La madriguera del miedo se encontraba en silencio, las pesadillas habían sido desatadas y se encontraban perturbando a los niños del mundo. Scarlett había salido hacía un tiempo ya y se encontraba caminando por los alrededores del internado, la nieve crujía bajo sus pies y las puntas de sus alas se encontraban congeladas por su constante contacto con la materia blanca. Debería haberse acostumbrado a la madriguera y a la oscuridad, debería haberse acostumbrado a que las sombras son su nuevo hogar y, aun así, hay algo que la empuja hacia afuera de la penumbra… Algo que la devuelve a la luz, algo que la devuelve al internado. Siempre había guardado rencor hacia _, puesto que tenía algo que a ella le faltaba: cariño, y lo que más detestaba de _ era que no lo aprovechaba. Lo daba por sentado. Y todo empeoró cuando observó algo en la mirada del guardián: amor. Algo que ella nunca tendría.
Caminó por las calles y escuchaba la risa de los niños, aquel sonido que nunca salió de sus labios. Vio sonrisas en los rostros de los adolescentes y amor en los ojos de los adultos; todas esas cosas que nunca sintió y todos esos gestos que nunca cruzaron su cara. Las luces y la alegría de la Navidad se hacían sentir, al igual que la ilusión de que la familia se encontrara unida aquel día. Sintió una presencia detrás de ella, aquella presencia maligna que le había dado una oportunidad para vengarse: si ella no podía sentir nada bueno no dejaría que nadie más lo hiciera.
-¿Qué quieres, Pitch? -preguntó con desdén.
-Es la hora.
A medida que la noche avanzaba, los festejos se intensificaban en el internado: era Nochebuena, el día más ansiado de todos los alumnos. _ se encontraba recostada sobre una columna del salón comedor, cerca de las hojas de muérdago adornadas con luces de colores. Kohana, Shun y Murasaki se encontraban cerca del gran pino, comiendo del bufet y riendo. _ esbozó una sonrisa al verlos reír con tanta energía, que se agrandó al sentir una corriente de aire helado cerca.
-Deberías ir a divertirte -susurró el guardián.
-No, estoy muy bien aquí -susurró _-. Además, tengo sueño. Me voy a dormir.
_ salió del lugar y se encaminó a su dormitorio, con una extraña punzada de culpa en el estómago y con unas manos temblorosas: tenía miedo de algo, probablemente de algo que habría de ocurrir. Cerró la puerta de la habitación y cayó desmayada: arena azabache se abría paso desde la ventana hasta su cuerpo, posicionándose debajo del mismo y elevándolo para llevárselo lejos. La arena la cubrió por completo y Pitch, quién veía la escena desde lejos, sonrió y mandó a sus caballos a llevarse el cuerpo inmóvil.
Kohana salió de la fiesta unos diez minutos antes de las doce, se quejaba de un dolor de estómago y un leve mareo, producto del ponche crema que no soltó durante la celebración. Caminó por los largos pasillos hasta que delante de la habitación de _. Dudó si tocar o abrir, así que tocó la puerta tres veces, todas ellas sin respuesta.
-¿_? -preguntó y, al no escuchar nada, volvió a tocar-. ¿_?
Silencio absoluto.
-Espero que no te molestes, pero voy a entrar.
Al abrir la puerta, Kohana fue recibida por una oscuridad insondable. La luna no iluminaba la habitación: las cortinas habían sido corridas. Dando tropezones, Kohana se acercó a la ventana y la abrió, observando nuevamente la habitación; ahora con la luz de la luna de su lado. La habitación se encontraba llena de lo que ella identificó como arena, se devolvió al marco de la ventana, donde había tanta cantidad de arena como en el marco de la puerta. La tocó con sus dedos y la sintió con el pulgar. Frunció el ceño al notar que no era arena común (aunque ya lo había notado al ver su color carbón) así que decidió buscar al guardián. Salió de la habitación y corrió al patio del internado, donde supuso que estaría el chico de cabello blanco y lo encontró sentado en la rama de un árbol, haciéndoles bromas a los alumnos que pasaban por ahí. Kohana se acercó al tronco del árbol y, con ademanes de urgencia le indicó al chico que bajara, y éste hizo caso.
-¿Qué pasa? -le preguntó al ver su cara de tristeza.
-Fui a buscar a _ en su habitación y todo estaba cubierto de, pues, arena negra.
-¿Arena negra, estás segura? -Los ojos del guardián no dejaban de mostrar asombro y miedo mezclados con ira.
-S… Sí, y busqué en toda la habitación y no la encontré.
Y antes de que Kohana terminara, el guardián voló hasta la habitación de _ y la registró por completo. La muchacha se quedó con la siguiente frase en la garganta, y solo pudo ver al guardián irse rápidamente.
-¡_! ¡_! -gritaba, pero sus gritos sólo recibían al silencio como respuesta. Luego, con el rabillo del ojo, Jack vio una masa negra reposando en el marco de la ventana y se acercó, al ver la arena la tocó y ésta se le incrustó en la piel.
Oscuridad, jaulas, gritos, lágrimas, alas negras, caballos de pesadilla… Pitch.
La visión terminó, dejando al guardián aturdido, se tambaleó un poco antes de recuperar el equilibrio, frunció el ceño y gritó furioso:
-¡PITCH!
Y voló por la ventana en dirección a la madriguera del mal.
Entre las ramas del bosque, una cabellera roja carmín se movía con el viento; la presencia se rio y negó con la cabeza.
-Lo que te espera, Jack Frost. Lo que te espera.
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CASI UN AÑO SIN ACTUALIZAR! OH POR DIOS LO SIENTO MUCHO! HAY ALGUIEN QUE LEE ESTO TODAVÍA? Sí? Ah, que bien :3 mis amores, lo siento mucho. He tenido un bloqueo masivo con esta historia... de verdad, no sabía que más hacer. Lamento decirles que por falta de ideas el fic está llegando a su fin... deben quedar alrededor de siete capítulos más que espero poder actualizar antes de que se acabe el año... como siempre, los reviews son bienvenidos, las sugerencias se agradecen y las amenazas de muerte se pasan por mensaje privado (?
Espero que nos leamos de nuevo en poco tiempo...
Mari Kiryuu
