Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Outtake dos – Torpe
Contado por Edward Cullen.
― Por favor. No das ni un poco de miedo. En realidad pareces indefensa. Algo así como un cachorrito o un conejo. ― Le sonreí ampliamente a mi hermosa Bella, queriendo ver como reaccionaría a mi reto.
― Eso es una declaración de guerra, ― contestó con una falsa voz sureña realmente, realmente mala, poniéndose de pie en la cama. ― Voy a tener que sacarte.
Antes de que pudiera contestar o avisarla de que no hiciera lo que estaba a punto de hacer, porque las acrobacias aéreas y Bella no congeniaban bien, saltó sobre mí, tirándome hacia atrás en la otra cama. Sentí como el aire era expulsado fuera de mí, pero fue el fuerte golpe que se oyó cuando aterrizamos lo que realmente me quitó el aliento.
Bella solo se quedó encima de mí, mirándome a los ojos varios segundos antes de que los suyos empezaran a llenarse de lágrimas.
― Ow, ow, ow, ow, ― se sentó, poniendo accidentalmente su peso en su muñeca herida, haciendo que empezara a maldecir, ― ¡maldito cabrón!
Me sentí aterrorizado, preocupado porque ella estuviera realmente herida, y con cuidado la ayudé a sentarse.
― Déjame verlo, ― dije, estirando la mano para alcanzar el miembro herido que ella estaba acunando cerca de su pecho. Se alejó de mí estremeciéndose, y yo sacudí la cabeza. ― Bella, he aprendido un poco de conocimiento general por Carlisle durante los años... además, quiero ser médico, ¿recuerdas? ― Le di lo que esperaba que fuera una sonrisa tranquilizadora. ― Esto será una buena práctica.
Bella se sorbió la nariz, mirándome con sus grandes ojos marrones llenos de lágrimas, antes de ofrecerme su muñeca, viéndose como una adorable niñita. Si hubiera sido en otras circunstancias, esa mirada probablemente habría hecho que me derritiera. Sin embargo, estaba demasiado preocupado por ella como para pensar en eso en ese momento.
Inspeccioné su muñeca, con cuidado de no tocarla. Ya estaba empezando a hincharse, y podía ver el comienzo de un cardenal.
― Tenemos que llevarte al hospital, Bella, ― dije. ― Puede estar rota.
― Estoy muy segura de que lo está. ― Se sorbió la nariz. ― Me he roto la muñeca antes. Sé como se siente. ― Empezó a levantarse y yo fui a ayudarla, lo que hizo que ella soltara una pequeña risa. ― Es mi muñeca, no mis piernas, Edward. Puedo ponerme de pie.
― Vale... ¿debería pedir un taxi? ― No sabía si la moto sería una buena idea.
― Nunca te has roto muchos huesos, ¿verdad? ― preguntó Bella, limpiándose algunas lágrimas de los ojos. ― Puedo montar bien en la moto contigo. Una vez más, es mi muñeca, no mi pierna o incluso mi brazo. Vamos.
Le pedí la dirección del hospital más cercano al recepcionista y conduje con cuidado extremo al hospital, no queriendo herir a Bella más de lo que ya estaba. Llegamos a Urgencias y entramos.
― Mi amiga se ha roto la muñeca. ¿Puede ayudarla alguien? ― le pregunté a la enfermera, sujetando a Bella contra mi costado con un brazo alrededor de su cintura. Me dije a mí mismo que el contacto era para consolarla, pero creo que me estaba tomando lo del hueso roto peor de lo que lo estaba haciendo Bella. Sus lágrimas se habían secado hace tiempo y ahora solo se estremecía cuando movía la extremidad.
― Tendrás que rellenar esto. ― La enfermera me dio un sujetapapeles. ― El doctor te verá tan pronto como pueda.
Cogí el sujetapapeles y llevé a Bella a una silla.
― Vale... así que tu nombre es Isabella Swan... ¿Cuál es tu segundo nombre? ― le pregunté.
― Marie, ― contestó, divertida.
― Hm... es bonito. Vale, Isabella Marie Swan. ¿Cuál es tu número sanitario?
― Edward, ¿qué estás haciendo? ― preguntó con las cejas levantadas.
― La enfermera ha dicho que hay que rellenar esto, ― apunté, confundido por la pregunta. ― Así que lo estamos rellenando.
― Me he roto la muñeca izquierda y yo soy diestra. Todavía puedo rellenarlo, Edward, ― contestó Bella. ― Dámelo, yo seré más rápida.
Le di el sujetapapeles a regañadientes. Yo quería ser el que lo rellenara pero, aparentemente, Bella era tercamente independiente.
Maldición, me gustaba eso de ella.
Pero también, me gustan la mayoría de las cosas que vienen de ella.
― ¿Estás segura de que estás bien? ― pregunté.
― ¿Tu padre no te ha hablado de mí? ― contestó Bella. ― Somos muy buenos amigos, el Dr. Cullen y yo. Creo que Charlie tiene el número del hospital en marcado rápido.
― Tal vez Carlisle haya mencionado algo sobre ello, ― admití tímidamente, no dispuesto a decirle que la razón por la que Carlisle me lo había dicho era porque yo siempre aparecía en el hospital después de que ella había estado para asegurarme de que estaba bien. Mi padre definitivamente conocía la obsesión que tenía por la hija del Jefe, incluso aunque él no lo había comentado.
― Entonces sabes que tengo un historial de heridas que es más grande que tú, ― dijo descaradamente, luego me devolvió el sujetapapeles. ― Hecho.
Se lo devolví a la enfermera, que luego se llevó a Bella para hacerle la prueba de la tensión previa. Bella no me dejó que la acompañara para eso, pero cuando fue con el doctor veinte minutos más tarde, me negué a dejarla ir sola.
― ¿Señorita Swan? ― El doctor entró en la habitación y levantó una ceja cuando me vio. ― Y amigo. Soy el Dr. Eleazar White. Aquí dice que crees que tu muñeca está rota.
― Sí, ― contestó Bella, y yo la miré sorprendido. La chica que hasta ese momento había sonado confiada, ahora sonaba como una niñita petulante. ― He tenido unos cuantos huesos rotos.
― ¿Puedo? ― El doctor tuvo que agarrar la muñeca de Bella cuando ella no estuvo dispuesta a ponerla en su mano. Tuve que esconder mi amplia sonrisa. Carlisle no había mencionado que a Bella no le gustaban los médicos cuando le había interrogado después de todas sus heridas. ― Está definitivamente rota, pero me gustaría hacer alguna radiografía, solo para ver la extensión de los daños.
Bella siguió haciendo un mohín durante toda la radiografía, solo animándose ligeramente cuando vio que había una variedad de colores para la escayola.
― Verde brillante, ― dijo inmediatamente antes de que le dieran a elegir el color. El Dr. White y yo la miramos divertidos y ella puso una cara. ― El blanco es aburrido. Me han puesto demasiadas escayolas blancas durante los años. Ese es el único color que tiene Forks.
Me reí por lo bajo, pero me callé cuando Bella me miró furiosa.
― Bueno, está todo hecho, ― dijo el Dr. White una vez que terminó de poner la escayola. ― Tendrás que llevarla durante al menos cuatro semanas, y mantenerla seca. ― Me dio una pequeña sonrisa y buscó en su escritorio antes de sacar algo. ― Y puedes llevarte esto por ser tan buena paciente. ― Le extendió una piruleta roja a Bella, quién le miró furiosa. Él se encogió de hombros y empezó a echarla atrás, pero la mano de Bella se estiró rápidamente y se la quitó.
― Me lo merezco, ― me informó mientras se ponía de pie. ― Porque he aguantado que te rieras mientras yo estaba sufriendo.
Dicho eso, giró sobre sus talones y tropezó con el marco de la puerta. Cuando me volví a reír por lo bajo, me volvió a mirar furiosa, levantó su nariz y se marchó.
― Una chica interesante, ― dijo el Dr. White.
― No tiene ni idea. ― Le sonreí y le ofrecí mi mano. ― Muchas gracias doctor.
― Por supuesto. Ahora ve a asegurarte de que tu chica no se hace más daño.
Separamos caminos y yo pensé en sus palabras.
Mi chica.
Deseé que fuera cierto, porque la aceptaría felizmente –con puchero y todo.
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-Bells :)
