Aquí les dejo un nuevo capítulo ;)
No se olviden de comentar qué les ha parecido, muchas gracias!
CAPÍTULO 8
La mañana pasa muy rápido. Me meto unas cuantas veces más en la piscina para hidratarme después de mi continua exposición a los rayos del sol, y Malfoy se va después de darse un par de chapuzones más. No hemos hablado mucho más después de la corta conversación que hemos mantenido dentro del agua. Sin embargo, al despedirse me da a entender que nos veremos más tarde. Como no se me ocurre qué decir, solo asiento con la cabeza.
Analizo la situación una vez llego a mi habitación y me meto dentro de la ducha para quitarme el cloro del cuerpo.
La verdad es que algo parece haber cambiado en el Slytherin. Intenta ser tan detestable, irónico e inaguantable como lo era antes, pero no lo llega a conseguir. Hay algo en él diferente, y todavía no sé con certeza qué es. Tengo curiosidad, demasiada curiosidad… Quiero saber qué ronda por la cabeza del rubio, necesito saberlo. Me muero de ganas por preguntarle cómo ha pasado su vida después de la guerra, intentar conocer su punto de vista. Y no lo entiendo… Nunca me he preocupado por las opiniones de Malfoy, pues siempre ha actuado de una forma: despreciándome a mí y a mis amigos. Pero ahora me interesa.
Mientras el agua fría relaja cada músculo de mi cuerpo, intento buscar una explicación a mis pensamientos y a mis deseos de saber. No sé por qué, pero tengo la intuición de que junto a Malfoy puedo llegar a conocerme mejor a mí misma. Él podría analizar desde otra perspectiva mis problemas y viceversa. Podríamos llegar a complementarnos en ese sentido, ¿no? Pero es una locura, jamás nos llevaremos bien. Y mucho menos vamos a contarnos nuestros secretos, es sencillamente imposible. Estoy dejando llevar mi imaginación a límites insospechados. Sí, definitivamente estoy loca… Estamos destinados a odiarnos y lo de hoy solo ha sido una simple tregua. Algo decepcionada por mis conclusiones, me acuesto en la cama con el pelo mojado. Estoy bastante cansada, no dormí bien la anoche. Así que decido descansar un poco y cierro los ojos. Lo último que pienso antes de quedarme dormida es que Malfoy tiene los ojos bonitos, y hasta ahora no me había dado cuenta.
Es el dolor de estómago reclamando comida la causa de que me despierte. Me visto rápidamente, me arreglo un poco el pelo y corro hacia el restaurante del hotel. Como siempre, el menú es deliciosamente perfecto. No como, devoro todo cuanto me ponen. Una vez me quedo satisfecha, decido acercarme al campo de tenis. Todavía no lo he visitado y siente curiosidad por verlo y probarlo. Me visto para la ocasión (con ayuda de la varita) y en recepción me dan una raqueta y pelotas para jugar. La verdad es que siempre me ha gustado este deporte, más verlo que jugarlo, pero no se me da mal.
Tras rodear el hotel, está la pista de tenis. El suelo es de color azul y la superficie dura. En la pista se encuentra un chico joven practicando con ferviente entusiasmo. No quiero interrumpirle, así que me quedo un rato observándole. Al cabo de unos diez minutos, el chico por fin repara en mi presencia. Me mira con interés dirigiéndome una amplia sonrisa.
-Señorita, no le había visto. ¿Viene a jugar?-pregunta el joven con un fuerte acento francés. Tiene el pelo negro, bigote fino y expresión aristócrata.
-Sí, pero esperaré a que acabe.-le dedico una tímida sonrisa.
-No, no, de ninguna manera.-niega con la cabeza de manera sobre actuada- Tengo una idea mejor, ¿por qué no jugamos un set?
-Vale, de acuerdo.-acepto un poco vacilante. Hace bastante tiempo que no juego al tenis, y la idea de enfrentarme a un jugador al parecer tan experimentado no me gusta. Seguramente acabaré haciendo el ridículo.
A pesar de todo, comenzamos a jugar. Al principio me cuesta mucho correr, mis movimientos son rígidos y no acierto la fuerza con la que debo darle a la pelota. Ya habiendo perdido dos juegos, convencida de que voy a hacer un desastroso espectáculo delante de este presumido, que ahora sonríe con suficiencia, me desato. Estoy en Miami, nadie me conoce. Puedo actuar como quiera, puedo ser yo misma. Siempre me he crecido ante todo lo que se me ha puesto delante, sea lo que sea. Soy una persona fuerte y capaz, con o sin magia. Me auto-convenzo de esta idea, la psicología es muy importante en el tenis. Y entonces, a partir de ese momento mi derecha es más precisa. Mi saque se vuelve más potente, el revés mejora notablemente y mis movimientos alcanzan un nuevo nivel de rapidez. Mi contrincante ya no sonríe. Está completamente concentrado en el juego, sorprendido de mi repentino cambio.
Tras una media hora intensa de juego profesional, consigo remontar sorprendentemente llegando a igualar el resultado a 6 juegos. Entonces, el chico francés se acerca a mí para darme la mano. Habla entrecortadamente, al parecer exhausto.
-Muy bien jugado, ha sido un partido magnífico. Creo que los dos merecemos ganar.
-Sí, claro, ha sido un buen partido.-respondo alegremente, respirando con dificultad también.
-Por cierto, mi nombre es Alexandre, aunque puedes llamarme Álex.-me guiña un ojo con elegancia- Usted no me ha dicho el suyo, ¿verdad?
-No, yo soy Hermione. Encantada de conocerle… Álex.-le sonrío con simpatía. Aunque sea asquerosamente rico, el chico finalmente me ha caído bien y ha sabido retirarse a tiempo antes de perder.
-Me ha impresionado su manera de jugar. Me gustaría conocerla un poco más, si me lo permite… ¿Puedo invitarle esta noche a cenar?-me propone casi en un susurro, mirándome a los ojos intensamente.
En seguida noto como la sangre me sube a las mejillas. No sé cómo contestar a tal invitación sin herir sus sentimientos. El joven es apuesto, amable, elegante… Pero yo quiero a Ron, no estoy dispuesta a conocer a ningún otro chico por mucho que me insistan. No voy a "traicionarle", pues así me sentiría yo en la situación opuesta.
Aún estoy tratando de encontrar las palabras adecuadas, cuando de pronto la solución se presenta ante mis ojos. Draco Malfoy está fuera del campo de tenis, observándonos a Álex y a mí. Va vestido de blanco, con un polo y unos pantalones a juego que le resaltan su bronceado al máximo. Miro al rubio como rogándole algo de ayuda. Intento poner cara de súplica y él se limita a seguir mirándonos, esta vez medio sonriendo, intentando imaginar lo que ocurre. Abatida, intento responder como puedo al pobre chico.
-Verás Álex, no es que no quiera cenar contigo, pero…
-Pero la señorita ya tenía planes esta noche.-dice una voz arrastrando las palabras justo a mi lado. No puedo creerlo, ahí está Malfoy. Me está ayudando a salir de la situación, nunca podría haberlo imaginado.
-Oh, discúlpenme…-responde el francés decepcionado, dándose cuenta de que ha metido la pata –Entonces, Au revoir señorita Hermione.
Se marcha cabizbajo, dejando un poco de lado su elegancia. Me da pena, pero al mismo tiempo siento un alivio tremendo al ver marchar al joven francés.
-Me has ayudado…-susurro atónita mientras dirij la mirada al rubio que tengo junto a mí- ¿Por qué?
-Tú me cuidaste anoche, ahora estamos en paz. No quiero deberte nada, Granger.-contesta no queriéndole dar más importancia al asunto- Por cierto, te he visto jugar… No habrás usado ningún hechizo, ¿no?
-Por supuesto que no…-pongo cara de ofendida-La otra noche era un caso de emergencia, pero yo no soy ninguna tramposa.
-Tal y como pensaba.-se queda pensativo un momento, buscando las palabras adecuadas- Pues me acabas de arruinar el partido, ese afrancesado era mi rival de hoy. Así que podrías hacerme el favor y jugar en su lugar…
-¿Yo? Malfoy, acabo de jugar un set hace 10 minutos. ¿Sabes cuánto tiempo hacía que no jugaba al tenis?-repongo algo alterada. Estoy exhausta, por hoy ya he tenido suficiente deporte.
-Qué exagerada eres.-pone los ojos en blanco- Bueno, entonces no te queda más remedio que aceptar mi invitación.
-¿Qué invitación?
-Esta noche, nos vemos en el hall a las 8. No llegues tarde.- cuando quiero protestar, Malfoy ya se ha dado la vuelta y camina en dirección al hotel.
-¡Ponte elegante!-exclama cuando ya está lejos. Y observo a lo lejos un brillo maligno en su mirada.
Entonces me doy cuenta de que no he movido un solo músculo desde que el rubio me ha propuesto esa cita. La sorpresa, la incredulidad y la indignación corren por mis venas aún. Por supuesto, no voy a aceptar esa descarada invitación, porque de invitación tenía poco. Más bien ha sido una orden. ¿Qué se cree esa serpiente, que estoy tan desesperada como para salir con él? Nunca jamás lo haría. Y mucho menos de esta manera. Qué engreído, qué seguridad en sí mismo… La verdad es que por una parte admiro esa osadía, tan típica de los Slytherins. Pero por otra la odio profundamente, no puedo evitarlo.
Me voy de vuelta al hotel con esos pensamientos en la cabeza, dándole vueltas una y otra vez. Subo a mi habitación inconscientemente y me pongo el bikini. Hace un día fabuloso, y unas brazadas en el mar me vendrían bien para aclarar mis ideas.
Sopla una suave brisa, unos jóvenes juegan al volley, varias parejas pasean por la orilla… Es una imagen preciosa. Cojo sitio cerca de la orilla y sin pensármelo demasiado me interno en el cristalino mar, que está a una temperatura ideal. Ni muy fría ni excesivamente caliente. Estoy nadando en varios estilos diferentes, pero me canso antes de lo previsto. El partido de tenis está teniendo sus consecuencias. Decido relajarme dejando mi cuerpo inerte flotar en la superficie del mar mientras cierro los ojos. Se está de maravilla… Pero entonces visualizo su rostro. Draco. El pequeño de los Malfoy me sonríe arrogantemente. Pero tiene una sonrisa tan magnética… Y sus ojos grises me observan, magnéticos y atrayentes…
Me hundo en el agua bruscamente.
¿Qué hago pensando estas cosas? ¿Por qué no me viene a la cabeza la imagen de Ron? Me enfado conmigo misma. Malfoy no se merece aparecer en mis pensamientos, y menos de esta forma. Pero me ha invitado por una extraña razón a salir. No sé por qué ni adónde, pero quiere salir CONMIGO. Aún no sé cómo tomármelo. ¿Estará tramando algo otra vez? Es probable, pero mi intuición me dice que no es así. Que la tregua durante la piscina ha hecho cambiar algo entre nosotros. Entonces, ¿tengo que aceptar la invitación? No puedo imaginar de ninguna manera una "cita" donde los protagonistas seamos nosotros dos. Sin embargo, siento curiosidad por probar… Tal vez Malfoy haya decidido por fin enseñarme su verdadera personalidad. Quizá se haya dado cuenta de que sus prejuicios hacia mí no tenían sentido, o puede que quiera demostrarme que ha cambiado. Pero, ¿para qué? ¿Tiene remordimientos? Y lo que es mejor, aun suponiendo que fuera así… ¿Podríamos llevarnos bien? Lo dudo mucho, seguimos siendo diferentes… Pero entonces, pienso en lo bien que me ha hecho su presencia. Irónicamente, gracias a mi enemigo estoy volviendo a ser yo, y me siento bien por muy extraño que pueda parecer. Tal vez no es una locura aceptar esa invitación y dejarme llevar un poco. Me repito mentalmente que estoy sola en Miami, que soy completamente libre de hacer lo que quiera. Sin tener que dar explicaciones a nadie, solo preocupándome por mí misma.
Salgo del agua tras tantas reflexiones, bastante más confusa que antes. Ahora ya no tengo nada claro. Tomo un rato más el sol, esperando ver esa cabellera rubia por alguna parte de la playa. Quiero hablar con él, preguntarle si la invitación ha sido en serio, porque también dudo mucho sobre eso. Pero no tengo suerte. Finalmente, vuelvo a mi cuarto para ducharme e inconscientemente comienzo a arreglarme a pesar de que sólo son las 6.
No sé cuándo me decido a ello, pero mi elección final ha sido aceptar la invitación. Me he probado un vestido precioso palabra de honor que nunca había podido estrenar en Inglaterra, de color rosa fresa, moderno pero elegante, corto y con volantes, estrecho pero cómodo, que estiliza mi figura bastante más de lo que recordaba. Al mirarme en el espejo con el vestido puesto, no puedo quitármelo. Nunca he sido presumida, ni me he obsesionado de ninguna forma con la moda, pero me veo tan atractiva que no puedo resistir el hecho de seguir arreglándome. Con un simple hechizo, me plancho el pelo, ondeando un poco mis puntas después. Elijo unos zapatos negros de tacón, perfectos para la ocasión. Como sé el sufrimiento que provoca ese tacón de aguja, realizo un hechizo que aprendí de la revista "Corazón de bruja" para que me resulten tan cómodos como unas deportivas. Por último, me maquillo sin excederme para resaltar mis ojos y mis labios, estos últimos a juego con mi vestido. Me miro de nuevo en el espejo ya lista, sólo me faltan los complementos. Unos pendientes pequeños de plata y un colgante en forma de delfín finalizan el modelo. Estoy fantástica.
Miré el reloj, preocupada por lo que podría haber tardado: las 8 menos 10. Nunca he tardado tanto en vestirme para salir. Pero la pregunta es… ¿voy a salir? ¿Seguro? Imagino la cara que pondría Malfoy si me viera así y una risita tonta se me escapa. ¿Qué me pasaba? Mi corazón late con fuerza, estoy nerviosa y no sé muy bien la razón. ¿Es emoción, excitación? No estoy segura. ¿Tal vez miedo? Mientras me asaltan estas preguntas, preparo mi bolso negro de raso. Ya no voy a echarme atrás… Así que decido bajar al hall sin más dilaciones y enfrentarme a la situación.
Me siento en uno de los sofás blancos, pues no se ve ninguna señal del Slytherin. Intentando no ponerme nerviosa, espero y espero. Cinco, diez minutos… Y no llega. La gente sale del hotel en parejas y me lanzan miradas llenas de curiosidad. Algún que otro joven me dedica más de una miradita con intención, y yo estoy empezando a enfadarme. Pero en el momento menos pensado, justo al levantarme del sofá para marcharme de allí, ya creyendo que Malfoy había vuelto a hacerme una de las suyas, una mano me agarra del brazo por detrás.
-¿Dónde ibas, Granger?-aquí está Draco Malfoy. Pelo engominado, formal pero desenfadado, camisa negra de lino, pantalones oscuros y mirada penetrante. Sus ojos grises brillan de emoción, a pesar de que intentan disimularla.
