso... Poco podía imaginar que esta misma discusión, mucho más acalorada y violenta, volvería a tener lugar en el futuro, solo que entre él y Ron.
-Si estuvieran aquí estaríamos en la misma situación que Draco.- explicó Neville -Tendríamos que volvernos mortifagos para protegerlos.-
"Harry Potter" y todos los personajes relacionados © J. K. Rowling, 1997
"Porque yo entiendo." © Emiko Mihara, 2011
