Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Outtake seis – Pequeñas cicatrices de la vida
Contada por Carlisle Cullen.
Me llevó exactamente una semana descubrir que Isabella Swan sería una paciente regular en mi sala de Urgencias.
En esa semana, mi primera semana en Forks, la hija del jefe de policía llegó con una contusión, tres dedos rotos y necesitando siete puntos. Al principio me preocupó que hubiera algo de abuso. El Jefe Swan parecía un buen hombre, pero estoy seguro de que mucha gente también había dicho eso de Ted Bundy.
Mis preocupaciones desaparecieron rápidamente cuando descubrí que la Srta. Swan era en realidad un imán para los accidentes como ella clamaba.
― Hola Dr. Cull – ¡oof! ― Para ese momento, ya estaba acostumbrado a que Bella tropezara en los umbrales de las puertas, así que ahí estaba yo para atraparla antes de que cayera.
― Y, ¿qué puedo hacer hoy por usted, Srta. Swan? ― pregunté, sonriéndole ligeramente a la chica mientras la ayudaba a subir a la camilla de examinación.
― Tropecé y me caí. ― Señaló con una mano a la muñeca de la otra, que tenía contra su estómago. ― Creo que es solo un esguince, pero Edward no me dejó hasta que le prometí que vendría a verle.
― ¿Edward? ― La miré sorprendido. ― ¿Sois amigos?
Edward no había mencionado que fuera cercano a Isabella y estaba seguro de que si eran amigos, al Jefe Swan le daría pronto una apoplejía. Edward parecía estar cayendo en algunos de los comportamientos que mostraba al comienzo de su adopción, y me dolía verle caer en esa espiral hacia abajo una vez más después de que le había estado yendo tan bien.
― Oh, en realidad no, ― contestó Bella. ― Simplemente estaba siendo agradable, creo. Él puede ser agradable, no importa lo que la gente diga.
Esta última frase parecía que la había dicho más para ella que para mí, así que elegí no reconocerla.
― Bueno, creo que tienes razón con lo del esguince, pero igualmente te haré radiografías. Es mejor prevenir que curar. ― Saqué un bloc y escribí en él. ― Lleva esto al laboratorio y ellos te harán hueco.
― Estoy segura de que tienen mi mesa de siempre esperando, ― contestó Bella secamente. ― Saben que tienen que esperarme al menos dos veces al mes. Tú me verás más a menudo.
― He llegado a esa conclusión yo solo, ― respondí con una risa.
Una vez que Bella se marchó, fui a mi oficina. Era mi pequeño trozo de cielo en la locura del hospital.
Edward me esperaba dentro.
― ¿Ha venido hoy alguien interesante? ― preguntó, su voz sonaba casual. Paré en el umbral de la puerta y le miré fijamente, las piezas cayeron lentamente en su lugar. Él siempre estaba ahí, esperándome después de que Isabella hubiera estado en Urgencias. Ella venía tan a menudo que parecía que podía ser fácilmente una coincidencia, pero ya no estaba tan seguro de ello.
― Edward, ya sabes que no puedo decírtelo. Confidencialidad, ― respondí con ligereza, intentado hacerle decir porqué estaba ahí realmente.
Edward se echó hacia atrás en su silla.
― Bueno, eso no es divertido. Quería los últimos cotilleos de Forks.
― Ve a la zona de enfermeras. Ahí es donde oirás los cotilleos, ― respondí, moviéndome para sentarme detrás de mi escritorio.
― Eso son prejuicios contra las enfermeras. Estoy seguro de que hacen algo más que cotillear como viejas. ― Edward me sonrió satisfecho.
― Lo hacen, pero también los médicos. La zona de enfermeras es simplemente el lugar más fácil para que nos encontremos todos. Podemos cotillear mientras todavía nos vemos como si estuviéramos haciendo algo.
Edward rió.
― Así que... la Srta. Swan ha dicho que tú la enviaste aquí, ― empecé lentamente.
― Sí. Tuvo una caída muy fea. ― Un débil sonrojo subió a sus mejillas. ― ¿Está... uh... bien?
― Perfectamente bien. Creo que es solo un esguince, pero la he enviado a rayos-x para asegurarme. ― Descansé mi barbilla en la palma de mi mano. ― Es una chica bonita.
― Sí, lo es.
― Y dulce.
― Sí... que mal que esté con Mike Newton. ― Los ojos de Edward se habían puesto distantes mientras me hablaba, pero luego sacudió la cabeza y se levantó. ― Bueno, será mejor que me vaya. Esme estará pronto aquí para recogerme.
― Edward, ― dije, haciendo que se detuviera en el umbral de la puerta. ― Lo que estás haciendo, solo va a hacerte daño y a alejarla. No creo que ella sea del tipo que se enamora del chico malo.
Edward se encogió de hombros como respuesta, sin darme una pista de si estaba escuchando o no a lo que había dicho.
La semana siguiente, incendió una señal de stop en la calle principal, cimentando su lugar a los ojos de los ciudadanos de Forks.
Isabella nunca volvió a decir su nombre en una de sus visitas a Urgencias.
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-Bells :)
