Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo dos – Catch Me
(Atrapame)
Había sido besada por Mike docenas de veces. Besos suaves, franceses, todos los tipos de besos.
Sin embargo, ni una sola vez me hizo sentir la electricidad que el mero roce de los labios de Edward Cullen me habían hecho sentir.
Y eso fue todo, un simple roce de sus labios mientras murmuraba el incluso más simple 'inténtalo'.
Sentí a Edward echarse hacia atrás ligeramente, pero fue suficiente para hacerme cerrar los ojos por la sensación de pérdida. Me sentí casi ridícula.
Acababa de pillar a mi novio engañándome hacía menos de veinticuatro horas, pero ahí estaba, besando (o algo así) a Edward Cullen y escuchando como intentaba convencerme de escaparme.
Y en realidad lo estaba considerando.
―Esto es una completa locura, ―le dije―. Apenas te conozco, y lo que te conozco lo hago por mi padre, que no es exactamente tu mayor fan.
―Pero lo quieres, ¿verdad? ―Edward me sonrió ampliamente―. La libertad.
―¿Por qué me has besado? ―solté sin responder a su pregunta.
―Porque parecías necesitar ser besada. Y porque sentía que era yo el que tenía que besarte. ―Agarró mi mano y tiró de mí hacia la moto. El sol se había puesto ya, solo había un pequeño dejo en el horizonte como prueba de que había estado ahí. Sobre nosotros, la luna y las estrellas tomaban el cielo.
Edward arrancó la moto y yo tuve que cubrirme los ojos para que pudieran ajustarse a la luz de los faros.
―Depende de ti, Bella. ¿Damos la vuelta, o seguimos hacia delante?.
―Si acepto, ¿me besarás de nuevo? ―pregunté con cautela.
―Probablemente, ―respondió Edward animadamente―. ¿Eso te asusta?
Me puse a un lado de la moto para poder mirarle a los ojos.
―Un poco, ―admití y Edward me sonrió pícaramente, haciéndome sentir mariposas en el estómago.
―¿Lo suficiente como para volver a Forks?
Debería haber dicho que sí, que volviera a Forks. Era lo más inteligente. La cosa sensata y responsable que hacer.
Estaba tan harta de ser sensata y responsable.
Estaba harta de hacer lo que todos esperaban. Salí con Mike porque él me lo pidió y todos esperaban que le dijera que sí al chico más popular de la escuela. Sacaba sobresalientes porque todos esperaban que la hija del jefe de policía fuera buena en la escuela.
Estaba harta de Forks.
―Charlie va a matarme, ―le dije a Edward.
―¿Oh? ―contestó divertido.
―Sí, así que tenemos que asegurarnos de irnos muy lejos de aquí antes de que le llame. ―Me subí a la moto, me aseguré de que mi bolso estaba bien colocado entre nosotros y le rodeé la cintura con los brazos―. Llévame lejos, Edward.
Riendo, Edward puso la moto en marcha y nos alejamos del lugar de parada.
Lejos de Forks.
Lejos de todo.
- . - . - . - . -
―¿Cómo de lejos vamos a llegar antes de parar? ―grité para que pudiera oírme.
―Seattle, ―contestó Edward―. Será fácil encontrar una habitación allí y puedes llamar al Jefe.
Llamar a Charlie.
No lo estaba deseando.
―Creo que estoy loca, ―murmuré.
―¿Qué ha sido eso? ―preguntó Edward.
―Nada, ―contesté―. Hablaba conmigo misma.
Pude ver el movimiento de sus labios sobre su hombro.
―Te estás cuestionando a ti misma, Bella. No lo hagas. Simplemente haz lo que te diga tu interior.
Me mordí el labio pensativamente y puse mi cabeza contra su espalda, pensando en lo que había dicho. Mi interior... ¿qué me decía mi interior?
Que estaba loca.
No. Esa es mi cabeza.
Mi interior... decía... Cerré los ojos.
Decía que eso se sentía bien. Que eso, estar en la parte trasera de esa moto, estar con Edward, estaba bien.
Que lo estaba, por supuesto, mientras mi cabeza me llamaba loca. Pero por una vez, tal vez estar loca era lo correcto. Se sentía como lo correcto.
Decidí hacer caso del consejo de Edward. Dejaría que mi interior me guiara.
Sonriendo para mí misma, apreté brevemente mis brazos alrededor de la cintura de Edward y me preparé para el viaje. Cuando llegáramos a Seattle, me preocuparía por Charlie y mi vida en Forks.
Por ahora, simplemente disfrutaría la sensación de libertad que sentía.
- . - . - . - . -
Decidimos pasar la noche en un Best Western, a las afueras de la ciudad. Era limpio, seguro y no excesivamente caro; esas habían sido las condiciones que le había puesto a Edward, quien había querido ir a un lugar de cinco estrellas donde tenían servicio de habitaciones y te llevaban caviar.
―No entiendo porque no he podido elegir, ―murmuró―. Yo pago.
―Porque te voy a devolver la mitad, por eso, ―contesté―. Solo déjame encontrar un cajero automático.
Estiré el cuello en busca de un cajero, pero Edward agarró mi muñeca y tiró de mí hasta el ascensor.
―Hey, ¿qué demonios, Edward?
―No vas a devolvérmelo, Bella, ―contestó Edward―. Tengo dinero que en realidad no necesito. Déjame financiar esta pequeña expedición.
―Te dije que no te iba a dejar pagar mi parte, y no, ―le interrumpí cuando abrió la boca―, no voy a pagarte con favores sexuales.
Hubo un resoplido a nuestra izquierda. Miré, sonrojándome cuando me di cuenta de que no estábamos solos en el ascensor.
Estábamos en compañía de una mujer que tenía al menos ochenta años, no medía más de 1,52 , y me miraba como si yo fuera la basura en la suela de sus mocasines. El ascensor se detuvo y ella bajó con su nariz en alto.
―¡La juventud de hoy! ¡Que maleducados! ―dijo mientras se marchaba.
Las puertas se cerraron de nuevo, y Edward y yo nos miramos un momento en silencio.
Luego estallamos en risas.
―¿Has?, ―risa―, ¿visto su?, ―risa―, ¿cara? ―jadeó Edward, sujetándose el estómago.
―Sí, ―fue todo lo que conseguí decir como respuesta.
Todavía estábamos riendo cuando llegamos a la puerta de nuestra habitación, pero cesó cuando entramos y saqué mi teléfono móvil.
―¿Necesitas un discurso motivacional? ―preguntó Edward―. Porque si lo necesitas, puedo darte uno antes de ducharme.
―No. ―Sacudí la cabeza―. Puedo hacer esto.
Edward no dijo una palabra más, simplemente entró en el baño. Esperé hasta que oí la ducha correr y, alejando el pensamiento de que Edward estaba desnudo a solo una puerta de distancia, marqué el número de la casa en Forks.
RING.
Tal vez no estaba en casa.
RING.
Podría dejar un mensaje, eso sería fácil. Toda la información, nada de drama.
RI-
―Bella, ¿dónde demonios estás?
Estúpido identificador de llamadas.
―Hola, Ch- Papá. ¿Qué tal ha ido tu día? ―contesté con tono agradable, intentando entretenerle.
―Responde la pregunta, Bella.
Realmente odiaba los momentos en que se ponía terco.
―EstoyenSeattle, ―dije, las palabras salieron arrastradas mientras intentaba decirlas tan rápido como fuera posible.
Hubo una pausa, luego Charlie habló lentamente, con una calma terrible.
―¿Qué has dicho?
―Estoy en Seattle, ―contesté, algo más despacio esa vez.
―¿Y como has llegado a Seattle, Isabella?
―Erm... enlapartetraseradelamotodeEdwardCullen.
―Más lento, Isabella, porque juraría que acabas de decir en la parte trasera de la moto de Edward Cullen, ―la voz de Charlie era demasiado agradable, y que me llamara Isabella nunca era una buena señal―. Pero eso no puede ser correcto, porque tu ya sabes lo que pienso del joven Sr. Cullen.
―Me has oído bien, ―contesté nerviosa.
―Dime donde estás. Voy a buscarte.
Si Charlie hubiera parado ahí, probablemente habría aceptado, solo porque la calma que estaba mostrando asustaba demasiado.
Pero no paró.
―No sé que te ha hecho ese chico, pero iré a recogerte y me aseguraré de que esté tras las rejas donde pertenece-
―No, papá, ―le interrumpí, sintiendo mi enfado aumentar en respuesta al insulto a Edward.
―¿Qué has dicho?
―He dicho que no. No vas a venir a buscarme y yo no voy a casa. Voy a... donde sea con Edward, y voy a disfrutar cada segundo.
―Tú no vas a ninguna parte con ese chico.
―Tengo dieciocho años, no puedes detenerme.
―¡Es un delincuente! ―Charlie estaba empezando a enfadarse. Eso era bueno, era más fácil rebelarse contra un Charlie enfadado que contra un Charlie inquietantemente calmado.
―Sé lo que piensas de él, papá. Pero, considerando que tú pensabas que Mike Newton era maravilloso y terminó intentando follarse a mí mejor amiga en mi cama, creo que confiaré en mis propios instintos más que en los tuyos. Gracias.
―¡No uses ese tono conmigo, Isabella! ―Ahora Charlie estaba gritando―. Dime en qué parte de Seattle estás e iré a buscarte.
―No puedes obligarme, papá. Legalmente soy una adulta. No tienes nada que decir en lo que hago.
―Si haces esto, entonces no te molestes en volver a casa, Bella.
Eso me hizo parar. Había esperado enfado, pero no había esperado que me repudiara. Por un segundo, casi me rendí, pero luego mi enfado volvió de golpe y tomé mi decisión.
―Si vas a lavarte las manos la primera vez que hago una elección por mí misma, entonces no quiero volver. Siempre he hecho lo que tú querías que hiciera. ¡Salí con Mike porque tú lo aprobaste, he sacado buenas notas en la escuela porque era lo que tú querías, incluso decidí ir a la Universidad de Washington porque eso era lo que tú querías! Bueno, se ha acabado Charlie. Por una vez, voy a hacer lo que quiero. Si no puedes con eso, entonces está bien. Yo te repudiaré a ti.
Escuché a Charlie vociferar, pero lo ignoré y pulsé el botón de colgar, mirando fijamente mi teléfono.
―¿Estás bien?
Mi cabeza se levantó de golpe. Edward estaba de pie en el umbral de la puerta del baño, llevando sus vaqueros, pero no camisa. Una parte de mí admiró su físico delgado pero musculoso, pero la mayor parte estaba demasiado herida y enfadada como para preocuparse.
―Tendremos que conseguir cargadores para nuestros móviles, ―dije―. Ninguno de los dos tiene uno. Deberíamos estar bien esta noche pero-
Edward paró mi diarrea verbal sentándose a mi lado y rodeándome con sus brazos. El consuelo hizo que un sollozo escapara de mi garganta. Una vez que lo hizo, le siguieron más y acabé sollozando en su pecho.
―Lo siento, Bella, ―murmuró―. Sabía que él estaría enfadado, pero no pensé que te repudiaría.
―Estoy tan enfadada, ―sollocé―. Entiendo que esté enfadado. En serio, me habría dado un ataque si no lo hubiera estado. Pero no creí que haría eso.
―¿Quieres volver? ―la voz de Edward era suave.
―No. ―Me senté, alejándome para poder limpiarme las lágrimas de los ojos―. Si tiene tan poca fe en mí, entonces no sé si quiero verle otra vez.
―¿Estás segura?
Me di cuenta de que lo estaba. El enfado de Charlie, más que hacerme replantearme mi decisión, solo me aseguró más que había tomado la correcta.
―Sí, ―mi voz estaba llena de determinación―. Creo que necesito hacer esto. Siempre he hecho lo que se esperaba de mí, es hora de que me libere. ―Me eché hacia atrás en la cama y Edward se puso a mi lado―. Siempre he querido ver Nueva York. Y la playa de Florida. ―Giré la cara para mirarle―. ¿Qué hay de ti? ¿Dónde quieres ir?
―Chicago, ―contestó.
―¿Chicago? ―Levanté una ceja.
―Sí. Es donde nací. No puedo recordar mi vida allí, pero siempre he querido ir para ver de donde vengo.
―¿Podemos hacerlo todo? ―pregunté.
―Haremos todo lo que queramos, ―contestó Edward, estirando el brazo para quitar el pelo de mis ojos.
―¿Todo? ―repetí.
Edward asintió, sus ojos verdes eran solemnes. Sentí una sonrisa aparecer en el borde de mis labios.
No sabía si duraría, pero por ahora le creía.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
Intentaré subir el miércoles, pero todo dependerá de como me encuentre después de salir el martes por la noche. Si no subo el miércoles, lo haré el jueves.
¡Que tengáis un feliz año nuevo!
-Bells :)
