Hola a todos! Aquí les dejo un nuevo capítulo de mi fic :) Les prometo que les va a gustar mucho! Es un poco más largo, pero no se van a dar ni cuenta! Muchas gracias por leerme y no se olviden de dejar su opinión. Intentaré actualizarlo diariamente, un saludo a todos!
CAPÍTULO 9
-Me iba. Habíamos quedado a las 8.-replico con mal humor.
-Pensé que llegarías tarde. Eso hacen siempre las mujeres.-dice encogiendo los hombros
-Yo no soy una mujer cualquiera, Malfoy.
-Lo sé.-asiente con una sonrisa- Por eso también por un momento pensé que ibas a ser la primera mujer que rechazaba una invitación mía.
-La verdad es que no iba a venir… -murmuro más para mí que para él.
-¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión?-pregunta divertido.
-No lo sé, tal vez la curiosidad por saber si podemos estar juntos sin matarnos.
El rubio levanta una ceja en señal de escepticismo, pero no comenta nada.
-Bueno, vámonos. El chófer nos está esperando en la puerta.-una vez comenzamos a andar, se para un momento en seco y me dirige una mirada analizadora, como si me viera por primera vez - Veo que me has hecho caso… La verdad es que no estás nada mal, Granger. Pero siempre se puede mejorar.-añadió con una sonrisa cargada de suficiencia.
-Estúpido…-susurro de forma que me oiga perfectamente, mientras salimos por la puerta del hotel. Aunque viniendo de Malfoy, eso era un gran halago.
Ahí está la limusina, no tan grande como la que había alquilado Harry para mí, pero igual de elegante y llamativa. Es de color negro y brilla de forma espectacular. El chófer nos abre la puerta con suma elegancia y le pregunta a Malfoy el destino.
-Dirección South Beach, por favor.-responde el rubio mientras entramos en el vehículo.
-¿Vamos a una playa?-inquiero algo preocupada. No me he arreglado tanto para meter mi vestido y zapatos en la arena.
-Vamos a visitar la zona donde se encuentran las mejores playas de Miami, pero eso no quiere decir que vayamos precisamente a la playa.
Asiento con la cabeza, sintiéndome un poco tonta. No hablamos más durante el trayecto. Malfoy se dedica a mirar el paisaje por la ventanilla, y yo le doy vueltas a la cabeza como de costumbre. Los dos en el mismo asiento de cuero de la limusina, vamos a salir solos por la noche de Miami. Cualquiera podría haber pensado que somos una feliz pareja adinerada. Pero no, simplemente somos dos conocidos y al mismo tiempo desconocidos, odiados el uno por el otro desde el principio de los tiempos, y por alguna extraña razón hemos decidido dejar el pasado atrás por un momento. ¿Saldrá todo bien? ¿O la noche será un completo desastre?
Tras unos 20 minutos que se me antojan eternos, el paisaje urbano cambia completamente, dejando entrever la playa de vez en cuando. Supongo que hemos llegado a South Beach, pues además de la playa, todas las calles están abarrotadas de locales y restaurantes, las aceras repletas de gente, mayoritariamente turistas dispuestos a gastarse increíbles sumas de dinero. Es el ambiente de la gente rica, como el rubio que se encuentra sentado junto a mí. Por un momento, me siento fuera de lugar. Yo no tengo nada que ver con esto. Soy sencilla, práctica y odio la dependencia que tiene la gente así por comprar y tener lo mejor de lo mejor. Pero aquí me encuentro, en este mundo tan distinto para mí, dispuesta a ser una infiltrada al menos durante esta noche. Ya no puedo echarme atrás.
Bajamos de la limusina, yo con mucho cuidado de no enseñar nada más que mis piernas (el vestido es algo corto). Malfoy me previene diciéndome que vamos a tener que andar un poco, pero no me importa: el hechizo realizado en los zapatos funciona de maravilla. Me siento tan extraña caminando con él que a veces le dirijo miradas furtivas y nerviosas inconscientemente. En un momento dado parece darse cuenta de ello, porque frunce el entrecejo y dice:
-¿Qué te ocurre, Granger? Creía que tenías más paciencia.
-Quiero saber adónde vamos exactamente. No me fio de ti, Malfoy.-confieso con toda la sinceridad del mundo.
El Slytherin pone los ojos en blanco en un gesto desesperado.
-¿Tiene esto pinta de ser una trampa? ¿De verdad lo crees?-encojo los hombros a toda respuesta- La guerra te ha vuelto muy paranoica…
-Puede ser, pero esta situación es demasiado extraña. En eso tienes que estar de acuerdo conmigo.
-Nadie te ha obligado a venir, Granger.-replica él un poco ofendido.
-¿No? ¿Te recuerdo la manera en la que me propusiste el plan?
-No sé a qué te refieres…-replica con inocencia-Pero bueno, si quieres volver al hotel eres libre de hacerlo en cualquier momento.
-Debería haberme quedado allí, eso seguro.-cruzo los brazos en señal de enfado. ¿Por qué se empeña en hacerse el bueno? A mí no me va a engañar.
-Eres insoportable… -dice el rubio entre dientes. Estoy a punto de protestar cuando añade con desgana- Ya hemos llegado.
El cartel del restaurante reza "Quattro", teniendo como fondo una bandera italiana. Malfoy abre la puerta y pasamos al interior.
Un salón enorme y encantador nos recibe, iluminado tenuemente y decorado con exquisito gusto. Cuadros de artistas italianos cuelgan en las paredes, las mesas redondas se distribuyen a la perfección en el espacio dejando la intimidad necesaria entre unas y otras, y las parejas y familias nos miran con admiración y curiosidad. Un camarero moreno de ojos verdes nos atiende y educadamente nos lleva a una mesa bastante apartada que al parecer había reservado Malfoy. ¿La había reservado esperando que yo le acompañara?
Una vez sentados en un cómodo sofá rojo alrededor de la mesa, no puedo reprimir una sonrisa de satisfacción por este encantador lugar. De fondo, suena una napolitana, canción típica de Italia, que me recuerda el verano en el que estuve en Sicilia con mis padres. Es como estar de nuevo con ellos…. Disfruto del momento, olvidándome de todo lo demás y cierro los ojos dejándome llevar por la música.
Cuando termina soy consciente de lo que he hecho y abro súbitamente los ojos, avergonzada y deseando que el Slytherin no se haya dado cuenta de mi comportamiento… Pero efectivamente, está mirándome, y sus ojos destilan curiosidad y sorpresa.
-Mejor no preguntes.-susurro algo incómoda.
-Por lo menos parece que te gusta el sitio…-coge la carta de la mesa y comienza a meditar en voz alta-Hay tantos tipos de pizza que no sé cual probar. Por otro lado la lasagna es el plato estrella del restaurante….
-¿Ya habías estado en este sitio?-pregunto interrumpiendo sus divagaciones.
-No, pero me han hablado muy bien de él.
-¿Y también te han hablado de los precios?-pregunto mientras consulto la lista de platos abriendo los ojos atónita. En la vida podría permitirme una cena así.
-Tranquila, invito yo.-me dice Malfoy sonriendo con prepotencia.
-¿Por qué? Todavía no llego a entender nada de esto.
-Ya somos adultos, Granger, ¿tan difícil te resulta dejar atrás nuestras diferencias por un rato?-sus ojos destellan con exasperación.
-No es eso. Tú siempre me has hecho la vida imposible. ¿Qué ha cambiado para que en vez de eso me invites a cenar? ¡No tiene sentido!-exclamo desconcertada y al mismo tiempo dejando sacar todo el rencor que llevo dentro.
-Todo ha cambiado y no te das cuenta.-se intenta explicar algo abatido.
-¿A qué te refieres?
En ese momento el camarero de ojos verdes interrumpe la discusión preguntándonos qué vamos a beber. Sin ni siquiera preguntarme, Malfoy pide una jarra de sangría y el camarero se va, no sin antes dedicarme una encantadora sonrisa.
-Oye, si quieres le aclaro al camarero que entre tú y yo no hay nada… -me propone el Slytherin con una sonrisa maligna cruzando su rostro.
-Ni se te ocurra. Prefiero que piense eso.-el rubor sube por mis mejillas.
-¿No te gusta?
-Simplemente nunca traicionaría a Ron. Estoy con él, ¿recuerdas?- Además, no pienso decirte cómo me gustan los chicos.
-Pero sales a cenar con el Slytherin que tanto has odiado desde que lo conociste. Un poco contradictorio…-le miro furiosa, sabiendo que tiene razón. Pero no me da tiempo a decir nada- Bueno, yo pediré la margharitta. ¿Ya te has decidido?
-Sí, probaré la lasagna.-respondo entre dientes, intentando contener mi ira. ¿Por qué quiere ser tan detestable?
El rubio capta la atención del camarero haciendo un gesto con la mano y realiza el pedido, añadiendo como entrante un plato de aros de cebolla rebozados.
Después de lo que ha dicho Malfoy me siento un poco mal. Escierto, estoy con Ron, y por un momento imagino su reacción si le cuento que he salido a cenar con Malfoy a un restaurante de lujo. Se indignaría, se sentiría traicionado y decepcionado. Seguramente pensaría cosas que no eran… Un gran remordimiento me embriaga.
De repente y sacándome por fortuna de mis pensamientos, Malfoy comienza a hablar en voz alta de Italia. Tiene muchos conocimientos acerca de la cultura y de la gastronomía, y los quiere compartir conmigo. Gratamente sorprendida, revivo con él mis recuerdos de Italia y las cosas que aprendí cuando visité Roma. A continuación él me explica que de pequeño solía ir a Florencia, pues una tía suya le invitaba a veranear a menudo. Intercambiamos opiniones sin discutir, intentando conocernos un poco mejor.
Entonces llega la comida y la conversación se detiene momentáneamente, haciéndome volver de nuevo a la realidad. La verdad es que me estaba sintiendo muy cómoda, sobre todo hablando de mis padres. Le he contado con demasiada naturalidad detalles íntimos y él me ha relatado historias de su infancia. Y todo ha resultado tan sencillo por un momento… Me doy cuenta de que es la primera vez que consigo hablar de mis padres con alguien desde que les borré la memoria y me he sentido tranquila, cosa que a su vez me inquieta.
-Está buenísima.-comento para detener mis pensamientos.
-¿Ves como valía la pena venir? Déjame probarla.-con vergüenza y torpemente le acerco el tenedor a sus labios. Pero me empiezo a reír cuando un trocito de lasagna le queda colgando de la barbilla. Por lo visto él también está nervioso.
-Dime, ¿qué es lo que ha cambiado entre nosotros?-pregunto reanudando de nuevo la conversación anterior.
-No me refería solo a nosotros. En general, Granger… Todo ha cambiado.
-Obviament. Ahora vivimos en un mundo mejor y sin miedo de ser atacados en cada esquina.-hago una pequeña pausa y trago lasagna. Pienso con detenimiento las palabras que voy a pronunciar a continuación- Pero nosotros seguimos siendo los mismos, y por lo tanto deberíamos seguir odiándonos, con o sin Voldemort de por medio.
-La verdad, me decepciona mucho que pienses de esa forma.
-¿Que te decepciona? No puedes hablar en serio.-digo mostrándome tan indignada como me es posible- ¡Y me lo dices tú! ¡El que me hacía la vida imposible sin ningún motivo!
-No te alteres, Granger.-me advierte Malfoy señalando con la cabeza a los clientes de las mesas más próximas. Están mirándonos de reojo con cara de desaprobación. Para tranquilizarme, continuo con la lasagna y trato de no mirar al rubio tan atractivo pero tan contradictorio que tengo enfrente de mí. Ha tocado uno de mis puntos débiles: el rencor. No puede pretender que actúe como si fuésemos amigos o incluso viejos conocidos, cuando nuestra relación ha sido todo lo contrario.
Al cabo de un largo silencio en el que tan sólo se escucha el tintineo de nuestros cubiertos cuando tocan el plato, es Draco el que vuelve a reanudar la conversación.
-Cuando acabemos de cenar seguiremos hablando de esto.-comenta en voz baja.-Ahora vamos a tomar el postre, ¿de acuerdo?-me mira a los ojos y yo no pude hacer más que asentir. Noto en su mirada impotencia, arrepentimiento... Tal vez tengo que darle una oportunidad y dejar que se explique, ¿no? Después de todo yo siempre he creído en que todas las personas tienen su parte buena.
Nos tomamos un brownie con chocolate y helado de vainilla que está increíblemente delicioso, mientras charlamos de nuevo de cosas más superficiales, como de libros y de música (nunca imaginé que Draco Malfoy leyera novelas y escuchara música rock, algo que me deja gratamente sorprendida). Al cabo de un rato en el que estoy de nuevo extrañamente cómoda con el Slytherin, éste pide la cuenta y nos dirigimos a la salida del restaurante.
-¿Adónde vamos ahora?-pregunto cuando Malfoy comienza a caminar siguiendo otra dirección.
-A dar un paseo. La playa está muy cerca.
¿Cómo? ¿Voy a dar un paseo por la playa con Malfoy? Y encima ni se preocupa por mi opinión, simplemente me lo ordena. Pero algo en mi interior me dice que lo haga. No sé por qué, pero me apetece escuchar lo que quiere decirme. Espero una disculpa por todos estos años de maltratos hacia mí y a mis amigos. O tal vez unas palabras sinceras que me demuestren que ha cambiado. Estoy intrigada con todo este asunto, y ya que he aceptado la invitación a la cena, ¿qué más da seguirle un poco más el juego? Porque de momento no me ha hecho desconfiar de él en esta pequeña tregua. No va a pasar nada malo, ¿no?
-Es preciosa.-comento cuando llegamos al paseo. La playa está desierta, con el mar completamente tranquilo. La luz de la luna proyectada en el agua hace que el lugar parezca mágico.- Espera, ¿qué haces?-pregunto cuando veo al rubio quitarse los zapatos y meterse en la arena.
-No pretenderás que demos el paseo sin mojarnos los pies…vamos, Granger, no seas tiquismiquis.-sonríe cálidamente, y sus ojos grises tan magnéticos me hacen obedecer. Aunque me sorprende un poco que quiera adentrarse en la playa conmigo. A mi parecer es algo.. ¿íntimo?
Me quito los zapatos y cuando llegamos a la orilla nos mojamos los pies. El agua está buenísima. Nunca me había bañado por la noche, pero en ahora mismo la tentación es enorme. Luego pienso racionalmente y alejo esa idea de mi mente. Bañarme por la noche en el mar con Draco Malfoy no es algo que entre en mis planes.
-Granger… ¿cómo te ha ido la vida desde que terminó la guerra?-quiere saber Malfoy una vez comenzamos a pasear por la orilla.
-¿De verdad te interesa?-inquiero con sarcasmo. Al ver la cara del rubio, pienso la respuesta durante un instante.- Para ser sincera, no era lo que me esperaba.
-¿No eres feliz? Teniendo al lado a tu fiel Weasley, con un trabajo estable en el Ministerio, siendo reconocida por todos los magos como una de las piezas claves para ganar la guerra, con tantos amigos… No lo puedo entender.
-Al principio creía que lo era, que lo iba a ser. Pero lo cierto es que no todo es tan bonito como lo pintaba mi mente.
-No me digas que Weasley no te da lo que necesitas…-bromea el rubio. Eso sí, por primera vez noto en su voz que no hay maldad. Como respuesta le salpico con los pies mojándole gran parte de la camisa.
-No sé, supongo que echo de menos a mi familia, Hogwarts... Mi vida de antes. Siento que he crecido demasiado en poco tiempo.-encojo los hombros y le dirijo una mirada de desconcierto.
-¿También echabas de menos nuestras peleas?-pregunta entonces repentinamente serio.
-Por supuesto, eso es lo que peor llevaba.-respondo en su mismo tono. Nos miramos a los ojos, intentando averiguar si el otro habla en serio o no. Quiero descifrar el significado de su expresión, pero una sensación comienza a extenderse y no puedo controlarla. Al segundo, Malfoy y yo nos estamos riendo a carcajada limpia. Hacía tanto tiempo que no me pasaba algo así… Qué extraño.
-Como te decía antes en el restaurante, todo ha cambiado, Granger. No tenemos por qué seguir odiándonos.-dice Malfoy después de un breve silencio.
-Yo nunca te he odiado.-y es verdad. Detrás de toda la rabia que provoco en mí con sus sucias acciones, en el fondo sentía lástima por él. No había nacido en una familia sencilla.- En cambio tú sí, y eso no me lo puedes negar. Por eso no entiendo a qué viene todo esto.
-Ahora solo pretendo conocerte, Granger. Ya sé que piensas que os odiaba a ti y a Potter pero en el fondo lo único que tenía era envidia. De vuestra amistad, de vuestra vida.
Sostengo su mirada durante un instante, preguntándome si es posible lo que acabo de escuchar. Nunca pensé que podría llegar a oír unas palabras así saliendo de su boca, a no ser que estuviera siendo sarcástico. Pero no, sus ojos grises solo transmiten sinceridad. Pongo cara de extrañez porque no sé qué contestar a eso. Así que es Malfoy el que sigue hablando.
-Por supuesto, en ese momento no quería admitirlo por nada del mundo. Me escondía detrás de esa careta de seguridad infundada por mi familia. ¿Pero qué podía hacer? Me habían criado para que actuara así, para que os odiara y despreciara, sobre todo a ti.
Sé perfectamente a qué se refiere Malfoy. Le habían hecho creer desde que nació que las brujas y magos provenientes de familias "muggles" no tenían derecho a estudiar magia. Nos consideraban "sangre sucia". El rubio se hartó decírmelo durante nuestra estancia en Hogwarts.
-Entonces, ¿ya no piensas así?-pregunto algo escéptica- No me lo pareció cuando insultaste a mis padres la otra noche…
-Supongo que me dejé llevar y actúe como en los viejos tiempos. Era lo más lógico.-sonríe con algo de inocencia.
No puedo culparlo. Los dos hemos actuado de la misma forma.
-Está bien, acepto tus disculpas tras todos estos años de continuo maltrato y desprecio hacia mi persona.
-En ningún momento he dicho que lo sentía, Granger. Era mi forma de pensar en esa época, y tampoco me arrepiento de todo lo que hice.-dice el rubio con suficiencia. "Los hombres y su orgullo", pienso para mis adentros.
-Nunca cambiarás…-murmuro más para mí que para él. Ha roto un poco las expectativas que estaba creando hacía tan solo unos segundos, así que una especie de rabia se adueña de mí. Y entonces, mágicamente mi pierna realiza un movimiento con la superficie del agua en el cual Malfoy queda completamente salpicado de pies a cabeza.
-Esta te la devuelvo, Granger.-murmura fulminándome con la mirada.
Me entra el pánico creyendo que ha vuelto a ser el Malfoy de siempre, vengativo y cruel, así que me quito rápidamente los zapatos y salgo corriendo antes de que me alcance. Pero el Slytherin es asombrosamente rápido y en cuestión de segundos ya me ha alcanzado, y no puedo creer lo que va a hacer. Me coge en brazos y me pone colgada de su espalda boca abajo.
-¡Suéltame, maldita serpiente!-exclamo una y otra vez pataleando como puedo. Malfoy me está llevando a la orilla y cuando comienzo a adivinar sus intenciones ya es demasiado tarde.
¡Plof! Caigo al agua sin remedio, empapándome por completo y con una cara de idiota que claro, Malfoy no puedo hacer otra cosa más que reírse.
-¡Eres un estúpido!-le insulto con todas mis fuerzas mientras me levanto y corro hacia él como una loca. Le pilo de improvisto y forcejeando trato de empujarlo hasta que al fin consigo que caiga al agua de espaldas. Ya esoy sonriendo triunfante cuando me doy cuenta de que Malfoy me estaba agarrando del vestido y caigo al agua encima de él. Una vez dentro del mar, continuamos peleándonos haciéndonos ahogadillas y salpicándonos una y otra vez hasta que quedamos exhaustos y nos dejamos llevar por la paz y el sosiego del movimiento de las olas. Y ahí estamos, Malfoy y yo, bajo la luz de la luna, bañándonos en el mar completamente vestidos, dejando atrás la enemistad por un momento… Y lo curioso es que se está bien, demasiado bien.
No sé cuánto tiempo permanecemos dentro del agua, pero la verdad es que la velada se me hace asombrosamente corta. Cuando salimos finalmente del agua, realizo un hechizo de modo que consigue secarnos por completo a los dos y nos disponemos a abandonar la playa. Nos recoge la misma limusina de antes y nos acomodamos esperando que nos lleve de vuelta al hotel. Malfoy y yo no hablamos durante todo el trayecto, pero esta vez no es un silencio incómodo. Estamos relajados y agotados, y de vez en cuando nos miramos por el rabillo del ojo y algo crece en mi interior. No sé qué significaba todo esto, pero en este momento ni siquiera me importa.
