-Se ve a una Sandra Hatake oculta detrás de una barricada mientras le lanzan todo tipo de objetos contundentes- ¡Lo siento mucho! No fue mi intención desaparecer por tanto tiempo, pero tuve problemas T.T En todo caso, por si quedan lectores que todavía sigan esta historia, ahí les va el capítulo nuevo de "Cambios"

Como estoy escasa de tiempo, espero me disculpen por dejar un agradecimiento general y no uno personalizado. Para la próxima si lo haré, lo prometo .

Gracias a todos por sus comentarios, alertas de favoritos y demás, para escritores novatos como yo son un gran estímulo y nos ayudan mucho a seguir escribiendo :3 Espero que este capítulo sea de su agrado *o*

Cacería...

-El objetivo sigue en la mira –Dijo el sujeto a través de la línea telefónica-

-Las ordenes no han cambiado –Respondió alguien del otro lado- El objetivo sigue siendo el mismo

Y sin ningún otro intercambio de palabras, la llamada termino. El sujeto se mantuvo en la misma posición, asechando desde las sombras a las tres personas en el interior de la cafetería, no faltaba mucho para que la "cacería" comenzara.

"Aturdido" era como se encontraba Langdon en ese momento. Sus ojos, aún fijos en las manos entrelazadas de Sienna y Charles, no podían ver otra cosa además de eso. En su mente la palabra "prometido" reverberaba con un eco estruendoso. Prometido venía del verbo prometer… ¿Prometer que? ¿Sienna le había prometido algo a ese sujeto? ¿Era eso? La respuesta era obviamente que no. Sienna Brooks estaba comprometida… ¡Comprometida! Eso implicaba un noviazgo, matrimonio, hijos… ¿Qué tan cercanos podrían haberse hecho en esos meses? Demasiado para su gusto, y lo más importante ¿Por qué le molestaba tanto ese hecho?

Apreciaba a Sienna, sí. Las vivencias que ambos compartieron en Florencia habían forjado entre ellos un lazo fuerte, más de lo que había imaginado. Conocida, compañera y amiga, la apreciaba como tal y, sin embargo, no podía compartir la felicidad de ésta. Robert comenzaba a considerarse un pésimo amigo.

Sus cavilaciones fueron detenidas abruptamente por la voz de Sienna, que parecía estar regañando al castaño doctor mientras este le restaba importancia al asunto. ¿Qué se había perdido ahora?

-¡¿Cuántas veces debo decirlo, Charles?! —Exclamó la rubia doctora en una clara actitud de reproche para con el castaño— ¡No puedes ir por ahí diciendo que eres mi prometido cuando no es cierto!

-Oh, vamos Sienna, no te enfades por algo así —Respondió el sujeto, totalmente despreocupado— Tendremos un hijo ¿No? Eso nos convierte en algo más que simples "amigos"… solo me estoy adelantando un poco a las cosas…

El sonrojo que Langdon vio en las mejillas de Sienna ante las palabras de charles fue como sentir una patada en el abdomen. Sienna Brooks sonrojada era un espectáculo que había podido ver en contadas ocasiones y que un sujeto como Charles Murray fuese la causa, definitivamente le había caído como un baldazo de agua fría. Notó entonces el extraño ambiente que se había formado entre los dos, con Sienna sonrojada y el sujeto sonriendo en lo que el profesor calificó como una expresión arrogante. Extrañamente, aquella peculiar familiaridad entre ambos le resultó desagradable ¿Qué iba mal con él?

-Así que… ¿Estas comprometida? —Cuestionó al fin el profesor, saliendo de su ensimismamiento, tratando de ignorar también el incómodo nudo que se había formado en su estómago—

-¡Que no! —Respondió la rubia doctora, claramente exasperada— ¡Es solo por el experimento!

Con un resoplido de molestia y cruzándose de brazos, Sienna cayó pesadamente sobre su respectivo asiento. Langdon podía notar que el sonrojo en las mejillas ajenas iba desvaneciéndose lentamente, sin embargo, a pesar de que la rubia doctora no mostraba más aquel peculiar rubor, la incómoda sensación en su estómago parecía persistir. Sienna explicaba que el hijo que tendría con ese sujeto sería por cuestiones netamente científicas pero Langdon sabía que, quiéralo o no, ese niño sería un lazo inquebrantable entre ambos.

-Aun así… un hijo es una bendición, así que… felicidades Sienna —Con aquella incomoda sensación en el estómago, el profesor forzó una sonrisa— Espero que todo salga bien.

-Si… gracias…

El "gracias" de Sienna resonó en los oídos de Langdon al igual que los solitarios pasos de un alumno que por allí pasaba, siendo el eco de aquellos pasos lo único que pudo oírse en medio del incómodo silencio que había seguido a esas palabras. Sienna no habló más y Robert no supo cómo continuar esa conversación, obteniendo como resultado un tenso ambiente entre los dos.

"Vamos, di algo" Una voz salida de quien sabe dónde alentaba a Robert a continuar. El nudo en su estómago no era de mucha ayuda y, por alguna razón desconocida, su cerebro tampoco estaba funcionando correctamente ese día, sin embargo, sentía que debía proseguir con aquella plática. En medio de la "desesperada" situación pensó en comentar acerca de su aventura en las calles de Florencia para retomar la plática, y lo hubiera hecho, eso claro si el teléfono celular de Charles no hubiese sonado estruendosamente, rompiendo el incómodo silencio que los aquejaba, recordándole también al profesor su presencia en el lugar pues, por unos breves momentos, había olvidado que Charles estaba sentado en la misma mesa que Sienna y él.

-Lamento interrumpir su amena conversación profesor —Dijo Charles una vez la llamada hubo terminado— Pero como dije hace unos minutos, Sienna y yo tenemos una cita. Y no, no estoy bromeando esta vez —Añadió, posando la vista en la rubia doctora en caso de que ella tuviese alguna objeción— Acaban de llamar del hospital general, adelantaron el procedimiento, debemos partir hacia allá en este momento si queremos empezar con el experimento hoy.

-¿Ahora? –Cuestionó la rubia doctora, mirando con desconcierto a Charles- La cita era dentro de cincuenta minutos y el auto no vendrá hasta entonces… ¿Cómo se supone que llegaremos hasta allá?

-No lo sé… podríamos pedir un taxi, o ir a pie –Sugirió el castaño doctor- Si caminamos ¿Cuánto tomaría llegar? ¿Veinte minutos?

-Tal vez… en todo caso, no nos queda otra opción. La doctora Sinskey fue muy clara, el experimento debe empezar hoy –Replicó Sienna. Posó luego su mirada en Langdon y, mostrándole una sutil sonrisa, se despidió de él- Fue bueno verte Robert, hablar contigo me sirvió de mucho –Añadió, viendo de soslayo como charles buscaba algo en su teléfono celular- Espero poder volver a verte después de esto.

-Oh, vamos Sienna, no tenemos toda la noche –Regañó Charles, tomando luego de la mano de la castaña- Acabo de consultar el navegador… tomará cerca de una hora ir a pie, pero si caminamos hasta Harvard Square y tomamos el subterráneo, llegaremos en doce minutos. El siguiente viaje saldrá en ocho, apenas tenemos tiempo para llegar hasta allí, así que debemos darnos prisa.

Langdon no supo si fue el hecho de ver a Sienna ser prácticamente arrastrada por charles lo que lo llevó a hacerlo. Antes de ser consiente siquiera de que se había puesto de pie, Robert estaba ya sujetando la mano libre de la doctora, impidiendo que el "prometido" de ésta se la llevase. Notó entonces la sorpresa e incertidumbre en los ojos de Sienna y maldijo por lo bajo su arrebato.

-Yo… puedo llevarlos —Dijo Robert después de unos incómodos segundos de silencio. Su manó soltó la de Sienna, quien no apartaba la vista de él, y desvió la mirada, encontrándose con la de un claramente molesto Charles— Mi auto está aparcado aquí, en el campus. No tomará más de diez minutos llegar al Hospital General de Massachusetts si yo los llevo.

-Pudo haberlo dicho antes —Replicó Charles, emitiendo un gruñido de molestia— No tenemos otra opción ¿Por dónde viejo?

-¡Charles! —Regañó Sienna— ¡No seas grosero!

Robert no se inmutó siquiera por las palabras del castaño. Se limitó solo a darle una ligera sonrisa a Sienna, quien no dejaba de disculparse por la mala educación de Charles, y si bien Robert estaba completamente de acuerdo con esa afirmación, no dijo nada. Poco después, estaban ya de camino al Hospital General de Massachusetts.

Tomando la autopista Soldiers Field Rd. y luego la Storrow Dr. el coche de Langdon avanzaba a una velocidad promedio junto a unos pocos autos que transitaban por allí a esa hora. Afuera la noche había caído y, mientras la oscuridad y la fría brisa nocturna lo engullían todo, Robert iba conduciendo sentado junto a Sienna mientras que un molesto Charles iba en el asiento trasero, cruzado de brazos y refunfuñando por lo bajo.

-Siento esto Robert… —Dijo Sienna, rompiendo el silencio en el que estaba sumidos hasta hace poco— Parece que cada vez que parezco en tu vida, es solo para darte problemas.

-¿De qué hablas, Sienna? —Cuestionó el profesor, sonriendo ligeramente mientras veía de soslayo a la rubia doctora— El Hospital me queda de camino a casa y estaba a punto de irme cuando ustedes llegaron. No ha habido cambios en mi rutina diaria, así que no te preocupes por eso. Además… —Añadió viendo de soslayo a su rubia acompañante, dedicándole una media sonrisa— Siempre estaré dispuesto a ayudar a una buena amiga.

Ante esas palabras, Sienna solo pudo sonreír. Sintió desaparecer la tensión acumulada durante los últimos meses y sonrió, relajada, despreocupada, viva una vez más. Si bien Charles era un gran apoyo para ella, Robert era diferente. Había algo en él que, al menos desde que lo conoció, despertaba en ella una sensación de seguridad, de fortaleza, y aquella ocasión no era la excepción. Por eso lo había buscado, era egoísta tal vez, pero necesitaba en ella la sensación de protección que solo Robert Langdon podía brindarle antes de proseguir con el experimento, pues sabía que, a partir de ese momento, no habría vuelta atrás. Su mirada se posó una vez más en los amables ojos azules del profesor, quien mencionaba trivialidades sin sentido, buscando quizá sacarle una sonrisa más notoria, siéndole imposible no hacerlo; definitivamente había hecho bien en buscarlo.

-Siento interrumpir su conversación, pero parece que ya llegamos —Anunció charles, estirando el brazo desde atrás entre de Robert y Sienna. Su dedo índice señalaba la gran fachada del Hospital General de Massachusetts—

Langdon percibió en las palabras del castaño cierto matiz de alegría y vio corroborada aquella suposición al ver al sujeto a través del espejo retrovisor del auto, siendo una escueta frase lo que pudo leer en los labios de éste: "Ahora es mía". Por alguna extraña razón, esa frase no le gustó.

-Bien… supongo que hasta aquí llegamos nosotros. Una vez más, gracias Robert —La voz de Sienna captó nuevamente la atención de Langdon— Será mejor darse prisa…

Con la mano puesta en la manija del auto, Sienna se dispuso a salir del coche. Charles había salido segundos antes del transporte y esperaba fuera con el ceño fruncido, al parecer, incómodo por la cercanía que mostraban la doctora y el profesor. Sienna pudo ver como su compañero señalaba el reloj que llevaba en la muñeca "Es tarde" parecía decirle y, ciertamente, lo era. Emitiendo un cansado suspiro, Sienna salió del coche. La fría brisa de la noche no tardó en golpearla directamente logrando estremecerla, y en un acto reflejo, se abrazó a sí misma, frotando sus brazos con las manos; sintió entonces una tibia chaqueta sobre sus hombros y el familiar aroma que desprendía de ella inundó sus fosas nasales, sonriendo ligeramente al reconocer al dueño de aquella prenda.

-No tenías que molestarte, Robert —Dijo la rubia doctora, viendo de soslayo al profesor- Tu chaqueta de Tweed… nunca te separas de ella ¿Cierto?

-Me la devolverás la próxima vez que nos veamos —Respondió el aludido. Cruzándose de brazos, Langdon se dedicó a observar brevemente a la rubia mujer vistiendo su chaqueta- Te queda bastante bien… ¿Has considerado usarlas diariamente?

-Muy gracioso –Esbozando una sutil sonrisa, la doctora Brooks se despidió del profesor- Debo rime… Te llamaré en cuanto pueda.

-Estaré esperando noticias tuyas, Sienna…

Robert pudo ver como la rubia mujer asentía levemente antes de marcharse junto a un irritado Charles. Por un momento, el repentino silencio le recordó cruelmente la soledad en la que vivía, sin esposa, familia o hijos. Inconscientemente cerró los puños, apretándolos fuerza al verla entrar al Hospital tomada de la mano por alguien más. Recordó entonces las veces en la que sujetó esa misma mano mientras huían por las calles de Florencia, tan suave y delicada, cálida, como solo ella podía llegar a ser, e inesperadamente, un sentimiento de melancolía lo invadió. Sienna tendría una familia, salvaría el mundo, lavaría sus culpas y sería feliz. Langdon sonrió débilmente ante la idea de ver a la rubia doctora con un niño en brazos, simplemente encantadora, y sin saber por qué, aquella escena causó una puntada en su pecho.

La fría brisa le recordó al profesor que no traía su chaqueta puesta por lo que decidió regresar a la calidez artificial de su automóvil. Optando por no pensar más en los extraños altibajos emocionales que había sufrido ese día, encendió el motor de su coche y, dándole un último vistazo a la imponente edificación del Hospital general de Massachusetts, emprendió su camino a casa con una sola frase en mente: "Ella será feliz".

Cuando cruzaron las puertas del hospital, Sienna, quien hasta entonces iba distraída pensando en su plática con Robert, se espabiló al instante, no por el hecho de que el experimento estaba cerca, al contrario, ese aspecto no le preocupaba, si no por el hecho de que había algo extraño en el ambiente, algo que la inquietaba. Charles, que aún tomaba su mano, se acercó a la recepción a preguntar por el médico que los recibiría y al ver la muchacha que allí atendía, la inquietud en Sienna creció.

El tiempo que había pasado con grupos de teatro y posteriormente con El Consorcio, le había enseñado a identificar cuando una persona estaba nerviosa o mentía y, al menos en ese caso, la enfermera recepcionista estaba incurriendo en ambas cosas. Con voz ligeramente temblorosa, mirada esquiva y repetitivos movimientos innecesarios con las manos, la muchacha les había indicado que siguiesen el pasillo de la derecha hasta la habitación del fondo, lugar donde se llevaría a cabo el experimento.

Charles agradeció a la nerviosa enfermera antes de proseguir con su camino, sin embargo, a cada paso que daban adentrándose en las instalaciones, Sienna podía notar algo que era claramente extraño, el hospital estaba demasiado silencioso y, más extraño aún, no había nadie transitando en los pasillos. Recorrió entonces con la vista los alrededores buscando alguna señal de vida, más no halló nada.

-Esto no está bien, Charles —Deteniéndose abruptamente, Sienna tiró de la mano de su compañero, deteniendo su caminata- Algo extraño está ocurriendo aquí.

-¿Extraño? —Cuestionó el casta, claramente confundido— ¿De qué Hab…?

Antes de que la pregunta de Charles pudiese ser formulada, las luces sufrieron un clara baja de tensión, parpadeando notoriamente para, por fin, apagarse en su totalidad. Sienna esperó unos segundos a que los generadores de emergencia comenzasen a funcionar, no lo hicieron. Supo entonces que su inquietud no era infundada, lo que no sabía, era que ocurriría después.

A bordo de un Sedán negro y amparado por la oscuridad de la noche, un hombre permanecía quieto, como un cazador asechando en silencio a su presa, viendo desde su posición como el automóvil del profesor Langdon se perdía por la autopista. Minutos antes, el objetivo de había adentrado en las instalaciones del hospital y ahora que la "irregularidad" había desparecido, todo estaba listo para comenzar. Encendió entonces el comunicador que tenía en la oreja y la respuesta al otro lado de la línea de comunicación no se hizo esperar.

-Sheppard 1 a Hunter —Dijo el sujeto, aguardando la respuesta de su superior—

-Aquí Hunter, cambio —Respondió el sujeto, solo segundos después— ¿Situación actual?

-Despejado. El objetivo está dentro —Informó Sheppard—

-¿Irregularidades?

-Ninguna, el sujeto acaba de irse.

-Perfecto —Dijo Hunter, sonriendo levemente al otro lado de la línea— Que la cacería comience.

Sheppard oyó el pitido que indicaba el final de la transmisión. Se permitió entonces respirar tranquilo por breves momentos, sonriendo ligeramente antes de bajar del auto. Una vez fuera, sacó de su chaqueta una automática adaptada ya a un silenciador, arma que no tardó en usar. ¿Su objetivo? los neumáticos de todos los automóviles que habían aparcados en el lugar "No habrá a donde huir". Hecho su trabajo, posó la vista sobre la fachada del hospital, esperó por unos escasos segundos y la luz no tardó en parpadear hasta extinguirse por completo, sumiendo al edificio en total oscuridad. Se habían encargado ya de las luces y alarmas mucho antes de la llegada del objetivo y solo era cuestión de tiempo para que los generadores de emergencia se apagasen, siendo esa la señal que indicaba el comienzo de la cacería.

Se acercó entonces a la maletera de su auto y sacó de ella un rifle de mira laser y unos lentes de visión nocturna. Equipado con los implementos que requería, se adentró en la oscuridad del edifico con agilidad felina, cual predador al acecho, listo para dar caza a su presa.

Sienna sentía su corazón por demás acelerado mientras permanecía oculta junto a Charles detrás del counter de recepción del hospital. Cuando las luces se apagaron de repente, su primera reacción había sido huir. Tomada de la mano aún de su compañero, echó a correr a la salida más cercana y esa era, precisamente, la salida principal. Arrastrando a un cada vez más confundido Charles, Sienna corrió a ciegas por el pasillo hasta donde su memoria le indicaba estaba la salida, sin embargo, se detuvo abruptamente al oír pasos que iban ágilmente hacia ellos. Cambiando el rumbo de su huida, Sienna tropezó con algo en el suelo y al caer junto a Charles notó que ese "algo" con lo que había tropezado era el cuerpo inerte de la enfermera "Qué demonios…" notó entonces las luces provenientes de las armas de sus perseguidores bastante cerca de donde estaban, por lo que, reprimiendo su miedo y sus ganas de gritar, Sienna obligó a su cerebro a pensar en una forma de huir o por lo menos de ocultarse. El cuerpo de la fallecida enfermera le dio una respuesta: Si ella estaba allí, el counter debía estar cerca.

Amparados por la oscuridad y con las pupilas lo suficientemente dilatadas como para poder correr sin tropezar demasiado, ambos médicos habían logrado llegar hasta la parte trasera del Counter, encontrando allí un cuerpo más, seguramente de otra enfermera de guardia. Sienna apenas podía asimilar lo que estaba ocurriendo, después de meses de relativa tranquilidad, su vida volvía mancharse, el caos regresaba, más muertes la rodeaban y lo peor de toda esa disparatada situación, era que desconocía a "la" o "las" personas que querían matarlos. Posó entonces la vista en Charles buscando alguna respuesta a la situación, más, al hacerlo, su respiración se detuvo. En el pecho de su compañero, a la altura del corazón, un brillante punto rojo relucía. Segundos después, una voz grave resonó tras Sienna, apuntando con un arma a la cabeza de ésta.

-Nos ha dado muchos problemas Doctora Brooks… —La voz de Hunter reverberó con un perturbador eco en los desierto pasillos del hospital— Ahora nos dará lo que queremos, de lo contrario, su compañero no saldrá vivo de este lugar.

-No sé de qué están hablando —Respondió la rubia doctora, y ciertamente no mentía, no tenía idea de lo que esos sujetos querían con ella. Se obligó una vez más a pensar con claridad y sus ojos no tardaron en identificar al menos a cinco personas más además del sujeto que le hablaba — ¡Que quieren con nosotros!

-No juegue conmigo doctora —Replicó el sujeto, tirando del rubio cabello de la mujer que, después de meses y un tratamiento impulsado por Sinskey, había crecido de forma natural— Sabemos que hay una cura para "Inferno" aquí. La queremos… y usted también.

-¡Y una mierda! —Exclamó charles quien, siendo sujetado por otros dos sujetos, intentaba vanamente liberarse— ¡Primero muerto antes que darte a Sienna!

-Eso puede arreglarse… -Replicó el sujeto, apunando luego su arma contra la cabeza de Charles- Después de todo, usted no es necesario…

-¡Espere! –Exclamó Sienna. Su mano sujetó la del sujeto, apretando la que tiraba de su cabello— El antídoto… está en una caja fuerte… en el laboratorio N°3… —Añadió en un susurro— Está protegido por un escáner biométrico y un código numérico… necesitarán a los médicos autorizados para…

-Usted la abrirá por nosotros —Interrumpiendo las palabras de Sienna, Hunter levantó a Sienna tirando de su cabello, importándole poco las quejas de Charles—

Siendo arrastrada por los oscuros pasillos del hospital, Sienna intentaba vanamente zafarse del agarre de su captor, obteniendo varios golpes con cuanto objeto chocaba al ser arrastrada sin la menor consideración. Para cuando llegaron, sus ojos llorosos producto de los golpes que había sufrido, se posaron en la caja fuerte frente a ella.

Reforzada con un escáner biométrico y una codificación numérica, solo alguien de la entera confianza de Sinskey podía ser capaz de abrirlos. ¿Cómo sabían esos sujetos que ella estaba en la capacidad de hacerlo? Desconocía esa información ¿Para qué querían una cura en proceso experimental? Tampoco lo sabía. Desconocía muchas cosas y, sin embargo, estaba segura de una sola: La cura no debía caer en malas manos.

-¡No lo hagas Sienna! —Exclamó el castaña médico, aun siendo sujetado-

-Ábrala —Ordenó Hunter, con su arma apuntando directamente a la cabeza de Charles— Ahora.

La cura no debía caer en malas manos… pero tampoco podía ver morir a Charles frente a ella. "Lo siento doctora Sinskey…" Sudando frío y aún adolorida por los golpes recibidos, Sienna se acercó a la pequeña caja. El escáner analizó su huella digital, luego la retina de su ojo derecho y, por último, discó el código exigido. Titubeante por lo que estaba a punto de hacer, demoró algunos segundos más hasta que por fin, discó el último dígito. La caja fuerte hizo un pequeño "click", poco después se abrió por completo dejando ver su contenido: Un tubo de ensayo sellado con un líquido rojizo en su interior.

Sienna notó que el sujeto parecía maravillado con el objeto y al parecer Charles también lo hizo pues, para cuando ella notó lo que ocurría, su compañero había logrado liberarse de sus captores, embistiendo rápidamente a Hunter. En un ágil movimiento, el castaño había tomado el tubo de ensayo y sin miramientos se lo lanzó, ella, aun aturdida por lo ocurrido, apenas pudo atraparlo. Notó entonces como los sujetos se abalanzaban sobre ella y Charles, sin embargo, éste último logró contenerlos con ayuda de un computador portátil que allí había, usándolo como arma. Con un fuerte golpe había logrado derribar a uno de los que lo sujetaban, una patada en la entrepierna sirvió para derribar al segundo. Embistió luego como pudo al que bloqueaba la salida, dándole una ruta de escape a la rubia doctora, quedándose frente a frente con Hunter y los compañeros de éste. Haciendo uso de una fuerza que Sienna desconocía en Charles, su compañero luchaba como podía contra sus agresores en un intento por protegerla a ella y a la cura.

-¡Corre Sienna! –Exclamó él, lanzando un golpe contra el rostro de Hunter- ¡Vete!

Titubeante como pocas veces, Sienna se debatía entre huir y proteger la cura o quedarse a ayudar a Charles. El deber sobre la amistad... en esa ocasión, ganó el deber. Sienna corrió todo cuanto sus piernas podían, reprimiendo sus ganas de llorar por haber abandonado a Charles. Oyó tras ella las voz del sujeto al que llamaban Hunter, ordenando que la atrapasen ¡La quiero viva! Había dicho y, sin embargo, uno de los sujetos le había disparado.

Asustada y sin otra opción que huir una vez más, Sienna echó a correr con dirección a la salida. Los pasos se oían cada vez más cerca y sus lastimadas piernas no podían correr más. Se obligó a pensar. Debía de haber alguna salida, una forma de huir ¡Lo que sea! Lamentablemente, si la había, en ese momento su cerebro no podía hallarla.

Trató de salir por la entrada principal, sin embargo, había más sujetos de los que recordaba bloqueando la única puerta de esa zona. Buscó entonces otra ruta de escape y, al intentar ir por otro lado, una mano cubrió su boca desde atrás, impidiéndole gritar. Sienna forcejeó, pataleo y finalmente intentó morder la mano de su agresor, más nada funcionó, el sujeto la tenía completamente sujeta y sin posibilidades de huir, siendo una sola frase la que surcó su mente.

"Estoy muerta… y Charles también lo estará…"

Notas de la autora

Y hasta aquí el capítulo de hoy, espero haya sido de su agrado . ¡Prometo no desaparecer tanto! En serio . De alguna forma me las arreglaré para seguir con la historia, pero no la abandonaré :3

Bueno, ya sin nada más que decir, me retiro. ¡Hasta la Próxima!