Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo ochoWon't back down

(No me echaré atrás)

Edward's POV

― ¿Esto es normal? ― le pregunté a Jasper.

― ¿El qué es normal? ― contestó, su expresión era fría. Era más bien obvio que yo no le gustaba mucho a Jasper.

― Eso, ― hice un gesto en dirección a dónde Bella y Alice estaban tomando una cerveza y hablando como viejas amigas. ― Se se conocen desde hace cinco minutos y se están contando su vida como si se conocieran de siempre.

Jasper movió la cabeza y miró al dúo, muy metido en sus pensamientos.

― Debe ser una cosa de chicas, ― decidió finalmente. ― Sé que no quiero compartir secretos contigo, así que debe ser una cosa de chicas. O tal vez es una cosa de Alice. Ella tiene la habilidad de acercarse a ti y que le supliques que vaya contigo a tu casa antes de que sepas qué te ha golpeado.

Me aclaré la garganta para esconder la risita que intentaba escapar por las palabras de Jasper y su mirada confundida, como si todavía no estuviera muy seguro de cómo Alice había terminado con él en Ellensburg.

― Bueno... no creo que estemos hablando más sobre Bella. ¿Estás seguro de que no quieres intercambiar oscuros secretos?

Sonreí satisfecho por la mirada furiosa que me lanzó Jasper. Ahora estaba muy seguro de que estaba a salvo del rubio. No creo que Alice le permitiera herirme de ninguna manera, y me parecía que Jasper estaba tan loco por ella que ya no estaba seguro de lo que pasaba en su propia vida.

― ¿Te contó tu madre por qué nos estabas persiguiendo? ― pregunté. El ceño fruncido de Jasper se profundizó.

― Dijo que eráis problemáticos, ― contestó. ― No necesitamos que vengan extraños a causar problemas. Ya tenemos suficiente con los universitarios.

― No estábamos causando problemas, ― me defendí. ― Dejé mi personalidad problemática en Forks. Solo vinimos aquí para ver el desfile. Nosotros tuvimos un... encuentro con tu madre en Seattle. Ella malentendió algo que se dijo antes de que nos diéramos cuenta de que ella estaba en el ascensor con nosotros. Esa es la única razón por la que cree que estamos causando problemas.

― Y, ¿qué dijisteis en ese supuesto ascensor de Seattle? ― preguntó Jasper secamente.

― No es un supuesto, ― mi voz era igual de seca. ― Era el ascensor de un Best Western en el que nos estábamos quedando. En cuanto a lo que se dijo, fue Bella quien lo dijo, no yo, y tu madre lo tomó completamente fuera de contexto. Ella pensó que éramos unos pervertidos o algo.

― Eso no me dice lo que se dijo.

― No recuerdo exactamente qué fue. Me había olvidado completamente de ello hasta que nos encontramos otra vez con tu madre. No es importante para nada. Se está riendo. ¿Por qué se está riendo? ― Todos los pensamientos de la Sra. Whitlock salieron de mi cabeza cuando miré a las chicas y vi a Alice sujetándose la barriga debido a su risa histérica. Bella estaba a su lado viéndose completamente indignada y tan linda que quise decir "que le jodan" a mi idea de esperar y cogerla en mis brazos y quitar ese ceño fruncido de su cara con un beso.

― No lo sé, ― contestó Jasper. ― Pero no puede ser bueno. Nunca es bueno cuando se ríe así.

Le seguí cuando fue rápidamente a dónde Alice se estaba secando las lagrimas y Bella todavía fruncía el ceño malhumorada.

― ¿Qué es tan divertido por aquí, señoritas? ― preguntó, deslizándose hasta ellas e intentando verse casual. No consiguió enmascarar muy bien la alarma en sus ojos.

― Oh, solo Bella hablándome sobre su ex, ― contestó Alice despreocupadamente. Cogió la mano de Jasper y miró a Bella con una sonrisa malvada. ― Toma mi consejo, Bella. Confía en mí cuando digo que en realidad no hay nada de lo que preocuparse. Y siento lo de tu edredón.

Vale, eso había sido raro. ¿Cómo una conversación sobre el capullo de Mike se había convertido en una sobre edredones?

― ¿Qué edredón? ― pregunté, intentando rellenar los huecos. ― ¿De qué está hablando?

Bella movió la cabeza y dio golpecitos en sus (besables, preciosos) labios con un delgado dedo, como si estuviera considerando algo.

― No es nada, Edward, ― contestó al fin, estirando el brazo para coger mi mano como Alice había hecho con Jasper. Sentí la calidez esparcirse desde el lugar en que nuestra piel entraba en contacto, y me encontré a mí mismo esperando que ella nunca lo rompiera. ― Solo una charla de chicas.

― Oh... bueno, Jasper me estaba diciendo que el desfile está a punto de comenzar. Deberíamos intentar coger un buen sitio. ― Tiré de ella a mi lado y apreté su mano, decidiendo aumentar y prolongar el contacto tanto como fuera posible. Tal vez no la besaría, pero podía tocarla.

― Así que, ¿habéis llegado entonces a un acuerdo? ― preguntó Alice, mirándonos severamente a Jasper y a mí.

― Sí. Edward me lo ha explicado todo. ― Jasper se inclinó para besar a Alice antes de dirigirse a Bella. ― Siento el malentendido, Bella.

― Uh... sin problemas. Vamos a prepararnos para el desfile, ― contestó Bella.

Dejamos que Jasper y Alice fueran delante de nosotros para dirigir el camino a través de la multitud, pero cuando me moví para seguirlos, Bella me detuvo.

― ¿Qué le has dicho? ― siseó.

― La verdad, ― contesté. ― Que fuimos en un ascensor con su madre y ella malentendió algo que se dijo y que la puso en nuestra contra.

― Sí, porque es posible malentender que yo me niegue a hacerte favores sexuales, ― Bella rodó los ojos, distrayéndome brevemente debido a mi hábito de perderme en sus profundidades. Mi atención volvió rápidamente a la conversación cuando ella siguió hablando. ― ¿Qué dijo él?

― Que su madre tiende a reaccionar exageradamente y que se aseguraría de que no nos causara más problemas. Vamos, unámonos a nuestros nuevos amigos. ― La miré y decidí llevar la conversación en una dirección que yo prefería. ― De cualquier manera, ¿de qué hablabais Alice y tú que le hizo reír tanto?

Casi me olvidé de mi propia pregunta cuando un sonrojo subió a las mejillas de Bella. Amaba su sonrojo. Me provocaba muchas cosas y, si no tuviera tanta curiosidad sobre su conversación con Alice, habría perdido el tren de mis pensamientos y me habría permitido a mí mismo distraerme con él.

― Cosas de chicas, ― fue la respuesta demasiado rápida de Bella, no pude evitar sonreír satisfecho. ¿Realmente esperaba que cayera con la excusa más vieja del libro?

No lo haría.

― Eso es lo que siempre decís las chicas, ― apunté. ― Sabéis que cuando lo decís, nos hacéis sentir incómodos, así que siempre es vuestra excusa. Pero yo no te creo. ¿Qué era realmente?

― Estábamos discutiendo sobre nuestras marcas de tampones favoritas, ― contestó Bella con falsa alegría. La mirada en mi cara debió ser divertida, porque empezó a reír. ― No voy a decírtelo, Edward. Era una cosa de chicas.

Me lanzó una gran sonrisa coqueta que hizo que la lengua se me pegara al paladar y fue detrás de Alice y Jasper, sin tropezar ni una vez. Para Bella, eso era una gran hazaña, pero yo estaba demasiado ocupado recomponiéndome para apreciarlo realmente.

Maldición, esa chica iba a ser mi muerte.

Sucedió que un desfile de perros salchicha involucra algo más que un montón de perros bajando por una calle.

Involucra perros disfrazados bajando una calle.

― ¿Ese va vestido de batman? ― preguntó Bella con incredulidad.

― Sí, y el que está a su lado es Robin. Deben ser de la misma familia, ― contesté casi tan perplejo como lo estaba ella.

― La Sra. Sutton y la Sra. Banks son hermanas mellizas, ― nos explicó Alice, habiendo oído nuestra conversación. ― Ellas siempre visten juntas a sus perros. El año pasado fue Spiderman y el Duende Verde. Oh, mira, ahí está Mama Whitlock.

Ciertamente, la madre de Jasper bajaba la calle orgullosamente con la correa de su perro ladrador en la mano. Dicho perro ladrador iba pavoneándose delante de ella vestido de...

― ¿Xena? ― dijo Bella con voz ahogada. ― Esa no la he visto venir. ¿Dónde ha conseguido un traje así para un perro?

― Se lo hicieron a medida. Por eso estaba en Seattle, ― Jasper sonaba casi deprimido. ― Realmente se mete en el desfile.

Moví la cabeza y miré al perro. Llevaba una elaborada versión en miniatura de la combinación falda de cuero y metal y corpiño que Lucy Lawless llevó como Xena: la princesa guerrera. La única manera en que se vería más ridículo sería si Mama Whitlock lo hubiera llevado.

― Mira, el perro salchicha que va de Babe está intentando montar a Xena. Oh cielos, tu madre no está feliz con ello, Jazz.

Jasper maldijo y se movió por la multitud para llegar hasta su madre, que le estaba dando patadas a otro perro que estaba intentando... bueno, Alice lo había dicho bien. El otro perro estaba intentando montarle. No pude evitar reírme por lo bajo por la vista. Aparentemente, me había equivocado con lo de que la escena no podía verse más ridícula.

― ¿Es terrible que me esté costando no reírme de la mirada que tiene en la cara? ― murmuró Bella. ― Es como si ella se sintiera la reina y ese perro acabara de cometer traición.

Alice ni siquiera se preocupó por esconder sus risas al otro lado de Bella.

― ¿Puedes. Ver. La mirada. De su cara? ― jadeó. ― No he visto nada tan divertido desde que estaba en la universidad.

― ¿Estás segura de que puedes reírte? ― le pregunté. ― ¿No hará eso que ella se enfade?

― Yo no soy lo suficientemente buena para el precioso niño de Mama Whitlock. ― Alice se estaba limpiando las lágrimas de regocijo que se habían reunido en sus ojos, teniendo cuidado de no correrse el rímel. ― Ella me odia, así que en realidad ni me ayudará ni me hará daño.

Su cara se puso seria cuando volvió a mirar a la calle donde Jasper estaba intentando calmar a su madre. Él se veía enfermizo y cansado, y todavía tenia esa mirada de resignación en los ojos que tenía cada vez que se mencionaba a su madre.

― Tiene que desprenderse de ella, ― dijo Alice. ― Le ofrecieron un trabajo en Chicago con una firma de construcción realmente prestigiosa. Es arquitecto, ya ves. Le ofrecieron el trabajo y estaba realmente entusiasmado por tomarlo, pero luego Mama Whitlock le hizo sentir culpable para que se quedara. Ella es una bruja, y él lo sabe, pero no es capaz de fallarla. ― Alice dibujó comillas en el aire cuando dijo la última palabra, luego suspiró. ― Le amo, pero no estoy segura de cuanto tiempo más puedo aguantarlo.

― Eso apesta, ― ofreció Bella francamente, haciendo que Alice riera y sonriera satisfecha.

― A mí me lo vas a decir.

El show de la calle estaba empezando a ponerse feo. La madre de Jasper gesticulaba entre el perro de Babe y su dueña enfadada. Jasper alternaba entre disculparse con la otra mujer, intentar calmar a su madre y controlar el salvaje movimiento de sus brazos.

― ¡Ouch! Eso ha tenido que doler, ― murmuró Bella cuando uno de los puños de su madre golpeó fuertemente a Jasper en la nariz. Tambaleándose hacia atrás, sus manos fueron a cubrirse la nariz. Su madre estaba demasiado ocupada gritándole a la dueña del otro perro como para prestar atención a su hijo.

― ¡Esto es el jodido COLMO! ― soltó Alice, poniéndose de pie y bajando fluidamente a la calle. Fue directa a Jasper, asegurándose de que estaba bien una vez que llegó hasta él. Con eso fuera del camino, se volvió a Mama Whitlock y la alejó por la fuerza de la dueña del otro perro. Ella no gritaba como lo había hecho Mama Whitlock, pero lo que fuera que dijera hizo que la mujer empalideciera con indignación.

― Uh... ¿deberíamos ir a ayudar? ― preguntó Bella nerviosa.

La miré, tenía los ojos abiertos como platos y me miraban fijamente. Le sonreí ampliamente y lancé mi brazo alrededor de sus hombros, disfrutando la cercanía una vez más.

― Creo que nuestra presencia solo pondría las cosas peor, ― le dije. ― ¿Te gustarían unas Junior Mints?

Ella me miró, luego bajó la vista a la caja que tenía en la mano, y después me volvió a mirar.

― A veces eres un chico muy raro, Edward Cullen, ― dijo al fin.

― Entonces, ¿eso es un no a las junior mints?

Me quitó la caja de la mano.

― No, solo digo que eres un chico raro, ― contestó, echándose algunas mentas en la palma de su mano. ― Están increíblemente buenas.

― ¿Nunca antes habías tomado Junior Mints? ― pregunté, aceptando la caja de vuelta.

― No. Renee siempre ha tenido algo contra la menta y el chocolate juntos, y Charlie prefiere los dulces horneados. ― Se encogió de hombros. ― Devuélveme la caja.

Rodé los ojos pero le di la caja, incapaz de resistir la mirada de sus grandes ojos marrones. Ni siquiera estábamos saliendo y ya me tenía dominado.

Me volví a las aventuras de la calle y casi me atraganto con mi Junior Mint.

― Jesús, Edward. ¿Estás bien? ¿Debería buscar un médico? ― Los ojos de Bella se ensancharon y su cara se puso pálida mientras se acercaba con incertidumbre a mí.

Conseguí hacer subir la menta y apunté hacia la calle.

― Tal vez deberíamos hacer algo ahora, ― conseguí decir antes de terminar de masticar la Junior Mint que previamente se había atascado en mi garganta.

― Oh, mierda, ― maldijo Bella cuando vio lo que yo había visto previamente. ― ¡Alguien ha llamado a los malditos policías!

Ciertamente, ahí estaban dos de los amigables policías del vecindario en azul multando a Jasper, Alice y Mama Whitlock, que les estaba gritando indignada.

― ¿Hace otra cosa que no sea gritar? ― murmuró Bella.

― Vayamos a enterarnos, ― contesté, agarrando su mano y sacándola de las gradas dónde habíamos estado sentados. Bella tropezó una vez, haciendo que un hombre tirara su perrito caliente.

― ¡Hey, mira por dónde vas! ― gruñó el hombre, antes de comenzar una serie de maldiciones que habrían hecho sonrojarse a un marinero.

― Toma, coge el dinero y cómprate otro. ― Le lancé un billete de diez dólares a sus sudorosas manos y luego levanté a Bella en mis brazos una vez más.

― ¿Estás seguro de que deberíamos estar haciendo esto otra vez? ― preguntó, sus manos fueron a mi cuello una vez más. Tuve que parar un momento para cerrar los ojos y saborear la sensación de su cercanía... y sus pechos presionados contra mi pecho. Hey, tal vez no la fuera a presionar a una relación, pero todavía era un chico.

― Está bien, ― contesté, esperando que en realidad mi voz no sonara tan estrangulada como había sonado para mí. ― Podemos ir más rápido así.

― Me sentiría insultada por tu falta de fe en mis habilidades para andar... pero me gusta que me lleves. Me hace tener fantasías del tipo de Lo que el viento se llevó. Siempre me ha gustado Rhett. ― Bella me sonrió traviesamente y yo cerré los ojos y recé por tener paciencia.

― Dios, Bella, haces que esto sea difícil, ― murmuré.

Creí haberla oído murmurar "bien" pero habló en voz alta antes de que yo pudiera hacer un comentario.

― Más vale que nos demos prisa. Están llevando a Alice y Jasper al coche patrulla.

Aceleré el ritmo y estaba casi esprintando para cuando llegué al coche patrulla. Estaban poniendo a Alice, Jasper y Mama Whitlock en el asiento trasero mientras yo me acercaba y ponía a Bella sobre sus pies.

― ¡Esto es indignante! ― gritaba Mama Whitlock. ― ¡Tenéis garantizado que mi abogado oirá sobre esto! ¡Tendré vuestras placas por este insulto! Oh, no te preocupes Pookie, mami nos sacará de aquí. ― Lo último iba para Xena: el perro salchicha gerrero.

― Señora, no puede llevar al perro con usted, ― explicó uno de los oficiales. Estaba haciendo un gran trabajo manteniéndose en calma delante de los insultos de Mama Whitlock.

― Perdone señor. ― Me acerqué al otro oficial pacientemente. ― ¿Puede decirme por qué son arrestados?

― ¡Debería arrestarlos a ellos! ― Mama Whitlock nos apuntaba enfadada a Bella y a mí. ― Ellos son los problemáticos. ¿Sabía que intentaron robarme a mi Pookie? ¡Y estaban prácticamente haciendo... teniendo... estaban casi procreando en un ascensor en Seattle!

El oficial miró a Mama Whitlock con las cejas levantadas, luego se volvió a Bella y a mí con curiosidad.

― Está exagerando, ― ofreció Bella tras un largo momento de silencio. ― Edward hizo un comentario y yo hice una broma sobre ello... no había... procreación. ― Su cara se incendió, pero podía jurar que escuché que decía algo como desafortunadamente.

Por primera vez en mi vida, pensar en la palabra procrear me estaba excitando, así que me dirigí rápidamente al policía para sacar de mi cabeza como me gustaría procrear con Bella.

Nunca más iba a poder usar esa palabra.

― Um... ¿los cargos? ― pregunté tan educadamente como pude.

― Perturbación de la paz, ― contestó el oficial.

― ¿Puedes dejar tus aullidos y meterte en el maldito coche? ― le soltó Alice a Mama Hale. ― Cuanto antes nos multen, antes podremos pagar y salir.

― Bueno, ¿vas a pagar tú? ― demandó Mama Whitlock.

― Madre, nosotros tenemos dinero, ― contestó Jasper con cansancio. ― Tengo algo ahorrado para pagar un apartamento en Chicago. Podemos usar eso, ya que ya no voy a ir.

― El perro no puede venir, ― dijo el oficial de nuevo.

Mama Whitlock abrió la boca para discutir, pero Alice bajó del coche, agarró al perro y lo lanzó a los brazos de Bella.

― ¿Nos haces un gran favor y lo llevas a la comisaría? ― preguntó.

― Claro, ― contestó Bella, envolviendo sus brazos alrededor del perro. ― Sin problemas.

― Gracias, ― contestó Alice bien alto para que le oyera Mama Whitlock, que ahora estaba aullando sobre como Bella robaría a su precioso Pookie. Alice se giró hacia ella con una mirada fiera y la empujó violentamente al asiento trasero del coche, de manera que estaba entre ella y Jasper. ― Estamos listos para ir, oficial.

Bella y yo vimos al coche patrulla alejarse, luego los dos miramos al perro. Se acurrucó contra Bella, luego me miró y gruñó.

― No creo que a ella le guste yo mucho, ― declaré.

Bella rodó los ojos y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia el aparcamiento donde había dejado mi moto. Tras tres pasos, ella paró.

― ¿Qué va mal? ― pregunté.

― No creo que sea un ella, ― contestó, su voz sonaba avergonzada.

― Qué te hace pensar que es un- oh Dios... ― Estallé en risas cuando me puse a su lado.

El perro Xena estaba restregándose entusiastamente contra el brazo de Bella. Su cara estaba de un rojo brillante y alternó mirada furiosas entre el perro y yo.

― Sois unos bastardos, ― nos gruñó, lanzando al perro a mis brazos y marchándose dando fuertes pisadas con su nariz en alto. Era una vista impresionante, a pesar de tropezar dos veces –una con una piedra y la segunda vez con un agujero.

― Creo que está enfadada con nosotros, ― le dije al perro.

Me gruñó.

Los gritos se podían oír en el segundo en que entramos por las puertas de la cárcel.

Para mi sorpresa, era Jasper y no su madre quien gritaba.

― -todo de vuelta! ¡Y luego Alice y yo nos vamos a Chicago. Voy a coger el maldito trabajo y tú estarás feliz por mí!

― ¿Qué pasa? ― le pregunté al oficial en la recepción. Era el mismo con el que había hablado antes.

― No tienen el dinero de la fianza, ― dijo el oficial sin darle importancia. ― No estoy completamente seguro de lo que ha pasado. Algo sobre la mujer mayor gastándolo en un disfraz de Xena o algo.

Miré a Bella, que estaba sosteniendo al perro de nuevo. Los dos bajamos la vista a él y unimos las piezas fácilmente.

― ¿Cuánto es la fianza? ― pregunté con un suspiro, sacando mi chequera.

― Dos mil, ― contestó el oficial. ― Hemos tenido que endurecer la pena por perturbación de la paz últimamente. Los universitarios han estado un poco salvajes.

Hice un gesto de dolor por la cantidad. Tenía bastante en mi cuenta heredada, pero aún así dos de los grandes era bastante.

― Ouch, ― murmuró Bella. ― ¿Es eso por los tres?

― No, ― la expresión del oficial era compasiva, ― eso es cada uno.

― Me deben una, ― murmuré. ― Me deben una muy grande.

Veinte minutos más tarde, había completado todo el papeleo necesario y nos llevaron al fondo donde Alice, Jasper y Mama Whitlock estaban siendo sacados de la celda.

― ¿Ves? ― le dijo Mama Whitlock a Jasper. ― Está bien. Tus agradables amigos han pagado por nosotros. No tienes que marcharte.

― Tengo hasta el miércoles para aceptar, y voy a hacerlo, ― gruñó Jasper. ― ¿Cuánto te debo?

― Seis de los grandes, ― contestó Bella débilmente. ― Aparentemente, la perturbación de la paz es algo importante.

Jasper maldijo violentamente.

― El perro vale dos de los grandes y su traje otros 150. ¿Lo aceptarías? ― preguntó.

― No, lo siento, ― dije rápidamente, incluso cuando Mama Whitlock jadeó indignada. ― Así que... ¿supongo que vas a Chicago?

― Sí, ― contestó él, ignorando a su madre. ― Con suerte junto a Alice.

― Te seguí aquí, te seguiré allí, ― contestó Alice. ― Además, hay montones de oportunidades para una decoradora de interiores en Chicago. Eso es a lo que me dedico, ― añadió para Bella y para mí. ― No hay mucho trabajo por aquí.

― Bueno... buena suerte. Sobre la devolución del dinero...

Jasper y yo quedamos en un plan de devolución y le di mi número para que pudiéramos ultimar los detalles más tarde en el verano cuando Bella y yo llegáramos a Chicago. Estaba un poco preocupado sobre confiar en un casi extraño para devolverme el dinero, pero decidí hacer caso a mi interior, que me decía que Jasper era básicamente un buen chico.

Fuera, Alice y Bella también intercambiaron números de móvil y e-mails.

― Os visitaremos cuando vayamos a Chicago, ― escuché que Bella prometía. ― Buena suerte para vosotros dos.

― También para vosotros. ― Alice agarró su mano. ― Ha sido genial conoceros. Divertíos durante el resto de vuestro viaje.

― Lo haremos- ¡oh! ¡Fotos! ― Bella sacó la cámara de mi mochila. Tras diez minutos de sacar fotos –la mayoría de las cuales fueron sacadas por Mama Whitlock que todavía intentaba que su hijo no se mudara y apestaba en ello.

Una vez que nos despedimos, Bella y yo salimos una vez más a la carretera.

― Ya sabes, ― dije sobre mi hombro. ― ¡Siempre pensé que si iba a pagar una fianza, sería para mí!

Escuché la musical risa de Bella flotar hasta mí.

― La vida nunca es aburrida contigo, Edward Cullen. ― Sentí su cálido aliento en mi oreja. ― Ahora, vayamos a Spokane. Tengo algo que quiero... mostrarte.

Las palabras eran inocentes, pero el tono me hizo tragar pesadamente y preguntarme qué demonios me esperaba en nuestro siguiente destino.


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La fecha de actualización está en mi perfil.

-Bells :)