Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo dieciochoPuedo amarte así

Edward's POV

Una librería.

Ahí estaba, todo caliente y molesto y queriendo tocarla más que nada en el mundo, y Bella quería ir a la librería.

Intenté entender que parte del día de hoy la había hecho pensar en libros, pero no me vino nada a la cabeza.

Habíamos conseguido escapar de los guardias del zoo y entrar en la tienda de regalos. Ella todavía estaba riendo y yo todavía tenía el subidón que su amor me daba. Habíamos entrado en la tienda de regalos abrazados, incapaces de dejar de tocarnos.

No quería dejar de tocarla nunca.

Para cuando salimos de la tienda de regalos, ella llevaba una camisa azul claro del Zoo de Rochester, con jirafas en la parte delantera, y yo estaba sufriendo el llevar un sombrero con forma de gorila que Bella me había puesto con una sonrisa malvada y una risita.

Ni siquiera había pasado una semana y la chica me tenía comiendo de la palma de su mano. Solo por ella llevaría el recordatorio de mi vergüenza anterior.

Bella Swan no solo hacía que quisiera ser un hombre mejor, sino que me hacía un hombre mejor. Ella se negaba a quedarse sentada y dejarme malgastar mi vida.

Y yo la amaba más por ello.

La primera vez que vi a Bella, lo que me atrajo a ella fue su inocencia y su delicada belleza. Ella era como una rosa entre las malas hierbas como Jessica Stanley y Lauren Mallory. Desde el primer día que la vi, había querido sostenerla y protegerla, pero ella apenas me miró dos veces.

Así que había vuelto a caer en mis viejos hábitos en un intento de llamar su atención. Lo que realmente no funcionó, sino que tuvo el efecto opuesto al que estaba buscando.

Al principio, ella me había sonreído e incluso me había saludado, hasta el incidente de la señal de stop, después del cual, actuó como si yo no existiera. Eso fue hasta el pasado domingo por la tarde cuando ella se había subido a mi moto y me había dejado alejarla de Forks.

Ese fue el segundo mejor día de mi vida, solo detrás del día en que Carlisle y Esme me habían llevado con ellos a casa y me habían mostrado que la vida que había vivido en las casas grupales no era normal.

― ¿Edward? ¿Estás bien?

La voz de Bella me trajo de vuelta y le sonreí, quitando mis ojos de la carretera solo un breve segundo antes de devolverlos.

― Estoy bien, Bella. Incluso mejor que bien. Recuerdo haber visto un Barnes y Noble en el centro comercial. ¿Te vale eso?

― Eso sería maravilloso. ― Los brazos de Bella se apretaron brevemente a mí alrededor. ― Gracias por aceptar llevarme.

Casi resoplé por eso. No había tenido mucha elección. El diablillo que me abrazaba sabía exactamente qué botones tocar para conseguir lo que quería. En el aparcamiento del zoo, me había sonreído inocentemente y se colocó en el asiento de mi moto, luego agarró el cuello de mi chaqueta y tiró de mí hacia ella para un beso que me quemó hasta los huesos. Fue solo después de estar completamente bajo el hechizo de su boca que se separó y, de forma muy inocente, me preguntó si podíamos encontrar una librería.

Había aceptado incluso antes de darme cuenta siquiera de lo que había pedido.

Tenía un poder de sirena sobre mí, así que aparqué en el aparcamiento del centro comercial para que pudiera pasar un rato en la librería.

― ¿Qué te gusta leer? ― le pregunté, sosteniéndole la puerta de la tienda para que pudiera entrar delante de mí.

― Un poco de todo, ― contestó Bella con voz distraída mientras cogía un libro de una mesa cercana y pasaba el dedo por la espina con reverencia. Tenía la sensación de que estaba expresando su amor por los libros en general con ese gesto, más que cualquier interés particular en el que tenía.

No estaba completamente seguro, pero sentía la certeza de que el amor de Bella por los libros no se extendía a los de auto-ayuda del Dr. Phil.

― Probablemente debería avisarte, ― empezó, volviendo a colocar el libro en la pila cuidadosamente, ― de que soy una compañía terrible cuando estoy en una librería. Puedo estar atrapada durante horas. Solo déjame saber si te cansas y nos marcharemos.

Envolví mi brazo alrededor de su cintura y tiré de ella hacia mi cuerpo para poder dejar un beso en su boca sonriente. Desde esa mañana, había sido incapaz de resistirme a tocarla durante más de unos minutos. Era demasiado tentadora y yo no tenía el deseo de resistirme.

Me separé de sus labios antes de que pudieran llamarnos la atención, una vez más, por demasiadas muestras de afecto. Personalmente, no me importaba. Quería que todo el mundo supiera que Bella Swan y yo estábamos enamorados, pero sabía que eso avergonzaba a Bella así que me eché atrás.

― Ve a mirar tus libros. Yo voy a dar una vuelta hasta que acabes. Tómate tu tiempo.

Ella me dio una enorme y brillante sonrisa que me dejó sintiéndome extrañamente deslumbrado. Se puso de puntillas y me besó en la mejilla, luego corrió a las estanterías, tropezando solo una vez cuando tuvo que subir tres escalones para llegar a la sección de ficción. Reí por eso. Siempre había encontrado su torpeza extrañamente adorable, y me encantaba que me diera la excusa de cogerla en brazos en algunas ocasiones... como cuando escapábamos de la seguridad del zoo.

Vagué por las estanterías, mirando brevemente los libros que había allí. Me gustaba leer, pero no tanto como a Bella. A menudo la veía con la nariz en un libro en cualquier momento libre que conseguía encontrar. Mientras que ella se sumergía en el mundo de la ficción, yo me había sumergido en el mundo de Bella, intentando descubrir todo lo que podía de ella sin hablar con ella en realidad.

Había sido un gallina durante los pasados cuatro años. Había sido un raro momento de valentía y una sensación de frustración con todo Forks, lo que me había concedido la habilidad de hablar con Bella el pasado domingo.

Sacudí la cabeza mientras lo pensaba. El pasado domingo había estado suspirando por la chica de mis sueños, arrepintiéndome de no haber encontrado nunca el coraje de ir detrás de ella y, ahora, seis días después, estaba esperando para volver con ella a una habitación de hotel.

Donde, según nuestro acuerdo, ella estaría a mi merced durante la noche.

Pensamientos de lo que me gustaría hacerle y, debería mencionar, hacer con Bella pasaron por mi cabeza, haciendo que me hinchara y crear una situación más bien incómoda en medio de la librería.

― Hmmm... estamos un poco incómodos, ¿no?

Tragué un nudo por el ronroneo y me giré para ver a una mujer que llevaba demasiado maquillaje en la entrada del pasillo. Si no le quedaba un día para cumplir los cuarenta, dejaría de tener sexo con Bella.

Bueno, en realidad no, pero así de seguro estaba de su edad.

Sintiéndome increíblemente incómodo, cogí el primer libro que mi mano tocó y cubrí con el mi entrepierna. La entrada de la mujer había hecho un número en mi erección pero, como siempre, pensamientos sobre Bella bailaban justo bajo la superficie en mi mente, y sabía que podía volver una vez más si uno de esos pensamientos se liberaba.

Dieciocho años de celibato significaban que era una bomba de hormonas esperando explotar (literalmente) en cualquier momento.

La mujer no pareció sentir mi incomodidad. En su lugar, sus ojos cayeron en el libro y se iluminaron.

― Oooh... ¿quieres que te enseñe una o dos cosas? Me encaaaaaantaría. ― Ella parecía pensar que su sonrisa era perversa y seductora, pero no tenía nada que hacer con la de Bella. La única reacción que tuve hacia ella fue que el deseo escapara.

Bajé la vista al libro y me quedé pálido. Por supuesto, tenía que coger el Kama Sutra. Después de todo, la situación no era lo suficientemente incómoda ya.

La mujer siguió acercándose a mí, con los ojos en el libro. Lo levanté rápidamente, alejándolo de mi entrepierna, esperando que sus ojos lo siguieran. No lo hicieron.

Tenía que tener la suerte de encontrarme con la asaltacunas más cabeza hueca del mundo mientras tenía pensamientos íntimos sobre mi novia en la sección de salud de la librería.

Estaba bastante seguro de que la situación no podía ponerse peor.

Eso fue hasta que llegó la amiga de la asaltacunas.

― Robbie, encontré ese- Oooh... ¿quién este este joven tan guapo?

Ahora estaba atrapado entre las dos mujeres, cada una acercándose a mí desde los lados opuestos del pasillo. Estaba casi seguro de que iba a tener una contractura por lo rápido que mi cabeza se movía de un lado a otro para poder mirarlas a las dos. Miraba a una y me ponía nervioso por no poder ver a la otra, así que la miraba y el proceso seguía. Dándome cuenta de que así solo iba a terminar haciéndome daño, me puse a intentar ver a Bella en la sección de ficción.

No se la veía por ninguna parte.

― Estaba a punto de saber su nombre cuando has llegado Whitney. Soy Roberta Simms, pero puedes llamarme Robbie. Mi amiga es Whitney Collins... Sra. Whitney Collins.

La Sra. Whitney Collins miró furiosa a Robbie y, si no hubiera sido porque yo estaba entre ellas, probablemente me habría reído de la situación. La asaltacunas dejando en evidencia a la asaltacunas casada esperando atraer hacia ella la atención del joven hombre.

Habría sido divertido en un especial de la televisión... pero no era divertido en la vida real.

― Oh, Robbie, ― dijo finalmente Whitney, con su voz volviéndose despreocupada. ― Estoy segura de que este joven no quiere escuchar más cosas sobre el Sr. Collins de las que quiere oír sobre tus tres ex-maridos y tus cinco hijos. ¿No cumple Melissa veinte años la semana que viene?

Fue el turno de Robbie para mirar furiosa.

Seguí buscando a Bella con ansiedad.

― ¿Hay algo en ese libro en particular que te gustaría mirar, dulzura?" me preguntó Whitney, lamiéndose los labios de una forma sugestiva que me hizo sentir nauseas.

― Uhm... no. Solo estaba echando un vistazo y ahora debería... ¡Señora, por favor, no me agarre así!

― Oh, dulzura, solo estaba viendo si tus brazos se sienten tan deliciosos como se ven. ― Whitney me estaba llevando contra las estanterías y Robbie estaba justo a su lado.

Ni siquiera Mama Whitlock había conseguido asustarme de la forma que lo hacían esas dos. Mama Whitlock había sido gruñona, autoritaria y puritana, y estaba seguro de que el sexo la disgustaba hasta el punto de preguntarme como habría sido creado Jasper.

Esas dos, sin embargo, me miraban como si planearan desnudarme tan pronto como fuera posible.

Pude sentir un gemido de miedo subir por mi garganta cuando una dura voz cortó el aire.

― Aquí estás, amor. Me preguntaba donde te habías metido.

El gemido de miedo se convirtió en un gemido de alivio cuando Bella caminó con determinación hacia las asaltacunas y yo, con un brillo en los ojos que prometía herir a las dos mujeres que me estaban manoseando. Le sonreí con agradecimiento mientras las dos mujeres se separaban de mí apresuradamente, obviamente reconociendo la mirada en la cara de Bella. Los ojos de Bella cayeron en el libro que tenía en las manos, y un sonrojo apareció en las mejillas de los dos, pero consiguió hacer un trabajo admirable superando su vergüenza.

― Te dije que no necesitábamos eso, ― suspiró, rodando los ojos. Miró a las mujeres y les sonrió fríamente. ― Él parece pensar que necesitamos una guía, pero yo le he dicho que puede tocar mi cuerpo como quiera sin ningún tipo de guía de instrucción sexual, ― suspiró. ― Bien, lo llevaremos. Pero me niego a romperme otro hueso porque eres demasiado entusiasta de nuevo.

Los ojos de las mujeres fueron a su brazo y casi se les salen de las cuencas probablemente pensando, como Bella quería que hicieran, que ella llevaba la escayola debido a mi entusiasmo. Me sentí a mí mismo ponerme incluso más rojo por la alusión.

― Bueno... nosotros solo estábamos... ah... ayudándole a coger un libro apropiado. Ya sabes, como mujeres con experiencia, podemos ser de ayuda en ese área, ― explicó Robbie, cogiendo a Whitney del brazo y moviéndose hacia la salida del pasillo. ― Pero estoy segura de que vosotros dos podréis hacerlo.

― Ah, sí... y realmente deberíamos irnos. Mi marido me está esperando.

Las dos mujeres se marcharon rápidamente y yo me hundí contra la estantería.

― Gracias a Dios, ― suspiré, cerrando los ojos. Los abrí de golpe y fruncí el ceño cuando escuché a Bella reír. ― No hay absolutamente nada de divertido en esto.

― Te veías como si quisieras que te tragara la tierra, ― dijo Bella entre risitas. ― En realidad ha sido realmente divertido. Creí que la Sra. Whitney Collins iba a ponerse de rodillas en medio de la librería.

Sentí nauseas por la idea y me sentí también ligeramente enfadado por el hecho de que Bella supiera los nombres de las mujeres.

― ¿Cuánto tiempo has estado ahí antes de hacer algo? ― gruñí, molesto porque Bella me hubiera dejado pasar por eso sin intervenir inmediatamente.

― Solo unos minutos, ― dijo Bella riendo. ― Era demasiado divertido para detenerlo inmediatamente.

― Bueno, eso es increíble, ― le solté. ― Me alegro de que haya podido darte tus cinco minutos de diversión.

Lancé el Kama Sutra enfadado de vuelta a la estantería y me alejé de ella y de mi novia.

― ¿Cuál es tu problema? ― preguntó Bella, su voz llena de exasperación. ― Honestamente, Edward, tus cambios de humor son peores que los de una mujer embarazada.

― No voy a pelear contigo aquí, ― le dije. ― Solo compra tus libros.

― ¿Así que ahora vas a tener una rabieta? ― me soltó. ― Tal vez tenías razón antes. Tal vez no te conozco lo suficientemente bien como para amarte. El Edward que creía conocer no tiene rabietas como un niño de tres años.

Me quedé ahí mirándola furioso, incapaz de decir nada. Temía lo que podía salir si abría la boca para hablar.

― Ve a comprar tus malditos libros, ― dije al fin. ― Yo estaré en la moto.

Mi camino a la moto involucró muchas maldiciones y patadas y preguntas sobre qué demonios acababa de pasar. Cuando llegamos a la librería, éramos completamente felices y yo había esperado una noche pasada a solas con mi novia. Ahora estábamos peleando y ni siquiera estaba completamente seguro de porqué estaba tan enfadado.

Excepto que estaba equivocado.

Sabía que estaba herido.

Estaba herido.

Si hubiera sido Bella quien hubiera estado en mi posición, yo me habría enfadado. Habría estado verde de celos y habría hecho todo lo posible para asustar a cualquier hombre que intentara algo con mi Bella.

Ella simplemente lo había encontrado divertido, casi como si no importara que su novio tuviera encima a otras dos mujeres. Me sentía herido e inseguro porque, ¿y si sucedía que yo era como Mike? Alguien fácil con quien estar porque no podía herirla. Me había dicho a mí mismo repetidas veces que eso era imposible; porque ella me había dicho que me amaba.

Excepto... estaba bastante seguro de que, si le hubieras preguntado a Mike Newton hace un mes, él habría pensado que ella le amaba. Odiaba sentirme tan inseguro, porque quería creerla cuando decía que me amaba, pero podía recordar como me habían dicho que yo era incapaz de ser amado tantas veces que las palabras eran casi mi mantra.

― He pagado mis libros, ― dijo Bella fríamente detrás de mí. ― ¿Estás listo para irnos ahora?

Me di la vuelta para mirarla y la vista hizo que el corazón se me encogiera. Me estaba mirando con los ojos inexpresivos y vacíos de la luz que tanto amaba.

― Sí, ― dije ahogadamente. ― Estoy listo para irnos.

El viaje al motel fue en silencio, igual que lo fue el camino hasta nuestra habitación. Incluso después de haber entrado, todavía había silencio. Un silencio espeso e incómodo lleno de palabras que necesitaban ser dichas pero que ninguno de los dos estaba dispuesto a decir.

― He destrozado las cosas, ¿verdad? ― pregunté con voz tensa. ― Siempre destrozo las cosas.

Bella se sentó en la cama e hizo un sonido no-comprometedor. Yo me senté a su lado. No sabía como hacer eso bien y me estaba matando.

― No entiendo porqué estabas tan molesto, ― dijo al fin. ― Puedo entender que estés un poco enfadado porque no apareciera antes, pero has sacado esto de proporción. Hay veces en que siento que te conozco, que te conozco realmente y no solo lo esencial de ti, y entonces tu humor cambia repentinamente y estoy de vuelta en el momento en que eras un misterio. Siento que estoy ciega aquí, Edward.

Me pasé las manos por el pelo y apoyé los brazos en mis rodillas.

― Si hubieras sido tú, Bella... si dos tipos hubieran estado encima de ti como lo estaban esas mujeres, no lo habría dejado pasar, les habría echado a patadas. Habría estado celoso y posesivo y tal vez a ti no te hubiera gustado, pero yo me sentí herido cuando tú no fuiste celosa y posesiva. Porque tampoco eras así con Mike.

― Siempre volvemos a Mike, ¿verdad? ― gruñó Bella. ― Mike y tus inseguridades. ¿Qué tengo que hacer para convencerte de que me importas, de que te amo y que Mike fue difícilmente un puntito en el radar de mi vida? Edward, lo dejé todo atrás y me subí a tu moto solo porque tú me hacías sentir más, como un completo extraño, de lo que Mike me hizo sentir durante los cuatro años que estuve con él. No estaba celosa de esas mujeres porque, no solo eran lo suficientemente mayores para ser tu madre, sino porque me miras como si yo fuera tus sueños hechos realidad. Mike me miraba como si fuera una chica que debería estar feliz por estar cerca de él. Él era un cerdo. ¿Por qué sigues hablando de él cuando está en el pasado?

― ¡Porque no lo está! ― Me puse de pie y empecé a caminar de un lado a otro. ― Han pasado seis días, Bella. Hace seis días ignorabas mi existencia, ¿pero ahora dices que me amas? Quiero creerte, Dios sabe que quiero creerte... pero parece imposible. Parece más que tú crees que estás enamorada de mí porque se supone que yo estoy prohibido. Cuando eso se pase, cuando empieces a ver quién soy en realidad, ¿vas a sentirte igual? Porque tú no sabes quién soy en realidad, Bella. Tú no conoces a la parte de mí que toca el piano para mi madre o que lee artículos médicos solo para poder hablar de ellos con mi padre. Ese es quién soy en realidad.

― ¿Crees que quiero al delincuente como el que mi padre te describió? ― me preguntó incrédula. ― Edward, la razón por la que te ignoré fue que creí que eras ese delincuente y no quería tener nada que ver con él. No soy Jessica. Lo prohibido no me llama porque está prohibido. Quiero al chico que no me besaba porque creía que estaba enamorada de mi ex. Quiero al chico que juega a las veinte preguntas y que tiene la capacidad de esperar por un amor que parece imposible durante cuatro años. ― Ahuecó las manos en mis mejillas. ― Y creo que es increíblemente dulce que toques el piano y leas artículos médicos solo para tener algo en común con tus padres. Y quiero oírte tocar algún día, incluso si solo es Mary Had a Little Lamb. Tengo fe en ti, Edward... ¿no podrías intentar tener un poco en mí... en nosotros?

Presioné mi frente contra la suya.

― Me siento como si estuviera haciendo todo esto mal, ― admití. ― Tú mereces velas y flores y que te recoja y me presente a tu padre. En su lugar, tienes un brazo roto y espectáculo detrás de espectáculo.

― Me gustan las aventuras, ― me dijo. ― Y, bueno, el brazo roto es irritante... pero no renunciaría ni a un segundo de este viaje por nada del mundo. ― Presionó sus labios contra los míos. Yo gemí y enterré mis manos en su pelo, permitiéndome a mi mismo perderme en su beso.

― Edward, ― murmuró cuando nos separamos. ― ¿Me cuentas más sobre las casas grupales?

Me congelé, todavía sosteniéndola pero difícilmente permitiéndome a mí mismo respirar, sus palabras fueron una gran sorpresa.

― ¿Por qué quieres saberlo? ― pregunté lentamente.

― Porque en ellas te desarrollaste. ― Tiró de mí hasta la cama con ella, colocándonos de manera que ella estuviera sentada contra la pared, mientras que yo dejaba mi cabeza en su regazo para que ella pudiera jugar con mi pelo. ― Y en alguna parte de ese desarrollo, te hicieron daño. Quiero conocerte y eso significa conocer también las partes oscuras.

Me humedecí los labios nervioso. Había esperado no tener que lidiar con eso hasta estar en Chicago. Estaba seguro de que si iba allí, de vuelta a donde todo empezó, podría superarlo y sería capaz de contarle todo a Bella.

Esto parecía ser demasiado pronto.

― No sé... tal vez después de estar en Chicago-

― Volver no va a mejorarlo, Edward, ― murmuró. ― No me lo cuentes todo. Cuéntame solo lo básico. Eso será suficiente por ahora.

― No son lugares bonitos, Bella, ― dije al fin. ― Hay muchos niños. Yo fui a casas grupales para chicos. Era el más pequeño en la primera, cuando tenía tres años. Acababa de perder a mis padres y estaba aterrorizado. Éramos muchos y no había adultos suficientes, así que tendíamos a estar un poco abandonados.

― Eso es terrible, ― murmuró Bella.

― No estaba mal, ― contesté. ― Era mejor que en los que prestaban demasiada atención. La gente no era agradable allí, Bella. Ser abandonado a veces era mejor que tener atención.

Hubo una larga pausa antes de que ella finalmente hablara de nuevo.

― Ellos... fuiste... ¿alguna vez abusaron de ti? ― Su voz era casi demasiado baja para oírla, pero conseguí captar sus palabras.

― No de la forma que estás pensando, ― le dije. ― Nunca me golpearon. Hubo un par de guantazos aquí y allí, pero nada demasiado terrible. Hay otros tipos de abuso, y a ellos les gustaba el verbal. Tienes que entender, Bella... el sistema de acogida, destruye completamente tu identidad. Toman quien eras cuando entraste y lo destruyen. Yo solo tenía tres años, así que en realidad no sabía quien era igualmente pero, para cuando fui adoptado, incluso la más mínima pizca de personalidad que tenía había sido tomada. Para ellos, era imposible amarme. Crecí creyendo eso.

― Lo siento mucho, ― murmuró Bella, y sus ojos brillaban con lágrimas. Le sonreí, levantando el brazo y alejándolas.

― No lo sientas, ― le dije. ― Si no hubiera sucedido así, nunca habría sido encontrado por Carlisle y Esme. Carlisle fue mi médico cuando tuvieron que darme puntos. Yo vivía en Nueva York en ese momento. Ellos me salvaron de mí mismo, Bella.

― Es posible amarte, ― me dijo con fiereza, inclinándose para mirarme a los ojos. ― Si pudiera conocer al monstruo que te dijo otra cosa, yo... bueno, les causaría daño corporal de alguna forma que no estoy segura. Pero lo haría.

Reí y me senté para poder atraerla a mis brazos y besarla sonoramente.

― Desearía poder verlo, ― le dije una vez que nos separamos, jadeando. ― Imagino que serías fiera para protegerte. Serías magnífica.

Bella se puso roja.

― No estoy segura de que magnífica sea la palabra que yo usaría... probablemente fallaría, ― murmuró, haciéndome reír de nuevo.

― Magnífica es la palabra perfecta. ― Rocé mi nariz contra la suya. ― Quiero tener una cita contigo.

― ¿Una cita? ― Pareció divertida por el cambio de tema. ― Acabas de llevarme al zoo.

― Me refiero a una cita normal. Cena y una película en la que pasemos todo el tiempo besándonos en la fila de atrás y yo intenté toquetearte.

― Ya lo haces igualmente. ― Bella rió, envolviendo su brazo alrededor de mi cuello.

― Sí, pero nunca en una cita oficial. Vamos, Bella... ¿no saldrías conmigo? ― Me incliné y empecé a besar y mordisquear su cuello, haciendo que ella soltara una mezcla de risa y gemido.

― Vale, ― dijo, echándose atrás. ― Saldré contigo... pero yo tengo que ser la que haga lo de los toqueteos.

No contesté, eligiendo distraerme con su cuello otra vez.

La cita fue sorprendentemente bien. La llevé a The Keg a cenar y luego fuimos al cine a ver una película para chicas en la que salía Gerard Butler.

― Me encanta su acento, ― admitió Bella tímidamente mientras entrábamos al cine. Yo llevaba una bebida grande para compartir y ella llevaba una bolsa de M&Ms.

― Se supone que no debes decirle a tu cita que te encanta algo de otro hombre, ― bromeé. ― Me pondrás celoso.

Ella me sonrió ampliamente.

― También es terriblemente sexy y si alguna vez le veo me escaparía con él en un segundo, ― contestó. ― Pero está bien, está en mi lista de libertades.

― ¿Tu lista de libertades? ― pregunté, levantando una ceja.

― Es una lista de personas famosas con las que te darías alguna libertad, incluso si estás en una relación. La mía está compuesta por Gerard Butler, Patrick Dempsey, Eric Dane, Hugh Jackman, Robert Downey Jr. y Peter Facinelli, ― se encogió de hombros.

― Te das cuenta de que ninguno tiene menos de treinta años, ¿verdad? ― pregunté, divertido por la lista de hombres mayores.

― ¿Y? Todos son muy atractivos. ¿Quién estaría en tu lista?

Reí.

― ¿De verdad quieres que te diga qué estrellas de Hollywood encuentro atractivas? ― pregunté incrédulo.

― Sip, ― resaltó la 'p'. ― Es lo justo. Yo te he dicho la mía. Además, no podemos empezar a besarnos y toquetearnos hasta que apaguen las luces igualmente. Si no sería hortera.

― Bien, ― rodé los ojos. ― Seis mujeres a las que pondría en una lista de libertades... Scarlett Johanson.

― Cliché, ― resopló Bella.

― Es muy atractiva, ― contesté. ― Ahora, nada de interrupciones. Es mi lista. Scarlett Johanson, Carrie Underwood, Amanda Seyfried, Beyonce, Rachel McAdams y Nina Dobrev.

― Hmmm... En realidad, Rachel McAdams es mi actriz favorita, así que si alguna vez tuvieras la oportunidad de usar tu libertad con ella, probablemente presumiría de ello. Ya sabes, 'Yo estoy con el chico que se lió con Rachel McAdams'.

― Eres completamente ridícula. ― Me incliné y la besé.

― Te he dicho que enrollarse antes de que apaguen las luces es hortera, ― murmuró cuando me separé.

― Siempre me ha gustado ser hortera.

Terminamos pasando la mayor parte de la película pegados por los labios ya que la película era bastante mala. Butler interpretaba a un tipo que, por lo que pude deducir, era un total gilipollas intentando enseñarle a la protagonista femenina el arte de la seducción. Sin embargo, no sabría decirte los nombres de los personajes o algo más sobre el argumento. Para cuando las luces volvieron a encenderse, Bella estaba cómodamente colocada en mi regazo.

― ¿De qué iba la película? ― me preguntó cuando dejamos el cine.

― No estoy completamente seguro, ― admití. ― Tú me estabas distrayendo, así que no he podido verla.

― ¿Yo te estaba distrayendo? ― Bella resopló. ― Yo no soy quien puso a la otra persona en su regazo para tener mejor acceso.

Un grupo de chicas adolescentes que salían del cine detrás de nosotros rieron por las palabras de Bella, así que ella giró la cabeza para mirarlas.

― Lo entenderéis algún día cuando tengáis vuestro propio novio súper sexy. Hasta entonces, podéis dejar de mirar el trasero del mío.

Las chicas le hicieron una mueca, pero Bella envolvió mi brazo a su alrededor y se acurrucó a mi lado.

― ¿De dónde a venido eso? ― le pregunté.

― Antes te estabas quejando porque no me ponía celosa. Bueno, ― se encogió de hombros, ― esas chicas no eran lo suficientemente mayores como para ser tu madre, así que he decidido mostrar los dientes.

Reí y la apreté más contra mí.

― ¿Hay algo más que quieras hacer?

― Sí. Quiero volver a la habitación.

― Oh. ― Me sentí un poco decepcionado. ― ¿Estás cansada?

― No. Pero, personalmente, siento que fui un poco dura con el Kama Sutra cuando dije que no deberías comprarlo. Para compensar mi mal juicio, compré la copia que estabas usando antes para protegerte. Creo que el número treinta y seis parece particularmente interesante, y realmente tenemos que trabajar en mi flexibilidad para que podamos llegar al número cuarenta y ocho- ¡Qué demonios, Edward!

Bella agarró mi camiseta cuando la levanté del suelo y empecé a correr hasta mi moto.

― Nada de hablar, hay que correr.


Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells :)