Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo diez – Love game
(Juego de amor)
Eran las siete cuando llegamos a Spokane... ¡al fin! Era difícil de creer que solo había estado en la carretera con Edward durante cuarenta y ocho horas. Me sentía como si le conociera mejor de lo que había conocido a Mike, y habíamos estado juntos durante cuatro años.
― ¿Quieres salir a cenar? ― preguntó Edward mientras arrastrábamos nuestras bolsas en nuestra habitación. Estábamos una vez más en un Best Western, aunque esa vez no insultamos a ninguna mujer en el ascensor.
Me tiré en una de las camas, disfrutando la sensación del suave colchón debajo de mí.
― ¿Podemos simplemente pedir algo? ― pregunté. ― He socializado lo suficiente por hoy. ― Me coloqué en posición sentada y le sonreí ampliamente. ― Ya sabes, creí que si iban a sacar a alguien de la cárcel bajo fianza en este viaje, sería yo pagándote la fianza a ti. En su lugar, has tenido que pagar la fianza de dos extraños y una mujer.
Edward rió y rodó los ojos.
― Tienes una opinión muy baja de mí, Isabella. Aquí está el número de pizza hut... ¿cómo suena la pizza?
― Mientras sea hawaiana, me parece bien. ― Reí cuando Edward hizo una cara. ― ¿Qué tiene de malo la pizza hawaiana?
― La fruta no está hecha para que se ponga en la pizza, ― contestó Edward sin emoción. ― Pepperoni y champiñones es lo que va... y, ¿a qué se debe esa cara?
― Me gustan los champiñones, pero son asquerosos en la pizza.
― Dice la chica a la que le gusta la piña, ― contestó Edward con cara de póquer. ― No tienes derecho a decir que las preferencias de pizza de los demás son asquerosas cuando tú comes piña en la tuya.
― No me obligues a herirte por insultar mi gusto de comida, ― le dije, entrecerrando los ojos con enfado fingido. ― Porque te haré daño.
Edward resopló.
― Por favor. No das ni un poco de miedo. En realidad, te ves bastante inofensiva. Algo así como un cachorrito o un conejo.
― Eso es una declaración de guerra, ― contesté con una falsa voz sureña, poniéndome de pie en la cama. ― Voy a tener que sacarte.
Antes de que Edward pudiera responder, salté a él, tirándole hacia atrás en la otra cama. Como no tenía ningún tipo de gracia, mi plan de derribarle en broma fue terriblemente torpe, y se pudo oír un fuerte golpe cuando aterrizamos.
Caí encima de Edward en la cama, mirando a sus preciosos ojos verdes durante bastantes segundos antes de que me diera cuenta de que había una aguda y extremadamente dolorosa quemazón en mi muñeca.
Una hora y un viaje a Urgencias más tarde, nos dimos cuenta de que el golpe que habíamos oído había sido el sonido de mi muñeca rompiéndose.
― Y, ¿qué hemos aprendido de esta pequeña excursión? ― me preguntó Edward, mientras me guiaba a la salida del hospital.
― ¿Qué yo estoy maldita y tú eres un estúpido? ― contesté malhumoradamente. Lo único bueno de toda la situación era que habían podido usar verde brillante para mi escayola. Siempre había odiado la escayola de yeso blanco –la había llevado muchas veces durante mis dieciocho años de vida.
― No, intenta otra vez, ― contestó Edward animado.
― En realidad, estoy muy segura de que tengo razón. ― Sabía que estaba haciendo pucheros, pero no pude evitarlo. Las heridas siempre parecían llevarme de vuelta a mis cinco años.
― Hemos aprendido que deberías dejar las acrobacias aéreas a los profesionales y no saltar sobre observadores desprevenidos. ― Edward besó la punta de mi nariz. ― Aunque, admitiré que toda esa cosa de abalanzarse fue un poco sexy hasta que nos dimos cuenta de que tu muñeca estaba rota. ― Sus dedos subieron a acariciar mi mejilla. ― Me tenías preocupado.
Suspiré y me incliné contra su mano. Era difícil seguir enfadada con él cuando decía cosas como esa.
― Volvamos al motel, ― dije, alejándome de su mano a regañadientes, y gesticulando con mi mano herida a la moto.
Me permití a mí misma a hacer un mohín detrás de Edward mientras volvíamos hacia el motel. Esa herida había destrozado mis planes para la noche. Planes que involucraban a mí (finalmente) obteniendo ese sexy y fuerte beso de Edward que llevaba esperando... bueno... las pasadas cuarenta y ocho horas.
Me preguntaba qué decía eso sobre mi relación con Mike en la que había estado feliz de esperar tres citas y cuatro semanas antes de besarle, mientras que estaba encontrando seriamente frustrante pasar cuarenta y ocho horas sin tener acción de los labios de Edward.
Seguí reflexionando sobre ello hasta que llegamos al motel, cuando decidí hacerle la pregunta al chico en cuestión.
― ¿Es raro? ― le pregunté mientras él cerraba la puerta de nuestra habitación detrás de mí.
― ¿Qué es raro? ― me preguntó.
― Que sienta que te conozco después de dos días mejor a ti de lo que conocí a Mike después de cuatro años. ¿Es raro?
Edward me miró serio y ahuecó sus manos en mi cara. Tenía manos grandes, me di cuenta sorprendida. Siempre se veían tan elegantes, con largos y gráciles dedos que nunca me había dado cuenta de que fueran tan grandes. Mis pensamientos se alejaron de sus manos cuando empezó a mover su cabeza hacia la mía, y estaba segura de que finalmente iba a besarme. En su lugar, y para mi frustración, solo apoyó su frente contra la mía.
― No creo que sea raro, ― me dijo suavemente. ― Yo me siento igual.
― Sin embargo, es diferente para ti, ― contesté, con la misma suavidad. ― Tú... bueno... tú me has querido durante cuatro años. Yo... ― dejé la frase, insegura de como continuar.
― ¿Solo has sabido realmente de mi existencia desde hace dos días? ― La sonrisa de Edward era de auto-desprecio. ― Tal vez Mike no era correcto para ti. ¿Alguna vez has considerado eso?
Edward se alejó de mí y se giró hacia las camas. Le fruncí el ceño a su espalda.
― Cada día de los pasados cuatro años, ― declaré. Edward me miró, su ceja estaba levantada inquisitivamente. ― Esa es la frecuencia con la que me he preguntado si Mike era correcto para mí. Era mono, y me gustaba su apariencia, pero también me gusta la apariencia de un modelo de Calvin Klein y eso no significa que quiera salir con uno.
― ¿Estás comparando a Mike Newton con un modelo de Calvin Klein? ― Los ojos de Edward estaban llenos de diversión. ― No creo que esté lo suficientemente pulido, Bella.
Me encogí de hombros y crucé los brazos, mirando a Edward cuidadosamente y considerando mi siguiente movimiento. Había pensado que mi herida detendría mis planes para la noche pero aunque la escayola era un poco incómoda, mi brazo todavía funcionaba en su mayoría. Moví mi cabeza a un lado y pensé en el consejo que me había dado Alice.
Solo habían pasado dos días desde que le había conocido pero, ¿y qué? Romeo y Julieta se habían enamorado en una hora. El Sr. Darcy se había sentido comprometido hacia Elizabeth Bennet a partir de su segundo encuentro. Wrath y Beth habían tenido sexo la primera noche que se conocieron oficialmente.
Vale, tal vez fijarme en los libros no era la mejor idea, pero este viaje era sobre tomar riesgos e intentar cosas.
Era hora de que hiciera el primer movimiento.
― Estoy enfadada con Mike, ― le dije a Edward, moviéndome lentamente hacia él. Él me miró, la confusión estaba escrita claramente en su cara.
― Creí que ya teníamos eso cubierto, ― contestó. ― Sé que estás enfadada con Mike –es una escoria que te engañó y rompió tu corazón y lo que sea.
Reí bajo por eso, y el sonido, bajo y femenino, me sorprendió. No me había dado cuenta de que era capaz de sonar así. Edward sacaba realmente mi seductora interior.
― Él nunca rompió mi corazón, ― dije mientras me detenía frente a él. Estábamos tan cerca que mi pecho rozaba el suyo. Nuestras diferencias de altura significaban que tenía que levantar mi barbilla un poco para poder mirarle a los ojos. ― Para romper el corazón de alguien, tienes que haberlo tocado primero. Mike nunca fue capaz de hacer eso conmigo. Antes me preguntaste qué era lo que había dicho que había hecho reír tanto a Alice. ― Me humedecí mis repentinamente secos labios. La forma en que los ojos de Edward, ojos que actualmente eran un oscuro bosque verde de deseo, siguieron el movimiento me dio el coraje que necesitaba para continuar. ― Preguntame de nuevo.
― ¿Qué dijiste que hizo reír tan fuerte a Alice? ― La pregunta fue casi robótica y su voz era ronca. Sus ojos todavía no habían dejado mi boca.
― Le dije que tuve que quemar las sábanas de mi cama, ― contesté. Los ojos de Edward fueron a los míos. Obviamente, no se esperaba esa respuesta. ― Esa es la razón por la que estoy enfadada con Mike, Edward. Me gustaban esas sábanas. Eran agradables, cómodas. ― Una amplia sonrisa levantó mis labios y me sentí malvada de repente mientras bajaba un dedo por su pecho entre nosotros. ― Te habrían gustado.
― ¿O-oh? ― La voz de Edward se quebró y mi seductora interior sonrió ampliamente por el efecto que tenía sobre él.
― Sí, ― contesté suavemente. ― Eran de lana... esa lana realmente suave. Me encantaba la forma en que se sentían contra mi piel, y tuve que quemarlas. Eso realmente me cabreó. ― No estaba segura de dónde venía esto, pero mientras hablaba y veía la forma en que mis palabras afectaban a Edward, me sentí verdaderamente poderosa y... femenina por primera vez en mi vida. Mike me había deseado, lo sabía, pero Edward me hacía sentir verdaderamente deseada. ― Pero las sábanas ya no importan tanto. ― Presioné suavemente el pecho de Edward de forma que la parte trasera de sus rodillas golpeó la cama, haciéndole caer sentado sobre la superficie.
― E-eso está bien. Que ya no importen, no que tuvieras que quemarlas. ― Edward me estaba mirando fijamente como si yo fuera algún tipo de sirena –hermosa para mirar pero peligrosa para acercarse demasiado. Le sonreí satisfecha e hice algo que dejó en shock a mi chica buena interior e hizo que mi seductora interior se limpiara una lagrima de orgullo.
Me senté a horcajadas en su regazo.
― ¿Q-qué estás haciendo, Bella? ― jadeó Edward, envolviendo sus brazos automáticamente a mi alrededor y acercándome a él. Pude sentir su excitación y, aunque me puso nerviosa, también sirvió para aumentar mi confianza.
El chico definitivamente me deseaba.
― Estoy intentando seducirle, Sr. Cullen, ― contesté provocativamente. ― ¿Está funcionando?
― Sí... pero... ― Edward parecía estar luchando consigo mismo. ― Hay una razón por la que no deberíamos hacer esto... sé que hay una razón... ― Cerró los ojos cuando yo subí mi mano para pasarla por su salvaje pelo bronce. ― Dos días. ― Sus ojos se abrieron de golpe. ― Solo han pasado dos días desde Mike... es demasiado pronto. Yo no seré el repuesto.
― Tienes razón. Mereces algo mejor que ser un repuesto, ― estuve de acuerdo. Edward asintió, viéndose complacido y decepcionado porque hubiera estado de acuerdo. Presioné mis labios brevemente contra los suyos, para declarar el estado de hambre que tenía por sus labios y para darme a mí misma un momento para reunir mi coraje para lo que estaba a punto de hacer.
Estaba loca, pero también estaba desesperada.
Alejándome de su boca, llevé mis manos al borde de mi camiseta y la saqué sobre mi cabeza, quedándome solo con mi sujetador lavanda de encaje.
― ¿Qué demonios, Bella? ― Los ojos de Edward fueron inmediatamente a mi pecho, antes de darse cuenta a donde estaba mirando y forzarlos hacia mi cara. ― ¿Qué estás haciendo?
― No eres el repuesto, Edward. ― Enterré mi mano en su pelo una vez más. ― Para que tú fueras un repuesto, Mike tendría que haberme importado lo suficiente como para buscarme uno. Me he dado cuenta de que estaba con él porque él era fácil. Él estaba ahí y era fácil estar con él porque sabía que él nunca podría hacerme daño realmente. Tú puedes. Solo me ha tomado dos días darme cuenta de que tú puedes hacerme más daño de lo que Mike jamás pudo... pero estoy dispuesta a arriesgarme. ― Busqué sus ojos verdes con los míos. ― ¿Lo estás tú?
Edward cerró los ojos y su boca se movió silenciosamente, como si estuviera rezando. Cuando se abrieron de golpe, eran de nuevo un bosque verde de deseo.
― Dios, Bella, ― empezó, pero le corté con mi boca. Provoqué a sus labios con mi lengua hasta que se abrieron para mí y luego fue como si se hubiera abierto la compuerta de una presa de agua.
Edward cayó hacia atrás en la cama, llevándome con él. Me permitió dirigir el beso un rato antes de gemir y darnos la vuelta, de manera que él estaba sobre mí.
― Dios, Bella, ― se alejó del beso, ― me vuelves loco.
Su cabeza bajó para reclamar mis labios de nuevo y, esa vez, él dominó el beso, enterrando una mano en mi pelo mientras la otra soportaba su peso para no aplastarme. Gemí contra su boca y tiré del borde de su camisa, queriendo sentir su piel contra la mía. Se separó lo suficiente para sacarse la camisa y luego devolvió sus labios a los míos. Mis manos exploraron su espalda y los músculos de su pecho y estómago. Había estado demasiado molesta por Charlie como para admirarle la última vez que le vi sin camisa –esa vez estaba demasiado abrumada por la lujuria.
Sus labios se apartaron de los míos para explorar mi cuello y ahora estaban bajando hacia mi pecho. Sentí su mano explorar mi espalda, buscando el cierre de mi sujetador y yo me las arregle para soltar jadeando algo parecido a una frase.
― Cierre frontal, ― jadeé. ― ¡Es un maldito cierre frontal!
Edward llevó su mano de mi espalda a la parte delantera, donde encontró el cierre y lo abrió. Sus ojos se oscurecieron incluso más cuando se alejó para mirarme sin un sujetador por primera vez. Sentí el sonrojo subir a mis mejillas y hacer su camino bajando por mi pecho, y empecé a mover mis brazos para cubrirme pero las manos de Edward me pararon.
― Dios, incluso tus pechos se sonrojan, ― murmuró antes de inclinar la cabeza para pasar su lengua sobre el pezón y después soplar, haciendo que se endureciera. Jadeé y mi espalda se arqueó por la extraña sensación. Nunca había dejado que las manos de Mike subieran tanto, así que eso era territorio nuevo para mí.
― Haz eso otra vez, ― ordené, sin importarme si sonaba mandona. Todo lo que quería era sentir esa pulsación eléctrica de nuevo. Edward rió contra la suave piel de mi pecho, pero repitió el proceso en mi otro pecho.
― Eres preciosa, ― declaró Edward, subiendo por mi cuerpo para besarme de nuevo, ― y estos son los pechos más magníficos que he visto.
Reí casi sin aliento.
― ¿Oh? ¿Has visto muchos pechos antes? ― pregunté, intentando que mi voz sonara ligera. Sonó sin aliento.
Edward me envió una pequeña sonrisa malvada.
― No fuera del playboy, ― contestó descaradamente y devolvió su talentosa boca a mi pecho antes de que pudiera responder a esa revelación.
― No es... justo, ― gemí. Edward solo rió y empezó a lamer, mordisquear y besar su camino hacia mis pantalones.
Nunca me había dado cuenta de lo sensible que era mi ombligo hasta que Edward lo tocó con su lengua, haciendo que mi espalda se arqueara una vez más.
― Veamos que tenemos aquí abajo, ― murmuró Edward, desabrochando el botón de mis pantalones y bajando lentamente la cremallera. Levanté mis caderas para que pudiera sacar los pantalones. Se movió dolorosamente lento, y yo solo quería que se diera prisa de una-
I hear the drums echoing tonight/But she hears only whispers of some quiet conversation/Shes coming in 12:30 flight/The moonlit wings reflect the stars that guide me towards salvation…
Edward y yo paramos y nos miramos.
― ¿Eso es Toto? ― pregunté con incredulidad.
― Es el tono de Carlisle, ― contestó. ― Es su canción favorita.
― ¿Lo ignoras? ― pregunté.
― Lo ignoro, ― estuvo de acuerdo y volvió a mis pantalones, consiguiendo sacarlos antes de que la canción empezara a sonar de nuevo.
Paró y descansó su cabeza en mi estómago, sus ojos cerrados con resignación.
― Maldito bloqueador, ― le escuché murmurar, y no pude evitar reír.
El teléfono empezó a reproducir "Africa" por tercera vez y Edward lo cogió, abriéndolo y siseando ― ¿qué? ― enfadado. Suspiré mientras Edward se alejaba, murmurándole algo a Carlisle por el teléfono. El ambiente estaba totalmente arruinado ahora y, aunque estaba decepcionada, me di cuenta de que tal vez era algo bueno. Si Carlisle no hubiera llamado, estaba bastante segura de que sabía lo que habríamos terminado haciendo, y habría sido hecho sin protección.
Cogí la camisa de Edward y me la puse (me llegaba a la mitad del muslo), antes de sentarme para mirar a Edward mientras hablaba con su padre. Ahora que la nube de lujuria se había dispersado, podía admirar a Edward descaradamente. Su musculatura no era voluminosa, sino que era delgado y fuerte. Si fuera un gato salvaje, sería un puma más que un tigre. Los planos de su espalda se tensaban mientras se movía y sus abdominales estaban claramente definidos.
Decidí ducharme y dejar a Edward hablar por teléfono a solas cuando me encontré a mí misma queriendo lamer esos abdominales.
Probablemente sería una ducha de agua fría.
Miré a Edward una vez más antes de llegar al baño. Me estaba mirando de una forma posesiva y de depredador que me decía que realmente le gustaba verme con su ropa.
Definitivamente, sería una ducha de agua fría...
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