II. El 'pase del Rey'
Hinata tomó la ropa para dormir, que consistía en una polera manga corta blanca y un short azul. Estos últimos eran tan anchos que no pudieron asentarse en sus estrechas caderas, así que los dejó aparte y usó los suyos. Con la polera no le fue mejor, ya que le cubría buena parte de los muslos. "Es casi como un vestido", se dijo, tomando la tela a ambos lados de su cintura y ajustándola a su cuerpo. Dio una vuelta y pudo jurar que la parte inferior de la prenda ondeaba como un vestido de verdad. Estuvo un buen rato imaginando qué sería de su vida si hubiese nacido niña. Podría entender mejor a su madre y hermana, por lo menos.
"¡Ufufu!" rió Hinata para sus adentros. "¿Qué diría Kageyama si me viera así?".
Como si lo hubiesen llamado, Kageyama tocó la puerta de la habitación de invitados y abrió.
- Oi, si necesitas algo, aví... ¡¿Qué demonios estás haciendo?!- exclamó, con el rostro desencajado.
- ¡Hey! ¡Yo no tengo la culpa de que tu pijama me quede como un vestido!- respondió el otro. - Mira, si doy vueltas flota como un vestido de novia...-
- ¡Por qué piensas en eso, idiota!- dijo el moreno, dando un portazo.
"¿De verdad está enojado por esto? Por favor...", se preguntó el muchacho, dejando de girar. Se asomó al pasillo. Nada. Las puertas estaban cerradas y el lugar estaba en silencio.
- ¡Lo siento, Kageyama! ¡No lo volveré a hacer!- gritó Hinata y cerró su puerta.
Luego de ordenar sus cosas, se metió bajo el futón y miró el techo. Recién en ese momento volvió a ser consciente del aroma de Kageyama, que ahora lo rodeaba por todas partes. No era sólo su pijama, sino también el futón, los tatamis...
La tela de sus shorts comenzó a tensarse.
"¡No! ¡NO! ¡No por él y no en este lugar! Pensaré en las abuelas del club de vóleibol...". Por fortuna, resultó y pudo conciliar el sueño.
No había caso, Shouyou jamás podría dejarlo indiferente. Le atraía y disgustaba a la vez. Además, eso del vestido de novia lo descolocó por completo (¡y con su propia polera!). Pero Kageyama sabía que ese no era el motivo de su molestia y que no estaba enojado con el colorín. Por el contrario, se odiaba a sí mismo por haber observado las formas del cuerpo del otro muchacho, por haber recorrido las curvas de sus blancas piernas, por haber sentido deseos de abrazarlo... "Sólo de abrazarlo", cortó.
Dio unas vueltas en su cama sin poder pegar ojo. Irritado, se puso las pantuflas y salió al pasillo. Al pasar frente a la pieza de invitados, abrió un poco la puerta y se asomó. Hinata tenía la cabeza casi tapada por el futón. Cerró despacio y bajó las escaleras rumbo a la cocina, de donde sacó un vaso de leche y galletas. Subió y tropezó en el último peldaño. Lanzó un garabato y alcanzó a evitar que cayera el vaso con leche. Estuvo a punto de espiar otra vez a Shouyou, pero decidió seguir hacia la suya, comer y tratar de dormir. El sábado sería duro y debía descansar.
Cuando estaba a punto de dormirse, escuchó un suave toque en la puerta. Como sólo podía ser Hinata, inspiró con fuerza y abrió. Ante él se encontraba el futón que le había prestado al joven. Una cabeza salió de él, con los ojos enormes y las pupilas dilatadas. Su expresión era puro terror.
- K-Kageyama... ¡Fantasmas!
Pausa.
- ¿QUÉ?
- Te lo juro, ¡los vi! S-Sentí pasos, en un momento se abrió la puerta, ¡y un o-ojo lleno de o-odio me miró! Después hubo ruidos en el primer piso y alguien en la escalera g-gritó un insulto terrible. ¡N-No me dijiste que penaban en tu ca-casa! N-No tengo miedo, pero no estoy acostumbrado a ellos...
La situación era hilarante, pero la cara de Hinata no. Tratando de mantener la compostura, el joven de cabello negro contestó:
- No hay fantasmas, idiota. Yo hice los ruidos cuando fui a la cocina a buscar algo para comer. Me asomé a tu pieza para ver si estabas bien; al subir, tropecé en la escalera y grité el garabato. Acá está la prueba-. Y señaló el vaso y el plato de galletas vacíos.
En el rostro de Hinata se podía leer la desconfianza.
- Lo-lo dices para tra-tranquilizarme, ¿verdad?
- No, lo digo para no tener que golpearte hasta que dejes de decir tonterías.
- Oh.
El colorín parecía confundido. No hizo ademán ni para devolverse a su habitación ni para entrar a la de Kageyama. Estaba inmóvil en el corredor.
- Bueno, ya sabes que no pasa nada, regresa a tu pieza.
- Esteee... Aún me preocupa...
- Entonces entra. Duérmete en mi cama y yo tomaré el futón.
Pausa.
- ¡Decide rápido, que quiero dormir de una maldita vez!
Sin pensarlo dos veces, Shouyou se lanzó con el futón al otro extremo de la habitación y se tendió ahí, temblando. El dueño de casa trató de quitárselo, sin resultado.
- ¡Te dije que tomaras la cama! ¡Eres mi invitado!
- ¡No! No quiero molestarte más...
Kageyama estuvo a punto de sacarlo a la fuerza, pero prefirió esperar a que el nervioso enano se asomara. Cuando lo hizo, Tobio tenía preparada la mirada más fulminante que podía lanzar.
- Hinata, nunca dejarás de molestarme. Ahora sal del maldito futón o te obligaré a hacerlo, ¿entiendes?
Haciendo pucheros, Shouyou dejó la protección del colchón japonés y caminó con paso fúnebre hacia la cama del moreno, escondiéndose bajo los cobertores. Con un suspiro de fastidio, Tobio se acostó en el futón y cayó dormido de inmediato.
El inquieto Hinata no tenía tanta suerte. Estaba seguro que recordar a las abuelas de su antiguo club de vóleibol no iba a surtir efecto...
En un momento estaba en la cama y, al siguiente, caía y caía como Alicia por la cueva del conejo blanco, hasta que aterrizó sobre una superficie de madera, similar a la cancha de vóleibol de Karasuno.
A lo lejos se encontraba Kageyama, practicando tiros y pases. Corrió hacia él, pero el 'Rey de la Cancha' se alejaba más y más. Cuando estuvo cerca, se lanzó hacia el joven de un salto y lo aferró con brazos y piernas.
- ¡Qué diantres estás haciendo, estúpido! ¡Suéltame!- rugió el atacado.
- ¡No! ¡Sólo cuando me des un pase! ¡Quiero uno, sólo uno! ¡Dame uno y dejaré de molestarte!
Luego de unos minutos de furiosa lucha y gritos, Kageyama acercó sus labios a la oreja de Hinata y susurró:
- Espera, ¿qué quieres que te dé?
Aunque era un sueño, pudo sentir el tibio aliento del postulante a 'setter' haciéndole cosquillas. Su oreja comenzó a arder y el fuego se extendió por todo su rostro. Los ojos de Kageyama estaban fijos en él y, aunque seguían siendo amenazadores, expresaban algo diferente. Se lamió los labios.
Ahora era una mano grande y fuerte la que le levantaba el mentón. "Ah, demonios, ¡sálvenme, abuelas voleibolistas!", suplicó Hinata en silencio.
- Un be... pase... ¡PASE!
¡Salvado!
¡Y ahora él era el pase y volaba, convertido en una pelota, por toda la cancha! La sensación era maravillosa, podía verlo todo y sentir el viento golpeando su cara... Todo gracias al 'Rey', su 'Rey'. Hasta que chocó contra la pared del gimnasio de Karasuno. No debería haberle dolido tanto, pero así fue. Los balones también sufrían, al parecer...
Lo primero que Hinata vio al despertar fue una pared. Lo primero que sintió fue un cototo en la cabeza. ¿Dónde estaba? Ah, en casa de Kageyama... ¡Kageyama! Asustado, se irguió en la cama. Estuvo durmiendo con los pies apoyados en la almohada y sobre las colchas, obviamente desordenadas. Era un desastre. Miró hacia el lugar donde debería encontrarse el dueño de casa. No había nada ahí, ni siquiera el futón.
Nervioso, se levantó y abrió la puerta. Oyó el ruido del agua en el baño. Aprovechando que estaba solo, hizo la cama, ordenó lo más posible la habitación de Tobio y luego la de los invitados. Cuando terminaba, se abrió la puerta del baño y apareció Kageyama con una toalla envuelta alrededor de la cintura. Ambos se sonrojaron notoriamente.
- ¡Oi! ¡Hasta que despertaste! Lávate luego, pues tenemos que desayunar y el partido empieza en una hora más.
Dicho esto, entró a su habitación y cerró con un portazo.
En el baño, Shouyou miró su cototo. No era grande, pero dolía. Por suerte, tenía la cabeza dura. "¿Cómo me lo hice? ¿Me habré caído? ¿Qué pasó?", pensó, sin encontrar una respuesta.
Kageyama lo sabía, pero jamás abriría la boca para contarlo. Tendría que decir que, de alguna forma, el colorín llegó a su lado y lo abrazó con sus extremidades hasta casi asfixiarlo; que le pidió algo indescifrable y repitió 'Quiero uno, sólo uno' hasta que Kageyama creyó que se refería a un beso. Que estuvo a punto de dárselo y casi tuvo un infarto cuando Hinata dijo, en sueños, que se refería a un pase. Que le pegó tan fuerte que el chico voló por la habitación y se golpeó contra la pared, luego de lo cual siguió durmiendo con una sonrisa enorme en el rostro...
Y que, después de un instante de arrepentimiento, sí le dio el maldito beso.
FIN
