Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo cuatroLa moto se queda sin gasolina

Me alegraba de no haber estado mucho tiempo con Edward después de entrar en la tienda. Hablar sobre ropa interior con él me hizo ponerme del feo rojo que solo yo parecía tener la habilidad de alcanzar.

Ya estaba lo suficientemente avergonzada cerca de él después de los sueños que había tenido la noche anterior, no necesitaba más.

Pensar en esos sueños me hizo estremecerme, lo que me hizo sentir patética. Apenas habían alcanzado el PG-13, pero aún así me había despertado esa mañana sintiéndome como si hubiera pasado la noche siendo llevada hasta el borde sin obtener ninguna liberación. No había sido capaz de mirarle a los ojos durante el desayuno.

Sacudiendo la cabeza, caminé hacia la sección de ropa femenina para encontrar algo de ropa para mí.

En realidad nunca me había gustado comprar. Ropa, al menos. Déjame en una librería y puedo perderme durante horas. Rodeame de ropa, y pierdo el interés.

Pero aún así... parte de mí quería al menos verse decente cerca de Edward.

Miré la ropa y en diez minutos había cogido tres pares de vaqueros y algunos tops que pensaba que eran lindos, pero lo suficientemente cómodos para ir en moto por el país. Para cuando pasaron veinticinco minutos, había conseguido encontrar un cepillo para el pelo también y me estaba dirigiendo de vuelta a la sección de electrónica.

Edward ya estaba allí, dándome la espalda mientras inspeccionaba un estante de DVDs.

― ¿Pensando en coger también una televisión portátil? ― pregunté. ― No creo que vaya a funcionar muy bien en la moto.

Él me miró sobre su hombro, su amplia sonrisa estaba llena de encanto de niño que iluminaba sus ojos. Sentí un débil sonrojo en mis mejillas. Edward nunca me había afectado así antes, así que, ¿por qué lo hacía ahora?

Tal vez porque, hasta ahora, nunca le has dicho más de diez palabras.

Eso era cierto. Como hija del jefe de policía, no podía ser vista con el chico problemático del pueblo. Ese pensamiento trajo otro, uno que tuve que decirle a Edward.

― ¿Te das cuenta del alboroto que habremos causado en Forks? ― le pregunté.

― ¿Alboroto? ― Levantó una ceja. ― ¿A qué te refieres?

― ¿La hija del jefe de policía se escapa con Edward Cullen? ― Aunque pensar en Charlie me causaba algo de dolor, no pude evitar sonreír con suficiencia. ― La gente hablará sobre ello durante décadas. Es lo más excitante que ha pasado desde que el Sr. Goff, el profesor de Biología, fue pillado tonteando con la Sra. Cope.

Edward rió y rodeó mis hombros con su brazo. Su toque envió una descarga eléctrica a través de mí y le miré para ver si él también lo había sentido. Me estaba mirando. Todavía había diversión en sus ojos, pero también tenía esa mirada suave que estaba ahí cuando vimos la puesta de sol. Sentí mi respiración trabarse y me pregunté como se sentiría si me besara otra vez –si realmente me besara esa vez.

Su mano derecha se extendía hacia mi cara cuando fui empujada por detrás y caí contra él. Caí con fuerza en su pecho y solo sus rápidos reflejos evitaron que cayéramos contra la exposición de iPod que había detrás.

― Um... lo siento. ― Me enderecé rápidamente y aparté la mirada sonrojándome. ― Probablemente deberíamos ir y coger el resto de nuestras cosas.

Hubo un silencio pesado durante un momento y yo estaba demasiado asustada de mirar a Edward, por miedo a ver su expresión. Finalmente suspiró.

― Sí, vamos. He visto una cazadora de cuero que quiero que te pruebes y hay un par de bolsas de lona que serán buenas para llevar nuestras cosas.

Creí haber oído decepción en su voz, pero alejé ese pensamiento. Acababa de romper con Mike, no necesitaba otra relación en ese momento.

Ni siquiera si era con alguien que podía hacerme reír y a quien quería lamer cuando le veía.

Me mordí el labio mientras seguía a Edward.

Vaya, estaba muy jodida.

- . - . - . - . -

La chaqueta que Edward había elegido para mí era cómoda y, mientras íbamos por la I-90, mucho más cálida que la otra que había llevado antes.

Terminamos en Wal-Mart, tomándonos unos minutos en el aparcamiento para transferir todas nuestras compras de las bolsas de plástico a las de lona que había comprado Edward. Una vez que eso estuvo hecho, Edward no perdió tiempo para encender la moto y sacarnos de Seattle.

― Quiero llegar a Spokane antes de que paremos por la noche, ― me dijo Edward.

― ¿Spokane? Eso no está muy lejos, ― contesté.

― ¿Tienes prisa? ― me preguntó. ― Este viaje va de disfrutar la vida, Bella, no de vivir deprisa.

― Bueno, entonces, ¿qué haremos una vez que lleguemos a Spokane? ― pregunté.

― Bella, Bella, Bella, ― dijo Edward sacudiendo la cabeza. ― La pregunta no es qué vamos a hacer cuando lleguemos allí. Es, ¿qué hacemos de camino allí?

Vi de refilón su sonrisa mientras giraba bruscamente a la izquierda y se metía en un camino de grava.

― ¡¿Qué demonios?! ― grité, apretando los brazos alrededor de su cintura como si me fuera la vida en ello.

― ¿Alguna vez has estado en un manzanar? ― me preguntó.

― ¿Un manzanar? ― repetí estúpidamente. ― ¿Hablas en serio, Edward?

― ¿Por qué no? Washington es el mayor productor de manzanas de la nación. Creo que es adecuado que visitemos un manzanar.

― Y, ¿cómo sabes que hay un manzanar por aquí? ― pregunté. ― ¿Tienes un radar de manzanas o algo?

― No creo, ― resopló Edward. ― Vi una señal a un lado de la carretera. Asper's Apples; buena aliteración, ¿no crees?

No pude evitar reír, era una situación muy ridícula.

― ¿Cómo de lejos está? ― le pregunté.

― No estoy seguro, ― contestó. ― No capté esa parte de la señal.

Le miré boquiabierta a la nuca un momento, luego le golpeé el hombro.

― ¿Por qué ha sido eso? ― preguntó.

― ¿No captaste esa parte? ― pregunté incrédula. ― ¿Cómo sabremos como llegar al lugar?

― Es un manzanar, Bella. ¿Cómo de difícil puede ser encontrar un manzanar?

Resulta que era muy difícil. El camino de grava serpenteaba a través de un bosque. Un bosque significa muchos árboles y ni Edward ni yo sabíamos diferenciar a un manzano de un roble, o cualquier otro tipo de árbol.

― Creo que hemos llegado demasiado lejos, ― le dije después de haber estado en el camino media hora.

― Iremos un poco más adelante, ― contestó Edward. ― Tiene que estar por aquí, en alguna parte.

Rodé los ojos.

― En serio, Edward. Estoy segura de que hemos ido muy lejos. Deberíamos dar la vuelta y volver.

― Ahora, Bella, ― empezó Edward haciéndose el listo. ― Intenta vivir un poco; camina un poco por el lado salvaje. A veces, lo desconocido puede ser divertido.

― Y, a veces, es solo lo desconocido, ― contesté. ― Y debería seguir así.

― No estés tan tensa, ― se metió por otro camino. ― Mira al frente, hay un granero. Probablemente este sea el sitio correcto.

Ciertamente, un gran granero rojo era apenas visible a través de los árboles delante de nosotros. Una pequeña granja bien cuidada estaba construida en un gran claro. También había una señal que declaraba orgullosamente Mil-Wray Milk Farms.

― Definitivamente, esta no es la granja correcta, ― dije cuando pasamos la señal.

― ¿Y? Es una granja. Tal vez tengan un manzanar.

― ¿Eso son vacas? ― pregunté mientras pasábamos por un campo de pasto lleno de ganado blanco y negro.

― Vacas lecheras, a juzgar por el nombre de la granja, ― contestó Edward animado. ― ¿Nunca antes has visto una vaca?

― En las revistas y desde la ventana del coche. Aparca. Quiero mirar más de cerca.

― Eres ridícula, Bella, ― me dijo Edward. Pero aparcó al lado de la verja y apagó el motor de la moto. Bajé y me acerqué a la verja con cautela.

― ¿Quieres entrar? ― preguntó Edward.

― ¿Por qué querría hacer eso? ― contesté.

Edward me sonrió torcidamente y sacó una cámara Kodak desechable.

― Para una foto, ― contestó.

― ¿Cuándo compraste esto? ― pregunté, estirando el brazo y cogiendo la cámara de sus manos.

― En la cola para pagar del Wal-Mart. Vamos. ― Puso su pie en el segundo alambre de púas y levantó el de arriba para que yo pudiera pasar.

― Creo que esto puede ser ilegal, ― le dije. ― Ya sabes, entrar en propiedad ajena. ― Pero pase la verja igualmente.

― Todo es un poco más divertido cuando es ilegal, ― me informó Edward felizmente, siguiéndome por la verja. ― Ahora, Bella, devuélveme la cámara y déjame ver tu mejor sonrisa.

― ¿Qué pasa si quiero ser la fotógrafa? ― contesté coqueteando, escondiendo la cámara detrás de mi espalda.

― Te daré un turno una vez que hayas sido la modelo. ― Edward estiró el brazo y me llevó a su pecho por la cintura. ― Hay algo en una chica sonriéndole a una cámara que me encanta.

― Eso suena realmente asqueroso, ― le dije, pero mi mente ya estaba vagando lejos de la conversación e iba en dirección a sus labios, que estaban a solo pulgadas de los míos.

Y él tenía labios realmente talentosos.

Se inclinó y los presionó rápidamente contra los míos antes de alejarse de mí.

La cámara estaba en su mano.

― Es bastante fácil distraerte, ― me informó. ― Ahora, Isabella, sonríe a la cámara.

Le fruncí el ceño.

― Eso no es una sonrisa, ― me dijo Edward. ― Venga, Bella, tienes una sonrisa hermosa. Compártela con el mundo.

En contra de mi buen juicio, sentí mis labios moverse y un sonrojo subió a mis mejillas.

― Hermosa, ― me informó Edward, pulsando el botón de disparo. ― Ahora, intenta hacer de gatita sexy.

Reí y escuché de nuevo el click del disparo.

A pesar de que normalmente no me gustaba ser el centro de atención, me encontré a mí misma siguiéndole el juego a Edward y posando para la cámara. Terminamos encontrando una vaca particularmente tranquila que simplemente estaba comiendo hierba mientras yo me sacaba una foto abrazándola, fingiendo estar aterrorizada de ella y una variedad de otras poses que nos hicieron a Edward y a mí reír a carcajadas.

Le hice tomar su turno también. Mi favorita era la de él siendo perseguido por un ternero al que no le gustó que Edward intentara subirse a su espalda.

― Eso no ha tenido precio, ― reí, limpiándome las lágrimas de regocijo de los ojos. ― ¡La mirada en tu cara cuando te pateó!

― Ríete, Swan. ― Edward se frotó el trasero. ― Eso ha dolido.

― No deberías haber intentado subirte a su espalda, ― le dije, cruzando la verja.

― Bueno, sé eso a- oh, mierda.

― Qué, oh... bien, mierda.

Había una camioneta viniendo a toda velocidad hacia nosotros por el sinuoso sendero desde la casa de la granja. No podíamos ver al conductor, pero estaba dispuesta a apostar que era un granjero muy furioso.

Edward y yo llegamos a la moto, la encendimos y salimos en la dirección opuesta por el camino en tiempo récord.

― ¿Nos está siguiendo? ― preguntó Edward.

Miré hacia atrás, el trasto azul se estaba quedando atrás, pero todavía estaba ahí.

― Sí. ¿Crees que tiene una pistola?

― Eso es solo un estereotipo, Bella. Los granjeros no son todos pueblerinos catetos que prefieren disparar primero y dejar las preguntas para después... pero, solo por si acaso, agarrate fuerte.

Apreté mis brazos alrededor de su cintura y él giró bruscamente a la izquierda por otro camino de grava, luego tomó el primer camino a la derecha al que llegamos.

Perdimos al granjero de forma bastante fácil tras eso.

― Eso ha estado muy cerca, ― dije, descansando mi cabeza en la espalda de Edward. ― Muy, muy cerca. ¿Cómo de lejos está la I-90?

Edward no contestó. Así que levanté la vista, sintiéndome repentinamente insegura.

― Sabes como de lejos está la I-90, ¿verdad? ― demandé.

― Bueno, ― alargó la palabra. ― Lo hacía... pero luego tuvimos que perder al granjero y... no estamos perdidos. Solo estamos, erm... uh...

― ¿Tomando un atajo? ― sugerí sarcásticamente, luego gemí. ― Tendremos que volver y pedir señas.

― ¿Bromeas? ― aulló. ― ¡Nos disparará!

― Creí que habías dicho que era un estereotipo falso, ― solté.

― Lo es... creo. Pero es mejor prevenir que curar.

― Tampoco sabes el camino de vuelta a la granja, ¿verdad?

Solo podía ver el borde de la sonrisa avergonzada de Edward, pero pude crear una buena imagen mental de toda la cosa.

― Ni idea, ― admitió.

Abrí la boca para contestar, pero fui cortada por el petardeo del motor. Cerré los ojos mientras Edward aparcaba, rezando por tener fuerza.

― Por favor, dime que no es lo que creo que es, ― dije.

― Uh... estamos sin gasolina. ¿Es eso lo que tú creías que era?

No pude evitar reír.

― Eso suena histérico... y más bien aterrador. ¿Estás bien, Bella? ― preguntó Edward, parando el motor y bajando la pata de cabra de la moto.

Me bajé de la moto y me alejé un poco antes de volverme contra él.

― Estamos perdidos y sin gasolina y, ¿tú me preguntas si estoy bien? ― le pregunté. ― Realmente no, Edward.

Más que hacer que me mirara con disculpa, mis palabras provocaron que Edward sonriera ampliamente.

― Esto será bueno para ti, Bella, ― me informó.

― ¿Cómo? ― dije, arrastrando la palabra.

― Te enseñaré a soltarte, toma las curvas según la vida te las mande. Te enseñaré a mirar el lado bueno.

― ¿Hay un lado bueno de esto? ― resoplé.

― Por supuesto que lo hay. ― Edward lanzó su brazo alrededor de mis hombros. ― Al menos no estás aquí tirada con Newton. Además, nos dará la oportunidad de crear vínculos mientras caminamos e intentamos encontrar otra granja. ― Edward levantó otra vez la pata de cabra y empezó a tirar de la moto.

― ¿Y no podíamos haber creado vínculos perfectamente mientras íbamos juntos en un viaje en moto por el país? ― pregunté.

― No tantos. La moto es demasiado ruidosa.

― Estás demasiado animado para la situación en que estamos. ― Le miré con cautela. ― ¿Qué tienes bajo la manga?

― Solo un juego de veinte preguntas, ― contestó. ― Incluso puedes ir primero.

― Veinte preguntas. Yo no... Yo nunca... esta tiene que ser una de las cosas más aleatorias que he escuchado nunca.

― ¿No quieres ir primero?" Yo puedo-

― ¿Es cierto que tú y Lauren tuvisteis sexo en el escritorio de Banner durante el castigo? ― interrumpí, esperando que mi pregunta le dejara en shock o le callara por la vergüenza.

En su lugar le hizo reír.

― Nop. Ella me asusta un poco y esa voz es molesta. Nunca la he tocado, ― Edward me sonrió. ― Mi turno ahora. ¿Qué demonios viste en Mike Newton?

― Nada. Se esperaba de mí que saliera con él, así que lo hice. ¿Realmente tenemos que jugar a esto?

― Sí. Es divertido. Tu móvil está sonando.

Parpadeé, luego miré el bolso que colgaba de mi hombro. Ciertamente, había un sonido que salía de él. Busqué y saqué el móvil justo cuando dejaba de sonar. Tenía veinte llamadas perdidas –cinco de Charlie, seis de Renee, mi madre, dos de Jessica y siete de Mike.

― Chica popular, ― comentó Edward, mirando sobre mi hombro. ― También tienes quince mensajes de texto.

Abrí la bandeja de entrada y vi tres mensajes de Renee, dos de Jessica y diez de Mike.

Todos contenían el mismo mensaje con variaciones de ¿en qué demonios estabas pensando para escaparte con Edward Cullen? La versión de Mike incluso decía que si volvía ahora, estaría dispuesto a olvidar mi metedura de pata y aceptarme otra vez. Resoplé por eso.

Estaba a punto de volver a meter mi teléfono en el bolso, cuando me llegó otra llamada. Era Mike.

― Tal vez debas responder. ― Edward ya no se veía tan animado ni de cerca. En realidad, se veía más bien enfadado y estaba mirando fijamente al frente. Me mordí el labio, antes de tomar mi decisión.

No importaba que estuviéramos perdidos, caminando por un sendero del campo y sin gasolina. Nunca me había sentido más viva y me lo había pasado mucho mejor en esas sesenta horas pasadas con Edward desde que era pequeña y descubrí el envoltorio de burbujas.

Presioné el botón de contestar y me llevé el teléfono al oído.

― Hey, Mike, no puedo hablar ahora mismo. Edward está haciendo una cosa increíble con su lengua y la interrupción realmente nos está cortando el rollo. No vuelvas a llamar. ― Cerré el teléfono de nuevo y lo lancé a la acequia. ― Tendremos que usar el tuyo a partir de ahora.

Edward me estaba mirando como si nunca antes me hubiera visto.

― ¿Qué? ― pregunté.

― Tú, ― su voz salió estrangulada, así que se aclaró la garganta y lo intentó otra vez. ― Te das cuenta de que le va a contar a todo Forks lo que has dicho, ¿verdad?

― ¿Y? ― contesté.

― ¿No te molestará que todos piensen que tú... uh... te estás acostando conmigo cuando no lo estás haciendo?

Sonreí reservadamente y le inspeccioné de cerca.

― ¿Te molesta a ti? ― contesté. Estaba bastante segura de que había estado leyendo sus señales correctamente, quiero decir, no habían sido besos franceses, pero aún así me había besado dos veces y estaba segura de que no era la única que sentía chispas.

― Yo... bueno... no, ― dijo al fin. ― Realmente no. ― La mirada en sus ojos lo decía todo.

Definitivamente, no había malinterpretado las señales.

― Bien entonces. Acabo de dejar a un completo gilipollas, así que no estoy buscando una relación ahora mismo, pero este país es grande, Edward, y si el comienzo es algún tipo de señal, nuestro viaje tal vez nos lleve un tiempo. ― Le miré por debajo de mis pestañas, esperando verme bien coqueta. ― Mucho puede pasar en ese tiempo.

Mi declaración de antes tal vez no le hubiera dejado callado por el shock, pero esa ciertamente sí lo hizo.

Sentí mis labios curvarse en una sonrisa reservada y me permití a mí misma disfrutar el conocimiento de que yo le atraía a alguien tan atractivo como Edward Cullen durante un momento.

Se sintió realmente bien.


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-Bells :)