Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.
GOD LOVE HER
Capitulo veintiséis – Derrotista
Si me hubieras pedido que me describiera a mí misma tres semanas antes, te habría dicho que estaba centrada y era un poco terca. Entonces podría haber predecido los siguientes ocho años de mi vida perfectamente. Empezaría con conseguir un título universitario que me llevaría a un máster en literatura que me permitiría ser profesora.
Eso era tres semanas antes, cuando Edward Cullen solo era el chico lindo en el que me negaba a pensar.
Si se me preguntara ahora, en el momento en que estaba envuelta en la calidez de los brazos de Edward, sintiéndome como si pudiera depender en alguien además de Charlie por primera vez en mi vida, diría que mi vida había sido puesta patas arriba.
Y estaba perfectamente feliz con ello.
Nunca había pensado en mí misma como alguien insegura. Probablemente porque, hasta Edward, no había habido nadie que inspirara tal sentimiento en mí. Con Edward, me encontraba a mi misma queriendo cosas que nunca antes había querido. Cosas como el matrimonio, que me dejaban aterrorizada y completamente insegura sobre en qué punto estaba nuestra relación. Aun así, no renunciaría a ello por nada del mundo. Incluso cuando actuaba como una completa loca, Edward me entendía. Él me entendía de una forma que nadie más lo había hecho nunca, ni siquiera Angela, que había sido mi mejor amiga (además de Jessica) desde mi vuelta a Forks.
― Esto es una completa locura. Te das cuenta, ¿verdad? ― pregunté, con la voz ahogada por el pecho de Edward.
― Eso depende... ¿qué es una completa locura? ― Sentí a Edward presionar los labios contra mi pelo y juguetear con algunos de los mechones oscuros, y no pude evitar la sonrisa tonta que cruzó mi cara por sus actos afectivos.
― Esto... nosotros. Han pasado menos de dos semanas desde que dejamos Forks y aquí estamos, poniéndonos todo dramáticos por los niños y el matrimonio. ― Me aparté un poco para poder sonreírle sarcásticamente. ― Nuestra vida se ha convertido en un cliché digno de una novela de Harlequin.
― No tanto. Habríamos sido un cliché digno de una novela de Harlequin si te hubiera dejado preñada y luego nos hubiéramos puesto dramáticos por los niños y el matrimonio. Somos más un cliché de comedia romántica. ― Me regaló una sonrisa torcida, haciendo que la mía cambiara de sarcástica a genuina. ― Sin embargo, no me importa. ¿Y a ti?
Me alejé un paso de Edward y me subí a uno de los taburetes, inclinando la cabeza para evaluarle en el proceso. No se había afeitado en un par de días, así que su cara estaba desaliñada, y llevaba unos simples vaqueros y una camiseta negra que se ajustaba a su forma. Mi novio estaba bueno, y tenía toda la pinta del motero malo que Charlie había dicho que era.
Pero yo estaba mejor informada. Edward era amable, y quería ayudar a la gente. Era inseguro, y venía con un equipaje con el que nunca habría creído querer lidiar y, aun así, no podía imaginar estar en otra parte distinta a la que estaba en ese momento. No podía imaginar querer estar en otro lugar.
― Creo que nosotros somos nosotros, ― dije, estirando la mano hacia él. Él puso la suya en la mía y yo la apreté con fuerza, disfrutando la conexión piel-con-piel. ― Creo que nos movemos demasiado rápido, y nos enrollamos en zoos, y tenemos tanta falta de comunicación que la terapia de pareja debería ser casi obligatoria... pero funciona para nosotros. Renee y Charlie creen que eres un problemático y que voy a arruinar mi vida por ti... pero yo creo que soy yo misma tanto contigo como sin ti.
Edward arqueó una ceja.
― A juzgar por tu mirada, asumo que eso es algo bueno, aunque no lo entiendo del todo.
― Es de un libro que he leído, ― expliqué, acercándole a mí. ― Esta mujer está en una relación de mierda con un tipo que tiene un desorden narcisista. Él la cambia completamente, la convierte en una de las Mujeres Perfectas, pero aun así sigue sin verla como lo suficientemente buena. Ella termina dejándole y volviendo a su casa, donde conoce a otro tipo, que termina siendo el correcto, y el día que se casan ella le dice que es ella misma tanto con él como sin él. No estoy diciendo que haya tenido ni de cerca los mismos problemas que ella, pero entiendo lo que es querer ser lo que otros esperan que seas, incluso si no eres en realidad esa persona. Contigo, soy yo, y no tengo miedo de ser yo porque sé que tú me amarás igualmente, incluso si hablo en sueños y tengo tendencia a tropezar con el aire si no tengo cuidado.
Edward me rodeó con los brazos y acarició mi cuello con su nariz.
― Bueno, pero si eres una tonta sentimental, ― bromeó, y yo reí, debido al mismo tiempo a sus palabras y a los besos que dejaba en mi cuello y que me hacían cosquillas.
Fue un momento dulce, un momento que fue arruinado por la repentina entrada de Renee. Supe por el débil brillo de lágrimas en sus ojos que había estado escuchando. Pensé en darle una charla sobre la privacidad, una charla que ya le había dado en otras ocasiones pero que siempre parecía olvidar; pero había un nuevo brillo en sus ojos mientras miraba a Edward que me detuvo antes de que las palabras tomaran forma.
Era algo parecido a la aprovación. Decidí que, si significaba que Renee había cambiado su visión de Edward, podía aceptar una pequeña invasión de la privacidad esa vez.
Pero solo esa vez.
- . - . - . - . -
La decisión de Renee de aceptar mi relación con Edward hizo que disfrutáramos mucho más el viaje a la playa del día siguiente de lo que lo habríamos hecho en el caso contrario. También sirvió para mostrarme que mi decisión de no vivir en Florida era la correcta.
El día amaneció brillante, con Edward despertándome.
― Mmmmm, ― gemí contra sus labios, que estaban firmemente presionados contra los míos. Estiré los brazos y le rodeé el cuello cuando fue a apartarse. ― Ni siquiera lo pienses. Quiero que sigas besándome.
Edward soltó una risita, pero se permitió a sí mismo ser tirado hacia abajo para otro beso. Cuando intenté separarle los labios con la lengua, sin embargo, se apartó.
― Sabes que nada me gustaría más que corromperte aquí mismo, Bella, pero tu madre acaba de aceptar que tal vez no vaya a arruinar completamente tu vida. No presionemos nuestra suerte con ella, y... ¿por qué te ríes?
― Corromperte. ¿Quién usa ese tipo de palabras ya? ― dije como respuesta, todavía riendo. ― Has leído novelas de Harlequin, ¿verdad? Así es como sabías cómo es su argumento cliché... y la razón de que uses palabras como corromperte.
― Hmmmm... bueno, había una Sheik en la colección del mes pasado que era bastante creativa. ― Edward pasó los dientes por mi cuello; la sensación me hizo estremecer de deleite. Gemí decepcionada cuando Edward se apartó de mi y dejó la cama. ― Pero eso tendrá que esperar a otro día. Vamos, Isabella, la playa nos llama.
― Calientapollas, ― murmuré, lanzándole una almohada a la espalda de Edward. Él cerró la puerta, bloqueando el golpe y yo maldije mientras él reía al otro lado. Con el ceño fruncido, me bajé de la cama y busqué mi traje de baño. Miré pensativamente los dos que había comprado durante el viaje. Uno era un simple traje de una pieza rojo y negro. Deportivo, modesto y cómodo.
El otro era un bikini de tiras que escondía lo suficiente para cumplir la legalidad, pero mostraba lo suficiente como para asegurarme de que todo en lo que Edward pensara fuera en lo que había debajo. El primero lo había elegido yo, el segundo Rosalie y Alice. Mi primer instinto fue ponerme el de una pieza. Era cómodo y de mi estilo habitual... pero luego pensé en los besos de Edward de esa mañana y esa risa y decidí que devolversela era lo justo.
Me mantuve confiada con mi elección hasta que llegamos a la playa y llegó el momento de que realmente mostrara el traje.
Decidí entonces que la venganza estaba sobrevalorada y que nunca la buscaría de nuevo.
― Creí que habíamos venido para nadas, ― dijo Edward, mirándome con las cejas levantadas cuando me senté en una toalla sin quitarme mis pantalones cortos y la camiseta. ― O al menos para broncearnos. Eso no va a ayudar.
El propio Edward se había quitado su camiseta casi tan pronto como había visto la arena. Yo había estado demasiado ocupada mirando fijamente su pecho desnudo como para notar que Renee levantaba las cejas y los pulgares.
― Solo quieres que me quite la ropa, ― bromeé. Renee y Phil estaban ocupados estirando sus toallas, así que no me preocupaba que escucharan el comentario provocativo, y me ayudó a esconder mi incomodidad.
― Bueno, eso es siempre cierto, ― dijo Edward, tumbándose en mi toalla a mi lado. ― Veamos si soy capaz de hacerlo ahora.
Maldije sorprendida cuando empezó a levantar mi camiseta.
― Esto si que es interesante. Cuanta piel, ― masculló Edward con una sonrisita satisfecha mientras conseguía seguir subiendo la camiseta por ser más fuerte que yo. ― ¿Es esto parte de la salida de-? Santa mierda.
Había conseguido quitarme la camiseta y estaba mirando mis pechos apenas cubiertos. Le miré furiosa y me crucé de brazos.
― Pareció una buena idea después de tus provocaciones de esta mañana, ― murmuré, odiando el calor que sentía quemar mis mejillas. ― Luego llegamos aquí.
― Ah... bueno. Toma. Podemos volver a cubrirlo, ― contestó Edward, devolviéndome mi camiseta y pareciendo bastante sospechoso. Al principio me sentí insultada porque mi novio, que no dejaba de decir que era hermosa, quisiera que me tapara.
Luego me di cuenta que no era la falta de ropa lo que no le gustaba, sino el lugar. ¡A Edward, mi Edward, no le gustaba que otros hombres pudieran verme con el bikini!
Le miré con los ojos entrecerrados, luego vi sobre su hombro a un par de bonitas rubias que se le comían con la mirada. Mirando furiosa a Edward, me puse de pie y me bajé los pantalones cortos, revelando la parte inferior. Les lancé a las rubias una sonrisa demasiado dulce y un saludo con el dedo, haciendo que Edward mirase a su alrededor para ver qué me había llamado la atención. Sus mejillas se sonrojaron cuando se dio cuenta de lo que habían estado haciendo las rubias.
― El doble rasero da asco, Edward. Tú querías nadar, señalé con una sonrisita satisfecha. ― Bueno, entonces nademos.
Empecé a caminar contoneándome hacia el agua y grité cuando un par de brazos me levantaron. En menos de un minuto, Edward nos había lanzado al agua. Cuando salimos a la superficie, me aparté el pelo empapado de la cara mientras Edward me rodeaba la cintura con los brazos.
― Lo entiendo, ― murmuró, inclinándose para rozar mi nariz con la suya. ― Nada de doble rasero. Aunque yo no les pedí a esas chicas que me mirasen.
― Te quitaste la camiseta. Es suficiente, ― contesté, rodeándole el cuello con mis brazos. ― ¿Qué te parece si reconocemos que los dos podemos llevar bañadores como profesionales y no nos ponemos celosos? Después de todo, los dos sabemos con quién volvemos a casa al final del día.
― Trato, ― aceptó Edward, y luego lo selló besándome. Yo le devolví el beso y me sentí calentarme según se profundizaba.
Entonces el océano decidió interrumpir y lanzarnos una ola, enfriando inmediatamente el momento.
― ¿Lugar equivocado? ― preguntó Edward con una risa. Vi a Renee mirándonos con ojos de halcón sobre sus hombros y yo misma reí y asentí.
― Definitivamente el lugar equivocado.
- . - . - . - . -
Para el final del día, me arrepentía de haber llevado el bikini por otra razón completamente nueva.
― ¡Deberías haber sido más lista! ― me sermoneó Renee mientras Edward me echaba loción de áloe en la quemadura que me había ganado. Piel pálida más bikini igual a una Bella completamente maltratada y dolorida por el sol.
― Lo sé ahora, ― gruñí, irritada y no deseando ponerme ropa que solo rozaría mi piel y me mantendría despierta. ― Habría estado bien tener algo de esa sabiduría antes. Ya sabes, antes de convertirme en una langosta.
Escuché a Edward soltar una risita e intenté mirarle furiosa, pero eso solo hizo que me doliera más, así que lo dejé.
― Mi pobre y pálida Bella, ― dijo, besándome en el hombro. Yo contesté con un murmullo incoherente.
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Nos quedamos con Renee y Phil el tiempo suficiente como para que mi quemadura sanara a algo tolerable. Estuvo bien pasar tiempo con ellos. Estuvo incluso mejor ver como Renee se encariñaba más y más con Edward cada día que pasaba.
Cuando llegó el momento de ponernos en la carretera de nuevo, esa vez para empezar a dirigirnos hacia el norte y a casa, Renee me dio un fuerte abrazo.
― Es un buen chico, ― me susurró al oído. ― No digo que os escapéis y os caséis mañana. Pero si, cuando pase una cantidad de tiempo apropiada y tú tengas tu título, decides que es el definitivo, no lo odiaría.
Viniendo de Renee, era la mejor bendición que íbamos a conseguir.
― Ya sabes, ― dije contemplándolo, mirando hacia donde Edward se despedía de Phil. ― Creo que tal vez haga eso. Tras una cantidad apropiada de tiempo, por supuesto.
Entonces, terminamos nuestras despedidas y me encontré de nuevo en la moto detrás de Edward, de camino a nuestra siguiente aventura.
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-Bells :)
