Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo ocho – Unwritten
(No escrito)
Con las instrucciones de Maddie, conseguimos encontrar la I-90 con facilidad. Nuestra aventura en las carreteras secundarias de Washington había sido una experiencia, pero estaba aliviada de entrar finalmente en el tráfico de la Interestatal. Condujimos hasta llegar a una zona de descanso donde Edward aparcó.
― ¿Por qué paramos? ― pregunté cuando él apagó el motor y bajamos de la moto. Llevó la moto hasta una mesa de picnic que estaba, asumí, pensada para hacer picnics.
― Tenemos que decidir a donde vamos desde aquí, ― contestó Edward alegremente, sacando un mapa y muchos panfletos turísticos que tenía en su bolsa.
― ¿Dónde has cogido eso? ― le pregunté.
― Del restaurante ayer por la mañana mientras tú estabas en el baño, ― contestó, soltando todos los panfletos excepto uno, que abrió y empezó a leer con la seriedad válida de un niño de preescolar leyendo su primer libro de "Little Miss".
― Eres un poco gilipollas, ― le dije, sentándome en el borde de la mesa y cogiendo otro panfleto.
― Nunca antes me habían llamado gilipollas, ― murmuró Edward, mirándome sobre el panfleto. ― Problemas, delincuente e incluso burro, pero nunca gilipollas.
― Bueno... Eres un problema. Pero también eres un gilipollas, ― miré el panfleto, ― hay un gran zoo de felinos a veinte millas de Spokane. Eso estaría bien. ¿Por qué me miras como si hubiera matado a tu mascota?
Sus ojos verdes me miraban con tristeza, como si lo que acababa de decir hubiera roto su corazón. Creí ver una chispa de diversión detrás de la tristeza, pero no estaba segura.
― Crees que soy un problema, ― me dijo tristemente. ― Y he estado intentando muy duramente hacer que pensaras mejor de mí.
Me mordí el labio mientras le miraba. No estaba segura de si me estaba tomando el pelo o no. Podía jurar que vi algo de diversión, pero su voz sonaba tan triste...
― Eres un problema, ― le dije. ― Pero está bien. No creo que no puedas redimirte, todavía.
―Todo lo un que un hombre necesita realmente para redimirse es el amor de una buena mujer. ― La voz y los ojos de Edward todavía eran solemnes, pero estaba segura de que ahora me estaba tomando el pelo. ― ¿Vas a ser esa mujer para mí?
― ¿No hablamos ya de esto en casa de Maddie? ― pregunté, luego suspiré dramáticamente cuando él siguió mirándome "con sentimiento" y decidí seguirle el juego. ― No lo sé, Edward. Después de todo, solo soy la hija del jefe de policía que fue arruinada por el chico malo del pueblo. ¿Realmente crees que yo soy la que puede ofrecerte redención? Creo que Angela, al ser la hija del Pastor, sería una elección mucho mejor.
― No. No necesito a Dios, necesito a alguien que me enseñe a ser un ciudadano respetuoso con la ley. Solo hay una solución. Tenemos que fugarnos para casarnos, Isabella. ― Ahora estaba actuando dramáticamente, siendo tonto. ― Yo te devolveré tu buen nombre, y tú puedes ayudarme a ganarme uno. Luego, nos asentaremos en los suburbios con nuestro perro y dos hijos.
― ¿Dos hijos? ― Levanté una ceja. ― Y, ¿tienen nombres?
― Theresa y Gabriel. Todavía no está decidido si tendremos un tercero o no.
Yo no era tan buena actriz como Edward y no pude contener más la risa.
― Eres ridículo, ― reí. ― Completa y totalmente ridículo.
Edward no contestó, así que le miré. Dejé de reír mientras sentía mi respiración atascarse. Esa mirada estaba de vuelta en sus ojos. Esa mirada suave que hacía que se me secara la boca y mi corazón latiera erráticamente.
― Deja de mirarme así, ― murmuré, sin ser capaz de hablar más alto que en un susurro.
― ¿Así como? ― De repente Edward estaba frente a mí, de pie entre mis piernas e invadiendo completamente mi burbuja personal. Tragué y apreté mi agarre en la mesa. Mis manos querían lanzarse a sus hombros de repente, pero no creía que eso fuera bueno –no mucho aún.
― Así... con esa mirada suave. Como si no pudieras creer que soy real o algo.
Los dedos de Edward subieron para coger un mechón de mi pelo entre ellos. Lo enredó en su dedo índice y lo acarició con su pulgar.
― Como la seda, ― murmuró, luego volvió sus ojos verdes a los míos. ― Todavía me cuesta creer que estás aquí. En parte espero despertarme y darme cuenta de que todo ha sido un sueño.
― ¿Por qué no me dijiste nada? Cuatro años... es mucho tiempo.
― Estabas con Mike, ― contestó. ― Hice un intento de llamar tu atención una vez, pero no funcionó...
― Angela... ¿saliste con ella para ponerme celosa? ― Miré sus ojos verdes. No creía que fuera algo que Edward haría, pero, a pesar de que pareciera una eternidad, solo le había conocido en el último día, así que no podía estar segura.
― Cerca, ― Edward liberó el mechón de mi pelo de manera que pudiera enterrar su mano en él y ahuecarla en mi nuca. ― Angela era tu mejor amiga... y ella era agradable, no como Lauren o Jessica. Vi que a ella le gustaba Ben y que a él le gustaba ella pero eran muy tímidos para hacer algo. Pensé en matar dos pájaros de un tiro –ayudaría a Angela y en el proceso obtendría tu atención. Se me rompió el corazón cuando no funcionó, cuando ni siquiera parecías apartar la vista de Mike por un segundo.
― Eso no es cierto, ― contesté en un murmullo. ― Miré, pero tú no mirabas de vuelta. ― Sentí un sonrojo subir por mis mejillas. ― Me gustabas cuando llegaste a Forks.
― ¿Te gustaba? ― Edward levantó mi cara cuando intenté mirar a su clavícula en lugar de sus ojos.
― Sí, ― acepté. ― Luego incendiaste la señal de stop y se decidió que eras un problema.
― ¿Y si te digo que yo no incendié la señal de stop? ― Edward se inclinó más cerca de manera que nuestras narices se rozaban.
― Te pillaron con el bidón de gasolina, ― apunté secamente. Edward rió.
― Vale, así que realmente incendié la señal de stop. En mi defensa, nunca he vuelto a hacer algo así desde entonces.
Volví a pensar en el día del primer año y mentalmente recordé todo lo que había pasado desde entonces.
Me di cuenta de que él tenía razón. Además de esa vez, realmente él no había hecho nada problemático. Así que, ¿tenía algunas multas por la velocidad y por beber ilegalmente? También las tenían la mitad de la población del Instituto de Forks. Demonios, yo tendría multas por beber ilegalmente si no fuera porque sabía cuando Charlie iba a estar fuera del pueblo y nadie esperaba nunca que la hija del Jefe permitiera la bebida ilegal en la casa de un hombre de ley.
― Nunca me has dicho porqué lo hiciste, ― le dije. ― Y 'aburrido' no me vale.
― Tú nunca me has dicho porqué le diste un puñetazo a Jacob Black, ― soltó Edward.
― Intentó besarme. A mí no me gustó. Me dolió más a mí que a él. Tú turno, ― contesté enérgicamente.
― Quería tu atención, incluso si era por algo malo. La tuve durante un tiempo. Durante una semana después, me estuviste mirando como si fuera el gran lobo malo. Me regocijé en esa atención. Realmente quise besarte.
― Esa es una razón estúpida para incendiar una señal de stop. Y realmente quiero que me beses.
― Tenía quince años. ― Los labios de Edward se arquearon. ― No pensamos bien a los quince. Yo era increíblemente estúpido. ― Descansó su frente contra la mía. ― Y todavía no puedo besarte. Todavía te importa Mike.
― Nunca me ha importado Mike. Bésame.
Presionó sus labios en mi frente y se alejó.
― Solo han pasado dos días. Todavía te importa, incluso si solo es porque no tuvo la decencia de romper contigo antes de tirarse a Stanley. ¿Alguna vez has querido ver un desfile de perros salchicha? ― Movió un panfleto en mi cara.
― No en realidad. ― Hice un mohín. ― ¿Por qué?
― Porque vamos a ver uno en Ellensburg. ― Sostuvo la cámara en alto y me sonrió ampliamente. ― Quiero una foto con todas las lindas mascotas.
Resoplé y recogí el resto de panfletos para seguirle a la moto.
― Nunca sé que esperar de ti, Edward Cullen, ― le informé.
― Bien. ― Sonrió ampliamente. ― Odiaría ser predecible.
Ellensburg era mucho más grande de lo que había esperado, considerando que tenía en realidad un desfile anual de perros salchicha.
― Estos son muchos perros, ― declaré mirando a mi alrededor mientras Edward me llevaba de la mano por lo que parecía ser la zona de preparación de los perros salchicha. ― Y no creo que podamos estar aquí, ― añadí cuando nos gritaron por acercarnos demasiado a un perro salchicha negro, haciendo que empezara a ladrarnos enfadado.
― Todavía no nos ha echado nadie, ― contestó Edward animado, inclinándose hacia abajo para ver mejor al perro ladrador. ― ¿Es suyo, señora? ― le preguntó a la mujer mayor que nos había estado mirando furiosa. Él le sonrió ampliamente, antes de quedarse congelado y que sus ojos se ensancharan de forma cómica.
― ¡Os recuerdo! ― dijo la mujer. ― Sois esos dos horribles jóvenes que estaban hablando sobre... sobre... cosas sexuales, ― bajó la voz en las dos últimas palabras, como si la fueran a linchar por decir 'sexo' en voz alta.
― Oh... bueno... ― Miré a Edward sin poder hacer nada mientras finalmente la reconocía como la mujer que se había sentido tan insultada por nosotros en el ascensor en el motel de Seattle. ― Encantada de verla de nuevo...
La mujer me miró sin expresión un momento y luego empezó a llamar a gritos a alguien llamado 'Jasper'. Edward agarró mi muñeca y tiró de mí a través de la multitud de perros salchicha y sus dueños mientras un alto hombre rubio empezaba a moverse hacia nosotros. Tropecé y casi caigo, así que Edward se inclinó y pasó su brazo por debajo de mis piernas y me cogió al estilo novia de manera que pudiéramos movernos más rápido a través de la reunión de perros y dueños, la mayoría de los cuales nos miraban fijamente.
― ¿Qué estás haciendo, Edward? ― demandé, mis brazos fueron alrededor de su cuello en un movimiento automático, eso hizo que quedara más cerca de él. Casi cerré los ojos por la sensación. Podía sentir los músculos de Edward a través de la camiseta negra que llevaba... y eran bastante impresionantes.
― No quiero quedarme a hablar con Jasper, ― contestó Edward. ― No era exactamente pequeño.
Miré sobre su hombro para ver a un resignado Jasper siguiéndonos fluidamente. Edward tenía razón. Jasper no era corpulento, pero aun así era grande.
― Muévete más rápido, ― le dije. ― Nos está siguiendo.
― Bueno, mierda, ― fue la elocuente respuesta de Edward. Aceleró su ritmo, apretando su agarre en mí. Usé toda mi concentración en ignorar la sensación de su cuerpo contra el mío y tener un ojos en Jasper.
Ahora habíamos dejado la zona de los dueños de los perros y nos encontramos con la multitud de personas que estaban esperando a que empezara el desfile. Sin una palabra, Edward se sumergió en ella. Aparté mis pies todo lo que pude para evitar golpear a alguien con mis zapatos, pero aún así nos ganamos unas cuantas miradas furiosas.
― No creo que molestar a más personas vaya a ayudar, Edward, ― murmuré, luchando con una risa mientras Edward se encogía por las maldiciones que le lanzó un hombre con sobrepeso y casi clavo con un jersey-chaleco (¿quién lleva eso en Julio?) que había sido golpeado por mis pies.
― Sí, bueno estoy un poco preocupado por Fabio detrás de nosotros, ― contestó Edward.
― Difícilmente le llamaría Fabio, Edward, ― contesté, apretando mi agarre en su cuello cuando giró buscando la dirección correcta en la que moverse. ― No es tan- Oh Dios mío, lo siento mucho.
En su giro frenético, Edward provocó que mis pies se escaparan brevemente y uno había dado a una pequeña chica morena en la cabeza. La chica se tambaleó hacia atrás, su mano en el lado de su cabeza y maldiciones salían de su boca.
― Bájame, idiota. ― Golpeé el pecho de Edward. Él abrió la boca para discutir, sus ojos miraban con cautela a Jasper, del que solo se podía ver su rubia cabeza buscándonos en la multitud. ― Ahora, ― interrumpí, mi voz peligrosa, antes de que él pudiera discutir.
Edward me miró y debió decidir que cualquier cosa que hubiera visto en mi cara daba más miedo que Jasper, porque me colocó fluidamente sobre mis pies. Golpeé su brazo y entonces me apresuré a arrodillarme al lado de la chica.
― Lo siento mucho, mucho, ― dije. ― ¿Estás bien? ¿Te he provocado una contusión o algo? Me siento tan mal... ¿Hay algo que pueda hacer para compensártelo?
Los hombros de la chica se estaban sacudiendo y yo sentí una bola de culpa en mi estómago. Debía estar realmente herida.
― Oh, Dios... por favor, no llores, Edward verá si hay algún médico por aquí para revisarte... muévete Edward y yo-
― No, no lo hagas, ― la chica me cortó y me di cuenta de que el temblor no había sido provocado por las lágrimas, sino más bien por sus apenas restringidas risas. ― Estoy bien, no necesito un médico. Estás actuando un poco exageradamente. ― La chica se quitó la mano de la cabeza para mirarme con sus ojos azules llenos de regocijo. Con su pequeña estatura, su pelo oscuro de punta y la piel lechosa, me recordó a una princesa de cuento de un cuento de hadas de Disney. ― Me ha impresionado más que hecho daño. Sé que soy pequeña, pero no es común que sea golpeada en la cabeza. Soy Alice.
Extendió su mano y yo la cogí, usándola para ponerla de pie antes de sacudirla.
― Uhm... Bella... Quiero decir, soy Bella. Y este es Edward. ¿De verdad no estás herida?
― No, está bien, Bella. ― Alice rió. ― ¿Por qué te llevaba en brazos, de todas formas? Tú no estás para nada herida, ¿verdad?
― Oh, no... nosotros, uh... bueno... ― lo dejé, no segura de como continuar.
― Tenemos que seguir, ― dijo Edward urgentemente, agarrándome la muñeca. ― Fabio nos ha localizado.
― Él no es un Fabio, Edward. ― Rodé los ojos. ― Encantada de conocerte, Alice, pero Edward aquí a cabreado a una competidora y ahora tenemos que correr de su- ¡suéltale!
Jasper nos había pillado mientras yo hablaba, y ahora tenía su mano envuelta fuertemente alrededor de la parte trasera del cuello de Edward y le estaba sacudiendo ligeramente.
― Eres rápido, ― dijo Jasper, ― pero no deberíais haberos quedado a hablar. Ahora, dame una buena razón por la que no debería llamar a la policía para que venga a por vosotros.
― Suéltale, Jasper Whitlock. ― La pequeña Alice se puso frente a los chicos, con las manos en las caderas, para mirar furiosa a Jasper.
― Alice... ¿qué haces pasando tiempo con estos problemáticos?
― Si supongo bien, y yo siempre supongo bien, entonces fue Mama Whitlock quién dijo que ellos son problemáticos. En lo que a ella se refiere, cualquiera que la mire sin antes hacer una reverencia es un problemático, así que déjalos tranquilos. ― Los ojos azules de Alice miraban intensamente los avellana de Jasper, y la lucha de miradas no duró mucho antes de que él maldijera y soltara a Edward.
― Alice, estaban donde están los competidores. ¿Qué razón tendrían para estar allí? ― preguntó.
― Sois nuevos en el pueblo, ¿verdad? ― me preguntó Alice amablemente. ― Probablemente ni siquiera habíais oído hablar de este desfile hasta que llegasteis aquí.
― Algo así, ― acepté. ― Estaba en un panfleto y como nos quedaba de paso, Edward pensó que deberíamos parar y ver el desfile de perros salchicha, ― me froté la nunca, ― somos del oeste de Seattle.
― Entonces, ¿qué estáis haciendo en Ellensburg? ― preguntó Jasper sospechosamente.
― Nos hemos fugado para casarnos y hemos pensado que ver a un montón de perros salchicha marchar sería una luna de miel brillante, ― contestó Edward secamente, y yo le di un codazo en las costillas. ― ¡Ow! Bella... eso no ha sido nada agradable.
― Estamos de viaje, ― expliqué.
― Oh... ¿a dónde? ― preguntó Alice.
― Uh... bueno, no estamos seguros. Fue una cosa del momento, ― admití tímidamente.
― Oh... ¿así que habéis decidido que queríais viajar y tomasteis la decisión de simplemente ir a dónde la carretera os lleve? ― Jasper se veía genuinamente interesado.
― En realidad, su novio la engañó y decidí aprovecharme y convencerla de subir a mi moto. Ahora ella se está rebelando contra su padre, ― facilitó Edward.
― No es cierto, ― discutí. ― Al menos... no completamente cierto. La cosa del novio es cierta y lo de la moto. Mi padre está enfadado por ello, pero yo no me estoy rebelando... al menos no completamente. ― Mirando furiosa a Edward, decidí que, ya que nunca volvería a ver a esas personas, sería completamente sincera con ellos. ― Él hizo esta cosa del beso cuando me estaba convenciendo de venir, ― le expliqué a Alice. ― Fue mucho mejor que cualquier beso que me había dado mi ex, así que decidí quedarme y ver si podía hacer que me diera uno real.
― ¿Lo conseguiste? ― La expresión de Alice era una extraña combinación de diversión, regocijo e interés.
― No. El imbécil dice que no me besará realmente hasta que mi ex deje de importarme lo suficiente como para no seguir enfadada con él. Pero luego me enteré de que Mike soltó un rumor sobre que yo tenía sexo con él, lo que me enfadó más, y Edward todavía no me da un maldito beso, incluso aunque él es el que me dijo lo del rumor de Mike. Los hombres son imbéciles.
Alice miró a Jasper un momento y luego me volvió a mirar a mí.
― En eso, estamos completamente de acuerdo. ― Señaló a Jasper con su pulgar. ― Llevo saliendo con este patán tres años y le seguí aquí, pero él todavía parece creer que la palabra de su madre es la ley. La mayoría de las veces, su palabra ni siquiera tiene sentido.
― Hey- ― empezó Jasper, pero Alice le cortó agarrando mi brazo y llevándome hacia un puesto de comida.
― Venga, te compraré una cerveza.
― No tengo la edad suficiente, ― admití.
― Yo sí... además, ya te has escapado con un chico, dudo que cualquiera vaya a considerar que el hecho de que bebas una cerveza sea algo peor. Eso siempre me ha parecido raro. A los dieciocho puedes unirte al ejército e ir a la universidad, pero no puedes beberte una cerveza legalmente hasta dentro de otros tres años. Es ridículo.
Murmuré mi acuerdo, aceptado una de las cervezas que ella había comprado.
― Así que... ¿tú y Jasper estáis saliendo? ― pregunté, mirándolos a él y a Edward que estaban a unos pies de nosotras, los dos parecían confundidos.
― Sí, ― contestó Alice. ― Desde la universidad. Me pidió que viniera aquí con él y yo, como una tonta, acepté. ― Miró mal a Jasper. ― No fue hasta que llegamos y conocí a Mama Whitlock que me di cuenta de en qué me estaba metiendo exactamente. No me va a pedir que me case con él, sabes, creo que es porque no le gusto a Mama Whitlock, aunque él siempre lo niega.
― ¿Por qué te quedas? ― le pregunté.
― Porque estamos destinados, ― contestó Alice simplemente. ― Lo supe la primera vez que puse mis ojos en él. No me gusta su madre y odio que él la deje tener tanto control... pero estoy enamorada del tonto y él es mi destino. Además, me gusta Ellensburg. Es el lugar perfecto para criar a los niños que tendré algún día, una vez que Jasper le diga a su madre que deje de meterse.
― Eres más fuerte que yo, ― le dije. ― Yo no puedo ver que ningún chico merezca tanto la pena.
― ¿No puedes? ― Alice señaló a Edward con la cabeza. ― Él parece un buen chico, incluso si no te besa.
Suspiré.
― Le he gustado durante cuatro años y no lo mencionó hasta ayer, ― le dije. ― Eso es mucho tiempo, cuatro años.
― Impresionante, ― acordó Alice. ― Están confundidos, ya sabes. Por lo fácilmente que nos hemos hecho amigas. ― Me sonrió ampliamente. ― Chicos. Simplemente no entienden la necesidad de una charla de chicas.
Sonreí ampliamente.
― Eso es porque ellos no pueden entender como alguien puede querer hablar sobre cosas como sentimientos, ― contesté. ― Aunque... Edward hace un trabajo sorprendentemente bueno con ellos. Él era considerado el delincuente del pueblo. Ahora, me estoy dando cuenta de que ha sido juzgado por una mala decisión y por el hecho de que es propietario de una moto más que porque en realidad sea problemático.
― Y es mono, ― añadió Alice, bebiendo su cerveza y mirando a los chicos conmigo. Ellos estaban hablando mientras nos miraban con cautela, parecían asustados porque los estuviéramos observando.
― Es guapísimo, ― acordé. ― De alguna manera, desearía haberle notado antes, más que resignarme al puesto de novia de Mike Newton. Edward es mucho mejor que Mike. Él solo es ligeramente imbécil. Mike era el rey de los imbéciles.
― Realmente no te gustaba este ex tuyo, ¿verdad? ― me preguntó Alice.
― No, ― admití. ― ¿Cómo lo has sabido?
― Solo por la forma en que has hablado de él. No tienes el enfado que una chica tendría si realmente hubiera querido estar con el imbécil que la engañó. ¿Has considerado hacer el primer movimiento?
La miré, sobresaltada por el abrupto cambio de tema.
― ¿Huh?
― Ya sabes, ― explicó Alice. ― En lugar de esperar a que él haga el primer movimiento, ¿por qué no le agarras y le das un beso que nunca olvidará? Derechos de igualdad –las mujeres ya no tienen que esperar a que los chicos hagan el primer movimiento.
― Él no quiere que se haga ningún movimiento hasta estar seguro de que he superado a Mike.
― No creo que realmente hubiera algo entre tú y Mike para que tengas que superarlo. ¿Estabas siquiera realmente enfadada porque él te engañara?
― Sí, ― contesté. ― Fue en mi cama –realmente me gustaba ese edredón y lo mancilló con Jessica. ¡Tuve que quemarlo!
Alice estalló en risas.
― ¿Qué es tan divertido por aquí, damas? ― preguntó Jasper, deslizándose hasta nosotras, seguido de cerca por Edward.
― Oh, solo Bella hablándome más sobre su ex que la engañó. Toma mi consejo, Bella, ― me dijo. ― Confía en mí cuando digo que realmente no hay nada de qué preocuparse. Y siento lo de tu edredón.
― ¿Qué edredón? ― preguntó Edward, rascándose la cabeza y viéndose adorablemente confundido. ― ¿De qué está hablando?
Moví mi cabeza, considerando las palabras de Alice y preguntándome como reaccionaría él si tomara su consejo.
― No es nada, Edward. ― Me estiré y agarré su cálida mano con la mía. ― Solo una charla de chicas.
― Oh... bueno, Jasper me estaba diciendo que el desfile está a punto de comenzar. Deberíamos intentar coger un buen asiento. ― Edward tiró de mí a su lado y apretó mi mano.
― Así que, ¿vosotros dos os habéis explicado? ― preguntó Alice.
― Sí. Edward me lo explicó todo. ― Jasper se inclinó para besar a Alice. ― Siento el malentendido, Bella.
― Uh... sin problema. Vamos a prepararnos para este desfile.
Dejé que Alice y Jasper pasaran por nuestro lado y luego miré a Edward.
― ¿Qué le has contado? ― siseé.
― La verdad, ― contestó. ― Que subimos en ascensor con su madre y ella malentendió algo que se dijo y eso la puso en nuestra contra.
― Sí, porque es posible malentender que me niego a hacerte favores sexuales. ― Rodé los ojos. ― ¿Qué dijo él?
― Que su madre tiende a reaccionar exageradamente y que se aseguraría de que ella no nos cause más problemas. Vamos, unámonos a nuestros nuevos amigos. ― Me miró. ― De todas formas, ¿de qué hablabais tú y Alice que la hizo reír tanto?
Sentí el calor subir a mis mejillas y maldije a mi complexión por hacerlo tan obvio.
― Cosas de chicas, ― contesté inmediatamente, esperando que, igual que con Charlie, eso fuera suficiente para terminar cualquier futuro cuestionario.
No lo fue.
― Eso es lo que las chicas siempre decís, ― se quejó Edward. ― Sabéis que cuando le decís eso a un chico, él se siente incómodo, así que siempre es vuestra excusa. Pero yo no te creo. ¿Qué era realmente?
― Estábamos hablando de nuestras marcas favoritas de tampones, ― contesté animada, riendo cuando Edward puso una cara de incredulidad. ― No voy a decírtelo, Edward. Era una cosa de chicas.
Dicho eso, me alejé de él para seguir a Alice y Jasper a través de la multitud, con un plan formándose en mi mente.
Tal vez Alice tenía razón... tal vez debería encargarme yo del asunto.
Hola!
Contesto por aquí a varios reviews que me han preguntado por la extensión de la historia. Son 27 capítulos, un epílogo y 6 outtakes.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
