Holas!
:'c me ha costado escribir el capítulo u.u pero ya esta aqui.
Espero que les guste!
Saludos.
Nota de autora: Fanfic Drarry. Relación chico-chico. En el primer capítulo, transcurso de este, pasan siete años. En este segundo capítulo pasan ocho años mas.
Este fic participa del Reto Normal de Abril "Emociones y Sentimientos" del foro "Provocare Ravenclaw".
Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
Emoción/Sentimiento: Angustia.
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Capítulo 2. Desastre
La situación es irremediable y tú lo sabes.
Con los ojos cerrados, fingiendo dormir, sientes como alguien remueve las mantas de la cama y luego un cuerpo se acomoda a tu lado. El click de las luces apagadas te da el pie para abrir los ojos y mirar de reojo la espalda de tu esposa: su cabello pelirrojo recogido en una coleta, su camisón de seda, su piel suave… ¿Es normal que no sientas atracción por ella? ¿Es normal que NUNCA te hayas sentido atraído hacia ella? ¿Es normal que, debido a lo anterior, ya no la quieras tocar y por esa razón tan solo tengan un hijo?
Como si de un tic nervioso se tratara te pasas las manos por el rostro al pensar en todos los sueños que has tenido desde hace varios años. Desde que todo comenzó.
Después de que la guerra finalizara disidiste, decidieron por ti, volver a Hogwarts. Eras el vencedor, el ganador, al que idolatraban, por lo tanto merecías lo mejor y tú, tú solo querías que te dejaran en paz por una vez en la vida. Sin embargo, no hiciste nada para revocar tu destino.
Luego de terminar el colegio entraste al Curso de Aurores. Odiaste que, por ser el vencedor de Voldemort, te adelantaran un año en la enseñanza y que incluso los maestros te otorgasen puntos o notas por solo ser Harry Potter. Lo aceptaste, de cierta forma, ya que eso te ayudó a entrar al Ministerio antes que tus compañeros. Incluso Ron estuvo molesto, algo que aún continua.
Desde aquello han pasado unos muchos años. Quince años en total. Ahora eres jefe de Aurores. Eres respetado por todos, e incluso muchos te proclaman como el nuevo ministro. Es genial, de cierta forma, es lo que cualquiera hubiese deseado…
Suspiras.
Y tus ojos se dirigen inmediatamente a tu… esposa. Sabes que casarte con Ginny fue un error. Te lo repites día a día. Todo ha sido culpa de Malfoy. Malfoy, maldito sea. Y maldito tú por... por lo que paso, y siguió pasando, y que con ello los sueños siempre, SIEMPRE, estuviesen ahí. Aquel día, el comienzo de todo, ese "fatídico" día; tú, inocentemente, le invitaste una copa, después de un largo y estresante día. Conversaron civilizadamente, cosa que para ti fue un shock inicial que luego paso. Luego... luego vino lo que tú catalogarías como lo mejor, o lo peor, lo que después hizo que sintieras miedo, cosa que no ha cambiado, a que todos lo supiesen, aunque inconscientemente sabes que no sucederá. Aquella noche tuviste sexo con él, y..., bueno, sexo del mejor. Aquel que te calienta hasta días, semanas, después de haberlo hecho, aquel que ni en tus mas sucios sueños pensaste tener, aquel que solo has tenido con él y nadie mas, aquel... aquel que evocas cada vez que debes cumplirle a Ginny.
Oh, Ginny. Tu eterna novia desde que iban en el colegio. Volviste con ella, creíste que había sido lo mejor, era lo que todos querían y deseaban, pero nadie de ellos estaba en la intimidad de la relación en donde te costaba horrores estar a la altura.
Gimes.
¿Qué clase de monstruo eres?
Tus tíos han tenido razón; eres un fenómeno. Te angustia saber que tu matrimonio se está yendo al carajo por tu culpa porque todo siempre, al final, es tu culpa.
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Después de aquel primer encuentro hubo un segundo y un tercero, y si no hubo un cuarto fue porque fuiste lo suficientemente cobarde, por primera vez, para no ir. A pesar de los años, son pocas las veces que los vuelto a ver. Él se ha convertido en medimago, uno de los mejores, y si lo sabes es solo porque tú pasas mucho tiempo en San Mungo.
Tú le evitas y él, bueno, también.
Dos noches después no puedes evitar que Ginny se te acerque provocadoramente con un camisón de seda cortísimo y, porque no decirlo, sexy. Baila y se contornea al son de una música que no existe, hay besos y caricias, pero tú solo la observas. Es tan desesperante no poder… ahora sabes que no te sirve de mucho estar pensando en otro hombre, lo único que sabes es que debes estar con ella… porque te da pavor que descubra lo que… eres…
Sin embargo, y contra todos tus deseos, sales de la habitación dejándola sola y, por supuesto, te has ganado el dormir en el sillón.
Al día siguiente, ella no te dirige la palabra y temes que te haya descubierto.
Horas después tan solo deseas morirte.
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No tienes idea de donde te encuentras. Tu mundo esta obscurecido y eso, eso, realmente te desespera. Te pones nervioso y tus manos se cierran en torno a algo suave, están sudando también.
—Tranquilo —la voz, esa voz, la conoces.
—Malfoy.
—Claro, Potter, ¿Quién mas?
Es obvio, aunque no lo hubieses querido ver. Malfoy es sanador.
— ¿Qué me pasó?
—Tuviste un accidente en una misión, ¿Recuerdas? —dudas, pero finalmente asientes—. Uno de los paneles de concreto calló sobre tu cabeza y… y daño tu nervio óptico.
Tiemblas, el aire te falta y el sudor se ha vuelto frío.
—Pero tranquilo, te recuperaras.
—No lo creo.
—No soy experto en ese tipo de daños, pero si conozco muchos especialistas; ellos mismos te visitaran dentro de un momento.
Hubo silencio.
Un silencio que hubieses preferido no tener. Un silencio en donde hubieses preferido mirarlo y no imaginarlo.
—Supongo que quieres que tu…
—No —susurras—. No quiero a nadie.
— ¿Seg…?
—Sí. Yo... te pido que, por todo lo que paso entre nosotros, no dejes que nadie entre.
—Potter…
—Fue hace mucho lo sé. ¿Once o doce años, creo? En fin… no dejes que nadie entre. No quiero la lastima de nadie y no quiero escuchar a Ginny. No… no quiero.
Draco asintió.
—De acuerdo.
—Hubiese sido así, ¿Verdad? —le preguntas.
—Nunca lo sabremos. Nunca llegaste ese día.
Y solo oyes como la puerta se cierra.
