Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo tres – Untouchable
(Intocable)
Edward's POV
― Tengo que ducharme, ― dijo Bella, mirando al techo. ― Y tú deberías llamar al Dr. y a la Sra. Cullen.
― Probablemente el Jefe ya me ha ganado en eso, ― le dije.
Los labios de Bella se arquearon, pero sus ojos tenían una sombra de tristeza.
Odiaba tener parte de la culpa de esa tristeza.
― Probablemente, ― dijo Bella de acuerdo, ― pero aún así deberías llamar.
Ella se levantó y extendió su mano. Yo la agarré, saboreando la suave calidez de su palma en la mía y la permití ponerme en una posición sentada. Una vez que estuve levantado, ella se fue al baño, deteniéndose en el umbral de la puerta para mirarme.
― Edward. Gracias.
― ¿Por qué? ― pregunté.
― Por escuchar, por preocuparte. ― Rió. ― Por convencerme de escaparme contigo.
Miré la puerta bastante tiempo después de que ella la cerrara.
Si solo realmente hubiera escapado conmigo.
Había mirado a Bella Swan desde la distancia durante años. La perfecta hija del jefe de policía y, como tal, estaba fuera de los límites del delincuente del pueblo. Aún así soñaba, sin embargo, con hablar con ella o reír con ella.
Con besarla.
No pude evitar sonreír con el recuerdo del "beso" que le había dado antes. Difícilmente podía ser llamado beso, pero aún así hizo mi sangre bombear y que mi cabeza fuera a toda velocidad. Todavía no podía creer que estuviera en un motel, compartiendo una habitación con Bella Swan. Todavía sentía que si me pellizcaba, me despertaría y encontraría que todo había sido un sueño.
Sacudí la cabeza y marqué el número de mi casa.
Realmente era bastante patético lo ido que estaba por la chica.
― Edward, ¿en qué demonios estás pensando? ― la voz de Carlisle estalló por el teléfono, sacándome de golpe de mis pensamientos.
― Hola a ti también, Carlisle, ― contesté. ― Supongo que el Jefe Swan ya te ha llamado.
― ¿En qué pensabas al escaparte con su hija? ¡Te quiere en la cárcel, Edward!
― Él siempre ha querido eso, Carlisle, ― apunté. ― No es como si en realidad hubiera hecho algo malo. Los dos tenemos dieciocho años. Nuestras vidas son nuestras.
― Es la hija de Charlie Swan, ― dijo Carlisle en voz baja. ― ¿No podrías haberte quedado fuera de problemas durante otros dos meses en lugar de fugarte con Isabella Swan?
― No nos hemos fugado, ― contesté. ― Estamos viajando.
― ¿A dónde? ― la voz de Carlisle era sombría. Me di cuenta de golpe de que él se había rendido conmigo.
― ¿Por qué te importa? Estoy fuera de tu tutela, Carlisle. Ya no vas a tener más problemas por mí. Deberías sentirte feliz.
― A Esme y a mí nos importas, Edward. Y estamos preocupados. Tus actos... no siempre son muy responsables.
― Lo sé, ― contesté. ― Normalmente hago cosas realmente estúpidas. ― Miré hacia la puerta del baño, dónde todavía podía oír la ducha correr. Me permití a mí mismo tener una fantasía mental de Bella en la ducha antes de enfocarme en la conversación de nuevo. ― Pero esta no es una de ellas. Ella no era feliz, Carlisle, y yo tampoco.
― El Jefe Swan va a repudiarla, ― me avisó Carlisle.
― Lo sé, ― contesté. ― Ella también. Le hace daño y la enfada. De alguna forma también me enfada a mí. ― Suspiré. ― ¿Yo también estoy desheredado?
Hubo una pausa.
― Tu siempre tendrás un hogar aquí, Edward, ― contestó Carlisle. ― A pesar de lo que piensas, yo no me he rendido contigo. ― Eso calentó un poco mi corazón. ― Veré si puedo hacer entrar en razón a Charlie... solo espero que sepas lo que estás haciendo.
Sonreí ampliamente.
― No realmente. ― Escuché a Carlisle suspirar. ― Pero está bien. Sé que está bien. Te llamaré, ― hice una pausa, ― dile a Esme que la quiero y que no se preocupe.
― Ten cuidado, Edward. Y, por favor, vuelve a casa.
Colgué el teléfono con una sonrisa jugando en mis labios. Tal vez peleáramos y tal vez le frustrara demasiado, pero Carlisle era un buen hombre y un buen padre.
― ¿Qué tal ha ido? ― preguntó Bella, saliendo del baño mientras se secaba el pelo con una toalla.
― Mucho mejor de lo esperado, ― contesté. ― Carlisle va a intentar hacer que Charlie entre en razón.
― ¿Él lo ha aceptado? ― Bella parecía incrédula.
― Sí... Carlisle es un tío muy calmado. ― Di palmaditas en la cama a mi lado, y Bella se sentó y continuó secándose el pelo.
― Más calmado que Charlie, de cualquier manera, ― la voz y expresión de Bella eran irónicas, y mi corazón se apretó por ella. A pesar de su forma de actuar dura, la reacción de Charlie le había herido realmente.
― Él te quiere, Bella. Se le pasará. ― Apreté su hombro en señal de consuelo. ― Deberíamos dormir. ¿Qué cama quieres?
― No importa, ― contestó Bella. ― Elije tú.
Esas eran palabras peligrosas, considerando que me gustaría elegir cualquiera en la que estuviera ella, pero yo había cogido una habitación con dos camas por una razón. No quería que Bella se sintiera incómoda.
Tal vez quisiera besarla y abrazarla, pero no podía olvidar que le habían engañado recientemente, incluso si ella no parecía estar muy dolida.
― Elegiré esta, supongo, ― contesté.
― Suena bien. ― Bella se puso de pie para devolver la toalla al baño, luego volvió para meterse bajos las mantas de su cama. ― Tendremos que conseguir algo de ropa por la mañana.
― Nos preocuparemos de eso mañana. Por ahora, duerme. Buenas noches.
Mi respuesta fue el sonido de su suave respiración.
Ya estaba dormida.
- . - . - . - . -
Esa noche descubrí algo muy interesante sobre la Srta. Bella Swan.
Hablaba en sueños.
Y dijo cosas muy interesantes.
― No, ahí no. Por allí, al lado del pingüino, ― murmuró. Me pregunté con qué estaba soñando.
― No me gusta el salami, quiero albóndigas.
― ¡No! Ese es el filete del mono.
Pasé cerca de una hora riéndome por lo bajo de sus comentarios. Pero no todos me hicieron reír.
Uno en particular puso una sonrisa más que grande en mi cara.
― Ed... Edward, ― murmuró, acurrucándose en las almohadas con una sonrisa en la cara. Murmuró algo ininteligible, y no importaba cuanto aguzara el oído, no podía oírlo.
Y entonces...
― Bésame otra vez, Edward.
Estaba muy seguro de que mi sonrisa era más brillante que Times Square en Año Nuevo.
Bella estaba soñando conmigo.
Bella estaba soñando con besarme.
Me quedé dormido con una gran sonrisa.
- . - . - . - . -
― ¿Hay algún sitio en particular al que quieras ir? ― dije sobre mi hombro. Nos habíamos levantado a las ocho, así podíamos ir a comprar cuando las tiendas abrieran a las nueve. Quería estar fuera de Seattle a las once.
― No importa, ― contestó. ― Wal-Mart está bien. Y no pongas esa cara. Me gusta Wal-Mart. Es barato y algunas de sus cosas no son tan malas.
No sabía como podía ella saber que yo estaba poniendo una cara si estaba detrás de mí, pero decidí no preguntar.
― Pero es Wal-Mart, Bella.
― Podemos coger todo lo que necesitamos haciendo una sola parada si vamos allí.
Ese fue el único argumento que me hizo aparcar en el aparcamiento del Wal-Mart más cercano.
Bueno, eso y el hecho de que no podía decirle que no a Bella. Había estado colgado de ella desde que me mudé a Forks hacía cuatro años, y ella era mi debilidad.
Parte de mí se alegraba de que no se hubiera dado cuenta de eso, la otra parte lloraba porque no lo había hecho.
― Bueno, probablemente deberíamos separarnos, ― dijo Bella cuando entramos en la tienda. ― ¿Qué necesitamos? Ropa, cargadores de móvil, bolsas para poner las cosas... ― fue diciendo, haciéndome una señal para que añadiera algo.
― Botellas de agua y quiero conseguirte una chaqueta mejor. ― Agarré la que llevaba puesta. ― El cuero es más protector.
― Veré si puedo encontrar una, ― contestó.
― Yo te comparé una. ― Levanté la mano cuando ella empezó a discutir. ― Es mi moto y quiero que estés segura en ella. No voy a discutir sobre esto, Bella, así que será más rápido si no lo intentas. Ahora vamos a conseguirte algo de ropa.
― No, yo voy a buscar mi ropa y tú vas a buscar tu ropa. ― Se sonrojó cuando le fruncí el ceño, sin entender porqué teníamos que separarnos. ― Será más rápido, ― explicó, ― y... bueno... realmente preferiría que no estuvieras conmigo cuando coja la ropa interior.
― Oh, ― contesté con poca convicción. Sus palabras llevaron a mi cabeza una imagen de Bella... en nada más que su ropa interior. Me sentí un poco caliente, así que me aclaré la garganta. ― Vale, entonces. Erm... una vez que tengamos la ropa, podemos encontrarnos aquí, ― apunté a la sección de electrónica, ― y luego cogemos el resto de cosas.
Bella se puso de un rojo profundo y solo asintió, apresurándose hacia la sección de ropa femenina.
Maldita sea, vaya cosas me hacía.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
