CAPÍTULO 6
No podía creer lo que estaba a punto de hacer. Buscaba la suite donde se encontraba Malfoy, la número 102. Llevaba la merienda en un carrito que me había dado una de las sirvientas, no sin haberme dicho antes pícaramente que "yo sí que sabía cuidar a un hombre" mientras me guiñaba un ojo. Si ella supiera…
Su habitación se encuentra en uno de los últimos pisos, es decir, la zona más cara del hotel. Ya me lo había imaginado,aunque estoy convencida de que Malfoy tampoco es un multimillonario. ¿Tanta riqueza poseerá el heredero de esa siniestra familia? ¿Fue Voldemort quien se la proporcionó? No lo creo. Por un momento me entran las sospechas. ¿Y si Malfoy está haciendo algo…ilegal? Al fin y al cabo, no puede utilizar la magia y seguro que está aburrido y desalentado. Probablemente ha encontrado una manera de divertirse y ganar dinero fácilmente, es decir, negocios sucios. Sí, debe ser eso. Entonces, se me ocurre una excelente idea: si me porto bien haciendo de sirvienta, tal vez Malfoy me confie sin darse cuenta algunos de sus secretos. Y si no lo hace, siempre puedo investigar un poco entre sus cosas, pues aunque no quiera seguramente voy a pasar mucho tiempo con él.
Un poco más segura y motivada, me encuentro delante de la habitación 102. Vacilo por un momento, pero me obliguo a no pensar en lo que vendrá a continuación y llamo a la puerta de madera blanca.
Un Malfoy acabado de salir de la ducha me recibe con un ademán superficial para que pase. Tiene el cabello mojado perfectamente peinado, y sólo llevaba puestos unos pantalones, al parecer de pijama. Al darme cuenta de que me he quedado embobada al observarle, me enfado conmigo misma y aparto la mirada algo ruborizada.
-¿Dónde te dejo la bandeja?-pregunto bruscamente.
-Sobre la mesa, obviamente. Como se nota que nunca has trabajado…-como si él lo hubiera hecho alguna vez, qué gracioso- Voy a acabar de arreglarme y salgo enseguida.
-Bien, entonces si no quieres nada más me voy.-digo dándome la vuelta rápidamente dispuesta a salir de aquí cuanto antes. Pero evidentemente no va a ser tan fácil.
-Eh eh, ¿adónde crees que vas? En cuanto acabes en el baño quiero que lo recojas como es debido.-ordena con naturalidad, al parecer divertido con la situación.
Asiento con la cabeza mientras pongo los ojos en blanco. Mientras él acaba me acomodo un momento en la cama y miro a mi alrededor. La habitación es el doble grande que la mía y… oh, no puede ser, a su izquierda unas escaleritas llevaban a un increíble jacuzzi con luces de color azul. "Y pensaba que mi habitación era un paraíso…" Malfoy me saca entonces de mis pensamientos.
-Granger, no te he dicho que te sentaras...-dirige su vista hacia donde yo estoy mirando- ¿Qué, te gusta el jacuzzi? Si te portas bien durante estos días puede que te deje probarlo, pero no te prometo nada…
Qué detestable es. Pero la forma en que me mira no se corresponde con sus palabras y noto un brillo en su mirada que me da miedo, pero también me intriga. ¿Qué significa? Además sus pequeños ojos grises revolotean sobre mis piernas, ajustadas en unos shorts vaqueros. No puede ser, Malfoy no se fijaría en mí de esa manera. Algo extrañada, decido seguirle el juego para ver si pica.
-¿Y si lo probamos los dos?-propongo inocentemente.
-Granger, vas lista si crees que voy a meterme en un jacuzzi contigo. Antes muerto o en Azkaban.-contesta rápidamente dándome la espalda. No ha querido mirarme a los ojos, así que supongo que eso es una buena señal. Le intimido, sí.
Coge una galleta de chocolate de la bandeja y me dice que vaya al baño inmediatamente. A regañadientes, lo hago. Cielos, está todo hecho un desastre: ropa por el suelo prácticamente inundado, toallas en el lavabo, todos los jabones y champús abiertos… Con un suspiro, hago la faena lo más rápidamente posible. No tengo intención de "hacer mi trabajo" como si fuera para sacar nota en clase de Astronomía. Con que se calle ya tengo bastante. Cuando al fin salgo del baño, Malfoy se está acabando de tomar un zumo de naranja en la gran terraza. Así, callado y con la mirada perdida en el horizonte, hasta parece un chico bueno y tranquilo. Pero qué diferentes son las cosas…
-Ya he acabado.-anuncio desde la habitación haciendo que se sobresalte- ¿Me puedo ir ya?
-Por supuesto… que no.-responde con su maldita sonrisa arrogante que tanto odio.- Ahora limpia la habitación.
-Pero, ¿de qué vas?-protesto ofendida- Para eso ya están las chicas del servicio de habitación. Que lo hagan ellas.
-Prefiero que lo hagas tú, Granger.
Al final acepto a regañadientes. Se me ha ocurrido que tal vez ordenando y limpiando la suite encuentre algo interesante sobre la vida privada del rubio que pueda ponerle en un aprieto. También se me ocurre que mi varita puede estar escondida en alguna parte, aunque la verdad es que no creo tan estúpido a Malfoy como para dejarla a mi alcance.
Mientras ordeno y al mismo tiempo rebusco sin llamar la atención en los cajones, él continua contemplando al horizonte sin inmutarse, como si yo no existiera. Parece que no le preocupa lo más mínimo que yo esté manoseando todas sus pertenencias. De todas formas, sigo con mi trabajo esperando un error de Malfoy. En uno de los momentos en los que vigilo que Malfoy no cambie su posición y me vea rebuscar, veo un destello de esperanza. En el pantalón de Malfoy de pijama, por detrás, sobresale la punta de madera de lo que parece ser… ¡mi varita! Si me acerco sigilosamente, puede que Malfoy, tan absorto como está en sus pensamientos, no reaccione a tiempo de que se la arrebate del pantalón. Así pues, paso a paso, voy caminando con sigilo, conteniendo la respiración, teniendo cuidado de dónde y cómo piso, lentamente, con el corazón latiendo con fiereza. Estoy ya a un metro escaso de él, alargo la mano y entonces…
-¡Eh! ¿Qué pretendías, Granger?-Malfoy se ha dado la vuelta en el momento preciso. ¿Cómo se ha dado cuenta? Me coge la mano con fuerza y me empuja hacia atrás.
-No me toques, maldita serpiente.-ahora sí que me ha enfadado. Me ha metido un empujón que casi me tira al suelo, solo por intentar recuperar lo que es mío. Este rubio prepotente me está sacando de mis casillas.
-Si pretendes recuperar tu varita, tendrás que ser un poco más inteligente. ¿Dónde han quedado tus años de sabelotodo? ¿Sólo te motivabas al tener al lado a dos lelos como Potter y Weasley?-comenta soltando una carcajada.
Ya he tenido suficiente. Sin pensarlo demasiado, me abalanzo como puedo sobre él tirándolo al suelo. El problema es que yo caigo encima de él. Estoy furiosa, no voy a consentir que me humille más. Decido que si no le logro quitar la varita a la fuerza, hablaré con Harry.
Mientras forcejeamos, intento colar mi mano entre el suelo y el trasero de Malfoy con la intención de sacar mi varita. Pero él ha sentido mi intención, por supuesto y me agarra la mano de nuevo.
-No sabía que te gustara tanto mi culo, Granger. Pero lo siento mucho, tú no eres digna de tocarlo.-susurra intentando ser frío.
Nuestros rostros están a escasos centímetros, es una situación muy extraña. Nunca he tenido tan cerca a mi enemigo, y mucho menos había contactado con él físicamente. Estoy confusa, pero también llena de ira y hago lo primero que se me ocurre: le doy un cabezazo para que me suelte y me levanto. Malfoy se queda completamente atónito ante mi acción, sin poder moverse del suelo.
-Me voy de aquí, y no creas que no voy a informar a Harry de todo esto. Haré que me devuelvas la varita tarde o temprano.-dicho esto, me encamino hacia la puerta, pero asombrosamente el rubio llega justo a tiempo y la cierra en mis narices, poniéndose en seguida entre ella y yo.
-Tú de aquí no te mueves.-me amenaza en apenas un susurro, recordándome entonces a una verdadera serpiente. Siento un escalofrío al ver la frialdad de sus ojos intentando hacerme retroceder.
Pero mi reacción es la contraria. Me sorprendo a mí misma una vez más cuando, con todo el valor Gryffindor que me ha sido otorgado, le pego un buen puñetazo en los abdominales que le hace doblarse un poco por la mitad y, aprovechando su distracción, le robo la varita del pantalón. Seguidamente lo acorralo a una de las paredes, mientras sujeto firmemente mi varita apuntando peligrosamente hacia el cuello de Malfoy. La guerra me ha enseñado a improvisar lo mejor posible.
-Déjame ir, o te echaré una maldición.-le digo suavemente, intentando aparentar paz y tranquilidad, pero respirando entrecortadamente.
-¿Una imperdonable?-alza ligeramente una ceja, en plan irónico. Pero detecto algo de miedo en sus ojos grises-Ojalá tuviera mi varita, le daría un mejor uso que tú. Te torturaría lentamente hasta que confesaras lo humillante que es ser una sangresucia. –mi varita comienza a temblar ligeramente- Porque no hay más que ver tu cara de fracasada. En vez de intentar convertirte en una alumna repelente, tendrías que haberte quedado en casa con tus patéticos padres muggles, tan estúpidos, tan ignorantes, tan necios e indignos…
-¡Efialtes!-exclamo ya sin poder soportarlo más.
De mi varita sale una luz blanquecina que va directamente a la cabeza de un asustado Malfoy, envolviéndola poco a poco, hipnotizándole. Se queda atontado por un momento, mientras los ojos se le van cerrando poco a poco hasta que, finalmente, la inconsciencia invade su cuerpo. Con un pequeño movimiento de muñeca, deposito el cuerpo de Malfoy en la cama con ayuda de la magia y entonces me doy cuenta de que se me había olvidado respirar. Inspiro profundamente, intentando recapacitar.
Mierda, he perdido los nervios. Ese rubio arrogante ha conseguido sacarme de mis casillas de una forma increíblemente fácil, me ha dado en mi punto débil: mis padres. Pero aun así me siento avergonzada de mí misma. He atacado a alguien que no podía defenderse, y además lo he hecho con un hechizo muy duro. Esto ha llegado demasiado lejos. Pero se lo merecía. Porque es una mala persona y solo quiere hacerme daño. Sin importarle nada más que él mismo. Sin sentimientos, sin nadie que le quiera. Solo y abandonado, habiendo traicionado a los suyos. Perdido en un mundo muggle tan desconocido como hostil para él. Sin magia, confuso y desorientado, intentando volver a ser él mismo. Y entonces había aparecido yo.
Un momento, tal vez (no era una idea tan descabellada), Malfoy y yo no seamos tan diferentes. Puede que él también haya pensado que le haría más fuerte enfrentarse a mí, que eso lo ayudaría a volver a ser él mismo. Y eso mismo he pensado yo también, ¿no?
Suspiro algo cansada y voy hacia la cabecera de Malfoy. Su expresión es de sufrimiento continuo. El hechizo con el que le he atacado hace que recuerdes tus peores momentos en la vida una y otra vez. Es muy cruel y nunca me había planteado poder usarlo contra alguien, pero el impulso y los sentimientos de odio han podido conmigo. Me arrepiento de ello, no es propio de mí ni de una verdadera bruja. Así que poco a poco voy invirtiendo el hechizo hasta que desaparece por completo. Al no despertarse Malfoy, comienzo a preocuparme. El rubio respira profundamente, pero está tiritando. ¿Cómo puede tener frío en pleno verano de Miami? Le toco la frente con la mano. Está muy caliente… Puede que el hechizo tenga efectos secundarios en algunas personas psicológicamente débiles. Comienzo a realizar hechizos de saneamiento, pero ninguno de ellos da resultado. No noto en el rubio ni el más insignificante cambio. Tiembla del frío, pero no despierta. Al menos, su expresión es más relajada… En este instante no puedo evitar sentir lástima por él. No puedo dejarlo así, es una persona, por muy despreciable que sea tiene sentimientos.
Se hace de noche. Como no hay manera de despertarlo, utilizo una técnica muggle con la que mis padres lograban quitarme la fiebre cuando era pequeña. Cojo un trapo, lo mojo en agua fría y una vez escurrido, lo dejo sobre la frente del rubio. Así una y otra vez, esperando que su temblor disminuya por momentos. Al cabo de una hora parece mejorar un poco, pues al menos sus temblores ya no aparecen con tanta facilidad. De todas formas, soy incapaz de abandonarlo así y me quedo velando por él toda la noche, sentada en un pequeño sillón que está cerca de la cama. Me despierto a ratos, comprobando el estado del Slytherin e intento volver a dormir. Es una situación muy extraña. Por un lado tengo miedo de si el rubio despierta y me ataca de cualquier forma, pero por otro me siento tan culpable que no puedo hacer otra cosa que esperar que despierte. Incluso si decide atacarme, me sentiría incluso mejor de lo que estoy ahora.
Amanece. Un rayo de sol se cuela por el hueco de la cortina medio abierta. Abro lentamente los ojos, desconcertada por un momento, preguntándome dónde estoy. Pero en seguida me viene a la cabeza todo lo sucedido la tarde y noche anterior. Al recordar, mi mirada va instantáneamente al lugar donde reposa Malfoy. Parece tranquilo, su respiración es profunda y acompasada. No quiero interrumpir su descanso, pero necesito asegurarme de que ya está bien. Así que me acerco a él con sigilo y lo llamo en susurros.
-Malfoy… despierta.-como no reacciona, le toco suavemente el hombro. Un escalofrío me recorre la espalda cuando el rubio comienza a moverse intentando cambiar de postura. ¿Cómo reaccionará? Tal vez aún estoy a tiempo de irme sin que él se dé cuenta y hacer como que no ha pasado nada. Luego fingiré que todo ha sido un sueño si Malfoy me pregunta y asunto solucionado. Pero no, estoy completamente paralizada. Solo consigo volver a tocarle, incitándolo a que despierte.-Vamos, Malfoy. Despierta ya.
El rubio abre los ojos con lentitud, esos ojos grises fríos y tentadores al mismo tiempo. Su expresión es única, nunca había pensado que Malfoy pudiera resultar tan inocente. Pero así es, parece un niño pequeño que se niega a abandonar su cama para ir al cole mientras cierraa de nuevo los ojos. Los abre unos segundos más tarde y entonces su mirada se encuentra brevemente con la mía. Entonces, sin una sola reacción vuelve a cerrarlos una vez más. Pero entonces, parece recapacitar y darse cuenta de la extraña situación en la que se encuentra porque abre de nuevo los ojos, esta vez por completo. Una expresión de absoluto desconcierto mezclado con miedo surca su rostro.
-¿Qué…?-intenta decir algo, pero se le quiebra la voz. Parece estar débil.
-Malfoy, no sé si te acordarás de lo que pasó ayer.-contesto yo, con tanta naturalidad como me es posible.
-Tú…me hechizaste, ¿verdad?-sus ojos vuelven a transmitir lo de siempre, puro odio y desprecio.
-Sí, y no me siento orgullosa de ello. Lo siento, de verdad.-replico con sinceridad, aguantando la mirada dura del rubio, pero en ningún momento dejando de apartar mis ojos de los suyos.-Te pasaste de la ralla y yo reaccioné mal. He estado toda la noche cuidándote aunque no te lo merecieras, ¿sabes?
-Me encuentro mal.-es toda respuesta por su parte. Cierra los ojos de nuevo y escucho el rugido de su estómago, pidiendo a gritos algo de comer.
-Está bien, bajaré a por algo de desayuno.-acepto resignada- Ahora vuelvo.
Se queda así recostado con los ojos cerrados, sin decir una palabra más. Yo avanzo hacia la puerta algo inquieta. ¿Qué pasará ahora? ¿Cómo va a acabar todo esto?
