Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo 20Desentrañando

― Sabía que iba a terminar mal.

Habían pasado dos horas y desaparecido tres cuartos de la hamburguesa desde que Edward y yo entramos en Papa E's Bar and Grill. Ahora estaba fuera del baño de hombres al lado de Rosalie escuchando a mi novio vomitar todo lo que llevaba dentro, mientras Emmett comentaba lo que estaba saliendo.

― Definitivamente, deberías haberle echado menos ketchup, tío. Ese es un color asqueroso.

― Gracias por el apunte, Emmett, ― escuché a Edward contestar con voz entrecortada. ― La próxima vez deberías aconsejarme no comer la hamburguesa de seis libras.

― ¡Yo lo intenté! ― dije a través de la puerta. ― No funcionó. No tienes a nadie a quien echarle la culpa más que a ti mismo.

Rodé los ojos y sacudí la cabeza hacia Rose, que me sonrió sarcásticamente.

― Son hombres. La única diferencia entre un hombre y un niño pequeño es que el niño no esta ni de cerca tan obsesionado con el sexo.

No pude evitar reír. Nunca se habían dicho palabras más ciertas.

― Volvamos al bar y dejemos que los chicos lidien con... eso. ― Rose arrugó la nariz al oír a Edward vomitar audiblemente una vez más en el baño de hombres.

― Esa es una idea genial, ― acepté rápidamente, sintiendo mi propio estómago empezar a rebelarse por el sonido. Tal vez fuera una novia terrible, pero no podía evitar sentirme aliviada porque Emmett estuviera ahí para ayudar a Edward. No creo que yo pudiera hacerlo sin ponerme enferma.

― Emmett tuvo la misma reacción la primera vez que probó la Hammer, ― me dijo Rose, alejándome de los baños y guiándome de vuelta a nuestra mesa. Había sido limpiada, incluyendo la hamburguesa que había sobrado y había caído al suelo cuando Edward salió corriendo al baño. ― Lo intentó tres veces antes de conseguir terminarla. Si está la mitad de orgulloso cuando tengamos hijos, será el padre más orgulloso de este lado de Minnesota.

― ¿Va a estar ese chico tuyo más tiempo en el baño? ― Aparté la mirada de Rose para mirar a Eleazar, que estaba de pie al lado de nuestra mesa con las manos en las caderas. ― Los moteros se niegan a acercarse a los urinarios hasta que ese chico salga, y el costado de mi bar empieza a parecerse a un árbol que ha sido marcado por un lobo.

Miré por la ventana a mi derecha. Felix estaba ahí mirando hacia abajo con la misma concentración que yo tenía cuando hacía un examen de biología. Un momento después, levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los míos. Me sonrió ampliamente y me saludó con la mano, incluso mientras su otro brazo se movía hacia arriba abrochándose la cremallera.

Casi vomito yo también.

― Oh Dios, eso es asqueroso, ― dije, mi cabeza se alejó rápidamente de la ventana y volvió a Rose. Aparentemente, ella era más inteligente que yo y evitó a propósito mirar hacia la ventana.

― Ahora estás en el mundo de los moteros, Bella. Tendremos suerte si Felix se lava siquiera las manos con saliva antes de que vuelva a su partida de billar. ― Rose se estaba mirando la uñas, aunque miró por sus pestañas cuando sonó la campana sobre la puerta y Felix entró una vez más en el bar. Miré atrás para verle coger su taco una vez más y puse una mueca.

― Recuérdame no tocar ese taco.

― Tengo desinfectante en el bar para esas cosas. ― Eleazar movió la cabeza hacia mí. ― Si no lo tuviera, no sería seguro tocar ninguno de esos tacos. Dile a tu chico que se de prisa. Lleva una eternidad limpiar las manchas de orina.

― ¿Es eso higiénico? ― le pregunté a Rose mientras Eleazar volvía a entrar en la cocina. ― ¿Dejar que esos tipos hagan eso?

― ¿Por qué crees que va y lo limpia? Ninguna persona sana limpia manchas de pis solo porque sí, Bella. Eleazar lo hace para cumplir los estándares de sanidad. Tal vez deberíamos ir a revisar a Edward y Emmett de nuevo...

― ¡No hay necesidad, Rosie! ― gritó Emmett, uniéndose a nosotros una vez más. Edward le seguía, todavía un poco pálido, pero al menos ya no estaba verde.

― ¿Estás bien? ― pregunté, echando atrás una silla. Edward se tiró en ella con una sonrisa agradecida.

― Mucho mejor, ― contestó, poniendo su cabeza en mi hombro. ― Recuérdame escucharte la próxima vez que me digas que no haga algo. Eres bastante inteligente con ese tipo de cosas.

― Estoy al tanto de eso, ― contesté secamente. ― Y, solo para que lo tengas claro, no vas a besarme hasta que hayas tenido tiempo para lavarte los dientes... durante media hora. ¿Lo entiendes?

Edward levantó la cabeza e hizo un puchero, pero yo resoplé por su expresión, nada impresionada.

― No eres ni de cerca tan lindo después de haberte escuchado vomitar durante diez minutos. Esa mirada no va a funcionar hasta que te hayas lavado los dientes. Durante media hora. ¿Lo tienes claro?

Edward suspiró y volvió a dejar su cabeza en mi hombro.

― Bien, bien, ― murmuró.

― ¿Vas a estar bien para conducir? ― le pregunté a Edward. ― Estamos a solo dos horas de Chicago y llamé para dejarle saber a Alice que estábamos a solo unas horas cuando pasamos Madison.

― Estoy bien, ― contestó Edward.

Al mismo tiempo, Emmett dijo, ― la única forma de que conduzca una moto es atándole y que conduzcas tú.

Miré entre los dos divertida, luego me giré hacia Rose.

― Y, ¿qué va a ser? O está bien, o tengo que aprender a conducir una moto... hoy.

― Ninguna, ― contestó Rose. ― Yo conduciré la moto de Edward y él puede ir detrás de mí mientras tú vas con Emmett. Pondría a los chicos juntos, pero las motos no fueron hechas para soportar a dos hombres grandes, así que esto es mejor, por el bien de la seguridad.

― ¡No voy a dejar que un extraño conduzca mi moto! ― gritó Edward. ― Esa cosa es mi bebé. ¿Sabes cuánta sangre, sudor y lágrimas he puesto en ella? Cuando compré esa moto, solo era un bloque de metal que no podría arrancar ni aunque fuera el final del mundo. He arreglado ese bebé con mis propias manos.

― ¿De verdad? ― Rose se veía interesada, y la expresión de Edward se volvió un poco avergonzada.

― ¡Vale, en realidad fue el mecánico de Forks y yo solo le pagué haciendo trabajos sencillos en el garaje, pero aún así hizo falta mucho trabajo!

― No sabía eso, ― dije. ― Aunque, explica porqué Jerry siempre te defendía frente a Charlie. ¿Cuándo dejaste de trabajar allí?

― No lo hice. Simplemente dejé de trabajar después de la graduación cuando Jerry me dijo que tuviera el verano para ser salvaje una última vez antes de unirme al mundo real. ― Edward me sonrió ampliamente. ― Yo soy el que siempre hizo los cambios de aceite en esa basura que llamas camioneta. ¿Ya ha muerto?

― No insultes a La Cosa, ― contesté fríamente. ― Me encanta La Cosa. Tiene carácter... y me salvó el trasero cuando Tyler Crowley casi me da un golpe con la furgoneta de su madre el primer año. Si hubiera estado en, digamos ese precioso Mercedes que tu padre conduce, nunca habría sobrevivido a la colisión.

― ¿Chicos? ― Rose dio un fuerte golpe en la mesa. ― Por muy interesante que es esta conversación, ¿podemos centrarnos, por favor? Si queréis llegar hoy a Chicago, Edward, vas a tener que dejarme conducir. No sería seguro para ti conducir después de haber estado tan enfermo. No quieres poner a Bella en peligro, ¿verdad?

Tenía la sensación de que Rose sería una abogada increíble. Sabía exactamente que botones tocar para hacer que las cosas fueran a su manera. Con sus palabras, la expresión de Edward se volvió seria y me miró preocupado antes de volver a mirar a Rose.

― Tienes razón. Tienes que prometer mirar siempre la carretera... y no usar el embrague con demasiada dureza. Los frenos son sensibles, así que ten cuidado con ellos. Y siempre, siempre, conduce a la velocidad recomendada.

Rose rodó los ojos pero asintió, incluso mientras yo resoplaba audiblemente.

― ¿De verdad? ¿Le estás diciendo a alguien que conduzca a la velocidad recomendada? ¿Sabes siquiera cuál es el límite de velocidad?

― No estoy seguro, pero estoy seguro de que está indicada a lo largo de la carretera, ― contestó Edward creídamente. ― Es mi moto, Bella. Si quiero correr, puedo hacerlo. No se aplican las mismas reglas a personas que no son propietarias de la moto. Así es como funciona. Rose tendrá que aceptar los términos o esta noche dormiremos bajo las estrellas.

― No, tú dormirás bajo las estrellas esta noche. Yo dejé de ir de camping con Charlie cuando tenía catorce años porque odio dormir bajo las estrellas. Conseguiré que alguien me lleve. Estoy segura de que a Felix le encantaría hacerlo. ― Moví mis dedos hacia Felix que estaba mirando a nuestra mesa mientras preparaba su próximo tiro. Me sonrió ampliamente y me guiñó el ojo mientras me devolvía el saludo.

La combinación del guiño y el recuerdo de lo que él había hecho, o no hecho, con esas manos casi me hizo querer vomitar de nuevo.

― Creo que ese intento de ponerme celoso te ha explotado un poco en la cara, ― comentó Edward, mirando entre Felix y mi cara, que probablemente se veía un poco enferma.

― Sí... definitivamente lo ha hecho, ― acepté, girándome de vuelta hacia Rose y Emmett.

― Y, ¿qué hemos aprendido de ello? ― preguntó Edward haciéndose el listillo, sin querer dejar la conversación hasta haber probado su punto.

Me pregunté si estábamos en el punto de nuestra relación en que podía negarle sexo. Pensé que probablemente tienes que haberlo tenido más de una vez antes de que fuera una buena amenaza.

― Bueno, ¿Bella? ― bromeó Edward.

― Creo que Emmett está equivocado y que probablemente estés bien para conducir hasta Chicago, ― contesté con un puchero. ― Si puedes tomarme el pelo así, no puedes estar tan mal.

― ¿Ves? Bella está de acuerdo en que estoy bien, ― le señaló Edward a Emmett. ― Así que eso significa que estaré bien para conducir.

Se puso de pie e inmediatamente tuvo que sentarse de nuevo cuando sus piernas casi le dejan caer.

― Estás bien hasta que intentas ponerte de pie, ― contestó Rose secamente. ― Entonces tu cuerpo te recuerda que acabas de pasar más de diez minutos expulsando todo lo que tenías en el estómago. Sabemos de qué estamos hablando, así que dame las llaves.

― Te las daré en la moto, ― murmuró Edward petulante. ― Hasta entonces, se quedan conmigo.

Rose rodó los ojos y murmuró algo sobre 'niños paranoicos' bajo su aliento.

― ¿Estás segura de que no te importa conducir su moto? No me gusta que cambiéis vuestros planes. Quiero decir... somos casi extraños, ― apunté.

Rose hizo a un lado ese comentario.

― Considera esto mi acto de la década de Buena Samaritana, ― me dijo con una sonrisa. ― Además, es tu chico el que va a dejarme conducir su moto. Para los hombres, eso equivale a entregar a su primogénito.

― Es cierto, ― murmuró Edward. ― Esa es la razón por la que no quiero hacerlo.

Rodé los ojos. Tal vez era porque el único vehículo que había tenido era La Cosa, pero nunca había sido capaz de comprender la obsesión que algunas personas parecían tener con su forma de transporte. Claro, la moto de Edward ayudaba a ese rollo de "chico malo" que él tenía, pero aún así solo era un gran trozo de metal.

― Bien entonces. ― Emmett se puso de pie y le extendió su mano a Rose. ― Si queréis llegar a Chicago hoy, entonces será mejor que salgamos a la carretera. ― Miró a Edward. ― Tendrás que entregar tus llaves ahora.

Edward sacó las llaves de su bolsillo y las miró con anhelo, antes de mirar a Rose con sospecha.

― ¿Crees que tenemos tiempo para revisar antecedentes penales? ― me preguntó con los ojos mirando entre sus llaves y la mano extendida de Rose.

― Oh, por el amor de- ― no me preocupé en terminar la frase, eligiendo en su lugar estirar la mano y quitarle a Edward las llaves para dejarlas en la mano de Rose. ― Asegúrate de mantenerle bien alimentado y, necesita amor o, si no, empieza a lloriquear.

― No puedes ir dando las llaves de otra persona, ― se quejó Edward. ― Además, ¿qué tipo de instrucciones de cuidado son esas? ¿Darle amor o empieza a lloriquear? ¡Mi moto nunca lloriquea!

― Estaba hablando de ti, ― le informé secamente. ― Mientras estabas acariciando y susurrándole palabras de amor a tus preciosas llaves, yo tomé la decisión de escaparme con Emmett. Tal vez él necesite ser alimentado más, pero no parece estar teniendo una relación con una moto.

Rosalie resopló.

― Eso es porque nadie está intentando quitarle sus llaves, ― murmuró. Creo que Emmett contestó algo, pero no lo escuché. Estaba demasiado ocupada siendo distraída por Edward.

― Dejándome por Emmett, ¿hmmm? ― Levantó una ceja. ― Bueno, entonces, tendré que darte algo para que me recuerdes, para asegurarme de que estás arruinada para otros hombres.

Inclinó la cabeza para besarme, pero yo giré la cara en el último momento para que me lo diera en la mejilla.

― Todavía no te has lavado los dientes, ― le dije con una sonrisa avergonzada. ― Ni siquiera por ti besaré ha alguien que ha vomitado. Es asqueroso.

Edward suspiró y descansó su frente contra la mía.

― He pasado mucho tiempo sin un beso Bella, ― murmuró, haciendo un puchero.

― Deberías haberlo pensado antes de intentar comerte una Hereford Hammer. ¿Qué hemos aprendido de esta experiencia? ― repetí sus palabras de antes.

― ¿Qué eres cruel?

Resoplé.

― Difícilmente. Hemos aprendido que cuando Bella dice algo, tienes que escuchar. Porque Bella sabe que es lo mejor.

― ¿Esta cosa de hablar en tercera persona va a durar mucho? ― preguntó Edward, sonriéndome ampliamente. ― Porque puedo verlo convertirse en algo irritante bastante rápido.

Golpeé suavemente su pecho y me puse de puntillas para besarle en la mejilla antes de alejarme de él y acercarme a Rose y Emmett, que estaban esperando pacientemente a que termináramos nuestras muestras de afecto y nos uniéramos a ellos en la puerta.

― ¿Ponemos este viaje en la carretera? ― pregunté, dando una palmada cuando llegué a ellos.

― Por supuesto, ― aceptó Emmett. ― ¿Esa escena de allí significa que ya no vas a escaparte conmigo?

Palmeé su brazo con falsa lástima.

― Lo siento, Emmett, pero le he prometido a Edward la oportunidad de volver a ganarme. Tendremos que aguantarle un poco más.

― Pagarás por ese comentario, ― gruñó Edward en mi oído, haciéndome estremecer. Su voz me hacía cosas raras cuando gruñía.

― Parece que vas a tener que conformarte con quedarte conmigo, ― le dijo Rose a Emmett secamente. ― Por lo que parece, Bella está firmemente envuelta alrededor del pequeño dedo de su Bestia.

― Yo no diría alrededor de su pequeño dedo. Más bien alrededor de su pequeña p-

Rose le dio un fuerte codazo a Emmett en el pecho, haciendo que el aire dejara sus pulmones y sus palabras fueran cortadas con un '¡oof!'

― ¡Y tú ni siquiera lo pienses! ― añadió Rose hacia Edward cuando éste fue a abrir la boca. ― Conozco a los hombres y tu tienes una de esas miradas que dicen 'debo defender mi talla'. No habrá bromas sobre tallas mientras estés conmigo, ¿lo entiendes?

― ¡Sí, señora! ― La respuesta de Edward fue tan enérgica que casi esperé verle haciéndole a Rose un saludo militar. Ella le miró con sospecha, como si estuviera intentando decidir si le estaba tomando el pelo. Finalmente decidió que era sincero y asintió.

― Vale, ahora arranquemos tu moto. ― Rose le agarró por el brazo y le arrastró fuera del bar. Él me miró y vocalizó '¡ayúdame!' pero yo solo reí y me despedí con la mano.

No había manera de que provocara a Rose, ni siquiera por Edward.

Emmett, como pronto descubrí, era mucho más hablador que Edward. No podía pasar cinco minutos sin comentar algo, incluso si era algo tan tonto como ver una nube con forma de conejo.

Me ponía nerviosa cuando hablaba de las nubes. Si estaba mirando a las nubes con la suficiente atención como para ver su forma, significaba que no estaba mirando a la carretera.

― ¡Ojos en la carretera, Emmett, por favor! ― grité cuando empezamos a girar bruscamente hacia la cuneta.

― Oops, lo siento, Bella. ― No podía ver su cara, pero la voz de Emmett ciertamente sonaba avergonzada. ― Pero, ¿lo has visto? Esa nube se veía exactamente igual al T-Rex de Parque Jurásico.

― Me la he perdido, lo siento, ― contesté secamente.

― Está bien. ― Vi un hoyuelo aparecer en la mejilla de Emmett. ― Me aseguraré de que la próxima vez lo veas.

No me di cuenta de que había gemido en voz alta hasta que Emmett empezó a reír ruidosamente.

― ¿Te estoy haciendo sentir incómoda, Bella? ― preguntó, y vi el hoyuelo de nuevo.

― Un poco, ― admití, sintiéndome un poco avergonzada. ― Cuando miras las nubes... ― dejé ahí la frase.

― A Rose tampoco le gusta que lo haga, ― contestó Emmett. ― Cuando empiezo, me hace aparcar para que ella pueda conducir... hmmm...

― ¿Qué? ― pregunté. ― ¿Qué es hmmm? ¿Es hmmm algo bueno?

― Solo me preguntaba... ¿te gustaría aprender a conducir este bebé? ― Emmett frenó, deteniéndose en el arcén.

― Uh... hoy no es posible. Estoy fuera de servicio. ― Moví mi muñeca herida frente a su cara.

― Pffft, ― resopló. ― Todavía puedes conducirlo, solo tienes que ser un poco más cuidadosa. Todavía tienes casi el uso completo de tu mano y yo estaré aquí para ayudarte si lo necesitas.

― ¿Estás loco? ― pregunté cuando Emmett se bajó de la moto y me hizo un gesto para que me pusiera delante. ― Porque hacerme conducir una moto con una muñeca rota definitivamente parece una locura.

― Posiblemente, ― contestó Emmett brillantemente. ― ¿Estás diciendo que no quieres aprender?

― Yo... ― paré. Realmente no había pensado en ello. Edward conducía y yo solo montaba. Así es como iba.

Pero no tenía que ser así...

― ¿No dejarás que pase nada? ― le pregunté. ― ¿Si pareciera que voy a chocar, tomarías el control y nos mantendrías con vida?

― Por supuesto, ― contestó Emmett, subiendo detrás de mí. ― Si Rose no me matara, entonces creo que lo haría tu Edward. ― Me sonrojé con eso, pero también me gustó como sonaba. Mi Edward. ― Ahora, este es el embrague. Este es el acelerador y este es el freno. Para empezar, tendrás que soltar lentamente el embrague mientras aceleras. No aceleres mucho o saldremos disparados cuando sueltes el embrague y entonces ni siquiera yo podría salvarnos. Cuando sea el momento de soltar completamente el embrague, sentirás un pequeño salto. Espera al salto o se calará.

― Vale. Así que, soltar despacio el embrague y acelerar y- ¡SANTA MIERDA!

Había hecho lo que Emmett me dijo que no hiciera y aceleré demasiado. Él maldijo y agarró los manillares, consiguiendo controlar la moto y detenernos.

― Vale, ― dijo una vez que paramos. Él respiraba con fuertes jadeos. Yo estaba demasiado asustada para respirar y solo conseguí hacerlo cuando mis pulmones empezaron a arder. ― Ahora que sabemos que sabes como no hacerlo, intentémoslo de nuevo.

― Definitivamente estás loco si crees que voy a intentarlo de nuevo. Cambiemos. Probablemente Rose y Edward estén ya en Chicago y se estarán preocupando. ― Intenté bajarme de la moto, pero Emmett me tenía firmemente sujeta en mi lugar. Unos grilletes no habrían sido más efectivos.

― Estás exagerando enormemente en el tiempo que ha pasado. Esta vez, voy a poner mis manos sobre las tuyas para que sepas que presión aplicar y cuando soltar el embrague. Coloca tus manos.

Tomé aire profundamente y lo solté despacio. No me sentí calmada al momento, así que repetí el proceso. Al final, decidí que estaba lo suficientemente calmada y coloqué mis manos una vez más.

― Vale, hagámoslo, ― dije, agarrando los manillares.

El arranque fue mucho más suave esa vez. Dejé que Emmett guiara la presión del acelerador y al soltar el embrague, y pronto estábamos volando por la interestatal.

― Vale, ahora solo tenemos que mantener el equilibrio. Eso no debería ser difícil ya que llevas un tiempo montando con Edward. Voy a soltar tus manos ahora. ¿Lista? A la de tres. Uno. Dos. Tres.

Emmett soltó mis manos y yo fui la que quedó con el control de la moto. Me tambaleé un poco al principio ya que el volante se movía mucho mejor en la moto que en mi vieja camioneta, pero tras unos minutos conseguí reforzar mis brazos y controlar completamente la moto.

Se sintió bien tener el control y solté una risa excitada. Escuché a Emmett reír también detrás de mí.

― Se siente bien, ¿verdad, Bella? ― preguntó.

― ¡Increíble! ― acepté con otra risa. Podía sentir mi adrenalina pulsando y no estoy segura de haberme sentido nunca tan viva.

Emmett solo tuvo que ayudarme dos veces a controlar la moto antes de que llegáramos a la gasolinera en los límites de la ciudad de Chicago donde habíamos acordado parar para repostar. Emmett me ayudó a cambiar de marcha y finalmente nos detuvimos en el surtidor al lado de la moto de Edward. Rose me estaba sonriendo ampliamente. Edward se veía pálido y preocupado.

― ¿Estás bien? ― le pregunté, bajando de la moto de Emmett para poder tomar la cara de Edward en mis manos. ― No te sientes mal de nuevo, ¿verdad?

Edward agarró mis muñecas, siendo extra cuidadoso con la que estaba herida, y las alejó dulcemente de su cara. Luego miró a Emmett furioso sobre mi hombro.

― ¿Estás loco? ― le gruñó a Emmett. Miré la espalda de Edward con los ojos ensanchados, preguntándome si no era él el loco. Estaba bastante segura de que Emmett podía acabar con Edward sin esfuerzo.

―¿Por qué la gente se pasa el día cuestionando mi capacidad mental? ― preguntó Emmett. ― Primero Bella, ahora tú. Estoy empezando a sentirme un poco insultado.

― ¡Tiene una muñeca rota! ― gritó Edward. ― ¿Qué demonios te ha hecho pensar que dejarla conducir un trozo de metal potencialmente peligroso era una buena idea?

― Lo ha hecho bien. ― Emmett rodó los ojos. ― De hecho, lo disfrutó. ¿Estás seguro de que no estás siendo demasiado sobreprotector?

― ¡Podría haberse roto los huesos de nuevo! ¡Tengo todo el derecho de estar preocupado por ella!

― Ella está justo aquí, ― apunté secamente. "Y está completamente bien. No sangre, no hay falta, Edward. Además, Emmett tiene razón. Realmente lo he disfrutado.

― Podrías haberte herido o tener un accidente o-

― Ser golpeada por un meteorito. O tal vez podría haber sido pegada por escapar con el pecador de Forks. ― Agarré las solapas de la chaqueta de Edward y tiré de él hacia abajo para un beso que se suponía debía quemarle hasta los huesos. A juzgar por su expresión cuando le solté, tuve éxito en mi propósito. ― Estás siendo ridículo. Podemos hablar todo lo que quieras sobre lo que podría haber pasado, pero no ha pasado. Intenta vivir en el presente, Edward. Es lo que yo estoy haciendo.

Edward descansó y descansó su frente contra la mía, cerrando los ojos.

― No puedo evitar preocuparme por ti, Bella. Tú eres el mundo para mí.

― Odio arruinar este dulce momento, ― intervino la voz de Rose. ― Pero te das cuenta de que no ha tenido tiempo de lavarse los dientes aún, ¿verdad?

Empalidecí mientras me daba cuenta de que acababa de besar a Edward cuando todavía no se había limpiado el vómito de la boca.

― ¡Oh, ew! ― Hice una cara que hizo que mis tres compañeros se rieran de mí.

― Me he enjuagado con agua. A fondo, ― me aseguró Edward.

― No es lo mismo que cepillarse. ― Hice otra cara. ― Vale... nada más de besos hasta que esos dientes estén cepillados.

― Lo que será antes de lo esperado, ― intervino Rose. ― Edward tiene un mensaje de voz de vuestro amigo... Jasper, ¿creo? Edward dice que no les vais a ver hasta por la mañana.

― Tiene una fiesta de trabajo, ― explicó Edward. ― Es de último minuto, pero Alice va con él, así que pasaremos la noche en un hotel.

― Os ofrecería quedaros en mi apartamento, ― dijo Rose. ― Pero es muy pequeño y la única habitación libre es de mi compañera de piso, que se vuelve loca con que otra gente duerma en su cama.

― Está bien. No nos importa coger una habitación, ― le aseguré.

― Entonces supongo que aquí es donde nos despedimos, ― dijo Edward. Elaboró cuando le miré inquisitivamente. ― Estoy bien para llevar mi moto ahora, así que seremos compañeros el resto del viaje.

― Oh... bueno... ― Estaba un poco triste. Había disfrutado pasar tiempo con Emmett, y Rose parecía una chica genial. Entonces tuve una idea. ― Hmmm... Alice, una de nuestras amigas dijo que quería llevarme de compras mañana. ¿Te gustaría venir con nosotras? Seremos solo nosotras. Alice fue muy estricta sobre no permitir chicos.

― Suena bien, ― aceptó Rose. Intercambiamos números y llenamos las motos con gasolina. Tomé el turno para pagar y cuando volví, Edward estaba mirando los rascacielos de Chicago, visibles en el horizonte, con una mirada pensativa en la cara.

― ¿Estás bien? ― le pregunté, poniendo la palma de mi mano en su hombro. Edward se movió, como si estuviera sorprendido por mi aparición y me miró sin ver por un momento, antes de parecer sacudirse y sonreírme.

Fue una sonrisa débil y no alcanzó sus ojos, y sentí una punzada de preocupación en el estómago.

― Estoy bien. Vamos, volvamos a la carretera.

Nos llevó cuarenta y cinco minutos entrar en la ciudad y encontrar un hotel que cumpliera mi regla y los estándares de Edward. Eso significaba que nos quedábamos en otro Days Inn. Dejamos nuestras bolsas y Edward se cepilló los dientes antes de que saliéramos de nuevo, esa vez para buscar algo de comer.

Durante la comida hablamos un poco, sin comentar nada importante e ignorando completamente el elefante que nos seguía a todas partes. Finalmente me vine abajo con la presión del elefante cuando volvimos a la habitación.

― ¿Qué vas a hacer mañana? ― le pregunté a Edward. Estaba sentado en la silla frente al escritorio. Había estado en silencio desde la gasolinera y su expresión era introspectiva, como si estuviera viendo otra cosa que no fuera la habitación.

― Hay un par de lugares a los que quiero... necesito ir, ― contestó, poniéndose de pie y caminando con grandes zancadas hacia mí. Ahuecó sus manos en mi cara e inclinó su cabeza para besarme. Era un beso desesperado, el tipo de beso que le das a alguien cuando necesitas borrar un recuerdo.

― Edward, ¿qué va mal? ― le pregunté cuando se separó.

― Esta noche no, ― murmuró, inclinándose para rozar sus labios contra los míos. ― Hablaré mañana... pero esta noche te necesito. Por favor, Bella.

Quería hacer más preguntas. Quería saber qué tenía esa ciudad que provocaba esos sentimientos en Edward. ¿Eran sus recuerdos de las casas-hogar? ¿O era algo más? Y, ¿por qué no me lo decía?

Quería hacer todas esas preguntas, pero también quería darle el consuelo que necesitaba tan desesperadamente.

― Vale," ―jadeé mientras me besaba frenéticamente en todos los lugares en los que sus labios podían tocar piel. ― Mañana.

La primera vez que tuvimos sexo fue un poco incómodo y muy dulce. Esta vez, había pura desesperación en cada toque de Edward.

― Te amo, ― murmuró en mi abdomen mientras bajaba por mi cuerpo besando, su voz era tan desesperada como su toque. ― ¿Me prometes que no me dejarás?

― Nunca, ― jadeé en respuesta mientras la lengua de Edward me acariciaba y provocaba. Una vaga y nublada parte de mi cerebro estaba avergonzada por eso, pero el resto de mi ser estaba demasiado enfocado en como me hacían sentir las actividades de Edward como para que me importara.

Esa vez, cuando él entró en mí, no hubo dolor, solo puro placer.

― Oh, Dios, ― gemí, enterrando la cara en el cuello de Edward. Él soltó un bajo gruñido en respuesta. Un sonido que fue suficiente para enviarme al borde gritando su nombre contra su piel. Tras unas embestidas más, Edward estaba gritando mi nombre mientras alcanzaba su propia cima.

Me hizo sentir un poco creída que pudiera hacerle gritar así.

― Nunca puedo estar lo suficientemente cerca de ti, ― me dijo Edward una vez que nos separamos y estábamos tumbados al lado del otro jadeando. Rodó sobre su costado y enrolló un mechón de mi pelo alrededor de sus dedos. ― Creo que sería feliz si pudiera quedarme dentro de ti el resto de mi vida.

― Eso es un poco cursi. ― Le sonreí ampliamente y levanté el brazo para agarrar su mano en la mía. ― También ha sido increíblemente dulce.

― Así que... ¿no te importa que sea cursi? ― Me sonrió ampliamente. Esa vez alcanzó sus ojos, pero no estaban tan brillantes como siempre. Me mordí el labio, un hábito nervioso que había desarrollado durante los años, y solté su mano para pasar la mía por su pelo.

― ¿Qué va mal?

Edward suspiró y enredó su brazo a mi alrededor, poniéndome fuertemente en su pecho. Yo me acurruqué, disfrutando la cercanía.

― Mañana. Lo prometo, hablaremos mañana.

Fruncí el ceño en su pecho, pero asentí, no queriendo presionarle. Edward siguió jugando con mi pelo durante otra media hora antes de quedarse finalmente dormido. Yo me quedé despierta mucho más tiempo, preocupándome por el hermoso y perturbado chico que me tenía en sus brazos. Sobre la una de la madrugada, finalmente sucumbí al sueño.

Cuando me desperté la mañana siguiente, Edward no estaba.


Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells :)