CAPÍTULO 5

Me despierto muy temprano. Me siento con energía, con ganas de hacer cosas nuevas. Decido visitar al masajista japonés y relajar los músculos para comenzar bien el día. Hiroshi, así se llama, me recomienda un masaje especial con hierbas aromatizadas. Desde luego, el hombre sabe lo que hace con sus manos. La hora que dura esta mágica sensación se pasa rápidamente, por desgracia.

-Le recomiendo una visita al SPA. Las cascadas serán un buen complemento para sus músculos del cuello, he notado que están un poco tensos.-me propone Hiroshi sonriendo amigablemente cuando le pregunto qué puedo hacer.

-Lo tendré en cuenta.

La verdad es que es una buena idea. Nunca antes había estado en un SPA, y Harry me lo describió como el paraíso de la relajación. Así que, como no tengo nada mejor que hacer, me pongo en marcha hacia allí. La joven que está en el mostrador me da un gorro y una toalla y me adentro en este mundo tan nuevo para mí. Hay tanto por donde elegir que no sé por dónde empezar. Opto por meterme en la piscina principal, dar unas cuantas brazadas y siento de vez en cuando la sensación que producen las pequeñas cascadas sobre los músculos de mi cuello. Después pruebo uno de los calientes jacuzzis mientras dejo divagar mi mente.

La verdad es que echo de menos a Ron, Harry, el trabajo… La rutina de siempre. Pero también reconozco que la idea de Harry ha sido buenísima. No había querido darme cuenta de ello por miedo, pero era evidente que necesitaba un cambio radical en mi vida que pudiera hacerme olvidar por un tiempo. El problema iba a ser cuando volviera… ¿Podría ser yo misma de nuevo? Me imaginé por un momento con Ron, aconsejándole, replicándole como solía hacer antes. Responsable como nadie en el trabajo, siendo la número uno de la redacción de "El Profeta"… Tenía miedo de no ser capaz de hacerlo, pero he mejorado tanto en un solo día que he pasado aquí, que en una semana no puedo imaginar qué pasará. De todas formas, tengo que aprovechar el momento y no pensar en el futuro.

Se está muy bien entre estas burbujas calientes y relajantes, pero tengo ganas de probar todo lo demás. Siempre he sentido curiosidad por las saunas cuando las veía en la televisión durante mi infancia muggle. Por lo tanto, me adentro en la de la izquierda, en la que se refleja un cartel diciendo "Baño turco" habiendo cogido anteriormente la toalla que había dejado en una de las tumbonas que había alrededor de la piscina principal. No hay nadie más allí dentro, así que me acomodo en uno de los bancos de madera intentando acostumbrarme a aquella extraña sensación al respirar vapor caliente. Poco a poco, siento como mi cuerpo, gracias a la sudorización, libera toxinas y activa mi circulación sanguínea. La humedad es elevada, y sé que por ser mi primera vez, no aguantaré mucho allí dentro. Decido resistir unos 15 minutos, y cuando pasan estoy agotada físicamente. Me dirijo a la puerta decidida a tomar un baño en la piscina fría cuando entonces tiro del pomo…pero no se abre. Con fuerza, una y otra vez tiro de él, cada vez con más desesperación. Al sentir que me falta aire, desisto e intento pensar racionalmente. Pero eso me es imposible, pues por el pequeño cristal de la puerta vislumbro el cabello rubio de mi querido enemigo Draco Malfoy. Pienso en llamar su atención y pedirle ayuda, pero cuando veo que me está observando con una sonrisa de oreja a oreja, me doy cuenta de lo que ha pasado. ¡Él me ha encerrado aquí! Terriblemente asustada, me dirijo al banco donde estaba sentada y aparto la toalla esperando encontrar mi varita. Como sospechaba, no está. ¿Dónde podía habérmela dejado? Pienso en todo lo que he hecho durante mi estancia en el SPA con detenimiento, sin que el pánico me domine. Claro, me la he dejado en la tumbona junto con el albornoz. Mierda, ¿cómo podía ser tan despistada?Voy rápidamente de nuevo a la puerta e intento hablar con Malfoy por señas y pedirle que me saque de aquí. Como respuesta, el Slytherin me enseña mi varita y se encoge de hombros con inocencia.

-No tengo la culpa de que andes por ahí desprotegida… Solo me he beneficiado de tu situación.-dice la voz ahogada del rubio tras la fina puerta.

-¡Eres un rastrero, una rata asquerosa! Me estabas siguiendo, ¿verdad?-exclamo con furia sintiendo como el sudor cae por mi frente- ¡Sácame de aquí, maldita serpiente o te juro que…!

-Así no vas a conseguir nada, Granger, ¿dónde está tu amabilidad y templanza Gryffindor?

-¡Déjame salir, por favor! Lo de ayer fue solo una pequeña broma…-replico un poco más calmada. Sé que Draco no va a ceder fácilmente, y cuanto más alterada aparente estar más va a tardar en abrir la dichosa puerta.

-¿Y desde cuando la sabelotodo tiene sentido del humor?-dice con falsa sorpresa en su rostro- Esto también es una pequeña broma, ¿no te das cuenta?

-Oye, yo sólo te la devolví. Tú anoche intentaste que quedara en ridículo delante de todo el mundo.

-¿Tienes pruebas para acusarme?-contesta levantando las cejas intentando conseguir un gesto inocente- Anoche perdí una oportunidad muy buena por tu culpa, y nadie se mete con un Malfoy sin recibir duras consecuencias.

-Pues yo pensaba que un Malfoy ante todo no intentaría ligar con una simple y mugrosa muggle.-le miro con la máxima frialdad de la que me es posible, recordando como siempre había despreciado todo lo relacionado con los no-mágicos, incluso a mí misma por ser hija de padres muggles.

-¿Te crees que me importan sus sentimientos? Solo las utilizo como un simple objeto con el que entretenerme durante un rato, no seas ingenua.

-¿Cómo puedes ser tan…tan… despreciable?-empiezo a toser, mis pulmones están sufriendo como nunca. Estoy muy nerviosa y respiro agitadamente. Tengo muchísimo calor, necesito salir de aquí como sea, aunque me tenga que rebajar a las condiciones que me ponga Malfoy.-Por favor, déjame salir. Hazlo aunque sea por Harry, él te salvó la vida…

Parece meditarlo durante un momento.

-Está bien, te dejaré salir… a cambio de algo.-dice casi en un susurro malicioso.

- Lo que quieras.-acepto débilmente.

-Perfecto.-abre la puerta y corro tras ella desesperadamente. Necesito urgentemente respirar aire relativamente frío. Poco a poco recobro el aliento y me arrodillo en el borde la piscina de agua fría para mojarme la cara. El alivio es tremendo, ya me siento mucho mejor.

Cuando me levanto, Draco Malfoy se encuentra detrás de mí, en bañador y mirándome con una extraña expresión, pensativo pero medio sonriendo. No puedo evitar admirar sus abdominales por un momento, sin duda ha ganado físicamente. Entonces mis ojos se dirigen hacia una de sus manos, que sujeta mi varita. Instintivamente intento quitársela, pero Malfoy reacciona al instante y atrapa una de mis manos con fuerza.

-No tan rápido, querida Granger. La varita será una garantía para que cumplas tu castigo correctamente.

-¡No puedes hacerme eso!-protesto intentando buscar en su rostro algo de compasión.

-El ministerio ya se encargó de hacérmelo a mí a pesar de traicionar al Señor Tenebroso… ¿Un poco injusto, no crees? La vida es así, Granger…

Mierda, ¿cómo he podido haberme llegado a plantear que pelearme con Malfoy iba a hacerme sentir mejor? He cometido un estúpido error, sólo debía de haberle ignorado, pero no. Ahora tengo que resignarme y aceptar las consecuencias, así actúa una verdadera Gryffindor, ¿no? Abatida como estoy, le digo a Malfoy que haré lo que me él me diga.

-Así me gusta. Bien entonces… Desde hoy, serás mi sirvienta personal.-le miro con ojos desorbitados. ¿He escuchado bien?

-No puedes hablar en serio. Aquí tienes todo tipo de lujos, ¿y aun así quieres una sirvienta más?-replico totalmente desconcertada.

-No es una sirvienta cualquiera la que quiero… Voy a disfrutar mucho viendo como una sangresucia Gryffindor hace todo lo que yo le pida, como siempre tendría que haber sido.- sonríe con altanería- Disfruta de tu último baño, porque a partir de las 5 te quiero en mi suite con la merienda preparada. No me mires así-añade observando mi rostro de puro terror- No será para tanto, sólo tienes que traérmela, informaré al servicio de habitaciones ahora mismo para que estén al tanto. Te dejo, hasta las 5 Granger…

Me quedo ahí de pie, paralizada por mis pensamientos, incapaz de mover un solo músculo de mi cuerpo. Intento asimilar todo esto de alguna forma, pero era tan surrealista… ¿Cómo he llegado a esta situación? Voy a tener que servir a Malfoy durante su estancia. Adiós a la relajación, a mi libertad. Adiós a la nueva Hermione. El mundo parece derrumbarse por un momento. Pienso en escribir a Ron o Harry y contarles lo que ha pasado para que vuelvan a por mí y le den su merecido a Malfoy, pero no, me lo he ganado a pulso. Por ser tan tonta, irresponsable e inmadura. A duras penas, me meto de nuevo en la piscina e intento convencerme a mí misma de que no va a resultar tan malo como parece. Después de todo, Malfoy siempre he resultado ser un cobarde… No me da ningún miedo. Meto la cabeza en el agua helada, despejando por completo mi mente. Ahora voy disfrutar de mis últimos momentos libres y cogeré fuerzas para lo que venga.