Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo cinco – Georgia
― ¿Por qué te mudaste a Forks? ― preguntó Edward después de un rato, rompiendo el silencio en el que habíamos caído después de la llamada de Mike y mi reacción a ella. ― ¿No vivías con tu madre o algo antes? ¿En Phoenix?
― ¿Cómo sabes eso? ― pregunté. Edward no vivía en Forks cuando yo me mudé allí permanentemente, cuando tenía doce años.
― Erm... todos lo saben, ― contestó incómodo, un sospechoso sonrojo subió a sus mejillas. ― Es mi turno de hacer la pregunta.
Le miré con sospecha, pero decidí seguirle el juego.
― Renee se volvió a casar. Phil es un buen tipo, pero eran un poco demasiado entusiastas y las paredes de esa casa eran realmente finas. ― Me encogí de hombros. ― Decidí ir a vivir con Charlie para darles un tiempo de recién casados, y simplemente terminé quedándome. Nadie de doce años quiere saber tanto sobre la vida personal de su madre. Ahora es mi turno. En realidad, ¿cómo sabías que yo había vivido en Phoenix?
― Acabo de decírtelo-
― No me digas gilipolleces, Edward. Quiero la verdad.
Para mi sorpresa, Edward se sonrojó. Era débil, un rosa ligero, más que el rojo brillante del que normalmente se ponía mi cara cuando estaba avergonzada, pero aún así era un sonrojo.
― Paso, ― dijo.
― No puedes hacer eso, ― discutí. ― Todo el punto de las veinte preguntas es que tienes que responder las preguntas.
― Hay una regla nueva, cada uno puede pasar una vez, y yo estoy usando mi vez, ― contestó Edward, sonando como un remilgado y correcto profesor de preescolar.
Resoplé al reír.
― ¿Qué es tan divertido? ― preguntó y la mirada de confusión en su cara fue adorable.
― Tu voz, ― reí por lo bajo. ― He tenido un repentino flash-back a mi profesor de preescolar, Mr. Alfredson. Él usaba exactamente el mismo tono cuando uno de nosotros le hacía una pregunta que sentía que no podía responder.
― ¿Tu profesor de preescolar no podía responder las preguntas de niños de cinco años? ― preguntó Edward secamente. ― ¿Qué tipo de profesores tenías en Phoenix?
― Podía responderlas, ― contesté. ― Pero sentía que no debía responder cuando Jimmy Abrams le preguntaba de dónde venían los bebés.
Los dos reímos por lo bajo.
― ¿Y por qué Jimmy Abrams le preguntaba a su profesor de dónde vienen los bebés? ― preguntó Edward.
― Oh, porque acabábamos de casarnos y creyó que deberíamos tener un bebé con el que jugar, ― contesté. ― Él había escuchado a su madre hablar de como su tía y su nuevo marido iban a pasar la luna de miel intentando tener un bebé. Nosotros pensamos qué es lo que se supone que haces cuando estás casado. ― Sonreí ampliamente mientras él reía.
― ¿Cómo recuerdas estas cosas? ― dijo cuando consiguió respirar con normalidad.
― Jimmy tuvo un gran efecto en mí, ― le dije. ― Fue mi primer amor. Intenta no tirar la moto, lo último que necesitamos son daños además de la falta de gasolina.
Continué andando y Edward me alcanzó tras unos minutos, una vez que se recuperó.
― Así que... ¿tú y Jimmy aún os mantenéis en contacto? ― preguntó.
― Creo que es mi turno de hacer una pregunta, ― contesté. ― Después de todo, tú nunca contestaste la última que pregunté. ¿Dónde viviste antes de en Forks?
― Denali, Alaska, ― contestó. ― Mi primer amor fue una niña llamada Kate, a quien más tarde dejé por su hermana Irina, porque Irina tenía galletas de chocolate, mientras que Kate solo tenía harina de avena.
― Eso es terrible. ― Le golpeé en el brazo. ― La pobre chica debió quedar devastada.
― No, se fue con Timmy Cochrane y su torre de lápices de colores. Sinceramente, si yo no hubiera terminado, creo que lo habría hecho ella. ― Me sonrió ampliamente. ― Así que... ¿Jimmy Abrams?
― Duramos hasta que tuvimos siete años. Kathy Woods estaba tan dispuesta a compartir su comida como yo, y ella podía lanzar una bola de baseball. ― Puse mis manos sobre mi corazón con falsa angustia. ― Me rompió el corazón y Jimmy no fue invitado a mi fiesta de cumpleaños ese año. No fue una ruptura amistosa.
Eso hizo que Edward riera otra vez por lo bajo.
― ¿Qué hay de novias actuales? ― le pregunté, una vez que paró de reír. ― ¿Muchas?
― En realidad no, ― contestó. ― Me mudé a Forks cuando alcancé la edad en que las chicas eran interesantes, y, bueno... ― Me miró por el rabillo del ojo. ― Realmente no había ninguna chica interesante disponible.
― ¿Qué pasa con Angela? ¿No saliste con ella antes de que se enrollara con Ben Cheney? ― pregunté, luchando con la decepción. No chicas interesantes... pero habría jurado...
Tal vez, después de todo, le había malinterpretado antes.
― Tuvimos tres citas antes de que me dejara por Ben. ― Se encogió de hombros. ― Sinceramente, le pedí salir porque sabía que a ella le gustaba Ben y a él le gustaba ella, pero ninguno de los dos hacía ningún movimiento. Cuando empecé a salir con ella, Ben se dio cuenta de que no podía quedarse sentado para siempre si la quería.
Le miré fijamente, sabía que no debería, pero no pude evitarlo. Era tan increíblemente dulce.
Nunca había visto o oído de ese lado de Edward antes.
― ¿Qué? ― me preguntó. ― ¿Tengo algo en la cara?
― No, ― empecé lentamente. ― Es solo... nunca antes me había dado cuenta de que eres tan dulce.
Otro de esos sonrojos rosas subió a sus mejillas.
― Yo no soy dulce, ― contestó. ― Yo solo... Angela es una buena chica y se merece ser feliz.
Mis ojos se estrecharon por la incertidumbre de su voz mientras se explicaba.
― ¡Estás mintiendo! ― declaré. ― Hay otra razón por la que ayudaste a Angela.
― ¿No crees que es una buena chica? ― preguntó, intentando distraerme.
― Por supuesto que creo que es una buena chica. Es una de mis mejores amigas. No vas a distraerme tan fácilmente.
Edward miró a su alrededor, casi como si estuviera entrando en pánico, antes de que sus ojos se iluminaran por algo y se relajara.
― Hay una granja. ― Apuntó al frente, dónde había otro granero; ese era blanco, visible entre los árboles.
Eso me distrajo.
― Sí. ― Envolví mis brazos alrededor del cuello de Edward y le abracé, dándome a mí misma un breve segundo para disfrutar de la calidez del contacto. Casi podía sentir la estática entre nosotros, algo que nunca había estado ahí con Mike.
Decidiendo que no podía alargar más el abrazo, empecé a alejarme. El brazo de Edward se puso a mi alrededor, atrayéndome a su costado. Le miré sorprendida por sus acciones y Edward tomó la oportunidad de inclinarse y darme otro breve beso, solo un roce, como habían sido los otros. Luego me dejó ir y continuó andando.
― ¡Hey! ― le perseguí. ― ¡No puedes seguir haciendo eso!
― ¿Haciendo qué? ― la voz de Edward era divertida, y también lo eran sus ojos cuando me miró.
― ¡Dándome esos... esos... besitos! ― contesté indignada. ― ¿Te das cuenta de lo irritante que es que hagas eso y luego te alejes?
― Oh... ¿preferirías que me quedara más tiempo? ― preguntó Edward.
― ¡Sí! ― grité sin pensar. Cuando mi cerebro se puso al ritmo de mi boca, no pude evitar que mi cara se incendiara mientras la enterraba en mis manos. ― Oh, Dios. Ignora eso. Olvida que he hablado, ― mi voz estaba apagada por mis manos, pero no me importó. Nunca iba a poder mirarle de nuevo.
Le escuché reír, luego escuché metal sonar antes de que él estirara las dos manos para quitar las mías de mi cara.
― Bella, ¿nadie te ha dicho que eres hermosa? ― preguntó, sonriéndome.
― ¿Huh? ― fue mi elocuente contestación.
― Realmente lo eres, lo sabes. Especialmente cuando te sonrojas así. ― Liberó una de mis manos para pasar las yemas de sus dedos por mi mejilla, lo que hizo que me sonrojara más. Él rió de nuevo y me soltó. Se giró hacia la moto, golpeó la pata de cabra una vez más y continuó andando.
Yo me quedé quieta y le vi alejarse mientras jadeaba como un pez durante varios segundos antes de correr para alcanzarle.
― Acabo de humillarme a mí misma, así que tal vez pueda seguir, ― dije, agarrando su brazo para que parara. ― Si tan hermosa crees que soy, entonces, ¿por qué no me besas de verdad?
― Todavía estás enfadada con Mike, ¿verdad? ― preguntó después de inspeccionarme silenciosamente durante un momento.
― Odio cuando la gente responde una pregunta con otra pregunta, ― refunfuñé. Edward levantó una ceja y se movió para empezar a andar otra vez, así que salí disparada frente a él. ― Vale, sí. Todavía estoy enfadada. Tengo permitido estarlo, ¿no? Me engañó con Jess.
― Tienes todo el derecho de estar enfadada con él, ― aceptó Edward. ― Es un completo gilipollas y, la próxima vez que le vea, probablemente le de un puñetazo de tu parte. Pero, Bella, cuando te bese de verdad, no te preocuparás por estar enfadada con él más.
― ¿Qué?
― Cuando nos besemos realmente, y no tengo ninguna duda de que pasará, no será por despecho hacia él. Será porque tú me querrás tanto como yo te he querido durante los últimos cuatro años. ― La suave mirada estaba de nuevo en sus ojos. ― No tengo ninguna duda de que merecerá la pena la espera.
Me dejó helada en medio del camino, jadeando como una tonta por segunda vez y completamente estupefacta.
¿Cuatro años?
¿Él me había querido durante cuatro años?
Ese era el tiempo que él llevaba viviendo en Forks.
Así que... cuando dijo que nadie interesante estaba disponible, quería decir que yo estaba saliendo con Mike.
Sentí mis labios retorcerse. Sí, todavía estaba enfadada con Mike... pero no lo estaría. No para siempre. No durante mucho más tiempo.
Y entonces.
Cuatro malditos años.
Me aseguraría de hacer que cada segundo que había esperado mereciera la pena.
Hola!
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
