CAPÍTULO 2

Pasaron los días lentamente sin ningún cambio especial. Conseguí mostrarme más alegre con Ron y centrarme de verdad en el trabajo. Por primera vez en mucho tiempo, tenía ilusión por algo, y Ron lo aceptó con alegría y miedo al mismo tiempo.

-Hermi, ¿seguro que vas a ir, verdad?-me preguntaba cada día dos o tres veces con gesto preocupado. Su característica inseguridad por todo se había incrementado mucho, en parte por mi culpa.

-Si me lo preguntas tanto, voy a pensar que no quieres que vaya.-repliqué con cansancio la octava vez que me lo preguntaba.

-No es eso, pero espero que sepas que te voy a echar muchísimo de menos.

Su expresión era sincera y clara. Nos quedamos en silencio, mirándonos durante unos segundos. Ahí estaba él, mi amigo, mi amante, mi media naranja… Queriéndome y apoyándome como nadie había hecho. No se merecía tanto sufrimiento, me sentí tan culpable… Me acerqué a él hasta que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros de distancia. Su flequillo seguía tapándole los ojos, dándole un aire misterioso. Sus labios carnosos me atraían como siempre lo habían hecho, pero en ese momento me sorprendió lo que sentí: necesitaba probarlos con urgencia. Una mariposa parecía haberse adentrado en mi estómago proporcionándome pequeños cosquilleos, y casi sin darnos cuenta, nos fundimos en un suave beso que podría haber sido envidiado por cualquier película romántica. Luego se tornó apasionado, nuestras manos acariciaban el cuerpo del otro como si nuestra vida dependiera de ello, el deseo apareció por primera vez en mucho tiempo en mí… No quería que acabara ese momento por nada en el mundo.

Sé que esa noche le hice feliz…. Y yo había estado tan cerca de la felicidad, que durante los siguientes días me empecé a plantear el ir al viaje o no. Ron no admitía un no por respuesta, y Harry se puso de los nervios, imaginándose ya el fracaso de su regalo. Así que no me quedó más remedio que irme, tal y como estaba previsto.

Y sin darme cuenta ya estoy aquí, metida en el avión. Es por la noche, está lloviendo y hace muchísimo frío. Así que llevo conmigo una chaqueta, aunque sé perfectamente que voy a dejarla en el armario del hotel durante toda la semana.

Recuerdo por un momento la expresión de Ron al despedirnos. Estaba nervioso, tenso y bastante emocionado. Harry, por el contrario parecía encantado, como si fuera él el que se iba de vacaciones. Sus palabras al despedirse de mí fueron:

-Recuerda, los masajes del hotel son fantásticos. Intenta recibir uno por la mañana y otro por la noche, ¡luego me lo agradecerás!

Sonrío para mis adentros ya con nostalgia y me dedico a contemplar el paisaje por la ventanilla. Calculo por el recorrido del sol que, aproximadamente, llevo la mitad del viaje recorrido, puesto que no se ve en el paisaje nada más que un mar azul, salvaje e infinito y el cielo ha cambiado de la noche al día como por arte de magia. De repente siento unas ganas terribles de bañarme, de probar la tonificante agua del océano Atlántico. Pero debo tener paciencia, así que me dedico a pensar con entusiasmo en todo lo que voy a poder disfrutar del hotel. Harry me ha comentado, que (aparte de los masajes relajantes), el hotel dispone de un lujoso SPA, de una playa privada y cuenta con una decoración completamente oriental. La verdad es que la cosa pinta muy bien, para qué engañarme. Nunca he estado a favor de los viajes de este tipo, sin ningún fundamento cultural. Pero esta vez es diferente, sé que lo necesito.

Me he echado una pequeña siesta, aburrida de observar revistas de cotilleos y admirar el paisaje. Y al fin, tras unas 6 horas de viaje que se me han hecho interminables por la emoción, el avión ha comenzado a descender. No me lo puedo creer. Estoy llegando al paraíso de Miami, voy a disfrutar de (probablemente) las mejores vacaciones de mi vida, y todo gracias a Harry. Ni 100 puntos para Gryffindor a mi costa podrían haberme hecho más feliz de lo que me siento en este momento al pensar en cuanto voy a disfrutar durante esa semana.

Una vez he bajado del avión, experimento una sensación desconocida. El calor me pega una sacudida y me quedo impresionada por el color del cielo, intensamente azul. No hay una sola nube en el cielo. Entonces me arrepiento de no haberme puesto ropa más veraniega antes de subir al avión. La camisa que llevo se me está pegando por completo al cuerpo.

Al cabo de unos minutos, me recoge una lujosa limusina, donde un amabilísimo chófer se presenta diciéndome que Harry ha pensado en todo para que estuviera como en casa. "Típico de Harry", pienso mientras me aguanto las ganas de reír. Me recuesto en el amplísimo asiento negro de cuero de la enorme limusina y bebo un poco de cerveza de mantequilla, que sale mágicamente de una boquilla enfrente de mí. No tardamos más de cinco minutos cuando la limusina se detiene y el chófer me abre la puerta.

-Muchas gracias señor…-vacilo al recordar que no sé su nombre.

-Puedes llamarme Kilik.-responde con una ligera sonrisa. En ese momento aprecio el gran bronceado de su piel, que le hace aparentar la edad de un joven treintañero.-No se preocupe, señorita Granger, le aseguro que el sol le acompañará durante su estancia.

Siento como se enrojecen mis mejillas. Kilik naturalmente se ha dado cuenta de mi cara de absoluto asombro al observarle por primera vez.

-Pues gracias, Kilik. Espero que tengas razón, ¿es éste el hotel?-pregunto una vez me doy la vuelta. En frente de nosotros se encuentra un enorme edificio moderno de color blanco perla, decorado con palmeras por todas partes, jardines y envuelto del mágico mar, haciendo parecer el hotel una pequeña isla paradisiaca.

-Así es. Es el hotel Mandarin Oriental.-afirma Kilik señalando un cartel a unos cuantos metros de donde se encontraban. Descuide, yo le llevaré la maleta a su habitación enseguida. Mientras, vaya a recepción e infórmese de todo. Cuando suba a su habitación, sus maletas habrán aparecido "mágicamente", no se preocupe.-me guiña un ojo y abre la puerta de la limusina para disponerse a entrar en ella- No sabe cuánto me costó aprender a conducir un vehículo muggle como éste. Aunque claro está a la vista que mi varita me ayuda en muchas ocasiones, lo que hay que hacer para el Ministerio….Bueno, que disfrute señorita Granger. Si necesita cualquier cosa, dígaselo a la recepcionista y ella me avisará al momento.

-Muy bien.

No esperaba encontrarme con esta magnífica vista al atravesar las grandiosas puertas de cristal. Me quedo atónita. Mi mente no puede dejar de observar todo cuanto tengo a mi alrededor: moquetas de suaves colores adornan el suelo, las paredes están recubiertas de cuadros exóticos y relajantes, dejando visible en algunas zonas el reluciente mármol blanco. Unas enormes escaleras se muestran al fondo de la estancia, dando un aire de grandeza y elegancia máxima que podría ser envidiada por cualquier rey. También hay miles de detalles que llaman mi atención, como plantas japonesas, lámparas de lava, y enormes sofás blanquecinos llenos de numerosos cojines perfectamente dispuestos alrededor de mesitas de café. Pero lo que más me fascina es el gran ventanal a la derecha, justo enfrente de la recepción, a través del cual se me ofrece el mejor paisaje que he visto en mi vida. "La playa privada", pienso interiormente. Es sencillamente increíble. Arena blanca, palmeras, miles de tumbonas, agua turquesa y serena… Todo un paraíso a mi alcance. En ese momento me siento muy afortunada, pero también trise por no poder compartir todo esto con alguien más.

Finalmente, me dirijo a recepción. Una mujer pelirroja y de piel extremadamente morena me atiende. Su acento es suave y agradable.

-Hola, soy Hermione Granger. Tengo reservada una suite.

-Hola querida, ahora mismo se lo busco…-empieza a teclear en su ordenador con extremada rapidez y a continuación me da la llave de mi suite, la número 45.- Esta noche hay espectáculo de baile, es muy divertido y se conoce gente-agrega lanzándome una mirada de complicidad.

Le quiero devolver el gesto, pero me cuesta imaginarme conociendo gente "muggle" y bailando con ellos. O quizá no… tal vez hayan magos y brujas como yo, no es tan raro. Si Harry me ha recomendado este sitio sería por algo. Aunque por otra parte, lo que él quería era asegurarse de que iba a desconectar de todo, con lo cual la magia podría quedar descartada.

Cuando llego a la suite, mis maletas reposan sobre la amplia cama con dosel que hay en el centro de la habitación. Las vistas son alucinantes, el mar y la ciudad parecen convivir en armonía dentro del paisaje. La suite desprende relajación por todas partes, tanto por los colores como por la decoración que la envuelve. Blanco y azul por donde quiera que mire… Me tumbo en la cama mientras leo el folleto del hotel: masajes, yoga, SPA, piscina, playa privada, restaurantes, espectáculos… No sé por dónde empezar. Estoy tan a gusto en este momento que no me importaría quedarme descansando todo el resto del día, pero sabía que Ron y Harry no hubieran estado de acuerdo. Pienso en lo que me había comentado Harry en el momento de la despedida y entonces me decido: comenzar el día con un masaje exótico y relajante parece la mejor opción.

Bajo al primer piso, donde se encuentra la sala de masajes junto con el SPA. Recorro con la mirada todo el circuito de piscinas con cascadas, jacuzzis y demás antes de adentrarme por una puerta que hay a la izquierda. Una joven rubia muy dicharachera me atiende y me convence para que pruebe un tipo de masaje oriental, según ella, muy efectivo para el estrés y el cansancio. La chica, Camila, estaba en lo cierto. Ha sido fantástico. El masajista, un señor de unos 50 años es todo un experto. Es japonés, por supuesto, y sabe realmente como destensar cada músculo de la espalda y de las cervicales. En un momento dado del masaje, estoy a punto de quedarme dormida. Cuando termina, me quedo completamente relajada y subo de nuevo a la suite. Entonces, tras tumbarme de nuevo en la cama, el sueño se apodera de mí y en 5 minutos ya estoy profundamente dormida.