Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo sieteOh My My

La mirada en la cara de Edward por mi indirecta disipó cualquier rastro de enfado que quedara hacia él. Sí, era mezquino, pero a veces una chica tenía que ser mezquina.

Especialmente cuando se entera de que su ex-novio le ha dicho a todo el mundo que ella se había estado acostando con él cuando no era así.

Nunca más volvería a salir con alguien solo porque me sintiera presionada a ello.

― Erm... supongo que iré a ver si hay alguien en casa, ― dijo Edward. Su voz sonaba incómoda, pero sus ojos casi me quemaban mientras me miraba. Me hizo estremecerme y me encontré a mí misma preguntándome por millonésima vez cómo sería cuando finalmente él me besara de verdad.

Me pregunté si sobreviviría a la experiencia o si me quemaría viva. Si era lo último, entonces sería una buena forma de morir.

Sacudiendo las imágenes de mi cabeza, cogí la moto y la sujeté mientras él se aproximaba a la puerta de la casa de la granja. Era un lindo lugar pequeño. Solo una planta y pintada de amarillo brillante con tres escalones de cemento que llevaban a la puerta. Mirándome nervioso una vez, Edward llamó al timbre y esperó.

Cuando habíamos esperado tiempo suficiente como para hacerme pensar que no había nadie en casa, la puerta fue abierta por una pequeña mujer con el pelo gris y con una chaqueta de punto rosa.

― Hola joven, ― saludó. ― ¿Puedo ayudarle con algo?

― Uh, sí... Sra..., ― Edward dejó la frase y la mujer dijo su nombre.

― Madison King, pero puedes llamarme Maddie.

― Gracias... Maddie. Mi compañera y yo, ― hizo un gesto hacia mí, ― nos hemos quedado sin gasolina. Me estaba preguntando si tal vez usted tendría un poco para que podamos repostar. Le pagaremos.

― ¿Habéis estado montando en esta monstruosidad? ― Maddie se puso un par de gafas para poder verme a mí y a la moto. ― Eso parece horrendamente peligroso y has hecho a esa joven subir detrás de ti, ― Maddie puso sus manos en sus caderas, ― ¿no sabes como tratar a una dama, Sr.-

― Cullen, ― empujé la moto para acercarme. ― Su nombre es Edward Cullen y yo soy Bella Swan, Sra. Maddie. Él ha sido un perfecto caballero todo el viaje, señora. De verdad.

― ¿Y vuestros padres aprueban esto? ― Maddie gesticuló entre Edward y yo. ― No podéis tener más de veinte, y estáis deambulando por ahí juntos.

― Bueno... verás... ― Me sentí sonrojarme, lo que hizo que Maddie riera felizmente.

― Solo bromeaba, niña. Mi Henry y yo estuvimos casados cincuenta y cinco años antes de que él muriera y mi padre no le aprobó ni un minuto. Sin embargo, no me importó. Nos escapamos justo después de que él terminara la escuela y nunca me arrepentí ni un solo segundo, ni siquiera cuando mi padre me dijo que no volviera a casa.

― ¿Te perdonó tu padre? ― pregunté con curiosidad.

― Lo hizo, ― contestó Maddie. ― Cuando vio lo feliz que Henry me hacía y cuando puse a su primer nieto en sus brazos. Tal vez mi padre hubiera pensado que podría haberlo hecho mejor, pero no podía negar que nadie me amaba más que Henry. ― Nos sonrió. ― Ahora, sobre la gasolina. Hay un tanque en la parte trasera, pero es muy tarde para que os vayáis ahora. Tengo una habitación de sobra para ti, joven Bella, y el Sr. Cullen puede dormir en el sofá. ― Su mirada se volvió severa. ― Yo me escapé con mi Henry, pero no hubo besuqueos hasta que estuvimos casados y no habrá ningún lío sin estar casados bajo mi techo, ¿está claro?

― Como el cristal, ― aceptó Edward, ― pero no tienes porqué hacer esto Ms. Maddy. Podemos simplemente repostar y-

Maddie movió su dedo hacia Edward.

― Cállate, tú. He dicho que era demasiado tarde y lo digo en serio. No quiero preocuparme porque tengáis un accidente en la oscuridad y la grava puede ser traicionera cuando no conoces el lugar, incluso de día. Insisto en que entréis. Estaba haciendo la cena y siempre hago demasiado.

Bajé la pata de cabra de la moto y cogí las llaves del contacto, dándole un codazo a Edward en las costillas mientras subía los escalones cuando él abrió la boca para discutir de nuevo.

― Solo acepta su invitación. Está oscureciendo, ― le siseé en voz baja, antes de sonreírle a Maddie. ― Muchas gracias, Sra. Maddie.

― Oh, no hay problema, Bella. Entrad y sentíos como en casa.

El interior de la casa estaba pintado de un amarillo más suave que el del exterior, casi un color crema. También olía delicioso, estaba muy segura de que Maddie estaba haciendo carne asada. Mientras seguía a Maddie al interior, una foto en la pared me llamó la atención. Era una hermosa mujer joven con un velo. Detrás de ella estaba un alto y atractivo hombre joven vestido con un traje negro y con sus manos en los hombros de ella.

― Mi Henry y yo el día de nuestra boda, ― dijo Maddie, moviendo la cabeza hacia la foto.

― ¿Hace cuánto que murió? ― le pregunté en voz baja.

― Seis meses, ― contestó Maddie.

― Lo siento mucho, ― dijo Edward.

― Sentaos. ― Maddie nos llevó a la cocina/comedor y apuntó a las sillas de la mesa. ― Y no lo sientas. Tuve cincuenta y cinco buenos años y di a luz a cinco hijos con Henry. ― Su sonrisa era cariñosa. ― Tenía diabetes y duró unos buenos treinta años más de lo que creíamos que duraría. Era un buen hombre.

― Suena como que lo era. Debes de haberle amado realmente.

― Desde el momento en que puse mis ojos en él, ― estuvo de acuerdo Maddie. ― Él era el chico problemático del pueblo, ya ves. Siempre estaba en algo, mi Henry. Pero yo vi el bien dentro de él. Todo lo que se necesitaba era una mujer que lo sacara. ― Palmeó mi mano. ― Eso es todo lo que un hombre necesita, una mujer que saque el bien. El resto cae en su lugar por sí solo. ― Un temporizador sonó. ― El asado está listo. No, no te levantes querida. Vosotros sois los invitados, solo quedaos sentados.

― Así que, ― me murmuró Edward mientras Maddie se movía por la cocina poniéndolo todo en platos. ― ¿Vas a ser la mujer que saque el bien en mí?

― Si me estás pidiendo que me case contigo, ― contesté en un murmullo, ― entonces estás loco. En cuanto a sacar el bien en ti, pareces seguir siendo malo cerca de mí.

Edward sonrió ampliamente.

― Cierto, pero apuesto a que Henry no siempre era bueno con Maddie.

No pude evitar reír, incluso mientras golpeaba el brazo de Edward.

― Comportate.

― Empezad a comer, niños, ― dijo Maddie, trayendo la comida a la mesa. Olía maravillosamente e hizo a mi estómago rugir, recordándome que no habíamos comido nada desde el desayuno esa mañana.

― Tiene una pinta deliciosa, Sra. Maddie, ― dijo Edward.

― Sabrá así también, ― aceptó Maddie. ― Hago un asado de carne estupendo.

Sonreí por el alarde, pero cuando tomé el primer bocado no pude estar en desacuerdo con las palabras de Maddie. Estaba bastante segura de que nunca había comido una carne que supiera tan bien en mi vida.

El resto de la comida pasó con una pequeña conversación. Edward y yo estábamos muy ocupados metiendo comida en nuestras bocas tan rápido como podíamos sin hacer que Maddie nos regañara por no tomarnos nuestro tiempo (cosa que hizo cuando Edward casi se ahoga con un trozo de zanahoria).

― Así que, ¿de dónde sois? ― preguntó Maddie después de la cena mientras le ayudaba a cambiar las sábanas de la cama de invitados.

― Ummm... Forks, ― contesté. ― Es un pueblo realmente pequeño al oeste.

― Ya veo. Así que ¿tú y Edward decidisteis que queríais salir y os dirigisteis al este? ― Maddie me miró sagazmente mientras estiraba el edredón para quitar las arrugas.

― Algo así. ― Me mordí el labio y luego decidí contarle todo. ― Pillé a mi novio engañándome el sábado por la noche. Fue con una chica que se suponía que era una de mis mejores amigas. Mientras estaba fuera andando y meditando al día siguiente, me encontré con Edward. Él me ofreció darme una vuelta en su moto y a lo largo del camino, decidimos seguir conduciendo. ― Me encogí de hombros y me senté en la cama. ― Y aquí estamos.

― Y aquí estáis, ― estuvo de acuerdo Maddie. ― Ese chico está loco por ti.

Me sonrojé y bajé la mirada.

― Sí... aparentemente. ― Miré por la puerta de la habitación hacia donde sabía que Edward y la sala de estar estaban. ― Me ha dicho que le he gustado durante cuatro años. Eso es todo el tiempo que lleva viviendo en Forks.

― Eso es mucho tiempo para que un chico espere. ― Maddie me miró severamente. ― ¿Estáis tomando precauciones?

La miré fijamente con una mezcla de terror y shock.

― ¿Qué? No... nosotros no... quiero decir... Oh Dios, ¿qué digo a eso?

― Tú dices 'sí, Maddie'. ― Palmeó mi mejilla. ― Ya tienes la cama lista. Le cogeré algunas mantas a Edward, luego me iré a dormir. Este viejo cuerpo no puede estar levantado hasta tan tarde como pudo una vez.

Vi a Maddie alejarse, todavía en shock. Habría esperado algo así de Renee pero, ¿de una pequeña mujer mayor que vivía en una granja de manzanas? Sacudí la cabeza y caí hacia atrás en la cama, riendo suavemente.

Se conoce a gente muy interesante en la carretera.

- . - . - . - . -

Me desperté pronto la mañana siguiente –a las seis cuarenta y cinco, para ser exactos. Maddie y Edward ya estaban levantados y hablando amistosamente en la cocina. Edward estaba sacándole zumo a una naranja, mientras que Maddie freía patatas en la cocina.

― Buenos días, ― bostecé. ― ¿Cuánto tiempo lleváis levantados?

― No mucho, ― contestó Edward, deslizando un vaso de zumo de naranja a través de la encimera hacia mí. ― Yo solo unos quince minutos.

― Yo me levanto a las seis todas las mañanas, ― contestó Maddie. ― Se ha convertido en un hábito durante los años. ¿Cómo te gustan los huevos, Bella?

― Oh... revueltos están bien, gracias, ― contesté, no siendo completamente capaz de mirar a Maddie a los ojos después de toda la debacle sobre sexo seguro de la noche anterior. Ella me sonrió ampliamente, había un brillo malvado en sus ojos. Sabía exactamente lo que estaba pensando y se estaba aprovechando de ello.

― ¿Y a ti, Edward?

― Cocido por los dos lados pero con la yema suave* por favor, Ms. Maddie.

El desayuno fue delicioso, con pancakes, huevos, patatas fritas, zumo de naranja y una tostada con mermelada de fresa. Sabía que había comido más de lo que debería, pero tras nuestra experiencia del día anterior, no estaba completamente segura de cuando comeríamos de nuevo, así que me aproveché de la comida casera.

― Estaba delicioso, ― le dije a Maddie. ― Muchas gracias por todo.

― Oh, ha sido un placer, querida. Ahora, supongo que querréis salir a la carretera pronto. El tanque de gasolina esta en la parte trasera al lado del corral de cerdos. Usad el de la derecha, el otro está pintado de morado. No querríais llegar a una zona de control con ese combustible en tu moto. ¿Sabes como llegar a la Interestatal?

Veinte minutos, muchos agradecimientos y detalladas direcciones a la I-90 más tarde, Edward había terminado de llenar el depósito de gasolina y estábamos una vez más dirigiéndonos a lo desconocido.

― ¿Dónde ahora, capitán? ― pregunté.

― A cualquier lugar que queramos, capitana, ― rió Edward.


* Es la traducción literal de over-easy que es lo que ponía, nunca había oído esa expresión


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-Bells :)