Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


Creo que este capitulo os va a encantar.

Disfrutadlo!


GOD LOVE HER

Capitulo diecisieteRisk

(Riesgo)

Fui despertada por Edward besando mi cuello. Era una sensación maravillosa, y me permití a mí misma gemir al sentirlo.

― Esta es una forma maravillosa de despertarse, ― murmuré mientras Edward levantaba la cabeza para mirarme a los ojos.

― ¿Lo es? ― Había una chispa en sus ojos que había extrañado los últimos días. Era esa chispa que decía que él estaba disfrutando esto, estaba disfrutando estar conmigo y tenerme toda para él. ― Tendré que recordarlo.

Envolví mi brazo alrededor de su cuello y tiré de él hacia abajo para besarle. Su boca era suave contra la mía, y me rendí a las sensaciones, abriéndole mis labios cuando su lengua los rozó. Pasé mi mano por su pelo, enredando mis dedos en sus mechones broncíneos. Sus manos acariciaron mis costados hasta llegar a mi trasero, que agarró para acercarme más a él.

Normalmente, esa acción sería algo que me encendería (como la mayoría de las cosas que hacía Edward) pero, en ese caso, provocó que mi muñeca herida se presionara con fuerza en nuestras costillas. El dolor de la dura escayola hizo que nos separáramos, maldiciendo. Rodamos sobre nuestras espaldas, mirando al techo uno al lado del otro.

― ¿Cuándo puedo quitarme esta cosa? ― pregunté. ― Porque, bueno... es un poco aguafiestas.

― Dentro de unas tres semanas. ― Edward se dio la vuelta de manera que estuviera sobre su codo y me miró. Su pelo estaba incluso más despeinado que normalmente por mis dedos, estaba agradablemente sonrojado y todavía vestido con solo sus pantalones de pijama. Me encontré a mí misma deseando tener una cámara –mujeres de cualquier parte del mundo pagarían bastante bien por ver lo que yo estaba viendo.

― ¿Qué? ― preguntó, levantando una ceja y pasándose la mano por el pelo. Sonreí ampliamente con la vista. En Forks siempre había pensado que eso era algo que hacía para verse cool (igual que lo hacía Mike), pero ahora me había dado cuenta de que era algo que hacía cuando estaba nervioso.

― ¿Que te mire fijamente hace que te pongas nervioso? ― pregunté, mi voz salió en un ronroneo soprendentemente bajo.

― No... ¿por qué lo preguntas? ― La mano fue a su pelo de nuevo, pero me senté y la agarré antes de que pudiera tocar los mechones y la reemplacé con la mía.

― Te pasas la mano por el pelo cuando estás nervioso, ― expliqué, acariciando con mis dedos el pelo sobre su oreja. Era soprendentemente suave y espeso.

― Nunca lo he notado, ― admitió. Cerró los ojos y se inclinó contra mi mano. ― Eso se siente sorprendentemente bien.

Sonreí ampliamente, encantada con esa nueva manera de tocarle.

― ¿Si sigo con ello vas a empezar a ronronear? ― pregunté, maniobrando nuestras posiciones para que pudiera sentarme a horcajadas en su regazo y seguir acariciando su pelo. Edward se inclinó hacia atrás contra la pared cómodamente y cerró los ojos de nuevo, disfrutando mis acciones.

― Sigue haciéndolo y veremos, ― respondió. Se veía tan lindo ahí sentado con los ojos cerrados y viéndose como si no tuviera preocupaciones en el mundo y estuviera perfectamente cómodo, incluso aunque sabía que tenía que ser un truco porque ningún hombre podía estar cómodo con lo que yo sentía creciendo contra mí.

En ese momento, estaba tan completamente sobrepasada por una ola de calor y adoración que tuve que inclinarme hacia delante y presionar mis labios contra los suyos y mover mis manos de manera que estuvieran ahuecadas en su nuca para poder presionar nuestros labios más firmemente. Una de sus manos se levantó para agarrar mi cintura, mientras que la otra se estiraba para agarrar mi muñeca y alejaba mi mano suavemente de su pelo. Nos miramos a los ojos y los suyos estaban oscuros mientras tiraba de mi mano para dejar un beso en la palma. Todavía mirándome a los ojos, acarició con sus labios mi muñeca, deteniéndose para morder un momento, luego subió besando mi mano hasta que sus labios tocaron cada uno de mis dedos.

Para cuando terminó, no solo él estaba completamente excitado contra mí, sino que yo estaba sintiéndome increíblemente caliente, y sabía que mi cara estaba sonrojada por el calor. Él soltó mi mano y levantó la suya para envolverla en mi pelo. Sus labios acariciaron mi cuello y subió hasta mi oreja besando, lamiendo y mordiendo.

― Pídeme que pare, ― suspiró, su aliento era cálido contra mi oreja. ― Y lo haré.

Tragué con dificultad, luego gemí cuando tomó el lóbulo de mi oreja cuidadosamente entre sus dientes.

Sabía que si continuábamos, esto solo terminaría de una manera.

Y de repente no me importó.

Había gente que diría que era demasiado pronto. Solo habían pasado seis días, dirían.

Aún así había pasado casi cada momento de esos seis días con el hombre que estaba haciendo que mi cuerpo ardiera. ¿Cuántas chicas sentían que la tercera cita era la cita en la que "entregarse"? Bueno, yo había tenido seis días para ser más cercana y tener más intimidad con Edward. Todavía había preguntas que él tenía que contestar, pero no cambiarían lo esencial y lo esencial era que me estaba enamorando de él.

― No pares, ― susurré. ― Por el amor de Dios, no pares.

Deteniendo sus besos en mi garganta, Edward se echó atrás para mirarme a los ojos. Yo le devolví la mirada, dejándole saber que sabía lo que estaba diciendo. Le quería como nunca antes había querido a nadie, pero no estaba tan abrumada como para no entender lo que estaba pidiendo. Viendo eso en mis ojos, sus manos fueron al borde de mi camisa y me la sacó por la cabeza, dejándome desnuda de cintura para arriba. Sus ojos se oscurecieron más cuando cayeron en mis pechos desnudos y ahuecó sus manos en ellos, apretándolos suavemente y sacándome un gemido.

― Tan sensible, ― murmuró, acariciando mis pezones con sus pulgares. ― Y tan hermosa.

Sus suaves y cuidadosos toques me estaban causando un dolor exquisito, pero no quería que fuera suave y cuidadoso en ese momento. Quería que él sintiera el fuego como yo lo hacía.

― Bésame, ― le dije, envolviendo mi mano en su pelo una vez más, pero esa vez mi agarre fue más fuerte -no lo suficiente para que doliera, pero suficiente para tirar un poco. No estoy segura de lo que Edward vio cuando me miró a los ojos pero, fuera lo que fuera, fue suficiente para hacer que me tumbara sobre mi espalda, con cuidado con mi muñeca, de manera que pudiera reclamar mis labios en un fuerte beso.

Eso era lo que quería y le devolví el beso igual de fuerte. Su boca no era suave ahora, sino que era dura e implacable y yo me deleité con ello.

― Quería ir suave, ― jadeó entre nuestros besos y yo reí sin aliento, tirando de su pantalón de pijama.

― No creo que ninguno de los dos esté en condiciones de ser suave, ― apunté, gruñendo con frustración por sus jadeos. Él se puso de rodillas, bajándose los pantalones y bóxer hasta las rodillas, donde consiguió bajarlos a patadas el resto del camino hasta que cayeron al suelo.

Mi primera vista de Edward completamente desnudo fue... impresionante. Ahora, tal vez yo fuera virgen, pero no era totalmente inocente, y Jessica, Angela y yo habíamos tenido unas tardes bastante iluminadoras en las que habíamos conseguido encontrar la colección de porno del hermano mayor de Jessica. No había esperado que Edward fuera de la talla de los hombres de esos videos, y no lo era, pero aún así era sorprendentemente impresionante.

Y me encontré a mí misma perdida.

― ¿Estás bien, Bella? ― preguntó, bajando la vista a mí. Yo estaba demasiado ocupada mirando fijamente a Edward Jr. Para ver cuál era su expresión.

― Uh... sí... es solo... ― Estiré la mano hasta su cabeza, dónde había una pequeña gota de humedad. Se retorció cuando le toqué y aparté la mano rápidamente. ― Uh... ¿qué hago?

Levanté la vista a Edward y vi que sus ojos estaban cerrados y que su nuez subía y bajaba furiosamente. Se veía casi como si estuviera sufriendo.

― Dios, Bella, ― gimió, ― ¿te das cuenta de lo me hace escucharte preguntar ese tipo de cosas?

Bajé la vista a su pene, que parecía endurecerse incluso más mientras lo miraba.

― Supongo que sí, ― chillé.

― Solo... tócame, ― dijo en voz baja.

Estiré el brazo y le acaricié cuidadosamente, ganándome un gemido. Su mano fue a la mía y envolvió mi mano alrededor de su longitud y me enseñó el movimiento que más le gustaba.

― ¿Así? ― pregunté, siguiendo el movimiento una vez que soltó mi mano.

― Sí, justo... ¡Dios eso se siente tan bien! ― Echó la cabeza atrás y yo sentí mi confianza crecer. Yo le hacía sentirse así. Mi zorra interior sonrió ampliamente por la victoria.

Me mordí el labio mientras seguía acariciándole. Conocía las mamadas. No solo eran uno de los temas de conversación favoritos de Jessica, sino que también aparecían en los videos de su hermano mayor (mucho). Nunca había querido hacerle una a nadie, aunque Mike había intentado convencerme en varias ocasiones.

Ahora, sin embargo... me incliné hacia delante y, con cautela, lamí la punta de Edward.

Él gritó.

― Esa ha sido una gran reacción, ― murmuré. ― Me pregunto qué provocaría esto...

Acogí toda la cabeza en mi boca y succione suavemente. La mano de Edward se envolvió fuertemente en mi cabeza. Con cautela, tomé más de él en mi boca. Era un poco incómodo, y el líquido pre-seminal no sabía del todo bien, pero Edward parecía estar disfrutándolo. No podía meterle entero en mi boca, así que seguí acariciando con el movimiento que él me había mostrado en la base.

― Mierda, Bella. ― Rápidamente me alejó de su erección y se puso a cuatro patas encima de mí.

― ¿Estaba haciendo algo mal? ― pregunté preocupada. Podría haber jurado que los ruidos que estaba haciendo eran buenos, pero estaba descubriendo que yo era deplorablemente ignorante en ese departamento.

― No, ibas bien. Eso no es cierto, estabas siendo maravillosa, perfecta. ― Los ojos de Edward estaban cerrados como si estuviera sufriendo de nuevo. ― Pero, si hubieras seguido, yo no habría durado.

Sentí mi boca abrirse en un 'oh'.

Él abrió los ojos de nuevo y miró a los míos.

― No tienes ni idea de lo que me haces, ― murmuró. ― Ni idea del efecto que tienes sobre mí. ― Estiró una mano y acarició mi mejilla. Se inclinó y me dio otro de esos duros y demandantes besos. Mientras nos besábamos, una de sus manos se movió a mis pechos, convirtiendo cada pezón en una dura cumbre antes de moverse a la parte de abajo de mi pijama y jugar con la cintura. Se alejó de mí y movió sus dos manos al elástico de los pantalones.

― Levanta tus caderas, amor, ― dijo. Las levanté y él quitó mis pantalones y mis bragas, y los lanzó al suelo con los suyos.

Me sonrojé un poco, deseando de repente haberme tomado el tiempo de depilarme un poco mejor ahí abajo. Jessica siempre nos arrastraba a Angela y a mí con ella para hacernos depilaciones brasileñas, pero había pasado un tiempo y de repente me di cuenta de que probablemente estaba un poco descuidado.

A Edward pareció no importarle.

― Estás mojada para mí, ― gimió, usando dos dedos para separar mis pliegues y acariciarme. Mis caderas se movieron contra su mano por la sensación. Yo no era exactamente una puritana, obviamente me había ocupado de mis necesidades en el pasado, pero eso no era nada comparado con la sensación de Edward acariciándome.

― Oh Dios, ― gemí sin aliento. El sonido le hizo algo a Edward porque, con un gemido propio, se inclinó para besarme frenéticamente, con sus dedos ocupados más abajo. Para cuando nos separamos, yo estaba jadeando y retorciéndome contra sus dedos.

Para ser un chico que tenía poca experiencia, Edward tenía dedos muy talentosos, y se lo dije.

― Toco el piano, ― contestó mientras sus labios bajaban por mi cuello hasta mi clavícula y finalmente hasta mis pechos. ― La práctica los hace ágiles.

Mi respuesta fue cortada cuando tomó uno de mis pezones profundamente en su boca. Mi espalda se arqueó y grité por la sensación combinada de sus dedos y su boca. Arañé su espalda, sin importarme el hecho de que dejaría marcas.

― Ya es suficiente de juegos, ― jadeé, tirando de su pelo para levantarle. ― Lo que viene después. ¡Tenemos que llegar a eso!

― Condones. ― Edward dejó la cama para coger la caja. ― ¿Dónde he puesto los jodidos condones?

Me senté.

― Estás de broma, ¿verdad? ― Mis ojos recorrieron salvajemente la habitación. ― Los tenemos, ¿verdad? No los hemos olvidado. ― Me levanté de la cama para ayudarle a buscar.

Habíamos destrozado su bolsa pero, al final, encontramos la bolsa de la farmacia al fondo. Los dos dimos un suspiro de alivio y nos miramos el uno al otro sobre la bolsa en silencio un momento.

― Cama, ― dijo él al final, cogiéndome por la cintura para echarme sobre su hombro. Reí por su entusiasmo, pero la risa se convirtió en un gemido cuando me tumbó en la cama y me besó profundamente.

― Date prisa, ― le dije y él abrió con torpeza la caja, maldiciendo cuando el cartón se negó a abrirse. Al final, partió la caja por la mitad, y paquetes de aluminio se esparcieron por la cama.

― Ignóralos, ― dije cuando creí que él iba a ponerse a recogerlos. ― Entra ya en mí.

Le costó abrir el envoltorio al principio, haciéndome maldecir. Se suponía que yo era la torpe, no Edward. Finalmente, consiguió abrir el envoltorio y ponerse el condón.

¿Sabes como se describe la primera vez en los libros? ¿Con fuegos artificiales y perfecta unidad y todo maravilloso?

Sí, la vida real no es nada parecido a los libros.

― ¡Joder! ― maldije cuando él embistió dentro de mí, rompiendo mi himen. No era tan doloroso como algunas chicas lo hacían parecer, pero aún así dolió.

― ¿Estás bien? ― Edward bajó la vista a mí, con sus ojos llenos de preocupación al igual que de lujuria.

Y, aunque me di cuenta de que esto no iba a ser como en los libros en este momento, también me di cuenta de que no importaba. No importaba si no había fuegos artificiales y no era maravilloso. Lo que importaba era que estaba con Edward y él era maravilloso, así que no necesitaba los fuegos artificiales esa primera vez.

Habría un montón de oportunidades más para los fuegos artificiales.

― Te amo, ― le dije, presionando mi mano contra su cara. Y era cierto. Me di cuenta de que probablemente le había amado desde ese día en que la moto se quedó sin gasolina y conocimos a la Sra. Maddy. Había estado preocupada por decirlo demasiado pronto, pero esto no era demasiado pronto.

Esto se sentía perfecto.

― Bella- ― empezó, pero yo presioné mi dedo en sus labios.

― No digas nada. Te amo y tú me amas y, ahora mismo, creo que deberías empezar a moverte, porque si esto es en todo en lo que consiste el sexo, entonces Hollywood y la industria del porno tienen mucho por lo que responder.

Edward me miró en silencio un momento y luego su cara rompió en la sonrisa más grande que jamás había visto.

Luego empezó a moverse.

Dolió al principio, y no me corrí la primera vez. Estaba empezando a sentirse bien cuando Edward encontró su liberación. Se podía decir, por la mirada en sus ojos, que él estaba decepcionado, pero yo no lo estaba.

― Lo siento, ― murmuró en mi cuello. ― Esto es un poco vergonzoso.

― No, no lo es, ― respondí. ― A pesar de lo que la cultura popular nos haga creer, no creo que las mujeres encuentren a menudo la liberación la primera vez. ― Pasé mis dedos por el pelo de Edward y decidí que era mi nuevo pasatiempo favorito.

Después de todo, nos había llevado hasta ahí.

― Eso es extremadamente poco romántico, Bella. ― Edward abrió los ojos y me sonrió ampliamente. Su expresión se puso seria. ― ¿Lo dijiste en serio? Cuando dijiste que me amabas.

― Sí, ― respondí inmediatamente.

― Ayer dijiste que no podías decirlo. ― Sus dedos trazaron formas sobre mis muslos y estómago. ― ¿Qué ha pasado desde entonces?

― Ayer estábamos discutiendo, pero hoy se sentía correcto. ― Presioné un beso en su frente. ― Te amaba ayer, Edward, pero no estaba lista para decirlo. Hoy lo estaba. Todavía tenemos un largo camino que hacer. Tú todavía no confías completamente en mí, pero lo harás.

― Confío en ti... yo solo... me preocupa que si sabes más, ya no me querrás. ― Pasó sus dedos por mi mejilla. ― Cuanto más nos acercamos a Chicago, más me preocupo.

― ¿Qué significa Chicago para ti? ― pregunté, ahuecando mi mano en su cara y mirándole a sus brillantes ojos. ― Dices que no puedes recordar tu vida allí, pero cuanto más nos acercamos, más nervioso te pones.

Giró su cara y presionó un cálido beso en el centro de mi palma.

― Todavía no estoy listo, ― murmuró contra mi piel. ― ¿Podemos dejarlo por ahora?

Quería empujarle y hacerle decirme que era lo que hacía que tuviera una nube oscura sobre él. ¿Qué podía haber en Chicago que podría hacer que dejara de amarle? Pero yo no era tonta y podía ver que presionarle en eso solo le alejaría.

Además, me estaba sintiendo feliz y con energía después de nuestras actividades de la mañana, y realmente no quería perder la sensación con otra pelea.

― Puedo esperar, ― acepté, luego sonreí malvadamente y miré los panfletos turísticos que todavía estaban en el escritorio, ― pero hoy tenemos que ir a donde yo quiera.

Edward dejó otro beso en mi palma.

― Como desees.

― Todavía no puedo creer que hayas elegido el zoo. ― Edward sacudió la cabeza mientras hacíamos cola en el Zoo de Rochester. Habíamos ampliado la reserva de nuestra habitación hasta el día siguiente para que pudiéramos pasar el día en el zoo, mi elección del día.

― Era esto o un tour de la Clínica Mayo, y realmente no me apetecía eso. ― Arrugué la nariz. ― Veo el interior de los hospitales lo suficiente en mis visitas a Urgencias... No necesito ver más en ningún tour.

Edward echó la cabeza atrás y rió por mis palabras. Él estaba más feliz hoy, más como el Edward del principio de nuestro viaje y menos como el del día anterior. El hecho de que estuviera sonriendo y feliz me hizo sonreír a mí y sentirme feliz.

Éramos dos tontos sonrientes y felices. Después del drama del día anterior, se sentía bien ser una tonta durante un rato.

― Te das cuenta de que esto es solo un desastre esperando a ocurrir, ¿no? ― preguntó Edward mientras pagaba nuestras entradas. Pensé en discutir e intentar pagar la mía, pero luego decidí que sería más inteligente elegir mis batallas. Podía ser terca, pero también sabía cuando dar un paso atrás y ceder con gracia.

Me ahorraría el aliento para usarlo mejor en una discusión futura... como una sobre porqué Chicago accionaba todo tipo de problemas de autoestima en Edward que no había parecido tener en Forks.

El chico que había hablado conmigo el día anterior era muy diferente al que me había dicho que lo intentara mientras me robaba un beso. Amaba las variadas capas de Edward, pero quería traer de vuelta la confianza que había mostrado cuando me convenció de que escaparme con él era una buena idea.

― Y, ¿qué te hace pensar eso? ― pregunté, aceptando su mano y dejándole tirar de mí junto a él a través de las puertas del zoo.

― Mira nuestros antecedentes con los animales en este viaje, Bella, ― contestó Edward secamente. ― Yo he sido golpeado y perseguido por un ternero y a ti se te ha restregado un perro. ¿Puedes ver esto terminando bien?

Miré por la entrada del zoo, una bonita zona tipo patio con caminos de piedra que dirigían hacia las diferentes exhibiciones, pensando en los diferentes animales que estaban dentro de jaulas. Cuando él lo ponía como lo había hecho, ya no parecía una buena idea.

Aún así... todavía tenía esa necesidad realmente grande de ver jirafas

― Oh, estás siendo un aguafiestas, ― le informé, tirando de él detrás de mí hasta el gran poste negro que tenía señales para las exhibiciones apuntando en diferentes direcciones. Paré enfrente y solté su mano para poder usar la mía para frotarme la barbilla. ― Hmmm... ¿por dónde deberíamos empezar? Si vamos por allí, podemos ver los felinos grandes, pero por ese lado están los monos. ― Le fruncí el ceño a las señales. ― ¿Por qué lado están las jirafas?

― ¿Jirafas? ― rió Edward. ― Debería haber sabido que las jirafas eran tu animal favorito. Sacudió la cabeza. ― Yo digo que vayamos a ver los monos. Hay menos oportunidades de que nos coman que si vamos a ver los felinos.

Probablemente Edward tenía razón. Parecíamos encontrarnos en las situaciones más extrañas y un zoo tenía potencial para varias situaciones muy extrañas. Aún así, realmente quería ver las jirafas, así que deseché su comentario con una risa y, cogiéndole de la mano, le dirigí hacia los primates.

― Aquí estamos. ― Edward nos detuvo frente a la primera jaula. ― Capuchinos... ya sabes, he leído que son buenas mascotas.

Miré a los monos en la jaula y sentí mi ceño fruncirse cuando tuve una extraña sensación de familiaridad. Había visto una de esas criaturas antes en algún lugar. Eran lindos con un pelaje claro, casi blanco, alrededor de la cara que se iba haciendo marrón oscuro según bajaba por sus cuerpos. Parecían medir un pie, con un pie más de cola. Los miré de cerca y luego sonreí ampliamente cuando reconocí porqué me parecían tan familiares.

― Voy a llamar a ese Marcel, ― declaré orgullosa, apuntando hacia el Capuchino más cercano.

― No es que me oponga a ponerles nombre a los animales del zoo, aunque es un poco raro, pero, ¿puedo preguntar por qué le llamas Marcel? ― preguntó Edward, mirándome como si estuviera un poco preocupado por mi salud mental.

― ¿Nunca has visto Friends? ― contesté, rodando los ojos por su falta de conocimiento de la cultura popular. ― Marcel es el nombre del mono mascota de Ross y es igual que estos.

― Oh, ― contestó Edward, volviendo a mirar a la jaula. ― Supongo que tienes razón. Huh... bueno, ahora puedo dejar de molestar a mi padre para que me diga qué tipo de mono es cada vez que vemos la serie.

― Eso no es ni de cerca tan malo como lo mío. Yo le preguntaba a Renee si podía tener uno cada vez que veíamos la serie desde los cuatro años hasta que me mudé a Forks. Incluso lo pedí después de que ya no saliera más. La volvía loca.

Edward rió por eso y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa y, solo porque podía, me puse de puntillas para presionar mis labios contra los suyos. Quería que fuera un beso rápido y casto, pero Edward acunó mi nuca y tomó el control antes de que yo pudiera alejarme, profundizando el beso hasta que llegamos al punto en que nos tuvimos que separar o arriesgarnos a entrar en territorio no recomendado para menores de 18 años.

Afortunadamente para nosotros, no había familias o niños pequeños cerca. Solo había un par de adolescentes, obviamente en una cita, que nos miraban con los ojos como platos.

― ¡Tío! Eso ha sido increíble, ― dijo el chico. ― ¿Cómo has conseguido que ella te deje hacer eso?

― Ni siquiera lo pienses, Peter, ― le dijo la chica. ― Tienes suerte de que haya aceptado siquiera salir hoy contigo después de esa escena que hiciste con María la semana pasada.

― Uh... los Gorilas de Montaña están en esa dirección. ― Edward apuntó más allá de la jaula de los Capuchinos. ― ¿Qué dices sobre que empecemos a hacer nuestro camino en esa dirección?

― Eso suena como una idea maravillosa, ― acepté, asintiendo con gran seriedad mientras miraba a los adolescentes, que todavía estaban peleando, por el rabillo del ojo. La situación se sentía extrañamente incómoda y realmente quería alejarme.

― ¡Hey, tío! ¿Podrías decirme al menos dónde la has encontrado? ¿Tiene una hermana? ― escuché a Peter gritar desde detrás de nosotros.

Edward paró a medio paso y la mirada en su cara me dejó preocupada porque fuera a darse la vuelta y terminar siendo arrestado por asalto. Apreté mi agarre en su mano, pero se relajó cuando se oyó un fuerte golpe detrás de nosotros. Miré sobre mi hombro y vi a la chica alejándose con fuertes pisadas mientras Peter se frotaba la mejilla y la miraba furioso. Ella le había pegado.

― ¿Has mencionado algo sobre gorilas? ― pregunté, volviendo a mirar a Edward.

― Realmente quiero darle un puñetazo por sus insinuaciones, ― me dijo con la cara seria. Yo no me había sentido particularmente insultada por las palabras de Peter. Él solo era otro Mike u otro Tyler Crowley y la mejor manera de lidiar con ellos era ignorarlos. Estaba tocada, sin embargo, por el deseo de Edward de protegerme a mí y a mi... honor, a falta de una palabra mejor. Sabía que él era un buen chico pero, el hecho de que todavía quisiera defenderme, incluso después de haberse metido en mis pantalones, simplemente aumentó mis creencias.

― Es un cerdo. ― Ahuequé las manos en las mejillas de Edward y bajé su cabeza para besarle suavemente. Todavía estaba la pasión de siempre justo bajo la superficie, pero esa vez mantuvo su boca dulce sobre la mía, devolviéndome el beso tiernamente. ― Es un cerdo y no le dejaré que arruine este día. Estoy de muy buen humor, así que sigamos para poder ver esos gorilas... ¡oooh! ¿Crees que tienen Babuinos aquí? Rafiki fue siempre mi favorito de todos los personajes de Disney.

Edward rió por mi entusiasmo y envolvió su brazo fuertemente alrededor de mi cintura. Yo envolví el mío también alrededor de la suya y seguimos, Peter olvidado... al menos por el momento.

La siguiente jaula a la que llegamos era la de los tití. Esa jaula tenía muchas familias pululando, así que Edward y yo no nos quedamos mucho tiempo. Lo último que quería era inspirar a otro niño a preguntar "de dónde vienen los bebés".

― Ahora, esto es lo que quería ver. ― Edward sonrió ampliamente como un niño pequeño en Navidad cuando llegamos a la siguiente jaula. Se alejó de mí para poder acercarse a las barras. Era una jaula grande, lo que era algo esperado, considerando que contenía Gorilas de Montaña. El gran macho con la espalda plateada gruñó y miró furioso a Edward a través de la jaula.

― Creo que siente que eres una amenaza, ― comenté, siguiendo a Edward a un paso más tranquilo. Paré a unos pies más lejos y miré a los gorilas con interés. Eran animales increíblemente grandes. Edward, tras mirar a su alrededor para asegurarse de que estábamos solos, cruzó la valla que había para mantener a los espectadores detrás, de manera que pudiera estar justo frente a la jaula. ― La valla está ahí por una razón, Edward. Sal de ahí antes de que hagas que nos echen.

― Solo un segundo, Bella. Quiero mirar más de cerca a este gran chico.

El Gorila se movió hasta las barras de la jaula para poder mirar furioso y gruñir a Edward. Edward inclinó su cabeza y sonrió satisfecho.

― Creo que tienes razón sobre este chico, Bella. Cree que soy una amenaza.

― Sí, lo sé. ― Me acerqué a la vaya y miré a Edward con ansiedad. ― De verdad, Edward, aléjate. ¿Y si cruza?

― ¿Honestamente, Bella? ― Edward levantó una ceja hacia mí. ― El espacio en la jaula es demasiado pequeño. ― Golpeó una de las barras con los nudillos. ― No estoy muy preocupado porque cruce.

El gorila embistió contra las barras frente a Edward con un fuerte gruñido, haciendo que Edward, que me había estado mirando, se asustara y tropezara hacia atrás, tropezando con la valla. Vi como parecía moverse a cámara lenta, tropezando sobre la valla y aterrizando con un gemido en el lado seguro.

― Ouch, ― dijo Edward un momento después, mirándome con una mirada desconcertada en la cara. Muy parecida a la mirada que tendría el niño pequeño en la mañana de Navidad y abriera un regalo y encontrara una muñeca Barbie.

No pude evitar reír.

― Eso es lo que pasa, ― le regañé a través de mis risas. ― Te dije que te quedaras a este lado pero, ¿me has escuchado? ¡No! Ahora no te tengo ninguna lástima.

― Bella, eso no es muy agradable. ― Edward se puso de pie y se sacudió el polvo. ― Después de que te rompieras la muñeca yo fui muy agradable. Incluso la besé para que se mejorara.

Sentí el sonrojo subir a mis mejillas con el recordatorio de esa noche. Supongo que era tonto que el recuerdo me provocara esa reacción, considerando lo que habíamos hecho esta mañana, pero eso no detuvo el sonrojo.

― Hmph, te reíste de mí todo el camino de vuelta del hospital, ― contesté.

― Aún así la besé para que mejorara. ― Empezó a caminar lentamente hacia mí, lo que provocó que yo me moviera con dificultad hacia atrás. La mirada en sus ojos era oscura y de depredador –el león detrás de la oveja. Era diferente a cualquier otra mirada que había visto en sus ojos. ― ¿No vas a besarme para que me mejore, Bella?

― Creo que estás perfectamente bien, ― contesté. ― Si estás bien, no hay necesidad de un beso.

Mi retroceso fue detenido por un árbol, parte de la decoración del zoo, en mi espalda. Edward se movió con rapidez, sus brazos se levantaron para apoyar su peso a cada lado de mi cabeza y su cuerpo se presionó contra el mío.

― Hmmm... eso es algo de lo que se puede opinar, ― ronroneó. ― Yo, personalmente, siento que me sentiría mejor si me besaras. ¿No? Está bien, simplemente te besaré.

Sus labios se presionaron contra los míos, su lengua rozó mis labios hasta que los abrí para él para que pudiera clamar mi boca completamente. Enredé las manos en su pelo, gruñendo enfadada en su boca cuando la escayola entorpeció el movimiento de mi mano izquierda. La dejé caer inútilmente a mi lado, tirando en su lugar con solo una. Una de sus manos bajó del árbol para envolverse en mi propio pelo mientras que la otra bajaba para levantar una de mis piernas y envolverla alrededor de su cintura. La nueva posición le permitía moverse contra mí a través de nuestros pantalones, y la fricción me hizo gemir y tirar más fuerte de su pelo.

Una vez que respirar se convirtió en una necesidad, nos separamos. Yo estaba jadeando, pero Edward bajó su boca hasta mi cuello, yendo desde mi mandíbula hasta mi clavícula lamiendo, mordiendo y succionando. Su mano dejó mi pelo para bajar y jugar con el borde de mi camisa, levantándola unos centímetros para darles acceso a sus dedos a mi estómago.

Mi respiración se estaba calmando lentamente cuando se me quedó atrapada en la garganta y no porque Edward hubiera alcanzado un punto particularmente sensible en mi cuello (aunque lo había hecho).

Se me quedó atrapada porque vi a dos guardias de seguridad dirigirse hacia nosotros.

― ¡Mierda! ― maldije, bajando mi pierna de la cintura de Edward y liberando el fuerte agarre que mi mano tenía en su pelo.

― ¿Qué? ― preguntó Edward, levantando la vista de mi cuello con una expresión ligeramente aturdida en sus ojos. La mirada murió cuando miró sobre su hombro y vio a los guardias de seguridad. ― Oh... bueno... ― Me sonrió ampliamente. ― ¿Alguna vez has escapado corriendo de la ley?

― ¿Qué? ¡No! ― contesté, pero mi respuesta pareció no importar. Edward había agarrado mi mano y empezó a correr lejos de los primates y los guardias de seguridad. Yo me tambaleé detrás de él, preguntándome que demonios estaba pasando por su hermosa cabeza.

― ¡Hey! ¡Niños, parad! ― gritó uno de los guardias. Edward los ignoró con una risa salvaje, cogiéndome en brazos cuando volví a tambalearme.

― Me está dando la sensación más extraña de déjà vu, ― me informó, sonriendo ampliamente.

― Creo que esto es ilegal, ― contesté. ― Estoy casi segura de que es ilegal.

― Solo es ilegal si nos pillan, ― rió Edward.

Estábamos atrayendo la atención de las otras personas que estaban en el zoo, y estaba vagamente sorprendida porque nadie hubiera intentado detenernos todavía.

― Van a decirles a los guardias en qué dirección nos hemos ido, ― apunté, intentando ser la voz de la razón en esa situación loca. El rol nunca me quedó realmente bien, considerando que todo lo que Edward tenía que hacer era sonreír y tocarme y la razón desaparecía.

― Lo sé, pero quiero que veas las jirafas antes de que nos echen, ― contestó Edward.

Una vez más, la razón desapareció al suavizarme y que mi chica interior pensara "que dulce".

― Eso es increíblemente dulce, ― le dije, enfocando mi atención en colocar el cuello de su chaqueta de cuero. Era algo difícil que hacer cuando él me llevaba en brazos, pero cuando me sonrojaba tendía a evitar el contacto visual.

― Tengo mis momentos. Creo que tal vez los hemos perdido durante un rato, así que voy a soltarte.

Suavemente, me puso de pie y yo me puse de puntillas una vez más para besar sus labios. Él intentó profundizarlo de nuevo, pero me separé.

― No. ― Moví mi dedo frente a su cara. ― Eso es lo que nos metió en problemas en primer lugar. Hasta que estemos en privado, vamos a mantenerlo 'para todos los públicos', ¿está claro?

Edward suspiró derrotado y asintió. Yo no le creí ni por un segundo.

Esa mirada de león todavía estaba en sus ojos y no confié en ella ni un segundo. Sin embargo, parecía estar comportándose por el momento, así que le dejé que me llevara por el camino en dirección de lo que, asumí, eran las jirafas.

― Hay una exhibición de marsupiales, ― comentó sin emoción, como si estuviera hablando del tiempo. ― Me gustaría verla.

― ¿Por qué? ― pregunté con sospecha, sin gustarme la situación.

― Me gustan los canguros, ― contestó inocentemente. Algo olía mal en esa situación, y no era el excremento de jirafa.

¡Excremento que no podía oler, porque todavía no había visto ninguna jirafa! Honestamente, considerando lo altas que eran, cualquiera pensaría que se podrían ver a distancia.

Que niña tan inocente era, que no escuché ninguna señal de alarma, incluso aunque debería haberlo hecho. Mi novio, sucedió, tenía un lado terriblemente inteligente.

― Vamos, es solo una pequeña parada. ― Los ojos de Edward se iluminaron en una mirada que recordaba mucho a la de un cachorrito, excepto por el labio inferior que temblaba.

Edward tenía una mirada de cachorrito falsa muy buena.

― Bien, ― suspiré, ― pero nada de hacer gracias, Señor. Te estaré vigilando.

Los canguros, los cuales Edward clamó que eran los que realmente quería ver, estaban dentro de una estructura parecida a una casa que tenía acceso a un corral afuera. En ese momento, sin embargo, no había nadie en el corral.

― Las damas primero. ― Edward me abrió la puerta y me hizo un gesto para que dirigiera el camino. Si hubiera sido otra persona, habría sospechado, pero Edward siempre me abría las puertas. Él clamaba que Esme le había regañado, sermoneado y amenazado con una regla hasta que aprendió que un caballero siempre trataba bien a una dama y ella esperaba que él fuera un caballero.

Me di cuenta de que debería haber sospechado cuando, en el segundo que la puerta se cerró detrás de él, Edward me puso contra la pared a su lado y empezó a atacar mis labios de nuevo.

― ¿Qué pasa contigo? ― jadeé cuando conseguí alejarme de su beso. Edward me miró con cara de póquer como si la respuesta fuera obvia.

― Soy un chico, Bella, ― me dijo. ― Puedo ser educado y puedo tratarte bien pero, al final del día, todavía soy un chico y uno adolescente. También llevo enamorado de ti cuatro años. He pasado por mucha frustración sexual. Esta mañana desataste a un monstruo.

Él se veía un poco frustrado y maravillosamente arrugado. Me mordí el labio para contener una amplia sonrisa por la linda imagen que él tenía y luché por poner en orden mis pensamientos. Así que tenía cuatro años de frustración sexual que compensar. Eso podía ser divertido.

¡Pero no en el maldito zoo!

― Bueno, está bien saber que he desatado a un monstruo, pero no voy a tener sexo contigo en el zoo. Estuvimos de acuerdo en mantenerlo 'para todos los públicos', ¿recuerdas?

― Pero ahora estamos en privado. ― Edward pasó sus labios por mi cuello, haciéndome temblar. Tenía razón... eso era más bien privado. ― ¿No significa eso que podemos subir la calificación?

Con su cabeza inclinada en mi cuello, tenía una vista clara sobre su cabeza. Esa vista me permitía ver los amplios y curiosos ojos de uno de los canguros que estaba en el edificio.

Era un mirón.

De ninguna manera íbamos a hacer eso ahí.

― Sí... eso se siente bien, Edward, pero hay algo que destroza la experiencia cuando estoy mirando a un canguro mientras tú atacas mi cuello. No lo disfruto ni de cerca tanto como normalmente lo hago.

Me salí de su agarre y salí del edificio. Escuché a Edward murmurar algo, pero no tenía ni idea de lo que era ni de si iba dirigido a mí o al mirón.

― Haré un trato contigo, ― le dije, mirándole. La expresión de su cara era horriblemente cercana a un puchero. ― Llévame a ver las jirafas y sácanos de aquí sin que nos pillen los de seguridad y te dejaré hacerme lo que quieras cuando estemos de vuelta en el hotel.

― Creí que no ibas a intercambiar favores sexuales conmigo. ― Levantó una ceja y me sonrió satisfecho.

― Eso fue en Seattle. Además, ¿de verdad estás quejándote por esto? Lo. Que. Sea. Que. Tú. Quieras, Edward. A no ser que vaya contra mi moral... o la naturaleza humana. Y preferiría no hacer gimnasia en la cama a este punto, así que todavía no saques el Kama Sutra.

― Eso destroza toda la parte de 'lo que sea que yo quiera', ― apuntó Edward, agarrándome por la cintura y poniéndome en sus brazos de manera que pudiera besarme en la punta de la nariz. ― Pero tienes un trato. Jirafas y nada de seguridad, y luego eres mía hasta que estemos exhaustos y no podamos movernos.

― Yo no dije nada sobre cansancio y no poder moverse, ― contesté, pero me encontré a mí misma teniendo curiosidad sobre lo que podría hacerme que llevaría al cansancio y la inmovilidad.

Me encontré a mí misma entendiendo porqué Edward había tenido tantos problemas luchando contra su frustración sexual. Gruñí bajo mi aliento, maldiciéndole a él y a su habilidad de dejarme caliente y molesta. Edward escuchó el gruñido y me sonrió ampliamente.

― Vayamos a ver esas jirafas.

Cogió mi mano y me dirigió... en la dirección completamente opuesta a la que habíamos estado yendo antes.

― Creí que antes íbamos a ver las jirafas, ― dije, apretando los dientes.

― Íbamos, pero estábamos tomando la ruta pintoresca. He decidido que ahora es mejor que cojamos el camino rápido.

― ¿Debería preocuparme porque tengas un talento increíble para mentir? ― le pregunté, y luego me maldije a mí misma por pagar mi frustración con él. Sí, él era el que la había provocado, pero eso no significaba que pudiera usarle para pagarla. Al menos no cuando nuestra relación era tan nueva y débil.

Solo llevábamos juntos en la carretera seis días.

Aún así, parecía mucho más tiempo.

― No, ― me informó, dándose la vuelta para poder ahuecar sus manos en mis mejillas. ― Nunca te mentiré sobre cosas importantes, Bella. Esto era una broma más que nada. ― Descansó su frente en la mía. ― Me entiendes tan bien que olvido que en realidad solo hace seis días que me conoces. Siento si he herido tu fe en mí.

― No lo has hecho, ― contesté, pasando mis dedos por su pelo. ― Solo estoy siendo un poco perra. Edward, te amo. Confío en ti. Ahora, quiero ver mis jirafas.

Seguimos, pero Edward estaba mucho más serio y reflexivo de lo que lo había estado antes. Estaba actuando más como lo había hecho ayer, y me maldije a mí misma por hablar sin pensar.

Esa era la cosa sobre nuestra relación –él era una persona con la que era muy fácil hablar y yo no pensaba cuando hablaba y acababa diciendo cosas que no debería.

Las jirafas eran tan hermosas como recordaba. Me encantaban y creía que eran majestuosas a pesar de su extraña apariencia. Así que muchas personas no apreciaban a las jirafas. Ellos solo veían animales altos y tontos, y nunca intentaban ver su gracia.

Para ser animales que eran todo piernas y cuello, eran increíblemente gráciles.

― Te estás alejando de mí, ― murmuró Edward detrás de mí mientras yo miraba las jirafas. ― Normalmente eres muy abierta, pero ahora te estás alejando.

Me retorcí para mirarle. Abrí la boca para discutir, pero luego suspiré y asentí.

― Estamos en un... lugar tan raro en esta relación, Edward. Nos amamos, pero no nos conocemos... no conocemos los detalles pequeños. No sé nada de tu vida antes de Forks o cual es tu color favorito o cualquier favorito tuyo en realidad, y tú tampoco sabes esas cosas de mí.

― Si sientes que no me conoces, ¿cómo puedes amarme? ― preguntó Edward fríamente, mirando a las jirafas para evitar mirarme.

― Sé lo esencial sobre ti. Sé que eres amable y dulce y considerado. Sé que eres inteligente y que tienes mucho potencial incluso si tú crees que no. ― Cogí las manos de Edward y entrelacé nuestros dedos. ― Estoy enamorada de lo esencial de ti, Edward. Ahora solo tenemos que llenar la parte de los pequeños detalles.

Edward llevó nuestras manos entrelazadas a sus labios y besó mis nudillos.

― Viví en casas grupales durante seis años después de que mis padres murieran, ― me dijo. ― Todavía no estoy listo para entrar en detalles, pero ahí es donde estaba antes de Esme y Carlisle. El sistema de acogida te quita tu identidad, Bella, y tienes que re-crearte a ti mismo completamente. Las casas grupales son lo peor. No me gusta a quién creé, así que todavía estoy intentando convertirme a mí mismo en algo que me guste.

Coloqué mi cabeza contra su hombro, sonriendo suavemente por el hecho de que se estaba abriendo.

― Yo siempre me sentí más como el padre que como la hija con Renee y Charlie, ― le dije. ― Amo a mis padres, pero ahora tengo dieciocho años y no estoy completamente segura de quién soy porque nunca tuve realmente la oportunidad de explorar, estaba demasiado ocupada manteniendo a raya a Renee o alimentando a Charlie. ― Le miré a los ojos. ― Te ayudaré a entender quién es Edward Cullen si tú me ayudas a encontrar a Bella Swan.

― Te amo, ― dijo y enterró su cara en mi pelo. ― Y me encantaría ayudarte a encontrar a Bella Swan.

― Bien... ahora, si no estoy equivocada, veo unos guardias de seguridad viniendo hacia nosotros. Así que, si quieres poder recoger tu premio, será mejor que nos vayamos.

Edward rió y besó mi sien, luego me levantó una vez más en sus brazos y salimos corriendo, con los guardias de seguridad gritando detrás de nosotros.

Y nunca me había sentido más libre.


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-Bells :)